Disclaimer la historia como los personajes no me pertenecen, estos son de sus respectivas autoras Patricia Briggs y JK Rowling.

ADVERTENCIA: esta historia tendrá contenido yaoi (boyxboy) la pareja principal es SeverusxHarry. Es un mundo sin magia ni hechizos conocidos.

Esta historia es una adaptación de la obra Alfa y Omega de Patricia Briggs con los personajes de Harry Potter, espero les guste.

Resumen:

Nunca tuve miedo de los monstruos, hasta que me convertí en uno. Ahora tengo miedo hasta de mi sombra.

Harry desconocía la existencia de licántropos, vampiros u otras criaturas hasta que él mismo se convirtió en uno. Tras sobrevivir a un brutal ataque, Harry descubre que se ha transformado en un hombre lobo. Durante tres años se ve obligado a soportar los continuos abusos a los que es sometido por los miembros de su manada y a subsistir como un lobo sumiso, el último escalafón de la jerarquía de los licántropos. Sin embargo, gracias a la intervención de uno de los Alfa más poderosos del país, Harry descubrirá que en realidad es un Omega, lo que lo convierte en uno de los seres más extraños del grupo. El Alfa no tardará en reclamarlo como suyo... en todos los sentidos.

Capítulo 5

Harry recorrió metódicamente los cajones: Severus iba a despertar hambriento. Por suerte, tenía la casa abastecida para un asedio. Pensó en preparar un plato italiano —se le daba bastante bien la cocina italiana— pero no sabía si a Severus le gustaba. Un estofado le pareció la mejor opción.

El arcón de congelados del sótano estaba lleno de carne envuelta en papel transparente y perfectamente etiquetada. Subió a la cocina con un paquete de carne de alce para estofar y la dejó en la encimera para que se descongelara. Pese a que nunca había comido carne de alce, supuso que carne de estofado era siempre carne de estofado.

En la nevera encontró zanahorias, cebollas y apio. Ahora lo único que le faltaba eran las patatas. No había en la nevera, ni bajo la encimera; ni sobre la nevera o bajo el fregadero.

Alguien tan meticuloso como Severus debía de tener patatas en algún lugar. A menos que no le gustaran. Estaba inclinado con la cabeza en un cajón inferior, cantando en voz baja «dónde, oh, dónde están mis pequeñas patatas», cuando el sonido de un móvil le hizo levantar la cabeza repentinamente y golpeársela con el borde de la encimera.

EI teléfono estaba en el dormitorio, de modo que esperó a que Severus lo cogiera mientras se frotaba la cabeza, pero continuó sonando.

Hizo un encogimiento mental de hombros e intentó encontrar las patatas con ayuda de su olfato: Severus le había dicho que no utilizaba lo suficiente su nariz. Pero si había patatas en la cocina, su aroma quedaría camuflado por las especias y la fruta.

El teléfono colgado en la pared empezó a sonar. Era un viejo aparato de dial rotatorio fabricado medio siglo antes de la invención del reconocimiento de llamadas. Se quedó mirándolo con creciente frustración. Aquella no era su casa. Tras el décimo tono se decidió a descolgar.

—¿Hola?

—¿Harry? Dile a Severus que se ponga, por favor. —No cabía duda de quién era: Tobías.

Dirigió una rápida mirada a la puerta del dormitorio con el ceño fruncido. Si todo aquel ruido no le había despertado aún, significaba que necesitaba descansar.

—Está dormido. ¿Quieres que le dé algún mensaje?

—Me temo que eso no me sirve. Por favor, despiértale y dile que necesito hablar con él.

Era una orden. El «por favor», pensó, era solo una muestra de cortesía.

De modo que dejó el auricular colgando y fue a despertar a Severus. Antes de llegar a la puerta, esta se abrió. Se había vestido con unos pantalones téjanos y una sudadera.

—¿Es papá? —le preguntó.

Cuando Harry asintió, Severus pasó rápidamente por su lado y cogió el teléfono.

—¿Qué necesitas?

—Tenemos un problema —Harry oyó que decía Tobías—. Te necesito... y trae también a Harry. Tan rápido como podáis.

Tobías necesitaba a Severus. Severus era su mano ejecutora, su asesino. Habitualmente ponía en peligro su vida por su padre. Harry iba a tener que acostumbrarse a aquello.

Harry se estaba poniendo la chaqueta cuando Severus colgó el teléfono. Regresó al dormitorio y volvió a salir de él con unos calcetines y unas botas en la mano.

—¿Puedes ayudarme con las botas? —le dijo—. Aún me cuesta agacharme.

Harry condujo el vehículo como alguien que no ha circulado nunca por una carretera congelada. Quizá no lo había hecho nunca. Pero aquella mañana lo había hecho mejor, y Severus no creía que la carretera estuviese en peores condiciones.

Evidentemente, fuera lo que fuese lo que lo inquietaba, continuaba allí. Podía oler su ansiedad, aunque no sabía qué hacer para remediarla.

Si sus costillas hubieran estado en mejores condiciones, él mismo se habría encargado de conducir, pero se conformó con indicarle la dirección que debía seguir. Cuando la furgoneta coleó al entrar en el sendero que llevaba a la casa de su padre y Severus se sujetó con más fuerza a la puerta, Harry redujo aún más la velocidad. Un todoterreno color verde tiza con distintivos del gobierno estaba aparcado junto a la puerta principal: Servicio Forestal. Fuera cual fuese la razón por la que su padre 1e había llamado debía de tener alguna relación con el lobo solitario de las Speysides. Tal vez había aparecido otro cuerpo.

Harry detuvo el vehículo detrás del todoterreno.

—¿Hueles eso? —le preguntó a Harry mientras este rodeaba la furgoneta hasta donde él la esperaba.

Harry inclinó la cabeza y reflexionó sobre lo que estaba oliendo.

—¿Sangre?

—Fresca —dijo él—, ¿Te molesta?

—No. ¿Debería?

—Si fueras como cualquier otro lobo, Omega, ahora mismo estarías hambriento.

Harry frunció el ceño y Severus respondió a su mirada:

—Sí, yo también. Pero soy lo suficientemente mayor para que no me incomode.

No se molestó en llamar a la puerta; su padre le habría oído llegar. Siguió el rastro de la sangre hasta el dormitorio de invitados.

Sirius había estado allí. Pese a no reconocer al hombre de mediana edad tumbado sobre la cama, reconoció la pulcra disposición de los vendajes. El hombre era tan humano como Charity Burbage, quien estaba sentada junto a la cama sosteniéndole la mano.

Charity levantó la cabeza. Severus vio el destello de pánico en su semblante pero no hizo nada por mitigarlo. Asustar a la gente formaba parte de lo que le convertía en un asesino tan eficaz. Además, hasta que no hablara con su padre y supiera qué estaba ocurriendo, nada de lo que pudiera decir aliviaría su dolor.

—¿Dónde está el Marrok? —preguntó.

—Te está esperando en su estudio —le dijo ella.

Dio un paso atrás e hizo ademán de irse, pero Charity dijo su nombre suavemente.

Y él se detuvo.

—Armando es un buen hombre —susurró Charity.

Severus miró por encima del hombro y vio que le estaba mirando fijamente. Podría haberle preguntado a qué se refería, pero antes quería hablar con su padre.

Aunque Harry no dijo nada, percibió por su creciente tensión que había captado parte del trasfondo. A menos que su instinto le engañara, tenía serias dudas sobre la supervivencia del amigo de Charity, Armando .

De modo que se limitó a asentir y se dirigió al estudio con Harry pegado a sus talones.

El fuego estaba encendido: una mala señal. Papá solo lo encendía cuando algo le preocupaba. Su padre estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo frente al hogar y con la vista fija en las llamas.

Severus se detuvo en el umbral pero Harry pasó junto a él y acercó las manos al fuego. Ninguno de los tres habló durante un rato.

Finalmente, Tobías suspiró, se puso en pie y caminó lentamente alrededor de Severus.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó cuándo volvió a situarse frente a él.

Le ardía la pierna, y aún estaba demasiado débil para poder correr. Pese a que no quería mentirle a su padre, tampoco le apetecía enumerar sus dolores y achaques.

—Mejor. ¿Qué necesitas?

Tobías se cruzó de brazos.

—Esta semana ya he matado a alguien contra mi voluntad; no quiero volver a hacerlo.

—¿Armando tiene que morir?

¿Quería su padre que lo hiciera él? Miró a Harry con cierta ansiedad mientras este se acercaba más al fuego y se encorvaba, dándole la espalda a ambos. Él tampoco quería matar a nadie más aquella semana.

Tobías se encogió de hombros.

—No. Si debe hacerse, yo me encargaré. Espero poder evitarlo. Es uno de los compañeros de Charity. Estaban trabajando en el bosque, haciendo un trabajo para los Servicios de Emergencia. Buscaban a otro cazador desaparecido cuando fueron atacados por un hombre lobo. No hay ninguna duda de lo que era. Charity lo vio claramente. Le disparó y lo espantó; ha estado llevando balas de plata desde que identificó al asesino del otro cazador. Me ha dicho que su amigo Armando hizo la conexión entre su atacante y el cazador muerto mientras perdía y recuperaba la conciencia de camino hacia aquí.

—¿Lo ha traído aquí porque se ha Transformado?

—Ella dice que podría haberlo hecho, pero Sirius no está de acuerdo. Los daños no son masivos, y no se cura lo suficientemente rápido. —Hizo uno de aquellos gestos que le salían tan bien; aquel decía: Soy solo un amateur, eso se lo dejo a los expertos—. Según parece, su problema tiene más que ver con la pérdida de sangre que con la herida en sí. Y nuestra Charity se arrepiente de haberlo traído desde que Sirius hizo su declaración.

—¿En qué estás pensando?

Severus no podía evitar pensar que Harry lo estaba escuchando todo. Una parte de él quería ocultárselo, protegerlo del lado desagradable de su vida. Sin embargo, se negaba a tener una relación con su pareja basada en medias verdades y secretos. Además, él ya sabía mucho sobre lo desagradable que podían llegar a ser ciertas cosas. Tobías se recostó en su silla y suspiró.

—Si un guarda forestal afirma que fue atacado por un hombre lobo, un hombre tan experimentado y respetado como Armando, la gente le creerá. Y, antes de ponerse poco comunicativa, Charity me dijo que Armando es un hombre sincero. Si cree que otros pueden correr peligro, difundirá la noticia tanto como pueda, por muy absurda que pueda parecer la verdad.

Severus sostuvo la mirada que le dirigió su padre. En otras circunstancias podrían dejarlo pasar. Si mataban al lobo problemático y no se producían más muertes, el incendio que pudiera provocar el guarda se consumiría por falta de combustible. No obstante, su padre creía que no tardarían mucho en salir a la luz pública. En cuestión de meses. No podían permitirse la mala publicidad.

Para ganar algo de tiempo y pensar si existía alguna salida a aquel dilema, Severus preguntó:

—¿Cómo consiguió sacarlo de allí?

Severus conocía las Speysides. En aquella época del año, la mayor parte de aquellas montañas solo podían recorrerse con raquetas o a cuatro patas. Charity no era una mujer lobo y, por tanto, no podía cargar con alguien que pesara más que ella.

—Llamó a su tío. Tag lo sacó de allí.

Ah. De modo que aquella era la razón por la que Tobías parecía meramente pensativo y no completamente encerrado en sí mismo, su estado habitual cuando debía resolver algún asunto desagradable.

Severus miró a su padre con una sonrisa de alivio.

—Vaya con la mocosa —dijo Severus. Aunque Charity tenía cuarenta y tres años, Severus la había visto nacer y aún la consideraba una niña pequeña, y, lo que era aún más importante, su imponente tío, Ignatius Prewett, también—. Así que si haces lo que deberías hacer y eliminas a este aparentemente respetable y responsable inocente, ¿te enfrentarías a un levantamiento?

Igna era extremadamente protector con aquellos que consideraba suyos, y el hecho de rescatar a aquel guarda, lo convertía automáticamente en suyo. Si Tobías decidía eliminar al guarda de Charity, tendría que recurrir a Igna para que lo llevara a cabo. Gracias a Dios.

Tobías emitió un suspiro que quería expresar que estaba siendo utilizado.

—Me sentiría más tranquilo si no tuviera que enviarte malherido a perseguir a un lobo solitario. Estoy bastante seguro de que si eliminamos la amenaza, y demostramos a Armando que su atacante era un criminal además de un monstruo, lo único que deseará será conservar la paz y la tranquilidad. Necesito a ese lobo muerto antes de que Armando se recupere y exija que le dejemos marchar.

—¿No puedes enviar a nadie más? —preguntó Harry en voz baja.

Tobías negó con la cabeza.

—Esto debe realizarse de forma rápida y silenciosa, y permanente. Severus es el único en quien puedo confiar para mantener a las autoridades humanas alejadas si las cosas se ponen feas. —Sonrió ligeramente—. Y sé que no se unirá al asesino en este carnaval de carne humana.

Severus observó a su padre brevemente: no podría haberlo expresado en menos palabras... ni de un modo más desesperado.

—No es probable que el lobo sea más dominante que yo, de modo que no podrá embaucarme ni reclutarme —le explicó a Harry—. Y si las cosas se ponen «feas», mi magia puede encubrir las pruebas. No soy tan bueno como una bruja de verdad, pero no creo que envíen a un grupo de forenses de primera clase a las montañas.

—Además, no existe ningún otro lobo en Aspen Springs que pueda enfrentarse a un asesino de estas características sin perder su rastro. —Tobías se dio la vuelta para mirar a Harry, quien seguía con la vista clavada en el fuego—. Matar a un ser sensible es mucho más adictivo que cazar conejos bajo la luz de la luna. Entre otras cosas, Dufftown es un santuario para los lobos problemáticos, o para quienes están en vías de serlo. Los lobos que podrían cazar a otro hombre lobo ya están lo suficientemente recuperados para regresar al mundo. Normalmente no los retengo más de lo necesario.

—¿De modo que todos los lobos de tu manada son psicóticos? —preguntó Harry.

Severus no supo si lo había dicho en broma o no. Tal vez, pensó, ahora que reflexionaba en ello con mayor detenimiento, no estaba tan lejos de la verdad.

Tobías echó la cabeza para atrás y estalló en carcajadas.

—En absoluto, querido. Pero no están preparados para esto. Si creyera estar poniendo la vida de Severus en peligro, enviaría a otro. Será incómodo, y complicado, pero no existe otro lobo en todo el país que conozca las Speysides tan bien como mi hijo. Y pese a estar herido, puede dominar a cualquier lobo que exista.

—¿Vas a enviarle solo?

Severus no reconoció nada en aquellas palabras, pero era evidente que su padre había intuido algo que le intrigaba.

—No necesariamente. —Y adoptó la expresión que solía utilizar cuando hallaba una solución satisfactoria a un problema que le había estado torturando. Severus tardó demasiado tiempo en comprender a lo que se referían y, cuando lo hizo, no pudo detenerle—. Puedes acompañarle.

—No —dijo Severus con autoridad, aunque también con la inquietante sensación de que era demasiado tarde. Tobías no le prestó la más mínima atención. —No será divertido.

Esas montañas son muy duras, y eres un chico de ciudad.

—Soy un hombre lobo—dijo Harry con el mentón levantado—. No debería costarme mucho adaptarme a un entorno hostil, ¿no crees?

—No tiene ropa adecuada, ni guantes, ni botas —gruñó Severus desesperado. Sabía que su padre ya había tomado una decisión, aunque no tenía ni idea de por qué se mostraba tan decidido—. En esta época del año tienen que usarse raquetas, y él no tiene experiencia. Me retrasará.

Su padre solía poner aquella expresión cuando quería utilizarlo.

—¿Más que la herida de tu pantorrilla? —Se cruzó de brazos y se meció en la silla con los talones. Debió de reconocer la obstinada negativa en el rostro de Severus, ya que suspiró y pasó al galés—: Necesitáis tiempo para arreglar ciertas cosas entre vosotros. Él no confía en ninguno de nosotros. Aquí hay demasiada gente que le mordería el rabo. —Su padre era un caballero, jamás diría algo en contra de su pareja, pero los dos supieron que se refería a Pansy—. Harry tiene que conocerte, y tú no eres precisamente fácil en ese sentido. Llévatelo de aquí y pasad unos cuantos días solos. Le sentará bien.

¿Para qué me vea matar al intruso? —Severus le respondió en la misma lengua que había utilizado su padre. Harry sabía lo que era él, pero no quería tener que restregárselo por la cara. Aunque estaba acostumbrado a aterrorizar a la gente, no quería hacer lo mismo con él—. Estoy seguro de que servirá para que esté mucho más seguro de mí.

Tal vez.

No había marcha atrás cuando su padre decidía el curso de los acontecimientos, y todo aquel que se interpusiera en su camino acababa tumbado como un bolo.

A Severus no le gustaba ser un bolo. Miró a su padre en silencio.

El viejo bardo sonrió débilmente.

—De acuerdo —dijo Severus en inglés—. Muy bien.

Harry levantó el mentón.

—Intentaré no retrasarte.

Y Severus se sintió como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago: lo único que había conseguido es que él se sintiera rechazado, todo lo contrario de lo que había pretendido. Pese a que las palabras no eran su fuerte, intentó arreglar la situación de todos modos.

—No me preocupa que me retrases —le dijo—. Papá tiene razón. Con esta pierna no voy a batir ningún record de velocidad. Esto no va a ser divertido, no en esas montañas y en invierno.

No quería que le viera matar otra vez. A veces estaba bien, y el otro lobo se resistía, como había hecho Rodolphus. Pero otras gritaban y suplicaban. Y, pese a todo, debía matarlos.

—De acuerdo —dijo Harry.

La tensión de su voz le dijo que aún no había arreglado el daño, aunque no podía mentirle diciéndole que quería que fuera con él. No quería. Y aunque sabía que la capacidad de Harry para captar una mentira era bastante impredecible, se negaba a mentirle a su pareja.

—Lo entiendo —dijo Harry sin apartar la vista del suelo—. No será divertido.

—Haré una llamada para que os abran la tienda —dijo Tobías. Resultaba imposible saber lo que pensaba, salvo que había decidido no ayudar a Severus—. Equípalo con todo lo necesario.

Severus desistió y dirigió su atención a algo que controlaba mejor.

—Diles que estaremos allí en una hora —dijo—. Primero tengo que hablar con Charity e Igna. Saldremos por la mañana.

—Coge mi Humvee —dijo Tobías extrayendo una llave de su llavero—. Llegaréis más lejos que con tu furgoneta.

¿Por qué estás siendo tan servicial?, pensó Severus con frustrado rencor. Tobías no podía leer las mentes, pero la fugaz sonrisa en el rostro de su padre le dijo que no le costaba mucho leer la expresión de su hijo.

Severus no se sorprendió al encontrar a Charity esperándoles. Estaba frente a la puerta de la habitación de invitados, apoyada en la pared y con la vista clavada en sus pies. No la levantó cuando se aproximaron a ella, pero dijo:

—Lo he matado trayéndolo aquí, ¿no es cierto?

—¿Igna se ha marchado a casa? —preguntó Severus.

Entonces Charity le miró, examinándole el rostro.

—Dijo que ya tenía suficiente sangre para unos cuantos días y se marchó abajo a ver una película.

—Armando estará bien —dijo Harry, aparentemente impaciente por la neutralidad de Severus—. Severus y yo nos ocuparemos del hombre lobo que le atacó. Esperemos que con eso tu amigo no pierda la cabeza con la prensa.

Charity miró a Harry durante un segundo.

—Gracias a Dios que hay alguien por aquí que no actúa como si la información fuese más valiosa que el oro. Debes de ser el Omega de Chicago.

Harry sonrió, aunque se dio cuenta de que debía practicar más.

—Los lobos suelen ser bastante reservados, ¿no es cierto? Si te sirve de algo, creo que el hecho de que trajeras aquí al otro lobo... ¿se llamaba Igna?... ha sido lo que ha desequilibrado la balanza.

Charity miró a Severus por el rabillo del ojo y este supo que aquello es lo que había pretendido cuando llamó a su tío pidiéndole ayuda. Aun así, percibió la verdad en su voz cuando dijo:

—Fue lo único que se me ocurrió. Sabía que si se lo pedía yo, vendría.

Igna era así.

—¿Podríamos despertar a Armando ? —preguntó Severus.

—Está en un duermevela —les dijo ella—. Ahora está dormido, no inconsciente.

El humano era algo mayor que Charity. Tenía la cara pálida y tensa. En cuanto Charity lo despertó, el aroma de su pánico inundó la habitación.

Interesante, pensó el Hermano Lobo al reconocer a una presa herida. Comida fácil.

Severus aún no había descubierto si el Hermano Lobo decía las cosas en serio o si bromeaba, pues nunca le había permitido alimentarse de un humano. Tenía la incómoda sospecha de que no era ni lo uno ni lo otro. Hizo retroceder al Hermano Lobo y esperó a que el humano le viera por encima del hombro de Charity.

—Me llamo Severus —dijo—. Soy un hombre lobo. Charity, no voy a comérmelo.

Pese a que Charity finalmente se apartó, Severus estaba convencido de que hubiese preferido quedarse entre ambos para proteger a su amigo.

—¿Por qué nos atacaste? —dijo Armando en un susurro, haciendo un esfuerzo para que las palabras salieran de su boca.

—No fui yo —le dijo Severus—. Pregúntale a Charity. Ella te lo dirá. Oímos hablar del lobo solitario hace unos días. Yo estaba herido, y mi padre quería esperar hasta que me recuperase para enviarme tras él. Pensábamos que, terminada la temporada de caza, no habría mucho peligro si esperábamos un par de semanas.

—¿Herido?

Severus apretó los dientes para controlar al lobo, el cual demostraba abiertamente su desaprobación, mientras se desabotonaba la camisa y se daba la vuelta. La quemadura que le atravesaba los hombros era más que evidente, pero había estado oliendo su propia sangre desde que Harry coleara en el sendero, así que estaba bastante seguro de que el vendaje que le cubría la herida de la espalda estaría manchado de sangre.

Aunque ni Armando ni Charity representaban una amenaza, al Hermano lobo le daba lo mismo: mostrar las debilidades a los demás estaba mal. Sin embargo, era importante que Armando comprendiera por qué habían esperado. Si querían que no contara nada, Armando debía entender que, en circunstancias normales, eran capaces de controlar a los suyos.

—Quemadura de bala —dijo Armando .

—Y dos más que dieron en el blanco —confirmó Severus, volviendo a abrocharse la camisa.

—Armando antes era policía —apuntó Charity.

Durante aquellos minutos había mantenido la vista apartada, para evitar mirar a Severus, un gesto que este agradeció.

—Tuve algunos problemas en Chicago hace unos días — dijo Severus.

—Deberías curarte —susurró Armando .

Severus negó con la cabeza.

—No si hay un hombre lobo cazando humanos. —Miró a Charity—. ¿Hubo alguna provocación?

Ella se encogió de hombros.

—No estoy segura. Simplemente salió de la nada y atacó. Existen muchas razones para que aquel lobo solitario lo hiciera. Tal vez ha establecido su territorio o debe proteger a alguien o algo.

—Aunque también podría estar cazando —concluyó Severus—. No podemos permitirnos el lujo de esperar a que encuentre una nueva víctima.

Harry siguió a Severus escaleras abajo en busca del tío de Charity, Igna. Las escaleras terminaban en un estrecho pasillo lleno de puertas metálicas, cada una con gruesas barras de hierro preparadas para bajar sobre los soportes instalados a ambos lados.

En una de las puertas, las barras estaban bajadas. Quien estuviese tras ella, había estado haciendo ruido hasta que ellos llegaron al pasillo. Entonces el pasillo quedó en completo silencio, y Harry pudo sentir cómo escuchaba sus pasos mientras se aproximaban.

Podría haberle preguntado a Severus, pero este parecía encerrado en sí mismo. No sabía si estaba molesto con él o simplemente pensativo. De cualquiera de los dos modos, no quería molestarle. Ya lo había hecho suficiente. Tendría que haberle dicho que se quedaría en casa.

Pero aquello habría significado que se marcharía solo, herido, para enfrentarse a un lobo solitario desconocido. Su padre parecía confiar en que podía arreglárselas solo, pero él no había estado en su casa ayer por la noche cuando Severus estaba demasiado dolorido incluso para moverse sin su ayuda.

Si Severus decidía que no lo quería a su lado, ¿qué podía hacer Harry?

Había una puerta algo más halagüeña al final del pasillo; no tenía ni cerrojos ni llaves. Sin embargo, mientras se acercaban a ella, Harry oyó el sonido de una explosión.

—Guau —dijo alguien con feroz satisfacción.

Severus abrió la puerta sin llamar.

Harry tuvo una fugaz visión de una enorme pantalla de televisión conectada a una gran variedad de lustrosas cajas negras y altavoces mediante el arco iris formado por una red de cables. Sin embargo, lo que captó su atención y la mantuvo fue el hombre corpulento tumbado sobre un sofá como un gato doméstico gigante. Y «gigante» es la palabra que mejor lo definía.

Severus era un hombre alto, pero Harry estaba dispuesto a apostar que Ignatius Prewett era unos centímetros más alto que él y algunos más de ancho. A pesar del frío, llevaba puestas unas enormes sandalias Birkenstock por encima de unos gruesos calcetines de lana, usados y deshilachados pero limpios. Unos pantalones sueltos color caqui quedaban cubiertos por una camiseta teñida que le colgaba por debajo de los muslos. Tenía el pelo de un espectacular color naranja y tan tosco como la crin de un pony; lo tenía rizado y enmarañado de tal forma que podría deberse tanto a un estilo deliberado como a la simple despreocupación. Se había apartado toda la melena del rostro con una gruesa goma de pelo manchada de tinta.

No estaba en el funeral, pensó Harry. Se acordaría de él. Probablemente estuviera en las montañas rescatando a su sobrina.

Su piel tenía la palidez típica de los celtas, con numerosas pecas poblándole las mejillas. Entre el tono de su piel y sus afiladas facciones podría haber llevado tatuado «Irlandés» en la frente. Olía a una extraña variedad de inciensos que envolvía un agradable aroma a tierra que Harry no sabía exactamente dónde ubicar. Parecía quince o veinte años más joven que su sobrina, y lo único que ambos tenían en común eran los ojos grises.

Tras una rápida ojeada a Severus cuando entraron en la habitación, Igna volvió a dirigir su atención al televisor para contemplar el final de la explosión. Entonces apuntó el mando a distancia en la dirección aproximada del televisor y detuvo la película.

—Bueno —dijo en una voz sorprendentemente aguda—. No hueles a muerto.

No era un soprano, pero un hombre de su corpulencia debería sonar como un bombo. Sonaba más bien como un clarinete: su acento era igual al de un locutor de televisión.

—Si el amigo de Charity mantiene la boca cerrada, estará a salvo —dijo Severus—. Salimos de caza a primera hora de la mañana. Te agradecería si pudieras hacer unas cosas por mí.

Harry comprendió que la pose relajada había sido una artimaña cuando el otro lobo se incorporó y se permitió el lujo de deslizarse por el sofá y utilizar el impulso para ponerse en pie. Todo con la controlada velocidad y elegancia de un bailarín de la corte.

De pie, ocupaba más espacio del que le correspondería en la reducida habitación. Harry dio un paso atrás involuntario que pasó desapercibido a los dos hombres.

Igna sonrió, pero sus ojos desprendían cautela y los mantuvo clavados en Severus.

—De acuerdo. Siempre y cuando no mates a mi pequeño amigo, estaré encantado de complacerte.

—Necesito que tanto tú como Charity recordéis dónde estaban exactamente cuando les atacó, mejor sobre un mapa. A ver si podemos ubicar con exactitud dónde estaba la otra víctima del hombre lobo, y también el estudiante. —Severus miró a Harry, repasándola de arriba debajo de un modo impersonal antes de dirigir de nuevo su atención al otro hombre—. Después pásate por casa de Dennis y comprueba si tiene ropa sucia, algo con su sudor.

Los ojos del lobo se agrandaron.

—¿Vas a hacer eso del rastro? Collin es más o menos de tu misma estatura. ¿Quieres que coja algo de su ropa para ti?

—Perfecto. Nos encontraremos en mi casa en un par de horas con el mapa y la ropa.

—Tobías no ejecutará al hombre de Charity.

Aunque fue una afirmación, la voz de Igna estaba teñida de cierta incertidumbre.

Severus se encogió de hombros.

—Por lo menos todavía no. A menos que decida hacer alguna estupidez.

A Harry aquello no le pareció muy tranquilizador. Sin embargo, Igna lo consideró suficiente.

—De acuerdo —dijo con un asentimiento—. Os veo en un par de horas.

Severus aparcó el Humvee frente a la casa, probablemente porque no cabía en el garaje. Estaba tenso y cojeaba ligeramente, pero cuando Harry intentó cargar con los paquetes que habían recogido en la tienda, Severus se limitó a mirarlo. Harry levantó ambas manos en señal de rendición y le dejó cargar con los bultos.

No había hecho ningún comentario personal desde que abandonaran el estudio de su padre.

—Tal vez deberías ir con otra persona —dijo Harry finalmente mientras cerraba la puerta al frío invernal—. Otro lobo podría serte más útil.

Severus se dio la vuelta y lo miró fijamente. Se quitó los guantes con parsimonia mientras seguía mirándolo con sus ojos negros a la tenue luz de la casa. Harry le devolvió la mirada durante uno o dos segundos antes de bajar los ojos.

—No me gusta llevar refuerzos para matar —le dijo tras un momento—. Demasiados lobos tienden a estropear las cosas.

Se quitó la chaqueta y la dejó deliberadamente sobre el respaldo del sofá.

—Nos enfrentamos a un hombre lobo que mata a humanos. Podría ser un infiltrado, alguien que intenta evitar que mi padre revele poco a poco nuestra existencia a los humanos. Aunque he estado reflexionando sobre eso y no creo que sea el caso. Tiene que ser una persona desesperada para ocultarse en las Speysides en esta época del año, cuando podría estar mucho más confortable en otro lugar. Donde además atraería mucha más atención. Moverse por las montañas en pleno invierno es muy complicado para un ataque planificado o un asesino habitual. Creo que nos enfrentamos a un lobo solitario. Alguien que no sabe demasiado y que intenta mantenerse alejado del mundo. Peligroso, como ha demostrado repetidamente, pero nada que no pueda controlar.

—Haré lo que me digas —le dijo Harry al suelo, sintiéndose estúpido por insistir en acompañarle y dolido porque Severus no lo quisiera a su lado—. Intentaré no molestarte.

—Ni siquiera se me hubiera pasado por la cabeza llevarte conmigo si no hubiera sido por la insistencia de mi padre — dijo él lentamente—. Y me habría equivocado.

Sus palabras lo cogieron completamente desprevenido. Con la sospecha de que le había malinterpretado, levantó la vista y se topó con una sonrisa avergonzada.

—Creo —dijo él— que incluso un hombre lobo merece una oportunidad, ¿no crees? Un lobo solitario oculto en las Speysides resulta bastante desesperado, y existe una posibilidad de que también él sea una víctima, como el cazador muerto o Armando . Pero, si fuera yo solo, incluso si supiera con total seguridad que estaba chiflado o fuera de control más allá de su responsabilidad, probablemente tendría que matarlo de todos modos. Mira lo que has hecho con Lucius esta mañana. Si vienes conmigo, puede que podamos darle una oportunidad a este lobo.

Pese a que parecía decirlo con sinceridad, Harry midió sus palabras:

—¿No estás enfadado? ¿No hubieras preferido que mantuviera la boca cerrada?

Severus recorrió la distancia que les separaba y lo besó. Cuando se apartó, el corazón de Harry latía acelerado, y no solo de miedo. Sintió su pulso contra su garganta. Olía a bosque cubierto de nieve.

—No —murmuró él—. No quiero que te calles. —Le recorrió suavemente la mandíbula con un dedo—. Igna llegará en cualquier momento. Será mejor que vaya preparando la comida.

Pese a estar aún dolorido y asegurarle que no era un gran cocinero, preparó el estofado que Harry había estado organizando cuando llamó Tobías. Aunque lo envió en busca de las patatas, las cuales estaban almacenadas en un saco de arpillera en el sótano, pareció satisfecho de encargarse de todo el trabajo.

Harry le observó cocinar, y la euforia provocada por el beso se desvaneció. Frente a él tenía a un hombre habituado a estar solo, a depender de sí mismo. No lo necesitaba, aunque Harry dependía completamente de él.

Mientras esperaban que el estofado hirviera a fuego lento, Severus encendió el pequeño televisor del comedor, el único aparato que había visto en la casa, y una mujer alegre con pintalabios brillante les dijo que al día siguiente haría más frío. Severus se sentó y Harry tomó asiento al otro lado de la mesa de roble.

—Eso es lo más local que conseguiremos —le dijo Severus mientras veían la previsión meteorológica.

Harry no supo por qué no permitía que la televisión llenara el silencio.

—Tu padre me dijo que te preguntara si podía contactar con mi familia —dijo Harry mientras la locutora informaba sobre las ventas de Navidad durante el fin de semana: bajada en las ventas respecto al año anterior, aumento de las compras por Internet.

—¿Ocurre algo?

—No lo sé. No he hablado con ellos desde poco después de mi Transformación.

—¿No has hablado con tu familia desde hace tres años? — Severus frunció el ceño. Entonces su cara se iluminó por la súbita comprensión—. No te lo permitía.

Harry le miró fugazmente.

—Rodolphus dijo que mataría a cualquier humano que tuviera la mínima sospecha de lo que éramos. Y que cualquier contacto prolongado con mi familia era causa suficiente para su eliminación. Siguiendo sus indicaciones, me enfadé por algo que dijo mi padre y no volví a hablar con ellos.

—Idiota —escupió Severus antes de sacudir la cabeza—. Tú no. Rodolphus. ¿Por qué...? Supongo que pensaba que tu familia se opondría al trato que estabas recibiendo y que armarían un escándalo, y creo que tenía razón. Si quieres llamar ahora, adelante. O si prefieres, cuando acabemos con esto podemos ir a hacerles una visita. Ciertas cosas se explican mejor en persona.

Notó cómo se le resecaba la garganta y tuvo que contener unas repentinas y estúpidas lágrimas.

—Lo siento —consiguió decir.

Severus se inclinó hacia Harry pero, antes de que pudiera decir nada, ambos oyeron el inconfundible sonido de un coche aproximándose.

Sin llamar a la puerta, Igna entró en la casa como una brisa cálida, con una bolsa de papel en una mano y un mapa en la otra.

—Ahí estáis. —Se detuvo y olfateó atentamente—. Decidme que hay de sobra para los tres. Llevo horas con tus recados y aún no he comido nada.

—Sírvete tú mismo —dijo Severus con brusquedad al comprobar que Igna había soltado todos los bultos y ya estaba en la cocina.

Harry le oyó mover cacharros durante un momento y después le vio aparecer en el salón con tres cuencos de estofado en sus grandes manos. Dejó uno frente a Harry, otro frente a Severus y el último en un lugar cercano a este. Otro viaje a la cocina y regresó con tres vasos de leche y cucharas. Sirvió los platos con tal profesionalidad que Harry pensó que debía de haber trabajado en algún restaurante.

No dejó de mirar a Severus mientras se sentaba, y Harry se dio cuenta de algo que había estado percibiendo desde hacía tiempo. Pese a su comportamiento casual, Igna le tenía miedo a Severus, como también lo había tenido Fleur pese a aquel «Sevvie».

Existía una razón, pensó Harry, para que la pareja de Tobías, Pansy, hubiese venido cuando Severus estaba ocupado en otro lugar, y también para que la casa le resultase tan poco familiar.

Harry había reconocido el miedo de Charity, pero Charity era humana. Los otros eran licántropos, y sus reacciones eran reconocibles por los sutiles movimientos de sus cuerpos, como la vigilancia constante de Igna.

Igna comió un par de ruidosas cucharadas ante las cuales la madre de Harry habría respondido con una bofetada en la mano, y a continuación le dijo a Severus:

—Necesita comer. Rodolphus nunca supo cuidar de los regalos que recibía.

—Harry no fue un regalo —dijo Severus—. Él lo cazó.

El semblante de Igna se tensó.

—¿Transformó a un Omega por la fuerza?

Conmoción, pensó Harry, e incredulidad.

—No —dijo Severus—. Lo cazó, y cuando dio con él, envió a un perro rabioso tras Harry.

—Solo a un cabrón loco se le ocurriría atacar a un Omega. ¿Le mataste?

La naturalidad de la voz de Igna era demasiado estudiada para ser real.

—Sí.

—¿También a Rodolphus?

—Sí.

—Bien hecho.

Igna volvió a mirarlo, sin que en aquella ocasión sus ojos se encontraran, y continuó comiendo.

—Por entonces aún no era un Omega —dijo Harry—. Era simplemente un humano.

Severus lo miró con una sonrisa fugaz y regresó a su estofado.

—Cuando naciste ya eras un Omega, del mismo modo que mi padre era dominante y peligroso desde que empezó a caminar, humano o no. El hombre lobo solo lo saca a la superficie, y la edad lo pule.

—¿No lo sabía? —preguntó Igna.

—Rodolphus hizo todo lo posible por mantenerlo ignorante y bajo su puño —le dijo Severus.

Igna levantó una enmarañada ceja pelirroja en su dirección.

—Nunca me gustó Rodolphus, demasiado solapado para mi gusto. Es muy difícil para un lobo dominante hacer daño a uno sumiso si este está sano. Nuestros instintos nos empujan a protegerlos. Los Omega están un paso más allá. Cuando eras humano, tendrías que haber sido mucho más frágil de lo que eres ahora, lo que aumentaría esos instintos. Un Omega humano solo podría ser atacado por un perro rabioso, un lobo sediento de sangre.

Los dos hombres habían continuado comiendo antes de que Harry decidiera cuestionar su afirmación.

—Ningún lobo en la manada de Rodolphus parecía tener muchos problemas para pegarme.

Los ojos de Igna se encontraron con los de Severus, y Harry recordó que bajo aquella chillona alegría se ocultaba un lobo.

—Tendría que haberles costado —dijo Severus severamente—. Si Rodolphus no les hubiese empujado, te habrían dejado en paz.

—¿Ninguno se enfrentó a él? —preguntó Igna.

—Ya se había deshecho de los más fuertes —dijo Severus—. Tenía al resto bajo su puño. Bailaban a su ritmo.

—¿Estás seguro de que lo mataste? —preguntó Igna.

—Sí.

Los ojos de Igna volvieron a posarse en Harry.

—Bien.

En cuanto terminaron de comer, Igna acercó el mapa que había traído y lo extendió sobre la mesa.

Harry recogió los platos sucios y los fregó, mientras Severus y Igna mascullaban sobre el mapa.

—Todos los ataques se produjeron a pocos kilómetros del lago Spey —estaba diciendo Igna cuando Harry regresó y se puso a observar el mapa por encima del hombro de Severus—. Según he oído, en esos bosques hay una vieja cabaña, aunque nunca la he visto.

—Sé dónde está. Es una buena idea. —Severus señaló con el dedo un punto del mapa—. Está por esta zona, no muy lejos de los ataques. Hace unos diez o quince años que no he estado en el lago Spey en invierno. ¿Todavía es esta la mejor carretera?

—Es la que cogí yo. Será mejor que cojas este sendero de aquí. —Igna lo señaló sobre el mapa pero Harry no vio ningún sendero.

—Muy bien —dijo Severus—. Después recorreremos a pie el paso de Silver.

—Bien. El primer ataque se produjo aquí. —Y Igna señaló ligeramente los alrededores del lago Spey—. Justo en el sendero que suele utilizarse en verano, a unos tres kilómetros del lago. El cadáver del cazador fue encontrado aquí, aproximadamente a un kilómetro del lago. Probablemente llegó a través del paso de Silver, como haréis vosotros mañana. Para estar a principios de octubre hay mucha nieve; en temporada de caza la vieja carretera de servicio sería impracticable. Charity y Armando fueron atacados aquí, a unos seis kilómetros de su furgoneta. Yo pude acercarme un kilómetro más en mi vehículo, de modo que en el Humvee podréis avanzar algo más.

Severus canturreó algo y después dijo:

—Puede que haya empeorado. Podríamos intentar llegar a Vimy Ridge.

Igna soltó una breve carcajada.

—El lugar ideal para ocultarse. No me gustaría ser el lobo que te siguiera en un lugar como ese a finales del verano, y menos aún en pleno invierno. Por suerte, el lago Spey es lo que más se acerca a una excursión veraniega en todo el parque Speyside. —Igna miró a Harry—. No será fácil, no creas. Pero se puede hacer. El único modo de llegar a Vimy Ridge con este tiempo es en helicóptero. La nieve puede alcanzar los cuatro metros en algunas zonas altas, como, por ejemplo, en las estribaciones de Spey. Vas a ir con este viejo lobo, así que hazle caso en todo, porque si no, por mucho que seas un hombre lobo, acabaremos buscando tu cuerpo congelado.

—No es necesario que lo asustes —dijo Severus.

Igna se inclinó sobre la silla y sonrió.

—No estás asustado, ¿verdad, pajarito? —Y en aquella última frase Harry percibió un rastro de acento irlandés, o tal vez cokney Puede que tuviera un buen oído, pero necesitaba más de tres palabras.

Igna miró a Severus. — Charity tuvo que subir bastante para poder llamarme. En la mayor parte de las Speysides aún no hay cobertura. Aparqué aquí —señaló el mapa con el dedo— y tras caminar un trecho encontré cobertura. Os sugiero que aparquéis por allí y dejéis los móviles en el coche.

Severus le miró con dureza.

—¿En caso de que no se trate de un lobo solitario?

—Tú y Tobías no sois los únicos que sabéis sumar dos y dos —dijo Igna—. Si esto es un ataque premeditado, será mejor que los villanos no puedan rastrearte gracias a ese sencillo localizador que hoy en día llevan todos los móviles.

—No pretendía hacerlo —confirmó Severus. Volvió a inclinarse sobre el mapa—. Por los ataques, parece que Spey es el centro de este territorio pero...

—En cuanto empieza a caer la nieve, no suele haber mucha gente ni al este ni al oeste del lago —dijo Igna convencido—. El lago Spey puede ser tanto el centro del territorio como su límite.

Severus frunció el ceño.

—No creo que le encontremos al este. Si estaba en ese gran valle al otro lado de la cordillera que lo separa del Spey, la extensión natural donde establecería su territorio sería a través del valle y quizá hasta el lago Buck o incluso Wanless, pero no más allá de la cordillera. En esta época del año es casi imposible viajar del valle a Spey, ni siquiera a pie.

—Entonces al oeste.

Severus recorrió con el dedo la distancia desde Spey hasta un par de lagos más pequeños.

—Creo que iremos a Spey y de allí viajaremos al oeste, por encima de los lagos Bear, a través de Iron Meadows y volveremos atrás hasta esta montaña y Vee. Si por entonces no hemos dado con él, creo que será el momento de avisar a toda la manada.

—Ten cuidado, en Bear existe un alto peligro de avalanchas —dijo Igna, pero Harry percibió la aprobación en su tono de voz.

Se pasaron algo más de tiempo planificando una ruta que les llevaría unos cuatro días a pie. Cuando terminaron, Igna se llevó la mano a la frente como si se tocara un sombrero invisible.

—Encantado de conocerle, joven —le dijo a Harry.

A continuación, sin darle tiempo a contestar, se marchó tan precipitadamente como había llegado.

Waaa al fin he terminado.

Bien como ven este pequeño vistazo a la vida familiar de Harry (que lindo queriendo cocinar para sevvie.)

Bueno si hay duda sobre Armando pues es ni mas ni menos que Armando Dippet bueno como saben no me baso en la edad al momento de agregar a los personajes sino por su carácter.

Ignatius Prewett ha revivido, era un mago de sangre pura. Era tío por la sangre de Fabian y Gideon Prewett, así como su hermana Molly, y tío por matrimonio de Sirius y Regulus Black.(wow mucho pero necesito a este personaje, me tome la libertad de crearle una apariencia ya que no se como es fisicamente, ahora su carácter me pareció apropiado dejarlo, era un Prewett y tanto Molly como los gemelos Prewett eran bastantes protectores y quise dejarle ese papel)