«I will always return»
Personajes de Hajime Isayama.
Summary:
Eren es un titan cambiante que vive en el bosque. El pueblo de Shiganshina le teme, así que proponen otorgarle un sacrificio con la condición de que se marche de las tierras y nunca regrese. Mikasa es una niña del pueblo que es ofrecida como el sacrificio. Cuando es abandonada en el bosque, en lugar de encontrar una bestia abominable, encuentra a un muchacho solitario. Eremika. AU.
#Notasquetodosaman(?):
¡Penúltimo capítulo! ¡LEAN LA NOTA DE ABAJO! :D
—o—
—Acércate, hijo.
La voz del Sr. Smith se oyó tan clara como el agua, tan demacrada como una flor marchita en otoño. Los guardias que custodiaban la entrada hacia la lujosa recámara se apartaron de la puerta para dejar pasar a Erwin Smith, su padre había solicitado verlo horas antes. Ahora, aún cuando había algo de tiempo.
Erwin dio un paso, dos, tres… y los guardias cerraron la puerta detrás de él con suavidad, dejando dentro de la recámara dos almas solitarias. El espíritu joven, el viejo que poco a poco comenzaba a marchitarse, era cuestión de tiempo —días, quizás— hasta que se convirtiera en cenizas.
El muchacho de quince años tragó saliva sonoramente, sosteniendo sus manos por detrás de su espalda y caminó hacia la cama de su padre lentamente, las frazadas de la tela más costosa cubriendo sus piernas, su espalda recostada sobre un sinfín de almohadas de colores, el sol introduciéndose por su gran ventanal tiñendo las paredes de oro. Era una habitación muy hermosa a decir verdad, el tipo de habitación que Erwin siempre habría deseado tener. Su padre no carecía de buenos gustos.
Su padre le dedicó una intensa mirada, de arriba hacia abajo, inspeccionándolo detalladamente. Su boca despilfarró una risa seca, como si no poseyera las fuerzas suficientes dentro de su pecho para formular una risa apropiada.
—Cada día estás más alto —comentó, casual, su respiración agitada arrebatándole hasta el más frágil de los suspiros—. ¿Has estado tomando tus clases junto a Pixis?
Erwin asintió con lentitud.
—Sí, padre. Encuentro sus clases muy… enriquecedoras.
El Sr. Smith encaró una ceja acusadoramente, la picardía vibrando tras sus marchitos ojos.
—¿Ha estado bebiendo de nuevo?
Erwin no pudo ocultar una discreta sonrisa.
—Un poco.
Su padre dejó escapar una carcajada, su cuerpo agitándose sobre los colchones de su cama.
—Me lo imagino. Ese viejo nunca cambiará —dijo, intentando controlar los espasmos que vibraban por todo su cuerpo.
El muchacho observó su alrededor discretamente. Sobre la mesa de noche yacían sus medicinas, leche de amapola y los brebajes que constantemente ingería para aliviar sus intensos dolores musculares, dolores que habían debilitado su cuerpo hasta el punto en el que era imposible para él levantarse de esa cama. Tan solo tenía ochenta años, sin embargo lucía mucho más joven que eso. Probablemente era consecuencia de las constantes transformaciones que azotaban su cuerpo, le había oído decir a Pixis que la dosis de titán poseía terribles efectos secundarios a largo plazo. Su padre demacrado sobre una cama era uno de ellos.
—Dijeron que querías verme, padre.
El Sr. Smith asintió lentamente, apartando la mirada y dejando escapar un intenso suspiro.
—Camina hacia la ventana, Erwin —ordenó su padre apaciblemente—. Dime lo que ves.
Con sus manos detrás de su espalda, Erwin no se atrevió a contradecir las órdenes de su padre. Lentamente caminó hacia la gran ventana en su habitación y miró a través de los vidrios desplegados, el sol intenso ocultarse poco a poco detrás del Bosque de los Árboles Gigantes, la gran ciudad de Shiganshina tiñéndose de un color carmesí, dorado, como un inmenso trofeo.
De alguna manera, dentro de muy poco, todo eso sería suyo.
Suyo.
—¿Y bien? —inquirió su padre, curioso—. ¿Qué ves?
Erwin alzó el rostro, solemne.
—Veo nuestro legado. Una ciudad que por siglos nos perteneció, una ciudad que hemos aprendido a gobernar, a mantener a salvo. Veo la esencia de los Smith sobre cada una de las calles que nuestros hombres patrullan. Nos veo a nosotros, padre.
El Sr. Smith no respondió inmediatamente. Asintió en silencio, su mirada extraviada en sus propias manos, el sol abandonando su rostro una vez más.
—¿Has pensado en lo que hablamos?
Erwin tragó saliva sonoramente, sus manos estrujándose disimuladamente por detrás de su espalda.
—Lo hice.
—¿Y bien?
—Ya conoces mi posición al respecto.
Erwin volteó a ver a su padre cuando éste suspiró ante su comentario, de alguna manera sabía que diría algo como eso. Habían mantenido este tipo de conversación semanas atrás y no los había dirigido hacia ninguna parte. Erwin sabía que su citación a su habitación era una nueva manera de retomar la charla, de hacerle cambiar de opinión.
Erwin a veces creía que su padre nunca terminaba de comprender como eran las cosas realmente.
—Sí —respondió el Sr. Smith, su voz oyéndose áspera contra su lengua—. Historia también conoce tu posición al respecto. ¿Sabes lo que me dijo?
El muchacho se tensó, sin responder.
Su padre continuó.
—Dijo que no teme ofrecerse a hacer la tarea, mientras sea un bien para la humanidad y nuestra familia —él rió, tosiendo en el intento—. Ah, Historia, Historia… tu hermana sí que posee agallas, ¿huh? Siempre lo he dicho. Tan luchadora como su madre.
Su hijo se contuvo de apretar los puños, sin embargo su mandíbula se sentía tan tensa como un hilo jalado por dos grandes extremos.
—Qué se supone que significa eso, padre…
—Creo que sabes muy bien lo que significa —el Sr. Smith se apresuró a responder. Apartó la mirada de su hijo y miró sus demacradas manos, tan arrugadas y marchitas como una pasa de uva—. Cuando el momento llegue, cuando yo así lo decida… Historia se inyectará el suero y tendrá que devorarme. Todos mis recuerdos, todo lo que he estado guardando en mi interior por tanto tiempo… pasarán a sus manos. Entonces Shiganshina pasará a ser no más que un oscuro recuerdo… las ciudades amuralladas nos esperan.
El Sr. Smith oyó a su educado hijo resoplar. Lo observó de inmediato, curioso, lucía tan serio como una roca. Sabía que no era el primero en apoyar su decisión.
—¿Cuál es el punto de asustar al pueblo de esa manera?
—¿Qué dices?
Su hijo alzó la mirada, había fuego en sus ojos.
—No necesitamos ciudades amuralladas que nos gobiernen, que nos den protección… nosotros somos la protección, ¿qué a caso no lo entiendes, padre? Nuestro apellido es más resistente que cualquier absurda muralla a las afueras de Shiganshina, a las afueras del bosque… no necesitamos nada más, el pueblo no necesita nada más que esto. ¿Cuál es el punto de hablarle sobre los titanes, sobre la verdad? —Erwin rió, apasionado—. ¿Qué es la verdad? La verdad no es más que aquello que nosotros les digamos. Si proclamas que el cielo será verde, así será. Si proclamas que Shiganshina es segura, que los titanes se han marchado… así será. El mundo será lo que nosotros digamos y-
Su padre se echó a reír, cortando deliberadamente el absurdo monólogo de su hijo el soñador, el idealista… el absurdo. El mayor, pero aquél que no cargaba con la madurez necesaria para hacerse cargo del legado que por años protegió a la familia Smith, un legado que su hija menor, Historia, parecía más que dispuesta a sobrellevar.
—Si no te conociera, hijo, diría que esas palabras son del mismísimo Dalliz Zacklay —dijo, aún riendo—. C-Creo que debería haber controlado un p-poco más tus amistades…
—Tú siempre dijiste que el fin justificaba los medios y que-
—Pero hay medios que rozan límites insospechados —advirtió su padre, deteniendo su risa para dar paso a una voz severa y seca como la arena—. No cambiaré siglos de una tradición familiar por tus tonterías juveniles. Historia se ofreció a hacerse cargo del legado familiar y será ella quien gobierne la ciudad, quien proclame la verdad al pueblo. Titanes cambiantes y humanos, juntos, como siempre debió ser…
—¿Pretendes que convivamos con nuestros enemigos naturales? —Replicó Erwin, la paciencia y educación que lo caracterizaron al ingresar en su habitación poco a poco desvaneciéndose por la ira—. ¿Pretendes entregar al pueblo a la boca del lobo?
El Sr. Smith lo observó apaciblemente, incluso a pesar de sus duras palabras no había nadie dentro de Shiganshina que conociera tan bien a Erwin Smith como su propio padre.
—Me acabas de llamar enemigo, hijo. Dime, ¿a caso soy tu enemigo?
Las rígidas facciones de Erwin no se relajaron, en sus ojos flameaba un tinte carmesí, un tinte fogoso, el tinte de la muerte. Su rostro poco a poco adoptó un pálido rubor, pestañeó varias veces, silencioso, y su padre supo que había algo mal. No por algo que hubiera dicho, no era la primera vez que demostraba frialdad y disciplina frente a él, pero cada una de las actitudes que Erwin Smith demostró aquella tarde le indicaron que su hijo no estaba bien. En lo absoluto.
Erwin bajó la mirada, asintiendo lentamente, considerando algo que su padre aún no acababa de comprender. Incluso si conocía a su hijo como a la palma de su mano, durante breves instantes como éste era complicado leer su mente, ver qué pensamientos filosóficos cruzaban por su cabeza, porque así era Erwin, inteligente… tal vez demasiado.
Su hijo alzó la mirada, había bondad en sus ojos. Una bondad afilada como la hoja de una navaja, una bondad falsa. No sonrió, pero sus ojos se arquearon con una sutil simpatía.
—Lo siento —susurró, mirando fijamente a su padre a los ojos—. Lo siento mucho, padre…
El Sr. Smith frunció el ceño, no comprendiendo del todo las disculpas de su hijo. ¿A caso se había redimido de sus ideologías?
—¿De qué hab-
—Pero no puedo dejar que sigas con esta locura.
Erwin avanzó hacia su padre en silencio, el viejo petrificado sobre su cama ante la fría mirada de su primogénito.
—Shiganshina nunca verá la ciudad amurallada —continuó, su voz flotando sobre el aire tan suavemente como los pétalos de una rosa—. Nunca sabrán tu secreto, ni lo que hay más allá del Bosque de los Árboles Gigantes. ¿Por qué querría yo que el pueblo adorase a titanes amurallados… cuando pueden adorarme a mí? Si ellos quieren un Dios, bien…
—E-Erwin…
Su hijo se acercó a la cama y tomó la almohada blanca que yacía junto a los pies de su padre. La observó durante un momento, sosteniéndola por ambos lados.
—E-Erwin, qué h-haces…
Erwin alzó la mirada, sosteniendo los temerosos ojos de su padre.
—Yo seré su Dios.
Diría que todo sucedió demasiado rápido, que las cosas terminaron de inmediato para ambos, pero no fue así. Erwin caminó hacia su padre con la almohada entre sus manos y los gritos del Sr. Smith se vieron eclipsados cuando la almohada cubrió su rostro, cuando sus brazos y piernas y cuerpo entero se movían de un lado a otro con debilidad mientras Erwin presionaba firmemente la almohada contra su cara, impidiéndole respirar.
Las manos de su padre arañando su rostro en un desesperado intento por salir ileso, por defenderse… pero era demasiado tarde. Sus fuerzas se encontraban por el suelo y su hijo era mucho más fuerte que él, mucho más joven, mucho más cruel. Sus manos no temblaron mientras sostenía la almohada y poco a poco su padre se quedaba sin aire hasta morir en silencio, sin nadie que pudiera oírlo. Y aunque así hubiera sido, era demasiado tarde para él, Erwin había ordenado que nadie los interrumpiera en un momento como ese. Ahora todos jugaban dentro de su juego.
Agitado por tanta presión, Erwin quitó la almohada lentamente, el rostro de su padre reflejando una profunda agonía, sin embargo eso no causó otra cosa más que un bufido en Erwin.
—Ese asqueroso poder titánico no fue de gran ayuda después del todo, ¿verdad, padre?
Sin decir ni una sola palabra más, Erwin dejó la almohada sobre la cama y abandonó la habitación, tan sereno como el viento. Los guardias le abrieron la puerta con una reverencia y diez soldados lo estaban esperando en el próximo pasillo, Zacklay entre ellos.
El viejo lo recibió con una cálida palmada en el hombro.
—¿Está hecho?
—Hecho —anunció Erwin—. ¿Dónde está Historia?
—En su recámara.
Él asintió, comenzando a caminar.
—Sígueme.
Las miradas temerosas que el servicio de la casa le dedicó mientras el joven Erwin deambulaba por los pasillos siendo escoltado por diez soldados sería algo que jamás podría olvidar. Los guardias que custodiaban la recámara de Historia se apartaron de inmediato al verlo llegar, ya no había nadie a su favor, nadie que pudiera ayudarla.
Erwin era el verdadero líder ahora.
Abrió las puertas con firmeza y encontró a su hermana sentada sobre su tocador, leyendo. Por el reflejo del espejo ella lo observó, pero su mirada cambió al ver las personas que rodeaban a su hermano mayor, Zacklay y mil soldados más. Por un instante temió, porque su padre le había advertido que esto pasaría. Esto pasaría, pasaría, pasaría… e Historia no estaba del todo segura como podría evitarlo.
—¿E-Erwin? ¿Qué suced-
—Ven conmigo —ordenó, frío como el hielo.
Historia tembló.
—¿Qué sucede?
Su hermano esperó muy pacientemente.
—Ven.
La muchacha observó a Zacklay, tan serio como una roca, a los soldados, para nada dispuestos a intervenir y ayudarla. Supo que no había remedio. Lentamente la muchacha de cabellos como el sol retrocedió tan lentamente que estaba segura su hermano no fue capaz de notarlo. Con su mano tanteó su tocador hasta encontrar el cajón en el que había guardado la dosis de su padre, y sostuvo la jeringa entre sus manos porque sabía que era la única opción viable.
—No iré a ninguna parte —dijo, aferrando toda su existencia en la inyección.
Erwin dio un paso hacia ella, pero Historia fue más rápida. Tomó la dosis y clavó la aguja sobre su muñeca con rapidez, tanto Erwin como Zacklay y los soldados exclamaron, sorprendidos.
Sin embargo ella no se había inyectado nada aún.
—¡No dejaré que arruines los planes de padre! —chilló Historia, temeraria—. ¡Lárgate, Erwin, o juro que me transformaré y ni siquiera tus huesos permanecerán!
Pero Historia era débil, siempre lo fue, Erwin siempre lo supo. Ni siquiera dio la orden, dos de sus soldados atravesaron la habitación hacia ella y la sostuvieron por ambos brazos, paralizada por la bestialidad que su hermano había cometido ni siquiera fue lo suficientemente inteligente como para inyectarse el suero a tiempo. Los soldados la atraparon y Erwin abandonó su habitación junto a Zacklay, los gritos de su hermana chillando su nombre a través de los pasillos hasta que un disparo retumbó entre las paredes y el llanto cesó.
Todo había acabado.
Pero para Erwin solo comenzaba. Dio la orden a Zacklay de que propagara el terrible accidente. Uno de los guardias se infiltró en las recámaras de su padre, ahogándolo con una almohada, para después marchar hacia la habitación de su hija menor y violarla sin ningún tipo de misericordia. Tuvieron que sacrificar uno de sus hombres para la tarea, era la única manera de que el pueblo creyera la tragedia que había azotado a los Smith. Pero el fin justificaba los medios. La gente lo amó, se compadeció del pobre muchacho de quince años que había perdido a su familia por una traición civil.
Él rigió sobre la ciudad desde entonces, siendo esa la primera de muchas mentiras que el pueblo se creería de su propia boca.
Los golpes en el rostro de Eren Jaeger eran incontables.
Pero Eren no tenía miedo, aquél era un sentimiento con el que había aprendido a familiarizarse hasta saber dominarlo por completo, hasta el punto en donde ni siquiera le afectaba del todo. La habitación era oscura, pero lo suficientemente iluminada para que Eren pudiera ver los puños del tal Mike impactar contra su rostro una y otra y otra vez, sus manos atadas al respaldo de la silla, sin poder moverse.
A pesar de la hinchazón de sus ojos, el rostro sereno de Erwin Smith era más que notorio, parado a pocos metros de él en compañía de Zacklay, ambos observando la escena en silencio. Incluso Levi no emitía palabra alguna, sentado a su lado con sus manos atadas, en su rostro se lucían los mismos golpes que Eren cargaba sobre su piel. Era gracioso, de alguna manera.
Cuando Mike terminó su ronda, se apartó, limpiándose las manos ligeramente y Erwin dio un paso al frente, llevaban casi dos horas de ésta manera. Era demasiado irritante.
—¿Hablarás ahora? —exigió, paciente.
Pero fue Levi quien tuvo la idea de responder.
Rió, seco, mientras escupía algo de sangre al suelo.
—Sabes —sugirió, casual—. Golpearlo de esa manera… ¿no es peligroso? Podrías lograr que se transforme en titán.
Aquél comentario le sacó una carcajada a Eren. Era satisfactorio ver que sus tres enemigos no parecían demasiado alegres ante ese hecho.
—Se necesita más que un solo golpe en mi rostro para que me transforme, no funciona de esa manera —dijo Eren, mirando a Erwin fijamente—. Pero Erwin parece saber eso muy bien. Me pregunto qué otras cosas sabes. ¿Por qué no cambiamos de lugar, y te sientas aquí y empiezas a hablar?
Eren se ganó otro puñetazo por eso. Zacklay parecía tener suficiente de aquello. Caminó hacia Eren y lo sostuvo de la mandíbula con mucha fuerza.
—Si no empiezas a decir todo lo que sabes, mocoso de mierda, traeré aquí a esa niña estúpida y entonces empezarás a hablar porque-
Zacklay jadeó cuando Eren lanzó un escupitajo de sangre hacia su cara, obligándole a callar su estúpido monólogo barato. Nadie le decía a Eren Jaeger qué hacer, mucho menos si intentaban utilizar a Mikasa para ello. Erwin apartó a Zacklay y miró a Eren fijamente.
—Tú lo has querido. Trae a Mikasa —le ordenó a Zacklay. Después de eso sus ojos se posaron en Levi—. También a Petra.
Zacklay abandonó la habitación del calabozo junto a otros guardias, dejando a Erwin a solas frente a sus dos enemigos, aunque uno de ellos no lo era en el pasado. Levi lo observó con calma, impidiendo que sus emociones lo controlaran.
—Me sorprende lo sigiloso que fuiste en todo esto —susurró Erwin—. Debí haberlo imaginado.
Levi jadeó, casi riendo.
—Soy bueno ocultando cosas —respondió—. Al igual que tú. Mikasa era mi hermana, Zacklay mató a mi padre… debí haber imaginado que estabas al tanto de ello.
Erwin ni siquiera se inmutó. Permaneció en silencio, ignorando las quejas de su ex amigo deliberadamente. Se acercó a Eren y lo tomó bruscamente de su camiseta ensangrentada, sus ojos flameando con un fuego que antaño gobernaba su mirada. Lo observó fijamente, furioso, harto de tanto juego infantil y preludios absurdos.
—Qué-hay-en-ese-sótano —pronunció cada palabra con firmeza, sílaba por sílaba, una orden sin vuelta atrás.
Eren no respondió. En lugar de eso sostuvo sus ojos durante unos pocos segundos, su mirada danzando sobre una burla que poco a poco irritaban a Erwin Smith. Entonces lo oyeron, a lo lejos, un sonido que se prolongó en un eco fantasmal, aterrador.
Un rugido.
Erwin alzó la mirada, rompiendo el contacto visual con Eren y todos hicieron silencio, incluso Levi se vio alarmado.
Era solo cuestión de tiempo, era algo que Eren supo sucedería, algo que deseaba evitar… pero ya no había vuelta atrás. El rugido se oyó de nuevo y con furia Erwin lo sostuvo más firmemente de su camiseta, zarandéanoslo.
—¡Si esto es obra tuya, juro que-
—Hay una razón por la cual vivía en ese bosque —susurró, el dulce placer del odio que le sentía danzando sobre su lengua a cada palabra que Eren especulaba—. ¿Creías que tu mentira duraría para siempre?
Erwin lucía perplejo, sus manos temblaban.
—De qué demonios hab-
—Ya están aquí —fue lo único que Eren dijo al respecto, disfrutando la incertidumbre en los ojos de su oponente—. Atravesaron el bosque. Es solo cuestión de minutos hasta que tu pueblo los vea, y entonces tu teatro se hará trizas.
Pasos desenfrenados se oyeron desde lo lejos, como si un animal gigante hubiera pisado las tierras un sinfín de veces, paso tras paso, como un terremoto.
Ba-dum, ba-dum, ba-dum.
Los titanes.
¡ANUNCIO!
Gente hermosa, acabo de publicar un nuevo fic de Eremika,«Scars deeper than love». Como sabrán, IWAR está llegando a su fin, ¡pero no es motivo de tristezas! Con «Scars deeper than love» prometo darles un Eremika mucho más maduro y repleto de romance, una relación romántica que en IWAR no pude plantear. ¡Así que corran a leerlo! Espero sus comentarios y nuevamente su apoyo para con el fic.
Love you giiiiiirls! :)
¡Hello Everybody!
SÍ, SÍ, SÍ, lo sé, tardé mucho.
En el capítulo anterior, tuve un review donde me pidió/rogó que diera detalles sobre los personajes en el próximo capítulo, en caso de que fuera el último. A decir verdad, no me detuve a pensar demasiado en la vida de TODOS los personajes, pero sí quise darle un trasfondo mucho más profundo a Erwin Smith, aka el villano del fic(?).
Este capítulo es corto en comparación a lo anteriores, más que nada porque planeaba que fuera el último, pero terminé dividiéndolo en dos por una razón bastante tonta(?) y es que me enfermaba la idea de terminar el fic solo con nueve capítulos, con diez se ve más bonito (y completo) jó, así que ya saben, el próximo capítulo es el ÚLTIMO capítulo del fic, pero será mucho más largo que éste y estará repleto de desgracias. MUAJAJAJA.
Nuevamente quiero agradecerles a todos por el apoyo que tuvo este fic :) nunca lo hubiera imaginado. 130 reviews, 68 favoritos y 57 followers, de verdad, ¡GRACIAS! Como dije más arriba, acabo de publicar un nuevo fic largo de Eremika, Scars deeper than love, con mucho smut y romance(?) así que les estaría eternamente agradecida si me apoyan con ese también :) hay que llenar el fandom de mucho eremika, muchachas.
En fin, prometo actualizar pronto el próximo capítulo por el mero hecho de ser el último.
¡Las quiero!
¡Hasta la próxima!
—Mel.
