Segunda parte.
En la doceava tentativa por evitarme el reseco polvo en los ojos, maldije. La tormenta había incrementado su avance y las nubes oscuras se cernían ahora sobre nuestras cabezas. El viento giraba alrededor, arrastrando los restos de la tierra yerma, mientras reanudábamos el camino hasta el Refugio. Desde mi lugar, advertía los perfiles recortados de Minho, Sartén y Clint. No obstante, también me percaté de la ausencia de tres de los miembros del Grupo; dos de ellos, a quienes no resguardaba confianza.
La traidora. Thomas había dado con el epígrafe colocado en la puerta de la habitación de Teresa. De alguna manera, la memoria regresó a mi mente y me pregunté, quizás por décima ocasión, dónde shuck se habían metido. ¿Era una señal de CRUEL? ¿O sólo estaban jugando con nuestras mentes…? Los infectados de la sede, la pared invisible, la aparición de Janson. ¿No cuadraba dentro del juego? Negué con la cabeza, diciéndome que había algo más.
Los hilos estaban allí, en mi mano. Lo único que tenía que hacer, era unirlos. Los cranks de las ventanas. La alarma de los Novatos. Los cuerpos colgados del techo. La aparición de Aris. La introducción de Janson… la forma en que funcionaban las Variables. El cartel, colocado en la puerta de Teresa.
La forma en que funcionaban las Variables.
Había acertado con que algo debía esperarnos allá en el Refugio… entonces, ¿qué posibilidades tenía de volver a hacerlo? Escupí el polvo que se había acumulado en mi boca y levanté la vista. ¿Era posible que Janson nos hubiera dado algunas pistas incluso antes de iniciar con la Fase del Desierto? ¿Qué habían insinuado con los tatuajes? ¿Con el epígrafe de la habitación de Teresa? Al igual que un mago prepara el truco para su público, CRUEL pudo haber planeado todo aquello.
Volví a observar en derredor. Aún no habían rastros de Thomas, Teresa o Aris. Sin embargo, la marcha se había detenido al punto en que estábamos caminando. Quizás, era mejor así. El martirio en mi cabeza había vuelto y agradecí aquel espacio que me había sido conferido. Los destellos, refulgentes detrás de la retina, comenzaban a impacientarme. Me repetí, por milésima ocasión, que debía tranquilizar mis nervios. A través de los túneles de El submundo, había visto de cerca el efecto de la Llamarada en las personas.
Tú no eres uno de ellos.
¿Y qué, si lo era?
— Eh, shank. ¿Sucede algo?
Levanté la mirada, acompasando el gesto preocupado de Sartén. Sacudí la cabeza y enderecé la postura. El sonido del viento había ahogado los gemidos de dolor, ergo, me dije que ellos sólo habían advertido una leve pausa. ¿En verdad estábamos cerca de la cura? ¿O sólo era una Variable de CRUEL? Es real, pensé, debe serlo. Porque… ¿qué sucedería si acababa como esos idos de la ciudad? ¿Si era incapaz de reconocerme? ¿Si los condenaba a verme enloquecer de a poco?
—¿Ves algo? —pregunté, a propósito, a Minho para evitar que ese hilo de hechos alcance la pregunta final. Pero el shank sólo negó con la cabeza, frunció el ceño y avanzó a grandes zancadas. Eso no era buena señal. Había dado el primer paso en dirección al Líder cuando escuché el primer trueno. Me detuve en seco e insté la mirada hacia arriba. No había tiempo qué perder.
