Capítulo 4
Alone with my future, don't be a good idea
En una cafetería de la ciudad, llena de estudiantes con computadoras preocupados con el proyecto final de semestre, se hallaban nuestros chicos favoritos, sentados en una silla al lado de una ventana.
Castiel se removió incomodo una vez más, estaba en una situación que muchos describirían de una manera para nada cómoda. Ciertamente no era cómoda en ningún aspecto. Sentía como unos ojos verdes hacían todo lo posible por centrarse en alguna otra cosa que no fuera él. Agradecía eso enormemente, más no se atrevía a romper el silencio con palabras de agradecimiento para con el Winchester. Estaba sentado en el Café de Ana, una amiga suya del instituto y—como era algo obvio se sentía tímido, pues, siendo sinceros completamente, era la primera vez que salía con alguien fuera de su círculo de amistades, que más que amigos, eran la familia que le defendía en la escuela sin importar nada, que no le juzgaba.
En conclusión, jamás había hablado con otras personas además de Meg, Charlie, Ana, Baltazar y Kevin.
Dean, por otra parte, solo estaba manteniendo la boca cerrada ante la mirada penetrante que le dirigía el Novak mayor. Si antes había descrito los ojos de Castiel como azules y bonitos, ahora se retractaba de ello.
Los ojos del chico de cabello oscuro eran azules, cierto, pero no un azul que pudieras comparar con facilidad o exactitud, y seguramente aunque trataras con insistencia en hacerlo, jamás conseguirías describirlos a la perfección. Eran azules, profundos y directos cuando lo había conocido, calmados y sin emociones; y justo ahora, se hallaba en una decidía interna para ponerle un color a esos ojos que más que azules parecían índigo en esos momentos, llenos de emociones controladas bajo una capa de hielo que los protegía del ojo humano, y que eran lejanos al entendimiento. Él encantado trataría de descifrar esos ojos. Un desafío que él mismo se ponía en sus manos « ¿Qué ocultas bajo esa capa de indiferencia, Cas? »
—Y…—comenzó a decir Dean, haciendo que Castiel le mirara con más intensidad—, ¿A qué te dedicas en tus tiempos libres?
Castiel pareció vacilar un poco antes de contestar.
—Generalmente veo unas cuantas películas y series con mis amigos. Aunque últimamente he estado ocupado con los proyectos de final de semestre.
—Eso es… asombroso…—puso sus manos sobre la mesa frente a él, entrelazando ambas y apoyando su pecho en ellas, buscando estar más cómodo.
— ¿Tu a que te dedicas?
—Pues, ya sabes…
—De hecho no, por eso pregunto—interrumpió girando la cabeza levemente. Dean solo puso los ojos en blanco.
—Me gusta hacer muchas cosas en mis tiempos libres—dijo por fin, sin detalles.
Castiel solo asintió.
—Siento que no nos estamos conociendo—Winchester gruño. Exactamente eso sentía él, y ya que Castiel había tocado ese punto, aprovecharía para solamente seguir el hilo de la conversación.
—Exacto, Cas—se pasó una mano por la frente—. Nadie se conoce si no hablan primero.
—¿Qué sugieres? —ciertamente, el Novak también se estaba hartando de la conversación.
—Primero comienza a llamarme por mi nombre, porque no lo has hecho desde que me presente y eso ya me está comenzando a incomodar; ordenemos que me muero de hambre—justo en ese momento un sonido llamo su atención.
Miro hacia donde se escuchaban unos pasos con tacones, mirando quien se acercaba, dándose cuenta que aún había una distancia considerable—8 metros— de la persona que provocaba ese sonido.
Era cierto, tener sentidos de Alpha era muy útil a veces. En especial cuando estos se veían potenciados por la presencia de un omega cerca, haciendo que los sentidos protectores de los Alphas se activaran disimuladamente.
La que provocaba ese sonido era una mujer bajita, de cara en forma de corazón y una gran sonrisa perlada que hacia formarse hoyuelos en las mejillas sonrosadas. Su cabello pelirrojo rayando lo naranja le daba una apariencia similar a la de un duende irlandés, y las pecas salpicadas por la nariz redondeada no hacían más que poner la inocencia en su expresión sonriente y amigable. Vestía un uniforme de color marrón, que constaba de una falda y una blusa de botones, que combinaba con el ambiente familiar y cómodo del lugar. Bonita, pensó, y sonrió de manera ladina.
—Tranquilo tigre—le susurro su conciencia, y estuvo a punto de preguntarse porque lo hacía hasta que se acordó que venía con Castiel.
El que se supone que será su pareja.
—Hola Castiel—saludo la menuda mujer con familiaridad—. ¿Cómo han estado los proyectos?
—Hola Maggie—contesto el Novak, mirándole con un brillo extraño en los ojos—. Realmente me ha ido un poco mal. El profesor Jones no ha querido aceptar mi proyecto de la conservación de la materia en el espacio, aunque pase la semana entera desvelándome para hacerlo, y tendré la semana atareada.
La mujer—Maggie, pensó con un sabor amargo en la boca—le miro con ternura mientras negaba la cabeza levemente.
—Tú siempre seguirás igual sin importar cuantas veces te quedes dormido en clase—murmuro en voz baja, para sacar una libreta y una pluma—. Y bien, ¿Van a ordenar algo tú y tu amigo? —repentinamente, su atención se fijó en Dean, sonriéndole con la misma familiaridad que le había mostrado a Castiel hace unos momentos—. Soy Maggie, por cierto.
—Él es Dean—dijo Cas, dedicándole una mirada—. Se quedara algunos días conmigo y mi familia, y esperaba que el lugar fuera de su agrado.
— ¡Obviamente! —grito una voz desde el otro lado del local.
Dean miro inmediatamente hacia esa dirección, topándose con una chica de piel blanca y cabello rojo como el fuego, que caía lacio por su espalda hasta mitad de esta. Sus ojos entre verdes oscuros y azules le miraron con una gran diversión, y se dirigió a su mesa con pasos largos y gráciles. Vestía el mismo uniforme que Maggie y cuando llego hasta ellos, coloco las manos en su mesa, deliberadamente recargando su peso en la superficie de madera. Cuando olfateo el aire, se sorprendió levemente que fuera una Beta.
— ¿Por qué no debería de gustarle mi café a tu amigo, Castiel? —pregunto la pelirroja desconocida, mirando al de cabello oscuro con diversión. El de ojos azules no respondió, por lo que la chica se dirigió esta vez a él—. Y bien, ¿Quién eres?
Dean iba a responder, antes de que un sujeto le interrumpiera.
— ¿Él es el prometido de mi Cassy? —pregunto, poniéndose al lado de la chica pelirroja. Era rubio, y sus ojos eran de un color azul claro como el cielo (pero no se comparaban con los ojos de Castiel) y una insipiente barba elegante le cubría parte del mentón. El aroma a Alpha alerto e inundo sus sentidos con abrumadora rapidez.
Detrás de él, convenientemente, estaban Sammy— maldito seas, Samuel— y Gabriel, viendo la escena como si fuera un episodio especial de su comedia favorita. Definitivamente, no era solo coincidencia que ese sujeto—que le guiñaba un ojo al Novak menor disimuladamente— estuviera preguntando aquello. Eso era una prueba de su coraje, que Sam le aplicaba con una mueca socarrona—los alces no sonríen, lo busco en Wikipedia— para quedar en ridículo o… ciertamente no lo dejaba en ridículo si decía que no era su prometido y que era su prometido… ¡Pero a él le gustaba dramatizar!
—Debes dejar de ver Doctor Sexy—le dijo su apariencia de adolescente, mirándole con una sonrisa burlona—. Haz lo que se te haga mejor… solo no metas la pata.
Dean trago saliva disimuladamente, mucho, pues al parecer nadie se dio cuenta de ello, y miro al rubio de barba con una sonrisa ladina, obviamente con superioridad y orgullo. Casi sintió como su pecho se hinchaba como una exageración a esa afirmación. Pensó un segundo antes de decir algo, pues sabía que la primera impresión era importante—no por nada tenía muchas conquistas en las ciudades pasadas—.
—¿Tú Castiel? —Pregunto con burla—. Pensé que en este mundo solo aceptaban que los Alpha reclamaran como suyos a sus parejas, y no a la de otros. Y Cas, es mío.
Sam, detrás del chico de barba, tenía la boca ligeramente abierta de la impresión, y estuvo a punto de guiñarle el ojo. Si su hermano pensaba que si conservaba la actitud de una perra podría hacer que Dean, él el gran Dean Winchester, se sintiera avergonzado o incómodo, siempre podía echarle a perder la diversión. Sam jamás lo haría sentir incomodo si él podía evitarlo… claro que no contó con la penetrante y pesada mirada que le dirigió Castiel.
Diablos, eso sí es incómodo.
Castiel estaba consternado, confundido, sorprendido, shockeado, etc. Con un sentimiento que latía incesantemente en su pecho, llenándole de una calidez embriagadora todo el cuerpo y desviando su sangre directamente a sus mejillas. Su boca estaba cerrada en una línea, apretada levemente, y podía sentir como los vellos de su cuerpo se erizaban cuando un escalofrió le recorrió la espina dorsal. Su estómago era un desastre, con miles de dragones y gárgolas—por qué no eran mariposas, de eso estaba seguro— revoloteando por todas sus paredes gástricas, salpicando los jugos digestivos en ellas y enviándole sensaciones desconocidas directamente a su cerebro.
Nadie, jamás. Nadie, absolutamente nadie, en ningún momento de su vida le habían reclamado como pertenencia de otra persona. Hasta el momento, eso estaba perfecto, pues era un fiel creyente a la libertad de uno mismo, a que cada individuo sin importar su jerarquía, puesto social o empleo era libre, y solo se pertenecía a él; por consecuente, estaba en desacuerdo con las palabras primitivas que eran posesivas. Sin embargo, por más loco que suene, sentía su estómago lleno de murciélagos—porque definitivamente las creaturas que sentía en el estómago no eran delicadas mariposas—, arañando las paredes estomacales.
Era de alguien. De alguien…
Ese sentimiento de pertenencia era hermoso, se dijo. No era experto en las emociones, pero sabía que eso era felicidad. Al fin, se había sentido parte de alguien, y su omega interno chillaba como colegiala enamorada—que no estaba muy lejos de la realidad, a decir verdad—cuando escucho a un Alpha llamarlo de esa manera—Baltazar no contaba, él era un amigo— suyo. Se sonrojo sin poder evitarlo, pero no sonrió como idiota, cosa que pensó que iba a suceder.
Dean, por otra parte, se dio cuenta de lo que habida dicho. La mirada azulada que antes le pareció bonita, se posó en él de una manera tan rápida que le sorprendió que sintiera el tirón en su nuca cuando eso pasó. Se dio la vuelta para decir algo que justificara lo que había dicho, con las mejillas levemente sonrojadas—Vamos, que él era Dean Winchester, no se sonrojaba "del todo" — para mirar a Castiel. Se sorprendió levemente. Wow…
Si antes solo pensó que los ojos de Castiel eran bonitos—y es que lo eran—ahora pensaba que eran la cosa más sorprendente que había visto. El color azul vibraba de una manera extraña, pareciendo que tuviera vida propia y se mezclaban unos tonos con los otros, conviviendo hermosamente en armonía y transmitiendo emociones, después los colores se calmaron, solamente transmitiendo serenidad y paz. Trago duro, completamente abrumado.
—¿Dean? —pregunto el de cabello oscuro, llamándolo en una pregunta tímida.
Sabía que estaba preguntando en realidad, lo sabía. Pero aun así, no podía simplemente confirmar lo que había dicho. Cierto, él era una persona que gustaba de coquetear, de tener mujeres a su disposición y capaz de decir lo que pensaba sin miramientos ni vergüenzas cuando se trataba de hablar con los demás; esto, sin embargo, era diferente a todo eso. Castiel lo hacía diferente de todo, ¿Cómo podría decir que, realmente, Castiel era suyo en frente de él, sin importarle que piense de él y después de haberlo conocido por un día? Sabía que verdaderamente no sentía que le pertenecía, pero una parte de él— la celosa y posesiva que no sabía que tenía, y defender el ultimo trozo de pie no contaba como ella— había hablado sin que él pudiera hacer algo al respecto; pero ahora, con la cabeza lo suficientemente fría como para razonar al respecto, se daba cuenta de lo estúpido que había sido decir aquello.
Ahora, no podía ni retractarse ni negar lo que había hecho. Tragó duro e hizo lo que mejor le parecía en ese momento.
—¿Sí Cas? —pregunto mirándole con una ceja alzada.
Fingir demencia. '
Castiel por otra parte, le miro con la cabeza inclinada a un lado, sin poderlo comprender, ¿Cómo es que había dicho lo que dijo y ahora decía lo que decía? Ok, era confuso hasta para él, pero ¡Vamos! ¿Qué demonios—no literalmente— tenía en la cabeza ese chico? Suspiro, decidiendo no presionar el tema.
—¿Qué vas a ordenar? —termino por preguntar finalmente. Todos le miraron como si tuviera monos en la cara (y seguía sin entender aquella metáfora).
—Bien—dijo el rubio de barba que los había llevado a ese enredo en primer lugar, mirándole con una ceja alzada—. Así que es cierto lo que Gabe me decía, el prometido de Cassy esta en la ciudad—Dean solo le miro de manera seria, sin poder decir que buscaba que dijera ese sujeto exactamente—. Ciertamente, muchachos (si, también va para ti Samuel), espero que Lucy no te ponga las manos encima antes de Cassy, porque te puedo asegurar que el adorable padre de estos niños te dará todo su "amor".
— ¿Lucy? —repitieron los Winchester confundidos.
—Mi padre ya los acepto, Balthazar—dijo Castiel, mirándole con la cabeza derecha esta vez—. No veo porqué de un momento a otro quiera eliminar a los Winchester.
— ¿Eliminar? —Dijo Meg, entrando por la puerta junto con Charlie, la última cargando unas bolsas. Soltó un bufido de mofa—. Eso será lo mínimo que hará Lucifer.
Sam alzo una ceja de manera nerviosa, sonriendo de igual manera. Gabriel solo le miro con una sonrisa antes de contestar:
—Como ya ha dicho la imitación de chica mala aquí presente (no hace falta decir quién es, ella sola se pondrá el saco), Lucifer, mi padre; una de las personas más influyentes de la ciudad y con un mal carácter del tamaño del iceberg que hundió el Titanic (Cállate Baltazar, ya sabemos que odias la película y por eso lo dije), los eliminara de una manera lenta y tortuosa si descubre que no son los Alphas indicados. Pero no se preocupen por morir, decir que los matara será poco, porque estoy seguro que lo que hará será mucho más que eso simplemente.
—Parece que deberías de dedicarte a motivar personas—dijo Charlie, sonriendo al ver la cara de Sam, que era una mezcla entre preocupación y seriedad profunda.
—Pero Miguel no lo permitirá—suspiro Castiel, mirando a Dean—. A él le agradan.
—Que consuelo—replico sarcásticamente el Winchester mayor.
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Castiel miro el techo de su habitación, pensando en todo lo que había pasado ese día y tratando de encontrar algo que lo tranquilizara.
Mañana tendría que asistir a la maravillosa—horrible— escuela, porque ciertamente no salió de la ciudad gracias a la inesperada—sorprendente, extraña— visita de los Winchester. Bueno, eso estaba bien, pensó con la cabeza puesta en la almohada; si bien no se había librado de los maravillosos—malditos—compañeros que le hacían la vida imposible en cada oportunidad que tenían, podía soportarlos otro año escolar más, antes de entrar en la universidad y despedirse para siempre de esa institución, pues sus padres le habían ingresado un año antes a la escuela.
Oh no, ir a la escuela no era lo peor, sino, el simple hecho de que Miguel les ofreció a los Winchester tener un permiso temporal del decano para estar en la escuela el tiempo que estén aquí. La escuela, convenientemente, tenía un apartado en el reglamento que aseguraba que podría dar permisos de estudio en ocasiones especiales, para que personas de fuera pudieran ingresar y estudiar por un periodo razonable. Dichos permisos les eran otorgados a las personas de otros países, como estudiantes de intercambio o personas que solo venían de paso; ya que la escuela era una institución pública, era de esperarse que pudieran conseguirles a los Winchester esos permisos con facilidad.
Suspiro, poniendo su antebrazo sobre sus ojos, relajándose con el sonido del abanico que ventilaba su habitación. Sabía que mañana sería un día importante, aunque no sabía de qué modo.
—Castiel—Gabriel se asomó por la puerta, como siempre, sin avisar; haciendo que le mirara y levantara el brazo. Llevaba unos cómodos pantalones de piyama, aunque conservaba la camiseta que uso ese día—, Miguel quiere que bajes a cenar. Lucifer preparo sus hamburguesas especiales pensando que te irías hoy.
El de cabello castaño le miro con curiosidad. Cierto, las hamburguesas de Lucifer tenían un ingrediente secreto, y se debían comenzar a preparar desde un día antes; era lógico que su padre no sabía nada de nada sobre la inesperada visita de los Winchester.
Castiel cumplía años en cuatro días, y según lo acordado, debía de verse con Dean exactamente cuando los cumpla, por lo mismo, se supone que las chicas le habían celebrado hoy su fiesta, con todo y regalos. Pero, viendo que los Winchester habían decidido venir por su propia cuenta y no era necesario que Castiel saliera de la ciudad, podría celebrar su cumpleaños aquí.
—Enseguida bajo—dijo, parándose de la cama y comenzando a buscar sus zapatos. Gabriel literalmente salto desde la puerta a su cama, arrugando las sabanas y echando la cabeza sobre la almohada, cruzando su brazo debajo de la cabeza.
—Sí, debemos bajar rápido—comento, mirando sus uñas desinteresadamente, tapándose la luz de la habitación—. No creo que Sammy y Dean les gustaría estar solos con Papi Lucy.
Eso fue suficiente para que Castiel tomara del brazo a Gabriel y salieran de la habitación a toda prisa.
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Sam miraba los cuadros del pasillo de la casa con interés.
Había demasiadas, y todas eran similares y muy diferentes a la vez. En unas cuantas aparecían toda la familia; en una de ellas, Castiel—que lucía de unos doce años—sonreía levemente, mirando con curiosidad la cámara, mientras que Gabriel—de unos once años— hacia una gran sonrisa, haciendo la señal de amor y paz, Lucifer sonreía abrazando por el hombro a Miguel, quien sonreía de igual manera; aquella foto fue tomada en un bosque nevado, y él supuso que era el de esta ciudad. Había otra en la que Castiel y Gabriel aparecían comiendo helado—ambos parecían de siete años, aunque probablemente Gabriel tuviera seis—, el menor con una sonrisa burlona, viendo como el mayor miraba con ojos sorprendidos como su bola de helado caí al suelo; lo gracioso de esa foto, era que fue capturada justo en el momento en que la bola de helado estaba en el aire, justo a medio camino al suelo.
En otra, aparecían Gabriel y Castiel—esta vez actualmente—de nuevo, pero esta vez con Charlie, Meg y un chico asiático que no conocía; el primero con unos jeans y camisa de color vino debajo de una chaqueta color verde y unos jeans, mientras que el de ojos azules tenía un traje formal, con corbata azul y una gabardina demasiado grande para él encima; curiosamente, ambos tenían un par de alas en la espalda, negras para Castiel y color arena para Gabriel. Charlie estaba vestida con un traje medieval, y sonreía; a su lado, Meg vestía un traje de pantalón negro y blusa de igual manera, con una capa de color morado encima, ella sonreía ladinamente, con burla; el chico estaba vestido con jeans y camisa azul, sonreía de igual modo.
Sam inconscientemente llevo un dedo a la foto, tocando el marco con interés. Probablemente de Halloween, pensó.
—Así que viendo fotos—dijo una voz detrás de él. Se giró automáticamente, topándose con el rostro curioso de Lucifer—. ¿Qué opinas?
En la mente de lucifer, solo se repetía una y otra vez la voz de Miguel pidiéndole que fuera amable con los invitados.
—Hmmm—murmuro, mirando de nuevo la fotografía de Halloween, y regresando para mirar al hombre—. Son… conmovedoras, de cierta manera.
—¿A sí? —Pregunto, con la ceja alzada—, ¿En qué sentido?
—Bueno, uno creería que hay ocasiones que no debes de olvidar, como la primera vez que anduviste en bicicleta, o…—busco otro ejemplo, tratando de no quedar como un idiota— cuando ingresaron el primer día de escuela. En cambio, hay fotos que son tomadas en diferentes días, sin importar si son importantes o no, pero eso los hace importantes. Porque así lo ven ustedes.
—Con que era eso—asintió Lucifer, mirando las fotografías—. Veras, estas fotos dicen muchas cosas, y son especiales para nosotros porque nos muestran de una manera familiar y única, que solo nuestra familia conoce. Castiel en el fondo es divertido (muy a veces, de hecho), y no importa cuántas veces te haga bromas Gabriel, en el fondo es un gran chico con un sentido único del humor. Son buenos chicos al final. Al igual que sus padres.
—¿En serio?
—No.
—Oh.
—Se dónde duermes, Sam.
—¿Eh? —dijo Sam, confundido, ¿A qué venia eso?
—Si hay algo que incomoda a Gabriel sobre ti, o algo malo que hiciste, juro que te arrepentirás—se dio media vuelta para entrar en la cocina, antes de agregar:—. Y yo no miento.
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Dean suspiro, mirando como su hermano se quedaba estático en el pasillo.
—¿Estas bien Sammy? —pregunto, poniéndole la mano en el hombro.
—Perfectamente.
—¿Sam?
—Estoy bien.
—Bueno—dijo Dean, no muy convencido, pero decidiendo que era lo mejor no presionar.
Sam miro el cuadro de nuevo. Les esperaba un muy largo mes por delante.
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Nini: Bueno, se que me tarde y no tengo perdón de Dios, pero me quitaron el internet y no habia podido subir antes. Bueno, al menos ya he subido, y aviso que los capítulos de ahora en adelante serán más largos. Si, me matare escribiéndolos porque estoy muy inspirada. Gracias a todos por comentar jejejeje ¡Me hacen Feliz! Y los que me dieron en favoritos y followers también, son lo máximo. Bueno estoy esperando la decima temporada ahora mismo y, pues… me despido porque tengo que alistar la Botana.
Gracias a todos. ¿Reviews?
