-¡Comed tierra malditas ratas de alcantarilla!

Soldier se incorporó rápidamente dando puñetazos al aire. Para su suerte, no estaba en medio de ninguna batalla con los BLU si no que se encontraba compartiendo la calidez de la cama con Zhanna. La susodicha dejó escapar una ligera queja al sentir el movimiento brusco, se giró hacia el otro lado y volvió a dormirse.

El norteamericano la miró embelesado durante un momento. Le parecía hermosa. Estaba a punto de esbozar una sonrisita boba cuando sacudió la cabeza y se obligó a eliminar ese pensamiento. "Nada de cursilerías", se dijo a sí mismo. Era un soldado hecho y derecho, no tenía tiempo para permitirse esos romances de adolescente hormonado y menos aun para considerar algo serio, al menos no con una comunista.

Zhanna volvió a emitir un gruñido y Soldier volvió a centrarse en ella. No podía negarlo, era como en sus sueños. Linda, graciosa, sexy, capaz de romperle el cuello a un oso de tres metros sin hacer el menor esfuerzo, en fin, perfecta en todos los sentidos. Pero el era un soldado americano, tenerle la mas mínima estima a alguien que perteneciera al país de los rojos significaba traición, no solo contra su país y su ejército sino que contra todos sus principios y valores. Aceptar a Heavy como su compañero y amigo le había significado una dura batalla interna que en ocasiones volvía a renacer (y ni hablar de los demás extranjeros del equipo), por lo que guardar aunque fuera un poco de cariño por Zhanna era imposible.

Se levantó de la cama para buscar su casco que había caído cerca. Lo sostuvo un momento mientras observaba a la rusa desde fuera de la cama. Estaba profundamente dormida. ¿Cuánto tiempo habían estado encerrados en aquella habitación? Una o dos horas probablemente, no lo sabía con exactitud. El coito había sido salvaje por decir lo menos y al soldado no le extrañaba que estuviera cansada. El también lo estaba, pero lo suyo era agotamiento mental.

Se puso el casco y se sentó a un lado de la cama sin dejar de mirarla. Acomodó las cobijas para taparla un poco más. Era un lugar frio y quería que estuviera cómoda. Suspiró. Tal vez Zhanna no era la amenaza comunista que él creía. Estaba claro que podía noquear a puñetazos a quien quisiera y eso le fascinaba, pero no la creía capaz de organizar una ofensiva contra la casa blanca. Tal vez podía permitirse soñar un poco. Imaginarla sacando una tarta de manzana del horno y dejarla enfriar en la ventana al más puro estilo estadounidense. Se casarían y él le enseñaría a dominar el idioma. Le ayudaría a cambiarse el nombre por Betty o cualquier otro nombre americano y estarían juntos por el resto de su vida.

Un estruendoso ronquido lo hizo salir de su letargo. Soltó una carcajada y Zhanna se levanto entre quejidos.

-Eres muy ruidoso.

-Así somos los americanos nena.

Zhanna le regaló una pequeña sonrisa ladeada. – Si tu. Anda, vamos a comer. Los demás deben estar esperándonos.

La rusa se estiró frente a la cama y caminó en dirección al armario. Soldier no la perdió de vista ni un segundo. Zhanna le lanzó un camisón a la cara y le sonrió pícaramente antes de salir de la habitación.

-Póntelo, no quiero que mis hermanas mueran de un ataque. Date prisa.

Soldier obedeció sin rechistar y se permitió reformular sus fantasías. De pronto la perspectiva de verla cazando y cocinando un enorme oso pardo le parecía mucho más atractiva que la tarta de manzana. En cuanto a lo del nombre…, a tomar por culo, Zhanna era mucho más bonito y además le encantaba como sonaba al pronunciarse.

-"Zhanna"…- si, definitivamente le fascinaba el nombre.