Despues de todo lo okurrido y k hai otra xika k ha publikado los fics completos de Dioxa sin su permiso pues pensé ke para ke seguir subiendo los capítulos pero luego pensé k como kiero continuar la segunda parte k ella dejo sin terminar pues k devería seguir subiendo esta y la otra también para después continuar con lo ke yo escriba. Y tb kiero explikar ke nunca e escrito a otras xikas insultando ni nada pk me han akusado de eso y es falso y pienso ke lo an hexo para k yo kede mal con las personas ke me leen. Gracias a las k kieren ke siga y k sepan k no voi a desanimarme pk me insulten y traten mal algunas.

CAPITULO 4

La boda

Bulma llegó al laboratorio y nada más entrar, sus ojos se encontraron con los de Raizar. El anciano se encontraba leyendo un documento que sostenía en sus manos, y cuando la vio entrar, le sonrió y caminó hasta ella.

- Te felicito, Bulma. No puedes ni imaginar lo agradecidos que estamos todos por lo que has hecho. Eres una mujer muy valiente. – Le dijo mientras le abrazaba. Vamos, cuéntame los detalles de tu reunión con el príncipe.

- No tenéis que agradecerme nada...todo lo contrario, tú tenías razón, Raizar, no debí haber hablado ayer...lo he estropeado todo... - Dijo totalmente apesadumbrada y con lágrimas en los ojos.

- ¿De qué estás hablando?..no digas tonterías. Has conseguido que nos traigan todo el material y ahora estás aquí de nuevo, con nosotros. Y se que el encuentro con el príncipe ha sido todo un éxito. - Contestó el anciano con muchos ánimos.

- No...yo te he defraudado...yo... - Intentó explicarse Bulma.

- Escucha, Bulma – Le interrumpió Raizar – Yo estoy ya muy cansado, casi no me encuentro con fuerzas como para seguir en esto. Tu eres joven e inteligente. No creo que haya nadie más indicado para cubrir mi puesto que tú.

- ¿Cómo lo has sabido? – Exclamó Bulma sorprendida.

Raizar sonrió y le contestó: - Toma, lee esta nota – dijo entregándole el documento que se encontraba observando cuando ella entró. – Me lo trajeron justo antes de que tú llegaras.

Bulma lo leyó. El documento se encontraba sellado por el príncipe Vegeta y en él se le informaba de su destitución como jefe de laboratorio, siendo este puesto adjudicado a Bulma. Cuando terminó de leerlo, dirigió su vista al anciano y le dijo apenada:

- Intenté decirle que no me parecía justo, pero ese maldito saiyajin no quiso escuchar nada más. Su expresión cambió a otra de enojo e ira Es el tipo más arrogante y orgulloso que he conocido jamás.-

- Si, pero al menos ha demostrado ser más inteligente que el resto de saiyajins con los que me he topado. Vamos, cuéntame qué le parecieron los proyectos... - Dijo Raizar y comenzó a caminar con Bulma a su lado mientras ella le narraba todos los detalles de su reunión con el príncipe.

Transcurrieron varios días y en el laboratorio todo transcurría sin novedad. Su trabajo se concentró de momento en los proyectos atrasados, esperando una decisión del príncipe con respecto a lo hablado en su encuentro con Bulma.

Vegeta habló con su padre, el Rey, y éste se mostró tan entusiasmado con la idea como su vástago. Decidieron entre ambos, no comentar nada al Consejo, ni tomar decisiones hasta después de la boda, después de todo, mientras este evento se celebrara, la mayoría de las actuaciones tanto políticas como militares en todo el planeta, quedaban paralizadas y pospuestas. Según las costumbres saiyajins, el matrimonio del heredero a la corona era un acontecimiento único, y en todo el imperio, incluidas sus múltiples colonias, se celebraba con gran expectación y entusiasmo.

El dia de la boda llegó y Vegeta no parecía mostrar ningún signo de nerviosismo o preocupación. El estaba por encima de todo eso, y para él, su matrimonio era un paso más en el camino que le llevaría hasta ser Rey algún día. Su vida había estado programada desde el mismo momento en que nació y el lo aceptaba con sumo respeto y orgullo.

En cambio, Syra, su prometida, se encontraba algo más inquieta. Ella había estado esperando este momento durante mucho tiempo. Desde el día en que sus padres, siendo aún una niña, le comunicaron que ella fue la elegida por el Rey y por el Consejo para ser la esposa del heredero, no había pensado en otra cosa. Aparte del honor que para cualquier mujer saiyajin sería el convertirse algún día en Reina, para ella se había convertido en una auténtica obsesión, obsesión por obtener el poder y los beneficios que aquello significaba. Todo estaba saliendo como ella lo había planeado, se preocupó de que todos y cada una de las personas que la habían elegido, se alegraran de haber tomado esa decisión, incluido el Rey, con el que mantenía una relación bastante cordial. Con el paso de los años, se percató de que además de su astucia e inteligencia, tenía otra carta más a su favor y eran sus extraordinarias cualidades femeninas, las cuales utilizó de manera muy estudiada y programada con el hombre que ahora iba a convertirse en su marido. Se preocupó de ser una gran experta en la cama, aprendió junto a él todos los secretos del sexo y el placer, y todo ello unido a la mutua atracción física que sentían el uno por el otro, convertían sus encuentros en una auténtica exhibición de pasión y lujuria. A partir de ahora, su nueva meta era la de conseguir que su esposo desechara la idea de compartir su lecho con otras hembras. Ninguna mujer, esclava o no, tenía el derecho de ser acariciada y poseída por su príncipe, nadie iba a humillarla de ese modo aunque las leyes lo permitieran, su orgullo estaba por encima de todo eso.

Todo esto pasaba por su mente mientras cinco esclavas la vestían, peinaban y maquillaban para la boda. Syra las trataba duramente si no conseguían el resultado que ella esperaba, incluso acabó con la vida de una de ellas cuando dejó caer al suelo torpemente una de las asombrosas joyas que adornarían su cuerpo. Tenía que estar perfecta. A ella se la iba a recordar durante generaciones como la princesa más espectacular de toda la historia de Vegetasei.

Todo el planeta estaba sumido en un cúmulo de festejos y celebraciones. Las calles estaban adornadas y todos los habitantes se echaron a la calle para compartir su alegría con los prometidos.

En el palacio, todo el mundo estaba impaciente por ver llegar el momento de la ceremonia. Toda la alta sociedad y nobleza saiyajin se encontraba en el amplio salón del Consejo, donde se celebraría el matrimonio. El rey se encontraba en su trono presidiendo el acto.

Pasado un rato, Vegeta entró acompañado por Nappa. El príncipe vestía el traje de combate saiyajin pero adornado con numerosas condecoraciones y medallas que había logrado durante toda su vida de guerrero. Se posicionó al frente de su padre, de pie, mientras todos y cada uno de los presentes, lo clamaban a gritos con gran entusiasmo.

A los pocos minutos, todos fijaron su vista hacia la enorme puerta del salón cuando ésta se abrió, y Syra hizo su aparición allí, acompañada de sus padres que caminaban con orgullo hacia donde se encontraban el príncipe y el Rey Vegeta.

La novia lucía un esplendoroso vestido blanco adornado con pequeños diamantes, y que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Su escultural figura y porte era admirada por los hombres y envidiada por las mujeres. El cabello lo llevaba recogido del todo, menos unos pequeños mechones rizados que caían graciosamente sobre ambos lados de su rostro.

Todos los allí reunidos quedaron casi paralizados por su belleza, incluido Vegeta, que nunca la había visto tan espectacular y hermosa.

Siguieron caminando hasta llegar frente al Rey, que según la costumbre saiyajin, era el que tenía que oficiar la ceremonia.

El Rey Vegeta, después de sonreírles a ambos, y mostrándose orgulloso, dedicó unas palabras, y al terminar, los declaró marido y mujer.

Al acabar la ceremonia, se celebró un asombroso banquete para todos los presentes, después se dirigieron a las salas de lucha y entrenamientos donde los mejores guerreros saiyajins hicieron demostración de su fuerza y poder combatiendo unos contra otros, mientras decenas de esclavos dedicados al servicio, proporcionaban bebidas y alimentos exquisitos sin parar a todos los invitados.

La celebración se extendió durante todo el día en casi todos los rincones del planeta. Los únicos que no participaban eran los esclavos que trabajaban en otros recintos fuera del palacio, como el laboratorio donde Bulma y los demás científicos trabajaban, y que hoy realizaban su tarea como cualquier otro día.

Al caer la noche, Vegeta y Syra se encontraban en su nuevo dormitorio conyugal. El había comenzado a desvestirse, tan sólo le quedaban puestos los pantalones. Ella estaba sentada frente al espejo, despojándose de las joyas y dejando suelto su largo cabello negro, mientras observaba a través de el a Vegeta dejando su torso al aire. Su ahora marido era un hombre muy atractivo, además de un excelente amante que conseguía satisfacerla plenamente en la cama. De pronto, se levantó y se dirigió hacia él, lo abrazó por detrás y le dijo con una voz extremadamente sensual:

- Vegeta...estoy ansiosa por deshacerme de este vestido...

- Vaya...apostaría a que llevabas mucho tiempo esperando poder estrenarlo, y ahora... quieres quitártelo – Le contestó Vegeta de forma irónica. Se dio la vuelta y observó el rostro divertido de su mujer.

Ella se giró, apartó su cabello de la espalda, mostrándole a Vegeta la cremallera que la liberaría de su hermoso vestido. El sonrió y se dispuso a bajarla lentamente, a la vez que besaba sus hombros y su cuello. Cuando la cremallera llegó al final, ella le ayudó y el vestido se deslizó hasta el suelo. Vegeta levantó sus cejas en señal de admiración al observar el cuerpo femenino que se mostraba ante él sólo cubierto por una provocativa y sensual ropa interior de color blanco, que resaltaba con el tono de piel algo moreno de la joven saiyajin.

- Eres preciosa, Syra. - Le susurró al oído mientras la apretaba contra su cuerpo para después morder su cuello con pasión. Ella se estremeció y gimió con este acto. Acto seguido, se dio la vuelta de nuevo, mirándole con expresión de lujuria y le dijo:

- hmmm...me vuelves loca cuando consigo excitarte así... - Se mordió el labio inferior y le besó con fuerza, entrelazando sus lenguas sin parar. Vegeta rompió el sostén de Syra y comenzó a apretar sus generosos senos.

Al instante, ella dejó de besarle y dirigió su boca hacia el cuello de hombre, acariciándole con su lengua, para después hundir sus dientes en él y provocar que de los labios de Vegeta escapara un gemido de placer. Comenzó a mordisquear suavemente sus hombros, sus pectorales, sus pezones, mientras que descendía lentamente. Besó sus perfectos abdominales hasta que se topo a su paso con el pantalón. Miró hacia arriba, relamió sus labios y se encontró con la mirada de deseo de Vegeta, mirada que le indicaba que no cesara en lo que estaba haciendo. Sin pensarlo, desabrocho el pantalón y lo bajó lentamente por sus piernas, después hizo lo mismo con los boxer, dejando libre la masculinidad del hombre completamente en erección. Acercó sus manos a su pene y comenzó a masajearlo, lentamente...Volvió su mirada hacia arriba y observó a Vegeta cerrar los ojos para inmediatamente volver a abrirlos y descubrir a Syra acercando sus labios a su miembro. El comenzó a acariciar el suave cabello de la mujer mientras ella recorría con su lengua todo su sexo, desde la punta hasta la base. La respiración de Vegeta se agitó y, suavemente, indicó con un movimiento de sus manos que continuaban sobre el cabello de ella, que fuera más allá...

Ella obedeció a sus deseos e introdujo el pene del hombre en su boca, lentamente, traspasándole la humedad de su lengua y saliva. Comenzó a succionarlo acelerando el ritmo cada vez más. Vegeta notaba el calor de la boca de Syra en su miembro, el placer iba aumentando a cada movimiento de ella, su corazón se aceleraba y de sus labios escaparon unas palabras en forma de susurro:

- No pares, mujer...después será mi turno...

Ella continuó durante un rato hasta que Vegeta le indicó que se detuviera. Levantó a la mujer y la besó introduciendo su lengua en la boca de ella de un modo casi salvaje. Cuando terminaron de besarse, ella se separó de él, se dirigió a la cama y se echó encima de ella. Lo miró a los ojos, sonriéndole pícaramente y le dijo:

- Hagámoslo a la vez...

Vegeta se acercó y se tumbó en la cama boca arriba. Ella se colocó encima de su pecho dándole la espalda y volvió a introducir el pene del hombre entre sus labios. Vegeta desgarró las bragas de Syra y asiéndola por la cintura acercó el sexo de ella hasta su boca. Ambos continuaron así durante un rato, dándose placer mutuamente, hasta que Syra notó como su primer orgasmo le recorrió todo su cuerpo de punta a punta. Cuando se recuperó, se giró y se echó encima de él para besarle en los labios. Acto seguido, separó sus piernas, y agarrando de nuevo el miembro masculino, lo introdujo en su vagina. La sensación los embriagó a ambos. Ella comenzó a cabalgar encima de él, con un ritmo casi frenético, gimiendo sin importarle el tono. Vegeta la ayudaba agarrando con sus manos las perfectas y sinuosas caderas de ella.

Después de un rato, Syra se separó de el y se puso de rodillas a su lado, con sus manos apoyadas en la cama. Vegeta se incorporó y colocándose detrás de ella la penetró con cierta dureza provocando que ella gimiera un poco de dolor. Aferró sus manos de nuevo a sus caderas y comenzó a moverse. El hombre disfrutaba sintiéndose dentro de ella, observando los pechos de Syra moviéndose al ritmo de cada embestida. La mujer, con voz entrecortada por la agitada respiración dijo:

- Sigue..así..Vegeta...no pares nunca de follarme..

Las palabras de Syra consiguieron excitar aún más a Vegeta y aceleró el ritmo sin parar, hasta que ambos comenzaron a sentir como sus cuerpos llegaban al clímax de forma casi simultánea. Ella gritó con fuerza y él dejó escapar un gemido ahogado mientras colmaba el interior de ella con su semilla...

Ambos se quedaron sin fuerzas y cayeron derrumbados sobre la cama, él sobre la espalda de ella y acercando sus labios a su oído le susurró con dificultad:

- Eres la mejor...esto aún no ha acabado, Syra...dame unos minutos y te haré gritar como nunca. - Se apartó de ella y se dejó caer quedando a su lado boca arriba, intentando normalizar su respiración.

Syra se giró y rodeando con su brazo el torso del hombre le contestó:

- Lo sé...y por eso lo deseo aún mas

Al cabo de un rato, volvieron a encontrarse de nuevo con el placer hasta que se agotaron y quedaron dormidos...

CONTINUARÁ