Cuarta parte.
«Presta atención, miertero».
El destello que sometió mi mente, gradualmente, cedió frente a la presión. Advertí cómo las siluetas de Thomas, Minho y Sartén ganaban claridad a medida que el martirio en mi cabeza menguaba. El sonido de los truenos, no obstante, hacía añicos mis nervios. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde el inicio del relato? ¿Diez minutos? Y, aún, no advertía el control absoluto de mi cuerpo. ¿Cómo era posible que la Llamarada hiciera tanta mella en escasas semanas...?
Alcancé a escuchar los motivos que Teresa había mencionado como móvil y me esforcé por otorgarle coherencia alguna en mi mente. Un sacrificio: la vida de Thomas por el resto del Grupo. Entonces, las Variables de índole individual existían pero los sujetos de pruebas a quienes estaban destinadas eran seleccionados con anticipación. El epígrafe de La traidora reapareció en mi memoria. He ahí, entonces, la respuesta. Y, aún así, no tenía sentido.
¿Por qué CRUEL había manipulado a dos sujetos de prueba para asesinar a un tercero? ¿Por qué la traición? ¿Cuál era el objetivo detrás de esa Variable? ¿Acaso ya existían diferentes niveles de estudio dentro de los mismos Grupos?
«Suena a que nos están seleccionando. Recuerda las palabras de Aris, miertero. "Ellos están buscando a los mejores de cada Grupo"». ¿Eran verídicas sus palabras? ¿Era eso lo que CRUEL estaba buscando? ¿Los mejores exponentes...? En parte, sabía que era una teoría lógica. E, incluso, posible. ¿No lo había insinuado Janson durante el inicio de la Fase dos?
«¿Qué shuck están buscando ahora?».
— ¿Han hecho todo esto para que te sientas traicionado? No tiene sentido —interrumpí, alzando ligeramente la vista. Me alegré, irónicamente, al ver las plomizas nubes sobre nuestras cabezas. El viento húmedo aún avanzaba, cual arrolladora advertencia de la tormenta que vendría a continuación, sobre la tierra devastada. Escuché el silencio. No existía vestigio alguno de movimiento exento de sendos Grupos. ¿Cuánto tiempo restaba?
Tanteé la hipótesis que, aquella tormenta, sea la última Variable. La deseché, a los pocos segundos. CRUEL no dejaba cabos sueltos y una tormenta eléctrica, incluso de aquellas magnánimas características, implicaría dejar más de un detalle al azar. Me dije que, una vez más, existía algo que ignoraba. Pero, ¿qué era lo que pasaba por alto?
Entendí que tanto Thomas como Minho sopesaban la probabilidad que la tormenta nos alcanzara antes que CRUEL termine la Fase dos. Supuse que no restaban más de diez minutos antes que la tormenta se desate. La primera vez, había sido así. Primero, el viento húmedo. Segundo, los relámpagos. Tercero, los rayos. Finalmente, la lluvia. Volví a preguntarme en qué clase de mundo una tormenta así era posible.
Era, incluso, cómico. Sólo que, en medio de la llanura, no teníamos dónde refugiarnos.
«¿Impaciente, shank? ¿Debo recordarte que aquí tú eres el prudente?».
El garlopo prudente que ha sido infectado con la Llamarada. Sí, podía escuchar las carcajadas de los Operarios de CRUEL incluso a kilómetros. Esos cabronazos...
—Ni hablar. No hemos llegado hasta aquí para regresar tan pronto. Esperaremos que la condenada lluvia se demore un poco —levanté la mirada hacia las nubes. Un gesto de desconfianza, consecuente a mi arrebato.
Treinta y cinco minutos.
