Disclaimer la historia como los personajes no me pertenecen, estos son de sus respectivas autoras Patricia Briggs y JK Rowling.
ADVERTENCIA: esta historia tendrá contenido yaoi (boyxboy) la pareja principal es SeverusxHarry. Es un mundo sin magia ni hechizos conocidos.
Esta historia es una adaptación de la obra Alfa y Omega de Patricia Briggs con los personajes de Harry Potter, espero les guste.
Resumen:
En Chicago, Harry Potter es un hombre lobo sumiso que trabaja como camarero para poder sobrevivir cuando una inesperada noticia hace que tome una decisión que cambiará su vida. Entretanto, el líder de los licántropos envía a su hijo, Severus, a la ciudad del viento para que investigue ciertos posibles problemas que han surgido. Severus descubre secretos que giran alrededor de Harry, ¿Qué pasara con las chispas que saltan cuando se conocen Severus y Harry?
Capítulo 8Harry se había quedado petrificado ante las revelaciones de Rodolphus, pero aquello no le impidió reaccionar cuando este inició el ataque. No pudo contener su instinto de proteger a Severus y se abalanzó hacia donde estaban. De repente, y pese a su feroz resistencia, un par de fuertes manos lo agarraron del cuello y lo arrastraron hacia atrás.
— Quieto aquí —la voz de Evan sonó como un estruendo—. Tranquilo. Esta no es tu lucha.
Aquella voz, a la que estaba acostumbrado a obedecer, lo calmó y le dio la posibilidad de pensar. También ayudó el hecho de que Severus evitara el primer ataque de Rodolphus con un mínimo movimiento de sus hombros.
Los otros lobos se habían puesto de pie y podía distinguir cómo Fenrir repetía insistentemente:
—Mátalo, mátalo.
No supo decidir a qué lobo se refería. Fenrir odiaba a Rodolphus por el control que ejercía sobre él y por ser la pareja de Bellatrix. Tal vez no le importaba cuál de los dos muriese.
Rodolphus lanzó tres puñetazos seguidos, pero todos fallidos. El tercero, en el que puso todo su empeño, casi le hizo perder el equilibrio y dio un torpe paso hacia delante. Severus aprovechó la ocasión para acortar la distancia entre ambos y, con un movimiento que Harry fue incapaz de percibir, golpeó al Alfa en el hombro, dejándolo gruñendo de ira y dolor.
Todo lo que pasó después fue tan rápido que Harry no fue capaz de precisar el orden en que se produjo.
Hubo dos disparos seguidos. Evan dejó de sujetar a Harry mientras maldecía y Bellatrix soltó una frenética y excitada carcajada. Con una sola mirada, Harry supo lo que había ocurrido. Bellatrix sostenía una pistola mientras observaba la lucha, esperando una oportunidad para disparar a Severus. Harry se deshizo de Evan y cruzó la habitación a toda velocidad. Desde la chimenea, Bellatrix miró a Harry directamente a los ojos y dijo bruscamente:
—Detente, Harry.
Estaba tan convencida de que Harry obedecería que ni siquiera se aseguró de que este la hubiera oído, volviendo a dirigir toda su atención a la lucha entre Rodolphus y Severus. Aunque Harry sintió la fuerza de la orden que le había dado Bellatrix, la ignoró. Se impulsó con las patas traseras y se abalanzó sobre ella. Mordió ferozmente el brazo de Bellatrix sintiendo el chasquido del hueso, satisfaciendo así la ira de su lobo. La fuerza de su salto precipitó a Bellatrix de la repisa de casi dos metros de altura y ambos golpearon el suelo. Harry continuaba mordiendo el brazo que sostenía el arma.
Harry se agachó esperando que Bellatrix hiciera algo, pero esta no se movió. Alguien se acercó por detrás y Harry le gruñó amenazadoramente.
—Tranquilo —dijo Evan con una voz serena que al menos consiguió que Harry le escuchara.
Puso las manos sobre la espalda de Harry y este gruñó aún más fuerte. Pero Evan no le prestaba atención; estaba mirando a Bellatrix.
—Está muerta —dijo—. Se lo merecía, por olvidar que no eres un lobo sumiso que debe obedecer sus órdenes. Déjala, Harry. Le has roto la cabeza contra la chimenea. Ya está.
Cuando Harry la soltó a regañadientes, Evan se aseguró de que Bellatrix no volviera a levantarse partiéndole el cuello. A continuación, recogió el arma del suelo.
Mirando fijamente el cuerpo destrozado de Bellatrix, Harry empezó a temblar. Levantó una pata dudando de si debía acercarse o alejarse. Una silla la golpeó de repente y aquello le hizo recordar que todavía había una lucha pendiente y que Bellatrix había disparado a Severus dos veces.
Si Severus estaba herido, no lo demostraba. Estaba tan fresco como al principio. En cambio, Rodolphus se tambaleaba con un brazo inservible. Severus se situó detrás de él, le golpeó en el cuello con el borde de la mano y Rodolphus se desplomó como una cometa cuando el viento deja de soplar.
Todos los lobos presentes, excepto Harry, soltaron un suave aullido, llorando la muerte de su Alfa. Ignorándolos, Severus se arrodilló junto a Rodolphus y, tal y como Evan había hecho con Bellatrix, se aseguró de que el cuello estaba realmente roto. Severus permaneció inmóvil, con si fuera un hombre proponiendo matrimonio. Inclinó la cabeza y le cerró los ojos al difunto.
Fenrir se movió tan rápido que Harry no tuvo oportunidad de avisar a Severus. De hecho, ni siquiera se había dado cuenta de que Fenrir se había transformado. Golpeó a Severus como un ariete y este cayó al suelo debajo de Fenrir. Pero, aunque Harry se había quedado inmóvil, Evan no. Disparó a Fenrir en el ojo en cuanto este golpeó a Severus. Todo había terminado.
Evan apartó el cuerpo inerte de Fenrir de encima de Severus. Harry no recordaba haberse movido, pero se encontró sobre Severus mientras no dejaba de gruñir a Evan. Este retrocedió lentamente, con las manos extendidas y la pistola en el cinto. Cuando Evan dejó de ser una amenaza, Harry centró su atención en Severus, que estaba tendido en el suelo, boca abajo, cubierto de sangre. La nariz de Harry le decía que parte de la sangre era de Fenrir.
Por lo menos, uno de los disparos de Bellatrix le había alcanzado. Podía ver el agujero sangriento en su espalda. En su forma de lobo no podía ayudarlo y necesitaba demasiado tiempo para transformarse. Miró por encima del hombro a Evan, quien se encogió de hombros y dijo:
—No puedo ayudarle si no me dejas acercarme.
Lo miró fijamente, desafiándole con la mirada como nunca había hecho antes. A Evan no pareció importarle. Esperó a que se decidiera. Su lobo no se fiaba de nadie cuando se trataba de su pareja, pero no tenía otra opción.
Se apartó de Severus dejando espacio a Evan, pero no pudo evitar gruñirle cuando lo puso boca arriba para examinar las heridas. Evan encontró el segundo balazo en la pantorrilla izquierda. Se quitó la chaqueta del traje y desgarró su camisa de seda, esparciendo los botones por todo el suelo. Hizo jirones la camisa y, mientras vendaba a Severus con mano experta, empezó a dar órdenes.
—Holden, llama al resto de la manada, empezando por Rabastan. Dile que traiga todo lo necesario para curar heridas de plata y que hay orificio de salida. Cuando acabes, llama al Marrok y explícale lo que ha pasado. Encontrarás su número en la agenda de Bellatrix, en el cajón que hay en la cocina, debajo del teléfono.
Harry aulló. Le habían alcanzado los dos disparos de Bellatrix.
—No morirá —le dijo Evan atando los últimos vendajes. Echó un vistazo a la habitación y maldijo—. Este lugar parece la escena final de Hamlet. Gardner, tú y Simón empezad a limpiar este desastre. Vamos a llevar a Severus a un sitio más tranquilo. No estará muy contento cuando despierte y toda esta sangre no ayudará mucho.
Evan cogió a Severus en brazos y lo llevó a otra habitación. Harry le siguió.
De nuevo en forma humana, Harry reposaba en la cama junto a Severus. Había venido Rabastan, quien era médico además de hombre lobo, y había sustituido los vendajes provisionales por otros esterilizados; después se había marchado. Le comunicó a Harry que Severus estaba inconsciente por la pérdida de sangre. Evan entró en la habitación poco después y le aconsejó que dejara a Severus solo antes de que despertara. La habitación estaba reforzada para resistir las embestidas de un lobo rabioso; Harry no.
No discutieron cuando Harry se negó. Cuando salió de la habitación, Evan la cerró con llave. En cuanto Harry estuvo seguro de que se había marchado, se cambió. La mayor parte de la ropa que había en el viejo armario era de talla única. Encontró una camiseta y unos tejanos que no le quedaban demasiado mal.
Severus no se dio cuenta cuando regresó a la cama. Harry colocó la cabeza junto a la de él y escuchó su respiración.
No se despertó tranquilo. Estaba descansando mansamente y, de repente, se levantó sobresaltado. Harry no lo había visto nunca transformarse y, aunque sabía que lo hacía increíblemente rápido, ignoraba que fuese tan hermoso. Empezó por los pies y, como una manta de pelaje rojizo, la transformación recorrió todo su cuerpo, dejando a un abominable y airado hombre lobo que sangraba a través de los vendajes.
Los brillantes ojos dorados observaron la habitación: primero la puerta cerrada, después los barrotes en la ventana y finalmente a Harry. Él estaba estirado, muy quieto, permitiéndole que absorbiera el ambiente y comprendiera que no había ninguna amenaza. Cuando lo miró por segunda vez, Harry se incorporó y le examinó los vendajes. Severus gruñó y, entonces, le acarició el hocico.
—Has perdido mucha sangre. Los vendajes no te harán parecer más débil que si estuvieras sangrando por todas partes. Al menos así no arruinarás la alfombra.
Cuando terminó, le acarició el cuello y acercó su cabeza a la de él.
—Pensaba que te había perdido.
Permaneció un instante junto a Harry y después se dirigió hacia la puerta.
—Está cerrada con llave —dijo Harry bajando de la cama y dirigiéndose hacia él.
Le dirigió una mirada paciente.
Se oyó un ruido sordo y un hombre delgado de aspecto corriente que parecía tener poco más de veinte años abrió la puerta. Se arrodilló y observó a Severus detenidamente antes de fijarse en Harry. La fuerza que transmitían sus ojos la dejó sin respiración, de modo que no se sorprendió cuando reconoció su voz.
—Te han disparado tres veces en un día —murmuró el Marrok—. Creo que Chicago ha sido más duro de lo normal, hijo. Será mejor que te lleve a casa, ¿no crees?
Harry no sabía qué decir, de modo que no dijo nada. Apoyó una mano en la espalda de Severus y tragó saliva.
Severus miró a su padre.
—¿Se lo has preguntado? —dijo el Marrok dirigiéndose a Severus.
Este emitió un suave gruñido. El Marrok se rió y se puso en pie.
—No pasa nada, ya lo haré yo. ¿Eres Harry?
Aquello no era exactamente una pregunta. Su garganta estaba demasiado seca para contestar. Decidió asentir.
—A mi hijo le gustaría que vinieras con nosotros a Escocia. Te aseguro que si hay alguna cosa que te incomode, me encargaré personalmente de que puedas instalarte en cualquier otro sitio donde te sientas mejor.
Severus gruñó y Tobías levantó una ceja mientras miraba a su hijo.
-Soy el Marrok, Severus. Si el chico quiere ir a otro sitio, he de dejarlo.
Harry se apoyó en la cadera de Severus y dijo:
—Creo que me gustaría conocer Escocia.
Fin de la primera parte.
Se puede decir que este es el origen de la historia, así que viene algo mejor estén atentos.
