Disclaimer la historia como los personajes no me pertenecen, estos son de sus respectivas autoras Patricia Briggs y JK Rowling.

ADVERTENCIA: esta historia tendrá contenido yaoi (boyxboy) la pareja principal es SeverusxHarry. Es un mundo sin magia ni hechizos conocidos.

Esta historia es una adaptación de la obra Alfa y Omega de Patricia Briggs con los personajes de Harry Potter, espero les guste.

Resumen:

En Chicago, Harry Potter es un hombre lobo sumiso que trabaja como camarero para poder sobrevivir cuando una inesperada noticia hace que tome una decisión que cambiará su vida. Entretanto, el líder de los licántropos envía a su hijo, Severus, a la ciudad del viento para que investigue ciertos posibles problemas que han surgido. Severus descubre secretos que giran alrededor de Harry, ¿Qué pasara con las chispas que saltan cuando se conocen Severus y Harry?

Capítulo 5

Severus podría haberse quedado así para siempre, a pesar de la incomodidad de estar de rodillas sobre el duro parquet. Nunca había sentido nada igual, y mucho menos con un hombre al que solo conocía desde hacía menos de veinticuatro horas. No sabía cómo enfrentarse a aquello; de hecho, aunque poco habitual en él, no quería hacerlo. Estaba dispuesto a aplazarlo indefinidamente mientras pudiera estar junto a Harry.

Evidentemente, prefería hacer otra cosa, pero, si sus sentidos no le engañaban, alguien estaba subiendo por las escaleras. Cuatro pisos no eran suficientes para mantener alejados a los intrusos. Cerró los ojos y dejó que su lobo analizara el rastro e identificara al nuevo visitante.

Alguien llamó a la puerta.

Harry se sobresaltó. Una parte de él estaba satisfecha por cómo había conseguido distraerlo. No había captado nada hasta entonces. A la otra parte le preocupaba su vulnerabilidad.

A regañadientes, se levantó y se separó ligeramente de Harry.

—Adelante, Bellatrix.

La puerta se abrió y la pareja de Rodolphus asomó la cabeza. Echó una mirada a Harry y sonrió con picardía.

—¿Interrumpo algo interesante?

A Severus siempre le había gustado Bellatrix, aunque intentó no demostrarlo. En tanto ejecutor de su padre, hacía tiempo que había aprendido a no encariñarse de nadie que tal vez tuviera que matar algún día. Por tanto, su círculo de amistades era muy reducido y se limitaba a su padre y a su hermano.

Harry se levantó y le devolvió una tímida sonrisa, aunque Severus percibió que aún estaba asustado. Para su sorpresa, dijo:

—Sí, estaba a punto de pasar algo interesante, pero no importa, adelante.

Bellatrix entró de golpe, cerró la puerta y le tendió la mano a Severus.

—Severus, me alegro de verte.

Severus tomó su mano y la besó suavemente. Olía a canela y a clavo. Había olvidado que usaba perfume para entorpecer los afilados sentidos de los hombres lobo. Suficientemente intenso para ocultarse y protegerse del agudo olfato de estos. A no ser que estuviera muy inquieta, nadie podía percibir lo que sentía.

—Estás muy guapa —dijo él consciente de que aquello es lo que esperaba. Era verdad.

—Debería parecer que tengo los nervios destrozados —dijo ella, atusándose el pelo, el cual, combinado con sus bellos rasgos, la hacía parecer una princesa de cuento.

Era más bajita y menuda que Harry, pero Severus nunca cometería el error de considerarla frágil.

—Fenrir llego a casa enfurecido diciendo algo sobre un encuentro esta noche. Era de todo menos coherente y le dije a Rodolphus que me pasaría por aquí a ver qué estabas haciendo. Por cierto, ¿qué hiciste para enfurecerlo de esa forma?

Aquella era una de las razones por las que no tenía amigos.

—¿Rodolphus recibió mi mensaje? —preguntó Severus.

Bellatrix asintió.

—Y parecía bastante asustado, algo que no le sienta muy bien.

Se inclinó hacia Severus y posó una mano sobre su brazo con demasiada familiaridad.

—¿Qué te trae por nuestro territorio, Severus?

Severus dio un paso atrás. Aunque parecía haberlo olvidado mientras estaba con Harry, no le gustaba tocar ni que le tocasen.

Solo su Harry.

Se esforzó por retomar la atención en los negocios.

—He venido para encontrarme con Rodolphus esta noche.

El habitual semblante alegre de Bellatrix se endureció y Severus esperó a que explotara. Bellatrix era tan famosa por su carácter como por su carisma. Era una de las pocas personas que había estallado frente al Marrok y había salido indemne; al padre de Severus también le caía bien Bellatrix.

Sin embargo, Bellatrix no contestó. En lugar de eso, giró la cabeza para mirar a Harry, y Severus se dio cuenta de que lo había estado ignorando hasta entonces. Cuando volvió a mirar a Severus, empezó a hablar de nuevo, pero no se dirigía a él.

—¿Qué historias has ido contando por ahí, querido Harry? ¿Te has estado quejando del lugar que ocupas en la manada? Escoge una pareja si no te gusta. Ya te lo he dicho otras veces. Estoy segura de que Fenrir te aceptaría.

No había veneno en su voz. Probablemente si Severus no hubiera conocido a Fenrir, no se habría fijado en la reacción de Harry. Tal vez ni siquiera hubiera captado la amenaza.

Harry no dijo nada.

Bellatrix continuó observando a Severus pero evitando mirarle directamente a los ojos. Supo que estaba estudiando sus reacciones, pero sabía que estas no transmitían nada. En aquella ocasión estaba preparado para la reacción de su lobo, el cual podía estallar en cualquier momento para defender a Harry.

—¿Te estás acostando con él? —preguntó Bellatrix—. Es un buen amante, ¿verdad?

Aunque Bellatrix tenía pareja, le gustaba coquetear con otros, y Rodolphus le dejaba hacer lo que quisiera, algo casi inaudito entre los hombres lobo. Esto no quería decir que ella no fuese celosa; Rodolphus no podía ni mirar a otra mujer. Severus siempre pensó que era una relación rara, pero les funcionaba desde hacía mucho tiempo. Cuando, hace años, Bellatrix lo intentó con él, se dejó seducir sabiendo que no era nada más que una aventura. No se sorprendió cuando le pidió que hablara con su padre para que Rodolphus pudiera ampliar su territorio. Aunque Severus rechazó la petición, se lo tomó con buen humor.

El sexo no había significado nada para ninguno de los dos, aunque, al enterarse, a Harry sí parecía haberle afectado. Tendría que haber sido humano para no reconocer el dolor y la desconfianza en sus ojos ante las palabras de Bellatrix.

—Sé amable, Bellatrix —dijo él bruscamente.

Su voz sonó más seca cuando añadió:

—Vete a casa y dile a Rodolphus que hablaré con él esta noche.

Los ojos de Bellatrix se encendieron de ira y se puso en pie.

—No soy como mi padre —dijo él suavemente—. No intentes ese tipo de brujería conmigo.

El miedo calmó su temperamento, y de paso, Severus también se calmó. Puede que su perfume encubriera su olor, pero no podía ocultar la mirada fija en sus puños apretados. No disfrutaba asustando a la gente; casi nunca.

—Vete a casa, Bellatrix. Habrás de guardarte la curiosidad hasta entonces.

Severus cerró la puerta suavemente tras ella y se quedó un instante de pie junto a esta, reacio a enfrentarse a Harry. Aunque no tenía ni idea de por qué se sentía culpable por algo que había pasado mucho antes de conocerla.

—¿Vas a matarla?

Lo miró, pero no supo qué pensaba realmente.

—No lo sé.

Harry se mordió el labio.

—Ha sido amable conmigo.

¿Amable? Por lo que sabía, todo lo que le había pasado a Harry desde su Transformación tenía poco que ver con la amabilidad. Pero la preocupación que leía en su rostro le obligó a guardarse el comentario.

—Pasa algo extraño en la manada de Rodolphus —se limitó a decirle—. Lo descubriré esta noche.

—¿Cómo?

—Se lo preguntaré —dijo él—. Saben muy bien que no pueden mentirme. Y si se niegan a responder a mis preguntas o a recibirme significará que son culpables.

Harry parecía desconcertado.

—¿Por qué no pueden mentirte?

Severus le tocó la nariz.

—Oler una mentira es bastante fácil, a no ser que estés tratando con alguien que no sepa la diferencia entre la verdad y la mentira, aunque hay otras maneras de detectarlas.

El estómago de Harry rugió.

—Ya es suficiente —dijo él. Había llegado el momento de comer algo. Un panecillo no era suficiente. — Coge el abrigo.

Severus no quiso coger el coche para ir al Loop, donde sería difícil encontrar aparcamiento, porque su temperamento era demasiado imprevisible cuando estaba con Harry. No podía decirle que cogieran un taxi, lo cual era una experiencia nueva para él; no había mucha gente dispuesta a desoír sus órdenes. Pero Harry era un Omega y no estaba obligado, por una necesidad instintiva, a obedecer a los lobos dominantes. Con un suspiro, lo siguió hasta la estación más próxima.

Nunca había viajado en el metro elevado de Chicago y, si no fuera por cierto joven testarudo, seguiría sin haberlo hecho. Tuvo que admitir, aunque solo para sí mismo, que disfrutó cuando un escandaloso grupo de pandilleros disfrazados de adolescentes decidieron molestarle.

—Eh, tú, vampiro —dijo un chico con ropa holgada—. No eres de aquí, ¿verdad? El chico es muy lindo. Porque no mejor se viene con nosotros, hay mucha diversión por aquí.

Se dio un golpecito en el pecho.

En Chicago abundaban las bandas de verdad, nacidas en el centro de la ciudad bajo el lema «comer o ser comido». Pero aquellos chicos eran imitadores, probablemente chicos aburridos durante las vacaciones escolares. De modo que habían decidido entretenerse asustando a los adultos que no sabían diferenciar entre los auténticos y los imitadores. Aunque un grupo de chicos podía ser peligroso en las circunstancias equivocadas...

Una señora mayor sentada a su lado se encogió y el olor de su miedo le hizo perder la paciencia.

Severus se levantó, sonrió y vio cómo la suficiencia del chico se evaporaba por la confianza que desprendía.

—Sí que es lindo —dijo él— pero es mío.

—Eh, tío —dijo el chico que estaba detrás del que había hablado antes—, de buen rollo, tío.

Su sonrisa se amplió al comprobar cómo retrocedían.

—Hace un buen día. Creo que deberíais sentaros en aquellos sitios vacíos de allí. La vista es mucho más interesante.

Se apresuraron hacia la parte delantera del vagón y, después de que todos se hubieron sentado, Severus regresó junto a Harry.

Había tanta satisfacción en el rostro de Severus cuando se sentó que Harry tuvo que controlar una sonrisa por miedo a que alguno de los chicos les mirara y pensara que se estaba riendo de ellos.

—Un excelente ejemplo de envenenamiento por testosterona —observó secamente—. ¿Después irás a por el grupo de exploradoras?

Los ojos de Severus brillaron divertidos.

—Ahora ya saben que deben elegir a su presa con más cuidado.

Harry iba pocas veces al Loop, ya que todo lo que necesitaba lo podía encontrar cerca de casa. Aunque no vivía allí, Severus lo conocía mejor que él. Escogió la estación en la que tenían que bajar y se dirigió directamente a un pequeño restaurante griego, en una oscura callejuela bajo las vías del tren, donde lo recibieron por su nombre y los condujeron a una mesa situada en una salita privada.

Severus dejó que Harry pidiera lo que quisiera, entonces dobló el pedido y añadió algunos platos más.

Mientras esperaban la comida, extrajo del bolsillo de su chaqueta una pequeña libreta gastada de tres anillas que se cerraba con un cordoncito de piel. La abrió, sacó unas hojas de papel y se las tendió a Harry con un bolígrafo.

—Me gustaría que escribieras los nombres de los miembros de tu manada. Si puede ser, en orden decreciente, desde el más dominante hasta el menos.

Harry lo intentó. No sabía los apellidos de todos y, como estaban por encima de él, no había prestado demasiada atención al rango.

Le devolvió el papel y el bolígrafo con el ceño fruncido.

—Me he dejado a mucha gente y, salvo los primeros cuatro o cinco lobos, es probable que me haya equivocado en la categoría de los otros.

Severus puso la hoja sobre la mesa, sacó otra con algo escrito en ella y empezó a comparar las dos listas. Harry arrastró su silla hasta quedar a su lado para ver qué estaba haciendo.

Severus colocó su lista frente a Harry.

—Esta es la gente que debería estar en tu manada. He marcado los nombres de los que no aparecen en tu lista.

Repasó las dos listas y rectificó algunas de sus marcas.

—Este todavía está. Me había olvidado de él. Y este también.

Severus cogió de nuevo la lista.

—Todas las mujeres se han ido. La mayoría de los desaparecidos son lobos viejos. No exactamente viejos, pero no queda ningún lobo mayor que Rodolphus. También faltan algunos lobos jóvenes.

Severus señaló un par de nombres con el dedo.

—Estos eran jóvenes. Este, Walden Macnair, debía de hacer solo cuatro años que era hombre lobo. Arthur, no mucho más.

—¿Conoces a todos los hombres lobo?

Severus sonrió.

—Conozco a los Alfas. Celebramos reuniones anuales con todos ellos. También a la mayoría de los segundos y terceros. Una cosa que hacemos en las reuniones es actualizar a los miembros de las manadas. Se supone que los Alfas tienen que informar al Marrok de las bajas y de los nuevos miembros. Si mi padre hubiera sabido que se habían ido tantos lobos, lo habría investigado. Rodolphus ha perdido a una tercera parte de su manada, aunque ha hecho un buen trabajo reponiéndolos.

Le devolvió su lista con los nombres marcados, incluido el de Harry.

—Todos estos son nuevos. Por lo que me has dicho, supongo que Transformaron a todos por la fuerza. El índice de supervivientes de víctimas atacadas al azar es muy bajo. Rodolphus ha matado a mucha gente en los últimos años para mantener el número de su manada. Suficientes como para haber atraído la atención de las autoridades. ¿Cuántos de ellos han sido Transformados después de ti?

—Ninguno. El único lobo nuevo que he visto era aquel pobre chico.

Harry daba golpecitos con el bolígrafo sobre el papel.

—Si no dejan cuerpos y amplían la cacería, pueden haber ocultado fácilmente la desaparición de un centenar de personas en la gran área de Chicago durante algunos años.

Severus se echó hacia atrás, cerró los ojos y sacudió la cabeza.

—Ya recuerdo más datos. No he conocido a muchos de los lobos desaparecidos y no recuerdo la última vez que vi al antiguo segundo de Rodolphus, solo que fue en los últimos diez años. Así que, pasara lo que pasase, ocurrió después de eso.

—¿Qué ocurrió?

—Algo le ocurrió a Rodolphus, supongo. Algo le pasó que le hizo matar a todas las mujeres de su manada, exceptuando a Bellatrix, y a la mayoría de los lobos mayores. Estos debieron de oponerse cuando empezó a matar a gente inocente y cuando dejó de enseñar a los nuevos lobos las reglas y sus derechos. Puedo entender por qué tenía que matarlos a ellos, pero, ¿por qué a las mujeres? Y, ¿por qué el otro Alfa de Chicago no le dijo nada a mi padre?

—Quizá no lo sabía. Rodolphus y Kingsley mantienen las distancias, y nuestra manada tiene prohibida la entrada en su territorio. El Loop es territorio neutral, pero no podemos ir hacia el norte a no ser que tengamos un permiso especial.

—Oh, interesante. ¿Sabes por qué no se llevan bien?

Harry se encogió de hombros. Había oído hablar mucho sobre aquello.

—Alguien me dijo que Kingsley no se quiso acostar con Bellatrix. Otro dijo que habían tenido una aventura, que él la dejó y ella se ofendió. O que no rompió y Rodolphus tuvo que intervenir. Otra historia cuenta que Rodolphus y Kingsley nunca se habían llevado bien. Yo qué sé.

Harry miró los nombres de la lista que estaban marcados como nuevos lobos de la manada y estalló en una carcajada.

—¿Qué ocurre?

—Es una tontería —dijo Harry sacudiendo la cabeza.

—Cuéntame.

Sus mejillas se sonrojaron por la vergüenza.

—Vale. Buscas algo que todos los nuevos lobos tuvieran en común, ¿no? Pues bien, estaba pensando que si alguien quisiera hacer una lista de los lobos más guapos de la manada, estarían todos estos.

Ambos se sorprendieron por el ataque de celos que Severus no se molestó en ocultar.

Probablemente era un buen momento para que el camarero trajera el primer plato.

Harry empezó a mover su silla hacia el lugar donde se había sentado al principio, pero el camarero, al verlo, dejó la bandeja con la comida, se acercó y le ayudó a sentarse educadamente.

—¿Cómo le va, señor? —dijo el camarero— ¿Todavía viviendo lejos de la civilización?

—La civilización está sobrevalorada —contestó Severus mientras ponía las hojas de papel dentro de la libreta y la cerraba—. Con poder venir una o dos veces al año y comer aquí, me doy por satisfecho.

El camarero sacudió la cabeza fingiendo tristeza.

—Las montañas son bellas pero no tanto como nuestro horizonte. Un día de estos le llevaré una noche a la ciudad y no querrá irse jamás.

—¡Fred!

Una mujer pelirroja y un poco robusta entró en la habitación.

—Mientras estás aquí charlando con el Sr. Snape, los otros clientes están hambrientos.

El camarero sonrió y le guiñó un ojo a Harry. Besó a la mujer en la mejilla y salió de la habitación.

La mujer forzó una sonrisa y sacudió la cabeza.

—Este Fred, siempre hablando. Necesita una buena esposa que lo tenga a raya. Yo soy demasiado vieja —dijo poniendo los ojos en blanco y siguiendo al camarero.

Durante un largo rato, una serie de camareros, que parecían de la misma familia, fueron trayendo comida sin parar. Ninguno de ellos mencionó lo extraño que resultaba que solo dos personas pudieran comer tanto.

Severus llenó su plato, miró el de Harry y dijo:

—Podrías haberme dicho que no te gusta el cordero.

Harry observó su plato.

—Sí que me gusta.

Severus frunció el ceño, cogió la cuchara de servir y puso más comida en el plato de Harry.

—Deberías comer más, mucho más. La transformación requiere mucha energía. Al ser un hombre lobo, tienes que comer mucho más para mantener tu peso.

Después de eso, Harry y Severus, por mutuo acuerdo, limitaron su conversación a trivialidades. Hablaron de Chicago y de la vida en la ciudad. Harry cogió un poco de arroz y Severus lo miró hasta que se sirvió una segunda cucharada. Severus le habló de Escocia. Se sorprendió al descubrir que era un buen conversador, y comprendió que la única manera de poner fin a aquella conversación era preguntarle algo personal. No es que no quisiera hablar de sí mismo, pero pensó que no era lo suficientemente interesante.

La puerta se abrió una vez más y una chica de unos catorce años entró con el postre.

—¿No deberías estar en la escuela? —preguntó Severus.

La joven suspiró.

—Vacaciones. Todo el mundo tiene tiempo libre, pero yo... tengo que trabajar en el restaurante. Un fastidio.

—Ya veo —dijo él—. Quizá deberías llamar a una asistente social y decirle que te explotan.

La chica sonrió.

—Eso enfadaría a mamá. Siento la tentación de hacerlo solo para ver la cara que pone. Si le dijera que me lo has sugerido tú, ¿crees que se enfadaría contigo en vez de conmigo...? Probablemente no —añadió arrugando la nariz.

—Dile a tu madre que la comida estaba perfecta.

Sujetó la bandeja contra su cadera y caminó de espaldas hacia la puerta.

—Se lo diré, pero me ha dicho que te diga que no lo estaba. El cordero estaba algo fibroso, pero es lo único que ha podido conseguir.

—Deduzco que vienes mucho por aquí —dijo Harry cogiendo un trocito de baklava sin muchas ganas

No es que tuviera nada en contra de los baklava, pero había comido para una semana.

—Demasiado a menudo —dijo él.

Harry se dio cuenta de que él no tenía problemas en seguir comiendo.

—Tenemos negocios que tratar aquí, así que tengo que venir tres o cuatro veces al año. El dueño del restaurante es un lobo, uno de los de Kingsley. De vez en cuando me gusta tratar ciertos asuntos aquí.

—Creía que eras el asesino a sueldo de tu padre —dijo Harry con interés—. ¿Tienes que cazar a gente en Chicago tres o cuatro veces al año?

Severus rió escandalosamente. Sonaba oxidado, como si no lo hiciera muy a menudo, aunque debería hacerlo porque le sentaba muy bien. Tan bien que, sin darse cuenta, Harry se metió en la boca el trozo de baklava con el que había estado jugando. Ahora tenía que encontrar la manera de tragárselo cuando ya no le cabía nada más en el estómago.

—No, también tengo otras tareas. Me encargo de los intereses de la manada de mi padre. Soy muy bueno en los dos trabajos —dijo él sin molestarse en ocultar la falsa modestia.

—Seguro que sí —dijo Harry.

Era el tipo de persona al que se le daba bien todo lo que se propusiera.

—Te dejaría invertir mis ahorros. Creo que tengo veintidós dólares y noventa y siete centavos ahora mismo —añadió Harry.

Severus frunció el ceño y toda la diversión desapareció.

—Era una broma —aclaró Harry.

Pero Severus lo ignoró.

—La mayoría de los Alfa se quedan con el diez por ciento de las ganancias de sus lobos por el bien de la manada, sobre todo cuando es nueva. El dinero se invierte en comprar una casa franca, por ejemplo. Una vez que la manada ya está instalada, no se necesita tanto dinero. La manada de mi padre se estableció hace tiempo y no tenemos necesidad de cobrar el diezmo, ya que la tierra donde vivimos es nuestra y tenemos suficientes inversiones para el futuro. Rodolphus lleva aquí treinta años, tiempo suficiente para estar bien instalado. Nunca había oído hablar de una manada que exigiera el cuarenta por ciento a sus miembros, lo que me lleva a creer que la manada de Rodolphus tiene problemas financieros. Vendió al chico que salió en el periódico, entre otros, a alguien que los utiliza como conejillos de indias para desarrollar una droga que funcione para los lobos igual de bien que para los humanos. Ha debido de matar a muchos humanos para conseguir a un único hombre lobo que sobreviviera.

Harry pensó en las implicaciones de todo aquello.

—¿Quién quería las drogas?

—Lo sabré en cuanto Rodolphus me diga a quién vendió al chico —contestó Severus.

—Entonces, ¿por qué no me vendió a mí?

Harry no tenía mucho valor para la manada.

Severus se recostó sobre la silla.

—Si un Alfa vendiese a un hombre lobo de su manada, se produciría una rebelión. Además, Rodolphus tuvo muchos problemas para conseguirte. Desde que te hiciste miembro de la manada, no ha habido más asesinatos ni desapariciones.

No era una pregunta, pero la contestó igualmente.

—No.

—Creo que puedes ser la llave del misterio de Rodolphus.

Harry no pudo reprimir un gesto de confusión.

—¿Yo? ¿Rodolphus necesitaba un nuevo felpudo?

Severus se puso en pie tan bruscamente que la silla cayó al suelo, y, al mismo tiempo, levantó a Harry de su silla. Había creído que estaba acostumbrado a la rapidez y fuerza de los lobos, pero aquello lo dejó sin palabras.

Mientras seguía paralizado por la sorpresa, Severus merodeó a su alrededor, hasta que se detuvo frente a él y le dio un beso largo, oscuro e intenso que lo dejó de nuevo sin respiración.

—Rodolphus te encontró y decidió que te necesitaba —dijo Severus—. Envió a Fenrir porque los otros lobos se hubieran dado cuenta de lo que eras. Lo hubieran sabido incluso antes de la Transformación. Así que envió a un lobo medio loco, porque ningún otro hubiera sido capaz de atacarte.

Harry se apartó ofendido. Aunque lo hizo sentirse especial, Harry sabía que estaba mintiendo. Parecía que estuviera diciendo la verdad, pero no era tonto. No lo era en absoluto. Durante tres años había sido menos que nada. Hoy lo había hecho sentir alguien especial, pero Harry sabía la verdad.

Cuando sus manos se posaron en sus hombros, notó que eran firmes y que no admitían resistencia.

—Déjame decirte algo sobre los lobos Omega, Harry. Mírame.

Harry reprimió las lágrimas e incapaz de desobedecer su orden, le miró.

—Es prácticamente imposible —dijo él y lo sacudió suavemente—. Trabajo con números y porcentajes constantemente, Harry. Tal vez no pueda calcular la cifra exacta, pero te diré que las posibilidades de que Fenrir te escogiera para Transformarte por mera casualidad son casi nulas. Ningún hombre lobo atacaría a un Omega solo por instinto. Y Fenrir me parece un lobo que solo actúa por instinto.

—¿Por qué no? ¿Por qué no me hubiera atacado? ¿Qué es un Omega?

Evidentemente era la pregunta correcta, porque Severus se calmó.

—Eres un Omega, Harry. Apuesto a que cuando entras en una habitación, la gente se acerca a ti. Apuesto también a que los desconocidos te confiesan cosas que nunca les dirían ni a sus propias madres.

Harry le miró incrédulo.

—Tú mismo viste a Fenrir esta mañana. ¿Te pareció que estaba calmado?

—Vi a Fenrir —añadió Severus con calma—, y creo que en cualquiera otra manada habría sido eliminado poco después de su Transformación. Su control no es suficientemente bueno. No sé por qué no lo han hecho, pero creo que tú le ayudas a controlar a su lobo, y que por eso te odia.

Tras un instante, añadió:

—No deberías tener el rango más bajo de la manada.

Sus manos se deslizaron desde sus hombros hasta sus manos. Por alguna razón, aquel gesto fue más íntimo que el beso.

—Un lobo Omega es como un chamán, está fuera de las jerarquías normales de la manada. Tuvieron que enseñarte a bajar la mirada, ¿no? Estas cosas son instintivas para los lobos sumisos. Tú lo has aprendido a la fuerza.

Severus continuó con sus ojos clavados en los de él:

—Traes paz a todos los que te rodean, Harry. Un hombre lobo, especialmente uno dominante, está siempre al borde de la violencia. Tras haberme pasado varias horas en el avión con toda aquella gente, llegué al aeropuerto deseando una masacre como un yonqui desea su próxima dosis. Pero cuando te acercaste a mí, la ira y el deseo desaparecieron.

Severus apretó sus manos.

—Eres un regalo, Harry. Un lobo Omega en la manada significa que más lobos sobreviven a la Transformación porque pueden controlar a su lobo más fácilmente contigo a su lado. Eso significa que perdemos menos machos por las estúpidas luchas de dominantes, porque un Omega trae la calma a todos los que le rodean.

Pero algo fallaba en su argumento.

—Y, entonces, ¿qué te ha pasado antes? ¿Cuándo estabas tan enfadado que casi te transformas?

Algo cruzó el rostro de Severus, una emoción que no supo reconocer pero que sabía que era intensa.

Habló con un gran esfuerzo, como si tuviera la garganta agarrotada.

—La mayoría de los hombres lobo encuentran a alguien a quien aman, se casan y pasan mucho tiempo con el otro antes de que su lobo la o lo acepte como su pareja.

Severus dejó de mirarlo, cruzó la habitación y le dio la espalda.

Sin el calor de su cuerpo, se sintió frío y solo. Asustado.

—Algunas veces no ocurre de esa forma —dijo Severus mirando la pared—. Por ahora dejémoslo así, Harry. Ya has tenido bastante por hoy.

—Estoy harto de ser un ignorante —soltó Harry muy molesto—. Has roto todos mis esquemas, así que quiero que me cuentes ahora mismo todas las dichosas reglas.

La ira desapareció con la misma facilidad con la que había apareció, dejándolo al borde de las lágrimas.

Severus dio media vuelta y sus ojos se tornaron dorados, brillantes pese a la tenue luz de la habitación.

—Bien. Tendrías que haberlo dejado, pero quieres la verdad. —Aunque no subió el tono de voz, esta rugió como un trueno—. Mi hermano lobo te ha escogido como pareja. Si no significaras nada para mí, no me habría afectado el abuso que has sufrido desde tu Transformación. Pero eres mío, y la mera idea de que te hieran y no poder hacer nada hace surgir en mí una ira que ni un Omega puede calmar.

Vaya, pensó asombrado. Sabía que estaba interesado en él pero había pensado que era por casualidad. Rodolphus era el único lobo que conocía con pareja. No sabía nada de las reglas. ¿Qué quería decir con que su lobo había decidido que era su pareja? ¿Tenía elección en aquel asunto? ¿Era Severus el responsable de excitarlo sin pretenderlo y de hacerlo sentir de aquel modo, como si se conocieran de toda la vida?

—Si me hubieras dejado —dijo él—, te habría cortejado dulcemente hasta conquistar tu corazón.

Severus cerró los ojos.

—No quería asustarte —añadió.

Harry tendría que haber estado completamente aterrorizado. En cambio, pese a encontrarse en el ojo de un huracán de emociones, se sintió muy relajado.

—No me gusta el sexo —dijo Harry, considerando que era algo que tenía que saber dadas las circunstancias.

Severus se atragantó y abrió los ojos, los cuales adquirieron, de nuevo, un aspecto humano.

—No es que me atrajera mucho antes de la Transformación —dijo Harry claramente—. Y después de que me usaran como a una puta durante un año, hasta que intervino Bellatrix, me gusta aún menos.

Severus apretó los labios pero no dijo nada, de modo que Harry prosiguió:

—Y nunca más volverán a abusar de mí.

Se subió las mangas de la camisa y le mostró las largas cicatrices en la parte interior del brazo, desde la muñeca hasta el codo. Se las había hecho con un cuchillo de plata y, si Bellatrix no lo hubiera encontrado, habría muerto.

—Gracias a esto, Bellatrix convenció a Rodolphus para que dejara de usarme como recompensa para sus machos. Me encontró y me salvó la viva. Poco después, me compré un arma y balas de plata.

Severus gruñó suavemente, pero no a él; lo sabía perfectamente.

—No estoy amenazando con suicidarme, pero has de saberlo porque, si quieres ser mi pareja, no seré como Rodolphus. No dejaré que te acuestes con otras. Pero tampoco permitiré que abusen de mí. Ya he tenido suficiente. Si eso me convierte en el perro del hortelano, que así sea. Pero, si soy tuyo, entonces tú también serás mío.

—¿El perro del hortelano? —dijo Severus suspirando con una media sonrisa.

Volvió a cerrar los ojos y dijo en un tono razonable:

—Me sorprendería si Rodolphus consiguiera llegar vivo hasta mañana. También me sorprendería si logró sobrevivir a ti —Y mirándolo fijamente, añadió— Has de saber que hay muy pocas cosas que me sorprendan.

Recogió la silla del suelo y la puso en su sitio. A continuación, se detuvo frente a Harry, le acarició la barbilla suavemente y se puso a reír. Aun sonriendo, le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y le musitó:

—Te prometo que conmigo disfrutarás del sexo.

Harry se esforzó por no caer al suelo. No estaba preparado para caer a sus pies. Todavía no.

—Bellatrix dijo que eras un buen amante.

Severus volvió a reír.

—No hay razones para que estés celoso. El sexo con Bellatrix no significó nada para mí y creo que menos para ella. No tiene ningún sentido intentarlo de nuevo.

Se oyeron susurros al otro lado del reservado y Severus le cogió de la mano.

—Es el momento de irnos.

Al entregarle la tarjeta de crédito, Severus le regaló unos cuantos cumplidos a un hombre de aspecto joven que le hablaba de usted y que olía a hombre lobo. Harry supuso que era el dueño del restaurante.

—¿Dónde quieres ir ahora? —preguntó Harry mientras salían del restaurante a la concurrida calle.

Se estaba acabando de poner la chaqueta cuando se apartó de una mujer con tacones que llevaba una maleta de piel.

—A algún sitio con menos gente.

—Podemos ir al zoológico —sugirió Harry—. Por estas fechas hay muy poca gente, aunque los niños tienen vacaciones por Acción de Gracias.

Severus empezó a hablar cuándo algo en un escaparate captó su atención. Agarró a Harry y lo tiró al suelo, cubriéndolo con su cuerpo. Se oyó una fuerte detonación, como el estallido de un tubo de escape, y Severus se sacudió una sola vez. Después se quedó inmóvil.

Bien hasta aqui el dia de hoy. Cuando leíla historia desde un principio vi a Severus con Harry. La personalidad de cada uno me encantóy dije deben ser ellos.

Hubo alguien que me dijo que si le pondria un poco de mi toque a la historia, y si le pondréalgo extra pero en un principio no se vera, la historia se adapta tan bien a los personajes de Harry Potter que dificilmente podre meter cosas nuevas.

Dejen un lindo review para saber si les gusto o no.