Epilogo
- Ella te echó, ¿verdad? —Kanon se rió ahogadamente, desplazándose en el banco de la sala de espera de la pequeña clínica en Rodorio para hacer sitio a Saga.
- Volveré cuando el momento esté más cerca —se frotó la mejilla ausentemente y Kanon puedo ver claramente la roja impronta de la mano de su esposa perfilada en la oscura piel.
- Dar a luz puede hacer que las mujeres sean bastante feroces —dijo riéndose de su hermano
Saga gruñó.
- ¿Quién te invitó aquí, por cierto?
- Tú
- No sé qué locura me poseyó.
- La misma locura que te hizo invitarnos a nosotros también —dijo Aioros, reuniéndose con ellos.— ¿Está Shaina todavía en el parto con Laura?
- Sí. Ella y Marín están cacareando lo bastardo que soy, asintiendo a cualquier asqueroso nombre que Laura pueda pensar en llamarme.
- Las mujeres tienen una forma de mantenerse juntas contra sus hombres —dijo Kanon con sabiduría.
- Deja esa cerveza disfrazada de tarro de café y compadécete de mí – dijo Saga arrebatándosela al embriagado Kanon.
Tomó él mismo una gran cantidad de bebida, necesitando los relajantes efectos más de lo que quería admitir. Laura había estado ya de parto casi ocho horas. No tenía ni idea de que dar a luz pudiera llevar tanto tiempo o ser tan agotador.
Las pasadas horas habían sido tan dolorosas para él como para Laura, podría apostarlo. Su cara todavía le ardía un poco donde ella le había abofeteado. Ella se había disculpado inmediatamente, pero eso no había quitado el ardor. Especialmente cuando ella había seguido su disculpa con un gruñido de dolor y una maldición sobre su virilidad.
Saga y Laura se habían casado en una ceremonia sencilla únicamente con sus amigos en una capilla cerca del santuario. No les había dado tiempo de algo más al darse cuenta que su último encuentro en la playa les había traído una hermosa consecuencia de 9 meses.
- Tuviste suerte de encontrarte al amor de tu vida y todo me lo debes a mí. Es realmente desafortunado que no te la merezcas.
Kanon y Saga habían hecho un hábito de meterse el uno con el otro. Como hermanos, así evitaban los momentos incomodos y ellos más bien se disfrutaban así.
- Solo estás celoso. Voy a tener que encontrarte alguien que también te pueda meter en cintura.
- No gracias. Prefiero ser libre como pájaro. Así puedo coger más seguido —miró maliciosamente con lujuria, sabiendo que Saga no conseguiría ningún acurruque de Laura durante al menos unas pocas semanas después del parto.
Como esperaba, Saga gruñó ante el agudo recordatorio.
- Dame ese tarro —ordenó Aioros, sin preocuparse de que ya tuviera la baba de los dos hermanos - Me niego a ser el único sobrio aquí.
Pronto la sala de espera estaba pronto resonando con sus risas borrachas y obscenas.
- Mira este desastre —escupió una voz femenina con repugnancia.— Están aquí afuera teniendo una gran fiesta mientras nosotras estamos ocupadas y tenemos nuestros traseros esclavizados para sacar a uno de sus descendientes.
La risa de Kanon se detuvo abruptamente.
- Oh querida Shaina —balbuceó él— prometemos estar igual de ebrios cuando tengas a los tuyos
Ella puso los ojos en blanco con exasperación, pero una pequeña curva en los labios la traicionaba.
Kanon intentó abrazarla pero cayó pesadamente en el suelo, riéndose.
- Eres un maldito lunático —le regañó Shaina, no pudiendo esconder más su sonrisa.
Se inclinó y ayudó a su amigo a ponerse sobre sus pies con una fácil fuerza que siempre la sorprendía.
Marín se acercó a su Aioros. Él le dio la bienvenida con una sonrisa.
- Ya será pronto, Saga. Laura está preguntando por ti.
- De acuerdo - Saga se balanceó, levantándose sobre sus pies. - Deséenme suerte, hombres - les saludó, como un soldado que partiera hacia la batalla.
Los dos hombres estaban también demasiado ebrios para entender su gesto. De cualquier forma, ambos devolvieron la alegre onda antes de volver su borracha atención a sus amigas.
Caminó despacio hacia la sala de parto. Estaba casi completamente sobrio para el momento en que llegó y no estaba demasiado sorprendido por ver a Shion y Saori afuera esperándolo.
— Tu hijo está impaciente por ver el mundo —dijo su Shion a modo de saludo.
Saori atrapó sus manos con excitación y amistad.
— Estoy tan orgulloso de ustedes dos. Acabo de mirarla. Es tan hermosa!.
— Jajaja no es cierto. Está sudorosa —gruñó Shion en tono de broma.— Su pelo es un desastre. Y tiene una atracción alarmante por lenguaje vulgar.
- Ahora ve con ella. Y si te lanza un golpe, esquívalo —le empujó Saori a través de la puerta de madera.
Estaba muy emocionada pues sería el primer bebe que nacía de esa generación de caballeros dorados.
- Mi amor —le llamó ella, sonriendo débilmente desde su cama.
Su compañera estaba de verdad sudorosa, y su cabello estaba de verdad desordenado y desarreglado. Llevaba una simple bata de algodón rosa, su vientre hinchado y lleno, su piel con un rubor ardiente por sus esfuerzos. Pero nunca le había parecido más maravillosa que en ese momento.
- Daría cualquier cosa por una dosis de morfina en este momento —su voz era ronca e inestable.
Él se colocó al lado de ella cautelosamente.
Laura rió.
- No te golpearé de nuevo - ella se estremeció con una nueva y violenta contracción, que duró varios largos momentos.— Dame un beso antes de la siguiente - jadeó cuando había terminado.
Él lo hizo, humillado y asombrado de que ella pudiera manejar los dolores que sacudían su cuerpo y todavía lograra ofrecerle la ternura de sus labios.
Saga sujetó su mano durante largos minutos, aliviándola en cada nueva contracción, persuadiéndola con ruegos a que respirara cada vez que se hacían rápidas y duras con el acercamiento de su hijo. Incluso intento distraerla de su dolor con anécdotas de cuando los chicos eran bebes.
- Oh Dios mío, está viniendo —gimió, alzando las rodillas y colocándolas sobre el pecho.
- Empuja ahora Laura —le urgió el médico, sabiendo que el momento había llegado.
Pasó otra hora. Laura estaba gritando cada grosería que hubiera oído alguna vez, incluso inventando algunas nuevas. Cada insulto que le lanzaba estaba intercalado con sus votos de amor y devoción eterna. Saga habría encontrado toda la escena bastante humorística si no le golpearan tanto la preocupación y la culpa cada vez que su ella gemía con esfuerzo y agotamiento.
En un largo último empuje, su bebe se deslizó fuera de su cuerpo y Laura grito su triunfo. Cayó, sudando y desmadejada, contra las sabanas. El doctor limpió el diminuto bulto que se retorcía en sus brazos, mientras las lágrimas caían en ríos ardientes por las mejillas de Saga. Nunca había sentido tanta alegría, tanto temor.
- Te amo —tenía que decirlo. Su corazón estaba lleno. Su vida estaba completa.
- Yo también te amo —jadeó ella alcanzándolo.— Déjame verlo.
Saga colocó a su niño contra el pecho de ella.
- Es tan hermoso —dijo Laura llorosa al ver el pedacito de alegría con cabello azul.
Apenas llevaba unos minutos de nacido y ya daba cuenta de ser un pequeño guerrero, gritando su presencia al mundo. Pero aunque todo él fuera una réplica de su padre, sus ojos eran idénticos a los de su madre en cada pequeño detalle, ojos oscuros y profundos y ya brillando ferozmente.
Saga la besó apasionadamente, probando su agotamiento y su alegría. Sus lágrimas se mezclaron juntas cuando lloraron sobre su niño.
Veinte minutos más tarde, mientras Laura dormía el sueño agotado de una nueva madre, Saga salió de la sala con su bebé en brazos.
Los doce dorados estaba ya reunida para lograr un vistazo del nuevo integrante de la familia. Todos sonrieron felices por él en este momento de celebración. Saga sonrió a su familia y amigos, agradeciéndolos que le hubiera acompañado en ese momento tan glorioso para Laura y para él..
- Este es mi hijo, Tomas, y un día peleara con algun hijo de Kanon por la armadura de Géminis — dijo con orgullo.
Todos comenzaron a pasarse al niño para conocerlo y gritaron su nombre regocijándose.
- Tommy! Tommy! Tommy! —gritaron.
Y una mano diminuta se alzó del envoltorio, la mano de un nuevo y futuro caballero de Athena, como en señal de victoria
