Capítulo 7

Daba vueltas por toda la sala de espera, los nervios no le dejaban quedarse quieto. Ya habían pasado tres horas desde que habían llegado al hospital y desde que se llevaron a Hinata no le habían notificado de nada. Estaba tan nervioso y frustrado que, de no ser porque no quería irse de ahí, estaría entrenando en alguna parte, y por entrenar se refería a destruir cosas.

-Hokage-sama- la voz de un doctor lo sobresaltó al estar tan sumido en sus pensamientos.

-¿Cómo están?- preguntó desesperado.

-acaba de tener a los bebés- respondió Sakura, saliendo de la misma puerta que el doctor.

-¿los?- preguntó, sorprendido.

-felicidades, son gemelos- le felicitó Sakura, aunque dentro de ella aun sentía lastima por Hinata.

-pero… pero… creí que aún faltaban…-

-son sietemesinos- se adelantó la peli-rosa –necesitaran estar en incubadora por un tiempo, aunque…- cuando desvió la mirada, Naruto se preocupó.

-¿Qué ocurre?-

-no lo parecen- respondió –se ven normales, aunque aún falta la revisión médica para verificarlo- el doctor se alejó por el pasillo, Sakura se acercó a Naruto para que nadie más los oyera –Naruto, no parecen prematuros, se ven como dos bebés que nacieron en su tiempo justo, ¿acaso Hinata?- Naruto negó rápidamente, era imposible que estuviera embarazada de antes.

-ni siquiera lo menciones-

-lo sé, yo tampoco lo creo de ella… aunque tal vez sea… por el padre- Naruto se estremeció. También cabía la posibilidad que por ser hijos de… sólo de recordarlo se enojó de nuevo.

-tal vez sea eso- trató de responder lo más tranquilo posible, pero no pudo hacer mucho –Hinata… ¿está bien?- Sakura asintió, sonriéndole de nuevo.

-sólo está cansada, los bebés dieron mucha batalla, se quedara a descansar esta noche- le tomó del hombro –deberías hacer lo mismo- él negó rápidamente.

–no lo haré, no la dejaré sola- Sakura sonrió con ternura.

-como quieras- caminó por el pasillo -¿vienes?- le preguntó, deteniéndose por un segundo.

-¿a dónde?-

-a conocerlos- inmediatamente corrió tras ella.

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Naruto sintió algo revolverse en su interior. Tras ese cristal, estaban sus hijos. Era cierto lo que había dicho Sakura, no se veían para nada prematuros. Ambos tenían el cabello oscuro, muy parecido al de Hinata y curiosamente tenían esas marcas en sus mejillas con forma de bigotes… nadie dudaría que eran sus hijos. Quiso atravesar aquel cristal y estar cerca de ellos, abrazarlos, cargarlos, ahora más que nunca lo tenía claro, eran suyos. Suyos y de Hinata.

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Cuando Hinata abrió los ojos se sorprendió de encontrar a Naruto sentado en una silla, cabeceando para evitar dormirse.

-Naruto-kun- cuando lo llamó este se sobresaltó, levantándose de golpe de la silla.

-Hinata, ya estás despierta- vio su rostro iluminado de felicidad. Hinata dirigió su mano al vientre, pero no lo sintió abultado, estuvo a punto exaltarse, entonces recordó que había dado a luz.

-¿Dónde está?-

-son hermosos- Hinata lo miró confundida.

-¿son?-

-fueron gemelos- la boca de Hinata formo una perfecta o cuando se lo dijo y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas -¿Hinata?- se acercó a ella -¿ocurre algo malo?- la vio negar con una gran sonrisa en el rostro.

-somos padres- apenas y le alcanzó la voz para esa frase. Naruto asintió sonriente.

-lo somos- se acercó a su esposa y la besó tan tiernamente como pudo, ahora tenía la familia que tanto tiempo había anhelado.

Las horas comenzaron a pasar, hasta que a Hinata por fin le permitieron ver a los pequeños. Ella también se sorprendió de lo saludables que se veían para ser tan prematuros. Naruto cargó a uno y Hinata al otro. Ambos veían a los pequeños con tanto amor como se le podía ver a un hijo, quizás más.

-¿Cómo los llamaremos?- preguntó el rubio.

-¿Qué tal si este pequeño es Jiraiya?- Naruto volvió a verla, sorprendido de la sugerencia.

-me gusta- sonrió –y tú serás… mmmm…- el bebé en sus brazos se movió, descubriéndose. Naruto lo arropó de nuevo, dándose cuenta que no era él… era ella -¡Vaya! Una pequeña- sonrió –la pequeña Hana- sonrió satisfecho.

-¿Cómo mi madre?- interrogó Hinata, queriendo llorar cuando el rubio asintió.

-entonces ahora son Jiraiya y Hana Uzumaki-

-bienvenidos a la familia- dijeron ambos al mismo tiempo. No podían ser más felices, nada ni nadie podía arruinar aquel bello momento.

Naruto se sentó al lado de su esposa, para que ambos pudieran contemplar a ambos pequeños sin limitaciones. Fue entonces que "aquel" tema apareció en la mente del rubio. En todo el tiempo en el hospital, ese tema no le había dejado estar tranquilo consigo mismo.

-Hinata…- la chica volteó a verlo –siento si te incomodé con lo que dije- la chica lo miró confundida –no quiero que te sientas presionada, yo sólo quiero que seas feliz, sólo quiero compartir mi vida contigo y con nuestros hijos, no necesito nada más que no desees, lo juro- fue entonces que Hinata entendió por qué se disculpaba. Los colores subieron a su rostro.

-no me sentí presionada… sólo sorprendida… jamás… jamás esperé que tuvieras esos pensamientos por mí-

Naruto quería decirle que era imposible no tener "esos" pensamientos, pero no quería crear una situación incómoda, así que prefirió callar esa respuesta.

-bien, suficiente visita por hoy- la enfermera apareció por la puerta. Tomó a Jiraiya y se lo llevó.

Cuando se hubo alejado, la pequeña Hana comenzó a llorar desconsoladamente. Ambos padres trataron de tranquilizarla, pero parecía imposible, no sabían que le ocurría a su hija. Un par de minutos volvió la enfermera para llevarse a la niña. Naruto prefirió hacerlo él mismo, prometiéndole a su esposa volver lo más pronto posible.

Ambos caminaron por el pasillo hacia los cuneros. Al atravesar el umbral y depositarla al lado de su hermano, inmediatamente, la pequeña dejó de llorar.

-parece que sintió que faltabas, Jiraiya- una inmensa felicidad se apoderó de su pecho al nombrarlo.

Los vio acurrucarse, abrazándose y un sentimiento cálido recorrió todo el cuerpo de Naruto. Por fin conocía a sus hijos.

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-bien, estamos en casa- Naruto abrió la puerta de su hogar con demasiada emoción al tener por primera vez a sus hijos ahí. Gritó tan fuerte que los infantes se despertaron y comenzaron a llorar.

Hinata lo regañó con la mirada y Naruto se disculpó. Tomó a Hana entre sus brazos y la arrulló hasta que logró dormirla de nuevo. Lo curioso fue que se durmió de nuevo al mismo tiempo que su gemelo. Por lo visto, esos dos serían muy cercanos.

Los depositaron en la cuna que había comprado con anticipación, pero se dieron cuenta que esta no podría servirles por mucho tiempo, ya que los niños crecerían muy rápido y era más que obvio que era necesario que durmieran juntos, al menos el primer par de años.

-mañana iré a comprar una cuna nueva- le dijo Naruto a su esposa, mientras veían dormir a los bebés.

-buena idea- contestó ella.

-tú también deberías ir a dormir, Hinata- opinó el rubio, viendo a Hinata fruncir el ceño.

-estuve postrada en esa cama por toda esta semana, descansar es lo que menos necesito en este momento- protestó haciendo un mohín. Naruto sólo pudo reírse en voz baja.

-de acuerdo, entonces, ¿Qué quieres hacer?-

-¿quieres cenar algo?- ofreció la peli-azul.

-¿cenarás conmigo?- la vio asentir –está bien, pero te ayudaré- ella le sonrió y ambos caminaron hacia la cocina. Naruto dejó un clon de sombra al cuidado de la cuna, por si lo niños despertaban.

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Naruto despertó muy temprano. Lo primero que notó al abrir los ojos fue a su esposa abrazándolo. Era costumbre de ella hacerlo, Naruto sabía que así se sentía más segura por las noches. Con mucho cuidado se zafó de su agarre y salió de la habitación. volvió a dejar un clon con las instrucciones de cuidar a su familia mientras él iba a conseguir la cuna. Le daría una gran sorpresa a su esposa cuando despertara.

Salió de su hogar y con pasos tranquilos fue a ver a alguien que pudiera construir la mejor cuna que sus hijos jamás podrían imaginar. Mientras caminaba, pensaba qué diseño le pondría, emocionándose cada vez más por ello.

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Despertó esa mañana por fin cómoda, había extrañado su cama desde que la habían internado en el hospital toda aquella semana. Jamas en su vida había estado tan incomoda como lo estuvo en esa cama. En realidad, sí, una vez, pero prefería no recordarla.

Se giró para quedar de frente a su esposo y se encontró con el pecho del rubio. Se abrazó a él, pero por alguna extraña razón no se sentía igual.

-buenos días, Naruto-kun- saludó, tratando de ignorar esa incomoda sensación que invadía su pecho.

-buenos días- al escuchar esa voz volteó instantáneamente hacia el rostro del chico. Se horrorizó.

Deseó que fuera un mal sueño, que en cualquier momento Naruto la despertara diciéndole que todo estaba bien, que nada de eso era real, que Kurama no estaba ahí, en su cama, al lado suyo, viéndola con aquellos ojos rojizos como la sangre.

Pero eso no iba a ocurrir. Lo supo en el momento que se incorporó y vio a Naruto amarrado a una silla al lado de la cuna de los bebés. Zarandeándose, tratando de soltarse sin despertar a los niños. Sus brazos y piernas estaban atados a la silla, parecía que no podría romperlas, y su boca estaba cubierta con una pañoleta. Ella sólo podía verla horrorizada y él hacía lo mismo.

-tranquila, sólo es un clon, el real no hubiera sido tan fácil de capturar- se burló Kurama. Incorporándose igual que ella y tomándola de los hombros.

Quiso gritar, quiso huir, pero no podía, no podía hacerlo sin sus hijos. Todo lo que pudo hacer fue ver a Kurama, horrorizada, imaginando en que iba a pasar con ella ahora.

-sabes, preciosa, estoy molesto porque hayas huido- susurró en su oído antes de lamerlo. Ella intentó soltarse y el apretó su agarre sobre sus hombros, haciéndola gemir de dolor –¿tienes alguna idea de todo lo que he aguantado?- gruñó –y ahora vuelvo, y descubro que Naruto me engañó cuando me dijo que no te había visto- volteó a ver al clon con molestia –no me gusta que se burlen de mí, ¿sabes?- la arrojó sobre la cama y se posicionó sobre ella.

Hinata no podía reaccionar, sentía tanto pánico que le era imposible moverse. Todos los recuerdos volvieron a ella de golpe, y eso la aterró más.

-ahora tomaré lo que me pertenece- de un tirón, arrancó su camisón, dejando al descubierto sus senos –y de paso, le daré una lección a Naruto sobre lo que pasa cuando se meten con lo que es mío- el clon se retorció en la silla, tratando de liberarse.

Kurama sonrió con malicia y tanto Hinata como el clon de Naruto, se sintieron aterrorizados de lo que iba a pasar. Sabían que no sería nada bueno.

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Bien. Lo dejaré hasta aquí por ahora. Parece que las cosas no pintan muy bien para Hinata D: y espero que no se molesten, como creo que un par de ustedes lo hicieron con el capítulo anterior u.u

Namikaze Hanoko fuera…