Llegaron al cabo de casi una hora de viaje. El lugar estaba bastante escondido entre un denso follaje. Un camino de grava conducía hasta la casa, semi oculta por las plantas. Era hermoso, pensó Laura. Y alejado. Eso también podía ser peligroso.
La construcción tenía dos plantas y estaba bien abastecida. Había cuatro habitaciones y un gran comedor y cocina.
- Siéntanse como en casa- propuso Saga.
Él observaba a Laura. El temor no había desaparecido de su cara, pero la compostura había vuelto en parte. Era una mujer muy fuerte y eso le gustaba a él.
Después de varias llamadas de Brian y de que diera una vuelta por los alrededores para estudiar la propiedad, Saga les dio habitaciones para pasar la noche. Preparó una cena improvisada con lo que había en la despensa y esperó una oportunidad para hablar con Laura.
Ella estaba sentada en la cocina, Nat y Brian subieron a la habitación, de manera que Saga aprovechó la oportunidad.
- ¿Podemos hablar ahora?
- Sí- dijo ella como saliendo de una ensoñación- Te debo una disculpa. Esto fue todo muy raro y demasiado rápido.
- Lo fue, si. Pero estoy preocupado. Por que Brian tomo el mando?
- Fue el detective que investigó a mi ex jefe… el que me está persiguiendo.
- Ya veo. ¿Me contarás qué pasó?
Laura suspiró. Realmente no quería contarle nada, pero sabía que algo debería decirle. Por lo menos por agradecimiento, si él no hubiera estado allí, no sabía dónde podría haber ido.
- Está bien. Sebastian, mi ex jefe, es un psicópata. Él arruinó mi vida, mi carrera y me alejó de mi familia. No contento con eso, intenta matarme. Pero no hay ninguna prueba que pueda usar en su contra. Brian ha querido atraparlo por años… quizás ésta sea su oportunidad… Si lo arresta intentando algo…
- ¿No te pondrías como cebo, verdad?
Laura lo miró con la mirada de una persona que no tenía nada que perder. Una profunda tristeza embargó a Saga. Cielos, él la quería. No sabía por qué, apenas la conocía. Pero algo dentro de él le hacía querer estar con ella como fuera.
- Haría cualquier cosa por que todo esto acabe, Saga, cualquier cosa.- Una lágrima cayó sin permiso por la mejilla de Laura y el corazón de Saga dejó de latir.
Se acercó más a ella y la abrazó, sintiendo su cuerpo responder a su toque. Le tomó la barbilla y levantó su rostro hacia él.
- ¿Puedo besarte?
Por toda respuesta Laura lo jaló hacia ella y devoró su boca con avidez. Al demonio con todas sus reservas, tenía a este hombre caliente ante ella, dispuesto a someterse a sus caprichos y ya no había nada que ocultar… bueno, no mucho. Pero de todas formas, podía morir en cualquier momento. Sebastian podía dar con ella y todo acabaría. No iba a desperdiciar sus posibles últimos momentos.
Se separó de su boca y lo miró a los ojos. La excitación que vio en él lanzó un estremecimiento de anticipación a lo largo de su columna.
Se puso de pie y lo arrinconó contra la encimera de la cocina.
- Quítate la ropa, de prisa. Necesito des estresarme y espero no te molesta que juegue un poco contigo- él asintió
Saga no cabía en sí mismo. Se quitó la ropa lo más rápido que pudo. Ella rebuscaba en los cajones de la encimera. Cuando se giró hacia él, tenía un rollo de cinta de embalar en la mano. No había nada más excitante que el miedo aparentemente.
- Siéntate en la silla.
Obedeció sin decir palabra. Ella lo hizo deslizar hasta que el trasero le quedó al borde de la silla, los testículos le colgaban y su enorme erección se levantaba alta y lista.
- Los brazos hacia atrás.- Se puso a sus espaldas y Saga sintió el ruido de la cinta.
Al instante, sus manos estaban fuertemente atrapadas y bastante incómodas.
- Las rodillas bien separadas y los pies hacia atrás.
Le ajustó los tobillos a las patas traseras de la silla. Estaba arqueado, expuesto e incómodo pero aun asi muy excitado.
- Hermoso- dijo ella.
Una uña rodó desde su pómulo hacia su cuello, deslizándose impíamente hasta su pecho y abdomen, luego bajando más, y más hasta arañar sus bolas. Éstas se estremecieron y se arrugaron al contacto. Ella soltó una risita.
Ella ya estaba empapada de sólo tenerlo allí atado. Sería capaz de tener un orgasmo con sólo oírlo gemir.
Laura acercó su boca al oído de Saga.
- Mmm…, sabes tan bien Saga. Te comería despacio, lentamente. Mordisco a mordisco. ¿Te gustaría eso?
- S-sí.
Laura paseó la lengua por su garganta expuesta, sintiendo el estremecimiento de su piel a su paso. Él era tan receptivo, tan sensible. No sabía con qué clase de mujeres había estado él antes, pero por lo pronto, estaba respondiendo bien a su gusto. Muchos se escandalizaban cuando los amarraba asi.
Ella pasó sus manos por su tórax y se detuvo en sus pezones. Eran pequeños y deliciosamente duros ante la estimulación. Mordisqueó uno y luego alivió el escozor con un lametazo.
Se sentó a horcajadas sobre él y se deleitó con su boca y la piel de su cuello. Saga gemía sintiendo la entrepierna caliente de Laura sobre su polla.
Ella bajó a su pecho y devoró cada centímetro de su piel, mientras sus manos acariciaban la parte interna de sus muslos, evitando adrede su entrepierna.
Estaba tan duro, tan extasiado que no pensó poder resistir mucho más. Ella lo soltó.
- Ven… terminemos lo que comencé – dijo jalándolo hacia la recamara
Cuando llegaron ahí, suavemente lo empujo para que cayera sobre la cama.
Se puso a horcajadas sobre él y comenzó a acariciarlo suavemente, disfrutando de sus suspiros y gemidos de deseo.
Se quitó la ropa por completo y quedó desnuda frente a Saga.
- Mírame.
Saga la observó. Su cuerpo era deslumbrante, su piel suave y brillante… estaba surcada de cicatrices en el abdomen. ¡Dios!
- ¿Te repugna lo que ves, Saga?
Él estaba con la boca abierta. Hizo un esfuerzo para contestar.
- No pero... ¡Por Dios! ¿Qué te ha pasado?
- Varias puñaladas de mi ex jefe. Claro que nunca pude demostrar que había sido él, ya que tenía una coartada perfecta. Se cubrió el rostro con una media… como si con eso no fuera a reconocerlo como fuera.
- Déjame tocarte por favor…
- Hazlo.
Saga zambulló su boca en ella, degustándola, probándola y deleitándose al darle placer a Laura. Laura observaba el rostro de Saga, por un momento sonrió. No era el idiota que había pensado, muy al contrario, le daba la impresión de que era un hombre en el que se podría confiar… algún día, si Sebastian no la mataba antes.
Pero no le iba a ser fácil deshacerse de ella, salvo que le disparara con un rifle de largo alcance, porque si estaba a menos de diez metros de ella, Laura sabía muy bien cómo defenderse.
Ella le acarició el cabello y él abrió los ojos. La mirada en ellos hizo palpitar el corazón de Laura. Jamás en toda su vida había visto tanta devoción y…¿afecto? No, no podía ser. Era muy pronto.
¿Pero por qué? Ella no era nadie, no tenía nada que ofrecer a un hombre, salvo una reputación destruida rodeada de escándalos y dolor.
El dolor se abrió paso ante el placer de sus labios y Laura se alejó de él. No iba a llegar al orgasmo con esas cosas en su cabeza y ella lo sabía.
- -Basta ya, estoy cansada.
Saga se quedó con los ojos como platos.
- -Me voy a dormir, ha sido una noche demasiado larga.
No le dio tiempo a decir nada, tomo su ropa y salio a otra habitacion, dejándolo de piedra.
Pero no iba a dejar las cosas así, él supo que algo pasó, algo había pasado por su mente en un momento y ella se heló. Dispuesto a jugarse el todo o nada, Saga la siguió. No estaba en la habitación que le había dado, así que bajó a la cocina y allí la encontró, sentada sobre la encimera, agarrándose la cabeza.
Dudó si acercarse o no, pero mil preguntas se agolpaban en su mente y seguía necesitando sentir su calor.
Ella notó su presencia.
- Por favor vete- dijo con voz quebrada, y fue todo lo que necesitó para hacer exactamente lo contrario.
Se puso frente a ella y la tomó por las muñecas, descubriendo su rostro y sus ojos hinchados.
- ¿Acaso no entiendes? - dijo, pero su tono no podía ser más lastimero.
Saga sonrió. Ella era humana después de todo, y eso le afectaba en lo más profundo.
- -Mírame por favor. Déjame saber qué es lo que te hace llorar.
- -No estoy llorando- gritó al tiempo que daba un salto y lo empujaba.
Intentó alejarse, pero él se lo impidió, la rodeó entre sus brazos y para su sorpresa, Laura se acurrucó como un gatito. La estrechó fuertemente mientras sentía su pecho agitarse y romper en sollozos. Él la contuvo, acariciando su cabello húmedo, dándole suaves besos en la sien. Luego bajó su boca hasta ella y la besó con ternura, dulcemente.
- Ya no jugaremos esta noche- anunció él- te voy a hacer el amor hasta que te olvides del dolor que te hace llorar, y cuando quieras hablar de ello, estaré aquí para escucharte.
Entonces Laura se rindió a él, por primera vez en años, se dejó llevar por un hombre, ya cansada de ser fuerte, de luchar, de todo. Sólo quería el olvido que podía tener dejándose abrazar por alguien en quien podía tener confianza.
Saga la cargó en brazos y subió a su cuarto, muy despacio la tendió en la cama.
Le quitó la ropa y se recostó a su lado.
- Eres un sueño Laura- le susurró al oído.
- Quizás sea una pesadilla…
Él se rió. Le tomó el rostro entre sus manos y la besó. De un beso dulce, se convirtió en hambriento, devastador. Laura se dejaba llevar, abriéndose para él, rindiéndose a sus caricias. Nada había como la sensación de un hombre fuerte, pero en brazos de Saga, estaba empezando a apreciar el sentimiento de ceder el control. Y era maravilloso. Claro que no siempre sería así, pensó ella. Sólo esta vez, porque estaba agotada y vencida. ¿Pero por qué pensaba a futuro? ¿Quién le decía que habría otra vez?
