No creo que sea necesario repetir que Harry Potter es obra de Jotaká
Este fic participa en el reto anual Dramione Week del foro "El Mapa del Mortifago"
Historias corrientes
(ó "Cómo alegrarte la existencia leyendo Dramiones").
3. Nuevo Torneo de los Tres Magos.
(ó "Cuando aprendes a mirar más allá de lo que parece haber").
Después de toda la guerra, la muerte, la barbarie, el terror y la tiranía Minerva McGonagall decidió que sería buena idea darle algún tipo de distracción a sus alumnos.
Ese es el origen del Toneo de los Tres Magos que se volvió a organizar, esta vez en Beauxbatons. A pesar de estar bajo vigilancia del Ministerio se le permitió asistir con el resto de los alumnos, aunque Draco no pudiera decir que estuviera tan emocionado como los demás.
Uno, porque acababan de terminar una cruenta y terrible guerra. Dos, porque ya no sabía quien era después de tanta barbarie. Y tres, porque tenía que viajar con Hermione Granger.
¿Por qué?
Era la condición para poder asistir al Torneo. Había repetido incontables veces que no deseaba asistir al Torneo, pero se había hecho oídos sordos a su petición. Iría y sería el pequeño perro faldero de Hermione Granger, la benevolente y valiente heroína de guerra.
Draco no odiaba a Granger (ya no), pero era inevitable seguir sintiendo cierta molestia hacia ella. No, no se trataban de celos ni nada parecido. Simplemente le molestaba lo entera y compuesta que estaba siempre. Mantenía la cabeza alta y la espalda recta y seguía siendo maldita y condenadamente inteligente (a pesar de que ya a penas levantaba la mano en clase).
Claro que Granger podía mantener su cabeza erguida teniendo en cuenta que les había salvado el culo a todos. Pero no sólo era eso. En sus ojos, en su forma de caminar, en sus palabras no había nada roto. No había nada desgarrado o muerto. Y eso era lo que le mataba.
―¿Quien crees que representará a Hogwarts este año?
Draco se dio la vuelta y la miró fijamente. Tenían el compartimento del tren para ellos solos (suponía que esa era la ventaja de ser un apestado en la sociedad mágica y en la escuela: nadie quería relacionarse con él) y la pregunta de Granger era el primer sonido que rompía el monótono sonido en el que se habían hundido nada más iniciar el viaje hacia Francia.
―No será Potter, eso está asegurado.
Granger sonrió levemente y miró hacia la ventana antes de volver a abrir la boca.
―Deberías participar.
Draco alzó una ceja.
―¿Quieres que muera carbonizado por un dragón al tratar de quitarle un huevo dorado?
Ella rodó los ojos.
―No van a repetir las pruebas del último Torneo, capullo. Además sé por McGonagall que las pruebas no serán tan... Sangrientas como en el pasado. Seguirán siendo complicadas, sí, pero quieren mantener la muerte bien al margen.
―Entonces esto no es el Torneo de los Tres Magos. Es un campamento en el que vamos a jugar a saltar a la comba entre hadas y nos divertiremos encontrando los huevos de chocolate del Conejito de Pascua.
Granger clavó sus grandes ojos en los suyos y lo miró como si no se esperase que fuese capaz de ser gracioso.
―Además ― siguió él, presa de la incomodidad bajo esa mirada achocolatada ― ¿Por qué quieres que participe? ¿Para qué iba a hacerlo?
Ella se mordió el labio y esperó unos tensos segundos para contestar.
―Porque creo que volverías a ganarte el favor de los demás.
De todas las respuestas que se había imaginado esa no estaba entre ellas. ¿Recuperar el favor de sus comentarios? No lo quería. Antes lo había tenido infundiendo miedo y abusando de su nombre, pero ahora...
―Quiero recuperar u obtener el favor de los demás por mí mismo. Siendo yo mismo. Quiero que la gente me aprecie por mí, no por lo que hago por ellos.
―¿Sabes que si se le estuvieses diciendo esto a cualquier otra persona esta te diría que le debes mucho a todo el mundo por el bando que elegiste durante la guerra?
―Yo no elegí bando. Me metieron en él desde que nací. Me educaron para que creyese que era lo mejor para mi y para mi mundo y para mis intereses. Pero sí, soy totalmente consciente de ello, aún así, lo habría dicho. Porque lo que digo es la verdad. Y lo que diría esa persona también sería verdad.
En los ojos de su acompañante pudo leer sorpresa y un ligero brillo que la hizo parecer más joven durante un momento.
―¿Por qué quieres que tenga el favor de los demás de nuevo, Granger?
Ella cogió su libro, volvió a abrirlo y se quedó callada. Draco supuso que era su sutil forma de ignorar su pregunta y dar por zanjada la conversación pero entonces ella volvió a hablar y en su voz pudo saborear la angustia, el dolor, la pena.
―Porque sé lo que es estar sola, aislada y perdida.
Y no la pudo odiar nunca más.
Seré sincera: no he revisado ni la ortografía ni si hay dedazos ni nada de eso. Demasiado cansada. Uhg.
