Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Marvel o, al menos, la mayoría.
Resumen: Beth había conocido a Steve Rogers antes de la batalla de New York e incluso mucho antes de que él se convirtiera en Capitán América, aunque eso no es algo que ella debería decir a nadie—"Somos reales"—dicen al mismo tiempo, observando el mundo a través de los ojos del otro, un mundo separado por poco más de setenta años
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En su mirada
By
The night of the Rabbit
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Primer Capítulo | FourFiveSeconds.
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Beth dejó caer su cabeza contra la mesa en clara señal de cansancio y, sobre todo, fastidio. Resopló molesta y dirigió su mirada hacia la pantalla de su computadora la cual le brindaba la desalentadora imagen de una hoja vacía en Word, aunque, si quisiera darse un poco de ánimo, diría más bien que era la hoja vacía entre otras ocho hojas que conformaba su ensayo ¡Pero como odiaba esa hoja! La muy descarada se estaba burlando de ella. Beth gruñó mientras llevaba algunas chocoretas a su boca, dar conclusión a su trabajo no debería ser tan difícil, pero ahí estaba, como siempre, con un bloqueo del tamaño de una casa. Bostezó. Era las tres y media de la mañana, ya no tenía tiempo que perder, su primera clase empezaba a las ocho y el ensayo tenía que entregarlo para su segunda clase la cual empezaba a las diez, podría faltar a la primera sesión… ¿Por qué había dejado ese maldito ensayo para último momento? ¡Ha, si! Había encontrado ¡Por fin! Una página donde tenían todas las temporadas completas de Buffy: Caza vampiros. Maldita y sensual Sarah Gellar.
Beth apretó el puente de su nariz y respiró hondo tratando de calmar su ansiedad. Inhala, exhala. Pestañó un par de veces y luego cerró los ojos con fuerza—No, ahora no—Murmuró enterrando la cabeza entre sus brazos, abrió los ojos y el fugaz destello de una imagen la aturdió por unos momentos, volvió a cerrar los ojos y estuvo de esa forma por todo un minuto hasta que sintió el peculiar aroma del café inundar su entorno. Abrió los ojos y dirigió su mirada hacia la puerta de su cuarto preguntándose si quizás alguna de las chicas de la pensión se habría levantado por algo de tomar— ¿No es un poco temprano para una taza de café?—Pensó y luego dio un largo suspiro— ¡Que va! Yo también necesito un poco de café—Dijo con resignación y se dirigió a la cocina arrastrando los pies.
No había nadie, Elizabeth arrugó en el entrecejo, sin embargo decidido no pensar demasiado en nada que no fuera su maldito ensayo así que preparó un poco de café, tomó algunas galletas de la alacena y volvió a su cuarto dispuesta a dar fin a su martirio. Después de un sorbo de café comenzó a escribir mientras tarareaba una canción que no recordaba haber escuchado en su vida y que, aun así, se sentía familiar.
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— ¿Ya te vas?—Preguntó Melanie mientras encendía un cigarrillo aun cuando estaba prohibido fumar dentro del salón de clases. Beth asintió a la par que guardaba sus cosas.
— Tengo Servicio el día de hoy—Dijo Beth arrastrando las palabras, Melanie exhaló humo como respuesta—Solo espero que esta vez me pongan hacer algo más que solo archivar o juro que me dormiré sobre el escritorio.
Melanie sonrió—Podrías no ir ¿No habías dicho que no era obligatorio asistir todos los días?
Beth suspiró—No, pero ya solo me faltan cincuenta horas para terminar.
— Eres una matadita.
— Si, eso creo—Beth sonrió como gesto de despedida y salió del salón a toda prisa.
En el camino bostezó varias veces, tenía al menos dos noches de sueño acumulado y muy posiblemente éste sería la tercera noche de desvelo, su examen de Lógica sería el día de mañana y sus conocimientos de la materia eran básicos, muy básicos, ojala las pocas neuronas que aún conservaba y su buena suerte no la abandonaran. Unos días más, solo unos días más y la temporada de exámenes terminaría, luego podría volver a su hedonista vida de series, videojuegos y uno que otro postre, no demasiados que sus caderas ya eran lo suficientemente anchas.
Dio unos golpecitos leves sobre sus mejillas y con un gran suspiro entró a la Editorial donde, desde hacía ya seis meses, había estado llevando acabo su Servicio. Cuando recién se enteró del puesto en oferta se emocionó e hiso todo lo que estaba a su alcance para quedarse con él, sin embargo, lo que sea que hubiera imaginado que podía hacer o aprender había quedado, hasta ahora, solo en aspiraciones. Su paso en la Editorial se resumía en limpiar y archivar, nada demasiado emocionante.
— ¿Te gustaría ayudar a acomodar los libros en el almacén?
— Cualquier cosa que me saque de la oficina—Dijo Beth con más entusiasmo del debido causando una risilla en el jefe de almacén.
— De acuerdo, de acuerdo, hoy te rescataremos de las garras de esas brujas—Dijo Sam Lewis, segundo al mando en el almacén, mirando por sobre sus hombros las oficinas donde las secretarias discutían, como siempre, sobre algunos papeles perdidos.
Elizabeth sonrió entusiasmada mientras escuchaba con atención las indicaciones de Sam, no era realmente difícil, solo debía tomar algunos libros que recién habían sido envueltos en plastic y acomodarlos en las repisas según su clave, mientras los demás miembros del almacén se apresuraban a empaquetar los libros del pedido de la Librería Central, el cual estaba retrasado por culpa de unos papeles perdidos. Vaya novedad.
Beth comenzó con su labor, de vez en vez leí algunos fragmentos de los libros que ya estaban en las repisas pero que todavía no estaban envueltos, habían libros tan extraños como "Aprende a invocar a tu Ángel", Beth soltó una risilla mientras hojeaba el pequeño librito.
— "…Después de colocar todos los objetos sobre nuestro pequeño altar tendremos que posicionarnos frente a la veladora con ambas manos colocadas al costado y después recitar la oración de invocación…"—Beth sonrió divertida e imaginando que su celular era una veladora hiso todo lo que el libro decía, cerró los ojos en un vano intento por concentrase pero no podía evitar reírse. Abrió primero un ojo y luego el otro—Bueno, parece que los Ángeles todavía no aprenden a usar el celular—Se encogió de hombros y creyendo oportuno terminar con su pequeño juego, se levantó del suelo donde se había sentado para acomodar los libros en la parte más baja.
— Que lastima—Murmuró sacudiendo su pantalón. Suspiró y observó a su alrededor, aún tenía varios libros por acomodar aunque no se quejaba, cualquier cosa era mejor que engrapar y acomodar papeles. Elizabeth tomó otro libro sin envolver, está vez era un libro de cuentos para niños, sonrió ligeramente y comenzó a pasar las hojas, era colorido, como todo libro infantil y aunque sus letras eran de un tamaño adecuado se vio a si misma pestañeando varias veces para poder enfocar las imágenes frente a ella. Su visión se volvió borrosa, así que se talló los ojos esperando a que eso ayudara.
Las imágenes del libro se veían doble, en un instante tenía frente a ella el dibujo de un tren pintado de rojo y al siguiente la imagen parecía ser la escena de unos niños jugando en alguna especie de calle— ¿Qué diablos…?
Permaneció con la mirada fija en el libro que tenía en sus manos, las imágenes infantiles se habían transformado en un precioso retrato, Beth sonrió encantada pero al mismo tiempo con el sentimiento de terror burbujeando en la boca de su estómago, pasó sus manos sobre la nueva imagen frente a ella, acariciando las líneas fascinada y confundida. Su visión se aclaró y ya no solo veía aquel retrato, sino también unas manos, sus manos. No. Esas no eran sus manos, eran más grande y los dedos mucho más largos, Elizabeth abrió y cerró su puño, podía sentir que su cuerpo lo hacía, sin embargo sus ojos no lo captaban, la imagen frente a ella era el de unas manos sacando punta a un lápiz con una pequeña navaja.
— ¿Qué está pasando?—Dijo con la respiración agitada— ¿Qué está pasando?—Repitió.
Aquellas manos hicieron un movimiento brusco causando que la navaja causara un pequeño corte en uno de sus dedos.
— ¡Hey!¡Ow!—Exclamó sintiendo el dolor pero cuando volvió su mirada a su propia mano no tenía ninguna herida, su visión comenzó distorsionarse una vez más, combinando la imagen de su mano con aquella otra más larga y delgada
— ¿Hay alguien aquí?—Dijo la otra voz.
— No, no, esto no está ocurriendo—Beth negó varias veces mientras se abrazaba a si misma
— ¿Quién eres? ¿Qué está ocurriendo?—Interrogó la otra voz.
— No, esto no está pasando—Las lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas de Elizabeth—Es solo falta de sueño, solo eso, solo eso—Beth se hiso un ovillo contra varias cajas mientras sujetaba su cabeza con fuerza.
— ¡Hey! ¿Estás bien?
— ¡Fuera de mi cabeza!¡Fuera!—Exclamó Beth con esfuerzo, el aire comenzaba a escasear.
— Hey, tranquila ¿Me escuchas? Tranquila. Todo está bien ¿De acuerdo? Todo estará bien.
— Claro que no está bien, nada está bien—Dijo Beth, sintiéndose de pronto más enojada que aterrada—Me estoy volviendo loca ¡Y mañana tengo examen!
La otra voz hiso una larga pausa.
— Esto no debería estar pasando.
— No, no debería—Concordó la otra voz.
— Bueno…al menos estamos de acuerdo en eso—Dijo Bteh con una risilla nerviosa, parpadeó un par de veces y agregó con un poco más de calma—Estas…estas… ¿D-Donde estás?—Preguntó ella, observando a su alrededor donde el almacén de la editorial era remplazado con la imagen de otro lugar bastante deprimente para su gusto.
— En mi casa.
Beth asintió.
— ¿Y tú?
— En mi trabajo…por decirlo de una forma. Es una Editorial…el almacén de la Editorial, y-yo…estaba acomodando unos libros.
—Ha…
Ambos permanecieron en silencio por unos instantes.
— No eres un Ángel ¿O sí?
— ¿Qué?
— Nada, olvídalo, solo…quería estar segura de que…—Beth soltó una risilla sintiéndose bastante estúpida. Suspiró—Eres real—Dijo, sintiéndose no demasiado bien con su descubrimiento.
— Somos reales.
Elizabeth apretó los labios—Mierda…
— Lenguaje.
Ella comenzó a reír— ¿Es enserio?
Aunque no podía ver a su interlocutor, Beth podía asegurar que él estaba sonriendo.
— Bueno…ciertamente esta es una situación…bastante extraña.
— Más bien es una locura…una completa locura—dijo Beth—Tu… ¿Estabas dibujando?
— Si, lo… ¿Lo viste?
— Eso creo…era precioso.
— Gracias.
— Es tan extraño, si me concentró lo suficiente puedo ver…mi…mundo…pero si también lo deseo puedo enfocarme en el tuyo como si fuera mío, como si…
—…pudieras extender la mano y tocar lo que hay a tu alrededor—Completó él.
— Exacto ¿Qué está pasando?
— No lo sé…yo tampoco lo entiendo, debe de haber una razón pero…
— Beth, ya trajeron la comida ¡De prisa o no alcanzaras nada!—Exclamó Sam desde la parte delantera del Almacén, causando que Beth perdiera la concentración por unos instantes y dejara de ver aquel otro lugar aunque aún podía sentir al chico en su cabeza.
—S-si… ¡Ya voy!—Exclamó ella dando un pequeño brinco.
— ¿Sigues ahí?
—Si…aquí estoy—Respondió y una vez más pudo volver a ver el mundo del chico—Me tengo que ir, es hora del almuerzo y desde la mañana no pruebo bocado ya que estuve escribiendo un ensayo hasta muy tarde y luego no tuve tiempo de comprar nada antes de venir a trabajar y realmente tengo hambre no creas que no quiero saber por qué estás en mi cabeza es solo…
— Hey, tranquila, entiendo.
Elizabeth exhaló el aire que no sabía estaba conteniendo.
— Entonces…quizás deberíamos, no sé, intentar romper la comunicación e intentarlo cuando no haya personas cerca que puedan pensar que estoy loca, ya es suficiente con que yo lo piense…
— Estoy de acuerdo…y no estás loca, ninguno lo está, esto es real…nosotros somos reales.
Beth asintió intentando creer en las palabras del chico—Somos reales.
— Somos reales—Repitió él.
— ¿Cuál es tu nombre?—Preguntó ella, de pronto su corazón latía rápidamente.
— Soy Steve…Steve Rogers.
— Mucho gusto Steve, soy Elizabeth Eden.
— Mucho gusto Elizabeth.
Ella sonrió—Entonces...si se puede, hablamos luego ¿De acuerdo?
— De acuerdo mi Señora.
Beth soltó una risilla—Hasta luego.
—Hasta luego.
Beth sostuvo el aliento, poco a poco su visión fue cambiando sin que ella necesitara hacer esfuerzo alguno, tampoco podía sentir la presencia de Steve. Una vez más era solo ella, sus pensamientos y los libros que esperaban ser acomodados. Suspiró y se levantó con cuidado del piso.
Antes de encaminarse a la cocina del editorial dedicó una mala mirada al libro de "Aprende a invocar a tu Ángel", Elizabeth se prometió que conseguiría el correo del autor y le mandaría la más larga queja de su vida Literaria, si es que se le podía llamar de esa forma.
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