Nota de autora: ¡Holis! Vengo con un nuevo capítulo que varios pedían. Acá vamos a poder ver cómo se manejan las cosas en el Saiya GYM, así que ¡Lean! ¡Que lo disfruten!

Capítulo II - Saiya GYM

Con la ropa deportiva comprada, incluyendo un bañador y accesorios, las chicas por fin se dirigieron al gimnasio. La ojiazul había decidido ir al gimnasio varias veces a la semana.

Era un día caluroso en Miami. La gente en las calles se abanicaba con las manos o con cosas que traían en ellas. Bulma debería acostumbrarse a este nuevo clima "tropical". Por suerte, ella estaba cómoda y ventilada por el aire acondicionado del vehículo de Lázuli. Esta estaba muy concentrada en el manejo, así que la peliazul no quiso hablarle para no distraerla.

—Te contaré como es el clima interno del gimnasio, así cuando llegas no te sorprendes—habló la castaña—No se si sabes que el gimnasio se inauguró hace quince años por los hermanos Saiyajin, Bardock y Vegeta. Ambos tienen dos hijos; Raditz y Goku o Kakarotto, hijos del menor, Bardock; Vegeta y Tarble, hijos de Vegeta. A Vegeta hijo y a Goku, los veras seguido en el gimnasio, ya que son las figuras principales del Saiya GYM, mientras que casualmente verás a Raditz y Tarble, porque están ampliando la empresa en una ciudad cercana a esta. Goku tiene un hijo con una joven llamada Milk, Gohan. Como ellos se la pasan en el gimnasio, y no tienen a nadie que cuide de él, se queda en el lugar supervisado por su abuela paterna, Gine. Es una ternurita. Y Vegeta hijo... ¿Qué decirte de él? Bueno, ya lo conocerás. Creo que ya sabes lo que pasa cuando se trabaja en familia... escucharás peleas, gritos y varias particularidades de la familia Saiyajin.

—Sí jajaja, yo también me peleaba con mi padre seguido, pero es súper normal, ¿No?

—Si...—dijo sabiendo que los Saiyajins eran unos locos, pero ya había estado con ésa familia un año, eso la hacía la primera persona que aguantaba tanto tiempo con ellos.

Pocos minutos más tarde a la aclaración de la chica, llegaron al gimnasio. Lázuli no mintió, era inmenso.

—Wow! Es gigante!—exclamó sorprendida Bulma.

—Por dentro es más lindo—acotó la otra. El gimnasio a esta hora estaba cerrado al público. En media hora se abrirían las puertas. La castaña tenía una llave, prueba de la confianza que le tenían los Saiyajin a ella. Abrió la puerta que se encontraba al lado del establecimiento cerrado. Las luces estaban encendidas y varios integrantes de la familia ya habían llegado. Estaban Gine, Milk, Goku, Bardock y Gohan.

Goku se abalanzó sobre Lázuli y la abrazó.

—¡Lázuli! ¡No sabes cuánto disfruté la reunión de anoche!—enfatizó alegre el joven muchacho de cabellos alborotados. Milk se veía enojada con el comportamiento de su esposo.

—¡Gokú! ¿¡Cómo puedes abrazar a ésa mientras que a mí ni me abrazas!?—lo regañó.

—¡Vamos Milk! ¡No seas celosa! ¡Lázuli es solo una amiga!—explicó—Además, debes admitir que lo pasaste genial ayer.

—Hmm, tienes razón—cedió la histérica mujer. El joven pelinegro se volteó a saludar a Bulma.

—¡Hola Bulma! ¿Cómo fue tu vuelo?—saludó dejando a la chica con la duda de cómo sabía su nombre.

—Hola...¿Cómo sabes mi nombre?—consultó. Alguien se lo tendría que haber dicho.

—Verás, tu papá me dijo esto hace como un mes y los chicos son amigos míos, así que les conté—explicó Lázuli.

—¡Ah! Ahora comprendo—dijo la oji azul.

—¿Por qué tanto alboroto?—habló un señor igual a Gokú apareciendo al lado de una mujer que parecía ser su esposa. Él miró a la peli azul. Sabía quién era. En algún lado la había visto—¿Briefs?

—¿Si?—dudó la joven.

—¿Eres hija de el Dr. Briefs, dueño de la Capsule Corp?

—Así es—intervino Lázuli.

—¡Vaya! Tu padre es el que nos provee las máquinas.

—Ah, creo que mencionaba algo sobre mejorar la tecnología de las máquinas de un gimnasio—contó Bulma.

—¿Eres la amiga de Lázuli?—interrogó la mujer.

—Sí. Vine a estudiar aquí—explicó la aludida.

—Sí, ya sabemos. Estuvo repitiéndolo todos los días—recordó revoleando los ojos.

—Tampoco fue muy constante...—se excusó la joven.

—¿Qué dices? Si hacías una cuenta regresiva para este día—expuso Milk.

¿En serio hacías eso?—pregunto Bulma enternecida por el gesto de la muchacha. Esta se sonrojó—Aww, ven aquí—pidió la peliazul abrazando a la castaña, que estaba dura como una piedra. No era porque no le agradaba lo que estaba haciendo su nueva compañera, no era muy demostrativa.

¿Dónde está Vegeta?preguntó Bardock esperando respuestas de alguno de los que estaba ahí.

Seguro se quedó dormidoopinó LázuliAyer nos quedamos hasta muy tarde.

¡Qué chico más irresponsable! ¡Él durmiendo mientras que nosotros venimos a trabajar como esclavos en este gimnasio!se quejó Milk. De repente se oyó el sonido de la puerta y gruñidos.

¡Deja de gritar mujer! ¡Tus gritos se escuchan desde afuera! Maldita histéricainsultó un hombre que aparentaba no más de veinticinco años, de cabello oscuro en punta, ojos negros y grandes y de piel bronceada. No era tan alto como Goku, tenía los músculos bien torneados y lucía una musculosa azul con shorts del mismo color. Tenía un atractivo muy notable. A pesar de su gesto fruncido, se apreciaba su belleza. Le lanzó una mirada a Bulma. Ambos estuvieron intercambiando miradas por un instante. Los ojos de él exploraban a la nueva chica. Había escuchado sobre ella, Lázuli lo atormentó con ése tema los últimos días. De verdad, estaba muy pesada. Se quedó pensando por un rato cosas idiotas mientras mantenía la mirada en ella. Cuando se percató de ello, volteó la cabeza y se fue a entrenar a una de las máquinas. La peliazul no supo qué hacer ¿Saludarlo? ¿Apartar la mirada? ¿Por qué el solo se queda ahí mirándola? ¿No la iba a saludar? ¡Qué desubicado! ¡Todos se mostraron amables con ella! ¿Por qué solo la miraba? ¿Y ahora desaparece? A este hombre le hace falta una clase de modales.

—¡Vuelve aquí maldito bastardo! ¿A quién llamas histérica?—gritó Milk mientras que lo iba a buscar. Goku la siguió para detenerla.

—¡Espera Milk! ¡Ya sabes cómo es Vegeta! ¡Tú no eres histérica!...Bueno, solo un poco—susurró mientras la alcanzaba.

—¡ESCUCHÉ ESO!—exclamó enfadadísima por el comentario de su marido. Así, el trío desapareció de la pequeña recepción. Gine se acercó a la peliazul con gesto de lamento. Posó su mano sobre el hombro de la muchacha.

—Lamento que tengas que ser testigo de esta discusión... Bien, iré a buscar a Gohan que lo dejé a un cuarto desayunando—avisó mientras desaparecía del cuarto.

—Iré a ver a los niñitos—ironizó Bardock retirándose también. Lázuli volteó para ver la reacción ante todo eso de su compañera. Se la veía enojada y a la vez algo familiarizada con la escena.

—Tu gesto me indica que ya conociste a Vegeta—soltó riéndose.

—¿Cómo dices?—refutó confundida.

—Él es así. No esperes un saludo de él, él... No es que no sea educado, sus padres lo educaron a la perfección, pero, es así. Es muy orgulloso, testarudo, superficial, arrogante, pero creéme, dentro de esa capa de frialdad, hay un chico interesante por descubrir—confesó esta—¿Has visto Shrek?—Bulma asintió—Bien, vamos a ver si te suena: "Los ogros somos como cebollas, tenemos capas". En realidad no solo los ogros tienen capas. Todos tenemos capas, pero en el caso de Vegeta las capas no son tantas como las de una cebolla. Él tiene dos capas, de las cuales casi todos, conocen la que rodea la segunda. He tenido suerte de conocer a la segunda. No te dejes llevar por su gesto fruncido, es algo que viene con él de fábrica y ya no puede cambiar, pero es una gran persona en el fondo.

—¿En serio lo dices? Bah, no sé pero pareció que para él no existía. Solo me miró y se fue.

—Lo sé, a mí ni siquiera me miró. Nuestra primera conversación fue a los tres meses después de que llegué al gimnasio—recordó—Ahora es uno de mis mejores amigos.

—¿Ni te miró cuando viniste aquí por primera vez? Wow, ¿Cómo hiciste para no enojarte o algo así?—preguntó sorprendida por la actitud del muchacho en ésa ocasión.

—Es que lo comprendí. Cuando era más chica y se puede decir que ahora también, era de ignorar a la gente. O la ignoraba, o solo la miraba o sino solo saludaba y seguía seria como antes. Era simpática con mis allegados, pero al entrar en contacto con el mundo exterior se me hacía difícil relacionarme. Andaba de brazos cruzados y gesto fruncido TODO el día. Los profesores en el colegio siempre me decían "¡Qué seriedad!" y yo ni siquiera me daba cuenta que estaba con el gesto fruncido porque ya lo tenía incorporado. La diferencia entre Vegeta y yo, es que él oculta mejor la segunda capa, mientras que yo la dejo ver en pocos días luego de interactuar bastante con la persona. Somos distintos y parecidos a la vez.

—Ah...Pero no estuvimos mucho tiempo hablando y me tratas bien, no eres fría conmigo.

—Es que estaba emocionada por tu llegada y además me caías bien desde antes, cuando hablaban de ti por el noticiario—explicó—Bueno... debo empezar a trabajar. Si quieres puedes estar con Gohan y Gine, sino ve con Goku que te dará una lista de actividades para que hagas—señaló sonriente mientras que sacaba del escritorio de la recepción un producto de limpieza y una franela y se iba a limpiar las máquinas.

Y así Bulma quedó sola en el cuarto. Después de unos minutos de analizar la habitación detalladamente, decidió ir a que Goku la instruya. Lo buscó entre los montones de máquinas que se encontraban en la sala unos cabellos negros y despeinados. Al fin lo localizó y fue hacia él. Estaba en una máquina que ejercitaba los tríceps. Cuando se percató de la presencia de la mujer detuvo su entrenamiento.

—¡Bulma! ¿En qué puedo ayudarte?—preguntó en su tono sencillo y alegre.

—Emm... Lázuli dijo que podrías instruirme—le dijo.

—¡Claro! Pero... ¿Entrenarás así?—le cuestionó señalando su ropa. La chica instintivamente se miró la ropa y recordó que traía la misma ropa con la que había viajado.

—¡No! Perdona, olvidé que traía esta puesta. Lázuli tiene mi ropa en su bolso ¿Sabes dónde puedo encontrarla?

—Está limpiando arriba—indicó señalando las escaleras que conducían hacia el piso superior.

—Bien, ¡Gracias Goku!—exclamó mientras se encaminaba a las éstas. Llegó a las anchas escaleras modernas. Se dio cuenta de que no era solo un piso. Eran dos. Lázuli tenía razón, era gigante. Comenzó a subir las escaleras mientras miraba la gran planta baja del establecimiento. Era un mundo de máquinas. No sería raro perderse allí.

Vegeta estaba con sus auriculares, escuchando música con el mismo ritmo de las actividades que realizaba, a todo volumen. Era algo que hacía siempre, dispersarse para no tener que oír conversaciones de mujeres chismosas u hombres que comentaban a otros como les fue engañando a sus esposas. A él no le interesaba la vida de esas insignificantes personas. A él le interesaba entrenar y recibir su paga por hacer un tiempo en su agenda para instruir a insectos. Como de costumbre, pensaba en cualquier cosa mientras bajaba las escaleras para buscar una botella de agua. Estaba transpiradísimo debido a su ejercicio. Igual, solamente había entrado en calor. Bajó sin prestar atención de en donde ponía el pie o si había alguien subiendo o bajando. De pronto sintió como si algo hubiera chocado con él. Se quitó los audífonos para estar más atento a la situación. Había chocado con esa chica de cabello raro. Notó como se alteraba y lo mirada con rabia.

—¿Por qué me miras así?—consultó arrogantemente, esquivándola como si fuera una simple piedra en su camino. La chica volteó para seguirlo y reprocharle el por qué no se fijó por donde caminaba. Lo alcanzó y lo sujeto del hombro sudado. Éste se dio vuelta y la miró fríamente—¿Qué quieres?—miró como ella limpiaba el sudor que había tocado de su hombro sobre su pantalón—¿Qué esperas? No tengo todo el día—esa última frase sacó de sus casillas a la ojiazul. Lázuli le había dicho lo soberbio y arrogante que podía llegar a ser éste, pero pareciera que no hay otra capa en él ¿Cómo alguien tan frío podría tener un "Lado bueno"?

—¡Fíjate por donde caminas!—exclamó viéndolo fijamente a los ojos, con los puños cerrados de la ira por el carácter del individuo irrespetuoso. Éste se quedó mirándola fijamente a ésos faroles que tenía como ojos. No era una mirada simpática...Era todo lo contrario. Era una mirada inexpresiva. Fría. Quizás el reflejo del alma del joven, tan helada como un glaciar, o así lo veía Bulma. Para Lázuli, el chico era "bueno". Pues, la ojiazul, por lo poco que lo conocía, no le veía ni un pelo de bondadoso. La mirada gélida del muchacho cayó sobre ella, paralizándola. Quizás no fue buena idea haberle hecho frente. Un sonrojo coloreó las mejillas de la chica. Al notar eso, Vegeta hizo una mueca, que aspiraba a ser una sonrisa. Luego, fue a buscar su agua.

Idiotizada, Bulma se maldijo internamente por su estupidez ante la situación tan ridícula. "Imposible, ¿Cómo pude sonrojarme de esa forma? ¡Y por una simple mirada! ¡Pero qué tarada! ¡Qué vergüenza, por Dios!". Tapó con una mano su rostro, que todavía no abandonaba el tinte rojo de sus mejillas. No podía seguir en el mismo lugar paralizada de tal manera, así que fue en busca de Lázuli. La localizó fácilmente, limpiando una de las máquinas. Como no había nadie en la planta, la ojiverde se percató de la presencia de su compañera.

—¡Bulma! ¡Por aquí!—guió haciendo señas con la mano desde la máquina que limpiaba. La de azules cabellos fue hacia ella. Al estar un poco más cerca, la castaña se dio cuenta del color de las mejillas de la heredera de la Capsule Corp—¿Por qué te sonrosaste?

—¿Cómo?—se alertó llevando sus manos a los cachetes. Los sintió tibios—Mierda.

—¿Qué pasó, Bulma?—cuestionó interesada en la chica.

—¡Nada!—negó a la defensiva.

—¡Vamos! Confía en mí, no se lo diré a nadie. Lo juro—prometió la ojiverde.

—En la casa te lo digo, lo prometo.

—Bien...¿Qué necesitabas?

—La ropa deportiva. Por cierto, ¿Qué hay en el piso de arriba?—curioseó.

—Ahora te daré el bolso ¿Recuerdas que te dije que te compraras un traje de baño?—Bulma asintió—Bueno, no lo compramos para que vayas a la playa, arriba hay una pileta.

—Wow, este lugar es inmenso.

—Así es. Ven, te guiaré a los cambiadores—indicó Lázuli. La otra asintió y siguió a su compañera. Llegaron a unos lockers grandes y espaciosos. Había nueve de color negro y los demás eran más pequeños, azules y rojos. La castaña abrió uno de los lockers negros y retiró el bolso—Ten, ahí está todo lo que compramos. Fíjate de ponerte lo más cómodo. Los cambiadores están en la planta baja...Te acompañaría, pero en poco tiempo vienen clientes y faltan máquinas por limpiar.

—No te preocupes, Lázuli. Ya has hecho bastante, y este es tu trabajo, priorízalo—aconsejó la peliazul. Dejó a la morena y se dirigió nuevamente a la planta baja. Esta vez bajaba más atenta. No quería que sucediera lo mismo de antes. Oh no. Ahí estaba él, subiendo las escaleras con una botella de agua en mano y los auriculares colgando de su cuello. Bulma intentó ignorarlo, pero algo se lo impedía. Cuando ambos se encontraron con la mirada, se quedaron viéndose por un rato. Algo los hacía quedarse ahí, sin moverse. Vegeta apreciaba los grandes ojos celestes de la chica, quizás, los más hermosos que había visto. Pero no se lo iba a hacer saber... Él sabía que existían mejores. Mucho menos iba a dejar que ésta notara que él, el grandísimo heredero de la cadena Saiya Gym, sentía una leve atracción por sus ridículos ojos azules. Así fue como mantuvo su semblante serio, corrió la mirada y siguió con su camino.

A todo esto, Bulma se quedó inmóvil...Otra vez. Sentía como la mirada del muchacho se metía en sus ojos, para revolver cada célula de su cuerpo. Era fría... Muy fría. No podía correr su mirada. Algo de la inexpresiva observación del joven la encadenaba. Una vez que él se fue, esa conexión acabó, dejando a Bulma idiotizada, nuevamente.

—¡Mierda!—se regañó en voz baja. Luego de auto castigarse y sermonearse mentalmente por un rato, fue a cambiarse la ropa. Bajó a la planta baja, como le había indicado Lázuli. No pudo localizar muy bien los cambiadores, así que buscó algo de ayuda por la recepción. Allí estaban Gine y Bardock, detrás de un mostrador. La primera le estaba hablando con voz juguetona a alguien. Al acercarse más, Bulma descubrió que le hablaba así a su nieto, según lo que le había contado su amiga. Pudo observar al pequeño niño. Era muy tierno. Era igual a su padre, su corte era distinto. Tenía los pelos todos alborotados, como Goku. Gine se percató de la presencia de Bulma y dejó de hablar como estúpida. Se aclaró la garganta y se dirigió a su nieto.

—Mira Gohan, ella es Bulma, la amiga de Lázuli—. Explicó al niño que miraba extrañado a la joven. La razón de esa mirada era porque sabía que antes del horario de apertura del gimnasio no entraba nadie. Ante la explicación de su abuela comprendió todo. Recordó que Lázuli hablaba mucho sobre una chica que vendría a Miami a vivir y estudiar con ella.

—Hola—. Habló tímidamente Gohan.

—¡Hola! ¿Cuántos años tienes, pequeño? —. Éste le mostró a la muchacha cuatro de sus cinco dedos de la mano derecha.

—Wow, ¿Y Goku cuántos años tiene? —. Preguntó ahora a la abuela del niño.

—Emm, veamos... Raditz tiene veintiséis, veintiséis menos cinco, veintiuno. ¡Goku tiene veintiuno! —. Exclamó. La de azules cabellos recordó que su madre también hacía eso a veces, cuando ella y su hermana, Tight, eran más pequeñas: "Si Tightssy tiene ocho, Bulmita tiene...¡Cuatro!". Se dibujó una amplia sonrisa en su rostro. Luego pensó que si Goku tenía veintiuno y Gohan cuatro, ¡Lo había tenido a los diecisiete! ¡Era muy joven para tener un hijo a esa edad!

—¿No era muy joven cuando lo tuvo? —. Cuestionó anonadada a Gine. El que respondió en esta ocasión, fue Bardock.

—Sí, lo era, pero junto con mi esposa lo apoyamos mucho. Sabíamos cuánto amaba a Milk. No íbamos a pedirles que aborten, si Milk se embarazó, fue responsabilidad de ellos, y no dejaríamos nunca que una vida se pierda por un descuido de ellos. Goku es muy buen padre a pesar de su joven edad, estamos muy orgullosos de él—. Expresó el hombre—. También estoy muy orgulloso de ti, pequeño—. Le dijo a su nieto mientras revolvía sus cabellos.

—Qué bella familia han formado—. Felicitó a los patriarcas de la familia Saiyajin.

—Sí...¿Precisabas algo, Bulma? —. Preguntó la mujer.

—Ah, sí. Buscaba los cambiadores.

—Oh, sí—. Habló dejando a Gohan en el suelo—. Ven, sígueme.

—Está bien—. Sonrió ante la amabilidad de los Saiyajin. Obviamente excluyendo a Vegeta en el cumplido.

La mujer, la condujo a los cambiadores. Había uno para mujeres, y otro para hombres. Bulma agradeció la buena atención y fue directamente a cambiarse. No quería hacer esperar mucho a Goku.

Junto con Lázuli, habían comprado unas calzas negras súper cómodas, una musculosa rosa bebé y zapatillas a juego. La peli azul se hizo una cola de caballo y "Salió a la cancha"

Llegó a donde estaba Goku, que se encontraba en el mismo lugar de antes, pero en otra máquina. Éste observó las nuevas ropas que traía Bulma.

—¡Te ves muy bien, Bulma! — halagó sin ningún rastro de perversión, simplemente, amabilidad. La chica recibió el cumplido de buena manera y le guiñó el ojo al de alborotados cabellos. Después de eso, ambos rieron—. Bien, ¿Empezamos?

—¡Por supuesto! —enfatizó entusiasmada. Hacía varios años que no hacía algún deporte. Goku se alegró de ver así a Bulma. Éste, adoptó una pose pensativa. Estaba decidiendo a qué máquinas enviar a la chica a ejercitarse. Tomó en cuenta que no conocía la disposición del cuerpo de la mujer, así que determinó "probarla" con un par de actividades que él mismo supervisaría.

—Escucha, haremos así: Como no conozco las capacidades de tu cuerpo, te haré algunas pruebas. También debes decirme si tienes alguna extremidad afectada, o antecedentes de accidentes. Es sólo por prevención—señaló sonriendo y rascándose la nuca.

—No me mates—pidió bromeando. Soltó una carcajada que fue acompañada por la risa del simpático hombre que se hallaba junto a ella—. Con respecto a mi estado físico, nunca me ha pasado nada, así que, tranquilo.

—Bien. Harás lo siguiente—así Goku comenzó a hacerle hacer un sinfín de actividades y ejercicios. Como empezaron a ingresar los clientes, que demandaban la atención de éste y los demás, el de cabellos alborotados, se disculpó con Bulma, ya que, tenía que atender a los que concurrían al Saiya GYM, y no podría supervisarla—. Dime como te fue en cada una de las cosas que te di para hacer. Si tienes alguna complicación, me llamas a mí o a Vegeta, ¿De acuerdo? —al oír el nombre del que aborrecía, a pesar de haber estado con éste menos de media hora, se enrojeció. Era una mezcla de ira y vergüenza a la vez.

—A...¿Ve-Vegeta? —Goku la miró extrañado.

—Sí. ¿Algún problema? —la peli azul negó con la cabeza. Era ridículo lo que había ocurrido con el heredero Saiyajin. El descendiente menor de Bardock, notó que algo, claramente, ocurría—.Bulma, sé que mi primo parece mala persona, pero no lo es ¡Créeme! —admitió animado y totalmente convencido.

—Está bien. Gracias, Goku—musitó antes que desapareciera por las escaleras a recibir a la clientela.

Empezó a hacer todo lo indicado por éste, esforzándose al máximo, tratando de no fallar en nada.

Un inconveniente se le presentó a la hora de recordar la posición correcta para ejercitar los hombros con las mancuernas que se le habían sido asignadas. Hizo caso omiso a eso e hizo el ejercicio como recordaba, a sabiendas de que una mala postura podría desfavorecer a la salud física de su organismo.

—Al parecer, una mujer idiota no sabe ejercitar los hombros—la chica reconoció esa voz. Ésa a la cual pertenecía a la persona a la que comenzó a odiar hace poco. Estaba detrás de ella. No supo cómo reaccionar. Se quedó dura. El de cabello en punta notó el estado de la chica y aprovechó para burlarse de ella—. ¿Qué te ocurre? ¿Nervios? —rió sarcásticamente. Para no quedarse atrás, la bella mujer decidió contraatacar:

—¿Nervios? Pff... Ésos los reservo para exámenes, no para maleducados como tú—soltó naturalmente al voltearse a ver al hombre. Él se quedó quieto. No pensó que Bulma llegara a devolver la burla. "No reaccionó como esperaba. Bien, no te quedes así, haz algo..." pensó.

—¿Maleducado, yo? Jajajaja, debes estar bromeando chiquilla.—haciendo a un lado la batalla verbal, se acercó a la chica, —Dame éso—exigió arrebatando las mancuernas de sus manos. La ojiazul no dudó en quejarse.

—¿Qué rayos haces? ¡Yo las estoy usando! ¡Dame...

—Ya calla tu griterío y observa—demandó. Luego masculló—: Histérica.

—Oí eso—dijo la dueña próxima de Capsule Corp. Ofendida por el uso de ese adjetivo.

—Me importa un bledo si lo hiciste—contestó fastidiado por la falta de atención de Bulma—. Ahora observa o sigue promoviendo la distención de algún ligamento de tu hombro—ésta solo calló y obedeció ante la explicación de el de cabello flameado.

Al éste notar el silencio de ella, prosiguió con la demostración. Se posicionó para empezar y explicó:

—El movimiento debe nacer con las manos mirando para tu rostro—levantando lentamente las pesas agregó—Mientras las elevas suavemente, haces que miren hacia afuera. Luego haces que pasen la altura de la cabeza, y las devuelves a la posición inicial—hizo el ejercicio repetidas veces. La mujer notó como el muchacho, al elevar las mancuernas, se chocaba con su cabello en punta. Le resultó gracioso, por lo que se echó una corta carcajada.

—¿De qué te ríes? ¿Acaso tengo un mono en la cara? —cuestionó molesto por la ridícula risa.

—Nada, nada—saltó Bulma a la defensiva.

—Hmm. Toma—le dio las pesas—. Quiero ver cómo te sale.

Ella comenzó a seguir las indicaciones de Vegeta, pero, aún así, algo fallaba. Éste, al ver la mala realización del ejercicio, se golpeó la cara con la palma de su mano en señal de frustración. La muchacha, al notar la mueca del hombre, soltó:

—¿Qué? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal ahora? —enunció molesta consigo por no poder realizar un mísero ejercicio.

—TODO—admitió él, también molesto. Se posó detrás de ella y tomó sus manos, que, sudorosas, sostenían las mancuernas.

—¡¿Qué haces?! —cuestionó alarmada la mujer, malinterpretando las intenciones del de cabello picudo—. ¡Pervertido!

—¡Se nota que nunca has estado en un ambiente deportivo! Estúpida—masculló entre dientes—. Cállate y mira—exigió mientras repetía el movimiento de antes, ahora con más suavidad.

Sin querer, se aproximó bastante al cuerpo de Bulma, que, al sentir el contacto de los duros músculos del veinteañero contra su espalda, se separó inmediatamente. Ambos se sonrojaron. Cuando Vegeta sintió que su sonrojo se había desvanecido, se dirigió a encontrar la mirada de ella, que hizo de cuenta que nada había sucedido y siguió con "naturalidad",

—Entonces...Ahora, ¿Entendiste? —preguntó algo nervioso por la mirada de la joven, que se encontraba muy avergonzada.

—Sí, sí—afirmó con algo de inseguridad. El heredero Saiyajin, dudó de esa respuesta, así que decidió poner a prueba a la ojiazul.

—Bien. Muéstrame—demandó impaciente por desaparecer del piso debido al acontecimiento reciente. Bulma se posicionó para comenzar—. Flexiona más las rodillas—ella obedeció—. No tanto—hizo un nivel intermedio entre la flexión—. Perfecto. Comienza.

Empezó a hacer la secuencia con satisfacción. Siguió el procedimiento, que salió sin defectos.

—Haz tres series de quince—indicó el de piel broncínea.

—Pero Goku me dijo que haga cinco de veinte—Vegeta revoleó los ojos—. Kakarotto no sabe que tienes menos de la fuerza y velocidad que él. Hazme caso y haz lo que te dije. Es mejor para tu salud—al término de la recomendación, desapareció de la planta.

Bulma siguió con las actividades dadas por el de alocados cabellos sin ninguna dificultad. Al término de todas, fue a avisarle.

Como no sabía dónde se encontraba comenzó a buscarlo por la edificación. No se encontraba en la planta baja, pero Gine le había dicho que se dirigió hacia el segundo piso. En este, se encontró con Lázuli, que estaba con algunos clientes, indicándoles que debían hacer. Cuando se desocupó, le dijo que Goku había estado allí, pero que se fue a la planta baja. La de azul cabello decidió quedarse con la castaña a descansar algo las piernas de tantas idas y vueltas.

—¿Cómo van las cosas? —preguntó la de ojos verdes.

—Bien...—mintió en algunos detallitos. Lázuli levantó una ceja, como diciendo: "¿En serio?". Bulma rió, para luego contestar—: ¡Sí!

—No te creo—soltó.

—En la casa te cuento—cedió al fin.

—Con respecto a eso... Tenía pensado terminar mi turno en el gimnasio e ir a una peluquería. Obviamente, si tú quieres—la neoyorquina abrió los ojos y asintió frenéticamente con la cabeza—.Parece que te gustó la idea.

—¡Por supuesto! Hace tiempo que quiero renovar este corte—dijo señalando su largo cabello.

—Excelente. Entonces, en dos horas, nos encontramos en la recepción y vamos a comer algo. Luego iremos a la peluquería—acordó con su compañera.

—¡Muy bien! Me voy con Goku—anunció bajando las escaleras.

—¡De acuerdo! —respondió antes de ir a empezar a dar una clase de spinning.

Bulma por fin se encontró con el hijo de Bardock, que se encontraba en ese momento en la recepción, interactuando con su hijo. No quiso interrumpir el momento padre e hijo, así que esperó un tiempo observándolos jugar.

—¡¿Qué haces mirando a mi esposo de esa forma?! —exclamó Milk apareciéndose por detrás de la joven. Ésta, inmediatamente, se volteó y la miró extrañada.

—¿De qué hablas? ¿De qué forma lo estoy mirando? —cuestionó confundida.

—Tú lo sabes, ¡seguro quieres robarme a MÍ Goku, pero no, él es fiel a su única mujer, yo! —soltó victoriosa riendo malévolamente. La de azules ojos la miró con miedo y dio varios pasos al costado.

—¿Qué ocurre aquí?—expuso el Saiyajin confundido, que al escuchar nombrar su nombre, inmediatamente reaccionó.

—Oh, Goku, dile a esa chirusa que eres hombre de una sola mujer—siguió Milk, convencida de que la neoyorquina quería algo con su esposo.

—¡Milk! ¡No te dirijas a ella de esa forma! —regañó defendiendo a Bulma para luego confesar su observación—: Además, ¡Bulma se vería mejor con Vegeta!

Al escuchar la opinión del joven, sus mejillas se bañaron por un intenso color rojo.

—¡¿CÓ-CÓMO DICES?! ¡¿ESTÁS LOCO?! —reaccionó, roja como un tomate, enfurecida y nerviosísima. Goku le lanzó una mirada a su esposa.

—¿Ves? Te lo dije, tal para cual—declaró para que su cónyuge notase el parecido.

—Ahora que lo dices, sí. Vaya, no me había dado cuenta—se sorprendió Milk encontrando la suposición de su esposo algo acertada—. Igualmente, Vegeta no deja de ser un bruto.

—Es verdad—siguieron su charla conyugal ignorando a la peli azul. Ante la falta de atención, impuso su presencia, haciéndose notar... con sus gritos.

—¡¿NO ME ESCUCHARON LOS DOS?! ¡¿SON SORDOS O QUÉ?! ¡NUNCA SERÍA PAREJA DE ESE CAVERNÍCOLA SIN MODALES! —la pareja miró asustada a la chica, que ardía en rabia.

—Está bien, solo era un comentario—se disculpó Goku, rascando su nuca con temor.

—Bien—suspiró la de azules ojos dejando el estado de cólera que le dio—. Ya terminé los ejercicios, Goku, ¿Qué debo hacer ahora?

—¿Tuviste algún inconveniente?

—Emmm, Vegeta apareció y me corrigió una mala postura y acorto el número de series.

—No es problema, ¿Dolores?

—Ninguno.

—Bien, espera a que Lázuli termine su turno y puedes irte con ella, a menos que quieras ir a la piscina. A esta hora está vacía. Es muy tranquilo—a Bulma le gustó la idea. Podría refrescarse después de su viaje y luego ir a la peluquería, ¿Qué podría ser mejor que eso?

—¡Gracias, Goku! —subió escaleras arriba y apreció la gran piscina. A la izquierda de ésta, había dos vestidores. La chica se puso el traje de baño y se dio una rápida ducha para aclimatarse a la temperatura del agua.

La vista del lugar se distorsionaba por el vapor que emitía el agua tibia. Si según Goku, no se usaría hasta que ella y Lázuli se fueran, aprovecharía a sacarle todo el jugo posible ese día.

Empezó a bajar por las escaleras que ésta poseía, disfrutando como el agua tibia, iba bañando su cuerpo de placer y relajación. Nadó un rato libremente, dejándose llevar por su cuerpo. Era tal el grado de serenidad, que casi había olvidado lo sucedido con el heredero Saiyajín. Era tal el grado de tranquilidad, que todo el estrés del viaje, había desaparecido por completo. Todos sus músculos se relajaron, olvidando los arduos ejercicios que le dio el de alborotados cabellos.

"¡Un momento! ¡Mis padres! ¡No les avise que llegue! Bueno... cuando salgo del agua les comunico".

Se colocó en una esquina de la pileta y fue cerrando sus ojos lentamente, hasta el punto de haberse quedado casi dormida.

¡SPlASH! Alguien se había metido bruscamente al agua, acabando con la tranquilidad de ella... y la de Bulma, que rápidamente se puso en alerta al sentir el cambio de estado del agua.

Quiso ver quién fue el o la que había irrumpido en su relajación, pero todavía el líquido de la piscina, seguía agitada y el o la sospechosa, no salía de las profundidades del la pileta.

Al fin, la persona misteriosa, se dio a conocer. Empezó a salir un hombre de estatura media y tez broncínea. Tenía cabello hasta por un poco más de los hombros y estaba de espaldas a ella, por lo que no pudo ver su rostro.

El sujeto comenzó a nadar de crol, iba y venía, salpicando a la muchacha. Esto pasó quince veces antes de que ella explotara.

—¡OYE! —trató de llamar la atención del hombre, pero este no escuchaba. Intentó otra vez, levantando un poco más la voz—. ¡OYE!

Él se percató del llamado de atención y se dirigió a la zona no profunda de la piscina.

—¿Qué es lo que quieres? Interrumpes mis actividades—bufó con arrogancia mientras se sacudía el cabello, salpicando a la joven. Éste, tenía sus abdominales al descubierto, estaban muy bien delineados y le daban la impresión de ser un tipo muy fuerte, y cosa que a Bulma le atrajo bastante.

El sujeto miró con desdén a la dama, y al momento de hacer encuentro con sus ojos, ella cayó en la cuenta de quién era. Vegeta.

—¿Q-Qué haces aquí? —cuestionó algo nerviosa. Éste la miró altanero.

—No debo darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer aquí, en MÍ gimnasio. Más bien la pregunta debería ser ¿Qué haces TÚ aquí? —rugió él, fastidiado. Después de todo, él, siempre luego de acabar su rutina hacía varias piletas de crol para ejercitar sin dejar ni un solo músculo fuera del entrenamiento.

—¿Yo? Tu primo me envió aquí—dijo ella—¿Y tú? ¿Qué haces aquí? ¿Acaso viniste a molestarme acá también? —preguntó en un tono fiero—¿No tienes otra cosa que hacer?

—En realidad tú eres la molestia aquí. Siempre nado a esta hora—respondió aceptando la batalla verbal que se aproximaba.

—¿Ah sí? ¿Y cómo iba yo a saber? Todavía no tengo poderes psíquicos.

—Ése no es mi problema.

—Tampoco el mío.

—¡Entonces vete!

—¡Vete tú! ¡Yo llegué primero!

—¿Y eso a mí qué? Yo soy el que nada siempre aquí y a esta hora.

—Entonces yo me voy—avisó mientras subía las escaleras. Cuando iba a la mitad, Vegeta ya estaba fuera, yendo a los cambiadores. Cuando ella notó eso, salió, todavía más molesta, dirigiéndose a los cambiadores. Se duchó para quitarse todo el cloro de encima. Se vistió y salió del cambiador. No había señales de Vegeta. Lázuli estaba allí al lado de la pileta, esperándola.

—¿Vamos? —preguntó emocionada. Ella ya se había duchado y cambiado. Cargaba el bolso con el brazo derecho, sin dificultad. La peli azul se precipitó hacia ella y asintió también excitada ante la pregunta—. Bien, primero saludemos a los demás.

—¡Muy bien! ¡Lo pasaremos genial, Lázuli! ¿Te das cuenta de las cosas que podemos hacer hoy? ¡Gracias por tu BRILLANTÍSIMA idea!

—Jajajaja, no hay porqué—bajaron hacia la planta baja. El gimnasio ya había cerrado para el público, y allí en la recepción estaban todos los Saiyajin reunidos, conversando de cómo les fue en el día. El único que se encontraba en un rincón apoyado, cruzado de brazos, sin decir una palabra, como era de esperar, era Vegeta.

—¿Así que Doris está esperando un hijo de John? —cuestionó Gine a su esposo sorprendida.

—Eso dijo Beatriz. La verdad, no lo sé.

—¡Pero Beatriz es una mentirosa! ¡No le creas nada! ¡Es una falsa que solo busca crear rumores falsos! —dijo enojada. Eran cosas comunes en el gimnasio, chismes, rumores, comentarios, engaños, que siempre iban a parar a ellos.

—...No lo sabía...

—Pues ahora lo sabes. Así que, ten cuidado con ella—expuso guiñándole un ojo para luego depositarle un beso en la mejilla. Su esposo sonrió y le imprimió un suave beso en los labios como respuesta. Todos se enternecieron ante el gesto de los amantes. Todos excepto alguien que ya conocemos... cuyo nombre comienza con V... y termina con egeta.

—¡Bueno señores! ¡Nosotras nos retiramos! —anunció la de verdes ojos mientras comenzaba a saludar a todos, incluyendo al que les dije, con un beso en la mejilla. Bulma hizo lo mismo... sólo que evitó hacer algún tipo de contacto con el de cabello en punta.

—¡Espero que te haya gustado estar aquí, Bulma! —habló Gine nuevamente, simpática.

—¡Sí! —acompañó Goku, viendo cómo las dos salían del establecimiento.

—¡Gracias! ¡Me divertí mucho! —respondió obviando los cruces con el orgulloso hombre.

—¡Adiós! —dijeron casi todos al unísono.

—¡Adiós! —saludaron Bulma y Lázuli.

Y así, partieron a comer algo, comprar algunas prendas y a la peluquería.

Nota de Autora: ¿Y? ¿Qué les pareció? Admito que fue el capítulo más largo que hice en toda mi vida :P En el próximo capítulo, vamos a ver qué hacen las chicas y qué se va a hacer el día sábado a la noche... pero no les sigo adelantando, así que esperen el capítulo tres de Saiya GYM