Hola chicos, ¿Como han estado? ¿Están listos para las fiestas Navideñas? jaja ¡Hace tanto tiempo que no les escribo! Ahora les traigo este pequeño Epilogo para los que estaban esperando más de esta historia, para ser honesta, no puedo deshacerme de estos dos, está historia me ha gustado demasiado, sigo viviendo en ella.
Espero disfruten el capitulo y me lo hagan saber en sus comentarios
Recuerden que ustedes tienen la ultima decision, ¿Quieren saber mas? ¿O este final es suficiente? :D
¡Besos a todos!
Peeta POV.
Son las cuatro de la tarde y por la ventana del salón de clases puedo ver el agradable clima que hace afuera. No hay sol, como es costumbre, pero no hay rastro de lluvia, y ya hacían dos semanas en que el agua se hacía presente en todas formas: nieve, llovizna, lluvia, granizo.
Claro que fue muy difícil acostumbrarme a este clima, la mayor parte del tiempo estaba fresco, incluso frio. Extrañaba el sol, pero al final de cuentas el resto de las maravillas de este lugar hacia que se te olvidara todo.
-¿Qué harás en vacaciones? –me pregunta Katherine, prácticamente ya terminamos este ciclo escolar, de hecho ya mañana solo tengo que venir a confirmar mi horario para el siguiente semestre.
-Voy a irme con Sophie –respondo sonriendo-. Me dijo que me fuera con ella y así no tengo que pagar la mensualidad del departamento, por lo menos en vacaciones.
-Genial, de hecho estaba pensando en invitarlos a mi casa a ambos, para que no se quedaran solos, pero me alegra que vivirán juntos por lo menos este tiempo sin escuela.
Me encojo de hombros cuando el profesor hace una seña para que guardemos silencio.
Mientras estamos en clase es muy raro que pase tiempo a solas, estudio por las mañanas, trabajo por las tardes. Prácticamente al departamento solo llego a dormir, y muchas veces alguno de mis amigos se queda conmigo, ya que vivo a dos cuadras del instituto y así no tienen que batallar en llegar por las mañanas. Pero en vacaciones me quedo solo, así que ya van dos años que Sophie y yo nos vamos a vivir juntos por esa temporada. Ella también vive sola, está aquí de intercambio, viene de Indiana, es bueno porque tengo alguien con quien hablar de Estados Unidos, y no soy el único "americano" en la clase.
Mi historia es que nací aquí, en Londres; me fui a vivir a USA, y después regresé para terminar mis estudios en mi ciudad natal. Claro, tenía que inventar una historia para explicar por qué mis documentos dicen que soy de aquí, pero mi acento es claramente americano.
La clase se termina y mientras recogemos nuestras cosas Katherine me platica lo que hará en vacaciones y cuales días podemos pasar los tres juntos.
Caminando por los pasillos hacia la salida, Alyssa y Ricky se nos unen, con su plática siempre extaciante sobre sus planes para esta noche.
Estoy a punto de hablarle a Ricky cuando veo al chico sobre la moto negra.
No sé que es más llamativo, la flamante moto Harley sobre la acera, o el chico de chaqueta negra, jeans y botas obscuras, que me miraba fijamente, con una sonrisa de malicia en sus labios.
-¿Lo conoces? –me pregunta Alyssa, pero no respondo porque eh apresurado mi caminar para encarar a Gale.
-Gale –digo, demasiado seco por la sorpresa.
-¿Tanto tiempo y solo llegas y dices mi nombre? -no tenía ni el menor recuerdo de cómo sonaba su voz, pero en cuanto habla es como si todo este tiempo no hubiera pasado.
-¿Qué haces aquí? –le pregunto, de nuevo con demasiada seriedad. No era que yo quisiera estar serio, pero mi voz salía así, fría. Como yo me sentía ahora mismo.
No nos habíamos visto en dos años y medio, no supe nada de él, y no lo había olvidado. Desearía poder decir que este tiempo había sido fácil, que haber dejado a Gale fue fácil. Pero es mentira. En mi interior siempre había guardado la esperanza de volver a verlo. Y aquí estaba él, con su estúpida sonrisa de superioridad, un atuendo impecable, y resaltando ante todos, montado en una flamante moto negra.
-Súbete –me ordena antes de encender la motocicleta.
-¿Qué? –inquiero, sin entender realmente su orden.
-Dame tu mochila y súbete.
Por supuesto que no me iba a negar, quería saber por qué estaba aquí, no era algo bueno, obviamente. Si había venido a verme y a armar esta escena enfrente de todos, era obvio que algo había salido mal.
Le entrego mi mochila sin comprender del todo lo que estoy haciendo, y tratando de no parecer un idiota, me subo a la moto.
-Sujétate fuerte –dice antes de dejar caer la mochila al suelo.
Estoy a punto de replicar cuando el impulso del arranque me hace sujetarme rápidamente de lo primero que encuentro: Gale.
Hacia tanto tiempo que no lo tocaba, que ahora con mis brazos alrededor de su torso y mi mejilla pegada a su espalda mientras el viento envuelve mi cuerpo con rapidez, lo único en que puedo pensar es que su aroma no ah cambiado en nada.
Por supuesto que no podemos hablar porque el sonido del viento, del motor y de los demás autos no nos lo permitían. Pero relajo mi cuerpo confiando plenamente en Gale, aun y cuando su manera de conducir una motocicleta es completamente ilegal.
Cuando nos detenemos tengo los oídos aturdidos por el viento y el motor, regresar al suelo es un poco complicado, pero encaro a Gale rápidamente.
-¿Qué pasa? –exijo.
-Aquí no –dice-. Vamos adentro.
Me toma de la mano y nos introducimos en un edificio donde lo primero que vemos son escaleras.
Mi mano se sujeta a la suya como si estuviera acostumbrada a hacerlo. Su calor corporal se siente tan familiar, pero aun así mi corazón se acelera por su tacto.
Estúpido. Eso es lo que soy. Gale sigue haciendo que piense como un niño, y tengo muchas cosas que hablar con él. Pero mi mente está totalmente en blanco.
Después de tres pisos abre una puerta y entramos a un departamento.
-Algo Salió mal –dice soltándome y dirigiéndose a un closet de madera.
-¿Mal, como? –pregunto seriamente mirándolo.
No me responde al instante, se dedica a sacar cosas del closet y arrojarlas sobre la cama.
-¿Puedes colocar todo eso dentro de esto? –arroja una maleta negra vacía a la cama.
-Gale ¿Qué está mal? –exijo.
Vuelve a ignorarme mientras recorre toda la habitación, quitando cosas, poniendo cosas, guardando cosas.
-Guarda este celular en tu bolsillo –me dice, arrojándolo a la cama también.
Me da la espalda y se dirige al cuarto de baño, cerrando la puerta en cuanto entra.
Estoy a punto de girar el picaporte cuando la puerta se abre bruscamente.
Gale se sorprende ligeramente al verme ahí, pero no dice nada y comienza a guardar otro par de cosas en una bolsa azul.
Al ver que las cosas siguen en la cama, el mismo abre la maleta y comienza a echar todo dentro, sin cuidado.
-Me voy –le digo.
Doy media vuelta y salgo del departamento. No sé que tenía planeado hacer después de cerrar la puerta, pero mi "berrinche" sale como quiero.
-Peeta –susurra sujetando mi hombro y haciendo que me detenga-. ¿O prefieres Josh?
Giro los ojos en respuesta.
-vamos adentro.
Después de una larga mirada lo dejo conducirme al interior del departamento.
-Mira –comienza a explicar-. Un trabajo salió mal. Bueno mal para ellos, bien para mí. No tenemos tiempo, tenemos que irnos.
-¿Irnos? ¿A dónde? ¿Tenemos?
-Sí. Irnos de aquí, no sé. Estaba pensando en Dubái ¿Te gusta Dubái? Bueno no, es muy caliente. ¿Qué te parece Alemania? ¿Grecia? ¿Francia? ¿Te gusta Francia, no? Me habías dicho que te gustaban las papas a la francesa y…
-Gale –lo silencio-. No puedo irme. Ni siquiera sé si lo dices en serio.. Yo.. Tengo una vida aquí y…
-Lo siento, no tienes opción.
Saca un arma de su bolsillo.
-¿Vas a obligarme? ¿Regresamos a eso? –inquiero.
Me fulmina con la mirada antes de arrojar el arma en el interior de la maleta.
-No voy a obligarte, tú te vas a ir por tu cuenta. Por favor, no tenemos mucho tiempo.
-Oye tranquilo. Mira, escúchame.
-No, tenemos que irnos.
-No. Gale –replico firmemente haciendo que se detenga de toda acción y me mire a los ojos-. Estoy estudiando, tengo amigos aquí. Tengo un trabajo y… No puedes aparecer así después de dos años y esperar a que yo te siga. No puedo acompañarte. Tendrás que irte solo.
Esboza una amplia sonrisa.
-Peeta, no me voy a ir sin ti, lo siento. Y si nos quedamos aquí vas a lograr que nos maten a ambos.
-Lo lamento.
-Escúchame, les eh jugado sucio ¿Okay? Bueno, no saben que fui yo, pero pueden darse cuenta. El punto es que les hablé de ti, fui un idiota, pero estaba ebrio. Y ahora es peligroso estar aquí, y es peligroso que tú estés solo.
-¿Les hablaste de mi? ¿A quiénes? ¿Por qué?
-Es una larga historia y… -se detiene al ver mi mirada-. Okay, a unos socios. A una chica para ser exactos. Le dije lo importante que eres para mí, y ahora eres lo único que ellos podrían tener para hacerme pagar por lo que hice. No voy a dejarte solo.
Antes de que pueda responderle tengo sus labios sobre los míos.
Todo lo que tenía en mi mente termina por desaparecer. No hay otro espacio en mi cerebro que no esté ocupado por la sensación que Gale provoca en mí.
-Perdóname –susurra separándose un poco-. Soy un idiota. Lo sé. Debes odiarme, lo tengo entendido. Te estoy robando la vida nuevamente, estoy haciendo lo que prometí no volver hacer. Estoy regresando al pasado y te estoy arrebatando todo lo que tienes. Y lo siento mucho. Pero no tengo otra opción.
Asiento. Porque no estoy en contra de lo que dice. Pero tampoco puedo decir nada más.
-No lo hagas mas difícil –masculla sonriendo.
Tengo un montón de cosas en mi mente, estoy molesto, hay muchas cosas que tengo que hacer aun. Tengo varias llamadas por realizar, tengo documentos, pertenencias, tengo una vida entera aquí, y Gale me la está quitando, otra vez. Pero al mirar sus ojos, sus labios, su rostro completo… al sentir su aliento junto a mis labios, al respirar su aroma embriagante… nada de eso vale la pena.
-necesito mi pasaporte y mis documentos.
-Tendrás diez minutos una vez que salgamos de aquí –responde sonriendo y liberándome de su agarre abrazador.
Vuelve a dar vueltas por todos lados, tomando objetos y arrojándolos a la cama.
-Todo eso –me señala una pila de cosas-. Van en aquella mochila.
Mientras Gale regresa al cuarto de baño yo tomo el bonche de cosas que señaló y los llevo hacia la maleta gris.
No sé que esperaba encontrar en una maleta, pero claramente no era esto.
-¿Cuánto dinero es? –pregunto en cuanto escucho la puerta abriéndose y cerrándose.
-Un par de millones.
-¿Millones? –inquiero estupefacto sin una nota de emoción en mi voz.
-No está todo el dinero ahí, hay mas en el coche ¿Estás listo?
Después de un par de parpadeos arrojo lo que traigo en mis manos dentro de la maleta y la cierro.
Gale la toma con facilidad como si no pesara nada y ambos salimos del departamento.
No hago preguntas hasta que subimos al auto.
-¿Un par de millones de los que ya tenias, o un par de millones nuevos?
-Un par de millones nuevos –responde mientras se incorpora a la carretera.
-¿No tenias suficiente dinero ya?
-No era mío –responde-. Te lo explicaré. Una vez que subamos al avión.
-No. Explícamelo ya.
-Lo siento –gira su rostro para mirarme, pero tiene una sonrisa tan inocente en sus labios que en lugar de seguir molesto le devuelvo el gesto.
Justo como Gale lo había dicho, solo me da diez minutos para tomar mis pertenencias. Me centro en mis documentos y en algunos objetos importantes y me tomo un momento para mandar un mensaje.
"Sophie, tengo que viajar a USA de emergencia, todo está bien, no te preocupes. Nos mantenemos en contacto, te quiero."
Gale había dicho que no debía decirle nada a nadie, pero no podía hacerlo.
Regreso al auto con solo una maleta en mi mano.
-Lo lamento –repite una vez que toma la carretera.
-No te preocupes.
Me paso el resto del camino mirando por la ventana, como lo eh hecho desde que salimos de su apartamento.
Cuando llegamos al aeropuerto los latidos de mi corazón son tan intensos que puedo sentirlos en las sienes.
Sin decir nada le ayudo a Gale con el equipaje y una vez adentro me detengo para preguntarle:
-¿Qué pasa con el dinero? ¿No revisan el equipaje?
-No te preocupes por eso. Mejor elije un lugar a donde ir.
-¿A qué te refieres?
-Que elijas a donde quieres irte a vivir. Si voy a robarte la libertad de nuevo, al menos te debo el que tú elijas a donde ir.
-Yo no sé… nada –respondo confundido.
-¿Francia? Te gusta el pan francés también…
-Gale –lo fulmino con la mirada por bromear con algo tan serio, pero termino sonriendo por su expresión.
-Roma –respondo encogiéndome de hombros.
-¿Roma? ¿De verdad?
-¿Puedo elegir o no?
Sonríe y sin esperármelo me da un beso en la frente.
Me pregunto a que está jugando, o si de verdad lo hace porque le nace.
Lo sigo hasta el mostrador, lo escucho pidiendo los boletos más próximos y después de pasar por seguridad nos sentamos en la sala de espera. Nuestro vuelo sale en dos horas.
-¿Estás bien? –me pregunta después de un infinito silencio.
-Solo tengo que ordenar las cosas en mi cabeza.
Y era cierto. Había un montón de cosas que tenía que pensar, muchas ideas que tenía que descartar y nuevos planes que debía trazar, estaba totalmente concentrado en eso, tanto que ni siquiera me di cuenta de cuán rápido pasó el tiempo.
Estamos abordando el avión cuando recuerdo las maletas llenas de dinero que traíamos.
-¿pasó el dinero? –inquiero por lo bajo.
-Si –responde en el mismo tono.
-¿Cómo?
-Te dije que no te preocuparas por eso.
Palmea mi espalda y seguimos avanzando.
Estamos en primera clase, así que nuestros asientos son lo suficientemente espaciosos para dejar un buen lugar entre nosotros, pero Gale se pone lo más cerca que puede y sujeta mi mano.
Cuando veo sus ojos recuerdo cómo fue que todo terminó.
Acabábamos de rentar mi pequeño apartamento cerca de la escuela cuando me llevó hasta la cama y nos sentamos en una orilla.
-Voy a irme –me dijo.
Yo ya lo sabía.
Había estado muy distante, y las cosas no eran como en el principio, así que me había hecho una idea, pero de todas formas un frio sentimiento se apoderó de mi cuerpo.
-¿A dónde? –inquiero.
-Tengo algunas cosas que hacer, y no quiero envolverte en eso.
-¿Voy a volver a verte? –pregunté. No era una despedida normal y ambos lo sabíamos.
-Espero que no –dijo-. Estoy demasiado mal para ti.
Sujetó mi rostro, besó mis labios y se marchó.
Los siguientes días fueron difíciles.
Lloré mucho, me deprimí, lo extrañaba, pero el haberme dejado de esa manera me dio mucha fuerza, porque tenía coraje, coraje porque habíamos pasado tanto tiempo juntos y todo había terminado en cinco palabras, coraje porque no cumplió sus promesas, y coraje por todo lo que me hacía sentir, así que tomé todo eso y Salí adelante.
Claro, todo marchó mejor. Entré a la escuela, conocí a mis amigos, las clases y el trabajo me mantenían ocupado y Gale había salido de mi vida por completo.
Hasta que un día mientras ordenaba mis papeles encontré la carta que regresaría a Gale a mi vida:
"Peeta" se leía en el sobre con una caligrafía desordenada, la caligrafía de Gale.
Espero que tardes mucho en encontrar esta carta, porque será más fácil para ti. Y es mejor si no la encuentras. Lamento dejarte, no sabes cuánto. Me odio por hacer lo que voy a hacer. Eres… eres lo más importante que tengo en mi vida, pero soy demasiado malo para ti. No quiero arrástrate en mi camino. Eres una luz demasiado brillante como para opacarte con mi sombra. Durante un tiempo creí que la obscuridad se mantendría alejada siempre que tu luz estuviera encendida, pero no puedes mantener una luz brillante ante unas sombras que insisten en regresar. Y no quiero que tu luz se apague por mi culpa. Por eso me voy.
Me voy porque te amo. Peeta, lo hago en serio. Te amo demasiado y prefiero dejarte ahora que puedo. Se feliz, yo lo seré también. Te lo prometo."
Durante mucho tiempo había sentido coraje hacia Gale, pero después de leer esa carta todo había cambiado. Yo era más maduro, por supuesto, así que no me afectó como me hubiera afectado antes, y ahora Gale se mantendría en mi vida como un excelente recuerdo.
Pero después de todo lo que sucedió, aquí estoy; sosteniéndole la mirada al hombre que me aparto de mi familia, el mismo del que me enamoré. Del cual quizá aun siga enamorado.
-¿Qué? –me pregunta con esa maldita sonrisa picara que le roba el alma a cualquiera.
-Tienes mucho por explicarme.
-Lo haré –susurra antes de pasar su brazo por mis hombros.
Quiero decirle que no puede hacer eso después de todo este tiempo, pero sentirlo de nuevo hace que se me olviden los últimos dos años.
No vuelvo a insistir, simplemente me quedo en silencio.
¿Qué va a pasar?
Bien, estamos en temporada de vacaciones, así que no voy a perder mucho tiempo, relativamente. Pero ya que no pude sacar mis certificados de la escuela, ni tengo nada que compruebe que ya eh estudiado durante dos años, pues tendré que empezar todo de cero.
El solo pensarlo me frustra. Iniciar la universidad, dejando atrás dos años de esfuerzo, es… desesperante.
Y no puedo hacer nada más que aceptarlo y lidiar con ello.
Llevamos media hora de vuelo cuando Gale comienza a hablar:
-Era un trabajo sencillo, no me importaba el dinero, te lo juro –se acomoda en su asiento para mirarme mejor-. Lo hacía como favor, las personas con las que trabaje se supone eran mis amigos, o algo por el estilo, así que les debía una, y no era nada peligroso, así que me uní.
No digo nada, pero me quedo mirándolo a los ojos, esperando a que continúe.
-No voy a decirte de que trataba el trabajo, pero al final nos quedaríamos con cuatro millones de dólares –la respiración se me corta de golpe por escuchar la cifra. ¿Cómo pueden encontrar tanto dinero?-. Todo iba bien, hasta que descubrí su plan. Éramos tres los que nos íbamos a quedar con las cantidades fuertes de dinero, otros trabajadores solo se les iba a dar una ganga, entonces supe el plan que tenían los otros dos, te lo voy a poner muy fácil –masculla la última frase-. Iban a matarme. Querían la parte de dinero con la que yo me iba a quedar, así que cuando saliera de la casa de seguridad, en donde yo debía dejar el dinero escondido para que otros lo tomaran y lo llevaran a donde se supone nos reuniríamos los tres "jefes", los dos bastardos iban a hacer explotar mi coche. Así que cambie un poco el plan, mandé a mi ayudante en el coche, quien se suponía se iba a quedar a cuidar la casa, y yo me quedé con el dinero, "cuidando la casa". Así que pudieron haber pasado dos cosas: Que hayan explotado el vehículo y me crean muerto, y no encuentren el dinero, entonces culparan a Teo, el ayudante. O que no hayan explotado nada y se den cuenta que me quedé con todo el dinero… nos conviene mas la primera.
-¿Mataste a alguien? –es lo único que logro decir.
-No. Yo no lo hice, ellos lo hicieron.
-Gale –lo fulmino con la mirada.
-Lo siento, era él o yo. Y ya sabes lo que prefiero.
Sin poder creer todo lo que me acaba de contar me recargo en mi alineo y cierro los ojos.
-Cualquiera de las dos teorías, se van a dar cuenta de que el dinero no está en… -mira su reloj-. Una hora. Para eso nosotros ya vamos a estar muy lejos de ellos. Sanos, salvos y con más dinero.
-Tu tendrás dinero, por lo menos yo estaré sano y salvo –me quejo.
-Ya hemos hablado del dinero y…
-Hace dos años y medio –lo silencio.
-No me lo vas a perdonar nunca ¿Verdad?
No respondo.
Vuelvo a cerrar los ojos y siento como se remueve en su asiento.
-Estas en lo correcto –susurra-. Y estoy agradecido en que me odies. No puedo soportar que alguien como tu… sea bueno con alguien como yo.
-Deja de decir estupideces o me cambiaré de asiento.
No importa lo enojado que esté yo, Gale siempre termina sonriendo y eso me hace sonreír estúpidamente a mi también.
Le doy un codazo en el costado y después de que pasa su brazo sobre mis hombros me quedo profundamente dormido.
Cuando despierto ya hemos llegado a nuestro destino, y aunque Roma es una ciudad que siempre quise conocer, vengo demasiado adormilado como para prestar atención, además que son las dos de la madrugada.
El taxi nos lleva hasta un hotel, el primero que nos encontramos.
La primera diferencia que noto, aparte del acento al hablar, es la infraestructura del lugar, es justo como me hubiera imaginado un hotel en roma.
De igual manera, no pude prestarle atención al hotel porque lo único que quiero es dormir.
Llegando a la habitación me quito los zapatos, la camisa, el pantalón y me arrojo en la cama. Gale ha pedido habitación con camas separadas, y se lo agradezco.
-Tenemos que hablar –dice sentándose junto a mí.
-Si –respondo adormilado-. Mañana.
-No, ahora.
-Gale, son las tres de la mañana.
-Lo sé –masculla-. Pero es urgente.
Me siento lentamente para verlo, la tenue luz le arranca destellos tanto de los ojos como de los labios.
-¿Qué? –le pregunto cuándo sonríe.
-Tenemos que hablar de algo serio –dice-. Ya te arrebaté la vida de nuevo, y la última vez que nos vimos fui yo quien decidió. Ahora quiero que tú lo hagas. Quiero que me digas si quieres que me quede contigo, o quieres que me vaya. Por el dinero no te preocupes, te dejaré lo suficiente, es lo mínimo que puedo hacer.
Trato de analizar sus palabras, pero su expresión me roba todos mis pensamientos.
-¿Qué? Yo no… ¿Qué? –no puedo sonar mas confundido.
-Si tú me pides que me vaya, me voy. Si me pides que me quede, me quedo. Así de fácil.
-Eso sería lo que yo querría, pero ¿Qué es lo que tú quieres? No quiero que hagas algo solo porque yo te lo digo.
-Pero siempre lo hemos hecho a mi modo, quiero que tú decidas ahora.
-No puedo hacerlo, Gale –frunzo los labios, no logro entender hacia dónde va nuestra conversación.
-Sabes, eres la persona más importante en mi vida. Quiero que lo sepas. Pero no quiero que decidas pensando en mí. Quiero que lo hagas pensando en ti.
-También eres muy importante para mí –susurro.
Eleva su mirada y acorta la distancia entre nosotros muy ligeramente, pero lo suficiente para acelerar mi ritmo cardiaco.
-Solo quiero que me digas lo que tú quieres. Decidamos esto entre los dos –susurra.
No necesito pensarlo demasiado, no sé si es por el sueño, por todo el tiempo que no lo he visto, por qué lo quiero, por qué lo extrañé, o porque está demasiado cerca, pero lo único que sale de mis labios es:
-Te quiero a ti –y con eso basta para que su expresión atormentada cambie.
Se inclina lentamente y como si fuéramos imanes yo también voy acercándome a él, hasta que puedo sentir el rose de sus labios con los míos.
No me besa desesperadamente, no sujeta mi rostro ni cualquier otra parte de mi cuerpo, simplemente acopla sus labios a los míos. Pasan los segundos y lo único que hacemos es sentir la suave piel de nuestros labios juntos, cálidos, deseosos de más. Pero es suficiente, esto es más que suficiente.
Me aparto de él para mirarlo y tiene los ojos más brillantes que antes.
Se quita la camisa y desabrocha su pantalón.
Me quedo mirando durante varios segundos su torso desnudo, preguntándome cuantas horas pasa en el gimnasio para lograr unos músculos así, y si va a cualquier gimnasio. Y si es una persona normal, con una vida normal. O si puede tener una vida normal de ahora en adelante.
Se recuesta en la cama y yo junto a él. Pasa su brazo por detrás de mi cuello y recuesto mi mejilla sobre su pecho.
-Te quiero a ti –repito-. A pesar de todo. A pesar de todo este tiempo.
Suspira y me atrae ligeramente a su cuerpo cálido.
-No sé que hice para merecer algo como esto, no fue algo muy bueno, de eso estoy seguro. –susurra-. Pero ahora si prometo cuidarte, como no supe hacerlo antes.
-No tienes que cuidarme –replico-. Lo único que tienes que hacer es vivir una vida normal. Y yo ahí estaré.
-Eso quiero. Pero contigo.
No respondo, pero elevo mi rostro y beso su mejilla.
Supongo que es una mejor respuesta que con palabras.
