Aprovecharé y subiré éste capítulo de una vez. Aquí culmina esta pequeña historia. Quizás algo lacónica, cliché e intensa. Ah, sobretodo dramática pero como dije anteriormente, la inspiración llegó y había que dejarla actuar. Espero que les guste el final, da riendas sueltas a mentes abiertas.

El amor está en el mar

Reencuentro

Respiró profundo mientras dejaba que sus pulmones se llenaran del salitre que le ofrecía la playa. Aire puro, refrescante y oceánico; nada era mejor para obtener la inspiración que necesitaba.

Después de varios años de experiencias, estudios, conocer personas en el ámbito y dejar que aquel talento nato que había estado oculto en los primeros 17 años de su vida mejorara y se puliera. Se había convertido en una compositora, no altamente reconocida pero al menos había trabajado para una que otra persona importante.

Cerró los ojos mientras dejaba que la brisa acariciara su rostro. Sentaba sobre una roca, que estaba en la orilla de la playa a las 6 de la mañana, disfrutaba aquel despertar. Le habían dicho loca desde el comienzo de aquel viaje. Desde que la primera mañana –luego de haber estado la noche anterior bebiendo hasta la madrugada – se levantara tempranito a visitar el mar.

La casa de Tomoka no estaba muy lejos del mar. La mujer que seguía siendo su mejor amiga hasta ese entonces, había conseguido adquirir una casa en la playa y había invitado a un grupo selecto a estrenarla, aprovechando que algunos tenían ya sus parejas y que los demás seguían solteros, los unió a todos para hacer una gran semana en su casa, ya llevaban 3 días allí y realmente la estadía estaba siendo perfecta.

Colocó uno de los auriculares en una de sus orejas y le dio play a la canción que en esos momentos la estaba inspirando para crear una prosa. Aquello lo hacía para una retroalimentación y para nutrirse, a cada que podía realizaba aquello, era como su santuario.

Le daba gracia que aquella canción fuera en español y es que la materia musical era universal, había conocido personas de todo el mundo y por lo tanto, había escuchado muchas canciones en su vida, incluso el Alemán, no podía escucharlo sin partirse de la risa.

Movió su cabeza al son de la música tropical mientras tarareaba la canción, que supiera que significaban algunas palabras no quería decir que las pronunciara bien, si se le hacía difícil ya hablar su propio idioma no podría imaginar la cara que pondrían las personas al escucharla hablar español. Claro que, siempre había una parte de la canción que le encantaba.

¡Finalmente! no hace falta las cosquillas para reírnos de la vida sólo me hace falta ¡tus mejillas! y al corazón para latir no le hace falta maquillaje… -Suspiró luego de aquel ataque de inspiración que había tenido. Se quitó el único auricular que tenía puesto y cubrió su rostro con sus manos, como si con eso lograra evitar que las lágrimas volvieran a inundar sus ojos.

No entendía por qué después de tantos años lo seguía recordando. Quizás por lo corto, pasional y perfecto que había pasado aquel tiempo. Quizás porque todas sus primeras veces habían sido con él o porque había conocido un lado de aquel chico que nunca nadie habría conocido y quizás alguien ya lo conocía. No entendía por qué pero como extrañaba a Ryoma.

Respiró profundo, inundando sus fosas del aire marino y relajándose una vez más. Se dedicó a bajarse de la roca donde estaba montada y caminó un rato por la orilla, a veces mojando sus pies del frío y mañanero mar. Caminó una y otra vez, pisando las huellas que ya había marcado, pensando en todo y a la vez en nada, metida en un estado de ensimismamiento que hubiera sido infinito de no ser por los chicos.

— ¡Hey, Ryuzaki! –Escuchó a lo lejos y divisó a Horio bajo a unos árboles cercanos a la playa – ¡Ya hicimos el desayuno y vamos a chapucearnos un rato! –

Ambos ojos se abrieron sorprendidos, vio la hora en su teléfono ¡pero si eran las 10 am! Maldijo por lo bajo y corrió de la orilla, había estado allí por más de dos horas, pasó por al lado de Horio agradeciéndole y se dirigió a la casa.

Aquel era el peor defecto que tenía, se perdía por mucho tiempo. Siempre que visitaba un lugar, buscaba el sitio más desolado e inspirador para ella, como esa playa que era tan pequeña que nadie podía nadar en ella, no se consideraba un sitio turístico en el lugar y por eso mismo lo había elegido, porque nadie iría a molestarla allá y por eso mismo en esos momentos su estómago rugía molesto demandando hambre y la casa seguramente estaría sola.

Abrió la casa con la llave que convenientemente le había dado Tomoka sólo para ella, al entrar confirmó sus suposiciones, en la casa sólo se escuchaban sus pasos, observó un que otro desastre alimenticio tanto en la sala como en el comedor y la cocina, tapó su rostro y suspiró sonriendo. Si no fuera por ella, la casa estaría así todos los días que se estaban quedando. ¡No es que lo limpiaba! Solo mantenía el orden.

Presa de la pereza y no con muchos ánimos de cocinarse algo, optó por lo más simple: cereal. Rápidamente se lo sirvió y se dirigió a la sala para ver cualquier tontería mientras comía.

— Según los astros y las señales cósmicas –Miró las imágenes que le ofrecía la televisión, se trataba de aquel famoso hombre que daba el horóscopo. Nada de eso le interesaba, se obligó a comer más rápido para así irse a la playa con los demás – para ti Capricornio, éste será un día trascendental –ella asentía mientras mantenía su mirada fija en el plato – te tendrás que vestir de morado para así atraer todas las cosas buenas a tu vida, tu número es el 4 parece ser parte de un número importante para ti –miró hacia la caja mientras tomaba de un solo sorbo y directamente de la taza toda la leche. Si lo pensaba bien, el 4 formaba parte del 24 ¿no? –Pronto te encontrarás a una persona muy especial, influirá en todos los sentidos de tu vida, negocio, familia… -suspiró mientras subía su cabeza, prosiguió a buscar el control del televisor - … incluso en el amor, ya has vivido momentos importantes con esta persona –ella dejó soltar una pequeña risa y en su cara se asomó una sonrisa sarcástica.

— Interesante –Volteó enseguida presa del miedo, quedó estática al ver aquel cabello negruzco, ojos ambarinos igual de brillantes que siempre, rasgos más maduros, una barba se asomaba en su rostro. Ryoma estaba detrás del mueble con ambos brazos apoyados en el espaldar de éste, volteó a verla fijamente - ¿tú crees que sea así? –

Su boca se movió sin poder articular nada, su cuerpo comenzó a temblar y se levantó de un salto del sofá sin saber que hacer, su corazón se aceleró y comenzó a jadear. Con un pie delante de ella y el otro detrás, se desató un dilema en su cabeza, las emociones contra la razón, todo su cuerpo le pedía a gritos que se lanzara encima de él pero tenía aquel no rotundo que retumbaba en su cabeza. No sabía por qué, con quién, ni cómo había llegado allí.

— Te cortaste el cabello –Sin saber en qué momento, Ryoma se aproximó lo suficientemente a ella como para tomar una hebra de su cabello, llevarla a su nariz y sonreír mientras inhalaba hondo – pero lo podemos solucionar –

Soltó con cuidado la hebra, sabía que todo su rostro estaría rojo o azul, de algún color estaría que expresara sus emociones. Él llevó aquella mano a su mejilla y comenzó a acariciarla, sin saber por qué lo comprendió, sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y antes de estallar, él la había jalado y la estrechaba en sus brazos.

Entendió que no había sido la única idiota en esperar aquel momento, que también había pensado en ella, que aquellos días habían sido importantes también para él. No hizo falta alguna palabra, para que entendiera que él la amaba tanto como ella lo hacía. Lo besó apenas pudo y supo que su futuro realmente lo había establecido él.

Menudo Horóscopo.

Desde aquel momento, comenzó a amar aun más al mar.

N/A

Hubiera deseado que no fuera tan corto este final ni tan cortante, sin embargo considero que es presentable al menos.
¡Muchísimas gracias por leer! Esperaré sus opiniones.
Me apareceré más adelante.
Buen día/noche