Sí, sigo vivo. Pero esto ya lo avisé en el capítulo anterior. Los exámenes que he tenido no me han dejado actualizar hasta ahora. A modo de disculpa, os dejo otra historia. Se titula "El cartógrafo".
Disclaimer: Ver Capítulo 1
Autores: Dixon/Farrell. Álbum: Please Please Me (1963)
― Skied ―dije, y sus pequeñas orejas se orientaron en mi dirección para oírme mejor―, la Ledyba del equipo Estrella me ha invitado a una fiesta esta noche en su habitación.
― ¿Por cuál razón? ―preguntó él, dándose la vuelta y revelando que estaba afilando su vieja navaja oxidada― ¿Acaso cumple años en esta jornada?
Skied era un Sandshrew, y además mi compañero de ábamos equipo desde el día en que lo encontré en la playa, hacía unos cuatro meses, tumbado sobre la arena y enrollado sobre sí mismo en forma de bola. Ya entonces hablaba con un cierto tono arcaico, el origen del cual nunca me había contado, aunque ahora ya había dejado de usar palabras como aquesta o ―su favorita― agora, si bien todavía mantenía algunos rasgos que le hacían sonar antiguo, como colocar los pronombres al final de los verbos. En el gremio, todos decían que formábamos una buena pareja y asumían que estábamos saliendo juntos, aunque oficialmente solo éramos amigos. Por desgracia.
―No. Es una fiesta sólo para hembras, y voy a ir. Lo digo para que no me esperes despierto.
― ¡Ah, eso! ―dijo él, palpando el filo y guardando la hoja en su funda tras comprobar que estaba perfectamente afilada―. Sí, lo he oído. Verdad es que… también fui yo invitado por el Gothorita del equipo Premonitorio a una fiesta sólo de machos.
Así que los machos habían decidido tomarse su venganza porque celebrábamos una fiesta sin ellos. Serían copiones...
― Bueno, pues yo me voy. Es que empieza ahora ―dije, satisfecha de que no hubiera puesto objeciones.
― Yo también he de salir ―contestó él, poniéndose en pie―. Al mismo tiempo comenzamos ―se acercó a mí y me susurró al oído―: Non le sentó muy bien a Ruk saber los planes de Lefi, en verdad.
Juntos, con apenas cinco centímetros de separación entre nuestros cuerpos, salimos al pasillo, y comenzamos a caminar en dirección a las habitaciones. De frente, pude distinguir a Monde, la Lunatone del equipo Estrellado ―aunque los Lunatone no tenían género, la considerábamos hembra porque su voz sonaba femenina―, que levitaba con los ojos cerrados para evitar cortarle la respiración involuntariamente a alguien, y a su lado a su compañera Cleffa. Ambas también estaban invitadas.
― Bueno, pues yo me quedo aquí ―le dije a Skied, que asintió levemente con la cabeza y continuó su camino hacia le escalera, ya que la habitación de Ruk estaba en el primer sótano; y me desvié para entrar en la habitación de Lefi junto con Monde y Sterni.
― Hacéis muy buena pareja ―me dijo Sterni, repitiendo con su aguda voz lo que todo el mundo en el gremio pensaba.
― No somos novios ―repliqué yo con naturalidad, como siempre hacía.
― Porque tú no le pides salir, Loretta ―intervino Monde, guiñándome un ojo―. Si tú se lo propusieras, estoy segura de que no lo dudaría un solo segundo.
― ¿Y por qué debería pedírselo? ―pregunté, intentando disimular que la sangre estaba subiéndose a mis mejillas.
― Porque… ―fue a responder ella.
Justo en ese momento, entramos en la habitación del equipo Estrella, y al verlalas tres nos quedamos con la boca abierta. Lefi la había remodelado por completo para poder dar la fiesta. En la pared del fondo había colocado unos cuencos con comida, principalmente bayas, y en el suelo había puesto varios montones de hojas para que pudiéramos tumbarnos y comer y hablar sobre nuestras cosas sobre con el cuarto que yo conocía, que solamente tenía tres camas de hojas y una estantería para poner en él su botiquín y su kit de rescatadores, el cambio había sido radical.
― Bienvenidas ―nos saludó la anfitriona, volando hacia nosotros con una sonrisa en los labios―. Comed y bebed todo lo que queráis. Estáis en vuestra casa. O mejor dicho, en vuestra habitación ―bromeó, y después cerró la puerta del cuarto―. Para que no venga ningún macho a espiarnos ―nos explicó―. Sois las últimas en llegar.
― ¿Y Vulia? ―preguntó Monde, advirtiendo la falta de la Vulpix del equipo Múltiple.
― Ha dicho que tenía trabajo que hacer esta noche y que no podría venir ―contestó la Ledyba.
Lentamente, eché una mirada a mi alrededor, y comprobé que lo que había dicho era cierto. Además de nosotras cuatro, también habían venido Draxea y Scethga, la Fraxure y la Scyther del equipo Cuchilla; Aby, la Absol del equipo Premonitorio, y Myn, la Munna del equipo Onírico. Incluso había venido la Chimecho que trabajaba de cocinera en el gremio, y cuyo nombre desconocía. Solo faltaba Vulia. ¿Qué clase de trabajo podría haberla hecho salir tan tarde del gremio? Tenía que haber sido un rescate muy urgente, o algo parecido al menos.
Mientras pensaba en ello, me acerqué al rincón de la comida, y en cuanto llegué y vi lo que había me olvidé por completo de la Vulpix y todo lo que tenía que ver con ella. Cogí con la boca un plato de un montón a la derecha de la comida y lo puse en el suelo, y comencé a coger comida de los diferentes cuencos. Empecé con algunas bayas Aranja, varias bayas Meloc, un poco de queso de Miltank, pero ignoré los embutidos y pasé directamente a servirme un buen trozo de Magikarp; y después cogí la jarra que estaba al lado del pescado y me eché un cuenco de zumo de baya Zreza. Pero cuando opasé al siguiente cuenco, me quedé clavada, sin poder moverme.
―M… mamá… ―sollocé, mientras una lágrima se deslizaba por mi mejilla.
― ¿Te pasa algo, Loretta? ―preguntó Lefi, que se había percatado de que estaba llorando en silencio sobre la ensalada de bayas. Baya Aranja… baya Meloc… baya Uvav… baya Zreza…baya Ango… y baya Zanama… todas ellas formaban la mezcla perfecta de sabores y texturas, que completaba una salsa hecha mezclando cuatro partes de zumo de baya Perasi con una de zumo de Monli, y revolviendo para que cubriera todas las bayas. Era mi plato preferido… y también el de mi madre. Pero desde aquel fatídico verano en el que ardió el bosque en el que vivíamos, no había sido capaz de probar un solo bocado.
― Es que… a mi madre le encantaba la ensalada de bayas… y ella… ella no… ―me detuve, incapaz de continuar. Varias lágrimas dejaron húmedas marcas circulares sobre el suelo al caer sobre él. Mamá, te echo tanto de menos… y sé que tú quieres que yo sea una Eevee fuerte que siempre pueda continuar después de sufrir un golpe, incluso uno tan fuerte como este.
― Te entiendo ―susurró la anfitriona en mi oído al mismo tiempo que me abrazaba y pasaba sus cuatro primeras patas por mi espalda―. Verás… ―su mirada se ensombreció― mis padres cayeron en la telaraña de una Galvantula cuando yo apenas tenía un año. Desde entonces tuve que aprender a cuidar de mí misma y de mi hermano pequeño, que ahora se dedica a polinizar flores.
El modo en que Lefi me había contado algo tan personal e íntimo, tan triste, me hizo reconsiderar la situació muerte de un padre o una madre siempre es un golpe tremendo; y a pesar de que las dos todavía llorábamos por dentro ella, que había perdido a sus dos progenitores, se mantenía calmada en el exterior; mientras que yo, que tenía la tremenda fortuna de que mi padre aún viviera, estaba llorando enfrentre de todos. ‹‹A ella no le hubiera gustado verme así››, pensé; de modo que sorbí las lágrimas, parpadeé varias veces y respiré hondo para calmarme. Funcionó, y a los pocos segundos ya había conseguido dejar de derramar lágrimas.
― ¿Te sientes mejor? ―preguntó cuando vio que ya no lloraba.
― Sí ―respondí dirigiéndole una sonrisa―. Muchas gracias.
― Me alegro ―dijo ella, devolviéndomela―. Disfruta de la fiesta.
Por descontado que lo iba a hacer. No iba a estropeársela ahora después de haberse tomado tantas molestias para tenerlo todo organizado. Cogí de nuevo el plato con mis dientes y me dirigí a donde estaban las demás, ya comiendo. Lo deposité suavemente en el suelo, delante del montón de hojas, me senté sobre él, flaqueada por Aby y Myn.
― Esto está delicioso, Lefi ―exclamó Draxea, y le dio un mordisco a un pedazo de carne asada bañado en salsa de baya Oram―. Te has superado a ti misma, Shai.
― B-bueno ―respondió la aludida, sonrojándose. Así que aquel era su nombre―, lo cierto es que no la he hecho yo.
― ¿Y entonces quién?
― Spinda ―dijo Lefi, arrancando una expresión de sorpresa de nuestras caras por el hecho de que no le hubiera encargado la comida a Shai, no porque el encargado de cocinarla fuera el propietario del café―. Cuando se enteró de que iba a celebrar una fiesta, me dijo que no me preocupara, que él se encargaría de todo ―explicó, hablando desde el aire, a medio metro sobre el suelo―. Y lo mejor de todo es que eso fue ayer, y todavía no había comenzado un envío urgente de quinientas raciones de Shellder en escabeche al Pokégremio de Neschirk. ―Se encogió de hombros y añadió―: Poderoso caballero es don dinero.
― Por eso todo el mundo cree que es un pokémon frío y codicioso al que solamente le interesa ganar dinero ―intervine yo, tragando el pedazo de Magikarp que tenía en la boca antes de hablar―. Pero en realidad se preocupa mucho por que sus clientes se sientan a gusto en el café. Si da esa impresión es porque siempre está a punto de cerrar y tiene que conseguir todo el dinero posible para mantener el café abierto.
― Sí, la verdad es que el café y Spinda tienen una especie de aura desgraciada a su alrededor ―dijo Aby, suspirando y negando con la cabeza―, pero nunca es tan fuerte como para que pueda estar completamente segura de que vaya a cerrarlo.
― ¿Y tú cómo sabes eso? ― me preguntó Myn, interesada.
Un poco de sangre subió a mis mejillas. La situación no era exactamente la más inocente del mundo… y, aunque no habíamos llegado más allá de que él me hubiera dado unos golpecitos de ánimo en el hombro, conociendo a Draxea seguro que lo malinterpretaba a la primera ocasión que tuviera.
― Bueno… fue una vez que fui al café por la noche. Me sentía mal y no podía dormir, así que…
― ¿Por qué? ―me interrumpió la Fraxure, como era de esperar―. ¿Es que habías a pillado Skied besándose con otra?
― No, se nos había escapado un delincuente ―le dije, levemente irritada―. Si hubiera sido lo otro, estaría destrozada y llorando a lágrima viva.
Enseguida deseé no haber dicho aquello, porque en el rostro de todas las hembras se formó de repente una expresión se asombro. Todas tenían los ojos y la boca abiertos, a excepción de Draxea, cuyos labios formaban una sonrisa pícara. Me puse tan roja como una baya Tamate, y quise morirme de la vergüenza. ¿Qué había dicho?
― No, espera… yo no… quiero decir… ―intenté convencerla, gesticulando con las patas delanteras, pero ya era tarde.
― ¡A Loretta le gusta Skied! ―exclamó, dichosa, mientras yo enterraba mi cabeza entre mis patas delanteras, muerta de vergüenza; y comenzó a repetirlo una y otra vez señalándome― ¡A Loretta le gusta Skied! ¡A Loretta le gusta Skied!
― ¡Cállate! ―le grité, completamente roja, aunque no se veía a través de mi pelaje― ¡No es verdad!
― ¿Y si no es verdad por qué quieres que me calle? ―replicó ella, triunfante.
Abrí la boca para responderle, pero me di cuenta de que no tenía nada que decirle. Me había pillado. Lo único que podía hacer era mirarla, enfadada, y tragarme mi mal humor donde estaba sentada. Pero ella, lejos de dar aquel tema por finalizado, continuó, comenzando a canturrear:
― Skied y Loretta se fueron a pasear…
― Déjalo ya ―la advirtió Lefi―. ¿No ves que a ella le molesta que hagas eso?
― A ella le molesta, pero es divertido —replicó Draxea.
― ¿A ti te gustaría que yo fuera por ahí gritando y cantando cada vez que dijeras lo mucho que quieres a tu novio? ―le dijo, cortante y mirándola a los ojos, y se posó junto a mí―. Estoy segura de que no te gustaría ni un pelo, así que déjala ya en paz.
― Gracias, Lefi ―le dije, y ella asintió casimperceptiblemente con la cabeza.
― No hay de qué ―contestó ella, frotándome el hombro izquierdo con su pata delantera derecha, y después se posó a mi lado―. Quiero que disfrutéis y no os sintáis mal, eso es todo. Además, no es malo estar enamorada.
― No, claro que no, pero… ―dije yo, azorada.
― No pasa nada, Loretta ―dijo Draxea, interrumpiéndome― ¿Recuerdas el Gabite que apareció el otro día por el gremio? Pues es mi novio. Sería tan feliz si pudiera irme un día de exploración con él… ―murmuró con ojos soñadores, y Scethga suspiró cansadamente.
― Seguro que puedes―dijo la aguda voz de Sterni―. Si se lo pides a Chatot, estoy segura de que te dará permiso para que pueda ir contigo por un día.
Los labios de la Fraxure se curvaron en una sonrisa pícara, y su compañera cerró los ojos con expresión de fastidio.
― No le hace falta. Lo que quiero explorar con él son nuestros cuerpos.
Tan pronto como lo oyeron, Aby y Shai rompieron a reír, la primera con tanta intensidad que cayó al suelo y allí continuó riendo, Sterni le dirigió una mirada confundida a la dragona y la Scyther comenzó a darle codazos al tiempo que le decía en voz baja:
― Draxea, que hay niñas presentes.
― No lo dirás por mí, ¿no? ―pregunté. Yo lo había entendido perfectamente, y me había sonrojado por ello―. Si hay alguna niña, es ella. ―Señalé a la Cleffa, que seguía sin comprender.
― En parte ―contestó la Scyther, dejando de golpear el costado de su compañera―. Aunque ya tengas dos años y tres meses, sigues siendo la segunda más pequeña de todas.
― Sólo por quince días ―protesté, poniendo cara de mosqueo―. ¿Por qué Myn no es una niña y yo sí?
― Bueno, bueno, no te pongas así, que no lo sabía ―se disculpó, poniendo sus cuchillas en paralelo y con los filos formando un ángulo recto entre ellos―. Sí, tienes toda la razón, Myn también es una niña ―la Munna frunció el ceño―; y Draxea ―sonrió― una pervertida que se pasa todo el día pensando en lo mismo.
―Mira quién fue a hablar ―respondió Draxea, devolviéndole los codazos que su compañera le había dado antes― la que hojea a escondidas las revistas adultas del kiosco de los Kecleon porque no hay macho que se le acerque.
La habitación de Lefi se llenó de las carcajadas que salían de nuestras gargantas, y al mismo tiempo la Scyther se puso tan roja que habría hecho enfurecer a un Electabuzz daltónico, e intentó disimular pegándose la parte plana de sus hojas cortantes a la cara, sin conseguirlo.
― ¿Y qué culpa tengo yo si las Scyther hembra se comen a los machos después de que se apareen con ellas? ―dijo ella, irritada, a modo de disculpa―. Todos tienen miedo de mis cuchillas, y así no hay manera.
― Será de que te los comas ―le rebatió su compañera―, porque mis colmillos tienen tanto filo como tus cuchillas y mi novio no tiene miedo de ellos. Que he visto al Yanma repartidor mirándote con ojitos de enamorado y en cuanto te diste la vuelta salió volando escopetado.
― ¿En serio? ―exclamó Lefi, que ahora volaba con las patas traseras colgando, como si no tuviera fuerza para sostenerlas―. ¿Limeb está enamorado de ti?
― Sí, pero se va a tener que buscar a otra si no quiere acabar más cerca de su huevo de lo que le gustaría ― respondió la Fraxure ante el mutismo de su compañera de equipo, justo antes de darse cuenta de la cara de decepción de la Ledyba, que dejó de volar y se posó silenciosamente en el suelo―. Venga ya, Lefi. ¿En serio?
La Ledyba suspiró desanimada antes de contestar.
― Sí, la verdad es que sí ―murmuró ella a modo de respuesta―. Es tan grande, tan guapo, tan rápido, tan fuerte, tan varonil… ―enumeró emocionada a la velocidad del rayo―. Pero yo ya tenía asumido que no me consideraba como una posible novia, ni siquiera como su amiga.
― ¿Y entonces? ―pregunté yo, curiosa― ¿Cómo te veía?
― Más bien como su almuerzo ―dijo bajando la cabeza.
― Sé lo que se siente ―intervino Shai, que había permanecido en silencio hasta entonces, con una sonrisa triste―. Es duro saber que quien te ha robado tu corazón no te corresponde. Y si encima estás viviendo un amor prohibido… ―suspiró, agitando su larga cola y haciendo sonar su cuerpo como si fuera una campanilla.
― Venga, ¿quién es ella? ―inquirió Draxea, levantándose y estirando las patas y expresando lo que todos pensábamos de la Chimecho. Aby lanzó una mirada fugaz a la dragona, y Scethga la fulminó con la mirada otra vez, ahora por formular de un modo tan directo una pregunta tan delicada.
― ¿Quién ha dicho que sea una hembra? ―replicó Shai con una enigmática sonrisa―. Es alguien con el que no puedo estar sin que nadie me rechace.
― ¿Quieres a un emparejado? ―dijo la dragona, asombrada, y después sonrió pícaramente―. No te conocía esa vertiente, Shai.
― No, tampoco ―respondió la Chimecho, divertida―. Está en la misma situación que yo, pero no podemos estar juntos de ninguna manera. ―Se cruzó de brazos y dirigió una mirada seria contra las interrogantes de Draxea―. No, no te lo voy a decir.
― Por favor ―se lo pidió ella, poniéndose de rodillas y en un tono que pretendía ser suplicante, aunque sonó como si estuviera bromeando―. ¿No ves que te lo pido de rodillas? Por favorciito.
― Draxea, te ha dicho que no ―la cortó su compañera, irritada, anticipándose a Lefi, que también tenía esa intención―. ¿Por qué tienes que cotillear en la vida privada de todas y husmear en nuestros problemas amorosos?
― Porque soy una cotilla, igual que tú eres una regañona que lee revistas de adultos y Monde un peligro que ella hace muy bien en intentar reducir al máximo ―matizó ante su cara de enfado―. Además, estamos en esta edad, salvo Sterni. ¿Quién de nosotras no tiene ningún macho con el que quiera salir?
― Yo ―dijeron Aby, Myn y Monde al unísono.
― No creía que fuerais tantas ―admitió. Después dirigió una mirada a la Cleffa y sonrió―. ¿Tú también estás enamorada de alguien? No has dicho que no.
― Sí ―respondió ella, enfadada e inflando los carrillos―. ¿Es que no puedo estarlo?
― Sí, claro que puedes. Solo que me pareces un poco joven para estarlo.
― Y lo dice la que se enamoró por primera vez a los siete meses ―murmuró la Scyther, provocándonos algunas sonrisitas sarcásticas.
― Y di, ¿quién es el afortunado? ―preguntó Draxea, ignorando por completo el comentario de su compañera de equipo.
― Ruk.
― ¿En serio? ¿Ruk, mi compañero de equipo? ―dijo Aby, que estaba tumbada cerca de la puerta, y Sterni asintió con la cabeza―. ¿No es un poco mayor para ti? Por no hablar de la diferencia de tamaño entre ambos.
― Y además, ni siquiera sois compatibles ―añadió la dragona, y echó la cabeza a un lado―. Lo mejor es que busques a otro con quien tengas más posibilidades.
― ¡No! ―gritó Sterni, roja de ira, levantándose―. ¿Qué te crees, que no soy capaz de salir con él? ―la señaló con el dedo y chilló―: ¡Pues estás muy equivocada, Draxea, y te voy a demostrar que puedo hacerlo!
Una vez terminó de decir aquellas palabras, caminó con aire decidido hacia la puerta, la abrió, salió de la habitación como una exhalación y cerró dando un ándonos tan impresionadas que no pudimos poder pronunciar una sola palabra por espacio de varios segundos. Ninguna esperaba que Sterni fuera capaz de ir tan lejos simplemente para demostrar que tenía razón y callar a Draxea. Pero bueno, ahora acababa de dejar bien claro que no convenía hacer que se enfadase.
― ¡Paradla! ―exclamó la Fraxure, poniéndose en pie y echando a correr detrás de ella con cara de preocupación―. Esta niña se ha empeñado en ligarse a Ruk y va a terminar con el corazón roto.
― Draxea, espera ―la detuvo la Absol, poniendo su pata izquierda sobre el hombro derecho de la pokémon dragón, frenándola en seco―. Ella tiene razón, puede salir con él. No presiento ninguna desgracia próxima ―dijo mirándola a los ojos, hasta que la Fraxure aceptó la verdad y sus facciones se relajaron.
Mientras la pokémon de tipo siniestro mantenía parada a la de tipo dragón, comenzó a oírse un gran alboroto arriba, en la planta de los machos, que comenzó con un grito de Sterni, al que siguieron las risas de los machos. Unos segundos después, se oyó el ruido de una puerta al cerrarse, y pasos que venían por el pasillo de arriba y se dirigían a la escalera. El interior de nuestra habitación se detuvo por un instante, y enseguida nos asomamos todas a la puerta, espoleadas por la curiosidad, para ver cómo había terminado la declaración de la Cleffa.
― Si es que lo sabía ―murmuró Draxea, negando con la cabeza―. Sabía que iba a terminar mal, pero ella no me hizo caso y claro.
― Que yo no he previsto ningún suceso desgraciado, pesada ―repitió Aby, molesta―. ¿Quién sabe más de desgracias, tú o yo?
― Estoy con ella ―dijimos todas al unísono.
Unos segundos después, vimos a Sterni bajando las escaleras, con cara de estar nerviosa. Entonces, todavía no le había dicho nada. Cuando por fin legó al suelo, llegó la sorpresa: Ruk venía con ella. Así que lo que había hecho era inventar una excusa para sacarlo de su habitación y llevarlo a un lugar apartado en el que nadie pudiera verla confesar su amor… Un modo muy inteligente de conseguir intimidad para un momento tan importante. A mí no se me habría ocurrido nunca hacer algo así.
― Bueno… ―dijo el Gothorita, algo asustado; lo que resultaba raro porque él no se asustaba fácilmente. ¿Qué le habría dicho Sterni?―. ¿Me vas a decir ya lo que te hice el otro día en el comedor?
― Baja la cabeza ―le ordenó ella―. Voy a ser buena y te lo voy a decir al oído para que nadie pueda oírlo y humillarte.
El pokémon psíquico obedeció, y la Cleffa puso sus labios en su oído y susurró unas palabras que nadie salvo ellos pudo oír.
― ¡Se van a besar! ―exclamó Draxea, excitada, y todas le ordenamos que se callara, aunque pasó por completo de nosotras―. ¡Se van a besar!
Apenas había terminado de pronunciar aquellas palabras cuando la pokémon de tipo normal estrechó entre sus brazos al Gothorita y lo besó con fuerza en los labios.
— ¡Ooooooooh! —exclamamos todas a coro, tan bajo como pudimos para evitar molestar a los dos amantes.
La primera reacción del macho fue sorprenderse, sonrojándose, pero enseguida se metió de lleno en el beso y comenzó a disfrutarlo, colocando sus manos sobre las mejillas de la Cleffa. La cara de ambos irradiaba pura felicidad, y me alegré por ellos, aunque no pude evitar sonrojarme al ver el amor que ponían en la primera vez que se besaban. Ay, si Skied y yo pudiéramos estar a solas alguna vez y yo consiguiera reunir el valor suficiente…
― Estás pensando en Skied, ¿verdad? ―me preguntó Myn, y la sangre se me subió a las mejillas. ¿Cómo lo habría sabido? ¿Tan evidente era?
― Sí… ―suspiré―. Es que… después de ver a Sterni y a Ruk besándose…La verdad es que quiero tener una cita con Skied, aunque solo fuera una vez. Sería tan feliz solamente con eso… Y si además nos besáramos, yo ya… ―me detuve, demasiado avergonzada para continuar.
Todas las hembras sonrieron, y Draxea, con la picardía reflejada en la mirada, y Scethga, que negaba con la cabeza, comenzaron a darse codazos disimuladamente.
― ¿Y por qué no le pides salir? ―preguntó la dragona.
― Porque lo primero que nos dijeron al entrar en el gremio es que éramos novios, y al formar el equipo prometimos que, pasara lo que pasara, siempre seríamos amigos. ¿Entiendes? Si yo le digo que quiero ser su novia, puede que crea que estoy rompiendo mi promesa y deje el equipo… y yo no quiero que eso pase.
Aby se acercó a mí y comenzó a pasarme la pata suavemente por la espalda. El contacto de la pata de la Absol era tan reconfortante que enseguida desapareció la sensación de miedo a que mi compañero me dejara sola.
― No te preocupes ―dijo―. Lo que ha entendido es que nunca dejaréis de ser amigos, por muy lejos que estéis y sin importar lo que haya ocurrido entre vosotros. Nadie se toma esas cosas tan literalmente. ―Se detuvo y añadió―: Bueno, nadie salvo un Growlithe que me pidió salir cuando yo era una niña. Le respondí que saldría con él cuando los Politoed criaran pelo, y al día siguiente los Poliwag del lago aparecieron cubiertos de crecepelo amarillo.
― ¿Y dio resultado? ―pregunté, divertida, aunque ya sabía la respuesta.
― Por supuesto que no. Sus padres le echaron una bronca de campeonato y le obligaron a limpiar a todos los Poliwag, y nunca más volvió a hablarme. Lo que se agradece, porque era un petardo insufrible. Pero eso no es lo que quería decirte. Lo importante es que no tengas miedo de declararte. No te va a odiar por eso.
― Claro que no ―la secundó Draxea―. Te puede odiar por ignorarle, por no llevarlo a las misiones, por engañarle con otro, por muchas cosas; pero por confesarle lo que sientes por él, nunca. Si lo hace, es que es un imbécil y no se merece que una hembra como tú lo quiera.
― Ya, pero… es que me da muchísima vergüenza declararme.
― Te entiendo ―dijo Myn, apoyando su pequeña patita rosa en mi hombro derecho mientras su cuerpo levitaba sobre el mío―. A mí también me daba mucho corte pedirle salir a un macho, pero hice acopio de valor y se lo pregunté. Lo malo es que ya estaba saliendo con otra.
― ¿Y cómo conseguiste que dejara de darte vergüenza? ―pregunté, repentinamente interesada. Seguro que sabiendo eso estaba más cerca de ser capaz de confesar mis sentimientos por Skied.
― Pues… convenciéndome de que tenía que decírselo si quería que fuera mi novio y de que yo era fuerte y podía hacerlo. Al menos, así es como yo lo conseguí.
― Y si aun así no puedes, Spinda puede ayudarte ―intervino Draxea, y me guiñó un ojo.
Sin previo aviso, su compañera se levantó de donde estaba sentada, avanzó hacia su compañera apretando los labios y cuando llegó a su altura le propinó dos sonoras bofetadas con la parte plana de sus cuchillas, con tal fuerza que la tiró al suelo, donde ella se quedó mirándola, confundida y asombrada. Al igual que yo, se estaba preguntando por qué la habría atacado de esa forma.
― Una cosa es que estés todo el día pensando en lo mismo, porque yo soy igual ―dijo amenazadoramente, apoyando la punta de su cuchilla sobre el cuello de la dragona―; y otra muy distinta es que le digas a una niña de dos años y tres meses que si no tiene valor para declararse vaya al café de Spinda a beber para reunir ánimos. ¿Quieres tener problemas con la policía o qué?
La Fraxure la miró en silencio durante unos segundos, demasiado impresionada como para articular palabra. Podía comprender a la perfección sus sentimientos. Aunque pareciera que se pasaban el día peleando, en realidad las dos eran grandes amigas, y sus peleas apenas duraban unos segundos antes de que volvieran a reconciliarse. Tenía que haber sido impactante para ella que su mejor amiga la golpeara de esa forma.
― Sólo estaba bromeando ―murmuró secamente desde el suelo.
― Eso espero ―respondió su compañera, y le lanzó una mirada fulminante. Después se irguió, y, relajando su rostro, me dijo con una sonrisa―: Loretta, lo que tú tienes no es vergüenza. ―Se agachó y apoyó toda la superficie de su cuchilla sobre mi mejilla derecha, de modo que quedamos frente a frente―. Es miedo al rechazo. A todos nos pasa de vez en cuando. No es malo, solamente si acaba por dominar tu vida e impedirte hacer lo que quieres porque tienes miedo de que se rían de ti. Pero estoy segura de que a ti no te pasará eso, porque tú eres una hembra valiente y que no se deja intimidar fácilmente. ¿Verdad que lo eres?
― Sí ―afirmé yo con seguridad, mientras notaba cómo todas las preocupaciones que tenía sobre el tema de Skied y que me atenazaban desde hacía días se disipaban lentamente hasta el punto de desaparecer por completo, siendo reemplazadas por la certeza de que nada de lo que pasara podría hacerme daño―. Muchas gracias, Scethga.
― De nada ―dijo ella, levantándose. Cuando estuvo completamente de pie, sonrió y me dijo―: Ve a por él y que no se te escape, ¿eh?
― Sí ―afirmé, devolviéndole el gesto.
―Lo que te falta es atractivo ―dijo Draxea, que ya se había levantado del suelo―. Si tuvieras un poco más de encanto, seguro que Skied caía rendido a tus pies.
― Oye ―fingí enojarme―. ¿Qué te crees, que no puedo atraer a un macho si yo quiero? Mira esto.
― Otra como Sterni ―murmuró ella, negando con la cabeza al mismo tiempo que yo me tumbaba en el suelo. Estaba frío, pero por suerte mi pelaje me protegía de él.
En un solo movimiento, me coloqué sobre mi costado izquierdo, y levanté la cabeza ligeramente, manteniéndola en ángulo agudo respecto al suelo. Simultáneamente, comencé a hacer gestos con la cola para que se acercara mientras ponía la cara más cautivadora de que era capaz para conseguir que su cerebro se nublara y no pudiera pensar en nada más que en pasar la mejor noche de su vida conmigo, amándonos hasta el amanecer pero sin ceder a las urgencias de nuestros cuerpos. Entrecerré los ojos con coquetería y sacudí ligeramente la cabeza hacia arriba. Lo único que me fallaba un poco era la posición de las patas, que fastidiaba un poco el efecto, pero podía pasar teniendo en cuenta que yo andaba a cuatro patas, no a dos, y la única postura en que podía tenerlas era en línea recta debajo de mi cuerpo.
― Skie-eeed ―le llamé en el tono más seductor que pude poner.
― ¿Sí, Loretta? ―respondió el sonido de su voz un segundo después.
Inmediatamente, las hembras rompieron a reír con ruidosas carcajadas mientras me ponía del color de las bayas Grana y escondía la cabeza entre las patas delanteras. Me había oído intentando quedar como una hembra atractiva. Qué vergüenza. Pero, ¿cómo lo había hecho, si él estaba en el piso superior y además nuestra puerta estaba cerrada?
― Umm… Mejor te lo digo luego, ¿vale?
Él no dijo nada, así que supuse que estaba de acuerdo; aunque también podría haber sido que no me hubiera llegado el sonido por la distancia entre ambos. Pero si le había escuchado antes, no había ninguna razón para que ahora no pudiera.
― ¿Por qué no se lo dices, Loretta? ―dijo Draxea, dándome golpecitos con el puño en mi hombro. Negué tímidamente con la cabeza. No, ahora no, por favor. Me daba tanta vergüenza sólo pensar en Skied después de que me hubiera oído…
― Venga, si lo tienes a tiro, tonta ―agregó Aby.
― Venga, Loretta ―apuntó Scethga―. ¿Vas a dejar que se te escape una oportunidad tan buena como esta?
― Sí ―musité yo desde el escondite de mis patas, que se humedecieron ligeramente por el aliento que se condensó en ellas.
― Pero, tonta, ―intervino Monde―, ¿de verdad crees que va a separar el equipo solo por eso?
― No ―repliqué yo, sin moverme ni un milímetro―. Dejadme en paz, por favor. No quiero hablar de eso ahora.
― Venga, Loretta ―dijo la dragona, cómo no―. Seguro que está encantado de salir contigo.
Suspiré. ¿Por qué tenía que ser tan pesada y tan metomentodo? ¿No podía dejarme en paz con esto? Empezaba a entender por qué Scethga se ponía de mal humor cada vez que empezaba a hablar de su novio Gabite.
― Draxea, por favor ―repetí, molesta y mirándola a la cara con la esperanza de que comprendiera―. No quiero seguir hablando de este tema.
Tomé entre mis dedos la última loncha de queso del cuenco y metila en mi boca. Sabía bien en verdad. Había sido un grande detalle de Ruk, quien por cierto no habíalo probado. Mas eso es lo que ocurre cuando has líos con hembra, que te pierdes la fiesta que has preparado y, por ende, su comida.
De repente abrióse la puerta, y entró Ruk, con una media sonrisa en el rostro. Debía haber escapado entero, porque la manera en que había entrado Sterni en la estancia, con la rapidez y fuerza de un alud, era ciertamente para temerla.
― Bueno, ¿nos vas a contar ya qué le hiciste a la loca esta? ―preguntó Durant (así habíasenos presentado), el cual junto con Elgyem, quien a su lado masticaba distraídamente una baya Zidra, formaba el equipo 51.
― Quitarle el postre cuando fue al baño. Es que las bayas Safre con nata son su comida preferida ―explicó ante el modo interrogante en que todos le miramos.
Mentía. Estaba claro que non decía verdad. Sé distinguir perfectamente cuándo alguien es sincero, pues que en la tribu de Sandshrew en que había nacido y crecido habías de tener esta habilidad para no abrir la puerta de tu madriguera a una visita en son de paz y acabar apuñalado por la espalda. Observélo fijamente mientras andaba, y finalmente se sentó a mi lado.
― ¿Qué tal besa? ―le pregunté. Entre el oculto amor del rostro de la Cleffa y la cara de atontado que él traía al entrar, falta hacía ser tonto para no percatarse de ello.
― ¿Cómo lo sabes? ―se sorprendió el Gothorita, y yo sacudí ligeramente la cabeza al tiempo que encogíame de hombros―. Sí, es verdad, es muy evidente. ¿Qué tal lo tuyo con Loretta? ―devolviómela.
Otra vez la misma pregunta que hacíannos desde la primera vez que entramos en el gremio. Pasó las veinte primeras veces, mas hallábame ya cansado de ella.
― No salimos ―respondí, y él me miró con una sonrisilla escéptica―. Creo que es una hembra muy alegre y agradable, y también es encantadora, además de ser dulce, preocuparse siempre por los demás y ser completamente fiel al equipo. Otrosí es guapa. Mira, manque me costara al principio, conozco ahora sus sentimientos por mí; y siéntome en verdad muy honrado de que piense de esa forma de mí. Pero ―bajé la voz hasta convertirla en un susurro. No quería ser escuchado de otros― no la correspondo.
― ¿No? ―musitó Ruk, sorprendido. Como todos, daba por hecho que ambos amábamosnos en secreto sin confesárnoslo nunca―. ¿En serio que no?
― Es completamente cierto ―afirmé cruzándome de brazos―. Non hay nada más allá de la amistad. Yo solamente pienso en Loretta como mi mejor amiga.
Bueno, espero que os haya gustado. Por si alguien se lo está preguntando, Loretta es la misma Loretta de "I Saw Her Standing There"
Ahora que estamos en Navidades, espero poder actualizar algo más rápido. Nos vemos en el próximo capítulo.
¡Feliz Navidad a todos!
