Capítulo 5

-¿q-que?- su voz se oía horrorizada al recibir la noticia –ti-tiene que ser un error… yo-yo no puedo…- sus ojos escocían y sentía que las lágrimas saldrían pronto –no puedo estar…-

-lo siento, Hinata- su voz se oía triste por ver la reacción de su amiga ante la noticia –pero… así es- vio como de sus ojos salían saladas lágrimas.

Se acercó a ella y la abrazó. La sintió estremecerse ante el contacto. Se aferró más a ella, sabía que en ese momento necesitaría sentir que estarían con ella. Era difícil traer un bebé al mundo y más si era producto de una violación.

-Hinata…- la alejó un poco para poder ver su rostro –escúchame, ese bebé es por una violación, todos entenderán si tú quieres…-

-no- la interrumpió antes de que terminara, sabía lo que iba a decir, y no quería escucharlo –puede que…- estaba tan alterada que un hipillo la invadió –puede que ÉL me haya violado…- sus ojos se le nublaron al recordar ese horrible tiempo encerrada –puede que me haya hecho muchas cosas… pero… no mataré a un bebé por su culpa- se limpió las lágrimas de las mejillas –no… no abortaré, Sakura… ni siquiera lo menciones- la peli-rosa asintió.

Hinata era muy noble al preferir seguir con su embarazo a deshacerse de un algo del ser que la dañó. Pero en ese momento quien le debía preocupar era Naruto. No sabía cómo reaccionaría al saber que Hinata estaba embarazada. Naruto sabia quien le había hecho tanto daño, y estaba seguro que cuando supiera del embarazo, se derramaría sangre. Pero sinceramente, a ella nada le daría más gusto que eso.

-entiendo… pero, si vas a seguir con esto, tendrás que ir al hospital a que te revisen periódicamente- he ahí el problema, si ella salía, si la aldea sabía que ella había aparecido, estaba segura que volvería a desaparecer, y muy probablemente Naruto no la encontraría esta vez.

El rostro de Hinata palideció. Si Kurama sabía en donde estaba… no sabía que le haría, aunque no tenía razón para hacerle nada, ni siquiera tuvo razón alguna cuando se la llevó.

-e-entiendo- fue un leve susurro, mantenía su mirada baja, estaba perdida en algún lugar lejano, mientras fingía ver sus manos.

-Hinata…- Sakura quería animarla, sabía lo que ella estaba pensando, y se sorprendía de lo valiente que era, era muy valiente y muy fuerte también -hablaré con Naruto…- Hinata tomó su mano, apretándola levemente.

-prefiero decírselo yo- la peli-rosa la vio confundida un segundo, pero luego asintió.

-de acuerdo, solo trata de que cuando se lo digas no salga- ahora era Hinata quien la miraba con duda –si lo dejas irse… alguien morirá- sabía a qué se refería y, por sorprendente que le pareciera a cualquiera, incluso a ella, no quería que asesinara al Kyuubi. Era cierto, la había dañado, la había dejado embarazada, pero aun así no quería su muerte.

-de acuerdo- Sakura fingió una sonrisa, aunque supo inmediatamente que no había logrado engañar a Hinata, pero prefirió seguirla fingiendo.

-me tengo que ir- se levantó de la cama y comenzó a caminar hacia la puerta de la habitación -felicidades- le dijo mientras le daba la espalda –vas a ser mamá- volteo el rostro, y pudo ver en los ojos de Hinata un brillo que no vería en nadie que estuviera en su situación.

-gracias- Sakura salió de la habitación, dejando a Hinata completamente sola, hundida en sus pensamientos –y ahora, ¿Qué haré?- se preguntó preocupada, sinceramente, ya no podía quedarse en ese departamento, no quería que ella y su bebé siguieran siendo una carga para Naruto.


-Naruto…- la voz de Kurama capto toda la atención del oji-azul.

-¿ocurre algo?- pregunto neutral, aunque en el fondo quería responderle de otra forma, aunque sabía que si lo hacía, el Kyuubi sospecharía.

-si- respondió tranquilo -¿tú has ido a mi casa?- pregunto interesado.

-sí, ¿algún problema?- pregunto viéndolo a los ojos.

-cuando entraste… ¿encontraste algo fuera de lo normal?- pregunto algo nervioso.

-bueno… encontré la puerta abierta y algo de desorden en tu casa, supuse que eso era normal en ti, ¿Por qué?- colocó sus manos frente a él y entrelazo los dedos.

-por nada- parecía que Hinata se había ido antes de que Naruto llegara, eso le quitaba un peso de encima, pero le ponía otro. Ahora tendría que buscar a Hinata, pero tenía que ser sumamente cauteloso o sino alguien podría sospechar.

-¿se te ofrece algo más?- pregunto fingiendo interés.

-no, gracias- salió de la oficina a paso lento, parecía tranquilo, aunque por dentro estaba muy alterado, sentía mucha frustración, y ya se había acostumbrado a sacarla de una forma poco usual, pero que le encantaba.


Ya era de noche, estaba cansado y daría lo que fuera por poder estar en su cama en ese momento. Se frotó el cuello mientras caminaba. Sonrió al divisar su casa. Moría por darse una larga y relajante ducha. Mientras caminaba, pensaba en el problema en el que estaba metido en ese momento. Ahora que había vuelto Kurama, tendría que tener más precauciones para que no sospechara que él había encontrado a Hinata, aunque ganas no le faltaban de golpearlo hasta matarlo, sabía que si lo hacía, el terminaría sabiendo la verdad y Hinata volvería a estar en peligro.

Finalmente llego a su puerta, estaba por entrar, pero se detuvo un momento mientras sostenía la manija. Suspiro. Solo esperaba ver un avance en Hinata, con eso, todo sería un poco más fácil. Finalmente entró.

La sala parecía desierta, las luces estaban apagadas y había un total silencio, pero eso no era nada extraño, siempre había sido muy normal, incluso desde que Hinata llegó. Decidió ir a la habitación de la peli-azul, solo quería ver como estaba. Cuando llego a esta, tampoco oía ningún ruido, abrió la puerta, sorprendiéndose de no encontrarla ahí. Cuando volvió a cerrarla, oyó un extraño sonido proveniente de la cocina, al llegar a esta, su sorpresa fue mayor, al encontrar a Hinata ¡cocinando! No había duda de que ella era una gran cocinera, a lo largo de su vida se había dado cuenta de ello, pero desde lo ocurrido con Kurama, ella había dejado de hacer todo lo que le gustaba, normalmente se pasaba los días enteros encerrada en su habitación, y solo hablaban cuando él iba a verla.

-bienvenido, Naruto-kun- saludo la peli-azul mientras daba una amplia sonrisa –la cena está casi lista- Naruto estaba atónito, esa era la escena que durante mucho tiempo había querido ver, la escena que no había tenido la oportunidad de disfrutar, pero que por alguna razón, ahora la tenía frente a él.

-ho-hola Hinata-chan- saludo aun sorprendido.

-¿ocurre algo?- pregunto al sentir aquella mirada sobre su persona.

-n-no… nada- respondió mientras se adentraba más en la cocina. Se acercó a Hinata y la miró a los ojos, en ellos podía apreciar un brillo que había perdido hacia mucho. Después de verla durante un rato más fue hacia su habitación y se cambió de ropa. Cuando volvió a la cocina, Hinata ya había terminado de cocinar, la comida estaba en la mesa, y como se olía, estaba delicioso.

-¿ocurre algo, Hinata-chan?- pregunto Naruto, una vez hubo acabado de comer.

-bueno…- no sabía cómo le iba a decir lo siguiente –Sa-Sakura-san… ya descubrió porque me sentía a-así…- logro decir cabizbaja.

-¿enserio? Eso es bueno ¿no?- respondió algo alegre.

-si…-

-entonces… ¿Qué tienes?- pregunto muy interesado.

-yo…yo…- no sabía si era buena idea decírselo –yo… estoy…- o más bien, no sabía cómo decirlo, quizás la mejor forma era decirlo directamente –e-estoy…em-embarazada- logro decir al fin.

Después de esas palabras, un gran e incómodo silencio surgió en la habitación, Hinata tenía miedo de ver el rostro de Naruto, miedo a encontrar un indicio de desprecio o algo parecido. El sonido de una silla arrastrándose corto el silencio, y Naruto comenzó a caminar, alejándose de la peli-azul.

-tengo que salir… un momento- las palabras apenas salieron de su boca, estaba más que sorprendido.

Hinata lo hubiera dejado irse sin decir nada, de no ser porque recordó las palabras que Sakura le había dicho.

si lo dejas irse… alguien morirá-

No quería que eso ocurriera, por mucho daño que Kurama le hubiera hecho, ella no quería que sangre se derramara por su culpa.

-no te vayas- dijo en un leve grito mientras tomaba del brazo al rubio, mas él no la volteo a ver –no hagas nada… por favor- pidió con un par de gruesas lágrimas en los ojos.

-¿cómo qué?- pregunto serio.

-no hagas… no lo hagas… por favor… no- le pidió mientras trataba de hundir su rostro en su brazo.

Cuando Naruto volteo a verla, se dio cuenta que ella sabía lo que tenía pensado hacer, y a pesar de saberlo, lo detenía.

-Hinata… él…- su enojo aumento al mencionarlo. ¿Cómo alguien como él se atrevía a hacer algo así?

-lo que me haya hecho ya no importa- confeso mientras le veía a los ojos –no quiero que por mi culpa... te ensucies las manos-

Naruto no sabía que decirle. Ella, a pesar de todo lo que había sufrido, a pesar de lo que ahora iba a sufrir, ¿no quería que Kurama pagara? Definitivamente, el corazón de Hinata era demasiado bondadoso.

-de acuerdo- respondió rendido, tratando que su odio no se plasmara en su rostro, no más de lo que ya lo había hecho –ahora, ¿Qué haremos?- pregunto sin tener la más mínima idea.

-¿haremos?- repitió ella en voz baja. ¿Naruto quería ser parte de eso? Esa pregunta solo la hizo pensar en que él se debía sentir muy culpable, lo cual comenzó a deprimirla lentamente –n-no te preocupes… yo puedo hacerlo sola… no-no tienes por qué seguir ayudándome, Na-Naruto-kun- respondió dando una falsa sonrisa.

-Hinata, yo quiero ser parte de esto- esa respuesta no la esperaba la Hyuga.

-e-estaré bien, lo prometo… solo tengo que buscar un lugar donde quedarme y…- no pudo terminar, ya que Naruto no la dejo.

-no, Hinata…- la apego a su cuerpo en un cálido abrazo, mientras hundía su rostro en su cuello –yo quiero estar contigo- ahora eran sus ojos los que comenzaban a llenarse de lágrimas –quiero verte… quiero abrazarte… quiero estar contigo… no quiero que te vayas de mi lado, jamás- Hinata tenía sus ojos abiertos a mas no poder, ¿había escuchado bien? ¿Naruto quería estar con ella?

-Naruto…kun- fue todo lo que pudo pronunciar, estaba demasiado sorprendida como para decir algo más.

-prometo no hacerle nada, si tu prometes quedarte aquí… conmigo- ante aquella petición, la peli-azul sintió las lágrimas, queriendo salir de nuevo, pero esta vez eran de felicidad.

-e-está bien… prometo quedarme- aunque ninguno veía el rostro del otro, Hinata sabía que Naruto estaba sonriendo, y Naruto que ella igual.


Aquí esta! Al fin!

Por lo menos, una pequeña parte de la inspiración volvió, lo suficiente como para acabar este capítulo… puede que tarde mucho en volver a publicar (mucho más de lo que he tardado hasta ahora), solo quiero que sepan que me esforzaré porque no sea tanto n.n

Namikaze Hanoko fuera…