Este drabble –no drabble realmente, me alargué como siempre orz- viene por mi cuenta, como el pie de inicio a este nuevo proyecto. ¡Espero les guste!


"Qué problema…"

"Mhm."

No había palabras para describir lo que sentía en ese momento. Diez años habían pasado desde la última vez que la vio, y reencontrarse en una situación así… Tenía miedo de mirarla. Miedo de esa mirada que parecía haberse hecho más intensa que antes, como si llevara una carga mucho más pesada que cuando se conocieron. No le constaba, en esos entonces, pero el rostro de Homura siempre le produjo la sensación de que cargaba con todo el peso del mundo sobre sus hombros. Nunca le abrió la puerta como para poder averiguar si estaba en lo correcto o no, y era algo que recordaba con frecuencia.

"Si quieres puedo llamar a emergencias para que aceleren el procedimiento, Kaname-san."

"…No, se supone que ya están trabajando en ello, ¿no? Además… No tengo prisa." Tenía la mirada pegada al suelo, incapaz de reencontrar su rostro. Su cartera yacía a un lado; estaba sentada en el suelo del ascensor, piernas abrazadas.

"¿Segura? Ya es tarde, más de las 9. Tu marido se preocupará, deberías llamarlo al menos."

"…Ah, sí, tienes razón, Homura-chan." No, la verdad no la tenía. Quizás si estaba exasperado por la tardanza, pero no debido a las razones que ella creía; solo le gustaba tener todo en orden. Hubo un tiempo en que sí, o hubiese pensado que sí, al menos…

De todos modos, optó por hacerle caso y sacó su móvil de la cartera. No daba para llamarlo, así que escribió rápidamente un escueto mensaje que no explicaba su situación, solo avisaba que se tardaría.

Homura se mantuvo cruzada de brazos. Había estado en esa posición desde que se resignaron a que no tenían nada más que hacer que esperar a que repararan el ascensor. Espalda recargada contra la pared, piernas cruzadas. Madoka le daba miradas furtivas de tanto en tanto. Le llamaba profundamente la atención que siguiera usando fielmente aquel pendiente púrpura. Quizás era herencia familiar, o se lo había regalado alguna persona importante para ella. No ganaba mucho dándole vueltas a las posibilidades, todo era un recordatorio de que no sabía nada de aquella chica.

El silencio era tenso. A Madoka no le gustaba estar callada, en especial estando a solas con otra persona. Se aclaró la garganta, y decidió romper el hielo. No podía ser tan difícil, ¿no? Podía ser que Homura se hubiese suavizado con el tiempo.

"¿Q-Qué ha sido de tu vida?" Soltó, nerviosa a todas luces. Homura lo notó y alzó una ceja. Por varios segundos no hubo respuesta y Madoka se quería enterrar pensando que había logrado molestarla.

"Estoy trabajando. Trabajo con el gerente de esta empresa, por eso me tienes aquí."

"Oh… ¡Te ha ido bien entonces!"

Ella meramente se encogió de hombros.

"Uhm… Y… ¿Vives sola?"

"Sí."

"¿Todo este tiempo?"

Homura se le quedó mirando. No respondía, solo la observaba, y Madoka sintió que se quedó sin aire por un momento. No entendía por qué le daba una mirada así luego de preguntarle aquello, y cuando iba a preguntar, la apartó y la dirigió al vacío. "¿Tienes hijos, Kaname-san?"

Oh, ignoró la pregunta.

Jugó con el borde de su falda de oficina y acabó ladeando la cabeza. Su frente se arrugó, cejas curvadas y una sonrisa triste. "…Quería. Siempre he querido una familia numerosa, pero…"

"¿Pero?"

"Uhm…" Calló por cerca de 30 segundos, debatiéndose si debería tocar el tema. Personalmente, no le molestaba, por alguna razón siempre se sintió lo suficientemente a gusto con Homura como para hablarle de cualquier cosa, aun cuando nunca fueron cercanas. Era… Extraño. Mordió su labio inferior, y habló con una voz que gritaba cansancio, "…no siento que sea el momento."

Homura parpadeó. "Si quieres que sea numerosa, deberías empezar ya, los embarazos sobre los 30 años suelen ser dificultosos… Estás en la edad ideal."

Madoka rió leve. Homura, siempre tan racional. "…No quiero tenerlos con mi esposo."

"…Ah."

Hubo un largo silencio incómodo, y podía jurar que escuchó a Homura rechinar los dientes. "¿Te ha hecho algo?"

La voz salió apretada, como si estuviera conteniéndose. "¿Homura-chan…?"

Ella negó con la cabeza. "…Disculpa, uhm… No me entrometo."

"N-No, no es eso…" Encontró su mirada esta vez. "Hacerme… No. Las cosas se apagaron, es todo. Son cosas que pasan, ¿no?"

"¿…Tu familia era así?"

"¿Mi familia?"

"Mhm, ¿estaba muerta la relación de tus padres?"

Cerró los ojos, a pesar de que no necesitaba ni siquiera pensar la respuesta. El matrimonio de sus padres… Era de esos que difícilmente se encuentran. "No, en absoluto."

"¿Por qué te conformarías con menos que eso?"

Madoka parpadeó. Podía ver como los ojos de Homura se iban tensando con cada palabra, al igual que su boca.

¿Se estaba molestando por ella?

"¿Homura-chan? ¿Puedo preguntarte algo?"

La vio respirar profundo y al segundo siguiente su expresión neutra volvió a su lugar. "Claro."

"¿Te has enamorado?"

"¿…Eh?"

"Eso, ¿te has enamorado alguna vez?"

Cerró los ojos. "…Puede ser. Creo que me he sentido así por mucho tiempo, pero no puedo decirlo con certeza."

No sabía cómo tomar sus palabras si tenía los ojos cerrados. Dentro de lo inexpresiva que era Homura, sus ojos parecían reunir todas las emociones bloqueadas, y eso explicaría el por qué incluso hoy le afectara tanto. Bajó la propia y se lamió el labio inferior, ligeramente ansiosa. "¿Quiere decir que lo estás ahora?"

"Mhm, yo… Siento que sí."

"¿Se lo has dicho?"

Aquí, Homura bufó y le dolió el pecho ver el deje de tristeza que ocultaba con el sarcasmo. "No, ni lo haré. Nunca he tenido planes de hacer nada más con esos sentimientos, no perturbaré su vida de la nada, aun cuando sé que no es mutuo."

Madoka no dijo nada más. Cada palabra le pesaba, y sintió unas urgentes ganas de llorar. Apretó los ojos, intentando tragar todo, y acabó escondiendo la cabeza entre sus rodillas. Estaba segura de que se veía patética.

De pronto sintió una mano acariciar su cabeza y alzó confundidos ojos a encontrar el aprehensivo rostro de Homura, dolorosamente cerca. "¿Estás bien? No quise incomodarte, lo siento."

"…Sé que no, Homura-chan. Pero… ¿Sabes? En aquel entonces siempre deseé que fueras feliz. Te hubiese ayudado, pero…" Una sonrisa triste, las lágrimas cayendo suave.

El desconcierto era obvio en Homura, sus ojos amplios, púrpura tembloroso. "N-No es culpa tuya… No te sientas mal, pero…" Respiró profundo y entornó los ojos, dándole esa mirada que recordaba haber visto solo un par de veces en el pasado; como si estuviera en presencia de algo demasiado valioso, casi sagrado.

Le estremeció.

"De todos modos, agradezco tu sentir. Pero no derrames lágrimas por alguien como yo, no lo valen."

"¡Claro que lo valen!" Madoka llevó ambas manos a tomar el rostro de Homura, cejas fruncidas, lágrimas aun derramándose. "No digas cosas así, yo… Yo derramaría estas, y las que sean necesarias, e innecesarias…"

"Madoka… Ni siquiera me conoces, ¿por qué…?"

"Por qué será…" Rió leve, amargamente. "Llevo años preguntándome lo mismo, pero… Siento que te conozco mucho, demasiado."

Entrecerró los ojos y bajó una mano hasta el cuello de Homura, y luego lentamente hasta su nuca para atraerla. Sentía que perdía el control de su cuerpo, y que algo más que desconocía motivaba sus acciones. Estaba tan cerca de ella que podía sentir el calor de su respiración. Cerró los ojos, preparada para concluir lo que había empezado, pero sintió un par de manos sobre sus hombros que la detuvieron y apartaron.

"Repito, agradezco que te sientas así por mí… Pero no puedes hacer esto, Madoka. Estás casada, no te imagino faltándole a tu esposo, ¿o sí?"

Fue como si le lanzara un balde de agua fría. Homura tenía razón, tenía toda la razón. Se llevó ambas manos a cubrir su boca, pero por más que lo intentó, no podía pensar en él. Y eso… Eso le inyectó un buen torrente de culpabilidad. "L-Lo siento, Homura-chan… N-No sé qué…"

Se había puesto de pie y la vio asentir. "Está bien."

Y de verdad lo estaba.

Pasaron una buena media hora en silencio. Homura desistió de su permanente posición y se sentó en el otro extremo del ascensor.

Madoka sabía que lo hizo deliberadamente para alejarse de ella. También sabía que lo hacía por respeto a lo que había dicho, no porque le molestara su presencia. La veía tensa, ojos constantemente cambiando de objetivo. Notó que varias veces ese objetivo era ella, pero tan rápido como llegaban, se iban.

Ella, en cambio, la miraba fijo. No había despegado su mirada de Homura desde aquel silencio, y no pretendía hacerlo tampoco. Suspiró, como inmersa en un hechizo, y su teléfono la sacudió lejos de toda atmósfera. Miró la pantalla y sintió un vacío en el estómago. El aparato seguía sonando, y tras tomar una buena bocanada de aire, contestó.

"¿Dónde estás?"

"¿E-Eh?"

"Lo que oíste. Sabes que no me gusta que te tardes, ¿con quién estás?"

Madoka se sintió entrar en pánico, y no sabía por qué. No había hecho nada malo, pero alzó la mirada y se encontró con púrpura fijo en ella. De nuevo se sintió sin aliento, y acabó colgando sin responder en absoluto.

"¿Madoka?"

"¿Homura-chan?"

"¿…Por qué no respondiste?"

Y el móvil se manifestó de nuevo, la música retumbando en el ascensor.

"Si quieres contesto por ti, diré que andas mareada, no sería raro considerando la situación."

Pero Madoka apagó el sonido. Homura la quedó mirando con la duda escrita en todo su rostro. "¿Puedes decirme el nombre de esa persona?"

Homura parpadeó, sin entender.

"De quien estás enamorada."

No respondió, solo se ahogó con aire.

Fue suficiente respuesta para Madoka.

Se puso de pie, y cuando iba a dar un paso, dudó y acabó dando un paso hacia atrás. El teléfono sonó de nuevo. Miró a Homura, ella la miró también, y los pasos fueron mutuos a cerrar la distancia. Sin pensárselo más, rodeó su cuello y la jaló hacia abajo para atraparla en un beso suave. Las ganas de llorar regresaron porque sentía que había encontrado algo que buscaba desde hace mucho; que ese beso estaba plagado de nostalgia. Las manos de Homura se perdieron en su cabello, y estaba completamente consciente de como temblaban. Homura rompió el beso, negando con la cabeza. "E-Esto no está bien, Madoka…"

Atrapó su corbata, solo en caso de que se atreviera a apartarse de nuevo. "…No lo sé. Para mí, se siente como lo más correcto que he hecho desde que volví a Japón. Como si nunca me hubiese ido…" Parpadeó. ¿Se había ido? Sus manos aflojaron el agarre mientras muchos recuerdos volaban por su mente, recuerdos de otra vida, pero que a la vez era la… ¿Suya? "Homura-chan…"

Alzó la vista para encontrarse con una Homura que parecía entrar en pánico. De golpe, la rodeó con ambos brazos mientras le susurraba repetidas veces que todo estaba bien.

…Pero sabía que no.

"Homura-chan, ya… Es suficiente."

"Mado-"

La silenció con otro beso, ojos dorados y todo. La energía fluía por su cuerpo y Homura hacía todos los esfuerzos posibles por apartarla. Detuvo el beso, y negó con la cabeza. "Está bien, tal como dices. Está todo bien, Homura-chan. Estás bien, estamos bien."

"Madoka…"

Reanudó, manos inquietas recorriendo su cuello. Seguía sintiendo resistencia de Homura, y por impulso, la empujó contra la pared del ascensor. "Sé que quieres esto."

Homura volteó el rostro, ojos cerrados con fuerza. "P-Pero tu esposo, Madoka no de-"

La jaló usando la corbata y el beso perdió toda delicadeza. El poco de cordura que le quedaba a Homura se desvaneció, luego de tanto tiempo viendo todo como un sueño inalcanzable, tenerla ahí, tan viva, tan con ella… Se sentía mal, de todos modos. Sabía que no debería estar haciendo esto, estaba entrometiéndose en la felicidad de Madoka, pero-

Y ahora era Homura quien la acorralaba a ella. Sus manos no tardaron en recorrer su cuerpo, sin querer perder ningún espacio. Se detuvo a presionar uno de los senos de Madoka y ella intensificó el beso en respuesta, como autorizándole para poder seguir. Empujó una pierna entre las de Madoka y su mano libre viajó a acariciar el muslo bajo la falda. Madoka la acercó, apegándola contra su cuerpo. Se separaron, jadeando por la falta de aire y se miraron sin hacer nada más por unos segundos. Homura se sintió atrapada en los penetrantes ojos dorados y ambas manos fueron a su cadera, acariciando la zona. Madoka la abrazó y aprovechó la cercanía para apropiarse de su cuello. El suspiro que recibió en respuesta fue suficiente para cubrirlo con besos intensos, lamiendo a la vez. Comenzó desde el surco que lo separaba del hombro y se detuvo en la base del cuello, intensificando al percatarse de como aumentaban los suspiros, algunos transformándose en gemidos suaves que eran armonía para sus oídos. Las manos no abandonaban su cadera, pantimedias estorbándole. Madoka comenzó a rendirse, ambos brazos apoyados contra la pared a sus espaldas moviéndose, desesperados por encontrar en qué aferrarse. Su lengua encontró la parte trasera de su oreja y supo que ese era el punto más sensible cuando la voz de Madoka hizo eco en el ascensor. Se apegó ahí, succionando, y sintió las manos de Madoka desabotonándole la blusa con tanta urgencia que temió por un segundo que acabara arrancando algún botón en el proceso. Imitó la iniciativa, solo que aprovechó para liberar las amarras de su sostén para poder acariciar los senos en todo su esplendor.

"Homura-chan, H-Homura-chan…" Decía entre gemidos, repetidas veces. Alcanzó a verla morder su labio inferior y de pronto tuvo que atraparla con ambos brazos porque había dado un salto, usando su cuello para afirmarse, mientras que Homura la levantó sin problema aferrándose de la parte baja de su cadera. Madoka la abrazó con las piernas y buscó, hambrienta, la boca de Homura. Sus lenguas se encontraron de inmediato, besos profundos y acelerados.

Estuvieron unos dos minutos así, sin hacer nada más, hasta que Madoka se separó mirándola con ojos casi suplicantes. "Homura-chan… Hazlo."

Ella se sonrojó de inmediato, aun cuando sabía desde el principio a donde iban, pero escucharla decirlo hizo que la sacudiera un escalofrío por la espalda. Le robó un beso rápido, y juntó sus frentes para darle una sonrisa ladina. "¿Que haga qué, Madoka?"

Apartó la mirada por un par de segundos, y luego la regresó, puchero y todo. "Sabes perfectamente a qué me refiero…"

Respondió con una mano acariciando, desde atrás, su entrepierna. Aun con las pantimedias, apenas acercó los dedos sintió la humedad. Madoka apretó los ojos, y el agarre de sus piernas se reforzó. La sonrisa no escapaba el rostro de Homura, y con el tono más inocente que encontró, insistió. "No, no lo sé, por eso te pregunto."

Escuchó un suspiro exasperado, pero al segundo siguiente el aliento caliente de Madoka alcanzó el lóbulo de su oreja. "…Hazme tuya, Homura… Cógeme, por favor…" Susurró, y eso fue más que suficiente. Encontraron miradas, fijas, intensas, y bajó a Madoka, manos rápidamente bajando las pantimedias que le estorbaban, hasta la rodilla. Madoka terminó, empujándolas con los pies y pateándolas lejos. Su mano bajó para presionar sobre la ropa interior primero, empapada, y frotó donde sabía que estaba la entrada. Madoka hizo el intento de callar el gemido al buscar la boca de Homura, pero no se lo permitió, meramente le mordió el labio inferior y disfrutó del sonido que descubrió que de a poco se transformaba, peligrosamente, en su melodía favorita.

"Homura-chan…" Susurró, de nuevo, y al ver que sus labios fueron rechazados, se inclinó lo suficiente para cubrir de besos el costado del cuello de Homura, manos acariciando los senos bajo el sostén. Homura se impacientó producto de ello, y sus dedos viajaron al interior, descartando la ropa interior. Buscó mojarlos bien con la lubricación, y el índice fue a encontrar la pequeña protuberancia, que debido a toda la estimulación, no requirió ni el mínimo esfuerzo para encontrar. Escuchó un jadeo que intentó apagar contra su piel, y las manos apretaron la zona del pesón en ambos senos. Homura tomó aire y cerró los ojos, disfrutando las caricias, pero sin desconcentrarse. Rozó ahí varias veces, la cadera de Madoka reaccionando cada vez, ansiosa por sentir más, y desplazó dos dedos a introducirse lentamente. La lubricación hizo su trabajo, y no le fue dificultoso hacerse paso hasta la profundidad que la longitud de sus dedos le permitió. Madoka le mordía el cuello varias veces, con más fuerza que la necesaria, pero no le importó. Comenzó a moverlos, de arriba hacia abajo, y los músculos de las paredes reaccionaban tensándose alrededor de ellos. Madoka perdió la batalla y los gemidos se escuchaban claramente, el tono adelgazándose. Aumentó la velocidad, el cuerpo de Madoka moviéndose a favor. Se encontró a sí misma mordiendo su labio inferior, extasiada con la situación, con ser quien le provocaba todo aquello a Madoka, ser quien la tenía desconectada de razón y presa de sus deseos.

Ahora sí se besaron, pero no con tanta insistencia como antes. Eran besos profundos, pero lentos. Madoka perdía sus dedos entre los cabellos de Homura, desde la nuca, mientras que la otra acariciaba su hombro, presionando de tanto en tanto. Detuvo el ritmo, y se mantuvo en el punto indicado. Se movió apenas ahí, formando círculos, y sintió los gemidos de Madoka retumbar en su garganta. Acabó rompiendo el beso, incapaz de callarlos por más tiempo. Le echó un vistazo y notó lo avergonzada que se veía. Sonrió suave, y le susurró, "está bien, me encanta escucharte, no te contengas…"

Madoka enrojeció brutalmente, pero tras dudarlo un poco, acabó ajustándose junto a su oído, quejidos ahora directo y exclusivamente para ella. Homura sintió la cabeza darle vueltas por un segundo, y movió su mano para retirarla del interior de Madoka, totalmente empapada. Rápidamente, con su dedo medio estirado, comenzó a frotar toda la zona circundante a su punto más sensible. El agarre de Madoka se hizo más fuerte, tanto en su hombro como en su cabello. Aumentó la velocidad del roce, y las palpitaciones le indicaron que ya estaba a punto de colapsar. El toque se hizo más específico, y presionó directamente sobre la cabeza del monte, y bastaron tres empujes para sentir las contracciones y palmitaciones rápidas. La cadera se movía desesperadamente contra su mano que todavía no cesaba sus administraciones. Madoka pegó un gemido largo que luego se transformó en cortos, cada uno interrumpido por otro nuevo, siguiendo el paso de cada presión de Homura. Llegó el momento en que los movimientos se redujeron, lentos, y el jadeo largo de Madoka le indicó que ya había acabado.

Mantuvo la mano ahí, disfrutando el resultado, y Madoka buscó su boca para besarla con insistencia, sus manos acariciando sus mejillas. Retiró su mano lentamente, y sintió que el cuerpo de Madoka perdía fuerza, así que usó ambas manos para soportar su peso y sentarla con cuidado. Iba a dejar que se recuperara y sentarse a su lado, pero no se lo permitió; la abrazó con firmeza y la mantuvo apegada a su pecho. La dejó en una posición absolutamente incómoda, rodillas hincadas y haciendo lo posible por no aplastarla. Al menos eso le permitía escuchar con detención los suaves jadeos, y al mirarla por el rabillo del ojo, la encontró con ojos cerrados y una sonrisa que hizo que el corazón se le detuviera por un segundo. Recién era consciente de cómo había crecido su cabello, y recordó todo lo que nunca debió olvidar ni descuidar. Madoka parecía haber presentido su pensamiento y se inclinó apenas, solo lo suficiente para plantar un beso suave en sus labios, la misma sonrisa siempre presente.

Parpadeó varias veces intentando espantar las lágrimas, pero fue inútil. Madoka la jaló levemente hacia abajo para besar bajo sus ojos, y habló con la voz más cálida que había escuchado de ella. "Cuando dije que todo estaba bien, lo dije en serio." Se movió para poder verla a la cara, ojos dorados atrapándola. "Todo está bien, porque te encontré, por fin."

"Madoka…"

"Mi terca Homura-chan, siempre esforzándote, dando lo mejor de ti por mi bien, aun si eso significaba condenarte a la soledad por tanto tiempo…" La sonrisa se volvió triste, pero sus manos fueron a acariciar sus mejillas, limpiando las lágrimas. "Diez años pasaron, y ahora puedes darte cuenta de que la felicidad es mucho más difícil de obtener si no sigues a tu corazón. Yo… Siempre tuve el impulso de seguirte, ¿sabes? Pero pensé que si lo hacía, acabarías detestándome o algo por el estilo…"

"N-Nunca podría detestarte, Madoka, yo-" Un dedo en sus labios calló sus quejas, y negó con la cabeza.

"Déjame terminar. Seguí mi vida, aun cuando siempre tuve la sensación de haber perdido algo muy importante, algo de mí misma, y a alguien que dejó su marca en mi corazón, y nunca pude saber por qué. Me inquietó todos estos años… Pero el destino nos unió de nuevo, dime, ¿es muy tarde para empezar de nuevo?"

Claro que era muy tarde, era tardísimo.

Las cejas de Homura cayeron, curvas hacia abajo, y su rostro rígido. Las lágrimas se detuvieron, y asintió. "…Lo es. Estás casada, no puedes abandonar eso así como así, Madoka, ¿no lo quieres?"

Acá, Madoka suspiró. "Es curioso como pareces preocuparte más tú por él que yo misma. Y digamos… Mhm, lo quiero… Pero no del mismo modo que a ti, nunca… Fue del mismo modo que a ti. Me casé por las razones equivocadas, y debes saber que jamás lo hubiera hecho de no ser por tu intervención en hacerme olvidar… En hacerme olvidarte."

"P-Pero..."

"Homura-chan. Yo lidiaré con eso a mi manera, ¿vale? Déjame decidir por mí misma esta vez. Solo necesito que me digas, de corazón, si no me quieres a tu lado, a pesar de todo lo que acaba de pasar…"

Los ojos de Homura temblaron, así que optó por cerrarlos, puños apretados por el esfuerzo en intentar mantener su voz estable. "T-Te he extrañado por muchísimo tiempo, Madoka. Yo te adoro, nunca he querido estar lejos de ti, p-pero mira todo lo que he hecho… Un ser como yo no merece ni que lo mires."

Las cejas de Madoka se fueron frunciendo cada vez más conforme las palabras de Homura continuaban. Ya al final, las relajó, y la besó corto, suave. Se separó y plantó un camino de besos desde la comisura de la boca hasta su mejilla, y se detuvo para mirarla a los ojos, el dorado penetrándola. "Te amo."

Homura abrió los ojos como platos, y su mandíbula tembló. Madoka la abrazó, y repitió con la voz cargada, firme, pero sin perder la calidez. "Te amo." Repitió con ahínco.

"Yo tam-"

Y los labios de Madoka apagaron su respuesta, moviéndose lento. Luego de unos segundos, lo rompió, y puso su frente contra la de Homura. "Te amo, Homura-chan. No hables así de ti misma, aprende a ver lo maravillosa que eres. Yo no estaría viva de no ser por ti, Homura-chan. No habría sido capaz de estar aquí, contigo, sintiendo tanto por ti. No estoy de acuerdo con como lidiaste con todo, pero puedo entenderlo, y no tengo nada que reprocharte. El mundo ha estado bien, no has arruinado nada. Ven conmigo, entre las dos nos encargaremos de todo y no tendrás que llevarte todo el peso tú sola." Los ojos de Madoka se entrecerraron, y una sonrisa amplia apareció en su rostro, lágrimas cayendo. "Te enseñaré a amarte, porque ya soy experta en la materia."

Homura se había unido hace rato al llanto, sollozos contenidos, y abrazó con fuerza a la chica. "M-Madoka… Gracias."

"¿Uhm?" La sonrisa se hizo juguetona esta vez, volviendo a besar las mejillas de Homura, "lo tomaré como un sí. Vamos, Homura-chan… Que empieza a darme un poco de frío." Rió, rostro sonrojado, y Homura se contagió de inmediato. Se apartó para ayudarle con el sostén, y cuando Madoka se abotonaba la blusa, Homura la tomó del mentón para atrapar sus labios en un beso suave, lento. Madoka parpadeó, no esperándose eso en absoluto, pero Homura le sonrió, totalmente natural, totalmente feliz. "Te amo, Madoka."

Gracias, gracias por todo.


A/N: Zoé – Luna. Que bella canción, he escrito mil cosas desde hace años escuchándola, snif.

ESTO NUNCA ESTUVO DESTINADO A SER ASÍ OMG YO QUERÍA SOLO SEXO CULPOSO Y ACABÓ ASQUERSAMENTE GAY Y LARGO.

En fin, en mi país todavía es 31 a esta hora, así que puedo desearles un feliz 2016 a quienes se pasen a leer. Esto es el pie de entrada para el barrio, una pequeña muestra de lo que pueden encontrar, AUNQUE EVITARÉ QUE SEAN NI REMOTAMENTE ASÍ DE GAYS AHHH

Saludosssss