Nini: ¡Gracias por todo! Los quiero, gracias por apoyarme … pues, me van a odiar en este capítulo… probablemente también en el siguiente. ¡Habrá Lemon!... pero aun no, sino, en un futuro. Sin mas que decir, disfruten.

Capítulo 6

I am Dean, and torubles is my second name

Ciertamente, Gabriel no podía estar seguro de que era lo peor de su vida. Él pensaba que su vida era perfecta tal y como era, y al mismo tiempo, era un asco. Depende de qué lado lo veas.

Por eso comía dulces, para hacer su vida más dulce de lo que ya era, y aunque solamente Lograba darle un gran satisfacción de una mera superficial y abstracta que no lo llenaba en lo absoluto, le gustaba lo poco que le daba a su vida con poco sentido. Su sentido era hacer reír a las personas que les interesaban, teniendo chistes debajo de la manga todo el tiempo y repartiendo azúcar a las aburridas vidas de los profesores de matemáticas amargados de la secundaria. Oh si, su vida era un éxito total.

Aunque, algo le faltaba, y lo reconocía.

Primero nació Castiel, un bebe fuerte y sano que ilumino la vida de sus padres recién casados, poco después nació él, un bebe gordiflón y con grandes mejillas que sonreía todo el tiempo, al contrario del aparentemente carente de sentido del humor de Cassie. En fin, por ello, siempre lograba hacer que sus padres sonrieran con burla, en lugar de las sonrisas tiernas que sonsacaba Castiel. Eran un dúo perfecto.

Al parecer, era curioso que ambos fueran hermanos, primeramente por el hecho de que ambos eran demasiado diferentes en aspectos físicos, y que, en lugar de ser dos personas parecidas, eran totalmente diferentes. Si los veían en la calle en brazos de papá y mamá, no podían saber a simple vista que ambos eran hermanos. Castiel tenía el cabello oscuro como la noche, y lacio pero desordenado, pareciera que tenía vida propia y Miguel lucho para poderlo peinar decentemente, aunque el peinado le durara diez minutos. Tenía ojos azules como el cielo, profundos como el océano impetuoso en una tormenta, justo como la unión del cielo azul y el indomable mar en el horizonte, constantemente batallando para definir dos partes diferentes e iguales de un todo, brillantes, curiosos y expectantes a todo a su alrededor. Gabriel, por otra parte, contaba con cabello ondulado parecido a los granos de cacao blanquecinos, de un color café suave que tintaba a lo rubio; a su vez, poseía unos ojos color miel, parecidos al almíbar derretido y al topacio oscuro cuando hacia travesuras.

En pocas palabras, Castiel era un ángel hermoso y tranquilo, y él un angelito travieso.

La verdad, no le agradaba recordar cuando Lucy y Miguel, quien por cierto, corrió como una niñita cuando llego el momento de hablar sobre la sexualidad, le hablaron sobre los Alphas y Omegas.

Él, por supuesto, sabía que una persona era clasificada por Beta (B), Alpha (A) y Omega (O) al nacer, y que ninguna persona podía decir que jerarquía iban a poseer si no les hacían pruebas sanguíneas al nacer, y que según el desarrollo que tuvieran los bebes durante los primeros 5 años se confirmaría esa clasificación. Lo que él no sabía, cosa que no le agrado no hacerlo, es que caracterizaba a cada jerarquía. Y de eso se trató la charla de su pérdida de inocencia.

Ahí iba toda una hermosa niñez a la basura… bueno, ciertamente no arruino su infancia, sino, que solamente hizo que la mirara con ojos diferentes.

¿Lo ven? No era su culpa ser un pícaro.

Y ahora, sentado en la clase de matemáticas con la mejilla puesta en su mano como soporte para su cabeza y con las piernas cruzadas debajo del escritorio, sabía que la escuela no podía ponerse mejor. Realmente, no podía ponerse mejor.

Sam estaba parado, con una sonrisa y mirada nerviosa mirando como el profesor leía una y otra vez el recado del Director. El Winchester se veía extremadamente gracioso al lado del diminuto hombre de apenas uno cincuenta de altura, y aún más por ese casi invisible sonrojo que coloreaba sus mejillas. Oh, se veía completamente adorable viendo a todos y sin percatarse de su presencia ahí, en el fondo del salón… curiosamente al lado del único asiento disponible en esa clase.

—Bueno, señor Winchester—comenzó a hablar el profesor, llamando la atención del susodicho, quien le miro con una sonrisa—. Sus papeles de ingreso están en orden, y viendo que se hospeda en la casa Novak, es mi deber colocarlo con Gabriel para hacerlo sentir cómodo… Pero con que vea un motivo por el cual separarlo de ese alborotador, lo hare.

—¡Que amable, profesor!—exclamo el Novak, llamando la atención del Winchester y la del salón —.Pero no será necesario separarme de mi Alce, trataremos de comportarnos—agrego con picardía al final.

Sonrió al ver el sonrojo de Sam, y las expresiones molestas de las féminas del aula. Había visto que su Winchester llamo la atención al entrar, y como las chicas, y algunos cuantos hombres, devoraban con la mirada a su Alpha. Él no era celoso, para nada, solo… cuidaba y protegía lo que era suyo.

El profesor también se sonrojo, pero de coraje, supuso.

—No tiene suerte como para provocarme, Novak—gruño el diminuto hombre, antes de dejar un papel en el escritorio y avanzar hacia la puerta—. Si me disculpan, debo de hablar con el director sobre algunos temas. Winchester, siéntese y copee los ejercicios de la clase anterior, por favor.

Y con eso, el profesor salió…

Y Sam fue envuelto de la mayoría de féminas hormonales, para su disgusto.

Su Sammy le necesitaba. Gruño con furia, haciendo un puchero y levantándose de un salto. Avanzo con paso fuerte entre la multitud que el alumnado había creado alrededor del Winchester menor, asegurándose de empujar a unas cuantas chicas que él consideraba peligrosas para la seguridad de lo que era suyo. Cuando llego al centro de la multitud, vio como Sam estaba fuertemente sonrojado con las insinuaciones de las—zorras—señoritas de la clase. Eso, por supuesto y como debía ser, le molesto aún más.

Carraspeo, llamando la atención de los demás, y con ellos, la de Sam, quien le miro con una sonrisa de alivio en la cara.

—Gabe—suspiro el más alto, oh sí, porque el alce era el más alto del salón, sonriendo.

—Hola, Sam—sonrió el también, o al menos lo intento, porque no aseguraba que no se pareciera a una mueca de asco en lugar de una de felicidad—. Me alegro que Lucifer al fin les haya dejado salir de la casa después de lo de ayer—subió las cejas y sonrió con picardía, causando un sonrojo por parte del más alto. Sam era, sencillamente, adorable.

Las chicas a su alrededor fruncieron el ceño, con molestia enmarcada en sus facciones.

—Sí, fue difícil—miro a su izquierda, con nerviosismo, a veces Gabriel era simplemente desvergonzado. Pero no era que se quejara demasiado—. Pero Miguel nos ayudó bastante.

—Obviamente, a mi madre le agradan.

— ¿Es cierto que estas en la casa de los Novak? —casi escupió una de las chicas más bonitas del salón, Kimberly creía que se llamaba. Sam le miro.

—Sí, es cierto—se limitó a responder, incapaz de encontrar una razón válida por la cual mentirle a la chica.

—¿Son algo así como primos? —pregunto otra chica, tomándole uno de los brazos.

Sam no retiro su mano por educación hacia ella, pero eso no fue lo que pensó el omega. Gabriel gruño de coraje, frunciendo el ceño. Cambio la cara inmediatamente, sabiendo perfectamente que hacer par hacer hervir la sangre de las chicas y ponerles un límite entre el espacio de su alce y el de ellas.

Se acercó con seguridad hacia el otro brazo del más alto, sorprendiendo a este y a la vez, confundiéndolo. Tomo la mano Sam, asegurándose de entrelazar sus dedos y dando un leve apretón, junto sus dos muñecas y recargo su cabeza contra la parte en donde su brazo se convertía en hombro, en un ademan que solo las parejas hacían, pues el cuello era un lugar donde se concentraba el aroma de la persona en cuestión, y el olfatear en ese lugar solo se hacía en ocasiones íntimas. Sam solo se sonrojo, sin decir absolutamente una palabra y enderezándose en un escalofrío. Sonrió aún más al ver las caras de rabia de las chicas.

Dentro de Sam una fusión de sentimientos se arremolinaba en su pecho y en su cabeza, nublando sus pensamientos lógicos de momento y entregándole una hermosa sensación en el pecho que le llenaba el cuerpo con su calidez. Su Alpha interior, quien no había sentido la necesidad de salir nunca antes si no era en una pelea—no es como si se hubiera metido en una anteriormente sino era para defender a un amigo—, en ese momento vibraba al ritmo de su acelerado corazón. Rugía orgulloso. Su omega, el que su Alpha deseaba que fuera su pareja, le había reclamado como suyo en público, y de una manera tan rotunda, sin importarle lo que los demás piensen y a la vez, con una dominación que solo un Alpha podría tener, que hacía que le dieran ganas de gruñir de dicha por ello. Le encanto, porque en el fondo sentía que Gabriel era suyo, y que él era de Gabriel, y que no importaba que lo conociera apenas hace tres días, su esencia le llamaba a hacerle suyo. Todo en él lo gritaba, desde la personalidad bromista, picara y traviesamente infantil, hasta los hermosos ojos de color miel y la adorable estatura que tenía en comparación con él.

Ahora entendía lo que sentía Dean la noche pasada, aquellos celos arrebatadores de ver lo que era inicialmente considerado suyo cerca de otro. Que complejo era ser un Alpha, pensó.

—¿Disculpen, chiquillas hormonales sin control, pueden dejar de invadir la privacidad de mi Alpha?

Oh, esa oración le había fascinado. Un Alpha no era solo una pareja, decir mí Alpha no era solo reafirmar que uno era su pareja, sino, que decía que confiaba en él por el simple hecho de ser su propiedad, que se entregaba a él en todos sentidos pues él era suyo. Dejaba su vida en sus manos. Probablemente Gabriel no sabía que significaba para él esa palabra, pero no importaba, le había gustado como había sonado eso.

Y se aseguraría de escucharlo a menudo.

.

—¡Vuelve a decir eso estúpido!—grito Dean, furioso, con el puño lleno de sangre ajena y los ojos oscurecidos, utilizando su voz de Alpha para hacerse obedecer. Los dos Alphas que habían insultado a su omega estaban en el suelo.

Castiel se sorprendió al ver esos ojos verdes, antes brillantes por las bromas ocasionales que solía decir y con ternura enmarcando sus irises, ahora solo brillaban en furia ciega, acompañando a los gruñidos que vibraban en su pecho sin salir por su garganta.

Los Alphas del aula se pusieron en alerta en cuanto el aire cambio, llenando la atmosfera de la habitación llena de hormonas con sabor a furia y odio, en una amenaza peligrosamente letal que sorprendió a la mayoría. Giraron las cabezas hacia la parte de atrás, donde se percataron del golpee que Dean le había dado al otro sujeto. Los y las omegas del aula se alejaron de inmediato, sintiendo su ser vibrar de preocupación y alerta al peligro, los betas solo se mantuvieron atrás, y los Alphas, en algo instintivo, se acercaron con amenazas en los ojos.

Pero eso no le importaba a Dean.

Dean solamente estaba consciente de la furia que le estaba llenando en todos los rincones de su cuerpo, haciendo hervir su sangre y sus músculos tensarse de manera tan fuerte que comenzaba a doler. Demonios. Esos sujetos habían dañado a Cas, lo habían insultado frente a él, y eso no lo iba a permitir. Su lado Alpha, su instinto con el que había nacido, le indicaba que era necesario el defender a todos los seres queridos que tuviera, y en este momento, el que estaba siendo agredido era Castiel, al que su Alpha consideraba su pareja. La salud de su omega, su orgullo y su integridad estaban siendo atacados en sus narices, y eso no lo podía permitir. Él tenía que defender. Eso era lo que exigían sus pensamientos en ese momento, proteger y cuidar.

Lejos de eso, Castiel era su amigo. Él cuidaba de los suyos, y él era un amigo. No permitiría que su amigo sufriera si el podía hacer algo, si era capaz de hacer algo. Su amigo y futuro omega, al que su Alpha quería como compañero, estaba en peligro, y no sabía cuántas veces había tenido que pasar por ello, pero no le importaba, pues le haría pagar a los causantes de ese mal para que no lo volvieran a hacer.

Nada le interesaba después de eso.

El Alpha en el suelo escupió sangre, pasándose el dorso por la comisura de sus labios.

— ¿él que? Que los omegas son estúpidos y sirven solo para el sex… —una patada en el estómago lo detuvo, y esta vez, Dean golpeo dos veces. El otro Alpha hizo ademan de levantarse, pero lo detuvo con otro golpe.

—¿Qué pasa aquí?—pregunto uno de los Alphas, acercándose a ver, dándose cuenta de Castiel al lado del otro. Dean le miro como posible enemigo de inmediato.

—No te metas—gruño, con el ceño fruncido

—Claro que me voy a meter si Castiel está involucrado—Dean se molestó aún más por oír mencionar al de ojos azules—. ¿Castiel, estás bien?

—Kevin, yo…—miro al rubio, quien le miraba con duda en los ojos—. Sí, Dean solo… me defendía de Parker—se acercó al Alpha de ojos verdes, poniendo la mano en su brazo, arriesgándose a una posible reacción violenta. No sucedió, en lugar de ello, solo le miro con las cejas fruncidas en confusión.

—Me alegro—suspiro Kevin. Giro su mirada para posarla sobre Dean—. Escucha, no me gusta meterme en problemas, pero si metes a mis amigos en un problema no dudare en responder.

—Gracias, Kevin. Pero como ya te he dicho, solo me defendía de Parker.

Kevin Tran, amigo de Castiel desde hace poco tiempo y que casualmente pasaba por el salón cuando vio todo el alboroto, les miro a ambos, decidiendo si creerle o no al omega, que al lado del Alpha, parecía confuso. Miro al de cabello rubio que estaba delante de él, dándose cuenta que, efectivamente, era igual a las descripciones que Charlie le había dado sobre el prometido de Castiel. Se preguntó si era él, y lo confirmo cuando la mano del Alpha estaba inconscientemente bloqueando su camino hacia el de ojos azules, y este a su vez, sujetaba su brazo suavemente.

Suspiro.

—Tú debes de ser Dean, ¿cierto? —el de ojos verdes le miro, y Kevin solo pudo suspirar imperceptiblemente—. Charlie me dijo que los ya habían llegado a la ciudad, y que Castiel no había tenido que salir de la ciudad… Meg comento que no eres muy inteligente—apuntó a los dos Alphas en el suelo—. Ahora sé porque dijo eso.

—Tu tampoco eres muy listo si le haces caso a esa bruja—repuso Dean, cruzándose de brazos. Kevin le sonrió.

—Meg no es mala, solo es… demasiado protectora e impulsiva—miro a Castiel, poniéndose serio de repente—. No digo que no haya estado bien el hecho que defendieras a Castiel, pero no es la mejor manera el arriesgarlo. No pelees de nuevo en la escuela—bajo la voz, viendo que los demás aún seguían pendientes a su conversación—. El reglamento dice que una persona podrá defender a su pareja si esta está en peligro, pero ustedes no los son.

—Pero ellos trataron de…—Kevin le interrumpió antes de que terminara, mirándole comprensivamente.

—Lo sé. Siempre lo hacen, de hecho. Pero conocemos el reglamento, y por eso esperamos que la jornada escolar haya terminado para mostrarles modales—se giró, comenzando a caminar hacia la puerta—. Cuidado, Castiel.

—Tú también ten cuidado, listillo—Dean alzo la voz, llamando la atención de los alumnos. Kevin se dignó a mirarlo sobre el hombro, y se dio cuenta que estaba levemente sonrojado por el apodo. El joven avanzo con rapidez fuera del salón, y se perdió de vista en la salida de este. Dean suspiro.

—¿Estas bien ahora? —pregunto Castiel, dándole un suave apretón en el brazo al chico de ojos verdes.

Es cierto que el joven Novak había estado asustado al ver es cambio tan radical del Winchester, pero no podía negar que se había sentido conmovido levemente cuando Dean le defendió frente a Parker. Nadie le defendía frente a nadie, mucho menos frente a Parker, amigo del capitán del equipo de futbol de la academia. Nadie más que sus amigos, aunque casi siempre era Meg quien recurría a los golpees si era necesario. Por lo mismo, tenía que admitir que la sensación que su lado omega sintió fue algo nuevo y cálido. Definitivamente era una sensación que le había gustado.

Dean le miro, quedándose unos momentos abstraído del mundo en esos pozos de color azul profundo, que ansiaban devorarlo con toda esa preocupación impresa en los irises. Trago duro y sonrió de lado, recordándose que, sin seguridad no se parecía en lo absoluto a él.

—Estoy bien—dijo con la voz levemente ronca—. No me tocaron ni un pelo.

Un gemido proveniente del piso llamo su atención, y dirigió la mirada hacia los Alphas que había golpeado anteriormente. Frunció el ceño con fuerza, sintiendo como la misma ira ciega de antes volvía a llenar su cabeza. Un gruñido creció en su pecho, y antes de que pudiera dar un paso para proteger a Castiel con su cuerpo de manera instintiva, este le detuvo apretando levemente su brazo. No dolió, pero fue suficiente para que se detuviera. Los chicos se comenzaron a levantar, y hasta que estuvieron de pie le miraron. Tenían varios golpes en el rostro, pero nada serio.

Se sacudió sin quererlo, para cruzar los brazos sobre su pecho, Castiel retiro su mano rápidamente, sabiendo que no fue apropósito pero sintiéndose levemente triste.

—¿Tienen algo que decir? —pregunto Dean, sonriendo altaneramente. Una voz detrás de él llamó su atención e interrumpió a los Alphas antes de que respondieran.

—Sinceramente, si—la sonrisa del Winchester ser borro al escuchar la voz de su profesor, y no quiso voltear para asegurarse—. Señores, acompáñenme a la oficina del director, por favor.

Dean se giró, mirando al hombre que le fruncía el ceño en decepción. Se dirigió hacia él, siendo seguido de cerca por Castiel.

—Usted no, señor Novak.

Castiel solamente pudo ver la espalda de Dean al salir detrás del profesor, y al ver las miradas de odio que le dedicaron los atletas antes de salir, le dio un escalofrío.

Oh oh.

.

Sam se sentó al lado de Gabriel cuando el profesor llego. Las chicas, después de esa muestra perfecta de" marcando el territorio" de Gabriel, se habían alejado de su alrededor, con unas caras de decepción y de molestia que por un momento le hizo sentir pena por haberlo causado él.

Gabriel solo sonrió, sacando un chocolate de su chaqueta y comenzando a abrirlo sin importarle que el profesor le haya dirigido una mala cara.

—¿No deberías dejar el chocolate para después? —pregunto al de ojos miel, llamando su atención.

—No—se metió otro trozo a la boca, sonriendo—. La clase está a punto de terminar justo ahora.

Iba a replicar, pero el sonido de la campana le interrumpió. Gabriel sonrió con complicidad, con un implícito "¿Lo ves?" en ella. Suspiro, sonriendo levemente. Hoy sería un largo día.

Y lo confirmo al ver las miradas de todos en el pasillo cuando salió detrás de Gabe.

.

—¿Cómo pudo pasar esto? —pregunto el maestro, parado al lado del director con los brazos cruzados, mirándoles reprobatoriamente—. Esperaba más de usted en su primer día, señor Winchester.

El director, un hombre mayor y con bolsas debajo de los ojos, les miro a los tres, dándose cuenta que Dean era el único que no se veía lastimado. Le llamo la atención aquello, por supuesto.

—¿Quién comenzó la pelea? —pregunto, con voz neutral y sin emoción alguna el director. A Dean le dio un escalofrió, la voz de ese director, aunque no estuviera utilizando su voz de Alpha, era imponente; y pronunciaba las palabras a un ritmo pausado.

Los dos Alphas le miraron a él, y no se sorprendió cuando le apuntaron al mismo tiempo. Bufo y miro al hombre, quien le miro con ojo crítico con la ceja alzada. Se fijó en el hombre que estaba delante de él, dándose cuenta de su cara delgada y la nariz grande y afilada que poseía, al igual de los ojos carentes de emociones; vestido con traje negro completamente, y deteniendo un bastón negro que descansaba en el piso.

—Fui yo—acepto, desviando la mirada sin poder sostenerla. Se recrimino así mismo. Ni con Lucifer, quien podía torturarlo si Miguel se olvidaba de cuidarlos, se debía intimidar; mucho menos con el director.

—Me están diciendo que dos alphas jóvenes de nuestro equipo deportivo, no pudieron contra un Alpha—dijo el director, mirando a los tres alternadamente—, y no pudieron ni siquiera tocarlo. Eso es peculiar. Muy peculiar.

—No fue nuestra culpa, director—hablo uno de los jóvenes, con la voz temblorosa—. Él se puso como desquiciado.

Eso llamo aún más la atención del hombre.

—¿Desquiciado, dice?, ¿Se puede saber exactamente porque?

—Insultaban a un amigo mío—Dean contesto de manera mordaz, sin importarle que esa pregunta no fuera dirigida para él. Él debía de defenderse así mismo.

—¿Amigo? —Pronuncio el director, y esa palabra sonó casi de manera sospechosa en su boca—. ¿Qué clase de amigo?

—Un… muy buen amigo—lucho contra sus impulsos, que ansiaban responder que era más que un amigo.

—Lucha contra algo, pero que. ¿De qué lucha? ¿Qué es tan importante que quieres mantener en secreto y no decirlo? ¿Qué es tan importante que luchas contra todos tus impulsos para no decirlo, y al mismo tiempo ansías decirlo? ¿Qué?

Trago duro, antes de abrir la boca.

—Es un amigo… omega.

—Ahí está la respuesta. Entonces es el omega Novak, ¿cierto? Recordé que Miguel vino a verme para informarme de su llegada a la escuela. Los Winchester, ¿no? Tú eres Dean, supongo, el mayor. Por eso iniciaste la pelea, porque al ser un Alpha debes de estar consciente que quieres encontrar pareja—guardo silencio un momento, antes de dirigirse al profesor—. No le pondremos sanción por esta vez, profesor. Tiene justificación de sus acciones. Y a ustedes—se dirigió a los jóvenes esta vez, sin prestarle atención a Dean—, si no quieren tener problemas, deben alejarse de un omega unido a un Alpha. En especial de Castiel Novak, pues la escuela no responderá a las protecciones que tome el señor Winchester si estas están justificadas. Ahora retírense de mi oficina-

Dean salió hacia ningún lugar en específico, solamente para no ver las caras de sorpresa de los atletas, las cuales había visto antes de salir.

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La noticia de los guapos estudiantes nuevos recorría los pasillos de la escuela de una manera rápida y veloz.

Todos hablaban de ellos, de los Winchester, dos chicos jóvenes, fuertes, altos y atractivos que habían llegado a la escuela solamente para asistir a clases un mes antes de irse. Si, las chicas suspiraban enloquecidas al escuchar ese nombre, y por supuesto, se omitía el hecho de que llevaban tan solo un día en la escuela.

También se charlaba sobre la aparente relación que llevaban con los Novak, pues la noticia de que vivian juntos tampoco se hizo esperar.

Sam suspiro, sabiendo que nunca eran lo que se consideraba "discretos". Gabriel a su lado, solo caminaba como si fuera un día normal por el pasillo, buscando el casillero que estaba escrito en el horario de Sam. Casualmente, o no tanto, Meg Masters ocupaba el casillero de al lado.

—Pero miren quienes son—dijo la de cabello oscuro, mirándolos con una afilada sonrisa—. El alce y el bromista en persona. Me siento alagada de que unas celebridades como ustedes me presten atención.

—¿De qué hablas, Masters? —Pregunto Gabriel, devolviéndole la sonrisa con una gatuna—, siempre tenemos tiempo para hacer caridad.

Meg bufo en respuesta.

—De hecho, veníamos porque mi casillero está a tu derecha—dijo Sam, apuntándolo. Meg se apartó para ver el susodicho casillero.

—Oh pero que casualidad. El destino desea que estemos juntos, Sammy. Lástima que seas de Gabe, el hermanito de Clarence tiene suerte.

—Lo sé—respondió altanero el de ojos miel, sonriendo arrogante. Meg le devolvió la sonrisa antes de desaparecer por el pasillo. Gabriel frunció el ceño—. Ha mejorado.

—Hey—se escuchó una exclamación detrás de ellos, y voltearon de inmediato para ver a Castiel, sosteniendo un libro en la mano—. ¿Qué hacen ustedes aquí?

—Venimos a rescatar el casillero de Sam de las tierras de la bruja de Meg—sonrió Gabe, señalando la mano de su hermano—. ¿Qué tienes ahí, Cassie?

—Un libro que me presto Meg—miro al Winchester—. ¿Has visto a Dean?

Después de que el profesor se llevara a Dean, Castiel se vio envuelto en un círculo de miradas infinitas, que le cuestionaban con la mirada que había pasado anteriormente. Incapaz de poder comprenderlo e interpretarlo para sí mismo, el omega bajo la mirada, confundido. Se sentó en su pupitre y miro a través de la ventana, esperando que la hora terminase para ir a buscar al Winchester. Pero al parecer, se topo con otro Winchester primero.

—Creí que estaba contigo, Cas—respondió Sam, mirándole.

—Lo estaba, pero se lo han llevado a la oficina del director.

—¿Qué ocurrió ahora? —casi gime de la desesperación, no era nuevo que regañaran a su hermano por andarse besuqueando en el pasillo, aunque algo le decía que no era por eso que lo habían llevado.

—Lo que paso fue que…

— ¡Gracias a Dios! —Exclamo Charlie interrumpiendo a Castiel, corriendo hacia ellos con la cara sudada y sonrojada por el esfuerzo—. Estaba buscando a Meg y…

—Wow, wow—el más alto alzo las manos, tratando de calmar a la pelirroja—. ¿Qué sucede?

—Es que… dios es que…—jadeo del cansancio—. ¡Dean está en una pelea!

—¿Qué? —preguntaron atónitos Castiel y Sam al unísono. Charlie asintió con la cabeza.

—¡Lo que oyeron! Parece que provoco a Raphael y a los demás jugadores de futbol. ¡Vine a buscarlos para ayudarle!

Castiel sintió su corazón latir con fuerza. Oh demonios, todo era su culpa, se dijo. Sintió como la preocupación llenaba su ser, y la ansiedad se arremolinaba como nubes oscuras, bloqueando cualquier pensamiento coherente en su cabeza.

—¿Dónde está? —pregunto el único Alpha de manera seria.

—En las canchas deportivas.

Sam salió corriendo hacia el lugar, siendo seguido de cerca por Gabriel y Castiel.

—¿Otra vez a correr? ¿En serio? —se quejó la pelirroja, antes de lanzarse detrás de ellos.

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Dean esquivaba, o al menos trataba de hacerlo de la manera más rápida y efectiva que conocía, golpeando cuando podía y huyendo de los golpes.

Recibió un puñetazo en la mandíbula. El dolor le recorrió con un latigazo atroz en los músculos, y sintió el sabor metálico en la boca. Demonios, pensó, reincorporándose de inmediato y lanzando un golpe al Alpha más cercano haciendo que este chillara de dolor al sentir su nariz crujir. Eran muchos, demasiados. Seis alphas le habían emboscado de camino a la cafetería, en donde tenía planeado buscar a los demás para almorzar. Decían que debía pagar por defender a la basura de Cas, y por lo mismo, había explotado cuando lo acorralaron en las canchas deportivas. Al principio le fue bien, dejando a dos heridos, pero entonces llegaron más, y le rodearon en medio de las canchas donde comenzaron a golpearlo antes de que se diera cuenta. Obviamente trataba de seguirles el ritmo para no recibir heridas, pero se le complicaba cada vez más.

—¿Te rindes? —pregunto el que parecía ser el líder, un joven afroamericano con actitud frívola y de superioridad que le paraba los bellos en punta.

—No…—dijo a duras penas, sintiendo como su puño dolía al estrellarse con la mejilla de otro Alpha.

—¿Seguro? Si te rindes no lastimaremos a tu perra omega.

Dean sintió que algo adentro de él se rompía, fuerte, al escuchar como su amigo Cas era insultado, y antes de darse cuenta, su puño se estrelló contra la cara del sujeto líder, liberando la furia que había estado trabajando por detener, la sangre que salió de sus nudillos y de la sien del sujeto chorreaba por la cara de este cuando dio un paso atrás por su golpe. Todo el mundo, quienes ignoraban la pelea por su propia seguridad, se detuvo para mirarlos, e incluso pudo ver el rostro del director en la ventana. Pero antes de que pudiera ver más, o que alguno de los secuaces del sujeto pudiera pararlo, Dean derribó al líder, poniéndolo boca abajo en el piso.

—Me preocuparía más porque no te lastimara yo a ti—siseó en el oído del sujeto. El otro Alpha, aterrado, luchó para salir del agarre del de ojos verdes, pero lo siguiente que supo, fue que un dolor agudo pasó por su cuerpo cuando Dean dio vuelta y lo estrelló contra el suelo, su cabeza rebotando contra el pavimento de la cancha. Agarró al otro Alpha del cuello y se inclinó para sonreírle arrogante: —No me amenaces y no amenaces a Cas.

—Dean—grito Sam, tomándole por los hombros y separándolo del otro Alpha, quien le miro incrédulo.

—Sam suéltame, yo…

—No Dean. Ya se acabo—dijo rotundo, tomándolo por el brazo y llevándole lejos. Sin embargo, Dean fue tomado del brazo por los demás alphas y fue estrellado contra el suelo.

—¡Dean! —escucho el grito de Cas y de su hermano antes de caer en la inconciencia.