«I will always return»

Personajes de Hajime Isayama.

Summary:
Eren es un titan cambiante que vive en el bosque. El pueblo de Shiganshina le teme, así que proponen otorgarle un sacrificio con la condición de que se marche de las tierras y nunca regrese. Mikasa es una niña del pueblo que es ofrecida como el sacrificio. Cuando es abandonada en el bosque, en lugar de encontrar una bestia abominable, encuentra a un muchacho solitario. Eremika. AU.


#Notasquetodosaman(?):

ÚLTIMO CAPÍTULO -llora-


—o—

Los ojos de Petra permanecían fijos sobre el candelabro junto a la entrada de la puerta del calabozo en el que se hallaba encerrada durante horas. Su mirada parecía distraída, extraviada en un sueño lejano que a Mikasa no le resultaba nada fácil de descifrar, no obstante, la mente de Petra trabajaba tan activamente como nunca antes. Pensando, pensando, pensando.

¿Cómo demonios lograría escapar de ahí?

Lo último que una joven como ella habría hecho en una situación de emergencia como esa sería esperar a que su valiente corcel de brillante armadura—y de proporciones pequeñas, a decir verdad—llegara para rescatarla. Incluso si Levi había sido su salvación numerosas veces, Petra no era ese tipo de mujeres. Ella habría dado tanto o más, atribuyéndole un poco de todo lo que Levi le entregó durante años incluso a pesar de ser más joven que él. Así que no podía permanecer allí encerrada sin hacer nada mientras él sufría, probablemente, un destino peor que el de ella al enfrentarse a una traición mayor.

Pero no había demasiado por hacer. Incluso si los guardias se habían marchado hacía horas y ambas se encontraban solas en las partes más oscuras del calabozo, los barrotes de la celda se alzaban con firmeza y las paredes no contaban con agujeros misteriosos por los cuales rascar un hueco, una vía de escape. Y aquella noche había sido lo suficientemente estúpida como para llevar tan solo una ganzúa hacia la casa de Zacklay, una ganzúa que se quebró una vez que lograron abrir la puerta y ya no servía para nada más. ¿Cómo había podido ser tan imbécil? Cargar ganzúas entre las botas de su uniforme había sido una manía que Levi le implantó con los años. Nunca sabes para qué las necesitarás, decía. Y tenía razón. Tendría que haber traído más de una consigo, ahora serían su eterna salvación.

—Todo esto es culpa mía.

La voz de Hanji hizo que Mikasa y Petra la observaran de reojo, confundidas y curiosas a la vez. Durante el lapso de tiempo en el que permanecieron encerradas Hanji se mantuvo en completo silencio, tan ruidosa e imprudente que era. Oírla hablar de repente fue toda una sorpresa, especialmente con las palabras que siguieron a continuación. Ni Petra ni Mikasa dijeron nada más, Hanji continuó con su inesperado discurso.

—Fui cercana a Erwin en todos los aspectos que pueden imaginar —susurró, y miró a Petra de reojo—, incluso más que tú —se quitó los lentes con pereza y los examinó con agotamiento—. Estuve presente en reuniones secretas de las que ni siquiera Levi siendo mano derecha de Erwin estuvo presente. Se me confió la tarea de investigar a los titanes y averiguar su paradero, su origen. Todo el conocimiento del mundo fue puesto sobre mis hombros… y yo lo eché a perder.

—Hanji…

—El conocimiento es el arma más poderosa a manos de un ser humano —interrumpió—. Nuestro cerebro solo utiliza un 10% de nuestro conocimiento… tan solo imaginen si tuviéramos acceso al resto de la información escondida dentro de él —soltó una risa seca, semejante a un bufido—. Nos volveríamos locos. Y por un largo tiempo creí que eso nos diferenciaba de los titanes allí afuera: nosotros éramos inteligentes, ellos no. Podíamos ganar, podíamos sobrevivir. ¿Pero, hasta qué precio debería llegar la supervivencia? Eso es lo que aprendí con el tiempo, la inteligencia y el conocimiento pueden corrompernos, cuando Erwin me confesó el secreto de su familia y de los titanes cambiantes… lo supe. Lo vi en sus ojos. Ya no era una lucha entre titanes y seres humanos, era algo mucho más peligroso que eso.

Hanji suspiró, refregándose los ojos.

—Los titanes cambiantes son una cosa fascinante, ¿saben? Mitad humanos, mitad titanes. Inteligentes, fuertes, creados para mantener la paz, la cerca que mantiene ambas especies en armonía. Durante siglos la familia de Erwin intentó apaciguar los mares. Un titán cambiante puede adquirir conocimientos y recuerdos de otro titan cambiante al comer su espina dorsal y como una herencia los Smith se la entregaron los unos a los otros por generaciones, porque incluso los más fuertes tienen un punto débil, el talón de Aquiles —murmuró—. Desgraciadamente los titanes cambiantes no viven muchos años.

Mikasa parpadeó, su piel erizándose ante semejante declaración.

—¿Q-Qué?

Hanji lució apenada, pero continuó.

—Es complicado, pero sus cuerpos no resisten por largos años las constantes transformaciones, muchos de ellos pierden el control en su forma de titán y acaban dañando alguien que aman, al menos fue así como Erwin dijo que murió su madre. Su padre la atacó en un estado de inconsciencia y esa es la razón por la cual creo Erwin es como es. Su odio hacia los titanes es irracional, incluso hacia Eren que lo único que ha hecho fue mantener la ciudad a salvo durante años, pobre muchacho —suspiró—. Como dije, todo esto es culpa mía. Seguí a Erwin porque creí que era lo correcto, hasta que las cosas fueron demasiado lejos y supe que le fallé a la humanidad. Albergué conmigo esta información durante años y podría haber detenido las cosas a tiempo, pero el conocimiento no solo corrompe, también ciega. Los titanes no son nuestros enemigos y nosotros no somos los héroes, creo que es lo contrario. Los crueles y despiadados, los asesinos y mentirosos, los traicioneros e hipócritas… somos nosotros. Los titanes no suelen atacarse entre ellos, viven en armonía, pero nosotros… solo míranos, ¿hasta donde hemos llegado? Ellos solo están aquí para hacernos pagar por nuestros pecados.

El silencio reinó una vez que Hanji terminó con su discurso, las manos de Mikasa temblando estrepitosamente ante tal confesión. Eren, Eren, Eren, lo único en lo que Mikasa podía pensar era en él, ni siquiera le importaba realmente que pudiera morir en un futuro cercano, lo único que deseaba era poder salvarlo de Erwin y permanecer junto a él el tiempo que fuera necesario: dos, tres, cuatro años… no importaba, ella se encargaría de llenar el resto de sus días con felicidad, sin una carga sobre sus hombros ni una responsabilidad demasiado grande para ojos tan amables, pero lo peor de todo era que Mikasa no sabía si eso podría ser posible.

Algo en su interior le susurraba que no sería así nunca.

—Todos hicimos mal desde el momento en que nadie se atrevió a contradecir a Erwin cuando éste ofreció a Mikasa como el sacrificio —susurró Petra, su ceño fruncido—. El único que protestó fue Levi…

Hanji rió un poco, amarga.

—Ese enano asqueroso sí que posee agallas —se burló honorablemente—. Pero no me preocupo por él, es fuerte como un roble —miró a Mikasa de reojo, casi con cariño—. Igual que su hermana. Joder, niña, una noche entera dentro del Bosque de los Árboles Gigantes… no cualquiera sobrevive a eso.

Petra rió un poco ante su comentario, sin embargo Mikasa contuvo el impulso de derramar un río de lágrimas, sus manos apretándose entre sí con nerviosismo.

—Fue Eren —susurró, casi a punto de llorar—. Fue él quien me salvó y ayudó. Si no fuera por él… yo habría muerto al instante. Nunca fui valiente ni fuerte, siempre fui la chica débil de la que todos se burlaban. Mi tío abusó de mi toda la vida y jamás fui capaz de defenderme y hacer algo por mi misma. Fue Eren… —dijo, entonces sus lágrimas abandonaron sus ojos de inmediato—. Fue él quien me enseñó a luchar, él me dio un motivo para vivir, porque antes de conocerlo yo no tenía nada. Él… é-el…

Mikasa agachó la cabeza, incapaz de continuar y Petra se acercó para poner una mano sobre la suya, poco a poco enfadándose por toda la miseria que las rodeaba.

—Saldremos de aquí, Mikasa —dijo, solemne—. Lo juro. Saldremos de aquí y salvaremos a Eren. Te lo prometo.

Mikasa cerró sus ojos, terriblemente apenada. Involuntariamente no podía evitar pensar que todo aquello era culpa suya. Si tan solo hubiera muerto dentro de ese bosque, si tan solo no hubiera insistido en perseguir a Eren y marcharse de allí cuando él se lo advirtió… tal vez nada de esto estaría pasando. Tal vez Eren no estaría siendo torturado y el pueblo estaría a salvo, pero de alguna manera Mikasa no podía evitar pensar que todos aquí dentro se merecían esto. La gran mayoría de los ciudadanos votaron a favor de entregarla a manos del titan y durante años aquellos que dirigieron la ciudad conocían el secreto de Mikasa Ackerman y los lazos de sangre que la unían a su hermano mayor, Levi. Y eso era algo que nunca podría perdonarles: haberles arrebatado su identidad.

Pero Eren no se suponía debía ser parte de todo ello. Él era inocente, un héroe, había entregado años de su vida para proteger a un pueblo ingrato y ahora pagaba las consecuencias. También su hermano, que siempre fue amigable con ella incluso antes de conocer los lazos de sangre que los unían. Mikasa no lo dijo en voz alta, pero de verdad tenía mucho miedo.

—Estaremos bien —reafirmó Petra—. Sé que todos estare-

Un sonido lejano e imponente la hizo callar, Mikasa se sobresaltó y sus ojos la observaron expectantes, refugiándose en la seguridad que Petra como adulto le proporcionaba. El sonido se repitió nuevamente, no era algo que Mikasa hubiera oído con anterioridad pero las paredes del calabozo comenzaron a temblar al igual que los barrotes de la celda, el techo desprendiendo una lluvia de polvo y Mikasa supo, supo, supo que algo no estaba bien. Que aquello no eran cañones ni cualquier otra cosa a lo que la ciudad se hubiera enfrentado con anterioridad. De repente todo cobró sentido.

El poder de Eren estaba fallando. Él no estaba en el bosque ahora mismo.

Bom-bom-bom.

Un rugido esporádico.

Titanes.

Petra, Hanji y Mikasa se levantaron del suelo de inmediato, observándose la una a la otra con terror. Petra comprendió la situación muchísimo más deprisa, ella misma había tenido que matar a cientos de ellos en sus expediciones a las afueras de la ciudad, conocía el sonido exacto de sus rugidos y de sus pisadas y el temor la invadió como a un bebé, pero Levi siempre decía que en los momentos más difíciles era cuando el cerebro lograba activarse. Ante momentos de temor los sentidos se alertaban. Hanji y Petra corrieron hacia la celda y comenzaron a moverla con fuerza, intentando de alguna manera debilitar los barrotes pero no había caso. Los sonidos esporádicos continuaban y todo a su alrededor no dejaba de temblar.

—¡Guardias! —gritó Petra—. ¡Guardias!

Pero no había nadie.

Hanji maldijo, mirando a su alrededor como si esperara que una puerta mágica se desprendiera y las sacara de allí fantasiosamente, pero no había nada. Tomó una roca del suelo y comenzó a golpear la cerradura de las puertas pero no había caso, Erwin había sido lo suficientemente inteligente para colocar barrotes resistentes que impidieran el escape de sus prisioneros.

—M-Maldita sea…

—¡¿Qué vamos a hacer?! —chilló Mikasa, acercándose a ellas con desesperación.

El grito de la multitud allí afuera fue suficiente para poner a Petra en un estado de nerviosismo extremo. Jadeó, mirando a su alrededor, entonces lo vio.

Una horquilla. Pequeña y oculta entre el cabello de Mikasa, justo por detrás de su oreja.

—Tú horquilla —dijo, desesperada.

Mikasa frunció el ceño, jadeando, entonces lo recordó. Abrió los ojos con sorpresa y llevó su mano inconscientemente hacia su oreja, tanteando su cabeza para encontrarla. La sintió escondida cerca de su nuca, la pequeña horquilla aferrada a su cabello con fuerza. Petra se inclinó a Mikasa con rapidez y la ayudó a desenredar la horquilla de su cabeza, cuando logró quitarla sin ningún tipo de preámbulos se agachó frente a la puerta y la introdujo en la cerradura.

Mikasa la observó expectante.

—¿F-Funcionará? —preguntó, inquieta.

Petra resopló, concentrada en su labor, hundiendo la horquilla dentro de la cerradura hacia todas partes, como si se tratara de una ganzúa.

—¿Qué si funcionará? —casi se burló, arrogante—. Solía usarlas para escapar de mi casa y reunirme con tu hermano. Ninguna cerradura es problema para mi, niña.

Los sonidos a lo lejos se volvieron más insistentes y Mikasa jadeó al oír un nuevo rugido, similar al que oyó por primera vez en el bosque cuando Eren le mostró desde la cima de un árbol la cantidad de titanes que habitaban las lejanías. Gritos humanos también se hicieron oír y fue demasiado tarde, ya habían penetrado el centro de la ciudad, al menos lo suficiente para que la población notara la invasión.

—¡Petra, apresúrate! —insistió Hanji.

La muchacha frunció el ceño, desesperada.

—E-Eso intento…

Y así fue. Sus manos temblaron pero en menos de veinte segundos se oyó ese tan esperado click que buscaba. El candado se abrió y con fuerza Petra quitó las cadenas, abriendo la puerta. El techo aún seguía temblando y juntas abandonaron la celda encontrándose con los calabozos completamente vacíos, ningún guardia custodiando las celdas.

—¡Por aquí! —chilló Hanji, conocía los pasadizos de ese lugar incluso con los ojos cerrados.

Se hallaban en la parte más profunda del calabozo así que tuvieron que subir algunas escaleras rotas para llegar hacia el piso en donde suponía mantenían a Levi y a Eren encerrados. Petra guardó la horquilla en su bota por si acaso y las tres se echaron a correr deprisa por las escaleras, tropezando con los escalones debido al miedo y el nerviosismo y los constantes temblores que agitaban las paredes del calabozo. Los candelabros a su alrededor estaban apagados y la oscuridad nublaba sus vistas, pero ni aún así detuvieron su paso y Hanji las dirigió exitosamente hacia donde presentía Eren y Levi estaban secuestrados, la habitación más segura del calabozo, sin rejas que pudieran visualizar lo que había dentro, solo una puerta gris y oxidada.

Llegaron a ella de inmediato y Petra movió la manija para abrirla, pero también estaba cerrada.

—¡¿Levi?! —gritó, golpeando la puerta con su mano.

Se oyeron unos pasos.

—¿Petra? —era la voz de Levi.

Ella jadeó y quitó la horquilla de su bota. Se inclinó en la puerta y la introdujo en el candado.

—¡E-Esperen un segundo, los sacaremos de aquí!

La puerta se abrió más rápido que la anterior y Mikasa se sorprendió al notar que ni Levi ni Eren estaban atados, pero jadeó al ver los golpes en el rostro de Eren. Las tres ingresaron en la habitación al mismo tiempo con miedo y alegría a la vez, ambos estaban a salvo de alguna manera, golpeados y rotos pero vivos, y eso era lo único que le importaba a Mikasa. Petra y Levi se abrazaron al instante de verse, su hermano preguntando un constante ¿estás bien? mientras Mikasa se cubría la boca con ambas manos al notar los moretones en el ojo de Eren.

—¡Oh, Eren…! —dijo, alzando la mano para tocar uno de sus moretones.

Éste hizo una mueca, apartando su mano delicadamente. El corazón de Mikasa latió deprisa al notar que no la soltó luego de eso.

—¡Auch! —se quejó, arrugando el rostro.

—¿Cómo escaparon? —preguntó Levi.

Petra le enseñó la horquilla, y con un suspiro volvió a guardarla dentro de su bota.

—¿Ustedes? —preguntó ella, viendo las sillas sobre la habitación.

—No creo que quieras saberlo.

—Oigan —advirtió Hanji, seria como una roca—. ¿Dónde está Erwin?

Levi bufó. Se apartó de Petra y tomó su chaqueta del suelo, colocándosela de prisa. Se acercó a una mesa y comenzó a buscar algo dentro de unos cajones.

—Se largó como el cobarde que es, y se llevó el mapa consigo —dijo, y entonces sacó un revolver de una pequeña caja roja—. Iré a buscarlo.

—Los titanes han entrado en la ciudad —advirtió Mikasa, temblando.

—Oh, no…

Todos observaron a Hanji, dubitativos. Lucía realmente perturbada pues conocía los secretos más oscuros de Erwin y el que hubiera escapado de esa manera junto con el mapa le advertía que haría una locura, muy dentro suyo Hanji pudo adivinar cual era. Miró a Levi con desesperación.

—Iré contigo.

—Yo también —se apresuró a decir Eren, apartándose de Mikasa para unirse al equipo en busca del mapa.

Mikasa parpadeó cuando la mano de Eren se desprendió de la suya tan ligeramente como el aleteo de una mariposa, un contacto efímero que se desvaneció al distante. Mikasa observó su mano, temblando. Levi asintió, de acuerdo con la idea, tal vez pensando que tener a un titan cambiante en el equipo haría las cosas mucho más sencillas, pero Mikasa sabía la verdad y el temor no abandonó sus sentidos en ningún instante. Todos abandonaron el calabozo luego de que Levi y Hanji se pusieran encima su Equipo de Maniobras y cuando llegaron a la superficie de la ciudad todos jadearon por igual.

Una avalancha de titanes abandonaba el Bosque de los Árboles Gigantes y era la primera vez que Mikasa los veía tan de cerca. Se paralizó. Ni siquiera podía encontrar una manera apropiada de describirlos, pues eran semejantes a humanos que habían sufrido algún tipo de accidente científico o algo por el estilo, como experimentos mal hechos, absurdas burlas de su propia especie. Algunos eran grandes, otros eran pequeños, narices gordas y chuecas, ojos demasiado pequeños para sus cabezas y otros con sonrisas cargadas de júbilo. Pero esos eran los últimos, pues otros ya habían penetrado la ciudad y Mikasa pudo divisar a lo lejos una casa incendiarse por completo, los gritos de la multitud eran ensordecedores.

—Vuelve con vida, ¿de acuerdo? —suplicó Petra en silencio, sosteniendo a Levi por las mejillas luego de besarlo fugazmente.

Él asintió, susurrándole algo que Mikasa no pudo oír y cuando los tres hicieron ademán de marcharse, Mikasa no pudo evitar tomar la mano de Eren rápidamente, deteniendo su huída. Él se volteó, mirando su mano aferrada a la suya y Mikasa no hizo más que ver al niño que hacía dos años se presentó frente a ella en el bosque, arisco como un felino y valiente como un león.

'Me llamo Eren'.

Sus ojos llorosos rogaron un no lo hagas, no te marches…

—Eren…

Eso fue lo único que pudo decir, Levi y Hanji avanzando sin mirar hacia atrás, esperando que Eren les siguiera. Pero él sonrió, su mano apretando la suya ligeramente.

—No te preocupes por mi —afirmó, tan decidido como él mismo—. Siempre regresaré, ¿recuerdas?

Las palabras que Mikasa le repitió hasta el cansancio en el pasado hicieron eco en sus oídos y en su corazón, palpitando con furia. Porque ahora era él quien se marchaba cuando antes solía ser ella y tal vez Eren también compartió su miedo, tal vez no fue el único en observar las estrellas por la noche dentro de la soledad del bosque preguntándose si Mikasa siempre regresaría, si al día siguiente se presentaría frente a su cabaña como todas las noches dispuesta a iluminar su intensa oscuridad como las estrellas del cielo. Porque ahora era él quien murmuraba la promesa y Mikasa temía que no pudiera cumplirla.

Temía no volver a verlo jamás.

Sin decir ni una sola palabra Eren soltó su mano y Mikasa reprimió un sollozo. Él se volteó y se echó a correr junto a su hermano y la silueta de su cuerpo perdiéndose entre la multitud de la gente que huía de los titanes fue lo último que vio antes de que Petra la tomara de la mano y se echaran a correr en lado contrario.

La ciudad era un desastre.

Casi todas las viviendas por las que pasaban estaban destruidas, como si un gran meteorito hubiera impactado sobre ellas repentinamente. Podía ver a lo lejos los titanes pisotear las casas, introduciendo sus manos en las ventanas y sacando a personas entre ellas como si se trataran de chocolates dentro de una caja. Mikasa quiso vomitar cuando uno de ellos partió en la mitad a una mujer, la sangre fluyendo de su cuerpo como lluvia mientras su bebé gritaba en el suelo, tal vez por la muerte de su madre, tal vez al saber que sería el siguiente.

Mikasa lloró.

Durante todo el recorrido en donde su mano se aferró a la de Petra con fuerza su pecho sollozó constantemente, tropezando con rocas y con personas que yacían en el suelo completamente muertas por el destrozo de la ciudad, donde las construcciones se derramaban encima de ellos aplastándolos como a cucarachas. Entonces todo el odio que Mikasa le sintió a la población por abandonarla en el bosque de esa manera se esfumó por completo. Nadie merecía una muerte como esa, nadie merecía un destino tan cruel y despiadado, no importaba lo que hubieran hecho.

—¡Lo advertí, lo advertí! —gritaba un hombre vestido con harapos, llorando frente a un cadaver sin rostro—. ¡Ellos vendrían, la ciudad nunca estaría a salvo, lo vi en mi sueño! ¡Las murallas, las murallas!

La gente chocaba contra ellas, intentando escapar, y Mikasa no pudo evitar mirar a Petra con temor. La cantidad de muertos que había a su alrededor le causaron náuseas.

—P-Petra —dijo, temerosa, suplicante—. L-La gente…

Tenemos que ayudarlos, pensó.

Pero no había nada que pudieran hacer al respecto. Mikasa lo sabía, Petra lo sabía. No fue hasta que Petra se volteó ligeramente para verla cuando supo que lloraba. Ella también compartía su dolor, también se compadecía del pueblo… pero no había nada que hacer. Se dirigían hacia la casa de su padre, y cuando llegaron a la humilde vivienda Petra soltó la mano de Mikasa y se adentró en la casita, Mikasa siguiéndole apresuradamente.

—¡¿Papá?! —llamó Petra, desesperada.

No había nadie.

Sollozó.

—¡Papá! —gritó, inclinándose sobre las escaleras, adentrándose en la cocina, por todas partes… pero no había nadie allí dentro—. Maldición.

Petra se apartó de la cocina y se acercó a Mikasa, sosteniéndola por los hombros.

—Quédate aquí, Mikasa —pidió, sus ojos llorando—. Iré a buscar a mi padre. No salgas de aquí, por favor, espera a que regrese.

Mikasa quiso negarse, quiso suplicarle que no se marchara y que se quedara con ella, pero asintió repetidas veces incluso si sus ojos cargaban la más grande de las mentiras. Era su padre, su familia, Mikasa comprendía sus sentimientos a la perfección y habría hecho lo mismo por Levi y Eren de tener la oportunidad, así que la dejó ir. Petra se inclinó hacia Mikasa y le dio un beso en la mejilla, sonriendo con ojos llorosos y entonces abandonó la casa cerrando la puerta con rapidez.

Mikasa no supo qué hacer después de que se marchó.

Se quedó quieta durante un instante, debatiéndose entre llorar o cubrir sus oídos para evitar oír el griterío de la gente al ser devorada, aplastada, machacada… todo tipo de cosas que Mikasa no quería saber. Temblando se echó a caminar por la casa, intentando distraerse con las cosas a su alrededor y rogando por que Petra regresara rápido. Se detuvo frente a la mesa del comedor cuando divisó una nota pegada junto a una taza blanca. Frunció el ceño, manos temblando, y se inclinó para leerla.

Era del padre de Petra.

"Te esperé para cenar pero como no venías terminé acabando
todas las sobras del estofado que hiciste ayer por la tarde,
tu viejo sintió culpa. Luego recordé lo que dijiste acerca
de que pasarías la noche en casa de Levi y que no regresarías
hasta mañana por la mañana, entonces se me pasó la culpa.
Tu viejo es olvidadizo, no me regañes. De todas formas,
si regresas y no me encuentras en la casa es porque fui
a comprar para el almuerzo, no creas que me he escapado
con alguna mujerzuela o algo por el estilo, tu viejo está
loco pero no tanto. Prepararé tu platillo favorito.

Papá."

Mikasa lloró. Todos conocían al padre de Petra, era un hombre viudo que perdió a su esposa por una terrible enfermedad y desde ese día solo vivió para su hija. Era un hombre amable y gracioso, solía contarles historias a Jean y a Mikasa por las tardes cuando los días eran demasiado aburridos dentro de la ciudad y le había regalado una flor luego de haber notado un moretón en su cuello producto de las golpizas de su tío. Mikasa solo pudo rogar para que estuviera bien, que estuviera a salvo.

Mikasa limpió sus lágrimas y dejó la nota sobre la mesa. En contra de su voluntad se acercó a la ventana más cercana para intentar ver si Petra se encontraba cerca…

Entonces vio a Jean.

Corría. Su pierna cojeaba y sangraba, su rostro lloraba y gritaba y aún así seguía corriendo, tropezando con la gente y con las cosas a su alrededor.

Un titan lo seguía.

Mikasa chilló su nombre pero él no la escuchó, continuaba sosteniendo su pierna mientras miraba hacia atrás para verificar que tan cerca o lejos se encontraba el titan, pero nadie era lo suficientemente deprisa para huir de ellos. Mikasa desobedeció deliberadamente las órdenes de Petra sin ningún tipo de culpa y abrió la puerta de la casa para echarse a correr hacia donde había visto a Jean desde la ventana.

—¡Jean! —gritó con todas sus fuerzas, llorando.

El muchacho pareció oírla, porque dejó de llorar y alzó el rostro, buscando con la mirada. Al encontrar sus ojos negros Mikasa pudo ver la culpa en ellos, y ella no lo odió ni siquiera un poco. Corrió hacia él a pesar de que el titan estaba prácticamente a nueve metros de distancia y colocó su brazo alrededor de sus hombros para que se sostuviera, cogiéndolo por la cintura y ayudándolo a caminar con dificultad.

—M-Mikasa… —lloró él. Nunca había dejado de ser un niño.

Y tampoco Mikasa.

—T-Todo estará bien —sollozó ella.

Lo ayudó a correr de regreso hacia la casa de Petra pero otro titan, uno pequeño y cabezón apareció por detrás de la casa. Ya no podían ir por allí. Chillando del susto Mikasa se aferró a Jean y tomó otra dirección, se adentró por las calles contrarias introduciéndose en los pasadizos que llevaban hacia el cementerio frente a la iglesia, el mismo lugar en donde Annie y sus amigos se burlaron de ella esa tarde cuando Levi la defendió. Jean jadeaba por el intenso dolor en su pierna lastimada y Mikasa respiró tranquila cuando se adentraron en el cementerio y detuvieron su recorrido, sentando a Jean contra la pared más cercana en donde tal vez los titanes no la verían por el momento. Ella se sentó junto a él, jadeando, dandole algo de tiempo para recuperarse.

Los gritos y gruñidos de los titanes y las pisadas no se detuvieron, tampoco el llanto de Jean.

—M-Mikasa —repetía como un bebé—. L-Lo siento… l-lo s-siento…

Ella lo observó, sus labios temblando.

—¿Por qué lo h-hiciste, Jean?

Jean a penas podía hablar sin tartamudear.

—T-Tenía m-miedo, t-

Calló de inmediato cuando ambos oyeron un gruñido detrás de ellos. Como el ronroneo de un gato, pero mucho más fuerte y profundo, mucho más aterrador y cruel. Ambos se observaron, arrugando el rostro en un llanto silencioso al adivinar lo que sucedería a continuación, sus ojos color miel confesando todo aquello que con palabras no podía decir en ese momento. Mikasa alzó la vista hacia arriba y el rostro de un titan los observaba sonriente desde lo alto, inclinado hacia ellos como si los hubiera estado espiando durante horas. Entonces su mano descendió y Mikasa supo que ya no había vuelta atrás, que ese titan tenía en su poder la decisión de elegir, elegir, elegir.

Desgraciadamente, eligió a Jean.

—¡No! —chilló Mikasa.

—¡Mikasa!

Ella lo tomó de las manos, ambos aferrándose con toda la fuerza del mundo, pero el titan poseía aún más. Tomó a Jean de la cintura y él gritó, siendo elevado del suelo mientras sus uñas se clavaban en la piel de Mikasa intentando sostenerse.

—¡Jean, no me sueltes, Jean! ¡No!

—¡Mikasa! —gritó él.

Pero nada funcionó. Mikasa pudo sentir sus uñas desgarrando su piel mientras sus manos se soltaban en contra de su voluntad, ambos llorando mientras Mikasa observaba la manera en que el titan se llevaba a Jean a su boca para que un río de sangre se desbordara de sus labios al haberlo aplastado con sus dientes. Ella chilló, perturbada, y se volteó para echarse a correr por las calles sin saber del todo hacia donde se dirigía, por un momento olvidó los pasadizos de la ciudad que conocía como a la palma de su mano, ya ni siquiera sabía del todo en donde estaba.

Lo único que hizo fue llorar el nombre de Jean una y otra vez.


Erwin se ocultó en el lugar que Levi menos esperaba: su despacho.

Por la manera en que había abandonado el calabozo, robando el mapa de la pierna de Eren, Levi creyó que tal vez se había escapado hacia el Bosque de los Árboles Gigantes en busca de la ciudad amurallada o algo por el estilo, pero no. Cuando Hanji, Levi y Eren se introdujeron en su casa—por alguna extraña razón, fue Hanji la que sugirió la idea de Erwin escondido en su propia morada— lo encontraron hurgando entre un cajón dentro de su escritorio y saltó en su lugar como un niño siendo encontrado haciendo algo indebido. Levi no dudó ni siquiera un minuto en apuntarle con el revolver.

Erwin lucía como un maniático. Su ropa desaliñada al igual que su cabello, siempre tan arreglado y bien peinado. Su rostro estaba rojo y sus ojos muy abiertos, los observó a los tres durante un instante, tan quieto como una roca. Llevaba el mapa arrugado en su mano.

—Devuélvenos el mapa, Erwin —amenazó Levi, acercándose hacia él a paso lento.

Erwin rió, loco, mientras sacaba del cajón una pequeña caja color negra.

—¿Y qué te hace pensar que haré eso? —amenazó, sin dejar de reír.

Hanji fue la única que comprendió la situación. Dio un paso hacia adelante, su mano extendiéndose hacia Erwin de una manera pacífica.

—No, Erwin —advirtió—. No lo hagas…

Levi la miró con confusión. ¿Hacer qué?

—Nadie abandonará esta ciudad, nunca. Si yo muero, ustedes morirán conmigo también —dijo Erwin, dejando el mapa sobre la mesa. Luego miró a Hanji—. ¿Creíste que la dosis murió el día en que lo hizo mi hermana? ¿Crees que yo sería lo suficientemente imbécil para hacer algo así?

Hanji jadeó.

—E-Erwin…

El Comandante abrió la caja y de ella extrajo una gran jeringa blanca. Eren observó la escena horrorizado, era el mismo tipo de jeringa que su padre le inyectó, eso significaba que esa jeringa contenía la dosis de titan para lograr una transformación. Lo observó con ojos abiertos.

—¡Qué demonios haces, idiota!

Erwin se remangó el brazo izquierdo y sostuvo la jeringa por encima de su piel.

—¡Lárguense de aquí! —gritó Eren, mirando a Levi y a Hanji con desesperación—. ¡Se convertirá, lárguense!

Levi ni siquiera lo pensó. Corrió hacia el escritorio y tomó el mapa con la rapidez que solo un soldado como él podía ofrecer. Los ganchos en su equipo de maniobras se activaron hacia el ventanal más cercano y su cuerpo salió disparando hacia la ventana rompiendo los vidrios en el proceso, su cuerpo volando por el aire cuando una explosión ensordecedora se oyó detrás de él, una explosión que lo impulsó aún más hacia adelante, chocando por encima de un tejado y haciéndolo rodar. Sus ganchos se clavaron en el tejado y evitaron que cayera, rápidamente se volteó y un intenso humo cubría todo a su alrededor.

Esperó, y cuando el viento apartó el humo a su alrededor dos grandes titanes estaban cara a cara. El de Eren, con su cabello negro y mandíbula repleta de dientes…

… y el de Erwin.

La costosa vivienda del Comandante se hallaba hecha trizas debajo de ellos… y Hanji no estaba por ninguna parte. Levi gritó su nombre, desesperado, cuando divisó en el suelo un Equipo de Maniobras cubierto por rocas y polvo. No fue necesario para él gritar su nombre otra vez, jadeó, inquieto, y observó la manera en que Eren avanzaba hacia Erwin para proporcionarle un gran puñetazo en el rostro, Erwin se balanceó hacia atrás y sus pies derribaron otra vivienda. Levi no podía quedarse allí mirando.

Tenía que buscar a Mikasa.

Se volteó, guardó el mapa en su bota y su Equipo comenzó a funcionar a la velocidad de la luz, enganchándose en las viviendas destruidas ayudándolo a desplazarse en el aire con rapidez. Echando un vistazo en las calles notó que ya casi no habían personas vivas, la ciudad se hallaba en silencio exceptuando el rugido de Eren luchando contra Erwin y el sonido de los titanes al caminar, pero la humanidad había desaparecido.

Levi se detuvo en medio del aire, colgando como una araña sostenida por su telaraña cuando la vio en el suelo, junto a un par de rocas. Su cabello despeinado, su piel pálida, ojos abiertos y perdidos en un infinito sin nombre. Sus piernas no estaban, la sangre la rodeaba y el viento revoloteaba su ropa, su cabello, y ella ni siquiera se movía, ajena a todo lo que la rodeaba.

Petra.

Levi no supo cuanto tiempo se quedó observándola con ojos abiertos, tan tieso como una roca. Ni una sola lágrima descendió de sus ojos pero sus manos temblaron como un jodido chihuahua.

Petra, Petra, Petra.

Sin dirigirle otra mirada, Levi activó de nuevo los ganchos de su Equipo y continuó volando por la ciudad, gritando el nombre de Mikasa porque ahora ella era la única persona por la que debía arriesgarse, los muertos muertos estaban y ya no había nada que hacer por ellos.

—¡Mikasa!

Sorprendentemente la respuesta de Mikasa fue casi inmediata, como un milagro, una conexión telepática. Eran hermanos, al fin y al cabo.

—¡Levi!

Levi descendió la mirada y allí estaba ella, corriendo con su vestido embarrado de sangre. Él descendió de un salto y luego de estabilizarse la sostuvo por los hombros. Ella lloraba.

—¿Estás bien? —preguntó, frenético, apartando su cabello del rostro—. ¿Estás bien?

Ella asintió repetidas veces y miró hacia el otro lado de la ciudad en donde la explosión se había escuchado, seguramente ella también estaba familiarizada con el sonido del relámpago y supo que se trataba de la transformación de Eren. Levi no se hizo esperar, los titanes no parecían estar cerca de ellos y no podía llevarla consigo junto al Equipo de Maniobras, aprovechando la falta de titanes a su alrededor la tomó del brazo rápidamente.

—Vamos.

Ambos corrieron hacia el punto exacto donde Levi había dejado a Eren y con piernas y manos temblorosas se adentraron por las calles vacías, pisos repletos de sangre provenientes de cuerpos que ya no estaban, algunos bajo los escombros de la ciudad que se incendiaba por razones insospechadas—tal vez el fuego de las chimeneas—y otros dentro del estómago de los titanes. Titanes que rodearon por completo a Eren cuando llegaron hacia la destruida casa de Erwin.

Eran diez en total.

—¡Eren! —gritó Mikasa.

Estaban devorándolo.

Levi buscó con la mirada al titan de Erwin y éste yacía debajo de las piernas de Eren, completamente decapitado. Ni siquiera parecía haber durado demasiado tiempo en ese estado, las piernas del titan de Eren estaban cubiertas de sangre mientras la multitud de titanes lo acorralaban, comiéndolo por todas partes. Unos mordían sus brazos, arrancándolo de sus hombros, otros atacaban su estómago y sus costillas.

Soltando una maldición Levi dejó a Mikasa allí parada para volar con su Equipo hacia los titanes y entonces sacó las espadas que habían estado ocultas a cada lado de su cintura. Aprovechando la distracción de los titanes, atacó al primero que vio en la nuca, hundiendo el filo de la hoja en la carne de sus cuellos y éste cayó al suelo de inmediato, evaporándose al instante. Era la primera vez que Levi veía algo como esto, titanes comiéndose entre ellos. Eren pareció reaccionar y con un rugido logró apartar uno de los titanes que lo atacaban en el hombro, hundió sus dientes en la nuca de su enemigo como si se tratara de un perro y lo alzó en el aire, impactándolo contra una construcción a su lado, matándolo en el acto.

Entonces miró a Mikasa.

Sus intensos ojos verdes que no cambiaban en lo absoluto a pesar de estar escondidos detrás de ese cuerpo inmenso la observaron, y Mikasa gritó su nombre, llorando. Levi intentó deshacerse de los titanes que lo rodeaban pero ninguno parecía dispuesto a hacerle caso, todos estaban encima de Eren, devorándolo. Eren se deshizo de uno más, atacándolo por la nuca con sus dientes como hizo con el anterior, lo derribó por encima de otro titan y luego se detuvo. Sus brazos no estaban y parte de su costilla tampoco. Rugió, fuerte y agudamente, y se desplomó en el suelo como un saco de carne, como un títere que no podía mantenerse en pie por si solo.

Todo a su alrededor comenzó a evaporarse y Mikasa vio el cuerpo de Eren abandonar flácidamente la nuca de su titan. Mikasa gritó su nombre y no le importó el resto de titanes rodeándolo, corrió hacia él con todas sus fuerzas. Sus pies tropezaron contra las rocas y todo lo que hubo frente a ella no fue suficiente para detenerla. Levi se encargó de matar al resto y el camino quedó despejado para su hermana.

Trepó por el cuerpo del titan hasta llegar a Eren, ensangrentado y con los ojos cerrados.

—¡Eren! —chilló, frenética.

Pero Eren no reaccionaba.

No, no, no.

Con sus manos temblando lo apartó de la nuca y se inclinó a su pecho, su oído haciendo contacto con su corazón, esperando alguna señal de vida, esperando que pudiera oír su voz prometiendo lo que había cumplido desde un principio.

Siempre regresaré, ¿recuerdas?

Pero su corazón no latía, dentro de su pecho solo había silencio, silencio, silencio.

—¡Eren, no! —gritó, agitándolo de un lado a otro para hacerlo despertar—. ¡Eren, despierta!

Pero Eren permaneció tan dormido como el silencio a su alrededor. Entonces Mikasa se echó a llorar, su garganta gritó y chilló y sollozó y hundió su rostro en el pecho de Eren, esperando que milagrosamente su corazón volviera a latir, que despertara y la abrazara y susurrara un 'te dije que siempre regresaría' como esos que ella solía decirle cuando Eren murmuraba un 'te has tardado', intentando lucir enfadado pero demostrando por dentro un terrible temor ante la idea de perderla, de saber que nunca regresaría.

Entonces lo dijo. Incluso si no podía oírla, incluso si su piel se sentía fría en contacto con la suya y su corazón no latía… incluso si nunca regresaba otra vez… Mikasa lo dijo, porque nunca era demasiado tarde para hacerlo.

—E-Eren… —susurró, su rostro oculto en su corazón muerto, sus manos sosteniéndolo como si quisieran hacerlo parte de su alma—. Te amo…

El rugido de un titán la hizo sobresaltar. Apartó su rostro del pecho de Eren y alzó la mirada, deteniendo su llanto por un momento. Observó a su alrededor, los árboles del bosque se movían con fuerza. Buscó a su hermano con la mirada, aún sosteniendo a Eren entre sus brazos y éste apareció repentinamente con dos caballos amarrados entre las riendas.

—Se acercan más —dijo, y dejó a los caballos allí para acercarse a Mikasa. La sostuvo del brazo suavemente—. Tenemos que irnos, Mikasa…

Ella negó con la cabeza repetidas veces, rompiendo en llanto otra vez.

—E-Eren… no…

Levi se volteó, tensándose al divisar un titan a lo lejos, por detrás le seguía un anormal, aquellos que caminaban en cuatro patas como asquerosas cucarachas. No podían quedarse allí más tiempo. Suspiró, lamentándolo, y sostuvo a Mikasa de la cintura para alzarla en contra de su voluntad, pero ella no se resistió. ¿Cual era el punto de hacerlo siquiera? Simplemente lloró, aferrándose a Levi y observando a Eren durmiendo sobre un cuerpo que poco a poco se evaporizaba.

Levi la sentó sobre el caballo negro y ató las riendas al caballo marrón para que ambos trotaran juntos, subió al caballo en el que Mikasa estaba sentada, ambos compartiéndolo, y entonces comenzaron a galopar. Rodearon casi toda la ciudad para evitar cruzarse con la camada de titanes que entraban desde el bosque y se adentraron en las lejanías, una parte de la ciudad por la cual se podía escapar la cual rodeaba una pequeña parte del Bosque de los Árboles Gigantes, un lugar por el cual Mikasa no solía entrar para visitar a Eren.

Durante todo el recorrido sus lágrimas no abandonaron sus ojos y Mikasa se tensó, cuando entre un par de arbustos vio a Armin. Estaba quieto, gimiendo como un bebé, su cola moviéndose de un lado a otro, sus orejas echadas hacia atrás. Ella lo observó, sorprendida, él le devolvió la mirada, entonces se volteó y se escabulló por la vegetación del bosque.

Aquella fue la última vez que Mikasa vio a Armin de nuevo.

Mikasa no supo hacia donde cabalgaba su hermano y tampoco lo preguntó. Se aferró a su espalda, descansando su mejilla mientras cerraba los ojos, llorando en silencio, la sonrisa de Eren infiltrándose en la oscuridad de sus párpados al cerrarse. Y Mikasa supo, desde el fondo de su corazón, que Petra tampoco se hallaba con vida, porque Levi jamás la habría tomado para largarse de ahí sin buscar a Petra primero. Aquello hizo que Mikasa lo abrazara con más fuerza, intentando consolar su dolor también.

Se hizo de noche cuando ambos se detuvieron en un pequeño valle. Amarraron los caballos junto a los troncos de unos pequeños árboles y una montaña cercana les proporcionó una pequeña cueva para ocultarse. Levi dijo que los titanes eran mucho menos activos durante la noche, de modo que estarían a salvo durante las próximas horas. Hizo una pequeña fogata, lo suficientemente pequeña para no atraer demasiada luz y se sentó junto a ella durante un momento, cubriendo su espadalda con una manta. No fue hasta que abandonaron los caballos que Mikasa notó Levi había empacado muchas cosas, guardándolas dentro de bolsas de tela por encima de los caballos. Mikasa vio otro Equipo de Maniobras atado junto a los caballos.

Se aferró a sus piernas, observando el fuego con ojos hinchados y secos.

—¿Y ahora qué? —preguntó en un susurro.

Levi tardó unos segundos en responder. Lo vio sacar desde el pliegue de su bota el mapa y lo observó distraído, ni siquiera lo desplegó. Mikasa pudo notar que sus manos temblaban, y abandonando durante un instante su dolor Mikasa se acercó hacia él, lo suficiente para sentarse a su lado y que sus hombros se tocaran, entonces tomó su mano. En cuanto sus pieles se tocaron, Levi dejó de temblar.

No estaban tan solos después de todo.

Él la miró, pero no sonrió.

—Buscaremos la ciudad amurallada —afirmó, su voz sonando más determinada que nunca—. Y te voy a entrenar. Aprenderás a usar el Equipo de Maniobras Tridimensionales, aprenderás a matar titanes… y sobreviviremos. Sobreviviremos, Mikasa.

Ella asintió, sus ojos llenándose de lágrimas. Pero asintió, de acuerdo con el plan, de acuerdo con la nueva promesa que nacía entre ambos. Pudo ver pequeñas lágrimas formarse en los ojos de Levi también, pero él no dejó que llegara demasiado lejos. Suspiró, apartándose de Mikasa y guardando el mapa en su bota nuevamente. Se acercó a las bolsas que cargaban con ellos y tomó una botella vacía.

—Iré a recoger agua al lago.

Sin decir nada más, Levi se marchó hacia el lago que se podía ver a casi sesenta metros de distancia. Mikasa suspiró, acomodándose entre la multitud de pieles de lobo que Levi dejó sobre el suelo y se recostó, cubriéndose con ellas junto a la fogata.

Entonces observó las estrellas.

Pequeños puntos uno al lado del otro, incontables, hermosos, brillantes, la luna resplandeciendo de manera soberbia. Entonces las palabras de Eren susurraron en su corazón como el arrullo de un viento otoñal.

Mi padre decía que cuando morimos nos transformamos en estrellas. Viajamos a través del tiempo y nuestros cuerpos quedan atrapados en el cielo como insectos en una telaraña. Desde allí lo observamos todo, fieles espectadores del mundo de los mortales. Cada vez que alguien muere nace una estrella allí arriba. La más brillante es la más nueva.

Con lágrimas en los ojos y el corazón sangrando, Mikasa sonrió al notar—de entre la multitud de estrellas que pintaban el cielo—una muy grande y brillante, la más brillante después de la luna. Tocó la bufanda que rodeaba su cuello con anhelo, sus dedos aferrándose a la tela mientras lloraba en silencio, pero la sonrisa no se borraba de su rostro ni sus ojos se apartaban de esa estrella.

Tenías razón, Eren, pensó. Ahora eres una estrella.

La más hermosa de todas.


Cinco años después…

—¡Mis treinta y tres!

El grito de Mikasa se oyó en casi todo el campo. El titan cayó de inmediato, su gran y gordo cuerpo evaporándose en el aire rápidamente. Mikasa aterrizó en el suelo de un salto, los ganchos de su equipo anclándose a su equipamiento nuevamente. Caminó hacia Levi guardando sus espadas, éste sostenía las suyas mirando con asco la manera en que la sangre se evaporaba de su mano.

—Pronto voy a superar tus cuarenta y un titanes —anunció Mikasa, orgullosa.

Levi la miró de mala gana.

—Ya cierra la boca —se quejó—. Y no entiendo qué demonios hace un anormal aquí, está anocheciendo.

Mikasa se encogió de hombros.

—Quien sabe —dijo, acercándose a su caballo—. Al menos estoy aquí para protegerte. Creo que deberías dejarme a mí hacer todo el trabajo de ahora en adelante. Estás envejeciendo, ni siquiera lo viste venir.

Levi rodó los ojos y una vez que la sangre se evaporó de sus manos sacó el mapa nuevamente, conocía aquel maldito mapa de memoria y aún seguían sin encontrar nada. Lo miró, suspirando, observando a su alrededor como si esperara encontrar la ciudad amurallada en un solo parpadeo.

Mikasa se acercó a él, bebiendo agua, inclinándose.

—¿Crees que estemos cerca?

Ya no había un tono burlón en su voz, ahora hablaba enserio.

Levi suspiró.

—No lo sé —respondió, cansado—. Ya han pasado casi cinco años… y aún no hemos encontrado nada.

—Solo botellas de una bebida extraña —afirmó Mikasa—. ¿Recuerdas? Hace casi un mes, cerca del bosque petrificado. Alguien ha estado por estas tierras. Estamos cerca.

Levi sabía que si no fuera por el optimismo de Mikasa al respecto, habría perdido la esperanza hace mucho tiempo. Asintió, suspirando, guardando el papel arrugado nuevamente dentro de su bota.

—Sí, supongo que tienes razón.

Levi se apartó y caminó hacia los caballos, acomodando todo lo necesario para retomar su camino sin rumbo. Sin embargo Mikasa permaneció quieta, su rostro perdido entre un sol que se ocultaba detrás de una inmensa montaña y la luna que ya se lucía en el cielo. Entonces Mikasa la vio, junto a ella, a Onix. La estrella titán.

Más brillante, más grande, cada vez más cerca de la luna. Mikasa sonrió suavemente, alzando las cejas, mientras tocaba ligeramente la tela de su bufanda roja y se sentaba sobre una roca detrás de ella, contemplando la vista de manera distraída.

—Vaya —susurró, sorprendida incluso al pasar de los años—. Sí que está más cerca. Tenías razón.

Todo vino a su mente demasiado deprisa. La primera vez que visitó el Bosque de los Árboles Gigantes, la primera vez que Eren le dio su bufanda, las manzanas que compartían durante tardes lluviosas, bombones de chocolate y frambuesa, Armin, sus manos curando sus heridas, su risa, sus ojos verdes, su primer beso…

… su primer siempre regresaré, ¿recuerdas?

Todos los recuerdos permanecían dentro de Mikasa, anclados en su corazón y alrededor de esa bufanda roja que cubría su cuello todos los días. Mikasa suspiró, observando el cielo, sus ojos picando, sus labios arqueándose en una melancólica sonrisa.

Porque incluso si Eren no pudo cumplir su promesa, había nacido una nueva dentro de Mikasa, una que perduraría toda la vida. Ya no era un 'siempre regresaré' o un 'siempre estaré contigo', pues Eren ahora pertenecía a las galaxias, su cuerpo materializado en una bella estrella danzando en los cielos cada noche.

Ahora era algo completamente distinto, algo mucho más real.

—Siempre te amaré, Eren —susurró, observando el cielo con el corazón bajo la manga.

La voz de su hermano la hizo parpadear.

—¡Eh, Mikasa! —gritó. Le hizo una seña para que se acercara—. Anda, vámonos.

Ella asintió, abandonando la roca en la que estaba sentada, y con un último vistazo al cielo Mikasa se unió a su hermano, montando su caballo y entonces ambos se marcharon nuevamente por el valle, atravesando el extenso paisaje que los rodeaba. En busca de una esperanza, en busca de la ciudad amurallada…

En busca de la libertad.


Hello :(

Estoy llorando demasiado ahora mismo.

Este capítulo fue tan importante para mi en todos los sentidos. Ni siquiera puedo explicarlo con palabras. Cuando tuve esta idea y publiqué el primer capítulo estaba muy nerviosa porque no sabía como iban a recibirla los lectores, la mayoría de fics 'populares' en FF no tratan de este tipo de cosas: muerte, lealtad, amor, osadía, esperanza, mucho menos una historia de acción donde los protagonistas son niños casi en toda la historia y ni siquiera hay una escena de smut. Pero al ver lo bien recibida que fue la trama, de verdad me sorprendí. Así que antes de hablar del capítulo, quiero agradecerles a todas por haberme dejado comentarios tan lindos durante este tiempo, logrando que I Will Always Return se convirtiera en el fic más leído y con más reviews (fanfics en emisión, of course) del fandom de Eremika en FF, en español. Así que GRACIAS, a todas las que dejaron reviews, a las que no también, porque desde la distancia se que leyeron el capítulo y lloraron con la manera horrible en que torturé a Mikasa, lmao. Disfruté escribir este fic como no tienen idea, me siento muy orgullosa de lo que hice y siempre, SIEMPRE será (de todos los fics que escribí durante años) mi favorito. Todo gracias a ustedes :)

En fin, aclarando/hablando un poco sobre el capítulo en sí. Yes, Eren muere, era algo que supe pasaría cuando comencé a escribir el fic. Quería un final triste donde Eren pudiera lucirse como un héroe, muriendo para salvar la humanidad. Lo de Erwin transformándose en titan era algo que no planeaba, pero se me ocurrió a último momento. Petra también murió, lmao (?) y también Jean, y Hanji, prácticamente todos XDDDDDD Los únicos supervivientes de Shiganshina fueron los Ackerman, jojo (¡en tu cara Ilse! .l.)

Por supuesto que quedaron cabos sueltos, como por ejemplo: ¿Encontraron Levi y Mikasa la ciudad amurallada después de cinco años? Eso es algo que dejo a interpretación de ustedes. Antiguamente, cuando no habían carros ni transportes, llegar de un lugar a otro (Francia-México, pongamos un ejemplo) tomaba bastante tiempo, meses o incluso años, considerando que iban a pie, a paso de tortuga. Ni se si cinco años es demasiado exagerado pero quería que Mikasa ya fuera casi un adulto (20 años) y hubiera pasado mucho tiempo desde la muerte de Eren, pero manteniendo vivo su recuerdo en su corazón -llora-

Con respecto a Armin, dirán '¿Por qué no se lo agarró y se lo llevó con él?' lmao, pues sí, buena pregunta(?). Pero aquí la respuesta: Armin es un animal salvaje. Nunca perteneció a nadie, ni siquiera a Eren (él decía que Armin a veces se iba por ahí y no regresaba después de días/horas), pero Eren era salvaje también, no pertenecía a nadie ni tenía familia, vivía en el bosque, y de alguna manera se hicieron amigos. Pero ahora que Eren murió, Armin no puede estar con nadie más, pertenece al bosque, al lugar donde Eren pertenecía en un principio, y supongo que estando ahí solo se sentirá más cerca de Eren, cerca de la cabaña y toda la cosa. Y creo que sigue vivo(?) porque los titanes no se ven interesados en comer animales, so XDDDDD se podría decir que Armin está bien.

Y pues, si tienen alguna pregunta con respecto al fic, si me dejan review desde sus cuentas les podré responder :)

En fin, muchachas. Esto ha sido todo por ahora. Tengo planeado escribir muchísimos long-fics de Eremika, así que si sienten que perdieron una gran parte de su corazón al terminar este fic y no saber qué otro Eremika leer, estén pendientes porque hace poco publiqué Scars Deeper Than Love, otro fanfic de Eremika igual de dramático, jojojo. Pa que no se sientan vacías.

Por cierto, si tienen curiosidad, el título del fic 'I Will Always Return' pertenece a la hermosísima canción de Bryan Adams, 'i will always return' lmao, por si quieren escucharla y llorar aún más, la letra es taaaaan este fic.

Nuevamente MUCHAS gracias a todas. Quiero dedicarle este capítulo a MadameVacaNegra-san, mi waifu hermosha, ella fue la primera persona a quien le comenté de hacer este fic, y ella fue la que me impulsó a continuar con la idea cuando le dije que no estaba segura si a la gente le iba a gustar, y me ayudó a ordenar el embrollo de ideas que tenía en ese momento. Te amo waifu, thank you *dibuja corazones* Pasen a leer sus fics btw, sus eremikas son de máxima calidad *thumbs up*

¡Hasta la próxima!

Mel.