«I will always return»

Personajes de Hajime Isayama.

Summary:
Eren es un titan cambiante que vive en el bosque. El pueblo de Shiganshina le teme, así que proponen otorgarle un sacrificio con la condición de que se marche de las tierras y nunca regrese. Mikasa es una niña del pueblo que es ofrecida como el sacrificio. Cuando es abandonada en el bosque, en lugar de encontrar una bestia abominable, encuentra a un muchacho solitario. Eremika. AU.


#Notasquetodosaman(?):

¡Actualiseishon!


—o—

Shiganshina era un pueblo fuerte, saludable, democrático. Su gente era alegre y productiva. En Shiganshina no existían los holgazanes. Los asesinos pagaban sus castigos, los panaderos ganaban un sueldo considerable y los niños podían quedarse despiertos hasta altas horas de la noche vagando por las calles de la ciudad, sin temer ningún tipo de peligro.

Shiganshina era una ciudad numerosa. Su gente conocía todo de todos. La madre de Jean era muy chismosa, siempre con su nariz pegada al vidrio de su ventana atenta a cualquier escándalo que pudiera formarse en las calles frente a su panadería. Devi, la mujer que llevaba a cabo la tienda de Alquimia, oía rumores y los utilizaba para su propio beneficio, llevando su música de una esquina a otra como un pequeño pajarillo.

La gente de Shiganshina sabía todo de todos. Pero aquella tarde había algo que la multitud ignoraba. Un silencio que no era tan silencioso, una niña que derramaba lágrimas encerrada en su habitación.

Aquella tarde, toda la ciudad ignoró el lamento de Mikasa Ackerman, la niña titán.

La joven mantenía sus ojos levemente cerrados, evitando hacer presión con sus párpados. Tan solo había bastado una vez, una sola vez en la cual se miró al espejo para decidir no volver a hacerlo durante un largo período de tiempo. Sus ojos se sentían tan hinchados y oscuros como dos ciruelas. No podía mantenerlos abiertos sin sentir dolor, un terrible ardor que a pesar de las horas que pasaban, no se detenía.

Durante toda la extensa noche que tuvo por delante no pudo dormir. Su espalda se sentía adolorida, ni siquiera se había quitado la ropa para ver sus lastimaduras, no era necesario. Tampoco se había tomado la molesta de curarse, nada parecía importar en ese momento. Así que se sentó frente a su ventana, su cabeza reposada contra los marcos y cerró los ojos, sintiendo la brisa golpear su cara, un débil intento de calmar el dolor que sentía.

Y tenía sueño. Mucho sueño. Pero no quería dormir. No deseaba mantener la guardia baja. Kenny podía entrar en cualquier momento para buscar más. Nunca tenía suficiente.

¡Y será mejor que tengas cuidado conmigo, mocosa de mierda! ¡Nada te asegura que no entraré a tu habitación a desfigurarte la cara otra vez!

No era la primera vez que Kenny se desquitaba físicamente con ella. Pero esa noche fue demasiado. No sabía del todo si era por su estado de ebriedad, o por la furia que sintió al notar que faltaba gran parte de su dinero en la habitación. Mikasa no comprendía los motivos, pero sí podía asegurar que esa vez fue demasiado lejos.

Sus labios estaban lastimados. Sus manos, sus uñas, su espalda y hasta su cuero cabelludo aún dolía por la manera agresiva en la que Kenny la tomó de los cabellos, jalándola de un lado a otro. Mikasa intentó defenderse con todo su corazón, pero fue inútil. Aquella era su triste realidad y por más que intentara cambiarla, todo transcurriría en la misma dirección, como hace trece años.

Ahora solo había una pregunta que rondaba su mente, una pregunta a la cual aún no le encontraba ninguna respuesta. ¿Qué haría ahora? ¿Seguiría conviviendo normalmente con ese hombre bajo el mismo techo, pretendiendo que no había sucedido nada? ¿Seguiría haciéndole los mandados, preparando su comida y limpiando su casa?

¿Seguiría actuando como la sobrina abnegada que vivía para complacer las necesidades nefastas de su pariente?

Mikasa sabía que no podía quedarse de brazos cruzados al respecto. Tenía que hacer algo, encontrar la manera de defenderse y poder valerse por sí misma. Si bien era cierto que su plan inicial era esperar a tener dieciocho años para ser mayor de edad, poder largarse de esa maldita casa y no volver a convivir con su tío nunca, eso no le aseguraba que realmente fuera a funcionar. Además, no sabía si estaría dispuesta a soportar otra golpiza como esa hasta cumplir la mayoría de edad. Nadie tenía que atravesar algo como eso jamás.

Pero, ¿qué haría entonces? Mikasa no tenía a nadie a quien recurrir, nadie a quien pedirle ayuda y no deseaba involucrar otras personas en el conflicto, podría salir mal y Kenny terminaría desquitándose con ella otra vez.

Mikasa dejó escapar un pesado suspiro y abrió un poco los ojos, haciendo una mueca por el dolor, cuando algo en lo bajo de su jardín le hizo prestar más atención. Al principio no pudo identificar qué era, tal vez por la hinchazón de sus ojos y su imposibilidad de poder ver bien teniendo los párpados tan unidos. Se acercó más a la ventana, haciendo un esfuerzo, y soltó un jadeo ante semejante sorpresa.

—¡Armin!

El zorro correteaba en círculos de un lado a otro, gimiendo con ese sonido tan peculiar muy propio de él. Mikasa se alarmó. Era peligroso que atravesara el bosque solo para ir hacia allí, ¿cómo había encontrado su casa? ¿Tal vez Eren se hallaba en peligro y Armin había acudido en su ayuda? No podía dejar a Armin ahí solo, si alguien más lo veía… los zorros eran costosos en Shiganshina, todos los cazadores deseaban su pelaje.

Mikasa consideró la posibilidad de descender por la ventana, pero el dolor en su cuerpo era demasiado molesto. No quería tener un desliz, caer, y terminar con más golpes de los que ya cargaba encima. Cogió un abrigo de lana color rojo y lo complementó con su bufanda, enrollándola alrededor de su rostro evitando así que gran parte de sus moretones quedaran al descubierto, aunque a decir verdad, era imposible ocultarlos del todo.

Con temor, Mikasa abrió la puerta de su habitación cuidadosamente. Atravesó el pasillo y bajó las escaleras con cautela, intentando no hacer ruido. No había señales de Kenny, eso era bueno. Abrió la puerta y abandonó la casa para corretear hacia el jardín, donde el zorro la esperaba fielmente como si supiera que Mikasa había acudido a su encuentro.

Armin pareció emocionado de verla, corrió hacia ella y movió su cola sin cesar, gimiendo constantemente. Mikasa se agachó como pudo para sostenerlo en sus brazos, Armin no dejaba de moverse de un lado a otro.

—¿Qué haces aquí, Armin? —Preguntó, más para sí misma que para el zorro—. ¿Está todo bien?

Armin gimió de nuevo, como si intentara hablarle en su propio idioma. Mikasa descubrió que alrededor de su cuello había un pañuelo verde. Seguramente Eren se lo había puesto, y llevaba la ropa que Mikasa le compró, le quedaba muy bien. Pero eso no fue lo que llamó su atención. Dentro del pañuelo verde encontró un trozo de pergamino enrolladlo fuertemente. Mikasa lo quitó con curiosidad y descubrió que era una nota de Eren. Las letras estaban escritas con el jugo de unas moras rojas.

"¿Vendrás esta noche?"

No había nada que Mikasa deseara más que ir al bosque. Introducirse entre sus laberintos y desaparecer, dejando Shiganshina atrás. Pero no sabía si estaba preparada para ir a ver a Eren así, como se encontraba, golpeada y lastimada por todas partes. Sentía vergüenza de que él la viera de esa manera, tan débil y estúpida. Eren la regañaría por ello, estaba segura, y en aquél momento no deseaba oír las quejas de nadie más. Pero tenía muchas ganas de verlo. No podía permanecer encerrada dentro de esa casa durante todo el día. Además, Mikasa le había prometido que siempre regresaría. Ni un día más, ni un día menos. No quería romper esa promesa.

Suspiró, frustrada. Kenny no parecía estar en la casa y Armin se hallaba frente a ella con una nota impaciente de Eren. Contemplando el panorama, tal vez no tendría que esperar hasta que anocheciera para hacerle una visita. Mikasa guardó la nota y acarició a Armin en la cabeza.

—Vamos con Eren, ¿sí?

La criatura comprendió al instante sus palabras. Se echó a correr hacia el bosque, camuflándose a la perfección entre los arbustos pero deteniéndose ocasionalmente para convertirse en el guía de Mikasa, esperando por ella como un caballero. Ahora comprendía por qué Eren decía que Armin era muy inteligente.

El camino fue más rápido de lo que Mikasa habría deseado. Sus párpados querían cerrarse del sueño que tenía, probablemente llevaba ojeras pero a causa de sus golpes éstas a penas se verían. Ocultó un poco su rostro con la bufanda, un acto demasiado pobre del cual se arrepintió después, su bufanda caía hacia abajo y era algo imposible de ocultar.

Armin la arrastró hacia la cabaña de Eren y cuando al fin llegaron, éste salió de dentro de ella bastante animado, había escuchado sus pasos y los gemidos exagerados de Armin, anunciándole la llegada de una invitada especial.

—Mika-

Eren detuvo su eufórico saludo —no esperaba que lo visitara tan temprano— cuando la observó allí parada, quieta como una estatua, mientras de su bufanda desarreglada emergían moretones y lastimaduras demasiado rojas para su gusto. Sus ojos hinchados y negros, uno de ellos tan rojo por dentro que parecía sangrar. Su boca también estaba lastimada al igual que las comisuras de su frente, su cuello también tenía marcas.

—M-Mikasa… —Eren se acercó hacia ella pero la niña evitaba todo contacto visual—. ¿Q-Qué te pasó?

Eren estiró su mano para quitar lentamente la bufanda, pero Mikasa lo detuvo débilmente, su voz demasiado rota mientras murmuraba un débil no. Él ignoró sus súplicas y quitó la bufanda, inspeccionando sus heridas con mejor claridad. Repentinamente una ira asesina le hizo hervir la sangre, frunció el ceño con fuerza.

—¿Quién te hizo esto?

Mikasa miró al suelo, avergonzada. No respondió, dejando que Eren pudiera adivinar el resto. Y lo hizo antes de lo esperado. Mikasa le había comentado cuan terrible era su tío cuando se enfadaba bajo los efectos del alcohol y por ningún instante dudó en que él había sido el causante de sus heridas. Gruñó, molesto, y la tomó débilmente de la mano para jalarla hacia la cabaña.

—Ven, vamos a curarte.

—N-No, Eren…

Él la miró de mala gana.

—¿Eres tonta o qué? Si no lo curas se va a infectar. Apresúrate, camina.

Rendida y sin protestar, Mikasa se dejó llevar hacia la cabaña donde Eren la sentó en su pequeña cama. Internamente se alegró de ver que llevaba el suéter que le compró. Eren caminó de aquí hacia allá, recogiendo un millón de cosas. Cuencos de agua, trapos y muchas mezclas raras que Mikasa no había notado la última vez que estuvo en la cabaña.

Eren regresó hacia ella con todos sus utensilios y tomó asiento frente a Mikasa. Armin también se les uñó, la niña pudo sentir su lengua lamer la punta de sus dedos en un acto reconfortante. Sabía que era algo absurdo, que solo se hallaba frente a la compañía de un niño que conocía hacía poco más de una semana y un zorro salvaje, pero Mikasa nunca se había sentido tan acompañada como en ese instante. Un niño que le había brindado su ayuda sin pedir nada a cambio, cuando su propio tío la despreciaba constantemente.

Eren apartó el cabello negro de Mikasa con delicadeza, tenerlo tan cerca de su rostro causaron que aguantara la respiración de manera patética. Eren tomó uno de los paños y lo mojó en agua fría, luego comenzó a limpiar el ojo de Mikasa, al igual que el resto de sus heridas sobre su rostro. Podía notar que el paño abandonaba su piel con grandes rastros de sangre medio-seca. La pegajosidad poco a poco en su ojo comenzó a desaparecer y gracias al cielo pudo abrirlo un poco mejor.

Eren permanecía tan serio como una roca, demasiado concentrado en su labor. Mikasa no disimuló ni un poco la manera en que decidió contemplarlo. No lo había tenido tan cerca de ella antes. Observó sus ojos, sorprendiéndose al notar cuan verdes eran, tan verdes como una esmeralda, era como si hubiera encontrado dos piedras y las hubiera incrustado en sus ojos a la fuerza. Jean tenía ojos claros al igual que el Sargento Levi e incluso su tío Kenny. Pero cargaban consigo otras tonalidades. Los ojos de Eren eran verde puro. Los ojos más exóticos y hermosos que Mikasa había visto jamás.

Sus pestañas eran abundantes también al igual que sus cejas prominentes. Su cabello rebelde que nunca parecía estar peinado, cada día lucía más y más largo. Su quijada pronunciada, poco a poco parecía abandonar la niñez adentrándose en una madurez que hacían al estómago de Mikasa estremecerse y comenzar a verlo con otros ojos. Tenía un lunar en el cuello, pequeño y oscuro. Y aunque ahora se veía serio y ligeramente malhumorado, su sonrisa era una de las más brillantes que Mikasa había visto antes.

Y estaba tomándose la molestia de curarla. Sanando heridas que Mikasa se había buscado por sí sola al no encontrar la valentía suficiente para abandonar esa maldita casa y buscar ayuda. No merecía semejante amabilidad de su parte. Él vivía solo, tranquilo, y Mikasa había llegado para interrumpir su pacífica vida.

—No tienes que hacer esto —susurró en voz baja.

Eren no la miró a los ojos en ningún momento. Cogió una mezcla pastosa de color amarillo con los dedos.

—Gira el rostro hacia la derecha —ordenó, sosteniendo su mentón delicadamente para moverlo a la fuerza.

Con sus dedos trazó pequeñas caricias sobre la comisura de sus labios, sus párpados, su frente, sobre cada una de las lastimaduras de su cara. Al terminar, le pidió que le entregara su mano —la cual también estaba lastimada— y cogió de un cuenco una mezcla húmeda de hojas con otras hierbas. Comenzó a cubrir las lastimaduras con las hojas, presionando suavemente los moretones. La mezcla se sentía fría contra su piel. Mikasa observó los largos y delgados dedos de Eren acariciar su piel magullada, produciéndole cosquillas en todo el cuerpo. Incluso si era un niño temperamental y complicado, sus manos eran tan tiernas como imaginó serían las de su propia madre.

Mikasa supo que, incluso si ella no lo hubiera ayudado, él sí estaría haciéndolo de todas maneras.

—Una tarde, cuando era más pequeño, me pasé una hora persiguiendo el arco iris —dijo Eren de repente, sin mirarla, mientras curaba las heridas de su mano—. Me perdí en este mismo bosque. Mi padre dijo que iría a recolectar algunas frutas y aproveché la oportunidad para explorar. Yo estaba convencido de que podía atraparlo. Creía ver el sitio donde tocaba el suelo.

Mikasa lo observó con curiosidad, sorprendida de su repentino relato.

Eren continuó.

—Como no tuve suerte en mi búsqueda decidí regresar porque asumí que mi padre estaría preocupado por mí, buscándome. Pero no fue así. Al regresar no lo hallé por ningún lado, entonces supe que se había marchado. Podría haberlo buscado, haber recorrido el mundo entero para encontrarlo de nuevo pero no lo hice. Tomé una decisión, decidí quedarme aquí y proteger la ciudad, el bosque. Tomé una decisión y a veces me arrepiento de ella. Los huesos se saldan, Mikasa —dijo, tocando suavemente sus heridas—. El arrepentimiento perdura para siempre. Mis mayores éxitos fueron producto de decisiones que tomé cuando dejé de pensar e hice sencillamente lo que me parecía correcto. Creo que tú deberías hacer lo mismo con tu tío.

La niña no notó que lloraba hasta que una lágrima se descendió patéticamente por su mejilla, avergonzándose nuevamente de su debilidad. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser así de débil? ¿Por qué no podía tomar una maldita decisión? Hacer lo correcto… ¿qué era lo correcto en una situación como esa?

Mikasa asintió en silencio, sollozando con la cabeza gacha, dándole la razón a cada una de sus palabras. Él notó su cambio de humor y dejó de sostener su mano para curarla, ahora simplemente la mantenía aferrada a la suya en un gesto reconfortante, un gesto que Mikasa no había recibido de nadie, un gesto que escasas veces Jean se había permitido demostrar. Ella se sobó la nariz sin ponerle fin a sus lágrimas.

—Gracias por ser mi amigo…

Eren no pareció dispuesto a esperar más. Se inclinó hacia Mikasa y la abrazó suavemente, intentando no ser brusco para lastimar sus heridas aún más, pero Mikasa se aferró a él con todo su corazón. Las heridas dentro de su pecho eran más dolorosas que un simple moretón en el ojo. Pudo sentir su mano acariciar su cabello una y otra vez, su corazón latir contra su pecho, infundiéndole vida, una esperanza. Por primera vez en mucho tiempo Mikasa había encontrado su verdadero hogar.

Eren era su hogar.

—Quédate a dormir aquí por un rato. Yo te cuidaré.

Y así fue. Eren la dejó acostarse en su cama y Mikasa finalmente pudo cerrar sus ojos para dormir. Armin se había quedado a su lado, acurrucado junto a su espalda proporcionándole un perfecto calor, sintiendo su pequeño corazón latir contra su piel, una perfecta canción para ayudarla a dormir. Eren se marchó de la cabaña para recolectar frutas y algunas cosas para comer. Antes de quedarse dormida, Mikasa prometió a sí misma prepararle más postres y verdadera comida para que pudiera cargar consigo esa increíble energía que en ese efímero instante Mikasa había adoptado como suya, atribuyéndose de una valentía que no conocía.

Las horas pasaron y Mikasa volvió a soñar lo mismo otra vez. Inmensas murallas de cemento rodeando infinitas extensiones de tierra, a pocos metros resplandecía Shiganshina, oyendo el crujir de dientes de los niños al contemplar un millón de titanes penetrar las murallas, rompiéndolas, mientras se adentraban en el pueblo y comenzaban a devorar a las personas, una por una, hasta que no quedó nada.

Mikasa despertó agitada y sudando, desorientada pero menos adolorida, para su suerte. Observó de reojo la habitación, vacía excepto por Armin quien ya había despertado. Aún era de día, eso era bueno. No quería regresar tan tarde a casa. Se levantó de la cama dejando las mantas a un lado y buscó a Eren, el niño se hallaba junto a la puerta de la cabaña guardando una gran cantidad de manzanas dentro de una canasta. Se incorporó al verla.

—Ah, ya despertaste. Dormiste un buen rato.

Mikasa se acomodó la bufanda alrededor del cuello con más firmeza. Hacía frío.

—Será mejor que regrese antes que anochezca —dijo, observando el sol a lo lejos aún en todo su esplendor—. Volveré mañana. Te traeré algo nuevo de comer.

Eren se acercó a ella con una mueca extraña, rodando los ojos.

—No tienes que-

—¿Has probado bombones de frambuesas? —preguntó, interrumpiéndole.

—¿Qué? —Eren lucía confundido.

Mikasa sonrió aún más, su rostro ya no se sentía tan tirante.

—No se diga más —Mikasa terminó la conversación y se acercó a él, tanto, que Eren se ruborizó un poco por su confianza—. Hasta mañana.

La niña se inclinó hacia su amigo y depositó un delicado besito en su mejilla, luego de eso abandonó el bosque en silencio dejando a un Eren ruborizado y con temor a sufrir otro infarto más.

Mikasa se escabulló por cuidado junto a los arbustos que le ayudaban a camuflarse para poder regresar hacia la ciudad sin ser descubierta. Incluso si aún se sentía mejor gracias a las delicadas atenciones de Eren, su espalda y piernas dolían y era incómodo inclinarse para caminar; agradeció llegar al pueblo lo antes posible. Aún era de día y creyó que sería buena idea pasar por el mercado —incluso así, con su rostro lastimado e hinchado— para comprar chocolate y frambuesas, la idea de cocinar para Eren la alegraban de sobre manera, incluso si ese había sido un día muy gris.

Acomodó mejor la bufanda en torno a su boca y caminó por el pueblo tranquilamente, sintiendo las molestas miradas de los ciudadanos al encontrarse con una niña golpeada caminando por la ciudad, pero para ellos no era tan alarmante. El pueblo entero estaba al tanto de que a Kenny a veces se le iba un poco la mano con su sobrina, no era extraño que Mikasa Ackerman tuviera que cargar con la ira de su tío. Sin embargo, detestaba que la observaran con tanta lástima.

Antes de pasar por algún mercado —gracias al cielo cargaba algo de dinero consigo— se dirigió hacia Cura de la Arpía con la intención de pedirle un gran favor a Devi. Sabía que era arriesgado, si su tío se enteraba de lo que estaba a punto de hacer Mikasa correría un gran riesgo, pero era algo que tenía que hacer. Y luego de escuchar todo lo que Eren tuvo para decir, era hora de tomar decisiones. Fueran buenas o malas, Mikasa debía aprender a ser decidida.

Devi alzó la mirada cuando Mikasa entró en la tienda haciendo sonar la campanilla de la puerta. Devi se sorprendió al ver su rostro golpeado, frunció el ceño.

—¿Qué demonios…? —Se incorporó de su silla con sus manos posadas en sus caderas de manera acusadora—. ¿Tú tío?

No era demasiado complicado averiguarlo. Mikasa asintió sin decir nada, oyendo el suspiro exasperado de Devi.

—Ah, pero que bastardo. ¿Necesitas algo para el dolor? Conseguí unas cremas muy buenas con baba de caracol que-

—No, estoy bien. Ya me he curado las heridas —habló Mikasa, cruzándose de brazos—. En realidad… quería plantear la posibilidad de poder trabajar aquí, contigo.

Devi frunció aún más el ceño, confundida.

—¿Trabajar?

—Podría ayudarte con todo lo que necesites. Atender a los clientes, recoger hierbas para ti, tengo un jardín grande, podría cultivar algunas si tú no tienes espacio. No importa el dinero, aunque sea una cantidad escasa… no importa.

Devi permaneció en silencio por un momento. Tocó ligeramente su mentón con la yema de sus dedos, ladeando el rostro y pensando en su propuesta. Durante años Devi se había hecho cargo de su propio negocio sin ayuda de nadie más, esperaba que pudiera incluirla en su escaso personal.

—Mmmh… bueno, pensándolo bien, me vendría bien algo de ayuda. Aunque no creo que sea necesario que trabajes a tiempo completo. Los fines de semana por la mañana estoy ocupada, ¿puedo encargarte la tienda durante unas horas? Eso y que recolectes cosas interesantes para mi, algo que pueda ayudarme a preparar mis brebajes. Por el dinero no te preocupes, te pagaría una buena cantidad. Sé que lo necesitas.

Mikasa sonrió ampliamente, haciendo una mueca por sus heridas. Asintió con energía, sintiendo un peso desaparecer de sus hombros. Realmente necesitaba el trabajo y poder administrar su dinero, incluso si era escaso. No deseaba pedirle a Kenny ni un centavo más. Y quería comprar cosas para Eren, ropa y cocinar para él. No podía robar el dinero de su tío otra vez.

—De acuerdo. Vendré el sábado.

Devi asintió con una sonrisa triste, tal vez sentía pena por ella, y ambas se despidieron con un ligero agitar de dedos. Mikasa abandonó la tienda con un mejor humor del que había esperado. Sería asombroso poder administrar su propio dinero, poder comprar lo que quisiera sin tener que depender del humor de su tío. Ya podía visualizar a la perfección cómo sería. Cocinaría un millar de cosas para Eren, había visto un libro de cocina en el mercado principal, lo compraría y aprendería nuevas recetas para él. También le ayudaría a tapar el techo de la cabaña en la que vivía, cuando llovía el agua se filtraba por las paredes, mojando todo a su paso. Eso no volvería a pasar otra vez.

Se dirigió hacia la panadería y compró lo necesario para cocinar los bombones de frambuesas. El señor Bernd se compadeció de ella al notar que el poco dinero que llevaba consigo no le alcanzaba para comprar todo; el chocolate, las frambuesas, el caramelo… tal vez por su rostro magullado o su aspecto miserable, el señor Bernd permitió que se llevara el resto de las cosas gratuitamente. Mikasa juró que le pagaría en cuanto comenzara a trabajar, pero él dijo que no era necesario. De todas maneras Mikasa se aseguraría de corresponderle, no le gustaba deber favores.

Su camino a casa fue tembloroso y angustiante. Saber que al atravesar la puerta tendría que ver la cara de Kenny… no sabía del todo qué esperar. Giró a la esquina cruzando la panadería de Jean, encogiéndose entre su abrigo y bufanda para pasar desapercibida, Jean iba a enojarse mucho con ella. Se suponía que debía haberlo visitado la noche anterior para explicarle lo sucedido, pero gracias a los golpes de Kenny Mikasa no fue capaz de ir. Ahora tenía una cuenta pendiente con su amigo.

Sumida en sus pensamientos ignoró la persona que se cruzó en su camino, casi chocando contra ella gentilmente. Mikasa jadeó, sorprendida, aferrando contra su pecho las bolsas que había acabado de comprar.

—Ah, maldita se- oh, Mika-

La voz del Sargento Levi enmudeció de inmediato cuando Mikasa alzó la mirada y los ojos del soldado se posaron en su rostro golpeado. Petra iba junto a él, la muchacha soltó un jadeó ahogado y se cubrió los labios con los dedos, sorprendida. Mikasa no supo que decir, su bufanda había abandonado lo poco de su rostro al chocar contra Levi y casi toda su cara estaba al descubierto, al igual que su vergüenza.

Levi la miró con sorpresa, una mezcla de sentimientos que Mikasa no supo del todo descifrar. Petra se acercó rápidamente a ella y la ayudó a recoger una de las bolsas que se había caído, pero Mikasa no lo había notado. Se agachó frente a ella, su rostro algo preocupado.

—Mikasa, ¿estás bien? —preguntó de manera amistosa.

El Sargento seguía sin decir una palabra, tan quieto como una roca. Mikasa asintió, mirando las bolsas entre sus brazos. ¿Qué podía decir? Caerse no era una buena excusa, nadie podía hacerse semejantes golpes con una simple caída. Además, sería inútil mentir, seguramente habían adivinado el motivo de sus lastimaduras, Levi no era idiota y mucho menos lo era Petra.

—E-Estoy bien, de verdad…

Petra miró a Levi, indecisa, pero éste era incapaz de decir nada coherente. Su mente estaba en blanco. La muchacha de cabello pelirrojo volvió a mirar a Mikasa.

—Mikasa, si tu tío hizo algo malo… no debes tener miedo de decirlo. Nosotros protegemos a la ciudad y a sus ciudadanos, tu eres ciudadana de Shiganshina y es nuestro deber protegerte también. Puedes reportarnos cualquier problema que tengas, intentaremos ayudarte de la mejor manera.

Mikasa sabía que Petra era diferente a Erwin y el resto de los soldados. Sabía que ella estaba de parte de Levi, en su grupo, con sus mismos ideales. Pero aún así era demasiado vergonzoso admitir lo sucedido, admitir que era débil y necesitaba del consejo y protección de los demás para defenderse. Pero tampoco podía negar lo evidente.

La niña suspiró, armándose de valor.

—Todo está bien ahora —afirmó, aunque evitó hacer contacto visual con ella—. Yo… prometo no quedarme callada la próxima vez.

Petra también suspiró, asintiendo lentamente.

—Vale, cariño. ¿Necesitas ayuda con tus bolsas? Podemos acompañarte hasta tu casa.

Mikasa negó con la cabeza repetidas veces, sonriéndole a Petra suavemente. No deseaba que Kenny los viera, no deseaba involucrarlos en nada.

—No, está bien, puedo sola. Gracias de todas formas, Petra.

Mikasa abandonó a los soldados y Levi siguió en silencio hasta que la niña se perdió entre la multitud de la ciudad, camino a casa. Como esa noche no iría a visitar a Eren, Mikasa llegó a su hogar en silencio, dispuesta a dejar el postre para mañana y poder retomar la siesta que había comenzado en la cabaña de Eren.

Kenny estaba sentado leyendo el periódico mientras bebía un vaso de whiskey, ni siquiera le dirigió la mirada cuando llegó, fingió que su presencia era totalmente inexistente. Y para Mikasa fue un alivio. Guardó su compra en la cocina y caminó hacia su habitación en silencio, se recostó en su cama y el sueño la arropó como el frío viento de invierno.


—¿En qué piensas?

La sedosa y suave voz de Petra le hizo parpadear, despertándolo de sus continuos pensamientos que no se habían detenido desde que ambos se cruzaron con Mikasa en el pueblo. La muchacha tomó entre sus dedos la mandíbula de Levi y la giró hacia ella para que la mirase y prestara atención a sus palabras, alzando las cejas. Levi resopló y quitó su mano con pereza, mientras tomaba la taza de té que había preparado y le daba un profundo sorbo.

Siempre le había gustado el té, era una bebida sencilla y a la vez deliciosa, sana y con buen aroma. Petra susurró su nombre suavemente, sus brazos descansando desinteresadamente sobre su pecho desnudo, intentando llamar su atención.

—Nada importante —respondió con ese tono de voz tan seco y agrio que le caracterizaba, mientras reposaba su cabeza contra la almohada de su cama, pensativo.

Pero Petra Ral lo conocía muy bien.

—Piensas en Mikasa Ackerman, ¿verdad? —inquirió, casi afirmándolo—. Has estado así desde que la vimos.

Levi suspiró, atrapado entre las redes de Petra. No había nada que él no pudiera ocultarle. Asintió, refregándose los ojos con cansancio, frustrado.

—No sé qué me pasa con esa chiquilla —murmuró—. Me partió el alma verla así, toda golpeada por culpa de ese hijo de puta. ¿Escuchaste lo que dijo? "Prometo no quedarme callada la próxima vez." La próxima vez, Petra. Sabe que sucederá de nuevo y lo asimila como si fuera algo normal. Joder…

—¿No hay nada que podamos hacer por ella? —Preguntó Petra, descansando su mentón en el pecho de Levi—. No lo sé… si aún no viviera con mi padre no me importaría conseguir la custodia. Tal vez si hablas con Erwin…

Levi rió un poco ante las ocurrencias de Petra, siempre dispuesta a ayudar a otros sin importar las consecuencias. Distraídamente acarició su cabello con apego.

—A Erwin no le importa una mierda, es inútil hablar con él. Y hasta que la mocosa no sea mayor de edad no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Petra volvió a suspirar, abatida.

—Intentaré acercarme a ella como amiga. Tal vez necesite alguien con quien hablar. Jean Kirschtein no es precisamente un amigo ejemplar, sabes.

Poco a poco los labios de Levi se curvaron en una diminuta sonrisa, ese tipo de gestos que solo Petra tenía el privilegio de ver, gestos absolutamente dedicados a ella. Nadie más. Levi acarició su mejilla suavemente, pellizcándola con picardía. Petra arrugó el rostro ante el gesto.

—Eres demasiado buena —susurró, mirándola a los ojos—. Demasiado.

—¿Eso es algo malo?

Levi negó con la cabeza lentamente, acariciando su cabello, su frente, la punta de su nariz.

—No en ti, no. Me gusta que seas así.

Pero ella no sonrió. Detuvo las caricias de Levi y sostuvo su mano entre la suya, mirándolo muy seriamente.

—No hagas nada estúpido —dijo, casi leyéndole la mente—. Sabes a qué me refiero. No busques problemas con El Destripador. Deja que yo me encargue de todo, ¿de acuerdo?

Su tono autoritario con esa voz tan suave y delicada como la de un ángel le quitó toda la seriedad a la escena. Levi rió, asintiendo, sabiendo que no podía rebelarse contra las órdenes de Petra.

Sin más remedio alguno, Levi asintió.

—Como usted ordene, muchacha.

Cuando la noche arrasó Shiganshina, Levi y Petra marcharon hacia la taberna para buscar a Gunter y comenzar su guardia nocturna. Las calles se encontraban casi vacías al igual que la clientela de la taberna, habitada solo por un par de viejos jugando cartas acompañados de una cerveza bien fría, y Erwin Smith.

El comandante y líder principal de la ciudad yacía sentado junto a todos los que consideraba su mano derecha. Dalliz Zacklay, Mike Zakarius, Nile Dawk, Hanji Zoe y Pixis, el jefe trascendental de la prisión de Shiganshina, el lugar en donde los más terribles rufianes le hacían frente a sus delitos. La multitud reía a carcajadas acompañados de un costoso whiskey, adueñándose por completo de la taberna, reclamándola como suya. Hanji no parecía atenta a la conversación, anotaba infinidad de cosas en su cuaderno, muy concentrada en lo que sea que estuviera escribiendo.

Para su mala suerte, su llegada junto a Petra no pareció desapercibida para Erwin. De manera distraída Smith alzó la mirada y sonrió alegre al notar su presencia en la taberna, alzó el brazo y le hizo señas de que se acercara a ellos.

—¡Eh, Levi, ven con nosotros!

Sus compañeros también advirtieron su llegada e imitaron a Erwin con alaridos y palmadas, llamándole desesperadamente. En otra ocasión Levi habría aceptado, gustoso, pasar tiempo junto a quienes consideró sus amigos, pero esos días se veían muy lejanos. La amistad que una vez lo unió a Levi se había enfriado poco después del incidente con Mikasa, y eso trajo consigo al resto de sus compañeros, quienes apoyaban la causa de Erwin Smith con mucho fervor.

Petra tocó suavemente su hombro y asintió en su dirección.

—Ve. Yo buscaré a Gunter —dijo.

Levi le dedicó una ácida mirada en desaprobación, enfadado por ver como lo arrojaba a la manada de leones sin ningún remordimiento. Pero sabía que no podía negarse a la petición de Erwin, aún vivía bajo sus órdenes y no dejaba de ser su superior, debía mantener la compostura y fingir lo mejor posible. Era la única manera de poder ayudar a Mikasa Ackerman.

Petra abandonó la taberna y Levi se dispuso a caminar hacia sus compañeros, estos sonrieron con alegría al verlo llegar, tal vez recordando esos viejos tiempos en donde las noches eran testigo de las bromas y prolongadas conversaciones que todos compartían en esa misma taberna. Pero ya nada era igual.

—¡Siéntate, amigo mío! —exclamó Nile, sonriente mientras le servía una copa de whiskey y alzaba su bebida dispuesto a brindar—. ¡Salud por el soldado más fuerte de la humanidad, que ha decidido abandonar su mugrosa pocilga para visitar a sus viejos amigos!

Todos rieron y alzaron sus vasos. Levi se sintió junto a Hanji y bebió de un sorbo entero todo el whiskey de su vaso, intentando de alguna manera encontrar en el alcohol el consuelo necesario. Hanji le sonrió suavemente, afirmándole en silencio que no estaba solo y que al igual que él, frecuentaba esa mesa solo por cordialidad, respeto y cordura. Levi se sintió tranquilo al saber que al menos una carta estaba a su favor esa noche.

—Veo que las cosas van muy bien entre tú y Petra —comentó Zacklay, animado.

Levi no se habría molestado tanto si el comentario no hubiera salido de la boca de ese viejo de mierda. Levi lo detestaba, jamás se habían llevado bien y mucho menos ahora, después del incidente con la mocosa. Además, aquél comentario solo fue planeado para molestarle, como cada basura que desprendían sus rancios labios. Su relación con Petra era algo que prefería mantener en la privacidad, y ninguno de sus compañeros se habrían enterado nunca si no tuvieran que compartir un mismo trabajo. A diferencia de Erwin y el resto, Levi no era chismosa. Su vida privada se mantendría así, privada. Pero era imposible ocultar ese tipo de cosas frente a ellos.

Bebió otro sorbo de whiskey.

—Efectivamente —dijo, sin dar pie a continuar con el tema.

Mike suspiró con pesadez.

—Ah, ya desearía tener yo una mujer que me ame y caliente mi cama por las noches —se quejó, algo borracho. Miró a Nile con desaprobación—. Tú, cerdo de mierda, eres suertudo. Vives con una mujer hermosa que te cumple todos los caprichos.

Todos rieron excepto Erwin. Levi sabía cuan doloroso era para él vivir enamorado de la esposa de su amigo, una mujer que antiguamente le perteneció hasta que Nile aprovechó la oportunidad para arrebatársela, convirtiéndola en su mujer y madre de sus hijos. Hasta el día de hoy Erwin seguía sufriendo en silencio por ese hecho, manteniéndose soltero hasta la fecha, sin hijos ni una enamorada de la cual presumir.

Nile se encogió de hombros arrogantemente.

—Pues sí, amigo mío, soy afortunado —presumió, alzando su copa al cielo. De reojo miró a Levi—. Por cierto, me han informado que a la niña titán le han dado una paliza de muerte. ¿Kenny, si no me equivoco?

Levi lo miró sin gracia alguna, encogiéndose de hombros con desdén.

—No es problema mío lo que suceda con ese desgraciado.

Zacklay se echó a reír con ganas.

—Todavía me acuerdo de aquellos años en donde Kenny y tú solían ser muy unidos. Uña y carne. Claro, tú eras un crío, probablemente no lo recuerdes bien…

El soldado más fuerte de la humanidad tensó su mandíbula a la par que presionaba con fuerza el vaso de whiskey en sus manos, si continuaba así éste terminaría por quebrarse. Lo miró de muy mala gana, importándole un rábano el respeto y cordialidad que había prometido llevar a cabo desde que se sentó en esa maldita mesa.

—Ah, sí… —susurró él—. Yo también me acuerdo. ¿Sabes qué más recuerdo? El juicio de mi padre. Tú fuiste quien llevó a cabo el caso. ¿Te acuerdas también, Dalliz?

Levi aún memorizaba a la perfección el momento en que Kenny inculpó su propio padre, su mejor amigo, de un crimen que jamás cometió. Zacklay se ofreció a llevar el caso pero las cosas no salieron bien, y el padre de Levi fue llevado a la horca siendo brutalmente asesinado por un crimen que nunca le perteneció. Levi recordaba a la perfección la soga alrededor del cuello de su padre, su cuerpo colgado durante semanas en la plaza principal porque nadie tenía el descaro suficiente de quitarlo y darle un entierro propio.

Levi había odiado a Kenny desde entonces.

Erwin comenzó a reír nerviosamente, palmeando el hombro de Zacklay con simpatía.

—Eh, mejor cambiemos de tema. ¿Por qué recordar cosas que nos hacen daño? La vida sigue, amigos míos, es mejor mirar hacia el futuro prometedor que nos espera como humanidad. Quiero brindar por la gloria que hemos alcanzado hasta ahora, el titán que habitaba el bosque finalmente fue destruido y es una gran alegría que nos pertenece a todos por igual.

Pero Levi no dejó que Erwin los engañara a todos con su estúpido discurso. Continuó mirando a Dalliz, ignorando deliberadamente las palabras de Erwin.

—¿A costa de qué? —preguntó, ladeando el rostro—. ¿La vida de una niña inocente?

Zacklay resopló.

—Es halagador, de veras, que sientas tal zozobra ante la perspectiva de que obtenga lo que quiero, lo que es bueno por la humanidad.

—Contradecirte nunca ha sido mi principal ambición, Zacklay, lo juro —contestó Levi—. Aunque, ¿a quién no le gusta ver fracasar a sus amigos de vez en cuando?

La tensión de la escena hizo a todos mantener silencio. Erwin lucía molesto, pero no dijo palabra alguna. Una guerra de dos había nacido esa noche en la taberna, y nadie parecía lo suficientemente valiente como para detenerla y continuar hacia otro tema. En secreto, todos deseaban oír lo que Zacklay y Levi querían decirse el uno al otro.

—Sí, veo que te ha gustado mucho meter tu nariz en donde no te llaman y rescatar a la chiquilla del bosque. Siempre tan… valiente y honorable, viviendo bajo tus propias reglas. Escucha mis palabras, muchacho, que tengo mucha más experiencia que tú. Acciones llevadas a cabo por un impulso producto de la juventud acabarán por matarte. Y yo no seré quien sepulte tu cuerpo en el cementerio cuando eso suceda.

—Tampoco sepultaste el cuerpo de mi padre, no me sorprendería que hicieras lo mismo conmigo —replicó, la furia poco a poco arrebatándole la escasa cordura que le quedaba—. Hice lo que hice por el bien de Shiganshina, de la humanidad. ¿Crees que proteger la humanidad significa solamente preservar el bienestar de las personas? Si los seres humanos perdemos la poca humanidad que nos queda, entonces ya no tendremos nada.

Entonces lo vio. La burla y la dicha en la mirada de Zacklay, la misma mirada que efectuaría un adulto ante un niño pequeño y necio, inocente e ignorante.

—¿Humanidad? —se burló—. ¿Sabes lo que es la humanidad? Son las mil sonrisas de cada ciudadano de Shiganshina recostándose con tranquilidad en sus camas al anochecer, cerrando los ojos manteniendo la certeza de que están a salvos, de que no hay nada allá afuera que pueda amenazar la pacífica vida que por años hemos construido. Una historia que coincidimos contarnos entre nosotros mutuamente una y otra vez, hasta que olvidamos que es mentira.

Para su suerte, Hanji fue quien interrumpió la conversación. No para deshacerla, sino para agregar el condimento necesario que a Levi lo había dejado sin palabras. ¿Cómo podía decir too aquello, cuando él mismo se proclamaba un defensor de la humanidad?

—¿Pero qué nos queda una vez que abandonamos la mentira, Dalliz? —Preguntó Hanji, su inteligencia guiando la conversación hacia un nuevo rumbo—. Caos. Un foso que aguarda profundo para engullirnos a todos.

—El caos no es un foso, querida Hanji —respondió el viejo con una sonrisa astuta—. Es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan, nunca podrán hacerlo de nuevo. La caída los destroza. Pero otros, si se les deja subir, se aferrarán a la ciudad, o a los Dioses, o al amor. Espejismos, solo la escalera es real. El acenso es todo lo que hay.

Nadie pudo encontrar el tiempo suficiente para responder las frías y chocantes palabras de Zacklay porque Petra llegó por la puerta de la taberna junto a Gunter. Levi jamás se alegró tanto de verla, solo quería largarse de allí de inmediato.

—Levi…

Con un pesado suspiro y sin despedirse de nadie, Levi se incorporó de su asiento y marchó junto a Petra con la intención de abandonar ese estúpido lugar lo antes posible. Como esperaba, Hanji lo siguió sin protestar, dispuesta a seguir a su amigo hacia donde fuera. Minutos después, Pixis y el resto se marchó, dejando a Zacklay completamente a solas junto a Erwin.

Smith bebió otra copa de whiskey, exhausto debido a una conversación de la que ni siquiera fue parte. Miró de reojo a su amigo.

—No quiero que tengas problemas con Levi, Dalliz —dijo—. Él sabe lo que le hiciste a su padre, sabe que Kenny y tú confabularon para matarlo. Si se entera de algo más, tendremos problemas.

Dalliz suspiró, encendiendo un abano con desinterés.

—Poco me importan las represalias que pueda tomar ese enano de mierda. Y como tú has dicho, sabe una parte importante de la historia y aún así no ha hecho nada. Mientras nunca se entere que Mikasa Ackerman es su media hermana no habrá ningún tipo de problema.

Erwin frunció el ceño, confundido.

—Eso es algo que no comprendo. ¿Cómo están relacionados?

Zacklay hizo una mueca de cansancio, poco le importaba aquél asunto.

—Todos en el pueblo saben que la madre de Levi era prostituta. Se enamoró de Holger y ambos tuvieron a Levi. Pero, por supuesto, Kushel era propiedad del prostíbulo y Holger no tenía dinero para comprar su libertad, así que Levi la veía ocasionalmente.

Smith aún seguía confundido.

—Pero, y Mikasa…

—Ya va, ya va —replicó el viejo—. Kenny y Holger eran muy amigos, pero Kenny también amaba a Kushel, o estaba obsesionado con ella, no lo sé. Ambos tuvieron relaciones y nació Mikasa, como Kushel no deseaba que Holger supiera nada, se la entregó a Kenny y éste la crió como su sobrina. Poco después de que Mikasa naciera Kushel falleció por una infección. Complicaciones del parto y esas cosas.

Erwin sostuvo su mentón, pensativo.

—Me sorprende que El Destripador nunca haya hablado de esto.

—Le pagué una buena cantidad de dinero para asegurarme que así fuera, créeme —replicó Dalliz—. Y él me pagó a mí para deshacerme de Holger. Eso fue demasiado evidente, me temo, pero no lo de la mocosa. Y espero que se mantenga así por mucho tiempo más.


La mañana siguiente fue tranquila para Mikasa.

Despertó temprano, sus heridas mucho menos dolorosas que el día anterior. Sus ojos aún seguían un poco hinchados y muy morados, pero las lastimaduras poco a poco comenzaban a cicatrizar, causando que ya no fuera tan traumatizante mirarse al espejo.

Lo primero que llegó a su mente fueron los bombones de frambuesas. Había comprado todo y lo único que hacía falta era prepararlos. Al abandonar su habitación rumbo a las cocinas, Kenny yacía sentado sobre la mesa organizando sus armas y utensilios de pesca, siempre le había gustado pescar. Ninguno de los dos dijo palabra alguna cuando se vieron en la misma habitación, él la ignoró y ella a él, camino a la cocina para preparar los bombones. Kenny la observaba de reojo, curioso, ¿por qué estaría cocinando? ¿Para quién? Él sería la última persona a quien Mikasa le cocinaría por gusto propio. Sin embargo, calló.

Mikasa sumergió las frambuesas en chocolate y dejó que se enfriaran y endurecieran. Guardó el postre en una cajita de madera y aguardó pacientemente a que la noche llegara Shiganshina. L parte del día favorita de Mikasa, el momento en donde abandonaría su casa para visitar el bosque, aquel temible lugar que la niña había adoptado como segundo hogar.

Mikasa se vistió, su bufanda roja fielmente aferrada alrededor de su cuello y recogió la caja de bombones para escapar de su casa. Como su cuerpo aún se sentía un poco adolorido, optó por esperar a que Kenny se durmiera y salir por la puerta de la casa en lugar de escapar desde la ventana. Terrible error.

Nuevamente atravesó los arbustos, escabulléndose entre las sombras para que nadie notara su presencia. Si bien Shiganshina se encontraba casi vacía a estas horas de la noche, los soldados aún hacían guardia sobre los tejados, poseían vista de águila y sería muy fácil para ellos encontrarla, pero Mikasa se las había ingeniado para pasar desapercibida. Sonrió nuevamente al recordar la divertida historia del Sargento Levi.

Cuando por fin llegó al bosque, se adentró en lo más profundo. La oscuridad la rodeaba pero Mikasa podía memorizar el camino hacia la cabaña de Eren a la perfección. Era como tararear una canción con los ojos cerrados, la melodía era inolvidable.

En medio del silencio oyó un sonido, similar al de una rama romperse. Sonrió, no se encontraba muy lejos de la cabaña.

—¿Eren?

Pero no era él quien la había encontrado.

Una mano firme y rugosa cubrió su boca jalándola hacia atrás. E inmediatamente supo que se trataba de su tío Kenny. Conocía la textura de sus manos a la perfección, manos que la habían golpeado en numerosas veces. ¿Cómo no podría reconocerlas? Kenny la volteó con fuerza, causando que su caja de bombones impactara contra el suelo y se desparramaran por toda la tierra. Mikasa se enfadó mucho con eso.

—¿Eren? ¿Quién es Eren? —preguntó su tío, burlón—. ¿Tu novio?

Al notar que su sobrina no decía nada, impactó su puño contra su rostro. Mikasa cayó hacia atrás con un fuerte jadeo y Kenny se colocó sobre ella, sosteniendo sus manos a cada lado de u cabeza, inmovilizándola.

—¿Qué demonios haces aquí en el bosque? ¿A quién visitas?

—¡Vete al demonio! —gritó Mikasa, escupiéndole en la cara nuevamente.

Un rastro de sangre impactó el rostro de Kenny, aquello lo enfureció de sobremanera y volvió a golpearla.

—Tú, estúpida zorra, estoy harto de ti. ¡Harto! ¡Has llegado a este bosque y de aquí no saldrás nunca!

Mikasa forcejeó con fuerza, pero su tío la mantenía completamente inmóvil. Mikasa comenzó a llorar, asustada. Sabía que éste era el momento final. Conocía los límites de Kenny y la última golpiza que le dio había sido muy brutal como para ser la última, en su interior presentía que vendría algo peor. Algo mucho peor.

—Grita todo lo que desees, tu precioso Levi no va a escucharte —Kenny la golpeó en la cara de nuevo—. Una lástima, el pobre está a punto de perder a otro miembro de su familia, otra v-

No supo de donde adquirió las fuerzas necesarias para zafarse de su agarre. No supo cómo la suerte decidió ponerse de su parte al encontrar una dura piedra a su costado, tanteándola con la mano. No supo cómo logró sostenerla, pero el impacto que provocó en la cabeza de Kenny fueron suficientes para que éste cayera de costado, aturdido y maldiciendo, y Mikasa consiguiera sentarse sobre él, estrellando una y otra vez la piedra en su cabeza en un acto histérico.

—¡Muérete! ¡Déjame en paz! ¡Muérete! ¡Muérete! —chilló, llorando, mientras la piedra viajaba de arriba hacia abajo, el cráneo de Kenny partiéndose lentamente mientras la tierra absorbía una corriente interminable de sangre carmesí.

Mikasa no supo cuanto tiempo hizo aquello. Pero transcurrió el tiempo suficiente para que la piedra abandonara su gris natural y se transformara en una bola roja. El rostro de Kenny era irreconocible; las manos, ropa y rostro de Mikasa estaban repletos de sangre, sus manos temblaban y dejó caer la piedra al suelo con sorpresa.

Miró a su tío completamente inmóvil y ensangrentado, entonces supo que había muerto.

No.

Ella lo había matado.

Mikasa comenzó a llorar, histérica, mientras observaba sus manos llenas de sangre. No podía ser cierto. ¿Cómo había llegado hasta este punto? Ni siquiera pudo pensar lo que hacía, solo deseaba que todo se terminara. No creyó que haría falta hacer algo así para que eso sucediera. Mikasa dio un paso hacia atrás, completamente en un estado de shock, y tropezó con una rama para caer al suelo, su rostro empapado de lágrimas rojas.

Sumida en su profunda depresión ante lo que hizo, no notó que un pequeño zorro estaba lamiendo la sangre de su mano. Mikasa alzó la mirada, confundida, y la silueta de un muchacho apareció entre las penumbras del bosque. Era Eren. Se acercó con cautela, llamándola por su nombre, pero se detuvo al ver el estado en el que se encontraba y el cadáver frente a ella, su rostro completamente irreconocible. Permaneció quieto unos instantes, alarmado, y miró a Mikasa.

Era más que evidente lo que había sucedido.

—¿M-Mikasa…?

La niña se incorporó con torpeza, llorando. ¿Qué pasaría ahora? ¿Qué pensaría de ella? Había asesinado a su propio tío a sangre fría, en medio de un bosque desolado, impidiéndole poder defenderse o pedir ayuda.

—E-Eren… —tartamudeó, limpiándose las lágrimas solo para esparcir más sangre por su rostro—. Y-Yo… no se c-cómo… é-el… yo… él me…

Su amigo se acercó hacia ella con rapidez, evitando que la niña pudiera terminar de excusarse a sí misma. Mikasa jamás vio tanta determinación en los ojos de alguien. Eren la sostuvo por los hombros, obligándole a mirarla.

—Mikasa, mírame —pidió, serio—. Está bien. Todo está bien. ¿Me escuchas? No has hecho nada malo. Hiciste lo que tenías que hacer. ¿Recuerdas que te hablé de eso? Tomar decisiones. Lo hiciste. Todo estará bien.

Mikasa volvió a llorar, nerviosa y temblando.

—Q-Qué va a pasar ahora, qué voy a h-hacer… si alguien se e-entera…

—Yo te ayudaré —se apresuró a decir Eren, meciendo sus hombros para captar su atención—. Te voy a ayudar. Todo estará bien. Ahora… ah, maldición, tenemos que esconder el cuerpo.

Ella lo miró aterrada. ¿Esconderlo?

—¿Q-Qué?

Eren se apartó de ella y caminó hacia Kenny. Sin poner duda en sus acciones sostuvo los brazos del hombre muerto y miró a Mikasa, algo inquieto.

—¿Qué esperas? ¡Vamos! ¡Sostenlo por las piernas!

Aturdida y temblando, Mikasa caminó hacia Kenny y torpemente sostuvo sus tobillos con toda la fuerza que encontró. Era muy pesado, pero se las ingeniaron para arrastrarlo hacia unos arbustos. Mikasa lloraba todo el tiempo sin detenerse, demasiado perturbada ante lo que había hecho. Cuando dejaron caer el cuerpo entre los arbustos, Eren se limpió la frente con cansancio, luego se acercó a Mikasa.

—Todo estará bien —repitió—. Debes irte a tu casa. Quédate ahí, si alguien viene no quiero que te encuentren aquí.

Con los ojos llorosos Mikasa alzó la mirada.

—¿Y tú? ¿Qué pasará cont-

—Yo estaré bien, no te preocupes por mí —aseguro—. Ahora vete. ¡Vamos!

Aturdida, Mikasa se alejó de Eren con la intención de abandonar el bosque. Pudo observarlo recoger a Armin entre sus brazos y echarse a correr camino hacia la cabaña. Con los ojos lagrimosos Mikasa observó los arbustos en donde el cuerpo de Kenny había sido escondido, y después los miles de bombones que había preparado esparcidos en el suelo, repletos de sangre. Aquello le arrancó un profundo sollozo.

Mikasa se dio media vuelta y echó a correr hacia Shiganshina, esta vez tropezando con todo lo que se le cruzaba por el camino. Tenía que ser sigilosa y llegar a su casa sin hacer ruido, quemar estas ropas sangrientas y darse un profundo baño. No podía bajo ninguna circunstancia dejar algún tipo de evidencia que la culpara de algo así.

Demasiado había conseguido con ser enviada al bosque por culpa de Erwin Smith.

Mikasa se escabulló por los arbustos una vez que pisó tierra firme en la ciudad, abandonando el Bosque de los Árboles Gigantes y dejando a su amigo titánico atrás. Mikasa no podía esperar a que fuera mañana para visitarlo otra vez, lo último que deseaba en ese momento era estar sola. Los arbustos camuflaron a la perfección su pequeño cuerpo. Suspiro de alivio cuando divisó su casa a lo lejos. Corrió hacia ella con todas sus fuerzas y llegó a la puerta principal, giró el mango de la puerta pero ésta estaba cerrada. Maldición.

Mikasa suspiró, temblando, pensando qué demonios hacer. La ventana. Jean siempre solía entrar a su habitación trepando por la ventana del árbol. Abandonó la puerta principal con la intención de recorrer la casa entera hasta entrar en el jardín, pero la voz de una mujer la hizo detenerse en seco, su piel helándose inevitablemente y con la sensación de que colapsaría contra el suelo en ese mismo instante.

—¿Mikasa?

La niña se volteó, reprimiendo un llanto profundo porque sabía lo que pasaría si la descubrían de esa manera. Lo sabía.

Petra Ral la observaba con horror en su mirada.


#Randomfact 1. Holger. Nadie tiene la menor idea de cómo se llama el padre de Levi. Así que me puse a buscar nombres alemanes y pues, Holger me pareció bueno (?) siguiendo con la temática de Isayama de intentar basar su historia en el país de los arios.

#Randomfact 2. Toter Mann. Significa 'hombre muerto' en Alemán. JOJÓ.

#Randomfact 2. Toda esa cháchara de la escalera le pertenece al astuto Meñique, de Canción de Hielo y Fuego (aka Juego de Tronos). Me tomé el atrevimiento de usar esa frase porque insisto en que Shingeki no Kyojin es el Juego de Tronos japonés. Las similitudes nunca dejan de sorprenderme.


¡Hello Everybody!

25 PÁGINAS, NI YO ME LO CREO o_ó

Uff, mucho qué decir y ni se por donde empezar.
Bien. Primer muerto del fic: Kenny Ackerman. Desde que empecé el fic tenía planeado matarlo y quería que fuera Mikasa quien lo hiciera, más que nada para (nuevamente) seguir manteniéndome firme a la historia del manga y cómo ella mató a alguien para sobrevivir. Creo que ese momento, además de haber conocido a Eren y sentirse ligada emocionalmente a él, fue una parte muy importante en la vida de Mikasa porque aprendió a luchar y a defenderse por sí misma. Esto va a traer un gran cambio emocional en la Mikasa del fic.

¡Y SÍ! Lol, se confirma la teoría que muchos suponían: Levi y Mikasa son medios-hermanos por parte de madre. Para las que preguntaban si iba a haber un Rivamika amoroso, no, tranquilas xD la relación de ellos es absolutamente fraternal. Aquí el corazón de Levi le pertenece a Petra -dibuja corazones-.

¡LES AGRADEZCO MUCHÍSIMO TODOS SUS REVIEWS! Llegamos a los 72 :') las amo, son lo máximo. ¡Espero que para el próximo capítulo podamos alcanzar los 80! Wohooo.

En fin, muchachas hermosas. Gracias a todas por su apoyo, sin ustedes esta historia no sería posible.

¡Hasta la próxima!

Mel.