Bien, como lo he prometido subí el primer capítulo de la historia. Agradezco las críticas constructivas y la aportación de conocimiento de la mecánica del nasuverse y el mundo dxd.

Les recuerdo: no tengo derecho o propiedad alguna de FSN ty DXD, estas son propiedad de sus respectivos creadores


Goteo

Goteo.

Goteo.

Las gotas de color carmesí en silencio caían al suelo de una a una, bañando el paisaje con la sangre de los caídos en batalla mientras sus cuerpos se desangraban lentamente.

Emiya solo podía mirar con tristeza el escenario que el mismo había creado. Un golpe más a la moral del falso héroe de la justicia. Como Bestia de Alaya no era más que una herramienta del consciente colectivo de la humanidad, y cae sobre él la responsabilidad para preservar la raza humana en una manera más directa frente a las amenazas.

Él no sabía acerca de los seres que acababa de matar, solo que a causa de su conflicto estaban involucrados con un posible evento de tal nivel de extinción que afectaría no solo la humanidad sino a todas las especies. Por eso había sido convocado por Alaya en base a su contrato, para eliminar este posible desastre y todos los relacionados.

Sin embargo no podía dejar de sentirse incómodo. Al ser convocado una y otra vez se había acostumbrado a la presencia de su contratista sobre él, tomando el control de su cuerpo y convirtiéndolo en una máquina que solo trae muerte. Pero esta vez no era así. Por algún motivo no sentía las cadenas que lo obligaban como un títere al colectivo humano. No, eso no era del todo correcto, las cadenas seguían ahí solo estaban…flojas.

Aprovechando esta oportunidad, Emiya desobedeció la orden original y limitó el área de asesinato a este campo de batalla siendo el único juez y verdugo. Aprovechó hasta la última cantidad de energía que le proveyó Alaya sin que esta fuera consciente de su desobediencia. O al menos hasta que las cadenas arrastraban su cuerpo, mientras le hacían consciente de la ira de Alaya.

Mientras su cuerpo se desvanecía del mundo cruzó la mirada con el único ser testigo de esta masacre, quien a pesar de estar ocultando su presencia no escapo de su vista. Aquel que lo acompañó durante su enfrentamiento y exterminio hacia cada uno de estos seres. Ojos grises miraban ojos negros antes de desaparecer en un parpadeo.


La pequeña figura envuelta en sombras observó como este ser desconocido desaparecía de aquella zona de guerra.

Ella nunca había tomado interés alguno a los sucesos de este mundo. Solo deseaba regresar al silencio de la nada que su anterior hogar alguna vez le había proporcionado. Solo cuando sintió un nivel de energía desconocido que podía coincidir con el suyo tuvo el pequeño interés de saber qué o quién era, por lo que asistió a su encuentro.

Cuando lo encontró en la cima de la colina no pudo dejar de sentirse intrigada. A primera vistas no parecía alguien especial, si no contaba el aura que su armadura roja desprendía. Pero había algo en él que le recordaba a los nobles héroes humanos que alguna vez conoció.

Fue testigo de cómo el guerrero de rojo corría en dirección al campo de batalla. Le vio desviar el ataque traicionero de una lanza hacia el pecho de otro de sus contrincantes, mientras su otra mano enterraba una espada nacida de la nada en la garganta de su enemigo.

Vio a este ser, que solo podía ser un héroe, enfrentar a fuerzas mayores que él sin temor. Aprovechando la energía y el números de sus enemigos a su favor, de forma calculada y sin hacer movimientos innecesarios.

Lo vio crear dos lanzas negras de la nada, diferentes pero que se sentían ser la misma, que al empezar a brillar las enterró en el suelo. La explosión le permitió un impulso que lo llevó frente a los gobernantes de los demonios y el de los ángeles. Sin detenerse siguió corriendo hacia el Dios bíblico y los Reyes demonio antes de que un aro de fuego los rodeara, desapareciendo con ellos del campo de batalla.

La sorpresa de este acto detuvo momentáneamente el conflicto. Silencio y quietud reinó sobre los guerreros. Solo el ruido causado por el desborde de energía que las lanzas que el guerrero de rojo había enterrado era el único sonido en la zona. Hasta que él ruido de una grieta dimensional llamó su atención.

El héroe de rojo fue el primero en aparecer. Sus ojos aguileños observaban al ejército a su alrededor y el área de batalla. La incertidumbre a su presencia rodeaba a los combatientes. A su espalda, la cortina de humo con olor a acero se despejaba. Fue entonces que pudieron ver al oculto Dios bíblico y los cuatro Reyes demonio.

El alivio momentáneo fue sustituido por la sorpresa y el miedo.

Los pies de los cinco gobernantes no tocaban el suelo. Gotas de sangre caían de sus cuerpos salpicando el suelo. Sus rostros desencajados. Sus cuerpos eran sostenidos en el aire por cadenas de oro mientras eran atravesados por una gran variedad de armas.

El guerrero de rojo creó dos lanzas negras, iguales que las que había enterrado, desbordando energía hasta el punto en que uno podía ver grietas de ruptura en ellas. Con un impulso lanzó las dos armas en dirección a sus iguales, causando una colisión de poderes.

Una onda roja de energía siguió tras la explosión. Expandiéndose por el área hasta chocar con una barrera invisible que encerraba a los combatientes. Pánico siguió al caos. En un instante más de treinta mil guerreros estaban muertos, mientras lanzas perforaban sus cuerpos suspendiéndolos en el aire. Miedo. Era la única emoción que sentían los sobrevivientes al ver a sus aliados y enemigos caídos en batalla en tan solo un instante. La presencia de las lanzas emitía y amplificaban esta emoción primitiva en ellos.

Sin perder el tiempo el guerrero de rojo se dirigía enfrentar al resto de ellos. Acompañado de una gran cantidad de armas a su espalda, dio paso a una batalla unilateral. Lo vio mostrar tristeza por los que él había asesinado sin vacilar. Lo vio mirar hacia donde ella se encontraba oculta, demostrando que sabía su presencia, antes de desaparecer como si nunca hubiera estado allí.

Sus oscuros ojos seguían mirando el lugar de batalla. Analizando las posibilidades. Tal vez, si tal vez este ser desconocido sería de ayuda para recuperar su hogar y expulsar a su odioso enemigo. Por un momento se permitió una pequeña sonrisa antes de que su cuerpo desapareciera en una onda de energía con forma de serpiente.


Crujido.

Un brazo había sido girado en una forma que no podría ser útil a un humano común.

Crujido

Su pierna había sido torcida, lo que lo obligó a caer de rodillas.

Golpe seco

Su cabeza había sido azotada contra el vacío blanco, mientras un hilo de sangre bajaba por su frente.

Pero Emiya solo sonrió, sin mostrar signos de dolor. Porque no importa el resultado su ideal no estaba equivocado. Por eso se negó a mostrar debilidad ante su verdugo. No importa el dolor. No importan las heridas. El no mostraría arrepentimiento.

Se le permitió una pausa en su castigo. Su verdugo lo observaba. Aunque no había rostro que mostrara tal acto pero él sabía que eso es lo que estaba haciendo. Emiya solo ensanchó su sonrisa. Porque él no mostraría temor a este ser desconocido que se hacía pasar por Alaya. No, eso no era de todo correcto. Esto/esta era Alaya pero no lo era a la vez.

Cada vez que él era invocado al mundo para asumir su responsabilidad como contra guardián, Alaya era una de las dos existencias gobernantes. Siendo Gaia, la conciencia mundial terrestre, la otra fuerza y que veía a la humanidad como una amenaza.

De la poca información que había obtenido al estar en presencia de este ser sabía que había sido convocado en una mutación entre dimensiones. Sin duda. Este era un mundo en donde la era de los dioses y la era del hombre coexistían. Es por eso que las conciencias dominantes, gaia y alaya, no existían como conciencias distinguibles si no que consistían en poder distribuido entre los dioses y una forma de energía apenas nacida y en proceso de separación.

Debido a que aún no tenía la suficiente fuerza para desplegar sus propios agentes bajo su control, había solicitado un alma al servicio de sus yo paralelos que tuviera la suficiente experiencia para evitar el posible futuro cataclismo. Por lo cual su una copia de alma fue tomada del trono de los héroes y puesta al servicio de esta masa de energía pensante.

Por un momento el castigo cesó, permitiendo que sus heridas fueran sanadas. Emiya esperaba que empezara con el ciclo de tortura como lo había hecho ya tres veces. Solo para sentir como una abrupta presión en su cerebro lo bombardeaba intentando bajar sus defensas mentales.

"Que ser más molesto"-Emiya mantenía una pequeña sonrisa.-"Así que dejaste el dolor físico porque no sirve. ¿Eh?"

Si esta masa de energía pensante hubiera tenido la experiencia y una relación definida con la humanidad, el haber roto su defensa mental no hubiera sido un reto. Pero no se identificaba a sí misma como Alaya o Gaia. Por eso Emiya no le permitiría saber sobre sus pesares y que estos fueran utilizados en su contra. No cuando ese estúpido chico le recordó el por qué había seguido ese ideal hasta el final.

La lucha mental se prolongó horas hasta que el prototipo de Alaya detuvo la invasión a su mente y eliminó las cadenas invisibles que sujetaban al subordinado de sus paralelos. Emiya cayó al suelo mientras trataba de estabilizar su respiración.

No sabía lo que pasaría a partir de este momento. Tal vez su contratista mejoraría las cadenas de su esclavitud y sería obligado a terminar el trabajo que empezó. Tal vez otro contra guardián de una dimensión paralela sería llamado a completar la misión mientras él sería forzado a ver su deseo aplastado. Tantas posibilidades y trágicos resultados.

Sus pensamientos fueron detenidos al notar a su contratista ponerse frente a frente. Podía sentir como perdía la conexión con esta masa de energía pensante. La vio extender sus manos y tocar su rostro bronceado. Emiya sintió la piel arder mientras fragmentos de él se desprendían al evaporarse como motas de luz y eran absorbidas por el prototipo de Alaya.

"Tch. Así que ni siquiera devolverás mi alma al trono o al servicio de tu contraparte".- maldijo Emiya.-"¿Solo me volverás energía y conocimiento para crear tus nuevos contra guardianes?, así que solo quieres perros obedientes a tu servicio. "

Mientras su existencia era drenada, el peliblanco solo podía maldecir su estupidez cuando formó un contrato con la humanidad. Y mientras las fuerzas lo empezaban a abandonar, muy en el fondo de su mente empezó a surgir una idea. Era una locura. Pero ya estaba harto del ciclo de muerte sin fin. Él era un hombre desesperado cuyo ingenuo ideal lo había golpeado con la dura realidad una y otra vez hasta llevarlo a odiarse a sí mismo. Ya no había nada que perder.

En un acto de locura y desesperación Emiya se abalanzó sobre su verdugo, mientras sus brazos inmovilizaron sus movimientos. Casi vaciló al sentir su pecho estallar por la energía expulsada por su cautivo. Eso hubiera detenido a la mayoría, pero la puerta a la salvación estaba frente a él hoy por lo que no lo haría. Utilizando su estatus de espíritu ascendido al trono en Akasha comenzó a devorar a la masa de energía.

Podía sentir sus brazos romperse al tratar de liberarse de su agarre. Su piel enrojecía como su cuerpo trataba de soportar la presión. Como sus órganos internos colapsaban tratando de contener la fuerza de Alaya en su interior. Su sangre hervía y comenzaba a derretir sus venas. Sus tímpanos estallaron y su visión se volvía borrosa. La sangre comenzaba a escurrir por sus oídos, nariz y ojos. Su visión se volvía borrosa. E incluso en ese estado su conciencia y voluntad de vida se mantuvo. No podía desistir, la libertad estaba a sus alcance, solo un poco más y el sería libre, solo un poco más y al fin lo log…..

"Mamá me duele, me duele mucho. Mama ayúdame"-el llanto de un niño sonó en su cabeza.

"Mi cabeza, oh señor me duele la cabeza"-la voz de un mujer adulta clamaba en sus oraciones.

"Dios, disculpa si mi comporte mal," -la voz de una niña entre llantos pedía clemencia.- "pero me duele señor, me duele mi cab…." - el estallido de una cabeza interrumpió los lamentos.

Una y más voces se escuchaban a la vez en su cabeza. Voces que clamaban ayuda y voces que reclamaban a las divinidades por tal castigo. El dolor de cabeza y las voces no lo dejaban pensar con claridad. Fue solo un momento el que le tomó para saber que sucedía y le daba miedo.

Ley de igualdad de intercambio. A costa de este milagro, apostó toda su existencia por ello. Y ahora el pago ya se estaba cobrando.

Y la humanidad en su conjunto era el pago. Y él era su asesino.

Solo podía lamentar la estupidez de sus acciones y lo que su locura le causó a la humanidad.

Y mientras se lamentaba una idea surgió en su mente. Si funcionaba la humanidad se salvaría. Ya que Alaya estaba conectado a este espacio-tiempo que a la vez lo unía con la humanidad. Por lo tanto el cortaría la conexión.

Así con la poca fuerza que le quedaba a su cuerpo, se obligó a crear su último sueño por el bien de la humanidad. Recordó la imagen que la alguna vez vio en una de sus tantas invocaciones para eliminar la amenaza traída al final de la cuarta guerra del Grial de Fuyuki en la cual Emiya Kiritsugu falló. Sus circuitos ardían mientras se sincronizaron para traer al mundo la espada con forma de llave. Una espada de oro que abría la puerta al tesoro del más antiguo héroe rey humano.

La espada de oro apareció en su mano y sin perder el tiempo la hizo girar. Podía sentir como era rechazada por la cerradura, pero aun así no desistió y envió todo el mana a la espada hasta sentirla crujir al tratar de soportar todo el poder. Poco a poco una fisura dimensional con brillo dorado se abrió frente a él, pero la llave empezaba a mostrar grietas que indicaban que llegaría a su límite. Cuando el portal tenía el tamaño suficiente para que una persona pase, la espada finalmente se hizo pedazos al no poder soportar más el rechazo del sistema de seguridad de las Puertas de Babilonia. Arrastrando su débil cuerpo al borde las puertas, Emiya se dejó caer al vació con las puertas cerrándose tras él.

Emiya mordió su lengua hasta desgarrarla para evitar gritar de agonía mientras caía en el abismo. Puertas de Babilonia sería su tumba ya que solo existía para almacenar armas, los seres vivos simplemente dejarían de vivir al no soportar su ambiente nocivo. Sintió la piel sus brazos y piernas ser separados de su cuerpo. La piel de su cuerpo fue desprendida lentamente hasta dejar al descubierto sus músculos y estos mismos fueron desintegrados. Estaba en el medio de la oscuridad profunda. No hay nada que le podría salvar más. Una a una, las imágenes desbordantes, recuerdos buenos y malos fueron borrados de su mente frágil. Su existencia se desvanece poco a poco en este tiempo y espacio.

Sin embargo, él todavía perseguía la luz en el final de su camino.

Y solo una memoria permaneció en este hombre...

El recuerdo de un niño y un hombre adulto, iluminados por la luna mientras compartían un hermoso sueño.

Y mientras él se desvanecía, Emiya sonrió.