No creo que sea necesario repetir que Harry Potter es obra de Jotaká
Este fic participa en el reto anual Dramione Week del foro "El Mapa del Mortifago"
Historias corrientes
(ó "Cómo alegrarte la existencia leyendo Dramiones").
4. Mentira
(ó "Cómo aceptar que te destrocen").
Scorpius alzó los ojos anegados en lágrimas hacia su madre y la miró, suplicante. Astoria suspiró y acarició a su hijo con ternura y pena.
―Papá no va a poder venir, cariño.
―Pero lo prometió... Prometió que estaría aquí para verme jugar.
La mujer suspiró y se agachó a la altura de su hijo se ocho años.
―A veces a los adultos nos surgen imprevistos que nos impiden hacer las cosas que queremos o cumplir con las promesas que hacemos. Seguro que la próxima vez podrá venir.
Scorpius se quitó las pocas lágrimas que se había caído de sus ojos grises (Merlin, tan parecidos a los de su padre y a la vez tan diferentes) y le dio un beso antes de caminar hacia su equipo de Quidditch infantil.
Astoria pudo ver a lo lejos a Ronald Weasley abrazando a su hija, cazadora del equipo al que se enfrentaría su hijo, solo. En sus brazos llevaba a un niño muy parecido a él, de brillante pelo rojo e intensos ojos. Aún en la distancia pudo ver los ojos tristes del hombre.
Lo vio acariciar la melena rizada de la niña e intercambiar unas cuantas palabras con ella. "El trabajo la tiene absorbida, Rose. Tienes que entenderlo" leyó en sus labios partidos. La niña se dio la vuelta con ojos fieros y se alejó a pasos agigantados.
No puedes pedirle a un niño que entienda que alguien a quien ama lo deje de lado. Pero sí entendía a Draco. Entendía su dolor, su pena, sus traumas. Entendía que la guerra lo dejó destrozado y que rehacer su vida fue un paso forzado. Y entendía que ella no fuese la indicada para quitarle toda esa pena insoportable.
Cinco minutos después del primer pitido que marcaba el inicio del partido Hermione Granger apareció junto a su marido. Cargó al niño pequeño en sus brazos y saludó con la mano a su hija que parecía haber recuperado toda la alegría del mundo al verla. Pero no hubo ni rastro de Draco Malfoy en lo que quedó de partido.
Y eso era lo que no entendía sobre él. Por qué la prefería a ella, tan impura, tan sabihonda, tan insufrible, (tan casada y tan madre y tan buena en ambas cosas, como en todo lo que hacía) y no era capaz de dejar que su familia lo curase. Sabía que se veían desde hacía años, incluso antes de casarse. Sabía que se querían como enfermos. Que se amaban como locos. Sabía que se adoraban con los ojos y se hacía promesas entre beso y beso. Lo sabía porque era una mujer a la que no se le podía ocultar nada.
Pero pensándolo bien sí que podía entenderlo.
Ella le prometió comprender.
Y él le prometió amor eterno.
Ambos eran unos mentirosos.
Y al parecer Hermione Weasley, tan sonriente y cariñosa con su marido, también lo era. Lo veía en su cabello despeinado, en el rastro de colonia masculina que quedaba en su blusa celeste, en lo hinchados que estaban sus labios después de besar los de su marido.
Lo veía en la forma en la que la miraba, llena de disculpas y pena. Pero nunca vergüenza.
Ni si quiera sé de dónde he sacado esto.
