NdA: Este capítulo está inspirado en la canción "Sympathy for the devil" de The Rolling Stones.

Palabras: 1.000.


3. Nada más simple

Caroline fue condenada a quince años de prisión, pese a que la fiscalía había pedido veinte. Klaus estuvo con ella durante todo el proceso, luchando, pero fue imposible ganar. Todo había sido porque el FBI había atrapado a uno de los guardaespaldas de la chica en una operación relacionada con cocaína. El traidor contó lo que sabía de su jefa y aportó pruebas a cambio de entrar al programa de protección de testigos e inmunidad. Si no hubiera sido porque habían sido cuidadosos con su implicación, Klaus también estaría en la cárcel.

Ahora la veía a través de un cristal, sin nada de maquillaje con el pelo recogido en una coleta alta y un moratón en su pómulo. Seguía conservando su belleza, que ahora parecía más fiera que nunca.

— ¿Qué te ha pasado? — Preguntó él, serio.

— Alguien se creía que porque estuviera aquí encerrada estaba indefensa, le he explicado amablemente lo equivocada que estaba. — Explicó ella con voz suave.

Klaus asintió, complacido.

La apariencia de Caroline siempre engañaba a quienes no la conocían, ella era perfectamente capaz de defenderse.

— ¿Has hablado con nuestro amigo? — Inquirió ella refiriéndose al traidor.

— No, pero le he visto. Me ha dicho que se va a comprar un lobo como mascota. — Ella asintió y le dio algunas instrucciones más.

Puede que la hubieran apresado pero no habían acabado con ella. Caroline había puesto a Klaus a cargo de su negocio mientras ella estaba encerrada.

— ¿Y tú que tal estás?

— Bien. — Mintió él. No había sido capaz de dormir más de cuatro horas seguidas desde que la habían detenido. La ira no se lo permitía. Estaba seguro que el FBI echaba de menos que ella estuviera a cargo de la ciudad, él se había encargado de ello. La delincuencia había aumentado un treinta por ciento.

— Klaus… tienes que seguir tu vida. No me esperes. Siempre que pueda verte estos pocos minutos a la semana… Me sirven.

Apretó los labios, cansado.

— A mí no, amor.

La alarma que daba terminada la reunión sonó. No dijeron nada más, sus miradas lo decían todo.


El FBI encontró dos semanas más tarde el cadáver del delator, había sido torturado y desmembrado. Comenzaron las investigaciones pero no les llevaron a nada, aunque sabían que había sido obra de Caroline Forbes. Con el tiempo, el juez, fiscal y los policías que la habían detenido fueron asesinados y pudieron encontrar pruebas suficientes para acusar al asesino, pero sospechaban de Klaus Mikaelson. Estaba demasiado limpio, era camarero en un bar y pintor, jamás pudieron relacionarle con ningún delito.

Lo peor era la sonrisa de superioridad cada vez que hablaban con él. Las calles se llenaron de temor por "El Lobo", debido a la crueldad de sus asesinatos y la lealtad hacia su chica.


Era catorce de febrero, Caroline llevaba encerrada año y medio. Jamás perdía la cuenta del día en el que vivía. Esta vez no había podido ver a Klaus, no era día de visitas.

— Fuera luces. — Avisó uno de los guardias.

No hacía falta, ella ya estaba dejando el libro que leía. Todo se sumió en silencio, oía los ronquidos de algunas presas, los gemidos y lloros de otras. Caroline se acercó a los barrotes para observar, atesorando todos los secretos que descubría. Podían suponer la vida o la muerte para ella.

Vio que se acercaba Kai, el peor guardia de todos. Disfrutaba pegándolas y humillándolas, incluso ella era víctima de sus insultos, sin embargo no se había atrevido nunca a pegarla. Sería lo último que haría, se había prometido Caroline.

El chico se detuvo delante de su celda.

— Vamos Forbes, hora de llevarte a la enfermería.

Ella retrocedió.

— No te atreverás, hijo de puta.

Eso le hizo gracia.

— Puedes venir por las buenas o por las malas. Liv ha pedido verte.

La chica se acercó a la puerta para que la llevara, sin bajar la guardia, preparada para atacarle si era necesario. Liv era la doctora nocturna de la prisión, le había caído bien y siempre era ella quien se encargaba de sus heridas. Algunas veces la llamaba para hablar y pasar el rato, pero jamás había enviado a Kai a buscarla.

Al entrar en la enfermería, que se encontraba en lo alto del bloque C, vio que estaba vacía, a oscuras.

Alarmada se giró para ver al chico, su rostro estaba serio.

— No te atrevas a….

Una explosión la interrumpió. Después hubo otras cinco más. Las alarmas sonaron con estruendo, los gritos y, después, los disparos.

Kai había sacado su pistola y se acercaba a ella. Caroline estaba cerrando su mano derecha en un puño cuando el chico le ofreció el arma.

— Sígueme, tenemos un minuto para llegar a la azotea. — Ella no se movió. Kai la miró molestó. — El Lobo viene a por ti, y si no estamos arriba en menos de un minuto, haber destruido la cárcel no habrá servido de nada.

Y corrió. Ella lo siguió, segura al volver a tener un arma entre sus manos, confortándose con su peso. Estaba cargada.

Abrió la puerta que daba a la azotea y lo vio. Un helicóptero con la puerta abierta y una escalera colgando de él, en lo alto Klaus la esperaba sonriendo.


La espectacular huida había sido portada en medio mundo pero eso a él no le importaba lo más mínimo. Era mediodía, solo habían pasado unas horas desde que había rescatado a Caroline.

— Jamás habría pensado que después de escapar me llevarías a Bahamas para descansar. — Dijo la rubia sonriente. Acababa de darse un baño y estaba mojada, la palidez de su piel contrastaba con el moreno de la gente a su alrededor.

— Quería verte en bikini. — Replicó él encogiéndose de hombros.

Ella rio y fue música para sus oídos, llevaba mucho tiempo sin escuchar su risa. Disfrutó de ese instante, junto a Caroline. Con ella había descubierto una nueva vida de poder y peligro, de pesadilla para algunos.

Sonriendo la besó rodando por la arena.

Ella era el diablo. Y a él le encantaba pecar.

Fin.