Lamento la tardanza, espero les guste.

Nos leemos abajo!


-Llévame contigo –suelta-. Llévame a donde quiera que vayas.

Me toma por sorpresa, tanto que presiono con fuerza el freno y ambos nos movemos con brusquedad.

Pero pareciera ser como si nada hubiera pasado, sus ojos siguen mirando a los míos.

-¿Qué te lleve conmigo?

-Si. Por favor. Solo sácame de aquí. No tengo a donde ir…

-Tu familia debe…

-no tengo familia, Gale. ¿Aun no lo entiendes? No quiero estar aquí. Por favor.

-¿Y que pretendes que haga?

-Solo llévame contigo, no quiero quedarme, solo sácame de aquí y te desases de mí. No voy a ser una carga, por favor. Sácame de aquí y en cuanto te sientas seguro me sueltas y desapareces. Y tomaremos caminos separados.

-Peeta –lo silencio-. ¿Estas comprendiendo lo que dices?

-Si –responde al instante-. Lo eh pensado bien. Aquí no me queda nada. Tú no comprendes la situación en mi "familia". Tu solo me levantaste y me quitaste la libertad. Y no sabes mi historia. Pero te aseguro que ahora no puedo vivir aquí. Por favor, solo llévame contigo.

-Peeta, voy a ocultarme en un pueblo de Washington –miento.

-No me importa –dice-. Solo no me dejes aquí.

Lo miro a los ojos y trato de comprenderlo.

-Te lo debo –digo-. ¿Estas seguro de esto?

-Si. Completamente. No logro verme viviendo aquí. Con un hombre que no hizo nada para ayudarme. Viendo a mi padre todos los días y sabiendo que prefirió que me mataran que soltar dinero.

-No lo creo así, Peeta. Cuando la policía interviene…

-No digas nada. Sabes que es así.

Y ambos guardamos silencio.

-Gale, ¿Tienes mis pertenencias?

Trato de recordar a lo que se refiere.

-¿Tu teléfono?

-Mi teléfono, mi billetera y mi collar.

Oh, eso.

-Bueno, el teléfono lo perdimos. Tu billetera… me gaste el dinero –admito-. No era mucho, poco más de cien dólares…

-No importa –se encoje de hombros-. Ahí tengo mi tarjeta, no tengo mucho dinero pero servirá para pagar mis cosas.

-¿Qué cosas?

-Bueno, te ayudare con los gastos. No quiero tu dinero. No te preocupes, si vas a sacarme de aquí yo te daré para que lo hagas.

Suelto una risotada.

En estos momentos tengo más dinero del que puedo gastar y se preocupa por eso.

-No te preocupes –digo-. No creo que gaste mucho en ti.

-¿Cómo piensas salir de la ciudad?

-Vamos a ir en coche hasta México, pasaremos la frontera y después tomaremos un avión a Europa.

-Dijiste que te irías a Washington…

-Mentí. Vamos directo a México ahora mismo –cambio la velocidad del coche y tomo la carretera a toda velocidad.

-Gale, con más razón necesito mi dinero.

-No te preocupes por eso, Peeta. Míralo como una disculpa. Tu padre es un cerdo, pero tu no. Y te lo debo. Déjame hacer esto, solo así me sentiré a gusto.

Se queda en silencio.

-Hey –le llamo-. No te preocupes.

Asiente.

México está a cuatro horas en coche rumbo al sur, mientras mas me alejo de la ciudad mejor me siento. Aun así, aun tengo que hacer una parada mas antes de continuar.

A una hora y media de la frontera hay un pueblo pequeño y acogedor, donde nada malo pasa, se supone.

Peeta se endereza para ver por la ventana.

-Me gustaría vivir en un lugar así. Pequeño, sin problemas –murmura.

-Es muy aburrido –aseguro.

No conduzco durante mucho tiempo, pues mi destino está cerca de la entrada, meto el coche al garaje de la pequeña casa y bajamos.

-¿Qué hay aquí? –pregunta Peeta.

-Nuestro transporte –respondo.

Dos hombres entran al garaje.

-Señor –me saludan.

-Carguen todo, ahí está dentro –ordeno.

Conduzco a Peeta hasta la pared detrás de nosotros y me recargo para esperar.

Tengo mi arma lista para disparar, se supone que son de confianza, pero yo no confío en nadie.

Los hombres comienzan a cambiar el dinero del coche a la camioneta a su lado.

-¿Qué haces? –susurra Peeta cuando mira como desarman la puerta.

-Se le llama clavos –explico-. La Camioneta está modificada, se supone que fue hecha para transportar cocaína, pero el dinero también sirve.

Tiene huecos en las cuatro puertas, en la cajuela, en el tanque de gasolina, en el maletero, en los asientos. Si nadie sabe exactamente en donde están los clavos, no sabrán como encontrar el dinero.

La camioneta queda cargada en veinte minutos.

Espero hasta que los hombres salgan del garaje y pongo los seguros en todas las puertas.

-Vamos a almorzar algo –le digo a Peeta.

Quiero salir cuanto antes de este lugar, pero ninguno de los dos ah comido por lo menos en un día entero.

Tomo su mano para salir de la casa, pero cuando estamos en el exterior la suelto.

-¿A dónde vamos? –pregunta.

-No hay mucho que elegir aquí, enfrente está mi casa, iremos a cocinar algo.

-¿Tienes casas por todos lados?

-Ya las conociste todas –digo-. Mi padre tenía buenos negocios y necesitaba casas alejadas entre si.

-Valla…

Caminamos en silencio hasta que entramos.

No hay mucho para concina, había ordenado que por lo menos cargaran la nevera con refresco de soda, cervezas y carne sazonada.

-¿Cerveza o refresco? –le pregunto.

-¿Hay agua?

-Nop, ¿Cerveza?

-Refresco está bien.

-Okay.

Le entrego una botella y saco la carne para concinarla en la pequeña estufa.

-Comeremos rápido –le digo.

-Okay.

Espero a que la carne este bien cosida y la coloco en los platos.

No hay nada más para acompañarla, pero servirá por lo menos para quitarnos el hambre.

-¿Qué le harás a esta casa? –me pregunta.

-La rentarán. La señora de la casa junto a esta no tiene mucho dinero y le dejaré esta para que la rente –le digo mientras doy un largo sorbo a la cerveza helada.

Asiente y comienza a comer.

La carne es suave y jugosa, no se si es el hambre que tengo o el sazón, pero sabe deliciosa.

Cuando terminamos me tomo otra cerveza y Peeta se levanta para ver por la ventana.

Acabo con la cerveza rápidamente y me pongo de pie, caminando hasta colocarme tras de Peeta.

-Oye –lo llamo, pero no se voltea para mirarme.

Lo tomo de la cintura, junto nuestros cuerpos y acerco mis labios a su cuello.

-Tengo una duda –murmuro en su oído.

Peeta se da media vuelta y se aleja ligeramente para mirarme.

-Todo… todo lo que pasó –comienzo-. ¿Fue de verdad? ¿O solo fue para que te sacara de ahí? No me importa, en realidad. Ya te prometí que te llevaría conmigo. Solo quiero saberlo.

Sus ojos escudriñan los míos un largo rato.

-Te entregue mi virginidad –dice, molesto.

Lo ah tomado mal, no era como esperaba su reacción.

-Yo…

-Olvídalo, Gale –pasa de mi, dirigiéndose a la salida.

-¿Qué haces? –le pregunto, tomándolo del brazo.

-Voy a quedarme aquí –dice-. No quiero ir contigo a ningún lado. No quiero tu dinero. No quiero que me saques del país. No quería quedarme en la ciudad, bien, ya no estoy ahí. No me andarás cargando.

-¿Estas molesto? –pregunto con inocencia.

-¿Pensaste siquiera lo que dijiste antes de que lo hicieras?

-No –niego con la cabeza-. Pero entiéndeme. No se por que tu… querrías estar conmigo. Si no es por esas razones.

-Quizá por que me gustas de verdad.

-Te creo. Solo quería escuchar que lo dijeras.

-Okay, pues es la verdad. No quiero que pienses que… me acosté contigo para quedar libre. Así que, bien, tú tienes cosas que hacer. Yo me las arreglare para sobrevivir aquí.

-No, estás loco. Estás reaccionando mal.

-No, Gale. No lo estoy haciendo. Mira… -busca las palabras en su mente, colocando sus manos sobre sus sienes-. Dices que esta casa está en renta, bien, buscaré un trabajo aquí. Me hare cargo de mi mismo y…

-estás diciendo idioteces –lo silencio-. En primer lugar, si llegaras a quedarte aquí no te cobraría renta por que vivieras en mi casa. Pero como no te vas a quedar aquí, ni pensarlo.

-No entiendes Gale, siempre tendrás esas dudas. Y no quiero que la tengas.

-No la tengo. La has aclarado ya. Escucha, te voy a llevar conmigo, cuando lleguemos a Londres tomaras tu camino, si eso quieres. No digas nada más.

-No quiero ir a Londres. No quiero que pienses que te veo como un boleto para irme a Londres –resopla.

-Pero es que no lo estoy viendo así –aseguro, frustrado.

-Pues entonces no me llev…

Corto la palabra poniendo mis labios sobre los suyos.

-Que algo quede claro –murmuro sobre sus labios-. Sigo siendo tu secuestrador. Tienes que guardar silencio cuando yo lo digo.

Esboza una sonrisa y vuelve a besarme.

-Podré hacerlo. Por lo menos mientras me llevas a Londres.

-Bien, entonces démonos prisa. Quiero deshacerme de ti –bromeo.

Vuelvo a juntar nuestros labios y salimos de la casa, tomados de la mano.

No me importa ya, en realidad.

La camioneta está lista y nosotros también, así que me apresuro para tomar la carretera y alejarme del pueblo.

-Ahora si me siento mas seguro –le digo.

El simplemente asiente.

Lo único que quiero es que estos momentos pasen rápido.

Quiero salir del país lo antes posible.

-Por cierto –digo-. Aquí está tu cadena –con mi mano tomo el pequeño dije que cuelga sobre mi pecho-. Me gusta.

Peeta la mira y sonríe.

-¿Cuándo la tomaste? –pregunta.

-Desde el primer día que te tuvimos, pero no la saqué hasta ayer. Me dio suerte.

-Lo dudo mucho, no da suerte.

-Lo hizo –guiño el ojo-. No te la voy a devolver. Lo siento. Pero te compraré una igual.

-No es necesario –dice-. Te la regalo.

-Te comprare una igual, de todas formas.

La cadena es delgada, fina y plateada. El dije es una brújula a escala, no mas grande de dos centímetros y junto a ella cuelga otro dije de una especie de pluma de ave.

-No se que quiere decir –dice-. Pero me la compré en Forever 21, ya no tenía nada que comprar y no quería regresar a casa con dinero.

-No me importa, ahora es mía. Y como era tuya, tiene más valor.

Gira sus ojos y se recarga en la puerta.

La carretera que nos lleva a la frontera es desértica, y está prácticamente sola, a excepción por los camiones de carga que pasan a mi lado.

Tenemos que pasar a un lado de San Diego, atravesamos San Ysidro y ahí esta la frontera que nos llevara a Tijuana, México.

-Gale –dice Peeta, con una expresión de miedo cuando mira el puente internacional frente a nosotros-. ¿No necesito pasaporte?

-Lo necesitas para regresar. Pero no creo que quieras regresar, ¿No?

Niega con la cabeza y se relaja.

-Oye, ¿Y para salir del país? Necesito un pasaporte. ¿O…. o planeas dejarme ahí? ¿Me has vendido a algún cartel Mexicano o algo?

-No seas idiota, cállate. –ordeno-. Hablaremos de eso en cuanto pasemos.

No puedo negar que tuve nervios cuando pasamos la aduana, pero nada salió mal. Por el retrovisor veo el puente internacional alejándose.

-Vamos a conseguir papeles falsos –le digo-. Son cien porciento confiables. No te preocupes.

-¿Es de verdad?

-Si. A eso hemos venido a México. Ha conseguir nuevas identificaciones y para que me transporten el dinero. Es claro que no puedo llevarlo en mis maletas.

-¿Cómo pasaran tanto dinero?

-Tengo muchos conocidos aquí, Peeta. No te preocupes por eso.

-¿por avión?

-Si –respondo-. Estas personas trafican mas personas, droga y armas. No se les complicará un par de bolsas de dinero.

-¿Y quien hará tu Pasaporte?

-Pasaporte, licencia, visa, y actas de nacimiento y la residencia Inglesa –corrijo-. Unos buenos amigos.

Sus ojos se abren como platos.

-Bueno, ellos se encargarán de los papeles, lo de la residencia es con el tiempo.

-¿Cómo? –pregunta sorprendido.

-Voy a "casarme" con la hija de un amigo de papá. Ya está arreglado. Pero no lo necesito, ¿Sabes? Tengo dinero para no trabajar, y para no molestarme por conseguir ese documento.

Asimila mis palabras.

-¿Cómo podré entrar yo ahí?

-Te ayudaré a conseguir los papeles también. Pero lo de la residencia… tendrás que casarte con alguien.

Reprime su respiración.

-Gale, eso es mucho dinero. No tengo para pagarlo.

-No te estoy pidiendo nada. Yo me encargaré de eso. Esta gente sabe moverse, en menos de tres días tendrán tus documentos listos. Los míos ya están a la mano.

-No vas a pagarme eso si…

-No voy a pagar nada. Ni siquiera voy a pagar lo mío.

Voltea para mirarme.

-No soy una persona buena Peeta –le devuelvo la mirada-. No se quien crees que soy o quien quieres que sea, pero no soy bueno. Hago cosas malas. Estas personas me deben mucho a mí, y no dinero especialmente, así que, después de esto, nuestras cuentas quedan saldadas y seguirían debiéndome, pero les perdonaré todo.

Baja la mirada y comienza a jugar con sus manos.

-Las personas que vamos a ver son peores que yo, así que, vete preparando.

Conduzco durante una hora más hasta que llego a nuestro destino.

Frente a la plaza Juárez hay un edificio de treinta pisos, ahí me están esperando.

Apenas dejo la camioneta en el estacionamiento y dos hombres de traje nos esperan fuera.

-Tu mirada arriba, no bajes la cabeza y has exactamente lo que yo digo –ordeno.

-Okay.

Bajamos del auto y los dos hombres nos escoltan hasta el interior del edificio.

El edificio es un hotel, pero aquí las personas no se molestan en ocultarse.

Hay hombres con armas y la vida sigue como si nada pasara.

-Alejandro los atenderá en un momento –me dice el hombre a mi derecha.

-Dije que llegaría aquí a las cuatro de la tarde y son las cinco, ¿Y el todavía no puede atenderme?

-Lo esperábamos a las cuatro, pero tubo que atender otros asuntos, señor.

-bien, como sea, llévenos a la oficina.

Los hombres nos guían hasta el tercer piso, en donde esperaremos a González.

Diez minutos después el hombre entra por la puerta.

Es tan joven como yo, con un cuerpo ejercitado y una tez morena impecable.

-Gale -me saluda, estrechando nuestras manos.

-Alejandro. Doy por hecho que mi encargo está listo.

-Por supuesto que si –responde.

Hace una seña y la chica que entró tras el me entrega el maletín.

Lo abro.

Mis documentos están ahí, impecables, brillando con mi nuevo nombre.

No me molesto en verificar que estén bien hechos y sean legales, se con quienes estoy tratando.

-Tengo algo mas que agregar –digo.

-¿Hay algo que no te ha parecido? Prometo que está todo ahí dentro.

-No es eso. Necesito los mismos papeles para el –señalo a Peeta-. Lo más rápido que se pueda.

EL hombre se queda mirando a Peeta y después a mi, con su boca ligeramente abierta.

-Dame dos días. Es lo más rápido que puedo.

-Excelente –respondo-. En dos días regresaré. La camioneta está en el estacionamiento.

-Bien, bien. Todo quedará listo para ti, mi amigo.

-¿Tomarás los datos de Peeta? –inquiero.

-De eso se encargará Roberta.

La chica se acerca.

Alejandro toma asiento en el sofá frente a nosotros y la chica trae consigo una computadora.

-Acta de nacimiento, pasaporte y licencia –ordena el chico, sirviéndose un poco de vino del que se encontraba en la mesa del centro-. ¿Algo para ustedes? –nos pregunto.

Niego con la cabeza.

-¿A que nombre? –pregunta la chica.

Miro a Peeta.

-Peeta Mellark –responde el.

Elevo mi mano, deteniendo a la mujer.

-Creo que no es buena idea eso –le digo-. Será mejor que elijas otro nombre.

-¿Otro nombre? –inquiere sorprendido.

-Así es. Tienes la oportunidad de ser otra persona para siempre. Con otro nombre, sin registros, sin ningún indicio para que alguien te encuentre.

Sus ojos se desenfocan mientras analiza mis palabras.

-Piensa en algo bueno –le digo, sonriendo-. Es para siempre.

Cierra sus ojos un momento y cuando los abre están llenos de decisión.

-¿Cómo te llamas tu? –me pregunta.

-Liam Hemsworth –respondo.

-Bastante Ingles –dice.

-Si voy a vivir allá, quiero un nombre de allá.

-Bien, entonces… Joshua…. Hutcherson.

-¿Joshua?

-Puedes decirme Josh –me guiña su ojo.

Sonrío ampliamente.

Ni siquiera me importa que estemos haciendo una escena frente a estos hombres. Este chico me hace muy feliz.

-Lo has escuchado –le digo a la mujer-. Joshua Hutcherson. Diecinueve años.

La chica teclea y me pongo de pie.

-Regreso en dos días –Alexander también se pone de pie.

-Si piensas quedarte aquí necesitas seguridad –dice el.

-No gracias, estoy bien.

-No es una pregunta, Gale. Ya no estás en tu país. Aquí los necesitas. Te llevarás a Rodrigo contigo, nos veremos en dos días.

Estrechamos nuestras manos y salimos de ahí.

Peeta viene a mi lado, tratando de mantener la compostura.

-Consigamos un hotel –digo.

-Gonzales ya tiene una habitación lista para ustedes –dice el hombre a mis espaldas.

-No lo creo –replico-. Nosotros elegimos nuestro hotel

-Como prefiera.

Seguimos caminando hasta subirnos a la camioneta del hombre.

Una camioneta negra y llamativa, que prácticamente dice "Soy narcotraficante" en letras neón.

-¿A dónde lo llevo? –me pregunta.

Trato de buscar algún hotel en mi memoria pero no recuerdo cuando fue la última vez que estuve aquí.

-Holly Day Inn –digo, es una cadena hotelera en donde me eh hospedado en otras ciudades Mexicanas, solo espero que aquí haya uno.

El hombre no dice nada, por lo que supongo que si hay.

Peeta se queda en silencio, mirando por la ventana.

-¿Quieres ir a comer a algún lado? –le pregunto.

-No –responde-. Quisiera dormir un poco.

-Yo también –admito-. Tengo demasiado sueño.

-Yo también. Anoche no eh podido dormir nada.

-Yo tampoco –sonrío.

-¿Y eso?

-Bueno, antenoche estuvimos juntos, anoche me pase media noche secando billetes y media noche contando y empaquetando… así que…

-Bueno, eso es mejor motivo que el mío.

-¿Por qué no pudiste dormir?

Baja la cabeza y sonríe. Odio que baje la cabeza; no lo había notado hasta ahora.

-Eh –lo presiono-. ¿Por qué no pudiste dormir?

-Es idiota, pero no estabas ahí… así que…

Su mirada se desvía de mi al chico que va manejando, intuyo que esa es la causa del nerviosismo de Peeta.

-Okay, hoy dormiremos juntos, entonces.

Asiente.

El camino al hotel es rápido, las calles aquí no son como en mi ciudad, son estrechas, llenas de coches, pero libres al mismo tiempo.

Bajamos del coche y caminamos hasta adentrarnos en el hotel.

En este punto estoy medio dormido y medio despierto.

Cuando llegamos a la habitación ni siquiera tengo la voluntad para quitarme la ropa, por lo menos logro seguir despierto hasta tener a Peeta entre mis brazos.

El cansancio es excesivo, el estrés que eh tenido se ah acumulado y ahora me derrumba, pero dormir con este chico junto a mi es inigualable.

No despierto en ningún momento de la noche. Y es que, aunque no debo, confío demasiado en Peeta. Y me siento seguro aquí.

Cuando despierto lo primero que hago es buscar a Peeta con la mano, pero no está.

Me levanto tan rápidamente que siento un mareo intenso.

-¿Peeta? –le llamo-. ¿¡Peeta!?

-¡Hey! –grita desde algún lado.

Lo busco con la mirada rápidamente.

Se asoma por la puerta a mi mano derecha.

-Estoy comiendo –dice-. Tenia hambre, espero no te moleste.

-No, no. Está bien.

Me siento como un idiota por mi reacción.

Asiente y desaparece de nuevo.

Camino cansado hasta el baño.

Me aseo, tomo una ducha y salgo solo con la toalla anudada a la cintura.

-¿Saliste a comprar? –pregunto cuando miro a Peeta sentado en la mesa y comiendo una porción de papas fritas.

-Pedí por el teléfono, no eh salido de la habitación –dice-. Siéntate, pedí también para ti.

Asiento y me siento frente a el.

-¿No tienes ropa? –me pregunta ruborizándose cuando se da cuenta que lo único que me cubre es la tolla.

-En realidad no, hoy saldremos a comprar algo decente para ambos.

-Oye, no quiero que gastes nada en mí. Suficiente tengo con esto que estas haciendo.

-Si no quieres usar el dinero que eh robado, tranquilo, estoy pagando todo con lo que saque de la venta de mis coches, y esos coches los compre con dinero limpio, lo juro.

-No es eso, Gale. No me importa de donde sacas tu dinero. Solo que es tuyo y no quiero gastarlo. No puedo pagártelo.

-No te lo estoy pidiendo. Ni prestando. Te lo estoy regalando. No veo el problema.

-No quiero ser una carga.

-No eres una puta carga –suelto, no era con mala intención, pero ahora usar una palabra anti sonante frente a el me parecía mala idea-. ¿Por qué no entiendes que probablemente muera y mi dinero siga estando ahí? No quiero morir sin gastarme cada centavo.

-El dinero no dura mucho. Tendrás gastos y compraras cosas. No durará hasta que mueras.

-Cuando se me acabe, robaré otro banco.

Niega con su cabeza, divertido.

-Deja de decir o pensar estupideces y déjame comer a gusto.

Esboza una sonrisa.

Me gusta que reaccione así a mis comentarios.

Para salir me pongo la misma ropa usada que traía, pero ese día, cuando regresamos al hotel, ambos vestimos ropa nueva y traemos un par de bolsas más.

"-No sigas sumando dinero a la cuenta de "Cosas que le debo a Gale"" Me había dicho.

"-Nadie lleva la puñetera cuenta" respondí.

Fuimos a con González para que tomaran las fotografías que ocuparían de Peeta.

Regresamos al hotel, pues ninguno de nosotros cree buena idea andar paseando por las calles de esta ciudad.

Tengo ciertas influencias, pero para que tentar a la suerte si así estamos bien.

Al día siguiente nos limitamos a pasar el tiempo dentro del hotel.

Hay unas canchas de tenis, ninguno de los dos sabe jugar tenis, pero golpear las pelotas con las raquetas es fácil y des estresante. Una tarde en la alberca siempre es relajante y terminas con el cuerpo molido como para disfrutar una noche en el bar.

-Pensé que no tomabas –le digo cuando pide su tercer copa.

-Tenía vida social antes de conocerte, Gale –replica, pero al instante se retracta-. Lo siento, no pretendía decirlo así.

-No te preocupes, tienes la razón de todos modos.

-No necesito de esa vida de apariencias. Ahora lo más que quiero es olvidarla.

-Quizá sea mala idea esto, ¿No crees?

-No. No lo creo. ¿Te vas a arrepentir?

-No. Yo no me arrepiento. Y mi palabra vale más que mi vida.

En el bar termino borracho, tan borracho que todo lo veo en escenas. Como justo ahora, estoy subiendo por el ascensor con Peeta pegado a mi cuerpo y robándome el aliento con sus labios. Y un segundo después simplemente ya estamos tirados sobre la cama.

No me gusta tener sexo con alcohol en mi sistema, pues no recuerdo gran parte del acto, pero quemar el alcohol de esta manera es extraordinario.

No puedo describir exactamente como fue que hice el amor con Peeta, pues no lo recuerdo, pero se que es grandioso. Como siempre.

Por la mañana despierto con un dolor infernal en la cabeza y todo mi cuerpo totalmente reseco.

Peeta no está en la cama.

Me pongo de pie, me doy una ducha y me aseo; entro en mis bóxers y salgo, me dirijo al pequeño sala/comedor junto al dormitorio.

Peeta esta recargado en la barra con un tazón de cereal y leyendo el periódico.

-¿Cómo te sientes? –le pregunto.

Me hecha una mirada envenenada y me hace soltar una carcajada.

-debiste haberme detenido cuando estuve demasiado borracho –masculla malhumorado.

-Dicen que una cerveza por la mañana es buena para curar la cruda.

-Ni se te ocurra. Si huelo alcohol ahora mismo te juro que vomito.

-¿Puedo darte un beso? –pregunto cuando sus labios demasiado rosados captan mi atención y no puedo salir de ellos.

Niega con la cabeza y vuelve a meterse en su periódico.

Aun así camino hasta el, junto nuestros labios unos segundos y tomo el tazón de cereal en mis manos, colocándolo entre mis labios y dando un gran sorbo.

-Eres un asqueroso –se queja-. Ya no comeré de ese tazón.

-No seas princesa –le digo con la boca llena de cereal-. Voy a vestirme y terminaremos nuestra estancia aquí de una vez por todas.

Gira sus ojos, molesto. Antes de regresar a la habitación le doy otro beso en los labios.

No se cuanto tiempo me queda con el, pero quiero disfrutarlo mientras puedo.

Después de salir del hotel el hombre nos conduce directamente al edificio donde nos espera Alejandro.

-¿Todo está listo? –le pregunto en cuanto lo veo.

-Todo. Solo falta que estén listos para partir.

-Estoy listo para partir ahora mismo –digo.

-Bien, quizá primero quieran ver sus documentos. Subiéndote a ese avión y todo está saldado entre nosotros. ¿Correcto?

-No. En cuanto reciba mi dinero todo estará saldado.

-Sabes quien soy –replica Alejandro.

-Si, lo se. No dudo de ti.

Abro el sobre con los papeles de Peeta.

"Josh Hutcherson" se mira en todos los lugares donde debería ir "Peeta Mellark"

Le entrego el sobre a Peeta y se pierde unos segundos en sus documentos.

-Todo está listo. ¿Cuándo nos vamos? –pregunto.

-Puedo conseguir el siguiente vuelo, si te parece.

-Magnifico –respondo.

Estrechamos nuestras manos y todos salimos del hotel, escoltados por sus hombres.

Conduce directo al aeropuerto y ya dentro me da las últimas instrucciones:

-Mira, este avión los llevará a Houston, Texas; de ahí tomarán un vuelo directo a Londres, Inglaterra. La azafata los conducirá en todo momento.

-Muy bien, entonces es todo por ahora.

-Bien, Gale. Fue un placer hacer negocios contigo todo este tiempo, y quisiera decir que ojala nos veamos pronto, pero es mentira.

-Yo tampoco espero volver a vernos –digo, sinceramente.

Asentimos y coloco mi mano sobre la espalda de Peeta para conducirlo hasta el interior.

Pasamos los escáneres, aguardamos unos minutos y abordamos el avión.

-Buenas tardes, señor Hemsworth –dice una chica de tez morena y cabello castaño claro-. Mi nombre es Tamara y estaré apoyándolos en este viaje. Disfruten su vuelo.

Sonrío y nos deja en paz.

-¿Has volado antes? –le pregunto a Peeta, quien se sienta cómodamente y prepara su asiento, como si lo hubiera hecho un montón de veces.

-Si, muy seguido.

Me encojo de hombros.

-¿Te molesta si hago esto? –pregunto mientras paso mi brazo derecho sobre sus hombros.

Se acomoda recostándose en mí y cierra sus ojos.

-Para nada.

No puedo decir que el viaje fue placentero por que no lo fue. Odio volar.

Cuando llegamos a Houston pensé que por fin podría descansar un poco, sentir el suelo bajo mis plantas es extraño y siento que estoy mareado.

Pero ni siquiera hubo tiempo para ir al baño por que Tamara nos conduce a otro vuelo rápidamente.

-Creo que voy a vomitar –me quejo con Peeta.

-Tranquilo, trata de dormir, te ayudará.

Hago lo que me dice pero es imposible.

Lo único que hace que mi estomago se asiente es una copa de Whiskey con agua mineral y un paquete de cacahuates.

Peeta había dicho "solo estás chiflado" y le seguí el juego, por que me avergonzaba ponerme tan mal en un vuelo.

Para todos siempre era "Gale el invencible", magnifico que nunca me vieron volar.

El avión aterriza en el aeropuerto de Londres-Luton, en cuanto bajamos nos damos cuenta del cambio cultural que nos rodea.

El aeropuerto es elegante, grande y espacioso, con estructuras rusticas y preciosas.

-Este lugar es mágico –murmura Peeta en cuanto salimos.

Cruzando la calle hay una gran plaza repleta de personas, rodeada de grandes edificios y una fuente maravillosa en medio.

-Andando –le digo mientras tomo su mano.

Cruzamos la calle junto con otro grupo de personas.

Los autos, los autobuses, las vestimentas; todo aquí es diferente y extraordinariamente perfecto.

Ya estando en la plaza me detengo y examino todo el lugar.

Mi hogar. Mi nuevo hogar.

-Vamos por mi dinero –le digo.

Caminamos hasta una caseta telefónica.

Marco el número, digo en donde estoy y nos disponemos para esperar.

-Tienes que probar esto –mascullo, tirando de su mano y haciendo que me siga.

Solo una vez estuve en Londres, con mi padre y totalmente de "negocios".

-¿Fish and chips? –inquiere cuando llegamos al puesto en la plaza.

-Son deliciosas –aseguro.

Pido dos órdenes y las preparo con salsa y cátsup.

-Voy a engordar en este lugar –se queja, comiendo otra papa frita.

Sonrío.

Treinta minutos después de la llamada los hombres de traje me encuentran.

Con gabardinas largas y hermosas chicas a sus lados dos hombres me saludan.

-Es bueno por fin conocerle, señor Hemsworth –primero que nada tendré que acostumbrarme a mi nuevo apellido, y después al acento de estas personas-. Tenemos su encargo.

Asiento y los sigo.

Peeta viene tomado de mi mano. No quiero soltarlo. No hasta que estemos totalmente seguros.

Este tipo de gente no es como los que conozco y las cosas aquí funcionan de diferente manera.

Los hombres se detienen junto a un auto negro, lujoso y elegante, con el símbolo de Mercedes Benz en las puertas.

-Von'Glumer lamenta su perdida, señor –dice el hombre rubio-. A nombre de toda la familia le entregamos este coche. Dentro viene su dinero, justo como usted lo pidió.

-Supongo que debo de confiar en ustedes y tener en claro que ahí dentro viene todo –le digo mientras examino el coche. Es hermoso, por supuesto. No es como me imaginaba mi coche Ingles, pensaba más en algo moderno y deportivo. Pero es un hermoso coche clásico Mercedes, lo conservaré de todas formas.

-Nos insulta dudando. Tiene nuestra palabra –replica el hombre de sombrero negro.

-Bien, entonces, denle las gracias a Von'Glumer de mi parte.

-Dalo por hecho.

Un par de manos estrechadas y Peeta y yo quedamos solos.

Volteo a mirarlo y sus ojos están fijos en mi.

-¿Qué harás ahora? –me pregunta.

-Primero conseguir una casa. Después buscare a Katzin para arreglar la nacionalidad y después de eso, simplemente vivir –sonrío-. ¿Y tú?

Aparta sus ojos de los míos y esboza una hermosa sonrisa.

-Conseguir un trabajo –dice-. Voy a conseguir un trabajo y un lugar para dormir. Sabes… no estoy preocupado, aquí todo huele a triunfo. No me preocupa nada. Por alguna razón, se que podré con cualquier cosa.

-Tienes claro que las cosas serán difíciles, ¿Verdad?

-Lo tengo claro al cien por ciento –responde-. Y no me importa. Solo tengo que esforzarme. No te preocupes.

Sonrío también y lo tomo del rostro.

-Supongo que esto es todo para nosotros.

-Si, eso supongo –murmura-. Nunca voy a terminar de agradecerte esto.

-No deberías sentir eso por mí. Te arruiné la vida.

-En lo absoluto –replica-. Gracias Gale.

Niego con la cabeza.

-Lo lamento, Peeta.

Cierro mis ojos y recargo mi frente contra la suya.

-No se como te sientas tu, pero ojalá podamos vernos después.

-Dalo por hecho –digo.

-bien.

Me aparto de el y después de una leve mirada da media vuelta y se marcha.

-¡Hey! –grito.

No se si no me ha escuchado o solo me ha ignorado, pero sigue caminando.

No lo pienso nada en lo absoluto, simplemente salgo corriendo tras el.

-No pretendías irte así nada mas, ¿Verdad? –le digo.

Se encoje de hombros y cuando está punto de responder coloco mis labios sobre los suyos.

En estos momentos ni el hermoso ambiente Ingles podría distraerme. Nada existía. Solo sus labios y los míos.

-Quédate conmigo –murmuro suplicante sobre sus labios.

-No hagas esto mas difícil, Gale –ruega.

-No tienes a donde ir.

-Eso no te incumbe. Puedo hacerme cargo de mi mismo.

-No es necesario, Peeta. Puedes quedarte conmigo. No seas estúpido.

Coloca sus manos sobre mi pecho y me separa de el.

-No te entiendo, Gale. Nunca pude entenderte. Y eso solo hace que te metas más y más en mi cabeza. Me gustas. Me gustas mucho. Pero no puedo hacerte eso.

-¿Hacerme eso? Estás loco. No te hagas "eso" a ti mismo.

-No entiendes tú las cosas, Gale. Lo que me estas pidiendo no tiene sentido.

-Lo tiene. Lo tiene para mí. No puedo prometerte flores y corazones. Ni un final feliz. Ni que estemos juntos toda la vida. Pero puedo prometerte un hoy y un mañana seguros. No hagas esto más difícil y larguémonos de aquí. Tenemos una casa que comprar y varios millones que contar.

Esboza una hermosa sonrisa, pero la felicidad no llega a sus ojos.

-Estoy enamorado de ti –admite-. Es una completa locura, pero estoy enamorado de ti. Y por eso mismo no puedo seguirte.

-¿Por qué no?

Baja la mirada.

Tomo sus manos entre las mías y las sujeto con fuerza.

-Nunca eh estado enamorado antes.. Pero esto… Nuestras manos juntas… tus labios cuando me tocan, tu cuerpo, tu respiración. Cada una de tus expresiones… me vuelve loco. No se si es amor, no se si el amor existe. Pero ahora no estoy dispuesto a dejarte, hombre.

Tomo su rostro entre mis manos de nuevo y le doy un largo beso. Sin importarme el montón de personas que camina a nuestros costados.

-Déjate de tonterías y vámonos –murmuro.

-No me prometes un final feliz, pero al menos prométeme algo.

-Lo que esté dentro de mi alcance –digo.

-En cuanto te fastidie… en cuanto te hartes de mi o sea un estorbo tienes que decírmelo, y me iré.

-Hecho. Aunque eso no pasará nunca. Te digo que no creo en el amor, pero si en la necesidad, y esta necesidad de tenerte entre mis brazos y protegerte no va a desaparecer.

Sin dejarlo responder lo tomo entre mis brazos con fuerza y uno nuestros cuerpos.

El amor es un mito. Algo que a alguien se le ocurrió inventar.

Como sea.

Me encanta ese mito.

Y estoy dispuesto a vivirlo.


Como deben de suponer este es el final, debo agradecerles a todos por sus comentarios y espero de verdad recibir su opinion ahora que el Fic termino.

Si ustedes quieren puedo escribir un Epilogo, sobre lo que paso despues con Peeta y Gale, espero su respuesta! ¿Quieren epilogo? ¿O se quedan con esto? :)

Tambien aprovecho para contarles sobre mi nueva historia, les dije que escribiria una adaptacion de Maravilloso Desastre, pero adaptar el libro sera tedioso para quienes ya lo leyeron asi que solo me basare en la historia para escribir.

Tambien queria decirles que no es un PeetaxFinnick ni GalexPeeta. Pense que nunca habiamos visto a dos dominantes y seria interesante ver como lo desarrollan. Siempre Peeta es el dulce y delicado... ¿Y si esta historia la hacemos FinnickxGale? ¡Espero que les guste la idea!

Asi que estoy trabajando en un FinnickxGale que llevara un FinnickxPeeta tambien.

Nos estamos leyendo.

Espero sus comentarios!:D