Laura se paró y cerró los ojos para disfrutar mejor de la brisa nocturna que le acariciaba la cara.

- Eres afortunada porque lo tienes a el - se recordó a sí misma respirando la fragancia salada del mar.

Tan pronto había salido del juicio de Sebastián donde lo habían condenado a cadena perpetua, Laura había salido corriendo de los tribunales para ir a esconderse a la playa. Necesitaba convencerse una vez más que todo había terminado. No le había permitido a Saga asistir para darle apoyo moral porque no quería aun, que la viera derrumbarse si las cosas no salían como lo esperaban.

Ahora ahí, mientras sus pies desnudos eran tocados por la fría agua del mediterráneo, cerró los ojos para disfrutar del silencio del ajetreo de la ciudad. No se escuchaba nada más que el viento, el tranquilo rumor de las olas y su propia respiración, lenta y regular.

Retrocedió hasta salir del alcance de las olas para dirigirse hacia una zona llana de arena. Se desabrochó el saco, la dejó caer y de su enorme bolsa sacó una mascada bastante grande que utilizo para sentarse sobre la arena.

Le sorprendió que no hubiera nadie a su alrededor. Apenas eran las seis de la tarde.

Alzó las rodillas y las rodeó con sus brazos, balanceándose un poco mientras pensaba en el pobre Iván y la forma tan estúpida de su muerte. Solo había sido víctima de las circunstancias. Tener un hermano obseso y loco lo había causado. Laura rezó para que Iván finalmente encontrara la paz en el otro mundo y para que ya no volviera a pensar en él..

Por último, con una dulce punzada de melancolía, pensó en Saga. Lo atractivo que era. Simpático, sexy y romántico. Sería que después de todo lo que había sufrido el destino se lo había enviado como recompensa?

- Es una fiesta privada o puede apuntarse quien quiera?

Laura se quedó helada. ¡Alguien la había estado observando! Trató de mantener la serenidad mientras se esforzaba por distinguir en la oscuridad.

- Quién está ahí?

Oyó que alguien pisaba la hierba de la playa. Y entonces, surgiendo de entre las sombras, lo vio.

Saga.

- Qué estás haciendo aquí? —preguntó Laura con nerviosismo curvando y estirando los dedos de los pies en la arena para evitar echarse en sus brazos.

- Quería hablar contigo. Puedo?

- Claro! - Laura Intentó recuperar la sensación de calma, pero su corazón empezaba a acelerarse. Palmeó el suelo a su lado, haciendo todo lo que podía por disimular sus nervios – Ven. Siéntate.

Él se sentó justo a su lado, tan cerca que sus hombros casi se tocaban.

- Es perfecto.

Laura miró hacia el océano, su proximidad siempre la desconcertaba.

Era imposible no contemplar el océano si estabas sentado en la playa, o al menos no usarlo como distracción mientras pensabas lo que querías decir con exactitud. Laura daba por seguro que era lo que Saga estaba haciendo en aquel momento, con sus ojos fijos en algún punto invisible del oscuro horizonte.

- Estás bien?

- Estoy bien - aseguró Laura con voz débil.

- Segura? —preguntó Saga rodeándole los hombros con un brazo protector.

Laura asintió. Advertía que estaba perdiendo el control. ¿Cómo explicar si no el hecho de poder sentir la sensación del calor de su mano a través de la piel de la ropa que le cubría los hombros? Apoyada en su brazo que la asía posesivamente por el hombro, se sentía protegida y percibió que el deseo la debilitaba. ¿Experimentaría él lo mismo?

Saga suspiro y se preparó para hablar.

- Sé que no nos hemos conocido en el mejor momento. Y sé que ahora mismo tienes mucho en lo que pensar, con lo de tu reincorporación al servicio activo y que finalmente se hizo justicia con el imbécil de Sebastián —Su mano paró y la dirigió hacia la barbilla de Laura para alzarla y hacer que lo mirara fijamente a los ojos—. Pero desearía que pudieras encontrar la manera de olvidar un poco todo lo que has pasado, porque creo que nos podemos hacernos muy felices el uno al otro.

Laura cerró los ojos por un momento permitiendo que las palabras la penetraran.

- Yo… yo también lo creo —murmuró con voz entrecortada. La alegría le había provocado un nudo en la garganta.

- De verdad? —rio Saga sorprendido

Laura abrió los ojos.

- Déjame a mí explicarte una cosa. —Le tomó la mano y entrecruzaron los dedos con fuerza- Todo esto que sucedió y como sucedió me hizo darme cuenta de que no puedes aplazar las cosas, porque nunca sabes lo que va a pasar. Hasta que te conocí, creía que empezaría de nuevo a vivir mi vida hasta solucionar el asunto de Sebastián. Entonces tendría tiempo para una relación o podría tener más tiempo para mis amigos. Pero llegaste tú en medio del problema y me di cuenta que no importa lo que suceda, siempre por mi profesión tendré problemas pero debo vivir el ahora. Ahora y ahora y ahora y ahora. ¿Tiene sentido? ¿O estoy hablando como una soñadora?

Saga alzó sus manos entrelazadas y apretó suavemente los nudillos contra sus labios.

- lo que eres y no te has de disculpar por ello. Me gustas así.

- Jaja. Te habías dado cuenta de los profundos pensadores que estamos hechos tú y yo?

Saga asintió solemnemente, pero en sus ojos se adivinaba picardía.

- Lo había observado. Profundos, muy profundos. ¿Qué podemos hacer al respecto?

- Déjame pensar. —Laura adoptó la postura de El pensador, apoyando el puño contra su frente, en expresión máxima de concentración—. Ya lo tengo. —Sonriendo, acercó los labios a los Saga y los besó tan sutilmente que sus bocas apenas se tocaron—. ¿Qué te ha parecido?

- Humm. —Saga meditó sobre ello—. Bien, pero creo seré capaz de superarlo. Déjame ver si puedo dar con un beso digno de dos filósofos de hoy en día.

Inclinó su cabeza y la besó, primero suavemente y después apasionadamente. Laura saboreó el deseo, dulce y meloso, que se intercambiaba entre ellos. Se le nubló la mente cuando sus fuertes brazos la envolvieron, atrayéndola con fuerza.

- Te amo —murmuró mientras su boca se desplazaba hacia el delicado territorio de su cuello.

- Yo también te amo —murmuró Laura rendida.

El cielo y la arena parecían vibrar, todo los seres vivos palpitaban con vitalidad mientras Saga le quitaba la cazadora de piel de sus hombros. Sus manos se movían sobre ella con la energía de un hombre insaciable. Sus dedos podían estar acariciándole la espalda y recorrer su cabello un momento después. A Laura no le importaba ser la destinataria de ese deseo, la excitaba, y parecía imaginando dónde exactamente la tocaría a continuación. La única constante era su boca: insaciable, posesiva, se mantenía apretada a la de ella sin interrupción.

En aquel momento cayeron cámara lenta, estirándose sobre la mascada con las extremidades entrelazadas, guiados por la luz de las estrellas que comenzaban a salir y un apetito que no podía, ni iba a ser reprimido. Saga hundió la cara en el cuello de Laura y manoseó salvajemente los botones de su blusa. Cuando los tres últimos se le resistieron, él simplemente los arrancó y el corazón de ella se aceleró. Podía arrancarle la ropa a tiras si quería. Se sometería a lo que fuera, con tal de que se mantuviera la promesa de su cuerpo contra el de ella, en el de ella.

La naturaleza intervino en la ceremonia, aportando una provocativa brisa fresca que navegó por su piel ardiente haciéndole estremecerse de placer.

Saga alzó su cabeza y con ojos ansiosos le subió el sostén de encaje por encima de los pechos. Su respiración, tan firme y profunda unos momentos antes, mientras hacía balance de su vida, ahora brotaba excitada en ráfagas de cortos suspiros. Y entonces… nada.

Laura alzó la cara y se encontró con una sonrisa perversa. Se sintió aliviada. Sólo estaba jugando, y jugando bien, pues su boca aprisionó la rosada cresta de su pezón derecho y empezó a chuparla. Laura suspiró, tensándose bajo sus labios. Él sorbió… y mordió, cambiando el ritmo, y con su juego la llevó al borde de la locura. El fuego de la pasión se encendió entre sus piernas y las arqueó deseosa de abrirse a él como una flor. Y Saga seguía torturándola, cambiando su labor estimulante a su pecho izquierdo. Cerró los ojos mareada. Cuando los abrió, el cielo daba vueltas.

Jadeaba, puede que incluso gimiera suavemente, no estaba segura. Sólo sabía que la luna llena que en ese momento se alzaba en el horizonte, el mar y las estrellas eran testigos de su amor. Tomando su cabeza con las manos, le hizo subirse encima de su cuerpo y con labios febriles devoró su boca. Saga gimió y apretó sus labios contra los de ella. Laura podía sentir su erección aprisionada por los jeans, su latido, cálido y persistente, palpitando contra la parte interior de su muslo.

- Hazme el amor - suspiró Laura - Ahora! Ahora! Ahora! ahora!.

Saga rio con un matiz animal a causa de la lujuria y el deseo. Con una seguridad que la encantó, dirigió las manos a sus pantalones y los desabrochó rápidamente. Laura se alzó un poco para permitirle bajárselos junto con sus braguitas hasta los tobillos, mientras aumentaba su impaciencia. Pataleó para deshacerse de las prendas, esperando que Saga se desnudara con rapidez y penetrara en ella.

Pero él se deslizó por su estómago y con un destello de malicia en sus ojos se apoyó sobre sus brazos para separarle los muslos con suavidad. Entonces lanzó un gruñido de bestial y puso su boca sobre su sexo ardiente.

Laura se arqueó mientras el fuego ascendía por su cuerpo, devorando toda reserva. Chillaba con los lametones lentos de su lengua y cuando el movimiento se volvía frenético se retorcía de puro delirio. El océano bramó su aprobación, pero las olas rompiendo no eran rival para los gritos de placer que escapaban de su propia garganta mientras ondas continuas de placer la sorprendían, dejándola momentáneamente sin sentido.

Claramente satisfecho por el resultado de sus atenciones, se alzó apoyándose sobre los talones. Laura sintió de nuevo crecer el deseo cuando Saga se arrancó su camiseta por la cabeza y la lanzó lejos de sus cuerpos, revelando su musculoso torso. Miró más abajo, él se desabrochó el cinturón y bajó la cremallera. Entonces se levantó y se deshizo de la última de sus prendas.

- Este hombre es un dios - fue todo lo que Laura pudo pensar mientras observaba cada centímetro de su escultural y perfectamente proporcionada figura. Repasó con mirada agradecida su cuerpo y le tendió la mano lánguidamente.

Saga la tomó, y se tumbó entre sus muslos. Sus ojos ardían con una fascinante intensidad a causa de su necesidad. Laura se tensó, expectante, lo tomó de la mano y tiró de él atrayéndolo. Quería enroscar sus piernas alrededor de aquellas costillas aterciopeladas. Quería sentir cómo calmaba su propia tensión en lo más profundo de su ser.

Apenas deslizándose en su interior, la penetró por etapas, desesperándola y embriagándola. Laura se apretó contra él. Saga retrocedió lentamente, y luego penetró con fuerza, hundiéndose en su interior tan profundamente como pudo. Lo repitió de nuevo. Y otra vez. Y otra vez. Hasta que Laura pensó que iba a partirse por la mitad. Y entonces, justo cuando Laura creía que no lo podría soportar más, aumentó la cadencia y la llevó hasta el borde de la locura.

El ritmo le hizo perder los sentidos. Cada pensamiento, cada sueño, cada deseo que tenía se reducía a eso. El cuerpo de Saga se unió al suyo, la pasión creciendo y envolviéndola en tremendas oleadas, hasta que al final estalló abiertamente, lanzando a Laura al vacío con un grito de éxtasis que rasgó el velo de la noche. A él no le quedó más remedio que responder de la misma manera: bombeó con las caderas salvajemente hasta alcanzar un clímax vibrante, vaciándose en ella con tal ferocidad y pureza que la dejó sin habla.

- Bueno… creo que fue mejor de lo que esperaba —murmuró Saga mientras se hundía encima de ella. - En realidad se suponía que me iba a hincar sobre una rodilla y pedirte que fueras mi esposa, pero…

- Saga… cállate. La respuesta es si – dijo Laura con una sonrisa tranquila.

El la rodeó con sus brazos protegiéndola de la brisa. Más tarde podrían hablar de los detalles.

Fin