La vida de la joven sarah williams había cambiado drásticamente desde su travesía. Podía jurar que todo había sido real, de no ser por ese golpe en la cabeza que le había producido un desmayo, pues, leer mientras bajaba las escaleras no era muy seguro. De tanto llorar, toby se había dormido, exhausto con su carita aun roja.
cuando su padre y madrastra llegaron, la impresión fue más allá de sus rostros, puesto que sarah yacía tirada al final de los peldaños.
luego de varios años visitando a la psicóloga infantil, donde ella aseguraba que sus amigos existían, esa idea le fue pareciendo cada vez más remota, hasta llegar al punto de un vez por todas, de aceptar esa realidad que los adultos le obligaban a creer.
mentiría si dijera que la joven no había intentado llamar a sus colegas a traves del espejo, pero nunca conseguía verlos, dejandole mas motivos para caer en su ahora acostumbrado llanto y desesperación.
pasaron exactamente seis años. Sarah williams con veintidós años asistía a la universidad central donde estudiaba literatura.
los cambios no han sido pocos, comenzando con el simple hecho del despojo de sus adorados compañeros de felpa y sus amadas figurillas de acción las cuales, con gusto, había heredado Toby. Los noventa habían azotado con sus modas de peinados voluminosos y maquillajes excéntricos y retocados, cosa que no había afectado a la joven de ojos verdes, puesto que estaba lejos de imitar aquellas exuberantes modas de ajustados atuendos .
-Sarah despierta!, llegarás tarde el primer di'a- llamo Karen desde la cocina.
las vacaciones habían terminado, adiós a las incontables noches en vela y las prolongadas visitas al parque.
La muchacha se despertó abruptamente por los gritos, había tenido un sueño espléndido, mas no podía recordar cómo era.
-Sarah, si no bajas en quince minutos te dejaré aquí- volvió a llamar aquella voz, con ahora impaciencia. sarah parpadeo un par de veces y juntando fuerzas se despegó de las sabanas reconfortantes. Le dio a entender a su madrastra que ya se encontraba despierta dando un fuerte portazo entrando al baño.
El agua helada golpeaba su piel produciéndole escalofríos, pero, con la certeza de despertarla de su estado adormilado.
Luego de varios minutos se encontraba bajando los peldaños con su mochila a cuestas, arrastran sus pies, llegó a la cocina.
- a dónde vas con esa pintas?- cuestiono karen ante la chaqueta de jean de ella, su camisa blanca y vaqueros, más sarah solo blanqueo los ojos y haciendo caso omiso saludo a su hermanito.
- buen día campeón- dijo cambiando su semblante y dejando un beso en su mejilla.
- buenos días, sarah- le respondió con la boca llena de cereal.
- si todas las mañanas seran asi, preparate para ir caminando- la regaño su madrastra, sara suspiro y tomo una manzana del la cesta - pues ya te dije que no es necesario que me lleves-
karen puso ambas manos sobre la mesa haciendo sobresaltar a sarah- pues no te llevaría si tuvieras un novio, sarah por dios tienes veintidós años, has cosas de los jóvenes de tu edad!-
sarah sin poder dar un mordisco arrojó la fruta a la mesa, la cual rodando cayo al suelo.- esperare en el auto- y tras decir eso se fue murmurando groserías.
el transcurso fue en silencio y una vez en la puerta del edificio, sarah se bajó despidiéndose de Toby y dando un leve gracias Karen. Su universidad era grande, que decir!, enorme, contaba con grandes jardines e innumerables salones para distintas áreas de estudio. sarah camino pegada a las paredes con los brazos cruzados, podía oír los murmullos a su alrededor- miren, ahí va la psicópata-. Lamentablemente se había filtrado la noticia de que la hija de Linda Williams había estado internada y con ayuda psiquiátrica.
Llegó a la oficina de administración y al cabo de segundos estaba fuera con un papel en mano.
- muy bien, piso cuatro, salon veintinueve, curso dos- repitió constructivamente- andando pies-
moverse entre el mar de personas era difícil, pero consiguiendo juntar fuerzas, había logrado avanzar contra la corriente. Las escaleras era la parte más complicada, no poseen barandas, el más mínimo error y ella caerá... o así lo veía ella con dramatismo.
comenzó a subir pensando en aquel libro que le causaba gracias" instrucciones para subir una escalera", si lo se, irónico pero mentalmente comenzó a recitar.
"Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas" comenzó y no pudo soportar una pequeña risa, su lado curioso y buen hábito por la lectura eran de las pocas cosa que no habían muerto en ella. "Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo a la cual llamamos pie" sarah dio un paso jugando con sus palabras.
"se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie( el otro no el primero)" - continuó subiendo tres ."Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera"- pensó subiendo tres escalones más.
"Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso" y finalmente había llegado. Lamentablemente su aventura de pies y escaleras fue interrumpida por un alumno, llegaba tarde a su clase de precálculo y pasando rápidamente junto a ella, sin medir el espacio entre Sarah y la pared, la dejó tambaleándose a un paso de caer. sarah simplemente cerró los ojos esperando el golpe.
- ten más cuidado idiota!- grito una voz femenina a la vez que tiraban de ella.
sarah abrió los ojos y miró a la chica que seguía insultando al muchacho despistado.
tenía un cabello rubio y liso, un poco corto y desmechado. unos ojos café y ropas desaliñadas- otra desadaptada- pensó .
la joven detuvo sus insultos una vez el chico se marchó- hola soy sam, Sam Hunter- dijo tendiendole una mano firme.
-Sarah Williams- respondió estrechando- y lo siento por el conflicto-.
Sam rió- no te preocupes, está lleno de imbéciles- le contestó con una sonrisa de dientes blancos.
Sarah sintió seguridad junto a esa joven- A propósito,sabes donde esta el salon veintinueve? me perdí- le pregunto la rubia sacándola de sus pensamientos.
Sarah le dedicó una sonrisa - pues busquemos juntas porque yo también me dirijo allí-
y así ambas jóvenes se marcharon en busca del salon, y sarah por una vez pensó, que tal vez podría sobrevivir en esa instalación llena de prejuiciosos.
ambas llegaron al salon y situándose en el fondo dejaron sus bolsos mientras las personas entraban.
- y tienes algun hermano?- preguntó Sarah luego de las risas.
- adivina- le dijo socarrona más al no recibir respuesta contesto- tengo cinco hermanos mayores, todos chicos- confesó.
Sarah abrió los ojos de par en par, no podía creer lo que oía- y tu?- le pregunto divertida ante su reacción-
- solo tengo uno menor- .- por suerte- pensó.
su charla fue interrumpida por un profesor regordete de anteojos cuadrados el cual los callo- Alumnos, su profesor suplente está atrasado, se estima que llegará en unos minutos- sentenció y luego abandonó la sala haciendo que el bullicio regrese.
Sarah ladeo su cabeza hacia Sam pero esta estaba ya sumergida en un solo de guitarra bajo sus auriculares, suspirando decidió mirar por la ventana. Afuera el paisaje de otoño le otorgaba hojas secas en tonalidades café y anaranjado y alumnos estudiando sobre mesas de concreto envueltos en bufanda. estaba tan concentrada cuando, de repente, un ave surco el cielo haciéndola sobresaltar- que extraño- pensó.
luego de unos minutos alguien toco la puerta haciendo que todos callasen ante la llegada del profesor.
- lo siento, se retrasó el tren - dijo mientras entraba y todos se paraban para saludarlo.
sarah quedó estática ante aquel hombre alto y delgado. llevaba su pelo lacio y rubio atado en una coleta atrapando la mayor cantidad de mechones, llevaba unos pantalones ajustados grises de mezclilla arremangados hasta el tobillo con mocasines negros, un chaleco negro resaltan de su camisa blanca y Sarah podía jurar que reconocería esos ojos, a pesar de no tener maquillaje, en cualquier lugar, bueno su ojo, puesto que estos eran azul y ocre.
- no puede ser- pensó- jareth?.
