NdA: Este capítulo está inspirado en la canción "Highway to hell" de AC/DC. No os hacéis una idea de lo mal que llevo el límite de palabras.
Palabras: 1.000.
2. Enséñame a vivir
Klaus se equivocó. El sábado siguiente, Caroline volvió al club. Coqueta y alegre, se acercaba con frecuencia para pedirle bebidas. Esa noche, volvieron a acabar en su casa, y como la vez anterior, cuando llegó la mañana, la rubia había desaparecido junto con sus cosas.
Las noches de los sábados se convirtieron en una rutina para ellos. Klaus se preguntaba si la vería, ella aparecía, reían, coqueteaban y terminaban follando en su casa. A la mañana siguiente, no había rastro de la rubia. Cada vez hablaban de más cosas cuando iban hacia su casa, como de su familia, sus aficiones o cosas triviales. Jamás hablaban del trabajo de la chica. No hubo ningún cambio hasta el cuarto mes, cuando una mañana se despertó con un delicioso olor que provenía de la cocina. Klaus, confuso, se levantó sin molestarse en ponerse algo de ropa, al llegar vio a Caroline vestida únicamente con una camiseta suya que le quedaba grande, cocinando unas tortitas al ritmo de "Hihgway to hell" sonando en su teléfono. El chico se apoyó en el marco de la puerta, disfrutando de la escena. Cuando terminó la canción se acercó hasta a ella, rodeándole por la espalda. La rubia dio un pequeño saltó, girándose para darle un beso de bueno días en los labios.
— No te había oído.
El chico acarició su cintura.
— Te has quedado.
Caroline se mordió el labio, por primera vez desde que la conocía parecía nerviosa.
— Sí, pero si no quieres que…
— Quédate. Me gusta estar contigo. — Ella sonrió y él la correspondió.
— He hecho el desayuno, espero que te gusten mis toritas.
— Dejémoslas para el postre, primero quiero comerte a ti.
Klaus le besó, agarrándola por el trasero hasta subirla a la encimera, olvidándose de las tortitas y todo lo que no fueran ellos.
Después de ese día, las cosas cambiaron entre ellos. No esperaban al sábado para verse, varios días a la semana Caroline se presentaba en su casa, nunca era él quien contactaba con ella. Al principio se quedaban en el apartamento, Klaus le enseñó sus pinturas y le propuso que posara para él, ella accedió, un poco reticente. Con el tiempo empezaron a salir, al supermercado, al cine, a cenar.
Todo sería normal si no fuera porque algunas veces sonaba el móvil de Caroline y ella se marchaba a otra habitación para evitar que él escuchara lo que decía. El chico intentaba mostrar que no le molestaba pero así lo era. Sabía lo que era, no tenía miedo de ella. Lo aceptaba.
Él no era nadie para juzgar.
No, al menos, hasta aquella noche de jueves. Habían ido a cenar a uno de sus restaurantes italianos preferidos y volvían a casa caminando, cuando un coche se paró en la acera y salieron cuatro hombres directos hacia ellos, uno de ellos llevaba un arma.
Apuntó a Caroline y disparó.
La chica se apartó justo a tiempo pero la bala se estrelló contra su brazo. Volvió a apuntarla. Klaus atacó al que tenía más cerca, le tumbó al suelo de un puñetazo que estaba seguro que le había roto la nariz. Por el rabillo del ojo vio como otro se acercaba con una navaja en la mano. Klaus le cogió del brazo, pegándole una patada en el estómago, pero el atacante se defendió asestándole un puñetazo en el cuello. Por un momento se quedó sin respiración y el otro se recomponía. No tenía tiempo. Se abalanzó contra él, tirándolo al suelo, rompiéndole la mano que sostenía el arma blanca al estrellarla con todas sus fuerzas. Con un golpe del culo del arma en la sien lo dejó sin sentido.
Escuchó a Caroline advirtiéndole, se giró justo a tiempo ver como el tercero de los hombres cargaba contra él, sin dudarlo, por un acto reflejo, hundió el cuchillo en el estómago del hombre. Una, dos, tres veces. El moribundo sangre que le salpicó la cara.
De nuevo, un ruido a su espalda lo alertó. Frente a él estaba el tío con la pistola apuntándole a la cara. Un nuevo disparo. Y el atacante cayó desplomado al suelo con un agujero de bala entre ceja y ceja.
Klaus descubrió a Caroline apuntando al hombre con su propio arma.
— ¡Klaus! ¡¿Estás bien?! — Preguntó preocupada corriendo hacia él.
— Sí, ¿y tú? ¡El brazo! Tenemos que ir a un hospital de inmediato.
Sacó su móvil para llamar a una ambulancia cuando Caroline se lo arrebató.
— Yo me encargo, no es nada. Vete a casa.
— Ni se te ocurra. No pienso dejarte sola, Caroline.
— No necesito…
— No. Voy. A. Dejarte. Sola. — Caroline le miró a los ojos, evaluándole, antes de asentir y llamara ella a alguien.
— ¿Quién te enseñó a pelear? — Pregunto ella mientras esperaban.
Klaus no la miró a los ojos cuando respondió, era el motivo por el que se había marchado de Inglaterra.
— Mi padre.
Caroline apoyó la cabeza en su hombro.
Ese fue el comienzo de su viaje hacia el infierno.
Elena, la doctora privada de Caroline y una de sus mejores amigas, los llevó hacia su ático donde se encargó de curarles, principalmente a ella. Sus dos guardaespaldas no lo perdían de vista.
Caroline no le pidió que se marchara de la habitación cuando explicó que habían sido hombres de la banda rival y mandó que mataran a todos los cabecillas.
Una vez solos, por primera vez en el ático de la chica, fueron ellos mismos por completo, sin nada que ocultar.
La vio mortal, fiera, fría. En ese momento reconoció a la narcotraficante más peligrosa de la ciudad.
— Esto ha comenzado una guerra, ¿verdad?
— Sí. — Le respondió, seria.
— Bien. — Si alguien quería ir a por ella, tendría que pasar por él.
Caroline Forbes no paró hasta destruir por completo a su competencia. Klaus estuvo a su lado todo el tiempo, haciendo lo que fuera necesario por ella.
Cuando la lucha terminó, con su lado victorioso lo celebraron.
A la mañana siguiente, Caroline fue arrestada acusada de asesinato y tráfico de drogas, entre otros cargos.
Continuará…
