Capitulo 2

I Try… I think so

Castiel comenzó a caminar por toda su habitación, mientras miraba de tanto en tanto a los posters de su pared, preguntándose si ellos conocieran la respuesta y no quisieran compartirla con él. Sabía que eso era tan improbable como que los perros comenzaran a hablar.

Suspiro dos veces más antes de desplomarse en su cama. Se llevó las manos a los cabellos rebeldes —que seguían insistiendo en permanecer despeinados por más que los tratara de peinar antes de bajar para la cena— y tiro de ellos con fuerza, frustrado. Maldición, pensó con la cabeza totalmente revuelta a causa de estrés. Maldito estrés.

Como era de esperarse viniendo de él, un adolescente omega que sufría de una torpeza vergonzosa y casi imposible, que cometiera una idiotez como la que había cometido. Ciertamente no era posible que lo hubiera hecho, claro que no; de hecho, se estaba cansando de pensar en el pasado preguntándose cómo demonios se pudo haber tropezado en la estancia. Oh sí, porque no solo le basto tener un mal día—horrible, de hecho— en la escuela, sino, que también había de tenerlo en la casa. Y eso que el dia habia empezado de la manera más maravillosa, con sus padres haciéndole el desayuno especial de cumpleaños por adelantado, pues no iban a estar en el verdadero día, con sus amigas dándole una sorpresiva tarta en la escuela, y usando su camiseta favorita junto con sus zapatillas deportivas. Pero no.

La suerte nunca estaba de su lado, y se preguntó cuánto tiempo duraría en los juegos del hambre, pues esa era la típica frase que utilizaban los presentadores en aquellos juegos en las películas. Se imaginó la vocecilla del actor susurrándole al oído de manera irónica:

Felices juegos del hambre, ¡Y que la suerte este siempre de su lado!

Gimió sin poder ahogarlo, al saber que claramente lo único que estaba haciendo es dejar que sus ideas se enredaran todavía más, para evitar bajar y toparse esos ojos verdes de nuevo. Y que ojos… ¡Demonios, no!

—Deja de pensar en eso, Castiel—se recrimino en voz alta, mientras comenzaba a dar vueltas de nuevo. Ni siquiera se inmuto cuando la puerta de su habitación se abrió, y mucho menos cuando unos pasos pasaron por ella.

—Vamos, Castiel. Estas a punto de hacer un hoyo en el piso—escucho que la voz de Gabriel hablaba, y sintió su mano posarse en su hombro—. Créeme que será una escena grandiosa cuando caigas del segundo piso sobre la mesa de café de papá. De hecho, no sé porque te he detenido, si hubiera podido dejar que siguieras gastando el pido mientras yo iba por mi cámara de video. Sera un video fabuloso en YouTube.

Le miro con el ceño fruncido, y Gabriel le sonrió con alegría y sin burla alguna… o al menos, no con la burla que acostumbraba cuando se mofaba a costas suyas.

—Déjame solo, Gabriel—le pidió con la voz amarga, y se sorprendió cuando noto la pesadez con la que lo dijo.

—Nop—remarco la P al terminar la oración, brincando hacia su cama y cayendo sentado sobre las almohadas recargado en la cabecera con los pies extendidos y los brazos cruzados atrás de su nuca—. Vengo a endulzarte la vida. Miguel me pidió, o debo decir, me ordeno que no viniera a verte. Pero ya me conoces, así que decidí subir mientras nadie miraba y…

—Tratar de ayudarme a pensar que no hice una humillación total en frente de los extraños que debían de tener una gran impresión de mí—interrumpió a su hermano, mientras le miraba con una mirada seria— ¿Cierto?

—¡Claro que no! He venido a decirte que lo que hiciste fue humillantemente estúpido, y que si fuera tú, no bajaría nunca.

—Sabes que no me ayudas absolutamente en nada, ¿cierto?

—Sabes que te quiero, y quiero ayudarte—se encogió de hombros—. De hecho, solo dije lo que esperabas oír. Lo que realmente quiero decir es, ¡Deberías de haber visto la cara de Lucifer cuando Dean dijo que no tenían hospedaje! ¡Se le descompuso el rostro! Te juro por todo lo que considero sagrado que estuvo a punto de quemarlo con la mirada.

—¿Dean? —pregunto con curiosidad.

—Oh, cierto—exclamo Gabriel, mirándole con una sonrisa—. No conoces a los Alphas que están abajo—no era una pregunta, si no, una afirmación totalmente cierto.

Castiel sintió sus mejillas sonrojarse, recordando que después de haberse caído de cara, había corrido hacia su habitación sin importarle nada. Ni siquiera que había olvidado la zapatilla deportiva en la alfombra. Él era la Cenicienta, pero sin príncipe, carroza o hada madrina; él solo tenía el auto viejo de Miguel, su par favorito de zapatillas deportivas y a su hermano Gabriel.

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Dean se removió incomodo en su asiento por tercera vez, aun sintiendo la mirada penetrante de Lucifer sobre él. Sam a su lado no estaba en mejores condiciones, que digamos.

Miro de nuevo a los señores frente a él. Le miraban a él y a su hermano queriendo descifrarlos, y sabía perfectamente que hasta el momento ya los había catalogado en su mente, clasificándolos en su mente. De solamente pensar en eso, le daba escalofríos.

Se cruzó de brazos de manera despreocupada, recargando su espalda en el respaldo del sillón, mientras esperaba que alguno de los adultos—él no estaba incluido en ese plural— decidiera hablar. Sam aparentemente estaba en las mismas condiciones, y se preguntó si su hermano estaba pensando sobre su prometido. Prometido…

Sonrió levemente al recordar como el chico de cabello oscuro desordenado, llamado Castiel, se había desplomado contra el suelo, y se había levantado tan rápidamente que no le fue posible verlo claramente. Era cierto que los Alphas, en especial él, tenían sentidos sobre desarrollados, para proteger a sus parejas o comunidades y lograr cazar de manera eficaz, pero no había visto el rostro del omega. Absolutamente nada más allá del cabello salvaje y los ojos azules que poseía. De hecho, estaba comenzando a pensar en los dos jóvenes que se habían perdido escaleras arriba, comenzando a recordar y repasar los hechos anteriores.

Llegaron a la casa, y el de cabello rubio—Gabriel tenía entendido que se llamaba—había exclamado con una gran alegría que ya habían llegado, entonces avanzaron hacia la estancia y los habían visto a Sam y a él. Recordaba haber visto los ojos azules— ¡Y que ojos azules, demonios! — de Castiel, antes de que este se desplomara por haber tenido desabrochadas las zapatillas deportivas. Después de eso, Castiel se había subido casi volando a su habitación, Gabriel había tenido intenciones de ir tras él, pero Miguel le había dicho que lo dejara solo. Claro que el bribón se había ido a escondidas hacia arriba al ver la primera oportunidad, sin dirigirles una mirada siquiera.

La peor parte, fue cuando les habían explicado que no tenían en donde pasar la noche, y Miguel—que bien lo hizo para ser amable o para hacer enojar a su marido, no lo sabía con exactitud— les había ofrecido dormir en la habitación de invitados durante los días que pasaran en la ciudad. Lucifer, el otro padre que parecía más sobreprotector que el otro, les había mirado con una frialdad asesina en cuanto Sam había aceptado la hospitalidad del omega. Hasta ese momento, no conocía que las miradas pudieran congelar de una manera más literal, pues se había congelado de solo tratar de sostenerla.

Su orgullo Alpha estaba herido.

—Entonces, jóvenes Winchester—comenzó Miguel, harto de ese silencio innecesario, mirando a los jóvenes—, ¿Cuánto tiempo tienen pensado quedarse en la ciudad?

—Bueno—suspiro Sam, comenzando a hablar él—, de hecho, hemos venido por sugerencia de nuestra madre. Ella es Omega, como sabrán ya, y piensa que es mejor que conozcamos a Gabriel y Castiel en su propio territorio para que se sientan más seguros y libres con el Alpha de su familia cerca. Nuestros padres tenían planeado hacer el viaje con nosotros, pero debido a que papá tuvo que salir de último momento, solamente venimos Dean y yo. De hecho, solo pensábamos quedarnos un par de semanas, hasta que nuestros padres estén en condiciones de viajar y puedan venir a conocer a Castiel ellos mismos.

Miguel asintió.

—Siempre serán recibidos en esta casa, y pueden permanecer el tiempo que gusten también. Pero sabrán que es complicado para nosotros esto. Se suponía que Castiel iría a su casa, como parte del compromiso con Dean.

Dean abrió la boca para hablar, sin embargo, la puerta de la entrada se abrió repentinamente, dejando ver a dos chicas que entraban con bolsas de regalo en la mano, una castaña y otra pelirroja, mirando a los Novak con una sonrisa enorme en la cara.

—Hola señores Novak—dijo la chica pelirroja, mirando a ambos adultos con una sonrisa—. Venimos a despedir a Cassy, por suerte no se han ido…—se interrumpió inmediatamente cuando reparo en la presencia de Sam y él.

La chica castaña, les miro a ambos con una ceja alzada y una mueca, mirándolos fijamente queriendo traspasar a su alma, o al menos así le pareció, pues les miraba de arriba abajo. Se sintió casi desnudo ante la mirada que le dedico, pero no dijo nada, puesto que muchas chicas ya le habían mirado así anteriormente. La pelirroja se le unió tiempo después, mirando entre Sam y él alternadamente. Supuso que era normal que ellas trataran de examinarlo, y pensó que tal vez eran amigas de los chicos Novak. Al final del incomodo escrutinio de ese par, ambas se miraron entre sí.

—Pues—comenzó la castaña, dirigiéndose a la otra chica—, no están tan mal como pensé. Aunque se ve a leguas que el mayor es un idiota.

—Tienes razón en que no están mal—concordó la pelirroja—. Pero yo no juzgaría a las personas antes de conocerlas, Meg.

—Tiene cara de ardilla y unos ojos dilatados que afirman que es un chico con demasiada testosterona. Obviamente es un idiota.

—No eres media neuróloga para asegurar sobre las sustancias químicas que produce su cerebro—la pelirroja se dirigió esta vez a los señores Novak—. ¿Castiel está bien?

—Está arriba—contesto Miguel, mirando a las chicas con una mirada preocupada—. No ha salido de su habitación desde que llego.

Como si fuera una señal tan poderosa como la Bati-señal, las chicas salieron corriendo hacia arriba, y solamente se escucharon sus pisadas rápidas y pesadas sobre las escaleras, antes de que un portazo callara el sonido de las pisadas. Dean miro por donde se habían ido las chicas con confusión. Seguramente eran amigas de Castiel, que se estaban asegurando si podía bajar pronto o si necesitaba ayuda.

Sam miro a los señores Novak, con algo de pena.

—Lamento si nuestra visita molestó a Castiel—dijo, mientras miraba el piso de arriba.

—No se preocupen—dijo Miguel, con una sonrisa confiada—, bajara en unos momentos.

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— ¡Tienes a tu prometido esperando en la estancia… con tu padre! —grito Charlie, revisando el armario de Castiel rápidamente.

Meg estaba sentada en la silla del escritorio distraídamente, mirándose la cutícula de la mano, tocando sus uñas pintadas de barniz morado. Gabriel, de hecho, no se había movido, y aunque Castiel les miraba a él y a Masters con una mirada de súplica desde la ventana, ninguno de los dos se movió de su posición. Nadie estaba tan loco como para meterse en un regaño de Charlie... o puede que sí y valoraran sus vidas para no hacerlo.

— ¡¿En que estabas pensando, Novak?! —Siguió diciendo la pelirroja, sacando camisa por camisa, verificando que fueran lo suficientemente buena para una primera impresión—. Los pobres están abajo, (muy guapos lo reconozco) y ustedes aquí arriba. Saben que solo tienen a Meg y a mí como amigas, y que dos chicos están abajo esperando verlos ¡¿Están dementes, o son sociópatas?!

—Creo que ambas... —contesto Gabriel distraídamente—. Aunque no estoy tan seguro… ¿Seriamos sociópatas pasivos o activos*? Entramos en las características y definiciones de ambas.

— ¡Era una pregunta retórica! —bufó la pelirroja. Les miro—. No quiero que tengan una mala impresión de ti, Castiel. Sabemos que en la escuela no eres muy popular…

—Gracias por recordármelo—interrumpió Castiel, con voz monótona.

—No interrumpas—pidió Charlie, levantándole un dedo—. Tienes un prometido, lo entendemos todos, pero eso no significa que no te puedas llevar bien con él. Sabes que soy fanática de las historias de amor. Siempre he soñado con protagonizar una, y ahora tú tienes la oportunidad de estar en una con un chico. Es cierto, es forzado, pero no por eso no puede haber amor entre ustedes.

—Lo dices porque para ti es fácil estar de simple espectadora—dijo Castiel, poniéndose frente a ella—. Realmente, ¿Estarías en una relación de casados con una Alpha que apenas conoces?

—Si esta buena— Castiel se golpeó en la frente con la mano.

—Si les sirve de consuelo al rubio y a ti—dijo Meg, hablando por primera vez desde que entro a la habitación con Charlie—, al menos deberían intentarlo. Estaremos ahí apoyándolos siempre.

—Yo si quiero intentarlo con Sam—dijo Gabriel, mirándoles con una sonrisa.

— ¿En serio? —Pregunto su hermano, mirándole con duda en los ojos. Gabriel no era la persona más accesible que uno pueda conocer, y ese cambio de actitud era extraño viniendo de él—. ¿Por qué?

— ¿Qué no lo han visto? ¡Está buenísimo, y a puesto que tiene buen trasero!

Por supuesto, Gabriel seguía siendo Gabriel.

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Dean miro las escaleras al escuchar los pasos que venían de ella, dándose cuenta de quien bajaba.

Su corazón comenzó a palpitar rápidamente, estrellándose contra su pecho y casi rompiendo sus costillas. Sus ojos se enfocaron inmediatamente en revisar al Omega que bajaba las escaleras. Cabello oscuro, desordenado y sin arreglar; al momento de inhalar un poco le llego el aroma al shampoo que utilizaba. Masculino, sin dudas. La cara estaba levemente bronceada, parecida a la propia y contaba con la sombra de una futura barba si mirabas atentamente al mentón. Barbilla fuerte. Y ojos de color azul tan profundo que no sabía cómo describirlo, aunque probablemente no quería hacerlo para no sonar tan marica como se sentía ahora.

A la conclusión que llego, Castiel no parecía un omega común y corriente. Para nada.

Mientras tanto, la mente de Castiel solo tenía una cosa que se repetía continuamente: Debo intentarlo.

Nini: Bueno, me inspire más rápido para subir el capítulo mientras estaba en la playa. Gracias por sus comentarios, favoritos y followers. ¡Me hacen muy feliz!

La sociópatia es un trastorno mental en la personalidad. Está catalogado en dos casos, Pasivo o Activo. Los activos son aislados ya sea por temor al rechazo u otra cosa. No tengo claro que son los pasivos. Para mayor información, pueden utilizar google.

Gracias.