Nota de Autora: Me olvidé de publicar el cap. por acá, lo publiqué solo en Wattpad xD, no me maten. Acá tenemos la reunión de nuestros bebos, disfrútenla :3

Capítulo IV – Fogón en la Playa.

— ¡Wow! ¡Mira Tarble! Es tan tierno—dijo señalando al perrito que jugueteaba en una caja de cristal dentro de una tienda de mascotas. El menor se dirigió al cachorro.

—Awwww, ¡Mira esas pequeñas orejitas! ¡Es tan pequeño!

—Sí. Ahora que lo recuerdo, Lázuli tiene una perra allí, en Argentina. Luna se llama, creo. A veces me manda fotos que le mandan sus hermanos de ella. Dice que la extraña mucho.

—Oh… ¡Sí! ¡Recuerdo que una vez nos la mostró al grupo!

—Son de la misma raza—señaló haciendo referencia a la perra de Laz y al cachorro labrador.

— ¿Qué insinúas? —sospechó Tarble. Supo que su primo tramaba algo en cuanto levanto las cejas y dirigió su mirada hacia él.

—Ya sabes… quiero solucionar el error, el cual todavía no sé cuál fue, y creo que eso—hizo referencia a la mascota—es lo que necesito.

—Solo diré que los medallones de menta son más fáciles de cuidar—ambos rieron

—Sí, los medallones son tarea fácil y no duran mucho. Un perro dura mucho tiempo—reflexionó.

—Pues, cómpraselo. Le encantará—entraron al local, lleno de juguetes y accesorios para perros y gatos, alimento, camas, de todo. Había un señor de tercera edad alimentando a los animalitos. Cuando vio a los jóvenes se acercó para atenderlos.

— ¿Buscaban algo? —preguntó cortésmente.

—Sí. Quería el perrito que está en la vidriera—respondió Raditz.

—Perrita—corrigió el hombre.

—Oh, es hembra.

— ¿Es un problema? Se acaban de llevar al último machito y ella quedó sola.

—No, no es problema—intervino el menor—. No levantan la pata, son más higiénicas.

—Bien, espérenme un segundo. Iré a por una jaula para que la puedan llevar—el anciano se fue a un depósito y los primos quedaron allí, observando las chucherías que habían en el lugar.

—Creo que voy a hacerle el regalo completo—le comentó el ex pelilargo a su familiar.

—No entiendo.

—Para que no se tenga que preocupar Laz. Una correa, palita para recoger desgracias, alimento, cama, una prenda, juguetes—siguió con la lista. Obvio que eso para él era un gasto menor. Siendo millonario gracias a la empresa familiar, no le costaría mucho hacerle un mimo a su amiga.

El señor apareció con la jaula y sacó a la cachorrita de la caja de cristal. Era tan delicada y tierna.

— ¿Quieren tenerla mientras busco sus papeles? —ambos asintieron. Raditz acogió a la pequeña sin nombre en sus musculosos y torpes brazos. Tarble se estiraba para acariciarle el pequeño lomo. La criatura se quedó dormida, enterneciendo a los hombres—. Aquí está. El pedigrí de la labradora, y papeles necesarios. Deberían vacunarla en un mes.

— ¿Cuántos días tiene? —preguntó Tarble.

—Cincuenta. ¿Precisaban algo más?

—Sí—afirmó el mayor—. Una cama, la más cómoda que tenga; Un collar rosa, que tenga un moño grande en lo posible; Un arnés y correa resistentes; Alimento de la mejor calidad; Juguetes difíciles de romper y ropa.

—Bien. Aguárdeme un momento—buscó en su tienda todo lo requerido y volvió— ¿El collar se lo coloco ahora?

—Sí, por favor—intervino su primo. El señor hizo caso y puso el accesorio en el dormido animal acogido en los brazos del más alto. La tomó y la depositó en la jaula. Colocó la mercadería solicitada en unas bolsas y les cobró.

—Serían mil dólares—Raditz sacó de su bolsillo un gran fajo de billetes y le dio al vendedor un cuarto. Contó el monto, entregó los papeles y agradeció—Muchas gracias, vuelvan pronto.

—Igualmente—devolvió el menor. El de cara acorazonada no servía para eso. Como ya habían recorrido toda la ciudad, y estaban a media hora de la reunión, decidieron volver al departamento a esperar, con la nueva mascota que Lázuli.

—Bulma, ¿Podrías alcanzarme los pimientos? —pidió la de verdes ojos, que se encontraba haciendo la salsa para los fabulosos tacos que preparaba con su compañera. La de celestes cabellos obedeció y le alcanzó lo pedido por la otra. Ella preparaba la masa para los tacos. La iba a hacer parecida a la de los panqueques, más suave a la tradicional.

En una sartén preparaban la carne. Ambas pudieron arreglarse bien en la cocina, que a pesar de ser grande, se hacía complicado estar con el movimiento y las idas y vueltas.

— ¿Cuánto tiempo nos queda? —cuestionó la más baja.

—Media hora—contestó Laz.

—Bien, iré a preparar una bandeja con platos, ¿Puedo?

—Siéntete como en tu casa, Bulma—dijo cortésmente la castaña—. Mira, las bandejas están por allí, en el mueble sobre la heladera—guió señalando el lugar con el dedo y siguió cocinando.

—Muy bien, ¿Me cuidas la carne? —preguntó mientras se separaba de la cocina eléctrica para dirigirse a la heladera.

— ¡Por supuesto! —Respondió animada— ¡Se van a chupetear los dedos luego de probar nuestros tacos.

—Eso ni lo dudo—acompañó con una risita Bulma. Se posó frente a la heladera y se estiró para llegar al mueble, pero le parecía imposible—. Lázuli, tengo un problemita—la otra se dio vuelta y vio cómo su compañera intentaba llegar al mueble y no lo lograba por su estatura.

—Ya veo—rió—. Fue hecha a mi altura esta cocina. Ven a controlar el fuego que yo te alcanzo la bandeja más grande—ésta obedeció y fue a controlar la comida. Lázuli fue a buscar la bandeja, sin dificultades.

—Bien. Oye Laz, ¿Cuánto mides? —cuestionó mientras esta le traía la bandeja.

—Emm, creo que 1,80 ¿Tú?

—1,65. Diez centímetros de diferencia.

—Ajá, Vegeta está casi a tu altura, pero es tres centímetros más alto.

—No es tan alto como los demás, ¿Verdad? —curioseó Bulma, comparándolo con Goku y su padre. La otra negó con la cabeza—. ¿Cómo? —manifestó la chica.

—Pues, el más alto de la familia, es sin lugar a dudas, Raditz—soltó el nombre con resentimiento—, que mide 1,95.

— ¡Wow! —exclamó la peli azul sorprendida.

—Luego está Vegeta padre, que mide 1, 85; Bardock y Goku, que miden 1,80; Vegeta, 1,68, y por último, Tarble, midiendo 1,50.

— ¿1,50? ¿Qué edad tiene?

—Dieciocho.

— ¿Y ya trabaja en el gimnasio?

—Ajá. Desde que de a poco sus primos y hermano comenzaron a trabajar los admira y quería ser también parte. Siempre era excluido de charlas y demás. Tendrías que haberle visto la cara cuando se hizo mayor. Al día siguiente se puso a trabajar.

—Aww, debe ser el mimado de la familia, ¿No?

—En realidad, fue el más molestado, seguido por Gokú. La diferencia es que Goku lo tomaba a chiste, Tarble no. Al llevarse tres, cinco y ocho años con los demás, se le hacía difícil coincidir en ideas, juegos y demás.

—Pobre…

—Sí, igual es un encanto de muchacho. Es mi protegido. Lo rescato cuando se mete en un lío o se meten con él.

—Me cuentas esto y contradice la idea de que Tarble sea hermano de Vegeta—rio.

—Tienes razón, siempre lo pienso. Definitivamente Tarble es la antítesis de Vegeta. Es amable, desinteresado, amoroso, y mucho más. A Vegeta lo ciega el orgullo, ese es su problema. Bah, no sé si problema. Un Vegeta no orgulloso no es Vegeta—reflexionó riendo.

—Parece que te acostumbraste a su carácter.

—Es fácil cuando lo vas conociendo. Una vez que te acercas más a él, comienzas a entenderlo un poco más.

—Oh. Bueno, prepararé la bandeja—avisó dándole fin a la conversación. No quería oír de ése. Bastante que tenía que verlo esa noche.

*Suena el teléfono*

— ¡Agh! ¡Maldito aparato del demonio! —Se quejó saliendo de la máquina en la que trabajaba las piernas— ¡¿Quién diablos será?! —agarró el electrodoméstico con las manos sudadas y atendió.

— ¡¿Si?! —habló fastidiado.

— ¡Hola Vegeta! ¿Cómo estás? —no era nada más ni nada menos que su primo favorito, Goku.

—Eso no te incumbe, Kakarotto.

—Bueno—desde el otro lado del teléfono se apreciaba como éste sonreía sin hacerle caso a la actitud de su primo— ¿Cómo irás a la casa de Lázuli?

—¡QUE NO TE INCUMBE! —terminó cortando. Se fue a terminar la ronda de ejercicios para bañarse e ir a lo de su amiga.

El timbre sonó. Por suerte todo estaba listo.

— ¡Ahí va! —avisó la anfitriona del gran fogón que se avecinaba. Al abrir la puerta se encontró con Tarble y Raditz. El último traía consigo una jaula y una bolsa, pero Lázuli no pudo verlo bien.

— ¡Laz! —exclamó el más pequeño abalanzándose sobre su gran amiga. Ésta estaba sorprendida por la presencia del par en su casa. Se suponía que estaban en Brownsville— ¡No sabes cuánto te extrañé! —el pobre fue apretujado por la castaña, que también echó de menos la compañía del pequeño, que era un hermano para ella, al igual que los demás. Duró un rato hasta que por fin se soltaron—. Igual hay alguien que te extrañó más—expuso inclinando la cabeza hacia su primo. Tarble entró a la casa, dejando solos a su pariente y amiga. El de alta estatura, ahora lucía pelo corto. Eso fue lo que más impactó a primera vista Lázuli. Que le haya impactado no significaba que no estaba enojada con él, así que frunció el ceño para demostrar su estado con él.

—Vamos, Laz, no te enojes—rogó apenado—. Le prometí a Tarble que no te diría nada hasta que lleguemos a tu casa.

—No me enojé por eso—confesó mientras se cruzaba de brazos.

— ¿Qué fue lo que hice ahora?

—Nada—ese "nada", claramente era "¿Quién es la perra con la que te tomaste esa foto, desgraciado?

— ¿Entonces? —preguntó esperanzado de que lo perdone esa noche.

—Ya me conoces, se me irá solo el enojo.

—Sí, lo sé. Tengo experiencia en enojos tuyos—confesó riendo forzadamente, para luego volver a su gesto de amargura—. Tengo algo que puede hacer que el enojo se vaya más rápido.

— ¿Una máquina del tiempo? —soltó irónica.

—Mucho mejor—admitió sacando algo de su bolsillo. Un medallón de menta. Se lo dio.

—Sabes que necesitarás una fábrica si esperas que te perdone fácilmente.

—Tengo algo parecido, ¿Cuenta? —cuestionó examinando la bolsa y quitando una caja de ésta.

—Me sorprende la atención, pero, ¿Piensas comprarme con chocolate?

—No—sonrió pícaramente—. Ya te compré por el lado de la comida. Ahora pienso comprarte emocionalmente.

—Ah, ¿Sí?, ¿Cómo? —contestó manteniendo el tono irónico.

— ¿Recuerdas que me hablaste de tu perra, Luna?

—Nube—corrigió.

—Sí, Nube. Me contaste que la extrañabas mucho. También me mandabas fotos de ella.

—Mhum, recuerdo.

—Bien, ahora mira—señaló volteando la jaula para que se aprecie el pequeño cachorro de labrador—. Puede no ser Nube, pero puede llenar el espacio vacío que dejó al venirte a Miami—la testaruda mujer por fin cedió y abrazó fuertemente a su amigo, que la superaba por media cabeza de altura.

—Eres un hijo de puta—le susurró al oído, aferrándose más a su cuello con el brazo.

— ¿Por?

—Te salió todo perfecto—admitió la que se había rendido.

—Es que odio que te enfades conmigo.

—Sí, lo sé. Por eso lo hago—mintió riendo—. Entremos a casa—invitó. Al cruzar el umbral, Raditz suspiró.

—Cómo extrañaba venir aquí—expuso viendo la casa como si recién la visitara por primera vez. Tarble y Bulma estaban hablando. Parece que se habían presentado sin la mediación de Lázuli.

—Parece que ya se conocieron—intervino la castaña. Ambos se dirigieron hacia el ex pelilargo y a la de verdes ojos. El hermano menor de Vegeta sonrió.

—Sí, ¡Bulma es genial! Lo pasaremos súper con ella, Laz.

—Lázuli, tenías razón—comentó la otra guiñando el ojo. Ambas se entendieron, ya que momentos antes, la más alta le había hablado de lo que era Tarble.

—Ajá—rió—. Bulma, éste es Raditz, el hermano de Goku—presentó señalando al joven que seguía con la jaula y bolsa en mano.

—Mierda. Sí que es alto—todos rieron. Lázuli miró el nuevo corte de su amigo.

— ¿Qué se te dio por cortarte el cabello? —cuestionó sonriéndole. Él dejó la jaula en el piso y se acomodó el pelo, haciéndose el galán.

—Volver a Miami, con el calor y teniendo esa melena iba a ser complicado, así que me la corté. Ahora soy un imán para las chicas—bromeó. "Ya lo eras antes", pensó la pobre enamorada—. Además, veo que tú también te lo cortaste. Te queda mejor que el anterior— ¡Alerta sonrojo! ¡Alerta sonrojo!

—A ti también te queda bien—confesó tratando de volver a su estado normal—. ¡Tengo una propuesta para hacerles!

— ¿Sí? —dijeron los demás al unísono.

—Debemos esperar a que vengan los otros, pero mientras se los cuento a ustedes—hizo una pausa para verificar si todos le estaban prestando atención—. Bien, Raditz me acaba de regalar un cachorrito, y como estoy corta de nombres, cada uno propondrá un nombre y lo anotará en un papel. Lo pondremos en una bolsa y el que salga será el nombre del perro.

—Me parece bien—saltó Bulma.

— ¡A mí también! —acompañó Tarble. Raditz asintió con una sonrisa ladina.

—Laz—llamó el de cabeza acorazonada. La aludida se dio vuelta—. Toma, para la perrita—le entregó la bolsa con todas las cosas que había comprado. El cachorro comenzó a ladrar—. ¿La suelto? —preguntó agachándose donde estaba la jaula.

—Dámela—pidió. El hombre obedeció—. Aww, miren a la pequeña sin nombre—el animal le lamía la cara—.Mira ese moño tan tierno. Gracias Raditz—abrazó a su amigo. Bulma y Tarble se miraron. Ella se arrimó para susurrarle algo.

—Hay algo entre ellos, ¿Verdad? —le cuestionó. El chico rió.

—Creo que Laz siente cosas por él, pero no se anima a decirle. Ni a él ni a nadie. Opino que harían una gran pareja.

—Pobre Lázuli—se apenó por su compañera.

El timbre sonó.

— ¡Voy! —avisó Lázuli. El timbre sonó nuevamente—. Es Vegeta—comentó al notar la impaciencia, soltando una leve carcajada. A Bulma se le crisparon los pelos de rabia. Al chico que se encontraba junto a ella, se le notaba ese brillo en los ojos por volver a ver a su hermano mayor. La castaña se dirigió la puerta y la abrió. Ahí estaba él, con su cabellera en punta y ceño fruncido—. Hola Vegeta—saludó. El hombre le estrechó la mano como si estuviese tratando con un igual y no con una dama, pero a ellos les gustaba saludarse así. Era un saludo, que con solamente estrechar las manos, podía notarse la cercanía entre ellos, pero de un modo distante. No como mejores amigos, sino, como colegas, compañeros.

Tarble se precipitó sobre su hermano y lo abrazó. El orgulloso hombre recibió el abrazo solo porque sabía que su pariente no lo había visto en mucho tiempo, y eso era bastante para su joven hermano. El chico se apartó, y su modelo a seguir le brindó una sonrisa ladina de bienvenida.

— ¡Hermano! —exclamó sorprendido el menor. Vegeta se dirigió a su primo, con el que estrechó su mano. Pasó por al lado de Bulma y la ignoró. No pudo reprochar nada porque inmediatamente sonó el timbre. Lázuli fue a atender. Igual, la peli azul, miraba fulminante al hombre, que ponía al tanto a su primo. Ocasionalmente reían.

— ¡Buenas! —saludó Goku ni bien su amiga lo recibió. Al notar que su hermano y primo estaban allí— ¿Qué hacen aquí? ¿Acaso es tu cumpleaños, Vegeta? —cuestionó confundido. El de cabello en punta lo miró exaltado.

— ¡AGH! ¡¿PERO QUÉ IDIOTECES DICES KAKAROTTO?! ¡NO ES EL CUMPLEAÑOS DE NADIE, INSECTO! —clamó fastidiado. Al parecer, la única desorientada era Bulma.

— ¿Quién es Karakotto? —le preguntó a Tarble, fallando con la pronunciación del nombre.

—Ah, Kakarotto es el primer nombre de Goku. Antes de que yo naciera, Bardock y Gine discutían. Terminó ganando mi tía, pero Bardock lo inscribió como Kakarotto Goku Saiyajin. Mi tía se enojó bastante, pero nada cambio. Todos le dicen Goku pero, su padre, Raditz y Vegeta, en algunas ocasiones lo llaman Kakarotto. Bueno, mi hermano siempre, no a veces.

— ¡Bien!, ¿Por qué no vamos todos a comer los ricos tacos que hicimos Bulma y yo a la mesa? —intervino Lázuli con Gohan en brazos. Recibió la atención de todos los Saiyajin que allí se encontraban.

— ¿TACOS? —dijeron al unísono los hombres, que rápidamente corrieron a sentarse a la mesa. Milk, Bulma y la castaña con el hijo de la primera en brazos, quedaron solas en el living, asombradas por tal comportamiento. Puede ser que la pelinegro haya vivido entre ellos por más tiempo, pero seguía sin entenderlos.

—Son unas bestias—masculló. Bulma y la otra rieron.

—Vamos—invitó la de verdes ojos. Allí estaban todos los Saiyajin, sentados en la mesa, esperando con un brillo en los ojos la comida. Por suerte la mesa era grande y todos entraban perfectamente. Milk los miró enfadada.

— ¿Qué esperan? ¿Que les sirvamos la comida como si fuéramos sus esclavas? ¡¿No nos piensan ayudar?! —todos se miraron entre sí confundidos. Solo Vegeta permaneció neutro para atacar a esa mujer que aborrecía tanto.

—Si para eso están, así que te recomendaría callar y servir la comida—dijo tranquilamente—. Y apúrate, creo que todos tenemos hambre—refutó arrogantemente. Bulma observaba asombrada el maltrato de Vegeta a la mujer, así que no dudó en defenderla, y defenderse del machismo del hombre.

—Mira bastardo, no sé qué rayos es lo que se te cruza en esa cabeza hueca que tienes al tratar de esa forma a una mujer. ¡Ten un poco de respeto! ¿Esperas que seamos tus esclavas? Mira que no vinimos al mundo para eso—se quejó mirándolo con desdén. Eso no movió ni un pelo al Saiyajin, que mantenía la mirada fija en la suya, que era aún gélida, como siempre.

—Bueno, relájense—interrumpió Lázuli poniéndose entre los dos para acabar con esas miradas mortales—. La comida está servida, y ya no hay motivo por el cual discutir, así que, ¡A comer! —ya había preparado todo mientras ellos discutían. Algo que hacía muy bien desde que había llegado, era evitar pleitos, o detenerlos… Con un Saiyajin cerca, cualquier cosa puede pasar.

Vegeta, inmediatamente se dispuso a comer y dejar de matar con la mirada a esa mujer. Bulma sólo pudo sentarse en el único lugar que quedaba libre, en frente de ese ser que había comenzado a abominar hacía tan poco tiempo. Ambos sabían que la discusión no terminaría ahí. La suspendieron solo por la interrupción de Laz.

Un gran silencio se apoderó del comedor. Sólo se oía cómo masticaban los muchachos. Los nuevos rivales se lanzaban miradas de odio y luego retomaban su comida. Para terminar con el sepulcral entorno en el que comían, la anfitriona del gran fogón que se venía, quiso sacar el tema de "Un nombre para el labrador". Misteriosamente, se retiró de la mesa y buscó a la perrita, que dormía cómoda en la cama que le había obsequiado Raditz. La levantó intentando no despertarla, cosa que funcionó. Abrió los ojos por un segundo, pero inmediatamente, se acomodó en los brazos de su dueña, que la cargó consigo hasta una mesa reposada en la pared que contenía una libreta y una lapicera, que agarró, para luego volver a la mesa. Todos la miraban como si se hubiese ido a la Luna y regresado.

— ¿Adónde fuiste? —preguntó Raditz. La muchacha dejó la lapicera y la libreta en la mesa. Luego fue donde estaba sentado Gohan y le dio a la pequeña sin nombre.

—Cuídala—pidió mientras acariciaba dulcemente su cabello. El niño asintió. La chica fue a la cocina y trajo un recipiente hondo consigo.

El misterio continuaba en la sala. Hasta que alguien al fin alguien se decidió por explicar.

—Bien—se sentó en su asiento junto a Raditz y Tarble—. Dejemos de lado el misterio, ¿Ven el perrito que sostiene Gohan en este momento? —Señaló al infante que acariciaba tiernamente al cachorro—. Bien, no tiene nombre, y no tengo muchas ideas en este momento, así que necesito su ayuda. Voy a hacer un sorteo. Pero voy a poner una sola norma. Tiene que ser el nombre de alguna gema o piedra preciosa, o sólo una parte del nombre. Creo que casi todos saben que mi nombre es la segunda parte del nombre de la piedra semipreciosa llamada Lapislázuli, solo que Lápis significa piedra, y Lázuli azul, o paraíso en árabe. Es la única condición que establezco. Voy a pasar una hoja y la lapicera para que anoten el nombre y luego los pongan aquí—depositó el recipiente en el centro de la mesa.

Todos comenzaron a escribir lo que les parecía indicado para la pequeña criatura. Hasta Gohan participó.

Lázuli mezcló los nombres y sacó uno. Lo leyó y golpeó su cabeza con la palma de su mano.

— ¿Quién escribió Cobre? —Goku levantó la mano. Todos lo miraron sin una pizca de asombro. Era de esperarse que cometa un error— ¡Goku! ¡El cobre es un metal! ¡No una piedra preciosa! —aclaró riendo. Todos rieron con ella—. Bueno, sigamos con otro nombre—sacó otro papel y lo abrió. "Perla" —Wow, ¡Qué lindo! ¿Quién escribió Perla? —Gohan levantó tímidamente la mano. Los mayores se sorprendieron del pequeño niño, tan listo. Aún más listo que su padre—. Definitivamente se queda, ¡Es hermoso!

—Di los demás, queremos saber que pusieron los otros—opinó Milk.

—Está bien—Laz abrió el primer papel—Rubí, ¿Quién lo escribió? —Tarble levantó la mano—. No hubiese sido un mal nombre—felicitó, mientras sacaba otro papel—Amatista, ¿Quién fue?

—Yo—dijo Bulma orgullosa de su elección—. Si no me equivoco, se encuentra cerca del centro de la Tierra.

—En algún lado lo escuché, pero no recuerdo. Es un hermoso nombre. Pasemos al siguiente…—buscó otro papel—Bien, creo que sé quien escribió este…—dirigió la mirada al de cabello en punta— ¿El color de tus ojos para mi inocente criaturita? Ay Vegeta, no quiero que mi perra espante a las personas—rió—. Aunque el azabache siempre fue una gema con propiedades "curativas".

—Ese era el punto—soltó el pelinegro—. Aleja los males—señaló a Bulma con la cabeza, que no tardó en responder al insulto del hombre.

—Si le querías poner ese nombre a la perra, por mí estaría bien. Aquí el único mal eres tú—contraatacó la de celestes ojos. Lázuli otra vez tuvo que intervenir en la discusión.

—Oigan, al menos coinciden en algo—ambos miraron a la chica extrañados— ¡Ambos se odian! —Rió—. Bien, ¿Qué tal si dejamos de discutir por un instante y disfrutamos la velada en paz? —Sacó dos papeles más, los que quedaban— Esmeralda y Zafiro, ¿Quién dijo la primera? Puede ser o Milk o Raditz.

—Esa fui yo, es un lindo nombre para un perro. Aunque creo que los perros son una carga, nunca dejaría que mi Gohan tuviera uno, ¿Sabes cómo lo distraería de sus estudios? —la esposa del de locos cabellos expresó su sentir acerca del animal.

—Pues, yo siempre fui una buena alumna en el colegio, y desde los ocho años que tengo a mi perra—dijo Lázuli—. Nunca me distrajo ni nada por el estilo, al contrario, fue un estímulo por parte de mi madre para que sea una buena estudiante. Ahora que tengo veintitrés, quizás será un poco difícil, pero estoy segura de que Perla, será el pequeño motivo de mis sonrisas en las mañanas, que… como todos saben, cuesta mucho que Laz sonría cuando se despierta temprano—rió, exponiendo su pensar sobre las mascotas. Eso, sin duda dejó a Milk callada por un rato—Bien, así que Raditz, escogiste Zafiro. No está mal, pero definitivamente, le queda perla.

—Será para la próxima—respondió éste sonriente. La nueva "madre", observó que todos habían terminado, y sin pensarlo dos veces, fue a buscar los malvaviscos y todo lo que habían comprado con Bulma para armar el fogón. Raditz la siguió, pero ella no pudo notarlo. Así que se sorprendió al voltearse y encontrarse con éste— ¿Qué haces?

— ¡Raditz! ¡Me asustaste! —Se quejó, pero luego respondió a la pregunta de su amigo—. Estoy preparando la comida para el fogón. La cara del ex pelilargo se alteró al oír eso.

— ¡Cierto! ¡El fogón! Lo olvidé por completo—se quedó pensativo, hasta que una sonrisa cruzó sus labios— ¡Laz! ¿El cielo está despejado?

—Creo que sí.

— ¡Genial! —sonrió ahora mostrando sus dientes. Buscó la llave de su auto en el bolsillo y se dirigió a la puerta principal—. Ya regreso, no empiecen a comer el postre sin mí—la otra rió mientras el pelinegro comenzaba a salir por la puerta.

— ¡Raditz, espera! —El aludido se detuvo y la miró a los ojos, demostrando así que la escuchaba atentamente—Llévate la llave de casa—le arrojó el objeto—. No tengo ganas de abrirte, sabes que soy perezosa—ambos rieron.

—Está bien, nos vemos—y así fue como se retiró de la casa. Lázuli fue nuevamente a la mesa y obligó a los hombres a que la ayuden a prender el fogón en la playa. Bulma y Milk la ayudaron a poner las golosinas en recipientes y llevarlas a la playa. Y por supuesto, le encargó a Gohan el cuidado de la pequeña Perla, que aún yacía dormida en los brazos del niño.

El fogón comenzó a chispear serenamente, las sillas estaban perfectamente acomodadas alrededor del fuego y las golosinas reposaban sobre una mesa movible. La playa estaba vacía, y el mar emitía ése tranquilizante sonido de vaivén. Sólo faltaba que vuelva Raditz para comenzar a degustar la variedad de caramelos que las chicas compraron.

—Aungg, ¿Cuánto más se tardará Raditz? ¡Tengo hambre! —se quejó Goku.

— ¡Acabas de comer! —regañó Milk.

— ¡Pero tengo más hambre! —protestó señalando su estómago, que soltaba gritos exigiendo comida.

De pronto, se pudo escuchar cómo el hermano del de alborotado pelo ingresaba a la casa.

—Al fin llega el patán—rugió Vegeta, hambriento como su primo. El de gran estatura venía cargado de dos instrumentos. Un violín y una guitarra. Al Tarble divisar eso, preguntó exaltado:

— ¿Qué haces con mi violín?

— ¿Tocas el violín? —cuestionó Bulma asombrada.

—Así es, pero no sé qué hace él con MI violín—le lanzó una mirada que mezclaba confusión y enfado a su primo. Este, tomó el lugar que quedaba junto a Lázuli y le dio el violín a su pariente, que se ubicaba junto a él.

—Dime, si traje mi guitarra, si traje tu violín y si tenemos la hermosa voz de Laz acompañándonos—al oír el cumplido, la muchacha se sonrojó—, ¿Qué crees que podría hacer con tu violín? Lo traje para hacer música.

—No voy a cantar—afirmó Lázuli. Todos la miraron expectantes de que cambie de idea, obviamente, todos excepto Vegeta.

—Por favor, Laz—rogó Tarble.

— ¡Sí! ¡Vamos, te quiero oír! —pidió Bulma.

—Ay, Lázuli, tú cantas tan bien ¡Hazlo!... Y agradece tener la suerte de no cantar como Milk—insistió Goku.

— ¡Oye! —Se quejó su mujer.

—Vamos Lázuli, hazlo por mí—saltó Raditz con ojos suplicantes, ¿Cómo decir que no a él? Ah sí, así:

—No—mantuvo su postura. El primogénito de Bardock, se las ingenió para que su amiga cante.

—Bueno, si así lo deseas, Milk sabe perfectamente la letra de tu canción—provocó, dando en la tecla perfecta. A Lázuli Veirz, NADIE la reemplazaba.

— ¿Hablan de la canción de las estrellas? ¿La que compusieron los tres el año pasado? —cuestionó la esposa de Goku. Su cuñado asintió—. La sé de atrás para adelante—había captado las intenciones del joven, así que decidió convertirse en su cómplice. Aunque siempre pensaba que era una mala influencia para su hijo, sabía que era una buena persona, y un buen músico—. Por supuesto que la cantaré—el guitarrista se posicionó para comenzar a tocar. Sabía que Lázuli terminaría cantando. La miró antes de empezar a rasguear las cuerdas. Cruzada de brazos y con el gesto fruncido. Indicios de que ya se había enojado consigo por no haber aceptado cantar con él y Tarble. Raditz rió.

—Oye Laz—la chica lo observó con su entrecejo arrugado—, todavía tienes tiempo de cantar. Sabes que todos te oímos cantar cuando limpias las cosas en el gimnasio, y sabemos que cuando nos acercamos empiezas a cantar más bajo hasta que tu voz se apaga lentamente—todos asintieron, incluyendo a Vegeta, que amaba cuando su compañera al fin se callaba— ¡Además, compusimos esta canción juntos! ¡Soy pésimo con las letras! —El primer hijo de Vegeta, que miraba irritado la situación, interrumpió la oleada de halagos con su típico tonito agresivo/"amable".

—Agh, ¿No te das cuenta que cantas insoportablemente bien? Déjense de caprichos y canten de una maldita vez—Bulma observó al emisor de la queja extrañada, ¿Cómo podía ser capaz de decir cosas "amables"? Ese tipo era un misterio. Por otro lado, ella de verdad quería escuchar cantar a su compañera, así que la volvió a animar para que cante.

— ¡Queremos escucharte Lázuli! ¡Canta!

—Está bien—cedió, casi sonriendo.

— ¡Genial! —exclamaron Raditz y Tarble. El primero comenzó a rasguear una alegre melodía, la cual el segundo adornó con unos acordes de fondo, pero lo que de verdad hizo que la canción sea perfecta, fue la voz de Laz. No era muy grave ni muy aguda. Era bella, sonaba ajuste a la melodía y a la letra:

Isn't this such a beautiful night,

Whoa, we're underneath the thousand shining stars.

Isn't it nice to find yourself somewhere different,

Whoa, why don't you let yourself just be wherever you are.

Look at this place,

Look at your faces.

I've never seen you look like this before.

Isn't it nice to find yourself somewhere different,

Whoa, why don't you let yourself just be wherever you are.

Look at this place,

Look at your faces.

They're shining like a thousand shining stars.

Isn't it nice to find yourself somewhere different,

Whoa, why don't you let yourself just be wherever you are.

Why don't you let yourself just be somewhere different.

Whoa, why don't you let yourself just be whoever you are.

Mientras la canción sonaba, el trío musical intercambiaba miradas. Las más frecuentes eran entre Raditz y Lázuli. Gohan observaba cómo sus tíos tocaban tan bien los instrumentos. Goku y Milk se miraban como dos adolescentes enamorados y de vez en cuanto, se besaban. Bulma, por otro lado, apreciaba anonadada cómo sonaba la pequeña "banda", y no perdía de vista lo que pasaba en su entorno. Pudo ver el amor entre el hijo menor de Bardock y su esposa, las miradas que se intercambiaban Lázuli y el pelinegro alto, cómo Tarble los veía fascinado y también, en ocasiones, giraba para encontrarse con Vegeta, cruzado de brazos con una leve sonrisa ladina. En una oportunidad, éste la miró, y lo único de lo que fue capaz de hacer la de azules cabellos, fue sonrojarse y correr la mirada. Se sintió muy estúpida nuevamente.

Cuando la canción llegó a su fin, todos, menos el de cabello en punta, aplaudieron al trío.

— ¡Así se hace Laz! —Felicitó Bulma. Gohan le dio por un momento a su padre la pequeña Perla y se dirigió a su tío.

—Cuando crezca quiero tocar como tú—confesó enterneciendo a la mayoría de los presentes. El mayor depositó la guitarra sobre su estuche y cargó al pequeño sobre su regazo. Milk saltó alterada:

—No, no, no, Gohan, tú serás un gran médico reconocido en todo el país, en todo el mundo, en todo…—fue interrumpida por Lázuli, que en defensa del niño, dijo:

—Milk, esta es la edad en donde uno quiere ser todo lo que ve. No puedes decirle a tu hijo lo que va a ser cuando sea grande, porque ni siquiera él mismo lo sabe. Debes ocuparte más en que sea feliz, y no en un doctor reconocido mundialmente, ¿De qué sirven los títulos cuando la felicidad es tan escasa? Si quiere ser barrendero, y es feliz, ¡Que sea un barrendero! Si quiere tocar como su tío algún día la guitarra, o quiere ser entrenador como su padre, pero es feliz, ¡Que lo sea! ¡Nada puede impedirle la felicidad a Gohan! ¡Y eso es de lo que debe ocuparse la familia! —parece que el mensaje fue bien recibido por Milk, ya que se calló por completo. Todos estuvieron de acuerdo con la opinión de la castaña, que para romper el silencio, hizo una broma relacionada al tema—También puede tener una cara de pocos amigos que aterra, como su amado tío Vegeta y ser feliz—se escucharon carcajadas de parte de todos los jóvenes, a excepción de Vegeta, que solo sonrió aprobando la broma. Era verdad, así se sentía bien, no necesitaba nada más que sus máquinas para ser feliz.

En el transcurso de la noche, los instrumentos siguieron sonando, y las golosinas, se fueron agotando rápidamente. De pronto, alguien recordó algo muy importante…

— ¡Raditz! ¡Nos olvidamos de contarles! —Saltó Tarble alterado. El aludido notó cómo su primo exageraba sobre el tema. Todos los miraron expectantes de lo que el violinista y guitarrista les tenían que decir.

—Bien, la gran noticia, es que conseguimos poner otro gimnasio en Brownsville, antes de lo previsto—expuso el ex pelilargo orgulloso.

—Así se hace chicos, son un gran equipo—felicitó Goku.

—Raditz es muy bueno en el arte de negociar, y Tarble lo complementa con todo lo que implica números. Era de esperarse que volvieran tan pronto—dijo Lázuli, sacando sus conclusiones— ¿Por qué no lo festejamos con un poco de champagne? —invitó.

— ¡Me parece bien! —exclamó Bulma, encantada con la idea del champagne.

—Bueno, para poder hacer el brindis, los invito a que me ayuden a limpiar este desastre— soltó en un tono juguetón la castaña.

—Muy bien, ustedes tres vayan adentro a preparar las copas que nosotros nos encargamos de esto—indicó el de cabellos alborotados a las mujeres. Vegeta no pudo quejarse y tuvo que colaborar con sus primos y hermano, ya que Lázuli había preparado todo tan bien, y además tenía el coraje de ser siempre ser ella la que invitaba, y tener que soportar a los histéricos de los Saiyajin.

Milk cargó a Gohan, que ya se había quedado dormido, junto a Perla, y los llevó a la casa. Bulma y la castaña servían siete copas con una botella de champagne que la segunda guardaba en un mueble bajo el lavaplatos. Cuando terminaron, la primera comenzó a lavar los platos y la otra se dispuso a juntar el desorden de la mesa.

Cuando la esposa del hijo de Bardock, entró con su hijo en brazos, rápidamente, la dueña de casa le ofreció ponerlo en su cama. Así entonces, Lázuli cargó escaleras arriba a su "sobrino" y lo depositó en su cama. Lo arropó para que no pase frío y fue a buscar a Perla para que le haga compañía. Perfecto. Hasta que sus padres no se vayan, él podría dormir cómodamente y calentito.

Todos estaban reunidos en el living de la casa, cada uno con una copa. Raditz le tendió una a la de verdes ojos.

—Bueno, alcemos las copas en reconocimiento a estos dos grandes jóvenes, que han logrado que este gimnasio sobrepase los límites del estado de Miami, y de los Estados Unidos. Estarán siempre en nuestros corazones por esto, muchachos, ¡Por Saiya GYM! —dijo Lázuli poniendo voz de locutora y haciendo de cuenta que entregaba un Oscar o algo por el estilo. Los invitados rieron, a excepción de Vegeta, que sonrió ladinamente.

— ¡Por Saiya GYM! —brindaron los demás, para luego darle un sorbo al burbujeante brebaje. Luego del brindis, la anfitriona propuso ver una película, y al no oír negación de nadie, hizo que todos se pusieran cómodos en los sillones y puso una película que no sea empalagosa para los hombres y no sea muy violenta para las mujeres.

Los lugares en los sillones eran los siguientes: Milk y Goku en un sillón de dos cuerpos; Vegeta y Bulma en uno igual y por otro lado, Tarble, Lázuli y Raditz, ocupaban el más grande.

—Oigan, Tarble, Laz, vengan aquí—pidió el ex pelilargo agarrando su celular y posicionándolo para tomar una foto—. Es hora de cambiar la foto de perfil de Whatsapp—dijo. Los ojos de la chica, que se encontraba en medio de los muchachos, brillaron, y en su mente, no pudo evitar decir: "Lázuli 100, Ágatha 0". El alto tomó la foto y Rápidamente la colocó como perfil en la red social susodicha.

Mientras tanto, Bulma y Vegeta no sabían cómo disimular la incomodidad que les causaba estar próximo al otro. El de cabello en punta demandaba lugar en el sofá y le propiciaba coletazos a la mujer, que se los devolvía molesta. Eso duró hasta que ambos fueron tratando de seguir con detalle la película, para luego dormirse.

No fueron los únicos. Milk posó su cabeza sobre el regazo de su esposo y cayó en un profundo sueño. Goku se acomodó sobre el apoyabrazos del mueble y siguió a su mujer. Con su brazo izquierdo, Lázuli acogía al menor de los Saiyajin, formando una almohada con éste, mientras que ella, era abrazada por los musculosos brazos del guitarrista. Lo que nos queda saber es cómo se durmieron los "quejumbrosos del sillón de la esquina", como les había dicho Raditz en una de las tantas veces que se empujaban.

El primero en dormirse, fue el de piel broncínea, que se aburrió completamente con la película y optó por cerrar el capítulo del día. Por otro lado, la neoyorquina, intentó seguir la película, pero los párpados le pesaban, así que se durmió. Ya sumida en un profundo sueño, en busca de comodidad, se posó en el hombro del hombre dormido a su lado, que siguió durmiendo con su ceño fruncido. Ni dormido dejaba de estar enfadado.

Nota de Autora: Bien, la canción que canta Lázuli, le pertenece a Rebecca Sugar (Creadora de Steven Universe :3) Y la traducción es la siguiente:

Esta es una... ¿Hermosa noche?,
Whoa, bajo el brillo de miles de estrellas.
¿No es genial estar en un lugar diferente?,
Whoa ¿Por qué no disfrutar en donde quiera que estén?.

Vean este lugar,
Observen sus ca...ras.
Nunca los había visto así.
¿No es genial estar en un lugar diferente?,

Whoa ¿Por qué no disfrutar en donde quiera que estén?.
Miren este lugar,
Miren sus caras.
Brillan como miles de estrellas.

¿No es genial estar en un lugar diferente?,
Whoa ¿Por qué no disfrutar en donde quiera que estén?.
¿Por qué no disfrutar de un lugar diferente?.
Whoa ¿Por qué no disfrutar en donde quiera que estén?

Bueno... Laditz Rázuli a full, pero les juro, que cuando logre juntar a esos dos, Vegeta y Bulma van a progresar mucho 7u7, pero, ¿Qué pasará en el mientras tanto? Ahora, esta gente bonita tiene que despertarse, y hay que recordar, que los domingos se almuerza en la casa de Bardock y Gine. ¿Cómo reaccionará la todavía no pareja al descubrir en qué pose se durmieron? Tendrán que esperar el capítulo VI!

¡AGUANTE STEVEN UNIVERSE! (?