"Aeropuerto. ¿Tú dónde estás?"

"Voy a buscarte"

"Y Lo otro? Se ha arreglado ya?"

"Sí, Belbel está bien"

Francia está a punto de hablarle... Pero decide que mejor prefiere hablar esto en persona con él.

"Te veo en el bar del aeropuerto. No tardes"

"Vale" sale de la casa dirigiéndose a buscar un taxi.

El francés entra en el bar pidiendo dos copas y una botella de buen vino, asumiendo que esto será largo y quizás requiera un poquito de relajación.

Un ratito más tarde es que llega el español aun preocupado de todos los eventos. Francia se levanta para llamarle hasta la mesa y, en concreto, para mirarle bien. Le da un beso suave en los labios y le abraza, lo primero. España le abraza de vuelta aun un poco asustado.

Mon amour... ¿Cómo estás? ¡Qué lío es este!

Lo abraza de vuelta aun sin poder creer del todo lo que ha pasado.

—¿Qué ha pasado? Anda, cuéntame... Ven, vamos a sentarnos que traes mala cara.

Se deja tirar, tan mansito. Le sirve vino y se sienta frente a él en la pequeña mesita del bar.

—Así que, al fin... Te gusta un británico —no pueeeede evitar sonreír victorioso.

—¡No me gusta! Joder, Francia...

—Pues algo debe gustarte, tampoco es el fin del mundo.

—Es completamente el fin del mundo —se lleva las manos a la cabeza—. Romano... y Papá...

—Puede que Romano finalmente entienda que tiene que cuidarte un poco más y tratarte menos mal.

Romano no me trata tan mal...

—¡Tan mal! Mon dieu... De hecho ya es sorprendente que no te hartes más a menudo.

—Qué voy a hartarme, si es un sol.

Francia hace los ojos en blanco.

—Pues creo que ahora puede cuidarte un poco más.

—No... Esto es mi culpa, él es el chico más bueno y dulce de todos...

—¡Chico bueno que suele salir a bailar con otras chicas y chicos para darte celos!

—Pero eso lo hace para buscar mi atención.

—Y tú esto lo haces para darte cuenta de que hay más peces en el mar.

— ¿Eh?

—Al menos eso debes pensar a momentos, Espagne. ¿Qué pasa? Sólo has conocido a una chica que te gusta.

—No necesito una chica que me guste.

—No NECESITAS una. Pero ahora tienes una. Una que te llama la atención y te hace sentir calores por lugares interesantes. ¿Hace cuánto que no te gusta alguien nuevo?

—¡No quiero que me guste ella!

—Pues no es de querer que te guste, ¡es de gustarte y ya! ¡Hace mil años que no te gusta nadie novedoso!

—¡Claro que me ha gustado gente! Pero nunca presto atención ni les tengo lo bastante cerca.

—Y ahora... Bueno, más cerca que esto pues... Es difícil. ¿Ya ves que te digo que tienen algo?

—¡No! —protesta porque no quiere ni verlo. Francia hace los ojos en blanco y sonríe—. Me voy a ir a casa con Romano hasta que esto se me pase como hago siempre.

—Eso sí que te lo creo que debes hacer. Ve a casa y… Sedúcele.

—¿Seducirle? ¿Tan enfadado crees que vaya a estar?

—No sé si va a estar enojado. Creo que si yo fuera él... Querría que me sedujeras y me abrazaras y me quisieras.

—Ah, eso, ya...

—Pues es importante, claro que Romanito no es como yo. Probablemente... Probablemente sea más pasional la cuestión y tengas que rogarle un buen rato. No lo sé. Sí que creo que debes ir a ver y tú a... Reenamorarte de Romano y de tu niña.

—¡No necesito reenamorar nada! ¡Ya estoy enamorado de él! —protesta.

—Y te gusta alguien más, eso sólo pasa en momentos de debilidad —sonríe de lado.

—¿Qué quieres decir?

—Que todos tenemos momentos así, pueden ser largos o instantes. Pero insisto en algo: a ti estas cosas no te pasan nunca... Hasta que te pasan.

—Por eso mismo, a MI NO me pasan...

—No te pasan, pero te pasó, lo cual... Es raro. ¿Estás bien con Roma?

—¡Sí! ¡Sí! ¡Esto no tiene ningún sentido!

—Quiero decirte que ese sentimiento que generan los británicos... Al menos en mí y creo yo que en papa también, es TREMENDAMENTE poderoso —le mira hablando un poco en advertencia, levantando una ceja—. Tanto como la fuerza de gravedad.

—No va a pasarme a mí.

—Menos mal —extiende la mano por encima de la mesa y le toma la suya—. Sólo toma en cuenta que también estabas seguro de que a ti nunca te iba a gustar ninguno de esos "flacuchos, torpes y cejudos".

—Ni es así, ¡deja de insistir con ello!

—Cálmate y deja de ponerte tan a la defensiva, ¿vale? Soy yo... Y no te estoy acusando de nada realmente, sólo me preocupa.

—A mí también me preocupa.

—¿Sabes? Quizás nos estamos ahogando en un vaso de agua... Ve a casa con Roma y Vati y si DESPUÉS sigues pensando en ella nos preocupamos, ¿vale?

Asiente porque eso suena mejor. El galo le sonríe un poco más tranquilo.

—¿Aun así no quieres decirme "vale, tuviste razón siempre, Francia... Los británicos tienen algo"?

—¡No! ¡Deja de llevar esto a tu beneficio! —sonríe un poco de lado igual. Francia se ríe un poco.

—Hombre, que no cuesta nada que me digas la verdad. Yo sé que yo siempre tengo razón, sólo que es bueno para ti decirlo.

—No, no la tienes.

—¡Cómo no la voy a tener! Ja! Sabes que la tengo y no te queda más que intentar salvaguardar tu imagen diciendo que no es verdad.

—Es que no la tienes. Esto no ha pasado. No debió pasar.

—¡Pero paso! —se ríe acabándose su copa de vino.

—Sólo fue tensión sexual, no es como que esté embobado como tú y papá.

—Yo no estoy embobado —sonríe.

—Menos mal que no...

—Calla. Eso mismo digo contigo, menos mal que sólo fue tensión sexual, como la que tienes con medio mundo

—No la tengo con medio mundo... —ojos en blanco.

—¿Así que no tienes tensión sexual con nadie?

—Mira, esto es culpa de papá —desvía la pregunta.

—¡Anda! ¡Ahora es culpa de papa!

—Claro que es su culpa. Si se centrara sólo en una persona, como Germania... o quien sea. Britania podría buscarse a otro en vez de estar desesperada.

—¿Britania está desesperada?

—Pues claro que lo está, sino no habría pasado esto.

—¡Ah! Es ella la culpable, no es que tú hayas hecho algo para arreglarlo.

—¿Y qué querías que hiciera yo?

—Ella estaba desesperada y tú, alma caritativa, tuviste que satisfacerla.

—No tuve, es que no podía quitármela de encima.

—¿De verdad vas a ser así de marica y decir que todo esto lo hiciste sólo porque ella no se te quitaba de encima?

—Vete a la mierda y déjame en paz que ya te conozco y ya me liaste suficiente la última vez que me pasó algo así —se pasa las manos por el pelo agobiadito.

—La lié... La. Lié. Ya, claro. La última vez que te pasó esto fue con ROMA. ¿Dónde es que no ves el foco rojo? ¡Si te pasa es también tu culpa! —sonríe de lado recordando el trauma con Romanito.

—¡Cállate! ¡No quería que esto pasara! ¡No quiero!

—Ya lo sé que no quieres y de hecho me preocupa... Pero es que molestarte es irresistible.

—Pues no deberías, me preocupa. ¡Mira lo que pasó con Romano! Y yo quería a Austria, ¡iba a casarme con él!

—Te casaste con él, de hecho. Y creo que fuiste feliz A PESAR de Romanito.

—Fui feliz yendo arriba y abajo del océano, catolizando indígenas y torturando a Inglaterra cada vez que me lo cruzaba.

El galo se ríe.

OXOXOXOXO

Romanito toma el sol en el jardín de casa de España recostado en su silla, bebiendo zumo de fruta, cantándole a Vaticano que está sentada en el pasto con un gran sombrero rojo y unos juguetes.

Cuando el español vuelve, se baja del taxi y se pasa una mano por el pelo, suspirando. Se pone en cuclillas y abre los brazos para que su hija vaya a darle un abrazo bien grande. Romano le sonríe un poco desde la silla (a la niña, al idiota de España no le sonríe... Ejem) sentándose.

—Me habló Belgio.

España la levanta en brazos y la llena de besos abrazándola, se acerca a Romano con ella en brazos.

El italiano se tapa un poco el sol... porque ya es de día dado que España pasó la noche en Dublín, no había vuelos directos.

—Creo que están locos, me contó no sé qué de magia y... Estoy convencido de que le ha sorbido el cerebro el idiota ese pelirrojo.

—Ah... sí, pero ya está resuelto —le sonríe. Él le sonríe un poquito y luego entrecierra los ojos levemente.

—¿Y tú qué?

—Te he echado muchísimo de menos...

—Mira tú, que novedad. ¿Y eso por? —se sonroja un poco de todos modos.

—Pues por qué va a ser, yo siempre te echo de menos —se sienta junto a él en la tumbona.

Hace los ojos en blanco pero se quita un poquito para que se siente.

—¿Cómo está Belbel? Estaban... Los dos muy raros ayer —le mira fijamente.

—Ehm... mejor dame un beso.

—¿Un beso? Estas drogado o que, CLARO que no voy a darte un beso —se sonroja más y gira la cara.

—Vengaaaa —sonríe y se le echa encima, rodeándole la cintura con un brazo. Romano le empuja sin demasiado ímpetu para que se separe y gira la cara sonrojadito.

—No voy a darte un tonto beso... Menos enfrente de la niña.

Se le echa encima haciéndole que se tumbe, con Vaticano sobre ellos.

—Eres un mpfh! —protesta cerrando los ojos.

Ni le escucha, besándole. Y Romano besa distinto que Britania... Digo, sólo como recordatorio. Pero le besa de vuelta con naturalidad y creo que el beso le parece un poco más... España se lo come con muchas ganas abrazándole muy fuerte como si llevara mil años sin verle, perdiendo la cabeza casi enseguida.

Y es difícil, muy, muy difícil conservar la cabeza cuando España te pasa por encima así. Así que a Romano se le va un poquito la olla... Ejem... No que le guste ni nada, cerrando los ojos y con el corazón acelerado casi de inmediato. Y es el excesivo empuje del español lo que le hace apretar los ojos y echar la cabeza atrás soltando un gemidito suave sin querer que pare, sinceramente.

De hecho, es que no planea parar porque le está sabiendo y sentando muy bien este beso. Pues anda, a comerle el cuello, venga. No es como que el español tenga problemas en entender lo que quiere y mucho menos en hacerlo. Vaticano acaba en el suelo, con cuidado... y desde luego España ya ni se acuerda de Britania, cada vez sintiéndose mejor.

Romano conoce al español. Le conoce perfectamente bien porque llevaba años viviendo constantemente el mismo ciclo, incluso desde antes de Austria: le veía irse, le extrañaba en su ausencia, le recibía de vuelta y temía de nuevo su partida... Hasta que se iba de nuevo. Una y otra vez se repetía el mismo interminable ciclo que era imposible de detener... a lo más que se aspiraba a veces era a posponerlo poco, pero tarde o temprano se llegaba otra vez al mismo asunto: España se iba por tiempo indefinido y Romano estaba habituado a ello.

Había, eso sí, una importante diferencia entre estar habituado e ignorar el hecho como si no ocurriera. Las ausencias del español requerían cierto nivel de confianza y un sexto sentido muy bien desarrollado. Romano mejor que nadie, mejor incluso que Francia, podía leer al español como un libro abierto a su regreso.

Había empezado a hacerlo en la época de Austria, cuando al principio aseguraba que el maldito germano (que le había robado a SU España) MERECÍA que le engañara y con los años y los viajes acabó por derivar en un gran sentido de protección hacia el tirano de las gafas. Si bien España era un hombre recto, de una sola pareja con muy buen historial... no era perfecto. Había en ocasiones algún desliz, generalmente no muy grave ni intenso, que terminaba por pasar aparentemente desapercibido para el austríaco... pero no para él.

Aunque el español siempre volvía con una enorme sonrisa, regalos, oro y esa pasión arrolladora y característica, a Romano empezó a bastarle una rápida mirada cuando aún no se bajaba del barco, un reojo al beso a veces más a veces menos culpable y una rápida lectura de sus interminables palabras para saber lo que España NO estaba contando. Y ya desde entonces, España pagaba caros los esporádicos deslices.

Así que, tras años de este proceso, algo en el subconsciente del italiano le hace apretar los ojos sabiendo a la perfección que algo, aún no sabe qué ni qué tanto, va mal. No le detiene volviendo a dirigirle otra vez hacia darse un beso, tratando de empaparse del todo en España antes de querer averiguar si van o no a dejar de besarse por mucho tiempo. (El drama latino). Y toda la actitud de Romano se enfoca a una sola instrucción al español: cógeme aquí y ahora, sí, a la mitad del estúpido jardín y frente a Vaticano, cuando al menos puedo decir que no sé nada.

Así que si alguna vez Romano es especialmente cooperador, dulce, intenso y completamente profundo es ahora. Lo cual es un problema, porque España tiene unas ganas locas y le encanta Romano cuando es así, pero él sí es consciente de los vecinos y Vati... pero no de que el italiano está pensando que esta podría ser la última vez.

Romano insiste en esforzarse por llevarle a ello, aunque nota que empieza a perder la batalla. No se crean, por lo general Romano es quien manda... y la parte favorita de España de irse... es volver. Más aun a un Italiano EXTRA apasionado que le jala poco a poco otra vez a olvidarse de absolutamente todo y concentrarse únicamente en él y en esto que están haciendo. Y lo consigue.

Los vecinos y Vaticano reciben una buena lección sobre sexualidad y pasión con Romano dejándose ir por completo. Los dos acaban dejándose ir. Y no es hasta que terminan del todo que Romano deja caer la cabeza atrás con los ojos cerrados, ralentizándo su respiración... Que piensa otra vez en lo que está ocurriendo.

España lo abraza con fuerza y posesividad como si fueran una sola persona y piensa que van a tener que ir a vivir a otra casa una temporada porque como algún vecino haya visto esto llamara la policía y a los servicios sociales por la niña, es lo mínimo que harán.

— ¿Qué ha pasado? —pregunta Romano tras unos segundos de esperar una confesión propia y no obtenerla. Le mira de reojo y le acaricia un poco el pelo con suavidad.

—Que todos los vecinos saben que te cuidaré y te amaré hasta el día en que me muera porque eres a quien más quiero en todo el mundo...

Se queda en silencio unos segundos con eso y traga saliva.

—No, en serio. ¿Qué ha pasado? —le separa un poco.

—Eh... ¿qué? —vacila con una sonrisa nerviosa empezando a saberse atrapado.

—Ni te molestes en hacerte el loco.

Aprieta los ojos y deja caer la cabeza, apoyando la frente en el pecho del italiano y pensando cómo abordar esto. Y debe sentir el corazón de Romano latiendo con FUERZA. Casi sin respirar. Sin quitarle otra vez, pero sin abrazarte del todo. Si fuera un sajón haría lo más práctico, que es decirle "besé a alguien más, sólo fue un beso", pero como es un emocional latino asustadizo lo que hace es decirle "te quiero a ti".

Romano levanta las cejas con esa frase y como es un dramático latino asustadizo también, se le para el corazón.

—Me quieres a... Mí —susurra y le empuja un poco más —. ¿Eso qué quiere decir?

—Que te quiero y te querré siempre y por siempre pase lo que pase.

—Pase lo que pase —repite sintiendo que esto es MUCHÍSIMO más grave de lo que pensaba de inicio —. ¿Qué es esa estupidez?

—No es estupidez, tú lo sabes, ¿verdad?

—No, no sé qué pasa.

—Pero sabes que te quiero.

—Ahora mismo se otras cosas antes que eso.

El ibérico vuelve a apretar los ojos.

—No es tan grave en realidad...

—Te conozco DEMASIADO bien.

—De verdad, sólo fue un malentendido.

— ¿Cual malentendido?

—Pues alguien malentendió que podía... gustarme un poquito.

—Me da exactamente igual lo que "alguien" mal entienda, Spagna. Lo que me preocupa es lo que tú haces y como estas y como te veo.

—Yo estoy bien y te quiero a ti —asegura.

— ¿Gustarte quién? Porque todos saben que no sé quién te gustó y yo soy el único idiota que no tiene idea.

— ¿Q-Qué? ¡No lo sabe nadie!

—Me has dicho que alguien malentendido que podía gustarte noséquién —le mira a los ojos.

— ¡No! Bueno, sí, pero fue ella. Y Francia que es un sabiondo. De todos modos es mentira, no me gusta.

Frunce el ceño y se le ensombrece la mirada.

—Quítate.

— ¡NO! Nonononono —lo abraza mucho más fuerte.

— ¡Te gusta alguien más! ¡Una chica! ¡Y Francia lo sabe! —protesta y desde YA se le humedecen los ojos al muy dramático.

—¡No me gusta! Ella cree que me gusta, pero es una idiota y es fea ¡yo te quiero a ti!

— ¡¿Ella quién?! —frunce el ceño con el asunto de ser idiota y fea porque España es idiota y feo, conoce demasiado bien cuando una persona es idiota y fea –. Quítate de encima de mí. Vatiiii.

—Ella... joder, es que ni importa —se incomoda un poco porque sí le da vergüenza que le atraiga un británico. Pero no le suelta.

— ¡Sí que importa, te conozco!

Vaticano levanta la cabeza de los juguetes con los que estaba de nuevo.

—No, porque no me gusta y no pienso volver a pensar en ella ni un segundo.

— ¡Conociste a alguien más y te gusta! ¡Francia dice que te gusta y tú no hablas y no me dices nada! ¡Explícame, idiota! —chilla enfadado aun con los ojos humeditos.

— ¡Pues no hay nada que explicar, sólo le di un beso y ya! ¡Fue un error y no volverá a suceder!

—Le diste un beso a alguien y ¡TE GUSTÓ! —le acusa y vuelve a empujarle un poco mirándole con ojos desconsolados.

— ¡No me gustó! ¡Me gustas tú!

—Si estuviera todo bien, todo estaría bien, idiota. ¡Y pasaría nada porque cuantas malditas veces has besado a alguien y no pasa nada!

— ¡Pues es que no pasa nada!

—Sí pasa, sí pasa porque YO me di cuenta, te conozco MUY bien. MÍRAME —le mira con sus grandes ojos dramáticos muy, muy abiertos.

España le mira casi a punto de llorar. Él le mira con intensidad otra vez con un nudo en la garganta sólo con verle la cara. Esto no podía pasar. Era SU España. El padre de SU niña. Y si alguna mujer idiota creía que iba a robárselo sólo con mover tres veces las pestañas y hacerse la muy sexy estaba LOCA.

—No me eches, por favor, no quiero ir con ella, te quiero a ti, quiero a Vati...

Le besa en los labios para callarle apretando los ojos porque... Es que ni por un instante ha pensado en echarle por ahora. Y España se lo devuelve con ganas.

La cuestión aquí era que aún tenía dudas, y aún tenía el nudo en el estómago. Pero este beso no era para tranquilizarse a sí mismo, era para recordarle a España qué era lo que tenían. Que parecía saberlo. Y parecía estar seguro de querer seguir aquí... y tenía claro que el problema no era de voluntad para hacer o no hacer cosas relativas a ello, el problema era que el corazón y el cerebro a veces le jugaban a uno malas pasadas. Él no había querido querer a España cuando se casó con Austria... tampoco hubiera querido confundirle. Hoy sabía que había hecho ambas cosas aun siendo sólo un niño. Esto que pasaba ahora tenía un alcance que solo el tiempo podría decir qué tanto era. Así que se separa un poco con cierta decisión. Le acaricia un poco la mejilla con suavidad y toma aire.

—Necesito unos minutos —pide con la voz más tranquila que puede —. Suéltame, y hablaremos en la cocina en media hora.

—Unos... minutos... —traga saliva no muy feliz.

Le acaricia un poco el pecho y empuja suavemente mirándole con expresión indescifrable, tampoco muy seguro de querer separarse de él, pero... necesitaba aire.

—¿Confías en mí?

—Sí, pero... —le mira desconsolado con sus ojos verdes.

—Quisiera al menos subirme los pantalones —pide y cosa muy extraña, no se sonroja con esto ni parece incomodarse.

—C-Claro... —vacila, dejándole.

Se los sube con cuidado sin requerir más que estirar el elástico de la cintura. Se sienta un poco y con total intención se le recarga al español en el pecho, haciéndose bolita. Y él vuelve abrazarle de inmediato, subiéndose un poco los suyos. Romano se deja abrazar, apretándose contra él, frotando su cara contra el pecho del español.

— ¿Estás bien? — pregunta éste.

—Estoy... no lo sé.

— ¿Qué hago?

Se lo piensa un poco y le pone una mano en el abdomen, con suavidad.

—Llevemos a Vati al parque... y cuéntame todo lo que pasó, y lo que has sentido con ello, y lo que sientes... Necesito saberlo todo.

—Vale... vale. Vale —asiente. Él le mira y le detiene antes de que se mueva a ningún sitio.

—Yo no soy... Austria. Y ella no es Romano. Yo soy Romano, y voy a seguir siendo Romano.

— ¿Eh?

—La última vez que hiciste esto. Soy yo el que ocupa el lugar de Austria.

— ¡No! ¡No es lo mismo!

— ¡Se parece!

—Claro que no, no tiene NADA que ver.

—Tiene TODO que ver. ¿Te olvidas que yo he hecho ese papel justamente, del tercero en discordia?

—Ella NO es tú, ella me llama la atención porque se PARECE A TI.

— ¿De quién estamos hablando? —aprieta los ojos teniendo sus teorías.

—Eso es... ni siquiera importa.

Le fulmina

—Sí que importa. Necesito saber —a ver a quien voy a enviarle una cabeza de caballo adentro de su cama.

—Está bien... es... No te burles, pero...

Levanta una ceja esperando.

B-Britania...

Levanta la otra ceja.

Bri... tania? Britania?

Gira la cara, incomodo. El italiano parpadea incrédulo.

—Me estás... me estás diciendo que todo esto es por un... ¡¿un BRITANICO?! ¿Qué te has convertido en el idiota de Francia?

España se tapa la cara con las manos.

Vaffanculo! —protesta incrédulo aún.

Italia... por favor...

— ¡No me llames Italia asíiiii! —protesta ahora por eso —. Es... Vale, ¿cómo? Es decir... qué es lo que te hizo para... cómo es que... Spagnaaa.

—Ella sólo... es que se parece a ti y...

— ¡Vuelve a decir que se parece a mí y TE JURO que ahora sí te echo de casa!

Aprieta los ojos y traga saliva, pero se calla.

— ¿Cómo voy a parecerme a esa cejuda rara que SÓLO le gusta a Roma...? ¡A saber por qué!

—Está bien... no... No te pareces.

Toma aire tratado de calmarse otra vez porque sabe que de otra manera esta conversación será un desastre.

— ¿Y... por qué te gusta?

—No me gusta... sólo me atrae un poco —confiesa.

Se humedece los labios. No era ningún drama. A él le atraían muchas personas... Le mira a los ojos.

— ¿Porque se parece a mí? —pregunta poniéndole una mano en la mejilla. El español asiente un poco. Le acaricia un poco la mejilla — ¿En qué?

—En... ¿sabes cuándo discutimos... pero no es de verdad, porque tratas de llamar mi atención y que te haga caso?

—Yo no hago eso —se sonroja un poquito por primera vez en un buen rato.

—Claro que sí —sonríe un poco—. Pero me gustas mucho más tú, porque además eres muchísimo más sexy que ella.

—Lo que implica que ella te parece sexy.

— ¡Claro que no! ¿En qué contexto significa eso?

—Yo te parezco más sexy, pero ella te parece sexy igual —frunce el ceño porque esto está siendo más difícil de hablar de lo que creía.

— ¡No! ¡Tú me lo pareces y ella no!

Arruga la nariz.

—Sigo sin creer que sea ¡una británica! Y no "una". Britania. ¿Cómo te beso?

—Pues... es complicado —piensa que él creía que era Bélgica.

— ¿Complicado cómo?

—No complicado el beso, complicada la situación.

Suspira y le mira a los ojos de nuevo.

—Pero yo SÉ que fue un beso diferente a los besos que les das a todos los que les das besos —asegura e inclina la cabeza haciendo que el pelo le tape un poco los ojos —. Te robó algo que es mío.

— ¡No me robo nada! ¡Sigue siendo tuyo!

—Pues al menos un poco sí que me lo robó —protesta cruzándose de brazos —. Y por eso voy a... matarla.

— ¿Qué es lo que te robó? —frunce el ceño ahora porque no quería decirle precisamente para evitar eso.

Traga saliva al verle el ceño fruncido, porque esta vez, de manera extraña, no quería que se enojara. No quería ser tampoco el idiota que le permitía todo, pero... Este era España. En otra ocasión le hubiera hecho un gigantesco drama de celos... Porque siempre estaba seguro de que en el fondo era ÉL el único que le tenía embobado. Por alguna razón sentía que esta vez sentía un miedito raro.

—No te ha robado nada —insiste porque siente que todo el mundo le está dando a esto más importancia que la que tiene, sobre todo ahora que ella no está ahí y él se ha calmado bastante, quitándosela. Ya le ha dicho, jurado y perjurado que le quiere a él y sólo a él, y le ha suplicado que no se vaya y no le deje... y aunque está notando que no hace todo el drama habitual que cabría esperar, esto es casi peor y no acaba de entenderlo.

Romano suspira mirándole aun con una expresión extraña. Asiente levemente.

—Vale...

— ¿Seguro?

Desvía la mirada y asiente otra vez.

—Sí, todo está bien entonces —asegura para nada seguro con ganas de auto convencerse. Quizás España de verdad tenía razón y sólo le había dado un beso a una chica, y además le había gustado. No sólo el beso, sino ella.

—No pareces.

—Es que... —se separa un poquito de él y se pasa las manos por el pelo —. No sé qué hacer. Seguir normal, supongo...

— ¿Qué quieres hacer?

Se mueve un poco para levantarse al fin y pasarse una mano por el pelo.

—Meterme a la ducha. ¿Cuidas a Vati? —le mira un segundito de reojo y luego desvía la mirada otra vez. España asiente yendo a por ella, tomándola en brazos y apretándola contra sí. Le mira hacer pensando que se ven guapísimos los dos y que le hacen muy, muy feliz... Traga saliva otra vez volviendo a pensar en este asunto. Y poco a poco como un gusanito ella se le metía en la cabeza. Así pasaba con esas cosas... Había que erradicar el problema de cuajo. —Spagna...

Le mira. A él se le acelera mucho el corazón, pone su mejor sonrisa, la más sexy y seductora que puede e inclina un poco la cabeza. Se sonroja.

T-Ti amo con tutto il mio cuore —suelta después de vacilar un poquito, sonrojándose más.

Al español no se le cae la niña porque siente que si la suelta se caerá él. Abre la boca como un pez y se sonroja mucho de golpe. Siente como el corazón le cae al estómago y todo se le revuelve por dentro.

... e spero che tu cononsca ciò —agrega al ver su reacción, tranquilizándose un poco con ella.

Se le humedecen los ojos mirándole todavía y a Romano también en espejo, que se pasa una mano por el pelo y se sonroja un poco. España tira una mano hacia él. Él vaciiiila y se sonroja sin extenderla, pareciéndole que ya dijo mucho y ahora el español ha de hacer TODO.

—Por favor, ven.

Da un mini pasito hacia él y se mira los pies. España se estira intentando agarrarle y tirar de él para abrazarlo. Se deeeeja al final casi sin trabajo y el español se echa a llorar asegurando que le quiere muchísimo, haciendo una bolita de los tres.

Romano se siente considerablemente menos agobiado después de esto, dejándose abrazar y abrazándole un poco de vuelta, acariciándole la espalda para consolarle y creo que todos lloran como magdalenas y se dicen un montón de cosas entre balbuceos.


Y hasta aquí. Un poco de Spamano es un buen broche final, pero maldita sea con el drama ¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!

De todos modos, porque no dedicar un long trae mala suerte (aunque no sé si esto es lo que nostras llamamos exactamente un long) en estricto orden alfabético a AlexBetelmaniaca, Camelia rouge, Jalea de Manzana, Jositaa, Kokoa Kirkland, Mokachina, No name, TotalhelplessFangirl, vicky lau y Yume Yang, muchismas gracias por vuestros reviews, los leemos todos y sin ellos esto no sería lo mismo, aunque nunca los contestemos.

Quiero hacer también una mención especial a la gente que deja preguntas en ask, porque... bueno, luego pasan estas cosas. Sentimos también tener tantas acumuladas, como diría chibi!Francia, por favor no dejéis de querernos por eso.

Y por último a ti, que lo has leído, muchas grácias.