Disclaimer: Todo es propiedad de Tom Warburton por encargo de Cartoon Network Studios. Este fic participa en el Mini-reto: Drabbles Navideños del foro de KND: Los Chicos del Barrio, "Operación F.O.R.O.".

Palabra Clave: Querer.

Galletas de avena

Cuando vieron a Laura Limpin parada frente a la casa del árbol, Uno supo que era momento de tomar medidas, una vez habían tenido que lidiar con su enojo ¿cómo podrían querer repetir esa experiencia? Esa niña era una bomba de tiempo.

Nigel dio órdenes precisas de que no hicieran ruido. Wallabee y Hoagie querían galletas, hasta que pero no lidiar con la temperamental niña que las vendía. Cuando supieron que eran de avena fueron los primeros en esconderse.

Lograron engañarla, no fue difícil, después de todo estaban en su territorio. Laura se fue cantando buscando otro lugar dónde vender sus galletas. Al momento se verla marcharse salieron de su escondite, era un alivio el que no se molestara por no encontrar a nadie.

Laura pasó pos varias casas y en todas ellas logró vender más de una caja de galletas, antes de llegar a la casa de Hoagie. Tocó la puerta y el hermano menor de Dos abrió. Ella ofreció sus galletas con una sonrisa pero esta se borró cuando el niño negó. Si no eran galletas con chispas de chocolate nada lo haría querer comprar una caja.

Laura volvió a ofrecerle sus galletas pero esta vez sin su sonrisa amable, incluso lucía molesta, eso solo fue el inicio. Tommy negó nuevamente, esa fue la última vez que preguntó.

Laura dejó de ser una pequeña niña y se convirtió en una monstruosa adolescente. Mucho más grande y con muchas espinillas.

Tommy cerró la puerta. No era la acción más valiente pero sí lo primero en lo que pensó. Escuchó como Laura golpeaba la puerta y vio cómo esta comenzaba a ceder. Si no hacía algo se rompería y la abuela se enojaría, no quería eso.

—Te compró dos cajas—gritó Tommy mientras sostenía la puerta en un intento por evitar que la vendedora de galletas entrara.

Los golpes se detuvieron y él supo que debía comprar las galletas aunque dudaba que alguien en la casa llegara a querer probarlas. No quería hacerla enojar nuevamente ni lidiar con la abuela si rompiera la puerta.

Cuando abrió la puerta a quién vio fue a la pequeña Laura. Buscó el dinero y pagó las galletas. Ella se marchó y supo que todo había terminado. Esperaba que para el próximo diciembre no se repitiera la experiencia.