Una vez ubiqué mi nombre en la interminable lista de nuevos alumnos, me encaminé directamente al aula en la cual prácticamente dormitaría durante el curso entero.
Para mi desgracia, me encontré deambulando desorientada por el pasillo, teniendo que soportar las entusiastas miradas del numeroso público masculino que estaban a punto de hacerme entrar en pánico... Por lo que para cuando llegué a mi destino, mi nerviosismo comenzó a hacerme flaquear, dejándome allí clavada, justo frente a la puerta.
"Oye ¿hasta cuando planeas quedarte en el jodido medio? Tch, molestas..." No me dio tiempo ni a girarme para asesinar con la mirada al autor de semejante comentario, ya que una enorme mano se posó sin previo aviso sobre mi cabeza, y sin darme tiempo a reaccionar me arrastró hacia el interior de la clase a la que no me había atrevido a entrar por mi misma.
Una vez dentro, fui recibida por la misma reacción que minutos antes había estado a punto de estresarme en el pasillo, por lo que sin saber muy bien que hacer, acabé por darle un manotazo a la enorme mano que aún seguía enredada entre parte de las rebeldes hebras de mi cabello.
Me giré sobre mis talones y de tan cerca que 'el extraño acosador' se encontraba, me choqué de pleno contra su pecho.
Genial... Prácticamente era el doble de alto que yo. Sin embargo, cuando estaba a punto de alzar mi cabeza y hervirle vivo con mi mirada, su maldita mano parecía haber cogido la extraña manía de acabar pegada a mi cabeza. Por que si, ahí acabó de nuevo, obligándome a bajar mi mirada a mis pies... El súbito ataque de aquella gigantesca pezuña, me había hecho trastabillar por lo que acabé con mi cara hundida totalmente en el torso bien esculpido de aquel chico al que, sin tan si quiera haberle visto, me hacía querer cometer homicidio...
Espera, ¿Por qué diablos dudaba? Asesinar a alguien ahora mismo me parecía la más tentadora de las opciones por lo que...3...2...1...
"¡SORYUKEN!"
¡Mi pequeño puño había impactado con éxito en el blanco! ¡Imitar a Ryu de Street Fighter siempre era la opción más acertada! Ya que el grandullón se había visto obligado a soltar su agarre y había acabado estampado contra la puerta, deslizándose lentamente hasta acabar en el suelo.
Todo el aula quedó sumida en silencio absoluto, poco antes de que las sonoras carcajadas de los que iban a ser mis compañeros durante un año entero, llenasen la estancia. Mierda... seguramente éste curso iba a pasar más lento de lo normal para mi. Oh-oh...
Vítores y risas nos envolvían a mi y al chico odioso, que todavía parecía perplejo mirando desconcertado a sus pies, como si no lograse procesar lo que acababa de ocurrir, mientras que su mano acariciaba de forma continua y ausente su malherida barbilla.
"¡No vayas tocando a la gente a tu antojo sólo por que midas el doble! ¡Lolicón!" Y dicho esto, huí a refugiarme a la seguridad que en ese momento representaba el baño femenino, hasta que el timbre de comienzo de clase indicase que el suplicio comenzaría...
Maldita sea, todavía era incapaz de actuar de forma civilizada cuando me encontraba ante situaciones incómodas...
Para cuando regresé a mi clase, la profesora ya se había instalado con una caja llena de papeles, la cual serviría para indicar mediante sorteo que asiento calentaríamos el resto del año.
Para cuando llegó mi turno de coger una papeleta, sentía como las miradas de todos mis compañeros recaían sobre mi, por lo que roja como un tomate, abrí el papel y le indiqué a la profesora cual era el número que me había tocado. Me hice a un lado y tras un par de alumnos, le tocó el turno al gigante.
Mientras el chico, completamente aburrido, repetía el proceso que el resto habíamos hecho antes que él, me tomé mi tiempo para estudiarlo... Vale, si, como ya había dicho antes era alto, bastante más alto que yo. Tenía el pelo corto y de un azul oscuro de lo más genial. Y su piel era morena... Espera, ¿morena? ¿Y éste chico era 100% japonés? ¿Era eso posible o es que se había quedado dormido en una cabina de rayos UVA en su última sesión de bronceado?
Ante ésta absurda idea, una risita escapó por entre mis rosados labios, lo cual como canto de sirena alertó al sujeto del que me estaba mofando interiormente.
Sus ojos azules se posaron sobre mi, y yo automáticamente inflé mis mejillas y giré mi cabeza con desdén en dirección contraria, al ritmo de un humpf que salió de mi boca a voluntad propia.
Sin embargo, lo que yo no sabía era que todo esto no hacía más que divertir al chico aún más, si es que eso era posible...
Una vez finalizado el sorteo de asientos, cada uno se dirigió a su puesto, ¡había tenido la suerte de que me tocara uno de los más codiciados! Ya sabéis que los asientos cercanos a las ventanas son sinónimo de entretenimiento gratuito.
Pero toda mi felicidad se desvaneció en el mismo instante en el que que la silla del pupitre ubicado detrás de mi chirrió, y un suspiro de la voz más irritante y reconocible de éste curso resonó a mi espalda... ¡Maldito Karma, no debería de haberme alegrado por mi suerte en el sorteo!
Con gran esfuerzo omití la odiosa presencia tras de mi, e hice mi presentación.
"Soy Kiriya Aika, acabo de mudarme a la zona hace poco... Espero que nos llevemos bien..." Ante éste último punto, no pude evitar sonrojarme mientras que con nerviosismo tiraba juguetonamente de uno de mis largos mechones de pelo, incapaz de mantener mi vista al frente.
Unos audibles "awww que mona" y "Después de ver eso, creo ser capaz de olvidar la mortífera escena de antes" llegaron a mis oídos, por lo que resoplé cansada el aire que no sabía que había estado conteniendo.
Y finalmente, mi odioso vecino de pupitre, decidió cual inesperado salvador, desviar todas las atenciones de mi, presentándose como AHOmine Daiki.
Vale, le había modificado el nombre... ¡pero se lo merecía!
