Consciente ahora de las modificaciones que Masuda le había hecho al celular, decidí que lo mejor era llevarlo siempre a mano. De pronto, solo sentí como me lo arrebataban.
La sangre se me heló antes de siquiera darme vuelta a mirar quien había sido el responsable. Parte de mí ya sabía quién había sido.
Como lo sospechaba, al voltear lo primero que veo es la sonrisa triunfal en el rostro de Akira.
Ese celular, era la única manera de que Kurosaki supiera que yo estaba en peligro y ahora el aparato se encontraba en la mano izquierda de la última persona que querría ver en el mundo.
Lo primero que pensé en ese momento es que no tenía razones para quitármelo. Se suponía que no estaba enterado de que yo podría mandar una llamada de auxilio rápidamente. Entonces se me congeló la sangre… él ya lo sabía, de algún modo se había enterado.
Como si el ya supiera lo que yo estaba pensando, habló.
-Perdón por ser tan repentino, pero… esteee, no me gusta esta mierda de aparato - dijo Akira en modo de bienvenida. Segundos después, vi con horror como lo lanzó contra la pared haciéndolo añicos.
Yo me había prometido unas quinientas veces que no sentiría miedo, pero todas juntas no valieron nada en ese momento. No sabía que pensamientos se le estaban cruzando por la cabeza. El permanente brillo de locura que invadía sus ojos no ayudaba a predecir nada, al contrario, lo hacía aún más impredecible. Aun así, hice un esfuerzo en intentar verme lo más fría posible.
-¿Qué es lo que quieres Akira? Habla de una vez- dije, talvez con una voz más temblorosa de la que quería.
Si, su sonrisa daba miedo, pero ver como esta se borraba lentamente, dejando una expresión seria en su lugar era aterrador. Lentamente él dijo.
-Tú, te vienes conmigo. No aceptaré un no por respuesta-
La única opción que tenía me había sido negada al destruir el celular. No sabía si el venía solo y no estaba dispuesta a arriesgar la vida de nadie que me viera de pasada. Lo único que me quedaba era aceptar e irme sin llamar la atención.
Suspiré largamente, y finalmente lo dije
-Está bien-
Akira suspiró aliviado suavizando su expresión, cosa que me descolocó por unos segundos.
-Ah, qué alivio- dijo con una sonrisa completamente diferente a la habitual y extendió su mano para tomar mi muñeca y salir de allí.
Mientras salíamos a la calle sin levantar ninguna sospecha y caminábamos unos pasos decidí preguntarle.
-Emmm ¿Qué te alivió tanto?- Akira me miró, estábamos caminando a la par, por lo que parecíamos solo una parejita paseando. No se llegaba a ver a simple vista, pero el agarre de su mano estaba fuerte sobre mi muñeca.
-jej… obviamente, el hecho de que no haya tenido que amenazarte. Sabes que pudo ser peor si te hubieras negado Teru chan. Por eso me siento muy contento-
Yo me sentía descolocada y asustada. Lo primero debido a que no sabía cuánto tiempo estaría encerrada y no me sentía cómoda con esos cambios de humor repentino. Sencillamente no sentía estabilidad alguna frente a alguien que es capaz de comportarse como un loco dispuesto a cualquier cosa y que, segundos después, me miraba como un niño con un juguete nuevo. Lo segundo era porque, justamente eso demostraba los serios problemas emocionales que él tenía y yo no era una persona capacitada para tratar con gente así. Cualquier tontería podría encolerizarlo y yo no sabía que podría llegar a hacerme.
Llegamos a un auto y nos sentamos en la parte trasera del mismo. No podía ver al conductor ya que estaba adelante, pero pude notar que era un muchacho de cabello rubio un poco más alto que Kurosaki.
Pensé que me pondría vendas en los ojos o algo por el estilo, pero no se tomó la molestia. Seguramente él ya sabía que yo no estaba dispuesta a intentar escapar si eso implicaba peligro para alguien. Kurosaki era un adulto, pero no quería convertirme en su punto débil, y mis compañeros correrían peligro innecesario.
"Estoy aterrada, pero no puedo llorar. No quiero seguir siendo débil, al menos hasta que Kurosaki me rescate" pensaba mientras miraba por la ventana como avanzábamos. De pronto, me da por mirar a Akira y lo descubro lamiendo distraído una piruleta, mientras igualmente miraba por la ventana.
"¿Cómo puede ser tan cruel? ¿Cómo pueden ser tan crueles estas personas? ¡Pero él es el peor! Me acaba de secuestrar y ahora esta complemente indiferente a la situación, comiendo un estúpido dulce como si estuviera de paseo. Ojalá se atragante"
Akira pareció notar como lo fulminaba con la mirada y dirigió la vista hacia mí. Aún con el pequeño dulce en la boca metió su mano en el bolsillo de su pantalón para sacar otra paleta y ofrecérmela.
-Estoy bien- fue mi única contestación.
-No puedes hacer nada en este momento, así que deja de actuar como idiota. Cómete esto para sobrellevar el hambre en lo que vamos al escondite-dijo seriamente. Luego mágicamente cambio su expresión a una sonrisa feliz. La misma que tenía hace un rato, cuando salíamos del hotel- Cuando lleguemos tendrás un buen desayuno- La capacidad de cambiar repentinamente de humor que tenía Rena era insignificante al lado de esta persona. Rena era orgullosa y se contenía en sus momentos, lo que la hacía ver rara. Pero Akira, definitivamente estaba loco.
Al final acepté la golosina y me dispuse a comerla aunque todas las emociones me habían quitado el hambre.
Abrí los ojos, los cuales tenía cerrado debido al placer de disfrutar la pequeña paleta y miré nuevamente a Akira porque me parecía que me había hablado nuevamente.
-¿Hum?-
Estaba mirando por la ventana y parecía no haberme escuchado. Talvez solo pensó en voz alta.
"Espera, eso a mí no me interesa, soy una pobre prisionera… Kurosaki, por favor ayúdame"
Llegando al lugar me invadió el temor. Me veía en un agujero de ratas con las paredes roídas y húmedas, todo eso en una casa vieja en medio de un terreno abandonado a las afueras.
Cosa completamente distante a la realidad. Estaba tan distraída que no noté que jamás salimos del centro hasta que el auto se detuvo. Al final terminamos estacionando frente a un hotel y por su aspecto parecía un lugar muy elegante.
-Oh dios no, perdóname Souichirou. Otra vez tu hermanita esta por ingresar en un hotel- dije en voz baja.
Akira aun así escuchó y empezó a reírse con una mano en la frente, lo que me pareció muy molesto.
-¿Qué te divierte tanto?- le dije molesta olvidando la situación
-Jajajajajaja, eso, eres divertida ¿no has tenido sexo todavía? Pensé que con un adulto como Kurosaki podrías haberlo hecho-
La forma tan abierta en que lo dijo hizo que mis mejillas se tiñeran de rojo.
-CÁLLATE, CÁLLATE Y QUÉDATE CALVO TU TAMBIÉN- le grité. No sabía dónde meterme y para colmo el estúpido no paraba de reír. Incluso ahora su risa se había vuelto más fuerte mientras se agarraba el estómago y se doblaba en el asiento.
Luego de unos minutos, salimos del auto y nos dirigimos hacia el establecimiento.
La habitación a la que llegamos era inmensa aunque estaba a media luz debido a las cortinas que estaban cerradas.
Yo estaba adelante y un olor me hizo enfocarme en una mesa de living repleta de comida. Café, leche, panqueques, frutillas, moras, bizcochos, etc.
"Comer, comer, comer, comer, com…"
-Que bien que ya estaba todo listo, no quería esperar- dijo un muy alegre Akira mientras se aproximaba, se sentaba despreocupadamente en el sillón y tomaba un panqueque.
"¿TENGO QUE COMER CON EL? ¿POR QUÉ LA VIDA ES TAN INJUSTA?"
No me había movido de lugar y Akira se estaba por comer un segundo panqueque.
Antes de llevárselo a la boca me mira –Ven, sé que no has comido nada. No te voy a hacer nada malo si no intentas escapar, tonta-
"Es verdad, ponerme en plan de protesta y no comer es estúpido. Solo comeré en silencio" pensé mientras me aproximaba al otro extremo del sillón y me servía algo de leche y café en una taza.
Muy ingenua al pensar que sería una comida silenciosa. Akira no paró de hablar y para peor, mi orgullo de prisionera de fue al diablo y terminé debatiendo sobre donde podría haber mejores pasteles en la ciudad.
-Una vez Mori san me llevó a una misión que teníamos que espiar a alguien que… bueno no importa. El tema es que estábamos controlando todo instalados en una pastelería. Al principio no le vi lo interesante, parecía demasiado pequeño y sencillo el lugar ¡Pero comí una porción de una torta de chocolate que no se comparó con nada! En serio, era una masa suave con mucho sabor ¡casi me vengo ahí mismo con solo un bocado!- dijo Akira sin ningún tapujo.
Yo estaba escuchando atentamente, demasiado como para pasar por alto ese comentario.
-¡Qué demonios, Akira! ¿No puedes usar otros términos menos…- En ese momento me interrumpió
-Jajajaja, claro, no se puede hablar frente a los niños- dijo con toda la arrogancia que pudo, para después empezar a reírse. Yo me estaba enojando por décima vez en el día.
-¡Tienes la misma edad que yo! Ni que pudieras llegar a tener tanta experiencia en el campo como para decir eso-
Akira tenía en una mano un pequeño tenedor con un pedazo de pastel de chocolate y la otra descansando sobre sus piernas, mirándome fijamente.
-Oye ¿te gustaría probar conmigo? Podríamos, si ya no tienes hambre, hacerlo sobre la mesa y ensuciarnos un poco- dijo apuntándome con el tenedor.
Mi cara debía ser un poema en ese momento. No encontraba las palabras hasta que…
-¡DESCARADO!- le grité a todo pulmón.
Él se estaba doblando sobre sí mismo mientras soltaba sonoras carcajadas
-¡PERVERTIDO! ¿Cómo puedes desperdiciar la comida de ese modo?- le dije muy molesta
Akira levanto la vista y me miró con sorpresa. Recién ahí caigo en cuenta.
-N… no… o sea, no quise decir eso. También hablaba de la invitación pero me mol...-
De pronto noté como el cambiaba su expresión a una de dolor y se agarraba la cabeza con los brazos.
-Akira no jueg… ¿Akira?- Estaba respirando agitado y empezaba a ponerse pálido frente a mis ojos.
-Pega el grito, alguien está vigilando en la puerta- atinó a susurrar antes de que el dolor lo invadiera de nuevo y lanzara un lamento a la vez que apoyaba la cabeza en el sillón.
No sé si fue por la tensión de todo el día, o porque sencillamente en ese momento mi odio hacia él estaba en segundo plano, pero le hice caso-
-AYUDA POR FAVORRR, QUE ALGUIEN VENGA- grité hacia la puerta, hasta que llegó un guardia
-¿Qué ocurre?- me preguntó, pero fue Akira quien respondió.
-La inyección… dámela-
-Yo no sé colocar inyecciones. Me informaron que la señorita era la encargada de aplicárselas- dijo mirándome y luego agregó señalando la cama- el estuche está ahí.
Me fijé que, efectivamente, había un bolsito negro en mi cama.
-¿Usted no sabe colocarlas?- pregunté al guardia que solo se encogió de hombros.
-No, me dijeron que usted si sabía-
Antes de poder preguntarle nada más se retiró y cerró a puerta.
"Que desconsiderado, ni siquiera se dignó a acompañarnos"
Miré a Akira que parecía estar poniéndose peor. Su respiración se hacía pesada y sus ojos estaban cerrados.
Entonces me dirigí a la cama y regresé con el estuche. Me puse de rodillas junto a Akira.
-Teru chan ¿De verdad sabes hacer esto?- me preguntó con un rostro de dolor que ya no parecía el dolor punzante de antes, sino un dolor constante.
-Mori sensei nos enseñó primeros auxilios. Aplicar una inyección por si alguien la necesitaba con urgencia era parte de la clase- respondí mientras preparaba la inyección.
-Ja, muy conveniente…- lo oí decir.
Tomé su antebrazo y presioné para que el cable correspondiente se hiciera notar.
"Menos mal que tiene venas muy gruesas y fáciles de ver. Es la primera vez que hago esto" pensé antes de aplicarle la sustancia.
Media hora después Akira se encontraba acostado en el sillón y yo estaba arrodillada a su lado.
Estaba sumida en mis pensamientos desde hacía rato. No podía asimilar aun todo lo que había ocurrido el día de hoy.
"Fui secuestrada por la persona que casi destruye mi relación con Kurosaki… bueno tampoco puedo ser tan arrogante. No es una relación, no sé realmente lo que es"
-Mmm… Teru chan- Oigo de pronto. Dirijo la vista hacia él y en seguida noto que estaba muy cansado, pero sin signos de ningún dolor.
Sabía que debía despreciarlo, aprovecharme de su debilidad e irme, pero no podía. No estaba segura si esa decisión era por el miedo a lo que pudiera ocurrirle a la gente que quería o porque sentía compasión por él.
"Tal vez debería plantearme el "por qué" de ciertas cosas que hago ¿instinto talvez?"
-Descansa un poco, intenta dormir- le dije. Si, debía despreciarlo, pero me estaba mirando de una forma que me hacía sentir culpable ante la idea de semejante cosa. El reflejo de locura de sus ojos se había perdido en algún plano lejano, dejando lugar a una mirada de agradecimiento.
-Muchas gracias, Chiharu se fue, pero te traje aquí y me salvaste- dijo débilmente
-Espera ¿estás diciendo que me trajiste para que hiciera de enfermera? ¿No pudiste haber contratado a una?- le dije, en tono molesto.
-No, no sabía que podías aplicar inyecciones, pero no es conveniente que merodee una enfermera por aquí-
-¿Cómo no es más conveniente que te cuide una profesional antes que una estudiante de secundaria que secuestraste?- le dije, pero al momento me retracte mentalmente, con miedo a que reaccionara agresivamente. Lejos de eso, soltó una risita.
-Te debo una, más tarde te llevaré a probar ese pastel de chocolate que te mencioné ¿te parece Teru chan?- me dijo cambiando el tema. Recordar la forma en que había descrito el gusto del pastel hoy temprano hizo que me sonrojara de nuevo.
-T… tonto- le dije inflando los cachetes
Ya entrada la tarde de ese mismo día, me había entrado a bañar.
Antes de salir me había vuelto a poner la misma ropa de hoy, pero al acercarme a la cama, me encuentro con un conjunto nuevo. Akira no estaba, probablemente se había ido a su cuarto.
Regresé al baño a cambiarme de ropa por el pantalón de vestir rojo y la camisa sin mangas negra que me dejaron.
"¿No podrían haberme traído algo menos… sugerente?" pensé yo al ver como se me veía algo del vientre, y bochornosamente, se me notaba el ombligo. Mi hermano me pegó el pudor por mostrarlo, así que ahora realmente me sentía rara.
-Oh hermano ayúdame, voy a mostrar mi parte más privada cuando salga ¿Qué voy a hacer?-
-Solo muéstrala ¿quieres?- di un respingo al oír la voz de Akira a mis espaldas, cuando me di vuelta, noté que estaba a escasos dos pasos de mí. Me parecía realmente irónico que me respondiera justamente el, quien se parecía tanto físicamente a mi hermano, si obviábamos los ojos por supuesto.
-No entres sin avisar, casi me matas del susto- le digo. Cuando veo que su sonrisa se hace muy amplia, perversamente amplia.
-Así que esa es tu parte más privada- afirmó señalando mi ombligo con su dedo a un centímetro de este. Sin tocarme, estaba moviendo los dedos de manera que pareciera que acariciara esa zona. Yo no podía dejar de mirar los escasos milímetros que separaban sus dedos que emitían calor y parecían paralizar mi abdomen. No me podía mover, creía que era por el miedo a que acortara la distancia que faltaba y alcanzara mi piel.
"¿Qué demonios le pasa?"
Levanté la vista, no me había dado cuenta en qué momento había acortado tanto la distancia que su rostro se encontraba a escasos centímetros del mío.
Abrí desmesuradamente los ojos al sentir, por segunda vez, sus labios sobre los míos.
Era un beso muy diferente al que me dio en la estación, tiempo atrás. El primer beso fue estático, solo un rose. Ahora estaba atrapando mi labio superior entre los suyos, estrujándolo, para luego morder el labio inferior.
No lograba entender su actitud, sí, pero menos lograba racionalizar el porqué de que mis latidos se hicieran tan fuertes, me sentía extraña.
Akira acercó su otra mano a mi espalda baja, donde se exponía parte de mi piel y me acercó más a él. Su mano me produjo un escalofrío que recorrió mi espalda y sin darme cuenta, estaba correspondiendo el beso.
