La fatídica mañana había tocado a su fin, por lo que sin perder tiempo, nada más sonar el timbre que indicaba la hora del almuerzo, me levanté de mi asiento casi de un salto y abandoné la clase cual vendaval. Quería evitar que nadie se acercase, al menos por hoy sentía que ya me había expuesto demasiado al ridículo...

Vagué sin rumbo por los pasillos, hasta encontrarme desorientada, y en ese momento, lo encontré.

El aula que parecía simbolizar una mezcla entre lo que podría ser el paraíso y un remanso de paz.

Me acerqué a la puerta, con la emoción pulsando en mis venas en un compás arritmico, que por una vez en el día de hoy no era por causa de que estuviera apunto de darme un infarto.

Sin embargo, antes de tan siquiera haber sido capaz de posar mi mano sobre el tirador de la puerta, me percaté de una cosa... Me había olvidado de traer una bebida para mi almuerzo. Mierda...

Asique rápidamente saqué un trozo de papel arrugado, hasta ahora abandonado en el bolsillo de mi chaqueta, y con un bolígrafo me concentré en la tarea de trazar un mapa de líneas, con el cual ubicar exactamente donde estaba mi ahora autoproclamada guarida. Y en cuanto acabé con el boceto, proseguí con mi misión.

Encontrar la cafetería no fue una tarea muy complicada, al menos no para cuando me di cuenta de seguir a toda la turba de estudiantes de aspecto hambriento, que parecían dirigirse en manada hacia algún lugar donde poder saciar su apetito.

Y así fue como logré llegar a mi destino sin perderme. El lugar estaba completamente abarrotado de bulliciosos y energéticos adolescentes, de los cuales algunos parecían mirarme con sumo interés, mientras intentaba pasar desapercibida entre la multitud, visiblemente nerviosa...

En cuanto tuve mi oportunidad me acerqué al mostrador y le pedí a la empleada mis bebidas. Y, una vez obtuve lo que vine a buscar, puse rumbo lo más rápido que pude hacia el aula olvidada.

Sin embargo, no siempre sale todo a pedir de boca...

*PUM!*

"¡AUCH!" Se sumó una voz a mi grito, de forma sincronizada.

Uno de los estudiantes que comía sentado de forma perezosa, completamente espatarrado en una de las mesas, me había tendido sin quererlo una trampa mortal.

Ya que una de sus largas piernas sobresalía por debajo de la mesa, ocupando así parte del pasillo... Y yo, tan absorta como iba, no reaccioné a tiempo. Por lo que acabé tropezando con su extremidad y me choqué así de bruces con el chico que, yacía ahora completamente aprisionado bajo mi cuerpo.

De tan cerca que estábamos nuestras narices se tocaban, y para cuando fui consciente de la situación y volví en mi, me perdí en unos orbes de un intenso azul celeste, que me miraban sin siquiera pestañear, completamente sorprendidos.

Debido a todo esto, un rojo de lo más intenso cubrió como un torrente de color mis pálidas mejillas. La vergüenza me atacaba por todos los frentes posibles y sin embargo, no tenía fuerzas para moverme.

"Vaya... Jamás pensé que la vista en la cafetería podía ser taaaan... agradable" comentó una voz profunda, de manera socarrona, a mi espalda.

No me hizo falta girarme tan siquiera, para percatarme de a quien pertenecía aquella voz...

Y gracias a aquel comentario maligno y pervertido, reaccioné.

Me pusé en pie temblando de forma descontrolada, al tiempo que cada uno de mis puños estrujaba la tela de la falda de mi uniforme. Giré sobre mis talones, como movida por un resorte y una vez más, mi mente se quedó en blanco. Dejando así que mi instinto tomase el control de mi cuerpo.

" Sí tanto te agradan las vistas, creo que te mostraré algo mejor, antes de que mueras..." dejé escapar entre dientes, poco antes de tomar impulso y propinarle una patada en toda la cara a Ahomine. Que obviamente fue incapaz de esquivar, debido a lo distraído que se encontraba, observando la lencería negra que había quedado al descubierto durante el proceso de levantar mi pierna.

Antes de que el enorme chico de piel morena impactase contra el suelo, me las había arreglado para agarrar al muchacho con el que me había chocado antes, y huír de la escena del crimen, cargando con el pobre peliazul a cuestas.

No dejé de correr por los pasillos, hasta llegar a la seguridad que parecía ofrecer el aula olvidada, y una vez dentro, cerré la puerta a mis espaldas, desplomandonos ambos pesadamente sobre el suelo, poco después.

El único sonido que parecía resonar por la clase polvorienta, era el de nuestras entrecortadas respiraciones.

Alcé la vista avergonzada y me topé con que el muchacho me observaba con curiosidad.

"¡L-lo siento! ¡quería disculparme allí pero no tuve ocasión! asique yo... te arrastre conmigo" ante ésta última frase mi tono de voz se fue apagando. Ya que lo absurdo de la situación me golpeó de repente.

El muchacho se puso en pie sin decir palabra, se acercó a mi y me tendió su mano.

" Soy Kuroko Tetsuya" respondió aún intentando recuperarse de la larga y extenuante carrera.

Acepté su mano extendida y me ayudó a incorporarme.

" Y-yo soy Ki-"
"Kiriya Aika san " me interrumpió.

Mientras sacudía el polvo del uniforme, empecé a darle vueltas a como él sabía mi nombre. ¿estábamos en la misma clase y no me había dado cuenta? Era mala recordando caras, pero hasta el momento mi falta de memoria nunca había sido tan grave...

Kuroko al percatarse de mi expresión, decidió iluminarme.

" Todos llevan hablando de ti desde que apareciste por la escuela hoy"

Mi cara de terror y desconcierto pilló por sorpresa a Kuroko, que rápidamente trato de arreglarlo.

"Después de todo han bautizado a Kiriya san como la muñeca de Teiko..." el pobre chico, jamás se había sentido tan incómodo pronunciando una frase.

Me había imaginado mi vida escolar un tanto complicada, dado a que poseía escasas habilidades sociales y mi don de atraer problemas era arrollador, pero de entre todos los motes que había pensado como posibles, ese ni siquiera había aparecido por la lista.

Mis mejillas se tornaron del color de las manzanas maduras, y nerviosa le tendí una de las bebidas que había adquirido en la cafetería.

"E-es una disculpa... Ni siquiera pude preguntarte si te había hecho daño" murmuré mirando en la dirección más alejada del muchacho.

"Estoy bien Kiriya san" aseguró antes de proseguir "pero... ¿como te diste cuenta de mi presencia?"

El desconcierto ante la pregunta se reflejó en mis facciones.

"¡Obviamente envestir a una persona es difícil de pasar por alto!" Reí de forma sincera.

Kuroko al darse cuenta de que no había comprendido la pregunta, matizó un poco más. Después de todo era la primera vez que sentía curiosidad.

" me refería a poco antes de salir corriendo de la cafetería..."

" ¡ah! pues eso fue por que te vi todavía en el suelo, ¡y nadie parecía dignarse a ayudarte! Además, como quería disculparme contigo... ¡no se me ocurrió otra opción! Lo siento, soy estúpida. ¡No pensé que te pudiera meter en un lío!"

Comencé a retorcer mis largos mechones de pelo entre los dedos de forma nerviosa, mientras me devanaba los sesos en busca de la mejor respuesta para solucionar el problema.

"¡Kuroko san! Yo se lo explicaré a tu novia, ¡puedes estar tranquilo!" Le aseguré posando mis manos sobre sus hombros y zarandeándole un poco.

"Pff eres muy divertida Kiriya san" le observé sin comprender, mientras él jugueteaba con la bebida que le había dado antes.

" en realidad no tengo novia, eres una de las primeras personas que se da cuenta de mi presencia..." su tono de voz se fue apagando y la pequeña sonrisa que había aparecido en su rostro, poco tardó en volverse triste.

"¡seguro que eso no es verdad! Con esos ojazos es raro que no tengas una no-novia"mi cara enrojeció de tal manera al percatarme de lo que acababa de decir, que parecía a punto de explotar.

El muchacho ante mi volvió a reír de nuevo de forma tímida.

"L-lo siento muchas veces se me olvida que no debo pensar en alto" me uní a su risa, mientas me encaminaba hacia el gran piano lleno de polvo en el centro de la estancia y me sentaba en la butaca. Para poco después ponerme seria y añadir sin apartar la vista de las blancas teclas "entonces Ku-Kuroko san... ¿t-te gustaría ser mi primer amigo?"

Los segundos pasaban vertiginosamente, y no obtener respuesta me estaba matando. El silencio en la sala era arrollador, hasta que de repente el relleno de la butaca cedió a mi lado, y un mechón de pelo azulado acarició mi mejilla. En mi campo de visión aparecieron los brillantes orbes azules de Kuroko, que se había inclinado para poder mirarme a los ojos.

"Sí..." fue su única respuesta, pero me hizo tan feliz, que el ambiente en aquella aula pareció relajarse al momento. Y en aquel instante, que estábamos tan cerca el uno del otro, apoyé mi frente contra la suya y ambos sonreímos. Sin saberlo, éste incidente sería el comienzo de una larga amistad llena de aventuras. O, quizás no se tratase sólo de amistad...