La verdad k me da igual lo k me digan esas personas k kieren k borre esta historia. Ya explike k era un homenaje y ademas hay muxas otras personas k me piden k continue pk ellas kieren volver a leer el fic pk es su preferido y por eso voy a seguir publicandola. Ademas he prometido k continuare la segunda parte k DioXa dejo sin continuar. Asi ke no critiquen y dejen k haga lo k kiera y no molesten. Gracias a las personas k les gusta el fic y k dejan sus comentarios tan amables.
CAPITULO 3.
Prueba superada
Vegeta abrió la puerta de su amplio y lujoso dormitorio y la cerró con fuerza a su paso. Los soldados que normalmente le seguían a todos lados cuando se encontraba solo, se quedaron en la puerta dispuestos a vigilar desde fuera el sueño de su príncipe. Estaba cansado y bastante enojado con todo lo ocurrido en el día de hoy. Al encender la luz, una voz femenina que provenía de la cama, lo alertó:
- ¡Sorpresa! – Dijo la mujer asomando su cabeza por entre las sábanas.
- ¡Maldita sea, Syra. No deberías estar aquí.- Dijo Vegeta algo molesto.
- ¿Y por qué no?. Dentro de unos días estaremos casados. ¿Crees que alguien se sorprendería de vernos juntos ahora?.- Contestó la mujer descubriendo su cuerpo desnudo entre las sábanas. – Te noto algo tenso...vamos...ven aquí...yo haré que te relajes, mi príncipe...- Le dijo sonriéndole y con voz extremadamente sensual.
Vegeta dirigió su vista hacia ella contemplando su perfecto y escultural cuerpo. Syra era probablemente la mujer más hermosa de todo Vegetasei. Su cabello era largo y de color negro azabache, ligeramente rizado en las puntas y sus ojos de forma almendrada, eran oscuros y muy expresivos. Había sido elegida desde pequeña para ser la esposa del príncipe y proporcionarle un digno heredero. Reunía todas las cualidades necesarias para dicho cometido: su familia pertenecía a la más alta nobleza saiyajin, era extremadamente bella, inteligente, la mujer saiyajin con más alto nivel de combate y una excelente guerrera. Durante toda su vida, se había dedicado a la lucha y había encabezado varios escuadrones de combate logrando numerosos triunfos. Ella y Vegeta se conocían desde que eran unos niños, habían estudiado juntos y también compartieron algunos preparadores y técnicas para la lucha y el combate. Ambos sabían que su destino era unirse en matrimonio algún día, y cuando llegaron a la juventud, empezaron a tener relaciones sexuales juntos. Ella sabía que en cuanto se casara con el príncipe, tendría que dejar irremediablemente la lucha y los combates, dedicarse exclusivamente a lidiar con problemas cotidianos de palacio y prepararse para ser la madre del futuro rey de Vegetasei. Este hecho era lo que más le disgustaba, el abandono de los entrenamientos y la lucha, pero ella era una mujer muy ambiciosa, y ansiaba el momento de verse convertida en reina de Vegetasei. Deseaba ese poder, y nada más le importaba.
Para Vegeta el matrimonio era una obligación más por su condición de príncipe y estaba dispuesto a cumplirla como todas las demás. Además, el hecho de casarse no le impedía seguir manteniendo su harén y acostarse con otras mujeres, al contrario que para Syra, puesto que las leyes saiyajins castigaban con la muerte a la esposa que osaba cometer adulterio, incluyendo a la mismísima reina.
Vegeta decidió olvidar por el momento todo lo acontecido en el día de hoy, y se acercó a la cama dispuesto a satisfacer sus instintos, y se entregó al placer carnal con la mujer que se convertiría en su esposa dentro de tan sólo una semana.
Al día siguiente, Bulma se encontraba en el laboratorio junto a los demás científicos. Se notaba tensión en el ambiente, y todos se mostraban visiblemente nerviosos.
- Bueno, Raizar, creo que ya está todo. – Dijo Bulma.
- Si. Hemos hecho un buen trabajo. Espero que el príncipe se muestre satisfecho con toda la información que llevas en esos documentos.- Se detuvo unos segundos y luego añadió – Prométeme que tendrás cuidado, Bulma. – Concluyó Raizar.
- No te preocupes, ya verás como dentro de unas pocas horas estoy aquí – Bulma sonrió tratando de tranquilizar al anciano.
De repente, las puertas del laboratorio se abrieron y Raditz entró acompañado por dos soldados.
- Esclavos, traigo orden del príncipe de haceros entrega de todo el suministro incluido en esta lista. Que uno de vosotros acompañe a mis hombres hasta vuestro almacén. – Dijo con rudeza.
Raizar y Bulma se miraron, y aún sorprendido, el anciano se dirigió hacia Raditz diciéndole:
- Yo les indicaré, señor. – Y tomando la lista que el saiyajin tenía extendida en su mano, se dirigió hacia la puerta.
- ¿Quién de vosotros es Bulma?. – Preguntó Raditz.
- Yo, señor. – Contestó la mujer acercándose a él. El saiyajin levantó ambas cejas en señal de asombro. Se quedó parado observándola de arriba abajo, y una sonrisa lujuriosa se dibujó en su rostro.
– Sígueme, mujer. El príncipe Vegeta requiere tu presencia.- Le dijo sin apartar su vista de ella.
Durante todo el camino hasta palacio, Bulma caminaba acompañada de dos soldados saiyajins, uno a cada lado. Justo detrás de ella, podía sentir la presencia de Raditz y de sus ojos posándose en todos los rincones de su cuerpo. Sin pensarlo, y debido al nerviosismo, volvió su cabeza atrás, lo miró durante un segundo y después continuó caminando al frente.
Se detuvieron ante las puertas de una inmensa sala y Raditz se adelantó. Abrió una de ellas, y le indicó con un gesto a Bulma, que pasara por delante de él. La mujer le obedeció y encaminó sus pasos al interior del salón vacío. El saiyajin se quedó unos segundos observándola y con la misma sonrisa anterior le dijo:
- Espera aquí, esclava.- Bulma se tranquilizó un poco al oir esas palabras. No quería pasar ni un segundo más en compañía de ese saiyajin.
Raditz cerró la puerta y se marchó, dejando allí a los soldados vigilando el exterior de la sala.
Bulma comenzó a examinar aquella sala decorada con tanto lujo. Era la primera vez que visitaba el palacio. Sus ojos se detuvieron en una enorme mesa rectangular con grandes cantidades de comida encima de ella. Toda clase de manjares y exquisiteces se exponían allí. Pensó que tal vez, después de su reunión, se celebraría algún tipo de evento en esa sala para decenas de comensales. Eso la tranquilizó algo más, pues eso significaría que su encuentro con el príncipe no se alargaría mucho.
Vegeta se encontraba en su dormitorio ya vestido con su habitual uniforme de combate y se dirigía a abrir la puerta después de que Nappa llamara y se identificara como tal.
- Buenos días, Vegeta.- Dijo el enorme saiyajin cuando se encontró con su príncipe. Raditz me acaba de informar de que ya se ha realizado la entrega en el laboratorio. La mujer te espera en el salón 24. – Terminó de decir.
- Bien. Acompáñame hasta allí y luego déjanos solos.- Repuso Vegeta mientras terminaba de acomodar su uniforme. De pronto, detrás de él, apareció Syra y dirigiéndose a la puerta exclamó:
- Buenos días, Nappa. – Le dijo sonriendo, y antes de que el saiyajin respondiera continuó: - Habrás notado que el príncipe está hoy más tranquilo...lo cierto es que anoche le encontré bastante tenso.- Pasó entre medias de los dos hombres, dirigiéndose a la salida y sin parar de sonreir.
- Buenos días, Syra. – Contestó algo desconcertado Nappa. No esperaba encontrarse allí con ella y dirigió una fría mirada al príncipe.
- Dejémonos de tonterías, tenemos trabajo que hacer. – Exclamó Vegeta comenzando a caminar hacia el pasillo, seguido por Nappa. Syra observó a los dos hombres alejarse y encaminó su rumbo hacia el sentido contrario.
De camino hacia el salón donde Bulma lo esperaba, los dos hombres no habían pronunciado palabra alguna, hasta que Vegeta dijo:
- La encontré anoche en mi cama. ¿Qué querías que hiciera?.- dijo en forma de disculpa.
- Ya sabes lo que opino sobre eso, y también sabes lo mucho que se enojaría tu padre si llegara a enterarse de esos encuentros antes de la boda. – Contestó Nappa sin mirarle siquiera.
- Falta tan solo una semana, no tiene por qué enterarse. Además, esa estúpida costumbre de no tener sexo con ella hasta el día de la boda me parece ridícula. – Replicó el príncipe.
- Es la forma de asegurarse de que tú seas el primer y el único hombre en su vida.- Dijo Nappa seriamente.
- ¿Acaso dudas de que no lo sea?. Yo la desvirgué y estoy seguro de que nadie más le ha puesto la mano encima.- Contestó Vegeta con seguridad mientras Nappa se detenía ante las puertas de un gran salón custodiado por dos soldados.
- Ya hemos llegado. Te veré luego, Vegeta. – Y se dio la vuelta sin mirar siquiera a su príncipe. Estaba molesto todavía por lo anterior y quería que Vegeta lo notara. Nunca le gustó la idea de que los dos prometidos se acostaran juntos, y lo peor es que él tuvo que mentir en numerosas ocasiones al rey para no descubrirlos. El siempre se enorgullecía de casi todo lo que hacía su príncipe, pero en otras ocasiones, no podía entender por qué Vegeta se mostraba tan rebelde e impetuoso. Temía que debido a ese carácter tan indomable, su pupilo cometiera algún día un error que le pudiera causar graves problemas, aunque por supuesto, él estaría ahí para protegerle, de eso no cabía duda posible.
Vegeta se quedó observando por unos instantes a Nappa mientras se alejaba. Abrió la puerta del salón, ignorando el saludo de los soldados, y entró, cerrando la puerta a su paso.
Bulma se encontraba mirando por la ventana el hermoso jardín, recordando con dolor los momentos en que ella y su madre dedicaban todo su cariño y cuidados a las plantas y flores que se extendían por casi toda la parcela de Capsule Corp. Tan concentrada estaba, que no se percató de la entrada de Vegeta en la sala hasta que escuchó una voz masculina que decía:
- Veo que no tienes hambre, mujer.- Bulma se volvió algo sorprendida, miró por unos instantes hacia la mesa plagada de comida, y después dijo:
- A los esclavos sólo se nos permite comer una vez al día, y ese momento no se producirá hasta dentro de unas horas. – Contestó con frialdad.
- Ahora tienes mi permiso para hacerlo. – Le dijo mientras se sentaba en la mesa frente a la comida.
- No gracias. No tengo hambre. – Repuso Bulma sin moverse del sitio.
- Como quieras. Pero al menos siéntate. No me gusta que nadie me observe de pie mientras me alimento.- Bulma obedeció y se sentó en la silla más alejada de él. Las imágenes anteriores sobre su vida pasada, le hizo recordar que este hombre era uno de los mayores culpables de su desgracia y, en estos momentos, sólo sentía odio hacia el saiyajin que tenía enfrente, el cual había comenzado a devorar literalmente la comida. Ella había oído hablar sobre el insaciable apetito de los saiyajins, pero nunca presenció a ninguno comer, y aunque se notaba que el príncipe tenia modales, le desagradaba observar la enorme cantidad de alimentos que entraban sin descanso por su boca.
Cuando terminó, Vegeta se dirigió a uno de los amplios sofás que había en el salón y se sentó. Señalando a otro que había enfrente, indicó a la mujer que hiciera lo mismo. Bulma se acomodó en su asiento y, con voz algo temerosa, le dijo:
- Si le parece, señor, puedo empezar a hablarle ahora sobre los proyectos. – Vegeta se dio cuenta de lo nerviosa que se encontraba la mujer, y sonrió. La había estado observando mientras comía y le sorprendió la belleza de sus azules ojos y de su rostro, iluminados hoy por la luz del día. Era aún más hermosa de lo que le pareció ayer en el laboratorio, y extremadamente frágil, como cualquiera de las exóticas flores que adornaban el jardín. Después de unos segundos en silencio, el príncipe contestó:
- Antes de eso, quisiera ver por escrito lo que solicité ayer.-
- ¡Ah, si, disculpe señor. Lo tengo todo aquí. – Le dijo entregándole la carpeta con los informes en su interior.
Vegeta se dispuso a leer con detenimiento lo escrito en todos aquellos documentos. Su semblante era serio y su mirada se concentraba aún mas, a medida que revisaba uno a uno los puntos en relación a los proyectos que más le interesaban.
Al cabo de un rato, que a Bulma le pareció una eternidad, el príncipe fijó sus ojos en los de Bulma y le dijo con aparente tranquilidad:
- Todos son bastante interesantes, pero me ha llamado la atención el informe sobre el increíble aumento en la velocidad de nuestras naves. Me gustaría que me hablaras sobre ello.- Exclamó con bastante interés.
- Verá, señor. Se trataría de añadirles a las naves un dispositivo creado a partir de un mineral que sabemos existe en una de las colonias. Hemos estudiado las propiedades de este increíble mineral y su resistencia y capacidad para alearse sin problemas con otros minerales, aparte de otras de sus muchas cualidades, nos indican que sería el material perfecto para el diseño de todo tipo de objetos metálicos. Todas y cada una de las características de las naves de combate se verían aumentadas y mejoradas al máximo, no solo la velocidad, si no también la defensa, maniobrabilidad, capacidad de respuesta ante un posible ataque..etc.- Contestó Bulma ahora mucho más tranquila.
- Eso quiere decir que habría que diseñarlas de nuevo, ¿me equivoco?.- Preguntó
el príncipe.
- Si, señor. Pensamos en un principio en intentar aprovechar lo que tenemos ahora, pero llegamos a la conclusión de que se tardaría mucho más tiempo y nos encontraríamos con muchas mas dificultades. – Contestó la mujer algo afligida.
- Entiendo...Sin embargo, el comenzar de nuevo supondría un enorme gasto, no sólo económicamente hablando, si no también físico. Necesitaríamos mucha mano de obra de gente capacitada en ese campo...no serviría cualquiera...- Repuso Vegeta pensativo.
- Exacto...yo había pensado en crear un prototipo. Así podríamos ver los resultados y el costo que nos supondría emprender un proyecto de esta magnitud. – Dijo Bulma con seguridad.
- Si...yo también lo llevo meditando durante un rato.- Contestó Vegeta casi interrumpiendo a la mujer. – De todas formas, creo que tengo que pensarlo, estudiarlo más detenidamente antes de tomar una decisión.- Concluyó mirando fijamente a los ojos de Bulma. Ambos se quedaron durante unos instantes observándose, sorprendidos ante la reacción del otro, hasta que el saiyajin se dirigió a ella:
- Dime, Bulma...¿a qué te dedicabas exactamente en tu planeta natal?. –
- A lo mismo que ahora...heredé de mi padre el entusiasmo por la ciencia.- Contestó ella.
Vegeta se quedó pensando un instante y después comentó: - Me he informado un poco acerca de tu planeta y no se caracterizaba por tener una tecnología muy avanzada, por lo que deduzco, que tú y tu padre debíais ser personas conocidas o importantes allí, ¿no es cierto?.-
- La empresa que creó mi padre y, que después de su muerte, heredé yo, era la responsable de casi todos los avances en la ciencia que se conocían hasta que...empezó la guerra...- Repuso Bulma bajando la mirada.
Vegeta percibió en el gesto de la mujer la tristeza. Pero eso a él no le afectaba lo más mínimo. Su raza había demostrado ser la más fuerte de todo el universo y las leyes de la naturaleza se cumplían, sólo los más poderosos seres sobrevivirían y dominarían a los más débiles, sometiéndoles y haciéndoles conocer su supremacía sobre ellos. Eso también incluía a la mujer y a su patética raza humana, aunque ella era especial, tenía que reconocer que había superado claramente sus expectativas en relación a ella.
- Bien, mujer. Puedes irte. Cuando haya estudiado bien el tema, te lo haré saber. Mientras, podéis seguir continuando el trabajo que dejasteis atrasado. – Dijo Vegeta levantándose de su asiento. Ella hizo lo mismo y se dirigió a la salida. Al instante se volvió y le dijo:
- Señor, creo que cualquier cosa que tenga que comunicarnos con respecto a lo comentado anteriormente, sería mejor que lo hablara personalmente con el jefe de laboratorio.- Comentó con decisión. No quería que dieran de lado a Raizar, su amigo.
- Eso es lo que he dicho, mujer. – Contestó Vegeta con dureza.- Tu eres el nuevo jefe de laboratorio a partir de ahora.-
- Pero, señor...no creo que...- Comenzó Bulma a protestar.
- Me da igual lo que tú creas, esclava. – Le interrumpió Vegeta alzando la voz. – Ahora, márchate. -
Bulma lo miró con ojos llenos de ira, reflejando todo su odio en su mirada. Abrió la puerta con rapidez y salió de la sala dando un terrible portazo.
Vegeta se quedó bastante desconcertado con la actitud de la mujer y no reaccionó ante tal falta de respeto hacia su persona. Pensó en eliminarla por su osadía, pero recapacitó y, dado que nadie más había presenciado tal acto, decidió dejarlo pasar por esta vez. Necesitaba la inteligencia de esa mujer. Si conseguían crear con éxito esas naves, sería la solución a muchos de los problemas que encontraban últimamente a la hora de conquistar e invadir planetas. Su imperio se extendería aún más y todo el universo se postraría a sus pies. Sonrió. Pero ahora lo más difícil era convencer a esa panda de decrépitos que formaban El Consejo para que autorizaran la creación del prototipo. Primero hablaría con su padre y entre los dos, conseguirían de una forma u otra, que esos malditos y anticuados guerreros aceptaran su decisión, tal como debía ser.
Decidió llevarse los documentos para más tarde mostrárselos a su padre, el Rey. Ahora quería reunirse con Nappa para entrenar juntos y para comunicarle, que lamentablemente para él, su príncipe había ganado la apuesta...
CONTINUARA...
