situado entre "ring of fired" y "blood in the water"
Sniper miró los papeles que descansaban sobre el asiento del copiloto antes de encender el motor de su caravana y partir. Un sobre abierto, un boleto de avión a Australia, un par de documentos en los que podía leerse a simple vista las frases "historial clínico" e "informe policial". Miss Pauling les había notificado el despido y comunicado la fecha en la que debían abandonar la base, pero él no esperaba que la chica le pidiera un momento en privado para entregarle aquellas cosas. En cierto modo se lo agradecía, aunque no dejaba de molestarle que la administración supiera tanto de sus vidas. En fin, mientras más rápido volviera a casa mejor.
Ya en el avión el australiano se dio la oportunidad de pensar con más calma y revisar detenidamente los papeles. Tras cada palabra leída el pecho parecía comprimírsele más y más. Fuga en el líquido de frenos, vehículo estrellado, lesiones severas. La última frase pareció retumbarle un momento en la cabeza. Meditó un momento antes de ojear los informes médicos. Heridas múltiples, cantidad de hematomas. El segundo parecía más grave. Heridas múltiples, traumatismo craneal, fecha y hora de defunción… Sniper trago saliva antes de continuar, como tratando de quitarse un mal sabor de boca. 17 de agosto; 4:35 pm… No se detuvo a leer las especificaciones, con eso le bastaba. Dejó los documentos dentro del sobre nuevamente e inclinó la cabeza contra el respaldo. Se quitó las gafas antes de respirar profundo. El viaje seria largo, muy largo.
La sala de espera del hospital estaba casi vacía, y se habría sumido en el más absoluto de los silencios de no ser por las únicas dos mujeres que había y que charlaban a un lado del pasillo. En el otro extremo del lugar el francotirador parecía presa de su nerviosismo y así lo demostraba al arrugar repetidamente el sobre entre sus manos. Se sentó en una de las sillas que daban contra la pared y sacó una fotografía de su bolsillo. La misma que la administradora le había mandado hace un tiempo junto algunas imágenes de su casa y que había tenido el cuidado de esconder antes de que fuera eliminada. En ella podía apreciar la expresión severa de su padre que otrora lo hubiera exasperado como siempre. A un lado de él se encontraba su madre, con esa sonrisa cálida y ese halo de cariño que el tanto amaba. Por un momento se sintió culpable. Ojala hubiera podido verla sonreír por última vez. La voz del médico lo sacó de sus pensamientos.
- ¿Mike Mundy?
Sniper se levantó.
-El golpe fue severo y no podemos asegurarle que sobreviva. Está despierto pero suele divagar, creemos que es por la falta de sangre. Si quiere puede verlo, pero le advertimos que no suele permanecer lucido.
El australiano asintió con la cabeza y el médico se hizo a un lado para dejarlo entrar en la habitación. Sniper cerró la puerta tras de sí y se acercó lentamente a la cama donde descansaba su padre. Al francotirador le costó creer que ese hombre fuera el que conocía. Tenía una expresión permanente de dolor en el rostro y estaba considerablemente más delgado, ni siquiera parecía capaz de gritarle a través del teléfono como solía hacer cada vez que llamaba. El anciano volteó la cabeza con lentitud y esbozó una pequeña sonrisa. El australiano jamás pensó que le costaría tanto articular aquellas palabras.
-Hola papá.- su voz era casi un murmullo.
- Pensé que no vendrías. Como siempre estas ocupado con eso de las armas y el trabajo y tal…
El viejo hizo una pequeña mueca de disgusto y sniper no pudo evitar sonreír. Seguía siendo el mismo de siempre.
-Claro que iba a venir, no te dejaría solo.
El señor Mundy rio un poco antes de tragar saliva trabajosamente y volver a hablar.
-Si claro, te conozco. Siempre con los rifles. No me sorprendería que te olvidaras de mí… Tienes potencial para otras cosas. ¿Sabes? Como… ah… el saxofón. Tocas muy bien el saxofón.
Sniper planeaba responder pero el anciano lo interrumpió nuevamente.
-Nunca esperé que te convirtieras en un loco de las armas. Te imaginaba de ingeniero, profesor o lo que fuera, pero no como un loco de las armas.- una mirada triste escapó de los ojos del señor Mundy.
-Papá yo… ya no trabajo para MANN. Yo… Me des… Renuncie, si. Presenté mi renuncia la semana pasada.
Los ojos del anciano se abrieron como platos y una sonrisa de satisfacción se dibujo en sus labios resecos. El francotirador sabia que hacia mal en mentirle a su padre, pero prefería dejarlo así. Al menos su viejo moriría feliz.
Una enfermera interrumpió el momento para avisar que el horario de visitas había terminado. Sniper se despidió de su padre con un cálido abrazo. Uno que hace mucho tiempo que no se daban. Antes de abrir la puerta el señor Mundy habló por última vez a su hijo.
-¿Recuerdas la vez en que mataste a ese cocodrilo a machetazos?
Sniper volteo con una sonrisa. - Cuando tenía 18. Tú y mamá pusieron el grito en el cielo.
-sí, pero sabes… jamás me había sentido tan orgulloso. Jeje, supongo… supongo que siempre estuve orgulloso de ti… en cierta forma. Hay que tener mucho coraje para hacer lo que hacías.
La expresión divertida en su rostro cambio a una de melancolía. El australiano sonrió un poco antes de dirigirse a su padre.
-Gracias papá.
Cerró la puerta de la habitación y caminó lentamente fuera del hospital. No estaba seguro si su padre hablaba enserio, mentía o simplemente era producto de su estado clínico, pero no le importaba, de alguna forma era feliz con eso.
Sniper condujo a través del desierto con total parsimonia. El traslado de su camper desde Estados Unidos le había costado bastante pero en esta ocasión era necesario, no tenía planeado volver a América y no iba a irse sin su carcacha. El dinero que había ganado trabajando para MANN era suficiente para comprar otro vehículo nuevo, más moderno y espacioso, pero él había preferido quedarse con su caravana, mas por un capricho que por real conveniencia.
El viaje de vuelta fue largo. No debido a un gran trayecto sino a la calma con que el francotirador recorría el lugar. Hacía años que no frecuentaba aquel paramo y tenía la intención de apreciar hasta el más mínimo detalle. Casi al anochecer llegó a casa. Su casa. Se dio un momento para apreciar la edificación. ¿Cuántos años habían pasado? ¿3 o 4 tal vez? El ritmo de la batalla entre BLU y RED le había hecho perder la cuenta hace tiempo. Sniper abrió la puerta despacio, como temiendo que fuera a romperse. El interior de la casa estaba a oscuras. Cenizas en la chimenea y una taza de té a medias sobre la mesita de centro, tal y como lo habían dejado. "tal y como lo dejé" pensó el australiano, pues el lugar no parecía haber cambiado en lo mas mínimo desde que se fue. Aquel pensamiento le pesó un poco. Tal vez había hecho mal en abandonar a sus padres durante tanto tiempo, tal vez hubiera podido venir a verlos una sola vez. Suspiró. Ya no había vuelta atrás. Su madre ya no estaba y de su padre… no podía asegurarse nada en realidad.
Decidió despejar su mente tratando de limpiar un poco. Ocuparse en otra cosa no le ofrecería ningún consuelo pero el menos le serviría para olvidar por un rato. La casa no estaba asquerosa pero si se notaba que estaba deshabitada desde hace unos cuantos días. Después de abrir las persianas y contemplar nuevamente el salón principal el francotirador tomó un par de cajas que había apiladas en una esquina y se dispuso a llevarlas al granero.
Bien entrada la noche y después de guardar una serie de objetos que él consideraba inútiles, sniper se dedicó a recorrer los pasillos de la casa. Ya no corriendo y gritando como cuando era un niño, pero si contemplando esos recuerdos. Todo en ese lugar parecía haberse congelado en el tiempo, como si no hubiera pasado ni un año, como si nunca hubiera abandonado la casa.
Aun recordaba el día en que partió a América. Había firmado el contrato a escondidas y no había dicho nada hasta el último momento. Su madre no había podido contener el llanto y su padre le había lanzado el rifle por la cabeza mientras gritaba una retahíla de insultos. Después de discutir un par de minutos había abandonado el hogar sin siquiera decir adiós, consolándose con la idea de que debía irse de todas formas, pues la policía australiana le pisaba los talones después de que aquel imbécil que no había querido pagarle lo delatara, eso sí, el muy cabron no volvería a caminar.
Cuando volvió de su letargo se encontraba frente a la habitación de sus padres. Una pequeña caja que descansaba sobre la mesita de noche y que nunca había visto antes le llamó la atención. La capa de polvo que la cubría indicaba que había estado escondida durante mucho tiempo y que, a juzgar por las marcas de dedos sobre la tapa, había sido abierta hace muy poco.
Un par de fotos de su niñez y unos cuantos papeles, nada interesante…excepto por una cosa.
Sniper tomó el folio y lo leyó una y otra vez, casi hasta aprenderse su contenido. Trataba de procesar la información cuando el teléfono sonó. Un par de palabras a través del auricular bastaron para quebrar lo poco que quedaba dentro de el y sembrar la duda permanente en su corazón.
No supo que le dolió mas, si el certificado de adopción o la muerte de su padre.
