Disclaimer la historia como los personajes no me pertenecen, estos son de sus respectivas autoras Patricia Briggs y JK Rowling.

ADVERTENCIA: esta historia tendrá contenido yaoi (boyxboy) la pareja principal es SeverusxHarry.

Esta historia es una adaptación de la obra Alfa y Omega de Patricia Briggs con los personajes de Harry Potter, espero les guste.

Resumen:

En Chicago, Harry Potter es un hombre lobo sumiso que trabaja como camarero para poder sobrevivir cuando una inesperada noticia hace que tome una decisión que cambiará su vida. Entretanto, el líder de los licántropos envía a su hijo, Severus, a la ciudad del viento para que investigue ciertos posibles problemas que han surgido. Severus descubre secretos que giran alrededor de Harry, ¿Qué pasara con las chispas que saltan cuando se conocen Severus y Harry?

Capítulo 4

El lobo que tanto había intimidado a Harry no deseaba marcharse, pero no era suficientemente dominante para hacer algo con Severus en el apartamento. Por eso, Severus esperó algunos segundos y después lo siguió silenciosamente por las escaleras.

En el piso inferior encontró a Fenrir a punto de llamar a una puerta. Severus estaba bastante seguro de que era la de Hermione. No le sorprendió que Fenrir buscara otra manera de castigar a Harry por su forzada retirada. Severus golpeó el suelo con su bota y vio cómo el otro lobo se quedaba completamente rígido y bajaba el brazo.

—Hermione no está en casa —dijo Severus— y no sería aconsejable hacerle daño.

Severus se preguntó si debía matarlo allí mismo... Pero tenía una reputación que su padre no podía permitirse que perdiera. Solo podía matar a aquellos que infringían las reglas del Marrok, y solo después de que quedara demostrada su culpabilidad.

Harry le había dicho a su padre que Fenrir era el lobo que había Transformado a Justin Finch-Fletchley en contra de su voluntad, pero, como en aquella manada se producían tantas irregularidades, podrían considerarse circunstancias atenuantes. Harry era un hombre lobo desde hacía tres años y nadie le había dicho que las mujeres lobo no podían tener hijos. Si Harry sabía tan poco, era probable que aquel lobo tampoco conociera las reglas.

Ignorara o no sus crímenes, Severus deseaba matarlo. Cuando Fenrir se dio la vuelta, Severus lo fulminó con la mirada y vio cómo el otro lobo palidecía de repente y empezaba a bajar las escaleras.

—Ve a darle el mensaje a Rodolphus —dijo Severus.

Le hizo saber a Fenrir que lo estaba siguiendo, para que supiera qué se sentía al ser la presa de un depredador más violento que él.

Fenrir era un tipo duro. Mientras bajaba la escalera, se iba girando para enfrentarse a Severus, aunque solo con la mirada, viéndose forzado a continuar adelante. La persecución despertó al lobo de Severus, quien, aún molesto por el modo en que Fenrir había tratado a Harry, permitió que saliera a la superficie un poco más de lo estrictamente necesario. La lucha se detuvo en la puerta principal, donde dejó que Fenrir se marchara libremente. La cacería había sido demasiado corta.

Al lobo de Severus tampoco le había gustado ver a Harry asustado. Reclamaba sangre, y Severus tuvo que poner en práctica todo su autocontrol para no matar a Fenrir en el apartamento. Solo la firme sospecha de que Harry podría volver a tenerle miedo le ayudó a permanecer sentado hasta estar seguro de que podía controlarse.

Subir los cuatro pisos debería darle tiempo para tranquilizar a su lobo. Podría haberlo hecho, pero Harry le esperaba en el tercer piso con el rodillo en la mano.

Se detuvo a medio camino y Harry se dio la vuelta y empezó a subir sin decir una palabra. Lo siguió hasta la cocina de su apartamento, donde dejó el rodillo junto al pote de los cuchillos.

—¿Por qué el rodillo y no un cuchillo? —preguntó él con la voz áspera por la necesidad de acción.

Le dirigió la primera mirada tras el encuentro en las escaleras.

—Un cuchillo no lo detendría, pero los huesos necesitan tiempo para curarse.

Aquello le gustó. ¿Quién hubiera pensado que le excitaría un hombre con un rodillo?

—Muy bien —dijo él—. Muy bien.

Se dio la vuelta súbitamente y dejó a Harry en la cocina, porque si permanecía allí tendría que cogerlo y seducirlo. El apartamento no era suficientemente grande para andar de un lado a otro o para poner distancia entre ellos. Su olor, una mezcla de miedo y excitación, era peligroso. Necesitaba una distracción.

Se sentó en una silla y se reclinó sobre las patas traseras de la misma. Cruzó sus manos detrás de la nuca adoptando una postura relajada, entrecerró los ojos y dijo:

—Quiero que me hables de tu Transformación.

No le pasó desapercibido que la pregunta hizo estremecer a Harry. Algo malo había ocurrido durante su Transformación. Se concentró en eso.

—¿Por qué? —preguntó Harry desafiante.

Imaginó que todavía estaba alterado por la visita de Fenrir. Harry se dio la vuelta y se encogió pensando que la ira le haría explotar.

Severus cerró los ojos. No podía más. Estaba a punto de dejar a un lado toda la caballerosidad que su padre le había enseñado y tomarlo allí mismo, estuviera dispuesto o no. Pensó que eso le enseñaría a no tenerle miedo.

—Necesito saber cómo funciona la manada de Rodolphus —dijo él pacientemente, aunque en aquel momento le importaba poco—. Prefiero que me des tu opinión primero y luego ya haré preguntas. Me dará una idea más clara de lo que está haciendo y por qué.

Harry lo miró cauteloso pero Severus ni se inmutó. Todavía podía oler la rabia en el ambiente, aunque podía ser una reminiscencia de la presencia de Fenrir. Severus también estaba excitado; Harry se encontró respondiendo a su pregunta aunque sabía que era el habitual resultado de la victoriosa confrontación entre machos. Como Severus lo estaba ignorando, él también podía hacerlo.

Respiró profundamente y el olor de Severus llenó sus pulmones.

Tras aclararse la garganta, se esforzó por encontrar el principio de su historia.

—Trabajaba en una tienda de música en el Loop cuando conocí a Fenrir. Me dijo que era guitarrista, como yo, y empezó a venir varias veces por semana a comprar cuerdas, CD's... pequeñas cosas. Flirteaba conmigo y hacía bromas.

Se dio cuenta de lo insensato que había sido.

—Pensaba que era buen chico, de modo que, cuando me invitó a comer, acepté.

Harry miró a Severus; parecía estar a punto de dormirse. Los músculos de sus hombros estaban relajados y su respiración era lenta y calmada.

—Tuvimos un par de citas. Me llevó a un pequeño restaurante cerca de un parque, una de las reservas forestales. Cuando terminamos, fuimos a dar una vuelta por el bosque «para contemplar la luna», según me dijo.

Incluso ahora, después de tanto tiempo, era consciente de la tensión en su voz.

—Me pidió que esperara un momento, que volvería enseguida.

Recordó que Fenrir se había excitado, que estaba casi frenético con las emociones contenidas. Se había visto muy nervioso y le había dicho que había olvidado algo en el coche. Mientras esperaba, ensayó diversas formas amables de rechazar cualquier propuesta sobre una relación más duradera. Tenían muy poco en común, y casi ninguna química. Aunque parecía agradable, había algo en él que no le cuadraba, y su instinto le decía que tenía que romper con él.

—Como tardaba mucho, decidí ir al coche cuando, de repente, oí algo entre los arbustos.

Sintió un cosquilleo en la cara, igual que aquella noche.

—¿No sabías que era un hombre lobo?

La voz de Severus le recordó que se encontraba a salvo, en su apartamento.

—No, pensaba que era solo una leyenda.

—Cuéntame qué ocurrió después del ataque.

No tenía que explicarle cómo Fenrir lo había acechado durante una hora, mareándolo de un lado a otro y evitando que se acercara a la salida del bosque. Solo quería saber cosas sobre la manada de Rodolphus. Harry disimuló el alivio que le produjo aquello.

—Me desperté en casa de Rodolphus. Al principio estaba muy excitado. Entonces descubrieron lo que era.

—¿Y qué eres, Harry?

Pensó que su voz era como el humo, suave y ligera.

—Sumiso —dijo el—, la categoría más baja. —Y entonces, con los ojos cerrados, añadió— Inútil.

—¿Eso es lo que te dijeron? —preguntó él pensativo.

—Es la verdad.

Debería estar más disgustado por eso; los lobos que no lo odiaban lo trataban con lástima. Pero no quería ser dominante y tener que luchar y hacer daño a la gente.

Como Severus no dijo nada, continuó con su historia, esforzándose por recordar todos los detalles.

Él hizo algunas preguntas:

—¿Quién te ayudó a controlar a tu lobo? (Nadie, lo hizo por su cuenta. Le dijeron que era otra prueba que demostraba que no era dominante).

—¿Quién te dio el teléfono del Marrok? (El tercero de Rodolphus, Evan Rosier).

—¿Cuándo y por qué? (Justo antes de que la pareja de Rodolphus intercediera por él y evitara que lo hiciera circular entre los machos que merecían una recompensa. Intentó evitar a los lobos de más categoría. No tenía ni idea de por qué le habían dado ese número ni quería preguntar).

—¿Cuántos miembros nuevos se han unido a la manada desde que lo hiciste tú? (Tres, todos machos, pero dos de ellos no podían controlarse y fueron eliminados).

—¿Cuántos miembros hay en la manada? (Veintiséis).

Cuando terminó, se sorprendió de estar sentado en el suelo, al otro lado de la habitación, con la espalda pegada a la pared. Severus apoyó la silla sobre las cuatro patas y se llevó una mano a la frente. Suspiró profundamente y lo miró por primera vez desde que empezara el interrogatorio.

Harry se sobresaltó al descubrir el brillo dorado de sus ojos. Severus estaba a punto de transformarse, forzado por una intensa emoción y, aunque lo veía en sus ojos, no lo podía leer ni en su cuerpo ni en su olor; conseguía ocultarlo de algún modo.

—Hay reglas. La primera es que ninguna persona puede ser Transformada contra su voluntad. La segunda es que ninguna persona puede ser Transformada hasta que ha sido aconsejada y ha pasado una sencilla prueba que demuestre que comprende las consecuencias de la Transformación.

Harry no sabía qué decir, pero finalmente recordó que debía apartar sus ojos de su intensa mirada.

—Por lo que me has dicho, Rodolphus está creando nuevos lobos y perdiendo a otros, y no ha informado de esto al Marrok. El año pasado vino a nuestro encuentro anual con su pareja y su cuarto, ese tal Evan Rosier. Nos dijo que su segundo y tercero estaban ocupados.

Harry frunció el ceño.

—Evan ha sido su tercero desde que estoy en la manada, y Fenrir es su segundo.

—Has dicho que solo hay otra hembra en la manada.

—Sí.

—Deberían haber cuatro.

—Nadie ha mencionado a otras —dijo Harry.

Severus miró el cheque que estaba sujeto en la puerta de la nevera.

—Se quedan tu sueldo. ¿Cuánto te devuelven?

El esfuerzo por controlar a su lobo hacía que su voz sonara muy profunda.

—El sesenta por ciento.

—Ah.

Cerró sus ojos de nuevo y respiró profundamente. Ahora, Harry podía oler su ira, aunque sus hombros continuaban relajados.

Cuando terminó de hablar, Harry dijo en voz baja:

—¿Puedo hacer algo para ayudarte? ¿Quieres que me vaya? ¿O que te cuente algo o ponga música?

No tenía televisión, pero sí un viejo aparato de música.

Aunque Severus continuó con los ojos cerrados, se permitió una leve sonrisa.

—Normalmente, mi control es mejor.

Harry esperó, pero las cosas parecían empeorar cada vez más.

Los ojos de Severus se abrieron de repente, y su mirada fría y dorada lo inmovilizó contra la pared en la que estaba apoyado, mientras se desentumecía y merodeaba por la habitación.

El pulso de Harry se aceleró y bajó la cabeza para encogerse. Notó que Severus se arrodillaba frente a él. Cuando le acarició el rostro con sus cálidas manos, se sobresaltó, y lamentó haberlo hecho en cuanto le oyó gruñir.

Severus, aún de rodillas, enterró el rostro en su cuello y descansó su tenso cuerpo de hierro sobre el de Harry, atrapándolo contra la pared. Apoyó las manos en éste, rodeándolo, y Harry dejó de moverse. Sentía su cálida respiración en el cuello.

Harry se sentó con un movimiento cauto, aterrorizado por hacer cualquier cosa que pudiera dificultar su control. Pero había algo en él que le impedía estar completamente aterrorizado, algo que insistía en que no le haría daño. Que nunca le haría daño.

Lo cual era estúpido. Todos los dominantes hacen daño a los que están por debajo de ellos. Lo había aprendido a golpes. Aunque las heridas se curaban rápidamente, no era menos desagradable. Aunque era inútil las veces que se repitiera a sí mismo que debía estar asustado de él, un dominante entre dominantes, un extraño al que no había visto nunca hasta el día anterior, o para ser más preciso, desde aquella mañana. No podía tenerle miedo.

Olía a ira, pero también a lluvia de primavera, a lobo y a hombre. Cerró los ojos y dejó de luchar contra sí mismo, permitiendo que su agradable olor se llevara todo el miedo y la rabia que sentía tras explicarle lo peor que le había pasado en la vida.

En cuanto Harry se relajó, Severus también lo hizo. Sus rígidos músculos se aflojaron y sus brazos se deslizaron por la pared para descansar suavemente sobre sus hombros.

Poco después, Severus se echó para atrás, pero, como todavía estaba en cuclillas, sus cabezas quedaron casi a la misma altura. Puso delicadamente su mano en la barbilla de Harry y le levantó suavemente la cabeza hasta que su mirada se posó en sus ojos oscuros. Harry tuvo la súbita sensación de que si miraba aquellos ojos durante el resto de su vida, podría llegar a ser feliz. Aquella revelación lo asustó más que el pánico anterior.

—¿Estás haciendo algo para que me sienta así? —preguntó Harry sin pensar.

Severus no le preguntó qué sentía. En lugar de eso, inclinó su cabeza en un gesto lobuno, pero manteniendo el contacto visual. Harry tuvo la impresión de que estaba tan desconcertado como él.

—No creo. No intencionadamente.

Severus le sujetaba la cara con ambas manos. Eran manos grandes y robustas, y temblaban ligeramente. Se agachó hasta que su barbilla descansó sobre su cabeza.

—Yo tampoco me había sentido nunca así.