A un lado está el codiciador. Al frente la mujer. El vestido azul ondea suavemente al viento y ella sonríe. El acaricia su mejilla y deposita un beso dulce en sus labios de caramelo. Ríen.

En la cuadra del frente está el espía, otrora su amante. Se queda en silencio, no desactiva la invisibilidad, no hace nada, solo observa. Ve sonreír una última vez al amor de su vida. Gira sobre sí mismo e inicia el camino de vuelta.

Ella no lo ha notado. El nunca estuvo ahí.


La base de RED está en silencio. Dentro de la habitación de Spy hay una carta. No tiene remitente, no se sabe cómo llegó pero está ahí y el francés no necesita más información. Sabe quien la ha escrito, sabe de dónde viene y sabe lo que significa. Abre su pitillera dándose tiempo para pensar. En la carta, en ella, en el, en el "nosotros" que nunca existió.

¿Cuántas veces fue a verla después de su despedida? ¿5? ¿6? Demasiado poco para tantos años. La rutina era la misma. El llegaría sin avisar, de repente. Ella lo recibiría con una sonrisa melancólica y un amor quebrado. Se querían, pero la distancia y el tiempo podían más. Harían el amor, hablarían. Estarían juntos por un máximo de 12 horas y el volvería a marcharse. Ella le rogaría con la mirada en un esfuerzo inútil por permanecer juntos.

Aquella vez fue distinta. Por fin había sucedido. Ella sonreía nuevamente, como la primera vez que se vieron. El permanecía quieto, tratando de afrontar la realidad para la que se había preparado tantas veces y que de todas maneras le había pillado por sorpresa.

Era el momento de dejarla ir.

Spy abre el sobre. Dentro hay una fotografía descolorida. En el reverso puede leerse una lista con todas las identidades falsas que el francés adoptó mientras estuvieron juntos. El espía enciende un cigarrillo y observa. El único retrato. El único indicio. La única evidencia de que alguna vez estuvieron juntos.

Da una calada lenta y pausada. Acerca el cigarrillo y ve como la pareja se convierte en cenizas. Antes de que se consuma, el francés observa por última vez su rostro, como tratando de retener algo de la mujer amada.


Es media noche en Boston y la madre de scout descansa en brazos del codiciador. La carta ha sido enviada. La mujer abraza a su amante tratando de centrarse en el futuro, tratando de confiar en un nuevo amor, tratando de olvidar los fugaces brazos de Spy.