Capítulo 8

-muchas gracias- le sonrió al anciano carpintero, el cual le devolvió la sonrisa. Luego Salió del local mientras corría a toda velocidad. Hinata se llevaría una gran sorpresa cuando viera la hermosa cuna que había encargado a hacer.

Caminó tranquilamente por la calle de la aldea, saludando a las personas que se cruzaban por su camino. Ya habían pasado al menos una hora que había salido de casa, probablemente Hinata y los niños ya habían despertado, por lo que decidió apresurar el paso.

-estoy en casa- gritó, pero al segundo se tapó la boca, Hinata se molestaría si hacia llorar a los bebés.

Pero no hubo ruido alguno. Eso lo extraño, no hubo llanto, pero tampoco Hinata respondió a su saludo. ¿No estaría en casa? No, era imposible, acababa de tener a los bebés, le sería muy cansado siquiera levantarse de la cama.

-¿Hinata-chan?- la llamó, pero de nuevo no hubo respuesta.

Se encaminó hacia la habitación, un mal presentimiento le oprimía el pecho. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de la habitación escucho un ruido, como un quejido acallado. Apresuró el paso hasta llegar a la habitación, y lo primero que vio fue a su clon, amarrado a una silla, llorando. Volteo hacia la cama, pero no vio a nadie. Intentó deshacer el jutsu, pero por alguna razón, no podía hacer que el clon desapareciera. ¡Demonios! ¡Debía saber que había ocurrido ahí!

-¿Qué fue lo que pasó?- le quitó la pañoleta de la boca y el clon al instante apretó los dientes.

-él… él… ¡Maldita sea!... frente a mi… él…- no le decía nada que lo ayudara a entender las cosas, ¿Quién había hecho qué?

-¿Por qué rayos no me avisaste?- el clon negó.

-no puedo desaparecer…- apretó los dientes de nuevo –hizo algo que no me permite volver- Naruto lo tocó y activo el modo sabio. Examinó el cuerpo de su clon y sintió que la mayor parte de su chakra había sido reemplazado por un chakra ajeno. Supo de quien era.

-no- se horrorizó más. Ahora todo tenía sentido. El llanto del su clon, la opresión de su pecho, que Hinata no estuviera. Todo apuntaba a una misma cosa, una misma y espantosa cosa.

Kurama había vuelto.

-¿Dónde está?- gritó furioso -¿Dónde está ella?-.

-se los llevó- fue su única respuesta. Naruto volvió a ver hacia la cuna, dándose cuenta que los gemelos tampoco estaban.

-ese maldito zorro- apretó los dientes. Cuando lo encontrara lo mataría, y nada le impediría hacerlo.

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-¡Kurama!-gritó tras abrir la puerta con violencia. Entró dando pasos agigantados, avanzando directamente hacia la habitación. Entre más se acercaba ruidos llegaron a sus oídos, eran… ¿gemidos? –No- supuso de que se trataba.

Abrió con violencia la habitación, y vio movimiento en la cama, enloqueció al pensar en lo que ese maldito zorro le estaba haciendo a Hinata.

-tu, maldito bastardo- gritó Naruto, creando un rasengan y atravesando el cuerpo en la cama.

-Vaya, pero qué pésimo tino- escuchó la voz de Kurama a su espalda y se horrorizó más –Deberías aprender a examinar quién recibirá el golpe que lances- apartó la sábana ensangrentada y vio con horror el cuerpo de Hinata.

-No… No, no, no, no, no, no… - negó fervientemente con la cabeza, sintiendo las lágrimas al filo de sus ojos. ¿Qué acababa de hacer?

-Esto es lo que pasa cuando me desafían- su seca voz lo hizo volverse con furia.

-Tú… - se lanzó contra él, pero le esquivó con demasiada facilidad –no tenías ningún derecho de tocarla- gritó lanzando varios golpes incerteros.

-Tengo todo el derecho, ¡es mía!- Naruto estaba tan furioso que no media su fuerza, destruyendo poco a poco la habitación, tratando de acertarle un golpe a Kurama, quién no dejaba de esquivarlo.

-¡No, no lo es!... No lo era…- por fin, uno de sus golpes acertó en el blanco, haciéndolo caer con fuerza al suelo. Naruto se acercó a él y presionó su pie contra el pecho del otro rubio –el cómo la tomaste… No te da el derecho para decir que era tuya- escuchó una carcajada de Kurama.

-¿En verdad crees que tomaría algo que no era mío desde un inicio?- preguntó burlón –No, querido amigo, ella era mía desde antes de nacer- Naruto no entendió sus palabras estaba por aplastarle el pecho, pero antes de que siquiera ejerciera presión, Kurama había dislocado su tobillo, aprovechando el grito de dolor del rubio para liberarse.

Se incorporó de un saltó y lo abofeteó, con tal rudeza que lo hizo caer de sentón, sintiendo la sangre escurrir de su nariz. Kurama lanzó un rodillazo contra su rostro y, cuando Naruto cayó por completo al suelo, fue el turno del oji-rojo de aplastar su pecho, sin compasión.

-Escúchame, Naruto. Antes de partirte un pulmón, quiero que entiendas por qué hago esto, por qué hice todo esto- Volvió a ejercer fuerza en su pie, sacando un gemido de dolor del rubio –La mujer que reclamas como tu esposa, no es tuya y nunca lo fue. Ella es mía, quieras creerlo o no. Y no es por las razones que piensas. Su clan me la ofreció hace seiscientos años-

-¿Qué?-

-¡No me interrumpas!- Una patada calló de inmediato a Naruto, haciendo que el único ruido que emanaba de su boca, era la acelerada respiración que mantenía –Cuando el clan Hyuga necesitó de mi ayuda, hace seiscientos años, me prometieron algo a cambio, ¿Adivina qué fue?- Naruto no habló –Bien. Yo cumplí mi parte, que era acabar con sus enemigos, a cambio de la hija mayor de la rama principal…- La sonrisa que mantuvo hasta el momento del relato se desvaneció –Pero los malditos no cumplieron. Cuando intentaron entregarme a la chica, ya estaba desposada y con un varón en brazos. ¡Una verdadera ofensa! Pero, ¿Sabes? Soy un alma compasiva y decidí perdonarles la vida, a cambio de mi prometida. Pero al parecer, el destino tenía otros planes para mí- Gruñó –Las siguientes generaciones antes de mi encierro en Mito, fueron varones. Todas y cada una- Escupió. Con furia, aplastó el brazo de Naruto, dislocándolo, provocándole un grito de dolor tan fuerte que sonrió con satisfacción al verse logrado su objetivo. -¡Estuve esperando esa chica por seiscientos años, Naruto! ¡Y ahora vienes tú, la desposas y la preñas! Mi paciencia tiene un límite, ¿sabes? Mataré a tu bastardo y me quedaré con la pequeña. ¿Sabes lo que pasará cuando tenga suficiente edad?- Una sádica sonrisa adornó su rostro.

-¡Cállate!- Sin saber cómo, Naruto logró lanzar lejos a Kurama, incorporándose lo más rápido que pudo -¡Ni se te ocurra pensar en hacerle algo a Hana!- Gritó con ira, el sólo recordar lo que le había hecho a Hinata, le hacía enchinar la piel de sólo tener una idea por lo que Hana podía pasar.

La sonora carcajada de Kurama hizo eco en toda la casa.

-¿En verdad crees que en tu condición podrás hacer algo?- En un parpadeo, Kurama estaba al lado suyo, golpeándolo con el codo, haciéndolo dar vueltas en el aire antes de caer –Apenas te mate, Naruto, seguirá Hinata- Kurama notó el desconcierto en el rostro de Naruto, sacándole una burlona sonrisa -¡Oh! ¿En verdad creíste que de concedería el privilegio de matarla? Caes demasiado fácil en un simple Genjutsu- Patada en el rostro –Ella no se librará de mi tan fácilmente, no se irá de este mundo sin antes suplicarme perdón, sin antes ofrecerme su cuerpo con la misma voluntad que te lo ofreció a ti- Una pierna rota.

-Te equivocas…- Naruto estaba muy mal herido, mientras Kurama estaba totalmente fresco. Sabía lo que sentía el zorro. Su irá no estaba concentrada en el que él ocultara a Hinata, sino que el zorro creía que él y Hinata habían tenido sexo –Jamás la toqué… de esa forma-

-¡No te atrevas a intentar mentirme!- Gritó furioso.

-Hinata y yo… Nunca tuvimos sexo, zorro estúpido- Kurama lo tomó del cuello, elevándolo a tal punto que la punta de sus dedos con suerte y tocaba el suelo.

-Entonces, ¿De quién mierda son esos críos?- Naruto no respondió.

-¿Enserio no lo captas?- Dijo serio –Enserio eres estúpido- El rostro de Naruto fue estrellado violentamente contra el piso.

-¡No son míos!-

-¿Enserio?...- Naruto apenas y logró girar el rostro en su dirección –Tú… La profanaste tantas veces… ¿Y no consideras… siquiera la posibilidad…?- El aire comenzaba a ser escaso en sus pulmones.

-¡Es una mentira! ¡No pueden ser míos!- Kurama se alejó de Naruto, dando vueltas, su rostro estaba congestionado, más ya no se veía iracundo.

-¿Por qué… no?-

-¡Soy un demonio!- Gritó –Jamás podría tener descendencia, a menos que…- se detuvo en seco.

Naruto apenas podía mantenerse consciente, pero podía notar la desesperación en el rostro del Kyuubi. ¿Qué diablos pensaba tanto? Le estaba costando demasiado admitir aquel detalle.

-A menos que yo…- se acercó a Naruto, lo suficiente como para que el rubio alcanzara a verlo a los ojos. Naruto se desconcertó al ver aquel brillo en su mirada, uno que había dejado de existir desde el momento que Kurama había iniciado aquella atrocidad. –Joder… No puede ser que yo… La ame, ¿cierto?- Se cuestionó.


Lamento mucho mucho mucho, enserio mucho, el tiempo que me demoró subir este capítulo. Han acontecido muchas cosas en mi vida ñ.ñ unas buenas y otras no tanto u.u Pero, en estas vacaciones, al menos terminaré el fanfic. Al que por cierto le falta quizás un capitulo más ;)

Namikaze Hanoko fuera...