sarah sintió como la temperatura subía y ella se desmoronaba.
Jareth parecía no haber notado su presencia y con sigilo lo observó poner sus cosas en el escritorio. Una mano tiró de su manga y abruptamente se sentó.- estás bien?- dijo Sam soltando la mano de la joven pálida, más Sarah no contestó y sintiendo como su vista se nublaba, cayendo luego al suelo frío.
Entre parpadeos pudo ver secuencias, como Sam se arrodillaba junto a ella y cómo los estudiantes se levantaban, chismosos, a observar la escena, entre gritos y gritos el rey gobblin se acercó a ella, dejándole antes de desmayarse, impresa su cara de asombro.
Despertó en una camilla y noto a su alrededor las suaves cortinas blancas. Desde la ventana unas delicadas gotas le indicaron que lloviznaba. toco su frente sintiendo como un fuerte dolor aparecía, como un taladro que molestaba su cabeza haciéndola marear.
- ya despertaste?- preguntó una voz grave desde la esquina de aquel lugar reconfortante. Sarah se estremeció y cubriendo más con las mantas ladeo su cabeza enfocadolo. Ninguno habló, él estaba tieso en el sofá, en una posición perfecta, golpeteando sus deseos en sincronía sobre la barandilla de madera oscura.
- que haces aqui?- logró decir con un leve tono de temor en su voz, pero el rey solo silencio y miro la ventana con amargura.
- he estado viajando- respondió en un suspiro apreciando las gotas traslucidas- tu mundo es increíblemente misterioso, gracias a alguien siguen construyendo mi laberinto y mi castillo- sarah sintió la culpa invadir su pecho, mas mantuvo silencio buscando su mirada evadida- ser fey es difícil, eh probado distintos empleos humanos bajo otras personalidades- continuó sosteniendo su rostro con su mano - cantante, músico, artista, actor, resultó interesante, los humanos son tan simples- dijo rencoroso.
- cuando iba a regresar, cerraron el espejo, maldición de seguro fue una torpe criada, por lo que mi salida de este mundo ha sido sellada-.
Sarah pudo notar como Jareth apretaba sus puños de rabia, debía decir algo.- porque aquí?- cuestiono en un tono apenas audible.
Jareth la miró con crueldad- si hubiera sabido que estabas aquí no hubiera aceptado este empleo- escupió sus palabras.
El silencio incomodo los invadió, ninguno se atrevía a hablar o siquiera moverse, su respiración rítmica delataba su penoso estado, Sarah viendo las circunstancias lo observó atentamente, parecía no rozar más de los treinta y sin su capa voluminosa podía observar su clara delgadez que le daba un porte estilizado. su mirada felina era la misma de siempre solo que resaltaba ante una cara lavada y de suave piel. podía notar una leve barba y bigote de unos días sin afeitar lo cual le agregaba un toque de masculinidad. Del bolsillo de su chaleco podía observar una caja de cigarros y entre su pecho, escondido, aquel singular amuleto de detalles en plata y oro.
- es incómodo, deja de mirarme-dijo Jareth sin desviar su vista de la ventana. Sarah abochornada miró sus manos y nerviosa jugueteo con los brazaletes, regalos de su madre, por su último cumpleaños.
Jareth era el más afectado, el había salido herido de su última batalla, pero fuera de tener raspones o moretones, le dolía cada segundo en el que recordaba sus palabras finales, no tienes poder sobre mi... esa había sido su despedida, ese había sido el cierre de su aventura y ese había sido el cierre de las puertas del corazón de la chica, ella había decidido tragarse su llave.
Suspiro y se paró, ella seguía sin alzar la mirada- me iré tan pronto abran el portal- sentenció y se dirigió a la salida.
- jareth...- intento llamarlo, no tenía nada que decir, pero necesitaba decir su nombre.
el solo le dio la espalda- tengo una clase que dar, si llegas tarde tendré que alistarte- y diciendo eso se marchó dejándola sola.
El corazón de la muchacha seguía palpitando de forma desenfrenada aun cuando aquel hombre había abandonado su habitación. La emoción había sido repentina y todavía cuestionaba si no se había vuelto loca del todo...
Lentamente abandonó la habitación, dando gracias a la enfermera camino por los pasillos zigzagueando. Llego al final del corredor y abrió la puerta. Miles de pares de ojos la miraba, excepto los que ella buscaba.- williams, ve a sentarte- le respondió al instante sin apartar sus apuntes para la clase del dia.
obediente avanzó por entre los alumnos acompañada de murmullos y miradas.
Sam la esperaba, preocupada- qué sucedió- preguntó entre murmullos, pero La joven de ojos verdes tenía un nudo en la garganta y no podrá formular ninguna frase coherente,comprensiva, la chica de pelo rubio centro su vista al frente y solo de vez en cuando la miraba de reojo.
lo que resto de la clase sarah se la paso garabateando, el profesor seguía su elección sin regañarla pues lo que menos quería en esos momentos era lidiar con la pesada tarea de aclarar cuentas con ella.
La campana anunció que todos eran libres y el barullo regresó como un viejo amigo,Los adolescentes corrían y bromeaban a altos volúmenes a excepción de dos, las cuales pacientes, esperaban para poder salir en un ambiente más tranquilo.
Sam la acompañó hasta la salida sin hacer la más mínima referencia con lo ocurrido anteriormente, se despidió con un prolongado abrazo y se subió a la oxidada camioneta todo terreno que la esperaba bajo la lluvia.
Sarah suspiró y se puso en marcha bajo las frías gotas, escurriendo de vez en cuando su cabello y sintiendo como estas se filtraban por su camisa y zapatos. al llegar, haciendo caso omiso a su madrastra, la cual la regañaba enojada, se encerró en su cuarto tras saludar a toby y tirándose sobre su cama boca abajo finalmente lloró hasta quedarse dormida.
El reloj rozaba las doce de la noche cuando algo se filtró por su ventana de cortinas flameantes, pero ella parecía no haber notado su presencia.
Sarah entre sueños se acurruco mas en si misma, una ráfaga de viento frío le calo hasta los huesos, abrazando mas asi sus rodillas para mantener el poco calor que le quedaba. Unas mano firmes tendieron una cobija sobre el cuerpo que tiritaba.
Ante el cambio de temperatura repentino la joven se despertó de su sueño ligero sobresaltada, pero, ya sea por la oscuridad, o porque sus ojos estaban realmente cansados, no logro divisar nada fuera de lo común.
se levantó y se dirigió a su escritorio encendiendo la pequeña luz, podía escuchar los secos ronquidos de su padre. sobre su limpia mesa aparte de su fiable máquina de escribir, descansaban sus dibujos, abstractos y perturbadores habían descrito algunos, cálidos y reconfortante, otros. por primera vez dibujó una figura coherente, como un niño haciendo sus primeros trazos comenzó a deslizar el pincel, eran líneas delicadas y suaves, con la claridad suficiente como para compararlas con las de un profesional.
una lechuza blanca brillaba en contraste a la luna, volaba libre, de una manera casi perfecta.
no crees que es tarde?- preguntó una voz grave detrás de ella. dando un brinco se levantó para observar. Parecía vestir de cabaret, chaleco, corbata y pantalones negros, camisa blanca resplandeciente y lustrosos zapatos de charol. al demonio con el cabello lacio y sumiso de hace unas horas, este ahora tenía su forma original, rebelde.
-oh por dios, que haces aqui?- pregunto tomando la lámpara para protegerse. El la miró con ironía- baja el arma, solo quise dejar cosas en claro-
lentamente bajo su escudo y se sentó en la cama sin despegar la vista de él.- quiero que entiendas que ya me e olvidado de ti, eres insignificante en mi corazón- le respondió apartando la vista y poniendo los pies sobre la mesa.
sarah lo miró confundida- y con eso que?, crees que lloro por ti todas las noches?- le pregunto con el ceño fruncido.
ambos quedaron en silencio y el ambiente se volvió tenso.
-narcisista - pensaba ella
- idiota - pensaba el.
-creo que lo mejor sera irme, queria hechar un ojo... por cierto donde esta mi mini jareth?- preguntó señalando el escritorio.
- se ha ido, como todo lo de aquí- dijo indiferente.
el rey solo gruño y se marchó en la fría noche.
sarah una vez que noto su única presencia abrió su cajón y saco la dichosa figurilla, la miró con recelo y se preguntó nuevamente por qué demonios era lo único con lo que se había quedado.
