OJO CONTIENE LEMON

Saga bajó sus labios a sus pechos y suavemente, con la punta de la lengua, rodeó sus pezones sin tocarlos. La provocó, la sedujo, la deleitó con sus suspiros de deseo hasta que finalmente tomó una de las endurecidas puntas y chupó lentamente, aumentando la presión.

Tenía una boca endemoniada, y sus manos no quedaban atrás. Le acariciaba el vientre sobre las cicatrices, las caderas, los muslos. Ella comenzó a ponerse impaciente y él lo notó. Estiró un brazo hacia la mesita de noche y tomó un preservativo.

Sólo se separó de ella para colocárselo, luego la tomó entre sus brazos y se colocó entre sus piernas.

- Mírame Laura, quiero que veas mis ojos y quiero ver los tuyos.

Entonces se posicionó a la altura de las circunstancias y fue penetrando en su cuerpo despacio, con sumo cuidado, avanzando y retrocediendo.

Laura estaba empapada y más que caliente, la dura longitud de Saga parecía nunca terminar de entrar. Cuando estuvo a tope en su interior, ella soltó un jadeo y tuvo un espasmo. ¡Cielos! Pensó, estaba lista para el orgasmo y él ni siquiera había comenzado.

Saga comenzó a taladrar dentro de ella a un ritmo constante, empujando y presionando como si pudiera penetrar más, lo que hacía que ella se retorciera de placer bajo su peso.

Él tomó su boca y la besó profundamente, dejándola sin respiración cuando aumentó la velocidad.

Ella se estremeció, su cuerpo vibró y tuvo otro espasmo y otro más, hasta que ya no pudo resistir y el orgasmo corrió duro por todo su cuerpo y dejó escapar con un grito ahogado su liberación.

Saga detuvo sus movimientos unos segundos, gozando sentirla debajo de él, convulsa y jadeante. Cuando ya casi remitía totalmente, recomenzó las arremetidas, buscando ahora la propia liberación.

- ¡Oh Laura!- gimió Saga- Sí, así amor, vamos juntos esta vez.

Entonces el segundo orgasmo se desató en ella y se estremeció de pies a cabeza, temblando y retorciéndose, incapaz de detenerlo. Y gritaron juntos mientras ambos de desarmaban uno en brazos del otro, embriagados y extasiados.

- Te amo- dijo Saga a su oído, en el mismo momento en que la alarma comenzó a sonar estridentemente.

Alguien había entrado a la casa.