Hola! Vengo con un nuevo capítulo de su fic favorito "Inesperadamente típico". Gracias por sus reviews. Aviso de antemano que este capítulo será escrito desde el punto de vista de nuestros chicos Winchester favoritos y Gabe, eso significa, nada de pensamientos de Castiel lamentablemente (digo lamentable porque no me parece correcto que sea el único que no dé su punto de vista en este capítulo me lastima un poco), pero es necesario. Bueno, vengo con cuestionamientos extremos: ¿Querrán implicaciones de índole sexual en un futuro? Lo digo para irme programando en el orden de los capítulos.

A parte de eso, hay más Destiel en este capítulo, y se empieza a mostrar más sentimentalismos y relaciones. Sin más que decir, disfruten.

Capítulo 5

Hi everyone, i'm Dean Winchester

—¿Esta rico? —pregunto Miguel, mirando a los Winchester con una sonrisa.

Dean miro su plato, para luego subir la mirada y tragar el bocado que anteriormente masticaba.

—Muy bueno—asintió con la cabeza.

Aunque no estuviera bueno, él había sido criado para comer la comida más horrorosa de la gasolinera más cercana, y está casi nunca era muy grata que digamos. Sus padres viajaban constantemente, o al menos, su padre, por lo que, cada vez que les llevaba a él y a Sammy con él, la única comida que se llevaban a la boca era la primera que John Winchester encontrara. Por lo mismo, se podría decir que esta cena casera—que además era Hamburguesas, su platillo favorito—, comparada con esas noches en vela en la carretera y cenando comida chatarra barata, era algo grato.

—Me alegro que les haya gustado. Lucifer sabe cocinar, ¿Cierto?

Dean estuvo seguro que no fue el único que se atraganto cuando escucho eso, pues a su lado Sam hizo ademan de golpearse en el pecho con el puño. Lucifer sonrió con sorna, mirando burlona y maléficamente a los Winchester, quienes les recorrió un escalofrió con esa penetrante mirada.

A los Winchester no le daba miedo nada en lo absoluto, o eso decía su papá, pues obviamente ellos no conocían a Lucifer Novak.

—Si—dijo Sam, sonriendo nerviosamente, sin querer mostrarse a su futuro suegro como alguien desagradecido—. Está muy bueno.

—Las de Dennys* son mejores—dijo Dean, sintiendo como todo su ser Alpha le incitaba a retar al otro.

Era muy sabido que, cuando llegaba el momento de elegir pareja en las épocas antiguas, el Alpha de la familia tenía que enfrentar a todos los pretendientes que su miembro tuviera, y sería un conflicto hasta que uno de ellos no se pudiera levantar, o bien, que el Alpha de la familia lo considerase lo suficientemente apto para ser pareja del miembro a su cuidado. Esa tradición, por ser algo demasiado primitivo, paso a ser mal vista en la sociedad, y se realizaba en un combate formal en un lugar que se considerase apropiado y privado para los miembros de la familia. Aunque esa tradición se perdió, el instinto seguía ahí, rasguñando el pecho de Dean para retar a la cabeza de la familia: Lucifer, en este caso.

Sabía que Castiel ya era su futura pareja hiciera lo que hiciera, sin embargo, su Alpha interior no paraba de decir que eso estaba mal, que él debía de serlo no por obligación, sino porque el omega lo había elegido entre muchos machos y hembras Alpha más. Por lo mismo, debía de probarle que no era débil o sumiso, que era capaz de ser un buen Alpha y que era la mejor opción que podía elegir.

Eso pensaba el Alpha interior, Dean pensaba que había sido un idiota por abrir la boca sin pensar.

La cara de Lucifer se ensombreció levemente, y sabía que en el fondo el mayor de los Novak estaba pensando seriamente como demonios podía haber alguien tan estúpido como para insultar sus habilidades culinarias en su propia casa y pensar que no recibiría reprimenda alguna. Oh no, Luke Novak no es de los que permiten esa clase de humillación.

Sintió la mirada azul de Castiel sobre él, y sonrió con altanería cuando supo que Dean y él esperaban la respuesta.

— ¿O en serio? —Pregunto con su tono sarcástico característico, entrelazando sus manos y recargando su barbilla en ellas—, porque pienso que no pensaras de la misma forma con una hamburguesa del Dennys en el culo.

— ¡Luke!/ ¡Papá! —gritaron al unisonó Castiel y Miguel, mirándole con el ceño fruncido. Dean sonrió, sabiendo que ellos estaban de su lado, aunque el omega mayor solo se limitó a decir: —En la mesa no, espera a que terminemos de cenar.

Oh si, Castiel tenía razón. (Inserte todo el sarcasmo del mundo aquí) A Miguel le agradaban.

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Sabía que no podía estar en una situación mucho más incómoda que esta, aunque claramente quería encontrar una que le superase.

No, no podía, porque no había vivido una lo suficientemente incomoda como para recordarla, y aquella vez que entro en el vestuario de chicas por "accidente" no contaba. Eso no fue incomodo, fue memorable. De hecho, dudaba que estar en un cuarto lleno de chicas en ropa interior sea incómodo. Quien diga lo contrario es más homosexual que Castiel. Y nadie es más homosexual que él. Nadie.

A sus cortos 15 años, Gabriel Novak, un omega guapo, coqueto y sensual, había vivido muchas experiencias. Demasiadas—y no, seguía siendo puro e inocente… o lo más inocente que un virgen que mira pornografía puede ser—, desde la charla sobre un prometido arreglado como cuando, como detectar y que tiene que hacer si llega su primer celo. Oh si, ni siquiera la charla sobre cómo lo tomaran por atrás fue tan incómodo como esto.

Él comía dulces a montón, todo mundo lo sabe, por lo mismo, además, tenía a dos Alphas súper sexys de su edad durmiendo bajo su habitación—porque si, la habitación de huéspedes era en el piso de abajo a petición de Lucifer—no fue de extrañarse cuando no pudo dormir en la noche. Y mucho menos cuando Castiel en la habitación continúa se remueve tanto en su cama.

Bufo, oh sí que lo hizo, y se dirigió a ver qué demonios sucedía con su hermanito. Abrió la puerta lo más delicadamente posible, pues es conocido que los Alphas y Omegas aún más que los Betas, tienen sentidos súper desarrollados para su subsistencia; y avanzo delicadamente por el pasillo, aguantando la respiración. En lugar de tocar, como siempre, abrió la puerta e ingreso en la habitación. Abrió la boca cuando vio la escena ante sus—no tan—inocentes ojos.

—¿En serio jamás has visto una película porno? —escucho que le preguntaban a su hermano.

—No, jamás—contesto el mayor de los Novak.

La televisión estaba encendida, y frente a él estaban Sam y Castiel, sentados en la cama mirando atentamente la pantalla como si fuera un proyecto de investigación importante y sin ninguna expresión en las caras.

— ¿Por qué el repartidor besa a la chica? —pregunto Castiel, confundido y doblando la cabeza como normalmente hacía cuando tenía una duda.

Sam Winchester estaba en una situación incómoda, mucho de hecho. Su futuro cuñado de ojos azules, Castiel, le había pedido compartir un momento de hombre a hombre después de la cena, diciendo que era demasiado importante para esperar un minuto más y que confiaba lo suficiente en él como para vivir esa experiencia especial con su persona.

Sabía que nada bueno saldría de esa proposición tan sospechosa, pero aun así acepto.

Nunca se hubiera imaginado que fuera para hacer esa cosa tan incómoda.

—Porque le gusta—El Winchester menor no se mostraba del todo cómodo con esa situación, y se sonrojaba levemente cada tanto tiempo—. ¿Por qué estoy viendo esto contigo, Castiel?

—Porque eres mi único amigo al que pude haber recurrido y me hubiera explicado.

—¿Soy tu amigo?

—Por supuesto. Amigo es estar con alguien y que te agrade su compañía, además de compartir tiempo con esa persona y tener cosas en común con ella.

—No tenemos nada en común, que yo sepa. ¿Qué te hace pensar que sí?

—Ambos respiramos.

—Cierto—se llevó la mano a la frente, frotándosela y quitando el sudor frio que bajaba por ella—, pero todos los seres humanos respiramos.

—Entonces todos son mis amigos. Además, yo creo que eres el más indicado para ayudarme a prepararme mentalmente en costumbres de apareamiento.

—Hablas como un robot, Castiel—suspiro—, ¿Y porque yo?

—Porque Dean no hubiera querido, además que no tengo el valor para pedírselo—le puso la mano en el hombro al Alpha—, confió lo suficientemente en ti como para pedirte ayuda… y Gabriel se hubiera reído de mí.

—Afirmativo, hermanito—dijo Gabriel por fin, frunciendo el ceño al ver que la mano de Cassy seguía en SU Alpha—. ¿Qué pensaría papá si te encontrara viendo porno a estas horas de la noche con Sammy?

Y Sam sintió que el alma le llegaba al suelo cuando le dijo así, sabiendo que la explicación la querría de él.

Recordó lo que le había dicho Gabriel en la tarde.

Así que, te llamas Gabriel—dijo tratando de armar una conversación y que el omega se sintiera cómodo en su presencia.

Estaban caminando por la ciudad, buscando a alguien que era necesario para que Castiel se abriera—palabras de Gabriel, no suyas—. Miro al frente, topándose con una joven beta que le sonreía abiertamente. Regreso la sonrisa por educación, pero al parecer, Gabriel lo noto.

Escúchame una vez que no lo voy a repetir—había dicho este, sonriéndole coquetamente—. Me gustas, te gusto; desde ahora en adelante me vas a obedecer en todo lo que te diga y poder hacer todo lo que se me plazca, hasta alejarte de ciertas personas indeseadas. Puede que sea el omega, pero yo soy mucho más posesivo que un Alpha y sabrás que ellos protegen a lo suyo.

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Dean Winchester era una persona capacitada en muchas ramas de la vida, desde a socializar con un grupo de personas, hasta caerles mal solamente por decir un comentario, conocía como reparar su auto mejor que nadie y tocaba la guitarra en una banda de una manera casi considerada sagrada. Oh si, él era bueno en todo.

Excepto pensando antes de actuar

Así que, cuando Sammy no volvió del baño, porque la niñita de Samanta tenía que cepillarse los dientes antes de dormir, no pensó que se activaría una alarma si salía a mitad de la noche a buscar a su hermano alrededor de la casa. Solo pensaba en qué demonios le había hecho Lucifer para que Sammy se tardara tanto.

Desde la habitación de los padres Novak, una pequeña lucecita de color rojo se activó, lanzando un leve pitido que nadie escucharía en condiciones normales, pero, como ya todos saben, Lucifer no es normal. Por lo que en cuanto sintió la leve luz en la cara, se levantó como rayo, dirigiéndose al computador que había dejado en el buro al lado de su cama. Lo encendió sin levantar a Miguel, quien dormía plácidamente sin saber que su precavido—paranoico—marido estaba haciendo un escándalo en su mente.

Cuando la computadora portátil estuvo encendida, se metió inmediatamente a la aplicación de las cámaras de seguridad que había instalado cuando sus hijos entraron en la secundaria—por protección, claro está. Nadie le aseguraba que abrieran las ventanas y se violaran a sus hijos era poco probable— y miro el pasillo de los chicos. La luz de emergencia se activaba cuando las puertas de la casa se abrían, aunque las de Castiel y Gabriel fueran la excepción, las ventanas de ellos no lo eran; pero lo que le preocupaba más era que la puerta que se había abierto era la de la habitación de invitados. Los Winchester estaban ahí.

Miro las cámaras, dándose cuenta que no estaban en el pasillo del baño, o en la cocina, o en la estancia. Cambio a la cámara de la escalera, dándose cuenta de cómo un pie se ocultaba en el pasillo de arriba en el último momento. Miro afuera de la habitación de Gabriel—ni él era tan paranoico como para dejar que la privacidad de sus hijos dejara de existir— que era la más cercana a la escalera, pero se dio cuenta que nunca llamaron a la puerta. Cambio al pasillo de nuevo, dándose cuenta de quien había salido.

—¡Dean Winchester! —gruño con furia, viendo como el intruso entraba en la habitación de SU inocente Castiel

Oh no, eso sí que no.

Salió por la puerta, pero se regresó en el último momento al ver que aun usaba la tanga de diablitos que a Miguel le gustaba que usara.

Nadie debía de ver esa faceta suya, excepto su omega.

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Dean abrió la puerta de la habitación de Castiel, viendo que esta estaba abierta y salían voces y luces de ella.

Vio cómo su hermano estaba siendo sostenido del hombro por Castiel, de una manera que se le antojaba demasiado familiar, y a Gabriel, muriéndose de celos con los brazos cruzados. Gruño inmediatamente, eso no era bueno.

—¿Qué pasa aquí? —pregunto, llamando la atención de todos. Castiel le miro con sus grandes y azules ojos, sonrojándose inmediatamente al igual que Sam.

Oh no, ese sonrojo no era bueno en lo absoluto.

Se fijó en las luces que daba la televisión, abriendo los ojos como platos. Trato de procesar todo en su mente: Era una película porno… su hermano, Castiel y Gabriel estaban viendo una película porno… Castiel tenía la mano en el hombro de Sam y estaba demasiado cerca de este… Sam viendo porno con Castiel mientras este le tocaba y se acercaba a él… Cas… Su Cas… ¡Su Castiel con su hermano viendo porno!

Su Alpha interno gruño de manera furiosa, sintiendo peligrar lo que por derecho era suyo. Ok, lo aceptaba, su Alpha le pedía que reclamase a Cas de una manera salvaje que jamás había pensado que pudiera pasar. De hecho, sabía que todo estaba vinculado con las partes primitivas de ambos. Cuando entraba a una habitación en donde Cas estaba, sentía que sus sentidos vibraban con demasiada intensidad, olfateando las feromonas que el Omega de ojos azules soltaba solo para él. Lo sabía, eran de él, incitándole a oler más. Aroma dulce, sin llegar a ser empalagoso, pero fresco y libre. Cas olía a libertad.

Y el Alpha de él quería la libertad con Cas. Por el amor a todo el cielo, ¡apenas lo conocía de hace dos días y ya lo quería violar! Claro que no, no debía caer en instintos. Castiel era Castiel, un perfecto extraño por el que solo sentía deseo carnal. No debía…

Oh demasiado tarde.

—¡Dean! —escucho que Cas le grito, pero no importaba, su Alpha estaba demasiado furioso como para hacerlo.

Solo sintió los golpes que Sam le regresaba, sintiendo su noción irse unos segundos antes de que fuera separado de él. Miro sobre su hombro para ver quien le había devuelto la razón, sorprendiéndose de encontrarse con Lucifer, mirándole serio. Su Alpha le gritaba que era necesario deshacerse de él, pero sabía que debía calmarse.

—Lo… lamento—dijo en un susurro. Lucifer negó con la cabeza.

—No te disculpes conmigo, anda y ayuda a tu hermano—miro a Sam, quien le miraba con molestia, pero no demasiada.

Era la molestia de ser vencido, entendió, pero él no estaba molesto del todo. Su hermano controlaba mejor su lado primitivo que él, y por ello no iniciaría una pelea sin sentido, por lo que solo se defendió y no ataco. Tampoco estaba muy herido, ni siquiera tenía heridas o hematomas. Le miro con duda, y tristeza. Había dañado a la única persona que debía proteger…

—Lo lamento Sammy…—se acercó a él, y Sam sonrió con una mueca.

—Dean—llamo su hermano—. Está bien, sé que no nos encontraste a mí y a Cas en una situación normal para nada.

—¡¿En qué situación los encontraste?! —Grito Lucifer, tomando de los hombros a sus hijos y poniéndolos detrás de él—. Dímelo.

—Eh… pues…—el menor de los Winchester balbuceo sin saber que decir, pero no fue necesario decir nada, pues la mirada del mayor de los Novak se dirigió hacia la televisión de Castiel, dándose cuenta de las imágenes que pasaba esta.

—¡Malditos gusanos sin vergüenza viola infantes de mierda! Vengan aquí hijos de perra, van a ver cómo van a quedar después de que los encuentre. No quedara nada de ustedes.

Gracias al cielo, Miguel—quien se había despertado por los gritos—salvo a los Winchester una vez más.

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Gabriel miraba distraídamente la ventana, sin prestarle mayor atención a la pizarra, en donde el profesor de matemáticas escribía unas cuantas ecuaciones de algebra para principiantes. Que aburrido, pensó, suspirando y dirigiendo su vista a la puerta. Dos minutos después, llamaron al profesor fuera del salón para tratar unos asuntos. La sonrisa de Gabriel no pudo ser más grande en ese momento, y sacando un chocolate, se dispuso a degustarlo, esperando que su alce entrara por la puerta y volviera sus clases más divertidas.

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Dean miro a todos lados por el pasillo de la escuela de los Novak, sintiendo a Sam a su lado y las miradas de todos en el pasillo puestos en ellos. No era sorpresa, pensó el rubio, pues era obvio que una persona tan hermosa como él, y un fenómeno de dos metros como su hermano, llamarían la atención de los demás.

Sam creció mucho, pensó, mirándole de reojo.

A primera vista, dedujo, parecía una escuela normal y trivial, con sus porristas y chicas populares mostrando una figura perfecta, Alphas deportistas mostrando sus músculos a las chicas, con sus Beta promedio y sus nerds. Sí, una escuela normal.

Maldijo en ese momento que Lucifer se llevara a los Novak más temprano a la escuela, mientras Miguel arreglaba los últimos documentos para empezar su estancia temporal en la institución. Por lo mismo, llegaron tiempo después que los omegas, y tendrían que encontrarlos para seguirlos a sus clases—porque Miguel fue tan bondadoso como para inscribirlos en las mismas asignaturas que sus prometidos, respectivamente—.

Sonrió cuando vio una cara conocida.

— ¡Hey Meg! —grito a la de cabello castaño, quien pasaba apresuradamente por los pasillos. Cuando miro a quien le llamaba, sorprendiéndose levemente.

— ¿Y ustedes? —Pregunto, llegando hacia ellos—, ¿Qué demonios están haciendo aquí?

—Bueno, los señores Novak pensaron que sería una gran idea que continuáramos nuestros estudios—contesto Sam.

—Ok, creo. No deben de estar en el pasillo, las clases comenzaran en dos minutos, no es como si me importara, pero no querrán un boleto a detención que Lucy firmará.

—Es que…

—No encuentran a los chicos, ¿Cierto? ¿Por qué todos los hombres son igual de idiotas?

—Bueno, chica mala—mascullo, molesto. Había pensado que era una buena idea preguntarle a Meg, ya que, pues, era amiga de Castiel ¿No? Obviamente le ayudaría, pero, se equivocó—, no todos tienen tu maldito carácter, al menos.

—Mmmm—Meg le miro con una mueca, antes de suspira—. La siguiente clase de Castiel está en el salón de clases sociales, y Gabriel el de Matemáticas. Sigan derecho el pasillo y encontraran a un monitor de pasillo.

—¿No nos dirás en dónde están?

—No, ya hice suficiente por ustedes—y con eso, se alejó dejándoles solos.

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Dean toco la puerta del salón de Clases Sociales, la segunda clase del día, y espero a que el profesor abriera.

Un hombre joven le abrió la puerta, sonriendo amablemente. Tenía el cabello rubio atado en una coleta baja y unos ojos castaños que le miraban tiernamente. Omega sin duda.

Cuando iba a hablar, el aroma tan conocido para él se instaló en las fosas nasales, llamándole hacia el salón de clases. Su estómago se agito, y ridículamente pensó que debían de ser nauseas. El profesor le miro con una ceja alzada.

—¿Si? ¿En qué puedo ayudarte, jovencito? —dijo el hombre, sonriendo aún más. Le tendió el papel que Miguel le había dado, esperando que eso aclarara las dudas del profesor. Cuando termino de leer, le miro con una sonrisa—. ¿Tú eres Dean? El director me aviso que vendrías.

—Soy Dean Winchester—asintió presentándose, sin olvidar sonreír de manera ladina.

—Bueno, pasa. Siéntate en donde este desocupado, iré a ver al director para avisarle de tu llegada.

El rubio asintió, mientras se acercaba a la puerta y entraba por esta. Cuando giro para cerrarla, el profesor ya no estaba. Giro hacia el grupo, quien se quedó en silencio ante su presencia. Sonrió de manera orgullosa, sabiendo de ante mano lo que causaba en las personas, ¿Quién se puede resistir a un guapo y sensual Alpha como él? Nadie, obviamente, pues todas las miradas femeninas y masculinas estaban sobre él, las primeras de manera soñadora e impresionada y la segunda con puñales en los ojos por ser el centro de atención. Ninguna era la mirada que buscaba.

Olfateo el aire, percibiendo muchas esencias mezcladas en la misma habitación, pero identificando solamente una como la que buscaba. Miro a todos lados, tratando de hallar al dueño de ese hermoso aroma que tenía a su Alpha gritando como loco, dándose cuenta de donde estaba… y con quien.

Unos Alphas que parecían brabucones rodeaban el asiento de su Castiel. Gruño molesto, e ignorando a las jóvenes que se le acercaban, camino por las filas hasta llegar a ellos, dándose cuenta que la mirada de Cas estaba puesta en sus manos sobre el escritorio. Eso le molesto más, no obstante.

Jamás había visto a Cas de esa manera sumisa, y no les gustaba verlo así.

Carraspeo con fuerza, llamando la atención de los dos Alphas que atosigaban a su omega.

—¿Puedo ayudarte? —pregunto uno de ellos, de cabello oscuro oculto en una gorra. Sonrió, viendo que ambos llevaban camisetas del equipo de futbol americano de la academia.

—Pues, realmente, sí—cuando hablo, vio como la cabeza de Cas se alzaba con rapidez, mirándole con un brillo en los ojos que hizo a su Alpha rugir de alegría. Sonrió de medio lado.

—Si quieres entrar al equipo de futbol, debes de hablar con el entrenador. Ahora, aléjate.

—De hecho, yo quería que me ayudaran a evitar golpearlos en el primer día de la escuela. Creo que están molestando a Cas.

—¿Cas? —Repitió con sorna el de cabello rubio, mirando al castaño con burla mal disimulada—. Así que la mascota tiene apodo.

—Las únicas mascotas que miro se llaman imbécil 1 e imbécil 2—dijo, señalando alternadamente a los Alphas agresores.

—¿Tienes un problema amigo?

—No, pero lo tendré si no dejas de molestar a mi amigo.

—¿Amigo? Este fenómeno no tiene amigos. Solo los fenómenos como un omega macho sirven para ser objetos.

—Vuelve a decir eso y no respondo—advirtió, sintiendo su paciencia al límite.

—He dicho que…

Y no termino, pues el puñetazo de Dean le dio directo en la nariz.