Devil Paradise
Summary: Caroline Forbes es la narcotraficante más poderosa de Nueva York. Klaus Mikaelson un simple camarero. Lo que empezó como una noche alocada transformará por completo su vida, convirtiéndose en su amante y mano derecha.
Advertencias: AU (ALL HUMAN). DARK KLAROLINE.
Géneros: romance, crimen.
Aviso: Este fic participa en el Reto Especial San Valentín: "Título de viñetas" del foro Dangerous Liaisons.
NdA: Este fic está inspirado en la magnífica imagen que he puesto de portada. Me la descargué hace mucho tiempo de twitter y no he sido capaz de encontrar al autor, si alguno lo conocéis decídmelo para que pueda pedirle permiso para utilizarla ;) Constará de tres capítulos, que ya están terminados.
Este capítulo está inspirado en la canción "Paradise City" de Guns N' Roses.
Disclaimer: The Vampire Diaries no me pertenece, es de L. J. Smith y The CW. Solo la trama es mía.
Palabras: 1.000.
1. Aquella única vez
Los sábados por la noche el club se llenaba de gente que buscaba liberarse de las tensiones de la semana, sentirse desinhibida bajo las luces oscuras, la música alta y los efectos del alcohol. Klaus Mikaelson era un chico inglés que había dejado su país para probar fortuna en la gran ciudad de Nueva York. Tenía un espíritu de artista oscuro que plasmaba en sus pinturas solitarias y aunque amaba pintar, eso no le daba suficiente dinero para vivir.
Buscó trabajo en los bares cercanos a su casa, gracias a su físico y su acento consiguió un empleo como camarero en Paradise City, uno de los clubes de moda de Nueva York. Trabajaba cuatro días a la semana, lo que le dejaba tiempo para pintar. Si bien el sueldo no era gran cosa, las propinas sí lo eran.
Había intentado trabajar en alguna de las barras colocadas en la sección VIP, pasaron semanas hasta que lo consiguió.
Ese sábado era su primera noche en la sección, con las tres horas que llevaba trabajando allí, ya había duplicado en propinas lo que ganaba en toda la semana.
— ¡Hey!
Klaus se dio la vuelta para atender a la chica que lo llamaba, una preciosidad rubia de ojos azules verdosos y una gran sonrisa. Alta, delgada, el estilo de chica que acudía a esa clase de clubes.
— Dime que te pongo, amor. — Klaus le sonrió con picardía, mostrando los hoyuelos en sus mejillas. Conocedor del efecto que tenía su acento en las mujeres.
Ella levantó una ceja, divertida.
— Ponme un manhattan, cariño.
— Marchando. — Cogió whisky, vermouth rojo y una gota de amargo de angostura. Lo mezcló en la coctelera y agitó. La rubia no perdía de vista ni uno solo de sus movimientos, así que con una sonrisa chulesca decidió exhibirse con algunos de sus movimientos de flairtrending*.
Ella rio ante su descaro.
El chico terminó el coctel colándolo en una copa y añadiéndole los últimos toques, una aceituna en el fondo y una espiral de corteza de limón en el borde. Guiñándole el ojo le entregó la bebida.
La chica lo probó, llevándolo lánguidamente a sus labios, tomando un pequeño sorbo antes de emitir su veredicto.
— Delicioso. — Dijo lamiéndose los labios con lentitud. El bartender olvidó por un momento cómo hablar, sin poder apartar la vista del movimiento de su lengua.
— No es un cóctel que suelan pedir las mujeres. — Replicó, apoyándose en la mesa para quedar más cerca de ella.
— Pero es que yo no soy cualquier mujer. — Declaró ella alzando las cejas e inclinándose a él. Klaus no pudo evitar desviar la mirada hacia su escote. — Apúntalo a la cuenta de Caroline Forbes.
Alzó los ojos para mirarla sorprendido. ¿Ella era Caroline Forbes? ¿la narcotraficante más poderosa de la ciudad? Habría jurado que era modelo, no mafiosa.
— Por supuesto, miss Forbes. — Replicó son una sonrisa ladeada, impresionado.
— Llámame amor. — Se despidió ella lanzándole un beso.
El chico sacudió el cabeza, deslumbrado. Continuó trabajando sin dejar de buscarla con la mirada, intrigado. ¿Cuántos años podía tener?, ¿veintisiete?, ¿veintiocho? No, desde luego no parecía una narcotraficante. Estaba sentada con dos amigas en un reservado, bailaba, reía y bebía, como cualquier otra chica. Al cabo de un rato se dio cuenta de que dos chicos fornidos miraban a esa zona constantemente, por un momento se preocupó por ella. Pero entonces, uno de ellos se acercó a ella para susurrarle algo al oído. El rostro de la rubia se tornó serio y le respondió, él asintió y se marchó. No tardó mucho en volver con otro mensaje, para después ocupar el lugar donde había estado antes.
No eran dos acosadores, eran sus guardaespaldas.
Cerca de las cuatro de la mañana, Caroline se acercó de nuevo a su barra y Klaus fue inmediatamente a atenderla.
— Dime, ¿a qué hora terminas? — Inquirió ella, apoyando sus brazos y su escote en la barra, inclinada para hablarle más cerca.
Él rio por su propuesta. No era la primera vez que una chica le proponía irse a pasar la noche con ella en uno de sus turnos, pero sí la primera que era tan directa.
Y él no pensaba dejar de pasar la oportunidad.
— En dos horas.
Caroline negó con la cabeza sonriendo.
— Mejor que sea ahora.
— Amor, no deseo nada más en este momento que llevarte a mi casa pero tengo un empleo que mantener.
Ella alzó la ceja y se separó un poco de la barra para sacar el móvil que llevaba en su bolso. Se lo puso en la oreja.
— Kat, soy Caroline, necesito que le des la noche libre a… — La rubia le miró expectante.
— Klaus.
— A Klaus. Perfecto. Gracias. — Colgó el teléfono y se mordió el labio inferior sugestivamente. — ¿Vamos?
No necesitó que se lo dijera dos veces. Salieron del club, hablando de cosas triviales que tenían un doble significado, cuando llegó a casa decir que estaba excitado era poco.
Ella demostró ser mandona y sensual, él la obedecía, encantado de seguir todas las órdenes que recibía. Devorándola por completo durante horas, disfrutando de la pasión y el peligro que implicaba pasar una sola noche con alguien como ella.
Se durmieron con las luces del alba bañando sus cuerpos, lo último que sintió antes de caer bajo los efectos de Morfeo fue a la rubia abrazada a su espalda.
Klaus se despertó por la tarde, extrañado puesto que no solía dormir más de cinco horas. Descubrió sin asombro que Caroline se había marchado, recogiendo sus cosas. Las sábanas con su olor era la única prueba de que no había soñado lo que había ocurrido. Bueno, eso y los arañazos en su espalda.
Sin levantarse de la cama, encendió un cigarrillo, completamente satisfecho. Tenía claro que eso no volvería a ocurrir, dudaba incluso que la volviera a ver. Rememoró la noche, encargándose de la erección que despertaban sus recuerdos.
Después de una ducha rápida, fue a pintar a la narcotraficante tal y como la recordaba.
Esos cuadros no los vendería, le pertenecían solo a él.
Continuará…
* Flairtrending: modalidad de acrobacia en coctelería.
