Capítulo 6
-así que... ¿Una misión?- preguntó el oji-rojo mirando a su doble totalmente confundido.
-así es- fue su única respuesta, no quería decirle ni una palabra más o en cualquier momento explotaría.
-¿estás seguro que quieres que vaya yo? Podría ir alguien más- sugirió.
-no hay nadie en quien confíe más para hacer ésta misión- sentía que en cualquier momento comenzaría a reír como loco y terminaría golpeando al "joven" frente a él.
-de acuerdo... Gracias por la confianza- le dijo con una falsa sonrisa mientras se acercaba a la puerta.
Naruto solo apretaba su manos, si no se iba de ahí es ese preciso momento, ya no soportaría más.
-te veo en algunos meses- y tras esas palabras, se fue.
Apenas Naruto no oyó sus pazos, lanzó lo primero que tuvo al alcance contra la pared. ¿Cómo se atrevía a decir todo eso después de lo que le hizo a SU Hinata? Algún día las pagaría, muy caro, pero por el momento se contendría, solo por Hinata, solo porque ella se lo había pedido.
Volvió a sentarse, conteniendo la ira que sentía, era la mejor opción que encontró. Si Kurama estaba fuera durante unos meses podría aclarar su mente sin el presente de que si Hinata salía de casa fuese a desaparecer de nuevo, no quería que se alejara y menos ahora que sabía que serían padres. Porque consideraba a ese bebé como suyo. El kyuubi no era ni sería nada de él, jamás.
Después de unos segundos logró normalizar su respiración, la cual se había acelerado con la alteración que tuvo. Ahora sólo debía de pensar en cómo le haría para decirle al clan Hyuga que Hinata estaba de vuelta. El verdadero problema no era ese, sino que no sabía cómo tomarían su embarazo, conociendo a los ancianos la tacharían de prostituta, y eso no lo permitiría.
Esa interrogante estuvo presente en su mente durante el resto del día, y cuando la noche llegó, volvió a casa. Al llegar la vio de nuevo preparándole la cena, esa escena lo hizo sonreír y todo recuerdo de Kurama desapareció. La abrazó por la espalda y ella respingó.
-bienvenido a casa- su voz se oía tan dulce que temió abrir los ojos y darse cuenta que no era real, que la Hinata que tenía frente a él no era real.
-estoy en casa- le respondió, luego le besó en la mejilla. Cuando Hinata terminó se sentaron en la mesa a comer en silencio, después de unos segundos Naruto inicio una conversación.
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Estaba en una incómoda postura, en un incómodo lugar, con incomodas miradas y un silencio… ¿hacía falta decir que incomodo? Miro disimuladamente a sus costados, notando las serias y desaprobatorias miradas de los ancianos Hyuuga, puestas en una sola persona, Hinata. Naruto quería estar a su lado, pero a ella la rodearon de aquellas personas mientras él permanecía sentado en el fondo de la habitación.
-padre…- llamó a quien estaba frente a ella, ignorando a todos los demás –yo… no puedo explicarte como…-
-¡Cállate!- gritó uno de los ancianos –es inaceptable que…-
-Silencio- por fin habló Hiashi, abriendo los ojos después de mantenerlos cerrados en toda conversación –¿Hinata, te das cuenta que consecuencias conlleva lo que acabas de decirnos?- su dura expresión no se deshizo.
-sí- respondió, apenas audible.
-entonces las palabras están de más- se levantó de su lugar, dispuesto a irse –¿Qué haces aquí, Uzumaki?- preguntó a punto de atravesar la puerta.
-vine a pedir la mano de su hija- respondió decidido el rubio.
-hmp, hagan lo que quieran, eso ya no concierne a este clan. Ahora, váyanse- se fue sin decir nada más, dejando a Hinata rodeada de miradas de desaprobación, reproche y algunas de odio.
Naruto podía notar como esas miradas deprimían a Hinata cada vez más. Escuchó como, entre ellos se susurraban innumerables cosas despectivas de Hinata. Podía ver como las lágrimas se agrupaban cada vez más en su rostro, a punto de desbordarse por sus mejillas.
¿Por qué volvió?
Que deshonra
Estaba mejor desaparecida
Jamás debió haber vuelto
Es una vergüenza
No se le crio para que fuera una p…
-suficiente- gritó, harto de todas esas cosas. Tomó a Hinata de la mano y la sacó de ahí, sin importar que los ancianos lo siguieran mirando con desaprobación.
-Naruto-kun- susurró.
-no permitiré que nadie te vuelva a lastimar, Hinata, te lo prometo- la sacó del barrio Hyuuga, llevándola por las calles mientras algunas personas la veían pasar.
Ignorando a las personas que los veían pasar e intentaban iniciar una conversación, curiosos del antiguo paradero de Hinata, llegaron rápidamente al hogar del Uzumaki. Entraron sin hacer el menor ruido. Un minuto de pie y fue cuando Naruto avanzó.
-Naruto-kun…- lo llamó -¿es verdad?... lo que le dijiste a mi padre… ¿es verdad?- preguntó, demasiado dudosa. Deseando que fuese una mentira, o que si fuera verdad, lo hubiera hecho porque la veía como más que una amiga –no era necesario… sé que… aun amas a… a Sakura-san-
Lo vio acercarse demasiado rápido y cuando reaccionó la estaba besando, aprisionándola contra la puerta, mientras ella no supo reaccionar. Su primer impulso fue empujarlo, su mente fue nublada por recuerdos, del rubio parecido a él intentado besarla, de forma desesperada, intentando introducir su lengua, mientras sus manos recorrían todo su cuerpo para al final terminar en su intimidad. Pero, él no pasó de unir sus labios, sólo se mantuvo pegada a ella. Hinata podía sentir sus labios temblando, al igual que los propios. Naruto se alejó, entendiendo que ella aún no estaba lista para algo como un beso sin que su mente la traicionara con los recuerdos. Su mirada le suplicaba perdón y la rodeó con sus fuertes brazos.
-te amo… ¿me oíste, Hinata? Te amo, te amo tanto que por ti no mataré a quien se lo merece… por ti soportaré verlo, por ti… por ti y solo por ti… debí decírtelo antes… debí haberte cuidado más, si lo hubiera hecho, si tan sólo te hubiera respondido… él no…- ella lo estrujó con mayor fuerza.
-soy tan feliz- susurró a su oído. Sintió como algo cálido caían en su hombro, supo que eran lágrimas.
-¿Cómo puedes estar tan feliz? – le preguntó, dudando de que hablara en serio –él destruyó tu vida… te dejó traumas… te ha hecho perder a tu familia… te ha quitado todo lo que era tuyo- la alejó sosteniéndola de los hombros, viéndola sonreír.
-soy feliz, porque me salvaste- con su mano recorrió su mejilla –soy feliz, porque ahora tendré una familia, la familia que siempre desee- tomó la mano del rubio y la depositó en su vientre –soy feliz, porque estás conmigo, porque si estoy contigo no necesito a nadie más…- él no supo que decirle.
-Hinata…- la vio acercarse a su rostro. Juntando sus labios de nuevo.
-lamento no poder besarte como tú lo deseas… pero lo intentaré- él la volvió a abrazar. Sus piernas fallaron y cayó de sentón, arrastrándola consigo.
-Hinata…- no quería soltarla, no quería que se alejara de él nunca más -¿te casarías conmigo?- la sintió respingar.
-si- le susurró al oído, apenas audiblemente. Sintió su cabeza moverse afirmadoramente una y otra vez.
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-muy bien Hinata, este es tu cuarto chequeo médico, el próximo es en tres semanas- Sakura la vio sentada en la camilla mientras le asentía.
Con ayuda de la peli-rosa se puso de pie, su vientre abultado no le permitía hacerlo muy bien por sí misma.
-¿Cómo está?- le preguntó, acariciándose el vientre.
-está creciendo muy bien, quizás en la próxima cita ya quieras saber qué es- Hinata negó.
-quiero que sea sorpresa- la tierna mirada que enviaba a la parte baja de su estómago hacia que fuera difícil pensar que ese bebé era producto de una violación.
-de acuerdo, cuídate mucho- Hinata asintió y salió del consultorio.
Ya habían transcurrido seis meses desde que había sido hallada, y tres desde que se había casado. Ahora era Hinata Uzumaki, esposa del Hokage y futura madre. Caminó por las calles de la aldea, mientras las personas al verla pasar la saludaban. Ella respondida el saludo con una gran sonrisa. El tiempo había transcurrido en la aldea, y lentamente las personas ya habían olvidado la interrogante de donde había estado, nadie sospechaba que su embarazo no era de Naruto y todos creían que el par de jóvenes tenían que casarse por no poder aguantar la excitación de "ese" momento.
Cuando llegó a casa se dedicó a preparar la cena de esa noche. Estaba tan concentrada que su esposo la tomó por sorpresa y la abrazó por la espalda.
-estoy en casa- besó su nuca y ella sonrió.
-bienvenido, Naruto-kun- él le dio vuelta, estampando sus labios contra los de Hinata. Habían progresado y ahora podían besarse sin que ella tuviera esos recuerdos.
-¿Cómo te fue?- le preguntó, abrazándola por la espalda, viéndola cocinar.
-el bebé está bien- le respondió –está creciendo cada vez más- le respondió mientras él dirigía la mano a su vientre. Justo en ese momento, el bebé pateó.
-hola, bebé- lo saludó -¿te estás portando bien?- le preguntó, a lo que el bebé respondió con otra patada.
-la cena está casi lista- le habló Hinata.
-de acuerdo, iré a bañarme- le besó la mejilla y se alejó por el pasillo.
Hinata terminó de cocinar y recordó que no había puesto la ropa de Naruto donde siempre, lo que muy probablemente lo confundiría. Él había intentado que ella evitara esforzarse, pero Hinata insistió con que no quería sentirse inútil. Cruzó por el pasillo hasta su habitación y depositó una muda de ropa en la cama, cuando pasó cerca del baño, camino a la cocina, le pareció escuchar un extraño ruido, proveniente de adentro. Abrió lentamente la puerta, tratando de no hacer ruido.
-Hinata…- susurró Naruto, por un segundo creyó que la había descubierto, pero al ver que no volteaba o decía más, supuso que no había sido así, pero entonces ¿Por qué la llamaba? –Hinata…- ahí estaba de nuevo, llamándola, con un tono ronco.
Vio su mano, moviéndose de arriba hacia abajo en la parte baja de su abdomen, se estaba sosteniendo con la otra mano de la pared, mientras no paraba de llamarla una y otra vez bajo la regadera. Entonces ella supo por qué era, ¿acaso se estaba masturbando pensando en ella? Cuando lo escuchó decir su voz en una tonalidad más alta, no aguantó más y cerró la puerta. Se dirigió a la cocina con las mejillas demasiado sonrojadas. ¿Tanto la deseaba? ¿Tanto deseaba poder hacerla suya? Estuvo con esa duda en su mente hasta que lo vio entrar al comedor, sonriéndole, como si no hubiese ocurrido nada.
-¿Hinata?- la llamó, sorprendiéndola dentro de su mente todavía -¿ocurre algo?- le pregunto preocupado.
Ella negó, y Naruto prefirió no preguntarle de nuevo, no quería incomodarla. Mientras Hinata no sabía cómo preguntarle. La cena pasó en silencio, y luego ambos se prepararon para ir a dormir. Cuando se cubrieron con las sabanas, se acostaron dándose la espalda, a Hinata ya le presionaba demasiado el bebé como para dormir boca arriba. Al parecer ninguno podía dormir, pero técnicamente, era por la misma razón.
-Naruto-kun…- no sabía si hacerle esa pregunta o no –¿alguna vez has pensado en el sexo?- lo sintió estremecerse .
-¿de…de que estás hablando?- le pregunto nervioso.
-… nada, olvídalo- prefirió dejar pasar el tema, no quería incomodarlo. Pero cuando ninguno dijo nada, la situación se tornó incomoda.
-sí…- le habló –lo he pensado- cuando Hinata volteo hacia él lo vio sonrojarse –pero no te voy a presionar solo por lo que yo deseo, seria ser egoísta- Hinata posó su mano sobre la de Naruto.
-yo también- le confesó –también lo he pensado- al momento de decir eso, Naruto se posó sobre ella, viéndola fijamente a los ojos.
-entonces ¿quieres… quieres intentarlo?- preguntó con los colores subidos al rostro.
Pero antes de que pudiese obtener respuesta, Hinata lo empujó. Creyó que vería en su mirada el reflejo del miedo por lo que había sugerido, estaba por disculparse, pero la expresión adolorida en el rostro femenino lo detuvo.
-Naruto-kun…- le susurro con dolor.
-¿Qué ocurre?- parecía que quería decirle algo, pero no podía, la vio acariciar su vientre y se asustó -¿le ocurre algo malo al bebé?- preguntó más angustiado.
-el bebé… algo… algo le pasa…- Naruto entró en pánico, pero tuvo que mantener la cordura, debía llevar a su esposa al hospital.
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He aquí, el siguiente capítulo (/O.O)/ después de mucho tiempo, por fin supe que escribir… creo.
Namikaze Hanoko fuera…
