Tercera parte.

Suponía que la sorpresa era parte del espectáculo.

No por mi parte.

La llanura, exenta de todo vestigio de complicidad, sólo había sido interrumpida por un trozo de madera. La cinta, colocada en su extremo, indicaba que ése era El Refugio. Me adelanté hacia allá e incliné la postura: la tierra que circundaba el palillo no había sido removida hacía tiempo. Tampoco habían pistas alrededor de la zona donde Janson prometió el final de la Fase: las montañas habían quedado atrás y, ante nosotros, sólo había un Desierto.

Repasé los hilos en mi cabeza: los tatuajes, El refugio, la promesa de la cura, CRUEL auxiliando a Tommy, el consejo de Janson que no creamos en nuestros sentidos... los tatuajes, el objetivo de CRUEL, El Refugio, la cura a la Llamarada... ¿Por qué CRUEL había intervenido? El refugio... se suponía que debíamos alcanzarlo en dos semanas... ¿no lo habíamos logrado? ¿No habíamos alcanzado el objetivo dentro de los términos...?

Levanté el brazo, buscando el reloj digital: con un suave pitido, me indicó que eran las diecisiete y once minutos. Según las pautas de Janson, la Fase dos había dado inicio a las seis. ¿Era posible entonces que hubieran alcanzado El refugio con más tiempo de lo estipulado y ahora les tocara esperar? El murmullo a mi alrededor fue la respuesta que requería. Seis de la mañana, seis de la tarde. Esa era la trampa. El final de las Pruebas del Desierto concluiría en cincuenta minutos.

Observé a Minho con el rabillo del ojo: el shank tenía esa expresión impertérrita que antecedía a la catástrofe. Coloqué una mano sobre su hombro para llamar su atención:

—¿Recordando a los progenitores de la Rata?

—Shank, ¿dónde está el grande finale...? —inquirió. Como toda respuesta, alcé el brazo y señalé la hora.

—Aún no se cumple el horario pactado. Son las diecisiete y quince —el asiático enarcó ambas cejas, su expresión delata desconcierto. Sin embargo, se recompuso a los pocos segundos.

—¿Y qué se supone que hagamos cuarenta y cinco minutos?

Señalé hacia el Grupo B.

—Esas chicas afirman que Janson siguió las mismas reglas para sendos Grupos. Si nos guiamos por Aris, sabemos, además, que ellas residían en un Laberinto símil al nuestro...

—Ya entendí. ¿Crees que ellas poseen alguna pista de qué nos aguarda?

—No. Pero sí creo que ellas podrán ampliar el relato de Aris.

—¿Por qué tanta importancia a ese garlopo?

—Es el único que, junto a Thomas y Teresa, posee sus recuerdos. Segundo, ha estado con los Creadores. Tercero...

—No es necesario el sermón, shank.

Sonreí, al tiempo que giraba sobre mis talones en búsqueda del otro Grupo. A decir verdad, la curiosidad había ganado y ahora me veía envuelto en una conversación con su líder. El nombre era Harriet, lideraba el B desde el inicio del Área. Las similitudes, no obstante, apenas lograron sorprenderme. Dos Laberintos en igualdad de condiciones, jerarquizados de idéntica forma y con los mismos objetivos no resultaba un ítem extraordinario. Quizás, lo era el comienzo de la Fase II: la orden de asesinar a Thomas, los motivos que había impuesto Janson, el objetivo de alcanzar El refugio.

Se suponía que la sorpresa era parte del espectáculo.

No por mi parte. La mención de Teresa como el móvil para asesinar a Thomas resultó, incluso, demorado. De esa manera, el epígrafe La Traidora cobró sentido. Y, aún así, quedaban algunas preguntas sin respuesta. ¿Por qué CRUEL buscaba esa reacción en Thomas? ¿Por qué el empeño en forzar todo ese escenario? ¿Éramos, entonces, objetos de estudio en forma grupal pero también individual? ¿Exigirían algo símil en la última Variable...?

Una imagen, aún distorsionada, llamó mi atención. Entorné los ojos sólo para advertir que se trataba de Thomas, Aris y Teresa. Detrás, el viento se había tornado húmedo; las nubes, esta vez de una tonalidad plomiza, descendieron en forma de niebla sobre la devastada llanura. Los primeros relámpagos eran ya visibles, atravesando impetuosamente el cielo. Era cuestión de minutos para que la tormenta de inicio.

Me despedí de Harriet y avancé hacia Sartén. Aún restaba media hora para la culminación de la Fase. Una vez más, me pregunté qué nos estaba esperando... Suponía que, en treinta minutos, lo sabría.