Disclaimer la historia como los personajes no me pertenecen, estos son de sus respectivas autoras Patricia Briggs y JK Rowling.
ADVERTENCIA: esta historia tendrá contenido yaoi (boyxboy) la pareja principal es SeverusxHarry.
Esta historia es una adaptación de la obra Alfa y Omega de Patricia Briggs con los personajes de Harry Potter, espero les guste.
Resumen:
En Chicago, Harry Potter es un hombre lobo sumiso que trabaja como camarero para poder sobrevivir cuando una inesperada noticia hace que tome una decisión que cambiará su vida. Entretanto, el líder de los licántropos envía a su hijo, Severus, a la ciudad del viento para que investigue ciertos posibles problemas que han surgido. Severus descubre secretos que giran alrededor de Harry, ¿Qué pasara con las chispas que saltan cuando se conocen Severus y Harry?
Capítulo 3
Al principio, los pasos que oyó en la escalera a la mañana siguiente no le preocuparon. La familia que vivía en el apartamento de enfrente se pasaba el día y la noche entrando y saliendo. Se cubrió la cabeza con la almohada para amortiguar el ruido, pero entonces reconoció la manera de caminar de Hermione y recordó que había un hombre lobo en su apartamento. Se incorporó repentinamente y miró a Severus.
El lobo era mucho más hermoso a la luz del día que por la noche; sus negras patas realzaban el rojo de su pelaje. Irguió la cabeza cuando Harry se incorporó y se levantaron al mismo tiempo.
Cuando Hermione llamó a la puerta, Harry le indicó que se mantuviera callado.
—Harry, ¿estás ahí? ¿Sabes que alguien ha aparcado otra vez en tu plaza de parking? ¿Quieres que llame a la grúa o tienes un hombre ahí dentro?
Hermione estaba esperando al otro lado de la puerta.
—Estoy aquí. Espera un minuto.
Miró a su alrededor frenéticamente buscando un sitio donde esconder al hombre lobo. No cabía en el armario y si cerraba la puerta del cuarto de baño, Hermione querría saber por qué lo había hecho. Además, exigiría saber por qué tenía un perro del tamaño de un labrador, aunque menos amigable, en su sala de estar.
Le echó una rápida mirada a Severus y se dirigió hacia la puerta mientras él se encaminaba al cuarto de baño. Cuando oyó que la puerta del baño se cerraba, descorrió el pestillo de la puerta del apartamento.
—He vuelto —dijo Hermione al entrar, dejando un par de bolsas sobre la mesa.
Su piel estaba más bronceada de lo habitual por la semana que había pasado bajo el sol tropical.
—De camino a casa he comprado algo para desayunar juntos. No comes suficiente.
Su mirada se dirigió a la puerta cerrada del cuarto de baño.
—Tienes a alguien ahí. —Sonrió, pero sus ojos mostraban preocupación. Hermione nunca le había ocultado que Fenrir no le gustaba. Harry le había dicho que era un antiguo novio–. Mmm...
Harry era consciente de que Hermione no se marcharía hasta saber quién había en el cuarto de baño. Por alguna razón, lo había protegido desde el primer día que se mudó allí, poco después de su Transformación.
Justo en aquel momento, Severus abrió la puerta del baño y preguntó:
—Harry, ¿tienes una goma de pelo?
Aunque Harry sabía que era imposible, estaba totalmente vestido y en forma humana. Habían pasado menos de cinco minutos desde que entró en el baño, y un hombre lobo necesita más tiempo para recuperar su forma humana.
Lanzó una mirada desesperada a Hermione, pero su vecina estaba demasiado ocupada observando al hombre de pie en la puerta del baño para percibir la sorpresa en el rostro de Harry.
El hecho de que Hermione estuviera embobada le permitió observar a Severus con más detenimiento; debía admitir que, con su espesa melena color azabache suelta, dando la extraña sensación de estar desnudo pese a llevar una camisa de franela y téjanos, invitaba a que le observaran. Sonrió brevemente a Hermione antes de volver a centrar su atención en Harry.
—No sé dónde he puesto la mía. ¿Tienes alguna?
Harry asintió desconcertado y entró en el cuarto de baño. ¿Cómo se había transformado tan rápido? Pero no podía preguntárselo mientras Hermione siguiera en el apartamento.
Olía bien. Incluso después de tres años, le resultaba extraño percibir aquellas cosas de la gente. Normalmente intentaba ignorar lo que su olfato le decía, aunque en este caso tuvo que esforzarse para no detenerse a disfrutar de aquel olor tan embriagador.
—¿Y tú quién eres? —oyó preguntar a Hermione con desconfianza.
—Severus Snape.
Por el tono de voz, Harry no podía saber si le había molestado o no el recelo de Hermione.
—¿Y tú eres...?
—Es Hermione, la vecina de abajo —dijo Harry dándole la goma de pelo y marchándose a la sala de estar.
—Lo siento, os tendría que haber presentado. Hermione, este es Severus Snape. Ha venido a visitarme desde Escocia. Severus, Hermione Granger, mi vecina de abajo. Ahora daros la mano y portaros bien.
Había amonestado a Hermione, la cual podía ser muy seca si alguien no le gustaba. Severus levantó una ceja sorprendido y divertido a la vez, antes de darse la vuelta y ofrecerle a Hermione su enorme mano.
—¿Desde Escocia? —preguntó Hermione al estrechársela firmemente.
Severus asintió y empezó a hacerse una trenza con rapidez, demostrando su práctica.
—Mi padre me envió porque se enteró de que alguien estaba molestando a Harry.
Con aquello, Harry supo que se había ganado a Hermione.
—¿Fenrir? ¿Te vas a ocupar de esa rata?
Hermione miró a Severus con aprobación.
—Pareces estar en buena forma, no me malinterpretes, pero Fenrir es todo un personaje. Viví en Cabrini Green hasta que mi madre fue lista y se casó con un buen hombre. La gente como Fenrir crece como un depredador, es el tipo de persona al que le encanta la violencia. La primera vez que le vi, recordé lo que me había ocurrido veinte años atrás. Ya había hecho daño a otra gente y disfrutaba con ello. No lo vas a asustar solo con un aviso.
Severus puso cara de satisfacción, lo que transformó completamente su apariencia.
—Gracias por el consejo —le dijo.
Hermione asintió majestuosamente.
—Como conozco a Harry, sé que no hay nada de comida en su apartamento. Tienes que alimentarlo. Hay panecillos y queso cremoso en las bolsas que he dejado sobre la mesa. Y no, no pretendo quedarme. Tengo una semana de trabajo por delante, pero no me puedo marchar sin saber que Harry ha comido algo.
—Me ocuparé de que lo haga —dijo Severus con la sonrisa aún en el rostro.
Hermione alargó el brazo para darle una palmadita de agradecimiento en la mejilla.
—Gracias.
Hermione le dio un rápido abrazo a Harry y sacó un sobre de su bolsillo que dejó sobre la mesa, junto a las bolsas.
—Esto es por cuidar del gato. Así no tengo que dejarlo en la residencia de animales, con todos esos perros a los que odia, y pagando cuatro veces más. Si no lo aceptas, la próxima vez lo llevaré a la residencia solo para que te sientas culpable.
Tras aquello, se marchó.
Harry esperó hasta oír los pasos en la planta de abajo y entonces dijo:
—¿Cómo te has transformado tan rápido?
—¿Quieres ajo o arándanos? —preguntó Severus abriendo una bolsa.
Cuando vio que no iba a responder, apoyó las manos sobre la mesa y suspiró.
—¿Quieres decir que no has oído la historia del Marrok y su dama indígena?
Harry no pudo entender el tono de su voz ni descifrar la expresión de su rostro.
—No —respondió Harry.
Severus soltó una breve carcajada aunque Harry no encontró la gracia por ningún lado.
—La belleza de mi madre le salvó la vida. Estaba recogiendo hierbas cuando sorprendió a un alce. Este la atacó violentamente. Mi padre, atraído por el ruido, fue hasta allí y le salvó la vida convirtiéndola en una mujer lobo.
Severus cogió los panecillos y los puso en la mesa usando las servilletas como platos. Se sentó y le indicó que hiciera lo mismo.
—Empieza a comer y te contaré el resto de la historia.
Le ofreció el de arándanos. Harry se sentó frente a él y le dio un bocado.
Severus asintió con satisfacción y continuó.
—Aparentemente era uno de esos amores a primera vista por ambas partes. Ninguno de los dos hablaba el idioma del otro, por lo que el amor que sentían se basaba en su belleza. Todo fue bien hasta que se quedó embarazada. El padre de mi madre era un chamán y le ayudó a conservar su humanidad hasta que yo nací. Entonces, cada mes, cuando mi padre y mi hermano cazaban bajo la luna, mi madre permanecía en su forma humana. Y con cada luna se hacía más y más débil. Mi padre discutió con ella y con su padre, preocupado porque se estaba matando.
—¿Por qué lo hacía? —preguntó Harry.
Severus frunció el ceño.
—¿Cuánto tiempo hace que eres un hombre lobo?
—Tres años hizo el pasado agosto.
—Las mujeres lobo no pueden tener hijos —dijo él—. El cambio es demasiado duro para el feto. Mueren al tercer o cuarto mes.
Harry le miró fijamente. Nadie le había contado aquello.
—¿Estás bien?
No sabía qué contestarle.
—Deberían habértelo explicado antes de decidir que querías Transformarte —dijo él.
Ahora fue Harry el que soltó una carcajada.
—Aquí nadie explica nada. Por favor, continúa con la historia.
Severus lo contempló un buen rato y luego asintió con solemnidad.
—A pesar de las protestas de mi padre, ella esperó hasta mi nacimiento. Debilitada por la magia durante la lucha contra la llamada de la luna, no logró sobrevivir. Nací siendo un hombre lobo, no me transformaron como al resto, lo que me dotó de ciertas habilidades, como transformarme rápidamente.
—Eso estaría bien —dijo Harry con convencimiento.
—Sigue siendo doloroso —añadió él.
Harry jugaba con un trozo de panecillo.
—¿Buscarás al chico desaparecido?
Su rostro se endureció.
—No. Sabemos dónde está Justin Finch-Fletchley.
Algo en su voz se lo dijo.
—¿Está muerto?
Severus asintió.
—Hay gente muy buena investigando su muerte. Encontrarán a los responsables. Fue transformado sin su consentimiento y la chica que iba con él fue asesinada. Después lo vendieron como conejillo de indias. La persona responsable pagará por sus crímenes.
Harry iba a preguntarle algo más cuando la puerta del apartamento se abrió violentamente y golpeó contra la pared. Fenrir apareció en el umbral de la puerta.
Había estado escuchando a Severus tan atentamente que no había oído a Fenrir subir las escaleras. Había olvidado cerrar la puerta con el pestillo después de que se marchara Hermione. Tampoco hubiera servido de mucho, ya que Fenrir tenía la llave.
Harry no pudo evitar sobresaltarse cuando Fenrir entró en el apartamento como si fuera el propietario.
—Día de pago —dijo él—. Me debes un cheque.
Miró a Severus.
—Lárgate, el chico y yo tenemos negocios que tratar.
Harry no podía creer que Fenrir hubiera empleado aquel tono con Severus. Lo observó para ver su reacción y comprendió que Fenrir había metido la pata.
Severus estaba entretenido con su plato, con la vista fija en la mesa. Ocultaba la fuerza de su asombrosa personalidad.
—No voy a largarme —murmuró sin levantar la mirada—. Tal vez necesite mi ayuda.
Fenrir hizo una mueca.
—¿Dónde le has encontrado, zorra? Ya verás cuando le diga a Rodolphus que has encontrado a un perro callejero y no se lo has dicho.
Se aproximó a Harry y lo agarró del pelo. Lo levantó de la silla y lo empotró contra la pared, arrinconándolo con un desagradable gesto sexual y violento mientras acercaba su cara a la de él.
—Puede que decida volver a castigarte. Me encantaría.
Harry recordó la última vez que le castigaron y no pudo ocultar su miedo. Harry percibió cómo Fenrir disfrutaba con su pánico.
—Me parece que esta vez no va a ser Harry quien reciba el castigo —dijo Severus en voz baja.
Harry se tranquilizó, porque sabía que Severus no permitiría que Fenrir le hiciera daño. No podía explicar cómo lo sabía. Había descubierto que, aunque un lobo no le hiciera daño, no significaba que fuera a protegerlo.
—No te he dado permiso para hablar —gruñó Fenrir, volviendo la cabeza hacia el otro hombre—. Me ocuparé de ti en cuanto acabe con él.
Severus se levantó con calma. Harry pudo oír cómo se limpiaba las manos con la servilleta.
—Creo que ya has terminado aquí —dijo Severus con una voz complemente diferente—. Suéltalo.
Harry notó en los huesos el poder de sus palabras, calentando su estómago que se había helado del miedo. Fenrir disfrutaba más haciéndole daño que forzándolo. Harry había luchado hasta que comprendió que aquello le satisfacía incluso más. No había tardado mucho en aprender que no tenía ninguna posibilidad de ganarle. Fenrir era más fuerte y más rápido, y la única vez que consiguió soltarse, el resto de la manada lo sujetó para él.
Tras las palabras de Severus, Fenrir lo soltó tan rápido que Harry se tambaleó, aunque aquello no impidió que se alejara todo lo que pudo hasta llegar a la cocina. Cogió el rodillo de mármol, que había sido de su abuela, y lo agarró con recelo.
Fenrir estaba de espaldas, pero Severus vio su arma y le dedicó una breve sonrisa antes de centrar su atención en Fenrir.
—¿Quién diablos eres? —escupió Fenrir. Harry percibió el miedo que se ocultaba tras su ira.
—Podría hacerte la misma pregunta —dijo Severus—. Tengo una lista con todos los hombres lobo de las manadas de Chicago y tu nombre no está en ella. Pero eso es solo una parte de los asuntos que me han traído aquí. Vuelve a casa y dile a Rodolphus que Severus Snape quiere hablar con él. Me encontraré con él esta tarde, en su casa, a las siete. Puede traer a sus seis primeros y a su pareja, pero no al resto de la manada.
Para sorpresa de Harry, Fenrir emitió un gruñido y se marchó sin más protestas.
