Disclaimer— Lovely Complex no me pertenece, es propiedad de Aya Nakahara.

Nota Como verán, no, no me pude resistir a publicar este capítulo, lo tenía listo desde hace, ¿cuánto? ¿más de un año? Y hoy tuve la oportunidad de editarlo y "amononarlo" para compartirlo con ustedes. Se suponía que debía actualizar la próxima semana, pero, ¡vamos! es lo menos que puedo hacer después de dos años de hiatus. Sin más que decir, les deseo una excelente semana y, lo "más importante"...

¡Buena lectura!


Momentos

Capítulo III — ¿El último espectáculo de All Hanshin Kyoujin?


La verdad, nadie nunca esperó que el famoso dueto cómico de la preparatoria acabara por convertirse pareja.

Las constantes peleas en los que ambos eran protagonistas terminaban por ser una burla para los demás estudiantes que los veían. Batallas que usualmente llegaban hasta los golpes — no violentos, claro está — eran simplemente un espectáculo para los ojos ajenos.

Resultaba gracioso imaginar una relación así de dispareja. El chico, teniendo que pararse de cuclillas para besar a la chica, mientras ésta debía de agacharse para poder alcanzar su altura. Y ni hablar de lo parecidamente incompatibles que eran sus personalidades: extrovertidos, sin una pizca de vergüenza, algo vagos, espontáneos, podría decirse que incluso invencibles.

Poco a poco, la escuela (o todo el mundo, en realidad) comenzó a enterarse del intenso enamoramiento de la gigante por el enano, el cual no parecía tener idea de lo que sucedía a su alrededor. Las miradas sigilosas, pero perceptibles, los intentos de acercamiento que quedaban en prácticamente nada, y el goce casi mágico cada vez que peleaban eran cosas que una mente tan inocente o imbécil no podía comprender. Bueno, todos iban por la segunda opción: era un imbécil.

Al cabo de los años, la relación de ambos se volvió más y más estrecha, hasta el punto en que se hacían apuestas ilegales sobre cuándo comenzarían a salir, o mejor, volverse novios formales.

— ¡Yo digo un mes! —gritaba uno.

— No, no, ¡veinte días! — exclamaba otro.

Y una persona como Nobuko jamás desperdiciaría una oportunidad así.

— ¡Vamos chicos, hagan sus apuestas! ¿alguien dijo dos meses?

— ¡Yo! — y todos chillaban, extendiéndole billetes a la inteligente muchacha.

— Qué vergüenza Nobu-chan, ¡apostando así a espaldas de tu mejor amiga! — a veces la reprendía su novio, fingiendo un drama.

— ¡Qué va, ganaré un dineral! — solía responder ésta.

Después de algo más de una semana, terminó sucediendo. Al parecer, nadie había apostado al día exacto, por lo que la chica de cabellera castaña pudo obtener todo el dinero como ganancia.

El tiempo continuaba pasando, y el dueto cómico-romántico, pasaba y superaba problemas, almacenaba nuevos recuerdos, inclusive nuevos sentimientos; claro, sin perder nunca el toque único y sin igual de humor que tanto los caracterizaba.

El día en que se realizó la boda de Maity, Otani Atsushi pudo notar por sí solo algo que Koizumi Risa había guardado en su corazón hacía mucho tiempo. Lo vio, cuando ésta intentó con todas sus fuerzas atrapar el ramo de flores que lanzó la novia de su profesor, Jody. También, por la incomodidad extremadamente notoria que presentó cuando supo que tendrían que dormir en la misma cama.

— ¡Ahah! No es nada, ¡pero por favor, que el tren del escándalo no abandone su estación! — no tenía idea de dónde había venido esa acotación, antesala de la huída de la pelirroja. Terminó por dejarlo pasar.

Pero aquella noche, mientras él hacía como que dormía, Otani ató los cabos sueltos que le carcomían la cabeza.

Primero: Risa quería casarse con él.

Segundo: Quería llegar virgen al matrimonio.

Tercero: Hasta un idiota se daría cuenta de las dos cosas mencionadas anteriormente.

— ¡Te amo, Otani! — susurró en su oído, antes de darle un beso en la mejilla.

— Yo te amo más, idiota gigantona — pensó.

Desde entonces, el muchacho había estado planeando estrictamente el panorama para los siguientes días. La graduación estaba a la vuelta de la esquina, y el tiempo corría a contrarreloj.

Tenía que admitir que desde hace un periodo atrás que él pensaba en su futuro con la pelirroja. Y, vamos, la idea de tener a un par de piececitos destruyendo todo a su paso era bastante tentadora.

Mas las estadísticas estaban en su contra. ¿Quién le pediría matrimonio a su novia antes de terminar la preparatoria?

Él. Él lo haría.

— ¡Anda ya! ¿en serio? — exclamó Nakao.

— ¡¿Por qué todos dicen eso cuando no me creen?! — lloriqueó.

— Cari, tienes que admitir que es una excelente idea — asintió con vehemencia Nobuko —, además, no tienen que casarse inmediatamente, ¡puede ser tu prometida durante años! Sería tan romántico, vivir una vida de pareja, en una misma casa, ¡estudiando juntos y demases!

— ¡Ugh! — el chico se tapó los oídos con las manos, sonrojado a más no poder —, ¡no escucho, no escucho! ¡qué desagradable sois!

— Cómo si no te agradece la idea ~ — sonrieron ambos al unísono.

— ¡En fin! — los hizo callar —, ¿van a ayudarme o no?

— ¡Por supuesto! ¡también Suzuki y Chiharu nos ayudarán!

— Pero ni se les ocurra decirle al idiota de Haruka, ¡porque seguro que arruinará la sorpresa! — en ese momento, Risa entró al salón con una sonrisa adormilada, y saludó a todos con un gesto de cabeza —, ¡ni una palabra!

Y abandonó el cuarto, dando pasos agigantados, tratando también de calmar su sonrojo. Los alumnos que estaban en el pasillo a su alrededor susurraban palabras conforme pasaba a su lado.

— ¿Qué le pasa al imbécil? — preguntó Risa alzando una ceja.

— ¡Nadaaaa~! — exclamaron los demás, también dándose a la fuga.

La muchacha no pudo hacer nada más que reír ante las acciones de sus amigos. No tenía idea de qué sucedía, y la curiosidad la carcomía por dentro, pero probablemente tendría la oportunidad de preguntarle a Otani en otro momento.

Los días seguían su curso normal, hasta que llegó el penúltimo día de clases. El pelinaranja tenía todo absolutamente planeado para que nada saliera mal. Sus compañeros de salón, incluso su profesor sabían sobre lo que se tenía planeado.

Respiró hondo. Una, dos, tres veces. El sudor se acumulaba en su frente y sentía como si quisiera dormir para siempre. ¡No! No podía desmayarse en un momento como éste. Sólo debía esperar a que ella llegara, todo sería como siempre. Se sentaría a su lado, bromearían y la clase comenzaría. A casi la mitad de ésta, tendría su oportunidad.

Dios, ojalá la idiota no se quedara dormida.

— Sonríe — guiñó Nobuko. Risa había llegado.

Éste hizo caso al consejo de la castaña, y dio una de las sonrisas más sinceras que jamás alguien le había visto. Suspiró. Podría, ¡claro que podría!

— Buenos días, Otani — le saludó.

— Buen día — se limitó a responder, nervioso.

Justo en ese momento, Maity entró al salón, con una libreta negra aterciopelada bajo el hombro, casi tan parecida a la bella cajita que resguardaba su anillo de compromiso.

— Buenos días, clase, ¿qué tal si iniciamos? — sonrió a sus espectadores, los cuales, risueños, lanzaban miradas furtivas a la pareja. El profesor los calmaba con gestos de dedo —, bien, ¿quién quiere traducir el texto de la clase anterior?

Pasados algunos minutos, Otani dejó de prestar atención al discurso de Maity. Se desconectó absolutamente del mundo, sólo pensando en cómo serían las cosas desde ahora en adelante. Habían muchas posibilidades, pero la que más le preocupaba era ser rechazado. Tajantemente. ¿Existiría algo más cruel, patético y humillante que eso? Sin duda, ser abandonado en el altar. Pero acomplejarse por ello sería demasiado lejano.

— ¡Ey, idiota! ¡Maity está llamándote al pizarrón! — Risa sacudió su hombro, espabilándolo.

— Atsushi-kun, ¿podrías pasar adelante a traducir esta oración? — señaló la tiza que tenía en las manos. Los murmullos comenzaron a escucharse alrededor de toda la sala.

"Do you want to marry me?" recitaba la oración. Tenía la ventaja de que Koizumi fuera un verdadero asco en inglés. Respiró hondo, una bocanada rápida y para nada glamorosa. Ahora o nunca...¡o quizás en un par de miles de años!

¡NO! No podía rendirse ahora, no después de todos los problemas que le causó a todo el mundo. Ya había sido demasiado egoísta.

Tomó la tiza y la reposó en el pizarrón. Escribió la traducción con una caligrafía casi inentendible. Se volteó, encarando a toda la clase, que la miraba expectante. La única mirada que le importaba en estos momentos era la de su amada, ¡ah! Su amada novia.

Se agachó frente al pupitre de ella, tragándose todo el arrepentimiento post-"parto de discurso", quien tenía una expresión de sorpresa pura en el rostro. Sacó de su bolsillo la cajita negra, suave al tacto y a la vista. La abrió, dejando a la vista de todos un precioso anillo de plata, con una redonda piedra de esmeralda brillante reposando en la punta y varias piedritas de diamantes adornándola alrededor. Varias de las chicas de su clase suspiraron al verlo.

— Koi—...Risa — comenzó, tosiendo un poco —, sé que nunca he sido el mejor novio; ni siquiera le mejor persona. Ambos hemos tenido que soportar durante todos estos años de amistad, durante todos estos meses de relación los complejos del otro. Ahora — titubeó —, ahora todo eso no importa. Yo alguna vez dije que jamás saldría con alguien más alto que yo, pero creo que la vida tenía preparada otra cosa para mí... Esa cosa eres tú, y eres lo mejor que me ha sucedido. He entendido cosas que normalmente jamás me cuestionaría... — rió, nervioso, sintiendo como la voz se le quebraba —, no podría mentirte, menos en un momento como este. Todos los días me enamoro más de ti, de tu sonrisa, de tu persistencia. Y creo que tienes más que claro que yo jamás te cambiaría por nada. Después de que te conocí, mi frase favorita cobró sentido: "Lo esencial es invisible a los ojos"; no importa lo que diga la demás gente, ni que tan diferentes seamos por fuera, lo que importa es que tenemos un sentimiento verdadero. Real.

La miró a los ojos, los de ella reposaban, llorosos, sobre su rostro. Todo el miedo desapareció al ver la felicidad que expresaba en cada gesto que lograba hacer.

— Por todo esto... y muchas cosas que sólo diez minutos de la clase no alcanzarían para nombrarlas, quiero que hoy, en el lugar donde tuvimos la oportunidad de conocernos y que en mi vida olvidaré, aceptes ser mi esposa. Prometo darte felicidad, y siempre caminar a tu lado.

La pelirroja enmudeció, shockeada y conmovida por todo lo que acababa de ocurrir. Sonreía, embobada.

Los minutos pasaban, y la clase comenzaba a cuestionarse si el chico sería rechazado. Éste no bajaba la mirada, seguía esperándola con esperanzas eternas.

Desde el otro lado del salón, llegó un puñetazo justo en la espalda de la chica.

— ¡RESPÓNDELE DE UNA VEZ, MALDITA SEA! — gritó Nobuko sin una pizca de sutileza.

En cualquier caso, ese era el "empujón" que necesitaba. Ella asintió, dándole un beso en los labios. Éste enrojeció, correspondiendo el tierno y dulce beso. Tomó su mano, y colocó el anillo en el dedo anular de su mano izquierda, el cual estaba conectado directamente con su corazón.

— ¡Aplausos para la feliz pareja! — exclamó alguien, y toda la clase aplaudió, juntándose alrededor de los, ahora, prometidos. Todos los abrazaron, formando una gran bola de gente.

— ¡Estáis aplastándome! — gritó el bajito, quedando al centro y fondo del círculo, sin posibilidad aparente de respirar.

— ¡No seas nena! — respondió de vuelta la más alta, provocando risas del resto.

Si cualquier persona preguntara si aquella pareja dispareja terminaría comprometiéndose, la mayoría respondería que no. Mas, no es como si la opinión del resto contara, ¿no es así?

— Atsushi, te amo.

— Y yo a ti, Risa.

...

¿Continuará..?


Si habéis llegado hasta aquí, ¡muchas gracias, tengan una galletita! ¿qué tal estuvo éste capítulo? ¿les gustaría que continuara, tal vez, con un mini "long-fic" dentro de esta colección? ;) ¡reviews, opiniones, sugerencias, críticas y tomatazos son bien recibidos!